domingo, 25 de noviembre de 2012

Contra la guerra de las banderas, internacionalismo de clase

Contra la guerra de las banderas, internacionalismo de clase


– 27 septiembre, 2012

Publicado en: EDITORIAL

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En un marco de hegemonía pura y dura de las clases dominantes, en el que tanto el PP como CIU utilizan la crisis creada por el capitalismo financiero para desmantelar el mediano Estado de Bienestar conquistado en España y conducir a los mínimos niveles de subsistencia y a la pobreza a cada vez mayor número de personas, la burguesía catalana está lanzando el órdago a la grande de la independencia. De esta forma, y por arte de birlibirloque, CIU ha hecho olvidar a una parte de la sociedad catalana su patente incapacidad para resolver los problemas de su país y, sobre todo, su clasista política de recortes de la sanidad y de la educación y su alineamiento con la desvastadora política económica y social neoliberal que la derecha que gobierna desde La Moncloa está aplicando a golpe de decretazo; exactamente, de 32 decretos-leyes. Por si acaso pudiera existir alguna duda al respecto, merece la pena recordar que, para sacar adelante todos ellos, el PP contó con el resuelto apoyo CIU en el Congreso de los Diputados.



De esta forma, “el nacionalismo de cartera” de la burguesía catalana a la que representa CIU ha desbordado las ansias independentistas de ERC y, en esta “huida hacia adelante”, está poniendo contra las cuerdas al PSOE, con el irresponsable “transformismo” nacionalista de algunos de sus dirigentes, y a una parte de la izquierda transformadora, IC-EUiA, que parece haberse dejado enmarañar por el discurso nacionalista. Un discurso que la burguesía vende como la solución para todos los problemas – aunque, naturalmente, sólo sean los suyos- y mediante el cual sepulta con un fácil sentimentalismo de agravios históricos y actuales – por supuesto, de naturaleza económica- los intereses de clase de los trabajadores y de la inmensa mayoría de la sociedad catalana.



Yendo más al fondo del asunto, la conversión oportunista de CIU al independentismo expresa a las claras una de las manifestaciones más acabadas de la lucha de clases y de los mecanismos opresores del capitalismo: La que se desarrolla en la arena internacional entre los países ricos y los países pobres, entre el Norte y el Sur, entre la metrópoli y la periferia. Dicho de otro modo, CIU pretende desembarazarse de sus “desiguales” y subir a Cataluña al carro de los vencedores –Alemania a la cabeza de ellos – en esta abierta y nada soterrada lucha sin cuartel contra los derechos de los más débiles. Una operación en toda regla del reaccionarismo más rancio, vestido con los ropajes de un nacionalismo “prêt a porter” y que cuenta con el apoyo de grupos mediáticos de amplia influencia, dispuestos a contar minuto a minuto, en directo, los pasos que podrían conducir a la independencia de Cataluña…en beneficio de su cuenta de resultados.



“Crónica Popular” se sitúa en la misma posición de las fuerzas políticas de la izquierda transformadora que denuncian al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y al de la Generalitat, Artur Mas, por “agitar la guerra de las banderas para esconder los problemas reales de España y Cataluña, derivados de las políticas neoliberales que ambos están aplicando, y como “cortina de humo” para ocultar su incapacidad de gestión y justificar sus políticas de ajuste”. Y coincide con ellas cuando subrayan que “el problema real de Cataluña no es el del pacto fiscal ni el de su independencia, sino su falta de recursos, las excesivas bonificaciones fiscales, la rebaja de los impuestos a los ricos y el aumento del fraude fiscal, medidas que CIU ha apoyado en Madrid”.



A partir de ahí, “Crónica Popular” rechaza de plano tanto el concepto patriotero y “centralizador” que agita la derecha que representa el PP como el nacionalismo de CIU y de quienes se sitúan a remolque de sus maniobras. Pero, al mismo tiempo, propugna el reconocimiento constitucional del derecho a la autodeterminación y expresa su apoyo a una solución federal para España, a una República federal, a la III República que, más temprano que tarde, será la forma de Estado en la que los españoles desarrollaremos nuestra convivencia. Y, frente a la guerra de banderas, reitera con firmeza los principios revolucionarios del internacionalismo de los trabajadores y su defensa a ultranza de los derechos de las capas más desfavorecidas. Su defensa de los derechos de las que Gramsci denominaba “las clases subalternas”, a las que los nacionalismos, de antes y de ahora, las burguesías que han blandido siempre los símbolos y sentimientos de las identidades excluyentes, han utilizado como “carne de cañón” de unas guerras creadas aparentemente por “el orgullo de las patrias” pero que, en realidad, se llevaron a cabo para aumentar el poder y la recomposición de capital de las clases dominantes.



La izquierda transformadora tiene su propio discurso sobre los nacionalismos, enmarcado nítidamente en la teoría y práctica del internacionalismo, y no se deja seducir por la “estrechez nacional” y el nada discreto encanto de una burguesía que, una vez más, antepone sus intereses de clase y golpea, sin que le tiemble el pulso, a los trabajadores y a quienes se encuentran en una mayor indefensión en la sociedad capitalista.

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