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domingo, 9 de junio de 2013

Pensiones: ¿demografía o lucha de clases?




Blog de Juan Torres López



Pensiones: ¿demografía o lucha de clases?




Los bancos y las grandes compañías de seguros (cuyos representantes tienen amplia mayoría en el grupo de sabios que creó el gobierno para que proporcionara las claves de la nueva reforma) llevan muchos años tratando de gestionar en provecho propio el gran volumen de fondos que mueven las pensiones públicas. Con tanta liquidez como la que maneja la seguridad social se pueden obtener grandes ganancias en unos mercados financieros como los de hoy día, en donde las nuevas tecnologías permiten invertir con rentabilidad a una velocidad de 250 millones de dólares por segundo.
Pero las pensiones públicas son un derecho muy querido por la población y un instrumento que la gente sabe que es el más eficaz para evitar la pobreza de la mayor parte de nuestros mayores: ¿cuántas personas ganan lo suficiente como para ahorrar con su solo sueldo mientras trabajan lo suficiente para vivir con dignidad cuando se jubilan?
Por eso les resulta tan complicado a bancos y seguros conseguir directamente la opción a la que realmente aspiran, privatizar las pensiones públicas para gestionarlas por entero. Y por eso es por lo que han tenido que elegir un camino intermedio, debilitar progresivamente al sistema público para que la gente, temerosa de que sea insuficiente para garantizarle una vejez decente, trate de cubrirse las espaldas (quienes pueden) ahorrando en planes privados.

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sábado, 8 de junio de 2013

Cuestionando la sabiduría convencional sobre las pensiones

Cuestionando la sabiduría convencional sobre las pensiones




Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

En la discusión actual sobre la supuesta inviabilidad del sistema de pensiones públicas se está haciendo toda una serie de aseveraciones, reproducidas algunas de ellas por la llamada Comisión de Expertos sobre las Pensiones, que requieren una reconsideración a la luz de la evidencia existente. En tal discusión se asumen erróneamente varias suposiciones, presentándolas como hechos y realidades, cuando en realidad la evidencia científica existente las cuestiona. Entre ellas están las siguientes declaraciones:

1. El hecho de que la esperanza de vida de los españoles haya crecido seis años en los últimos treinta años quiere decir que las personas ancianas viven seis años más. Esto no es así. Hay que saber cómo se calcula la esperanza de vida. Si España, por ejemplo, tuviera solo dos ciudadanos, uno la Sra. García, que vive hasta que tiene 80 años, y otro, el pequeño Juanito, que muere al poco de nacer, entonces la esperanza de vida promedio de España sería (80+0)/2=40 años. Suponga el lector que treinta años más tarde España continuara teniendo solo dos ciudadanos. Uno la Sra. Pérez que, como la Sra. García, muere a los 80 años, y el otro ciudadano, Manuel, que vive hasta los 20 años. La esperanza de vida de esta España reciente sería de (80+20)/2=50 años, es decir, diez años más que la España de ayer. Pero esto no quiere decir, como constantemente se malinterpreta, que la Sra. Pérez viva diez años más. En realidad, continúa muriendo a los 80 años. Lo que ocurre es que el bebé que moría antes, ahora ya no muere y vive 20 años más.

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lunes, 1 de abril de 2013

La guerra mundial de la deuda



La guerra mundial de la deuda


Juan Torres López
Economista

nuevatribuna.es
25 Marzo 2013 - 13:48 h. .

El pasado día 18 de este mes, el Banco Internacional de Pagos (BIP) actualizó unas series históricas sobre la deuda privada de cuarenta países. Los datos se refieren al sector privado no financiero que incluye a las empresas, hogares e instituciones sin ánimo de lucro y están tomados desde diferentes años de partida según los casos y después de haber tratado de homogeneizar las diferentes formas en que se han generado las deudas.



Sorprendentemente, estos datos han pasado muy desapercibidos en los medios de comunicación a pesar de que son sencillamente escalofriantes y que, al menos desde mi punto de vista, llevan a dos grandes conclusiones. La primera, que el énfasis que se pone habitualmente en el peligro que supone la deuda pública (sin despreciarlo) es una cortina de humo para ocultar el principal cáncer que asola a la economía capitalista, y que es la deuda privada. Y la segunda, que este cáncer es tan grande que hace completamente insostenible al sistema porque éste no será capaz ni de amortizarla ni de hacerla desaparecer graciosamente.



De los datos que proporciona el Banco Internacional de Pagos para los diferentes países se pueden extraer resultados como los siguientes:

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domingo, 31 de marzo de 2013

La deuda y la supuestamente anticuada lucha de clases



 La deuda y la supuestamente anticuada lucha de clases




Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 28 de marzo de 2013



Este artículo señala que la deuda privada es mucho mayor que la deuda pública y que se debe, en parte, al descenso de la capacidad adquisitiva de la población como resultado del descenso de las rentas del trabajo a costa del aumento de las rentas del capital.



Juan Torres, en un excelente artículo publicado en Público (24.03.13), titulado La guerra mundial de la deuda señalaba que el mayor problema existente hoy en el mundo referente al crecimiento de la deuda no es la deuda pública, como constantemente subrayan la mayoría de medios de información, sino la deuda privada, la cual ha alcanzado unos niveles inasumibles en la práctica totalidad de países a los dos lados del Atlántico Norte. Según el Banco Internacional de Pagos (BIP), la deuda total privada de los países de la Eurozona es de 15,7 billones de euros, una cantidad que es casi el doble de la riqueza de los países de tal zona monetaria, medida por su PIB (8,7 billones de euros). Un tanto semejante ocurre en EEUU, cuya deuda privada es de 24,98 billones de dólares, que es muy superior a su PIB, que es de 16 billones de euros.



Y lo que es también alarmante, como subraya Juan Torres, es su elevado crecimiento. Según el BIP, la deuda privada en la Eurozona se ha duplicado en los últimos nueve años, una situación que se ha producido también con la deuda privada de EEUU, que se ha doblado en nueve años.



Otro dato de gran importancia es que la deuda de los hogares, que históricamente era mucho más baja que la deuda empresarial, se ha incrementado mucho más rápidamente que esta última. La explicación de todo este proceso es fácil de encontrar, aunque raramente la verá en los medios de mayor difusión, altamente influenciados por los grupos financieros y empresariales que dominan la vida económica del país y que están entrelazados con tales medios (un ejemplo de ello: el dueño de La Vanguardia, el conde de Godó, es el vicepresidente de CaixaBank, el mayor grupo financiero de Catalunya).

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miércoles, 7 de marzo de 2012

"ODIO A LOS INDIFERENTES", UN ESCRITO DE GRAMSCI QUE PARECE DIRIGIDO A LA ESPAÑA ACTUAL









Odio a los indiferentes

28 febrero, 2012 | Filed underOpinión | Posted by larepublica.es Aquí Confidencial

Hay textos por los que no pasa el tiempo. Cambian las circunstancias históricas, pero siguen teniendo plena actualidad y vigencia. Uno de los pensadores marxistas que aportó más modernidad a sus análisis fue el italiano Antonio Gramsci. Encarcelado por Mussolini murió en un hospital penitenciario el 27 de abril de 1937. Tenía 70 años. Pues bien, 74 años después de su desaparición, uno de sus textos de juventud, escrito en 1917, es decir hace nada menos que 94 años, parece redactado expresamente para referirse a las actitudes de indiferencia, desencanto y desentendimiento de la política que se ha instalado en ciertos sectores de la sociedad española. El texto en cuestión, una breve reflexión de poco más de 80 páginas, lleva por título ‘Odio a los indiferentes’

El resumen del que disponemos en castellano rebate mucho mejor que cualquier otro texto actual algunas de las ideas que están en la mesa del debate político de estos días. Fue escrito para advertir sobre la llegada del fascismo italiano, pero se puede aplicar a otros momentos en los que la renuncia al poder del voto abre la puerta a autoritarismos de distinto signo. Un texto que entronca también con los versos de unos de nuestros grandes poetas, Gabriel Celaya, cuando escribió: “Maldigo la poesía concebida como un lujo/ cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

A continuación el resumen del texto escrito por Gramsci hace casi un siglo.

“Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.


La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes”.


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lunes, 27 de febrero de 2012

SOCIALDEMOCRACIA Y LUCHA DE CLASES











Lucha de Clases y socialdemocracia
25 febrero, 2012 | Filed underOpinión | Posted by redaccion Chema Sabadell



Socialdemocracia y Lucha de Clases.



El uno de abril de 1939, las agencias de noticias de todo el mundo transcribían el siguiente mensaje del general Franco:

“En el día de Hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo,

han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares.

La guerra ha terminado. El Generalísimo”.

Franco

Burgos 1º de abril de 1939



Este punto y final en un ciclo negro para el devenir de los españoles – incluso de aquellos que, presuntamente, ganaron la guerra – es el inicio del trauma del que emergería, no solo la nueva Europa sino el sistema social dominante en todo el occidente desarrollado, con amplias repercusiones en el conjunto de la sociedad planetaria.

Pero en el mismo momento que en España se abre esa etapa gris que nos va a configurar con el paso del tiempo como un tipismo, una anomalía, un contraste con las variopintas y dinámicas sociedades europeas, es decir, en el mismo momento en que el franquismo puede proclamarse vencedor y se inicia el periodo de los fusilamientos en masa en las noches de luna llena – o sin ella, apoyándose en los faros de destartalados camiones – en las paredes siniestras de los cementerios, en las purgas de aceite de ricino, en la opresión obsesiva de la victoria y la humillación no menos obsesiva de los vencidos, en ese mismo momento, una vez “resueltos los asuntos” en España, el fascismo europeo que tan decisivo fue en la victoria de las tropas nacionales, inicia también la carrera hacia el abismo. Pero veamos la cronología de los hechos:

• 3 de abril de 1939. Hitler presenta a la armada alemana el plan parta invadir Polonia.
• 7 de abril de 1939. Italia invade Albania.
•12 de abril de 1939. Víctor Manuel III de Italia es proclamado rey de Albania.
•28 de abril de 1939. Hitler denuncia los acuerdos con Polonia e Inglaterra y confirma su reclamación al gobierno polaco
• 1 de septiembre de 1939 la Lutfwafe invade Polonia.


El fascismo europeo ha estado pulsando durante tres años la capacidad de respuesta de las sociedades – los países – europeas en el “teatro de operaciones” que España representa. La intervención activa de la aviación alemana y del ejercito regular italiano son claves para el desenlace de la contienda española, máxime atendiendo a que a la (inoperante) Sociedad de Naciones (precursora de la actual ONU) esta contienda se le va las manos y acepta la decisión formal de las potencias de proclamar que la guerra de España es un asunto interno de los españoles y, en consecuencia, se imponer no intervenir, es decir: las potencias, con la cobertura de la Sociedad de Naciones, impone una política de no intervención. Política aplicada plenamente al bando republicano, mientras las potencias fascistas europeas – el gobierno alemán (nazi) e italiano (fascista) – intervienen de forma decidida, claramente determinante, en el conflicto.




Pero no solamente será la no intervención acordada por la Sociedad de Naciones, cuya finalidad no es otra que la de estrangular a la República española, sino que algunas de estas democracias de solera intrigan y maniobran a favor de Franco y, en consecuencia a favor del fascismo europeo. Tal es el caso de Inglaterra. Solo la Unión Soviética va a prestar un apoyo a la República, sin bien su grado de implicación en ningún momento llegará a ser de la magnitud del aportado por las potencias fascistas. El importante aporte que suponen las brigadas internacionales impulsadas por la III internacional (comunista) solo puede limitarse al encuadramiento de voluntarios, idealistas, llamados a luchar por la causa de la democracia que en esos momentos representa la república. Estos voluntarios son obreros, profesionales, estudiantes. Civiles, en definitiva, que han de formarse militarmente en nuestro país.



En cualquier caso, la lectura que las potencias fascistas hacen sobre lo sucedido en la guerra de España, es que pueden poner en marcha su maquinaria de guerra e imponer su voluntad en Europa. Eso explica la celeridad en el desarrollo de los acontecimientos según la cronología que más arriba se reseña. La derrota de la República española es el pistoletazo de salida para la derrota de Europa. El uno de Septiembre de 1939 se inician las hostilidades de la II Guerra Mundial.



La II Guerra Mundial, ese periodo siniestro que se extiende de1939 a1945, que asola a Europa y mata a unos cien millones de sus ciudadanas y ciudadanos – súbditos para el ideario fascista – va a encontrar su talón de Aquiles en las poderosas fuerzas de la Unión Soviética, que, en contra de lo que dice Hollywood y la historia oficial que cuenta el occidente capitalista, es el factor central de la derrota de las potencias del Eje. El Ejército Rojo aniquila 670 divisiones nazis, nada más y nada menos que el 80% del ejército nazi, en tanto que las Fuerzas Aliadas destruyen 176 divisiones alemanas.



Pero también en las retaguardias de los países ocupados por las tropas nazis, con frecuencia apoyados por gobiernos colaboracionistas y filofascistas, se forman importantes núcleos de resistencia que sabotean y, con frecuencia, combaten abiertamente al ocupante, y esos núcleos de resistencia se constituyen, normalmente, con clara hegemonía de los comunistas, tanto desde el punto de vista de la ideología que los cohesiona como del número de los integrantes en esos frentes de lucha. Eso es así en países como Francia, Italia, Grecia, los países balcánicos, etc. etc. una sangría en la retaguardia que merma notablemente la capacidad del ejército nazi.



La victoria sobre el nazismo va a fortalecer a las fuerzas populares de los países europeos y las opciones comunistas conquistan importantes cotas de poder: forman gobiernos o partes de los mismos en Francia, Bélgica, Finlandia e Italia y se han fortalecido en otros. Al mismo tiempo, la derrota nazi a manos de los soviéticos, supone un avance espectacular de territorios y poblaciones que empiezan a organizarse al margen del capitalismo. Son todos los países que después constituirían al Pacto de Varsovia, el área de influencia de la URSS consagrada en Yalta. Se empieza a escribir así otra historia de Europa que va a tener una duración aproximada de 40 años y que hoy vemos en claro proceso de liquidación.



Las ruinas de Europa van a ser restauradas por unas poblaciones endurecidas en la lucha real, en el frente regular, en la resistencia clandestina, en todos aquellos lugares en los que palpita la vida y se estimula el futuro. Son potentes movimientos populares que van a imponer derechos a un capitalismo insaciable pero que, en esos momentos, no tiene otra alternativa que aceptar compartir los beneficios de la producción con la mayoría de la población. Se inicia así, sobre la ruina del fascismo, la edad de oro de los trabajadores europeos, con una reducción sostenida de la jornada, crecientes niveles salariales, beneficios sociales, vacaciones, sanidad, educación, etc. En definitiva, se configura la sociedad que hemos conocido como Estado del Bienestar, en el que la propiedad publica ocupa un lugar central en la actividad económica. Los Estados participan decisivamente en sectores estratégicos de la economía, vitales para el funcionamiento de la sociedad y que le permiten orientar la actividad económica hacia objetivos, formalmente concebidos, como el bien común.



España, como en otros momentos de su atormentada historia, va a suponer el contrapunto a ese progreso europeo y desvastada como está después de esa sangrienta guerra civil, comprometida con las potencias derrotadas a las que el franquismo debe su victoria se va tener que enrocar en la esterilidad de una autarquía que precisará de mayores niveles de represión. Así, mientras Europa evoluciona hacia el bienestar sostenido de sus ciudadanos, en España se consolida la noche negra del franquismo. El país se cierra al progreso pero abre sus puertas a la emigración masiva de sus trabajadores que van a nutrir, en los años cincuenta y sesenta, las cadenas de producción de las ya prósperas sociedades europeas.

En esos años, en España, se va reconstruyendo, en la más estricta clandestinidad, la oposición al franquismo, una oposición que al igual que en los países ocupados por la Alemania nazi en los años de la guerra, en nuestro país va estar nutrida, prácticamente en su integridad, por organizaciones comunistas, básicamente por el PCE y el PSUC hasta tejer un movimiento obrero potente que, en su momento, tiene capacidad para poner en jaque al franquismo pero que va a ser progresivamente aniquilado con la “democracia” con una contribución decisiva del PSOE, cuya acción de gobierno – basada en la aniquilación de lo público y en la implantación en nuestro país de los dogmas del neoliberalismo con los resultados que hoy a la vista tenemos – es incompatible con un movimiento obrero potente, de ahí que someter, desmovilizar, a ese movimiento obrero haya sido una constante en su acción política.

Pero la socialdemocracia – ausente durante los cuarenta años de lucha clandestina en España – es una fuerza decisiva en Europa, y aquí está claramente vinculada con el capitalismo, tiene claro que el enemigo a batir no es otro que los comunistas y las organizaciones de los trabajadores que propugnan la transformación social y la construcción de una sociedad socialista radicalmente democrática, de forma que la demonización de la URSS, que tantos muertos se deja en la lucha contra el nazismo, es su leit motiv y en estrecha alianza con el imperialismo yankee dedica todo su esfuerzo a socavar al “imperio del mal”. El imperialismo americano, por si solo, no habría sido capaz de reducir la esperanza que durante muchos años representó la propia existencia de la Unión Soviética, necesita imperativamente de la colaboración socialdemócrata, de ahí que toda su acción gira en torno a endurecer, tanto como sea posible, la imagen de la URSS, imagen, no lo olvidemos, sobre la que se apoya una parte sustancial del progreso y el equilibrio de las sociedades de la Europa Occidental. El correlato entre la destrucción del Estado del Bienestar en buena parte de Europa, y la aniquilación del incipiente Estado de esas características en países como el nuestro – Grecia, Portugal, Italia, Irlanda – tiene, quiérase o no, una vinculación directa con la aniquilación de la URSS, con la laminación de las fuerzas comunistas y con la paralización del movimiento obrero. En ese proceso la socialdemocracia tiene una responsabilidad directa.

Haríamos bien en entender que los pueblos solo podrán avanzar si son capaces de reconocer con claridad a sus aliados y a sus enemigos. Y esto es así por muy abultado y poderoso que sean estos enemigos.

Chema Sabadell. Febrero 2012


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jueves, 23 de febrero de 2012

LA IMPORTANCIA DE MOVILIZARSE EN CONTRA DE LAS MEDIDAS NEOLIBERALES









La importancia de movilizarse en contra de las medidas neoliberales

Economia política, Europa, Neoliberalismo y Globalización, Política Catalana, Política Española

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 17 de febrero de 2012

Este artículo señala que las reducciones de los salarios y de la protección social que están realizando los gobiernos conservadores en España bajo el mandato del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, están respondiendo a los intereses del capital financiero y de la gran patronal que está utilizando la crisis para poder conseguir lo que han siempre deseado: el debilitamiento del mundo del trabajo. Tales medidas empeorarán la situación económica de una manera muy notable, no descartando la posibilidad de generar una Gran Depresión. Se exigen unas movilizaciones, no solo a nivel de España, sino también a nivel europeo, tanto a nivel sindical como político, para responder a esta guerra de clases unilateral.
Hay distintas versiones del dogma neoliberal (el pensamiento económico de la troika –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- que domina las instituciones de la Unión Europea y de la Eurozona, así como de gobiernos de los países de los Estados miembros) de cómo salir de la crisis actual, pero todas ellas coinciden en dos tipos de intervenciones: una es la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública, a fin de “recuperar la confianza de los mercados financieros” (la frase más utilizada en las páginas económicas de los medios de mayor difusión que apoyan tales medidas) y con ello poder conseguir dinero prestado de la banca y otras instituciones financieras que los Estados necesitan para realizar sus funciones. De ahí su énfasis en recortar el gasto público, y muy en especial el gasto público social, disminuyendo las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar. La famosa frase de que “hay que apretarse el cinturón” o la otra frase de que “no podemos gastarnos más de lo que tenemos” refleja esta necesidad de seguir políticas de austeridad a fin de dejar atrás la Gran Recesión (camino de la Gran Depresión) que estamos sufriendo.


El otro tipo de intervención en que coinciden todos los neoliberales, es que hay que disminuir los salarios a fin de hacer la economía más competitiva. Puesto que los países de la Eurozona, al compartir la moneda, no pueden unilateralmente devaluarla, la única alternativa posible para aumentar la competitividad –según este dogma- es bajar los precios de los bienes y servicios que el país exporta, de manera que la economía sea más competitiva. Y la manera más rápida y eficiente de reducir los precios es –de nuevo, según este dogma- disminuir los salarios de los trabajadores que producen tales bienes y servicios.

Las medidas que la troika ha estado imponiendo, y en España el Gobierno Rajoy ha estado dócilmente aplicando al pie de la letra, tiene este objetivo: disminuir los salarios. A fin de conserguir este objetivo, tienen que debilitar a los trabajadores y a sus instrumentos, los sindicatos, lo cual intentan conseguir alterando los convenios colectivos, descentralizándolos lo máximo posible, haciendo más fácil la posibilidad de despido, manteniendo atemorizado al trabajador, lo cual también consiguen haciéndole perder seguridad en su empleo y en su protección social. En realidad, los recortes del gasto público social, y consiguiente debilitamiento, cuando no desmantelamiento del Estado del Bienestar, tiene como objetivo principal el debilitamiento del mundo del trabajo, implicando una pérdida de derechos sociales y laborales que los trabajadores habían conseguido en periodos anteriores.

Esta es, pues, la agenda de los conservadores, tanto de España como de sus comunidades autonómicas como Catalunya. Estamos, pues, viendo el ataque más frontal frente a la clase trabajadora que hayamos visto desde el establecimiento de la dictadura fascista que imperó en España desde 1939 a 1978, cuyo objetivo fue también debilitar al mundo del trabajo a costa del mundo del capital. Ello explica que cuando al Dictadura terminó –en parte debido a la presión del movimiento obrero- España tenía el Estado del Bienestar menos desarrollado y los salarios más bajos de Europa (ver mi libro “El Subdesarrollo Social de España Causas y Consecuencias”). La diferencia entre aquel periodo y éste es que, mientras en aquel periodo el elemento más notorio y visible era la represión policial, con tortura incluida, ahora se hace mediante cartas y llamadas del Banco Central Europeo al presidente del Gobierno, condicionando la compra de deuda pública del Estado a que se debilite el mundo del trabajo, exigiendo bajada de salarios, desmantelamiento de la protección social y otras medidas hostiles a la población trabajadora.

Estas medidas, que el Gobierno de Rajoy está imponiendo, son el resultado de la alianza de la banca con la gran patronal, utilizando la crisis como excusa para conseguir lo que siempre han deseado: el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el debilitamiento de la clase trabajadora. Es lo que Noam Chomsky llama “La guerra de clases unilateral”, del capital frente al trabajo, que el primero está ganando en bases diarias, y que entre sus victorias está el desmantelamiento de las instituciones democráticas. Ninguna de las medidas, que los partidos conservadores gobernantes -el PP y CiU- están imponiendo, estaba en su programa electoral, habiendo ocultado cada una de sus medidas impopulares durante la campaña electoral. A nivel estatal, el Gobierno de Rajoy es el más dócil de todos los Gobiernos de la Eurozona a Bruselas, habiendo abandonado cualquier intento de dignidad y soberanía nacional. Esta lucha de clases que vivimos enfrenta a la burguesía financiera y empresarial, contra las clases populares (clase trabajadora y clase media) y tiene lugar dentro de un contexto europeo en el que hay una alianza de clases, como demuestra el notable apoyo que la troika está proveyendo a la burguesía española para conseguir sus fines.

Frente a esta avalancha, las fuerzas progresistas deben responder con toda contundencia. Está claro que en el Gobierno del PP refleja un “autoritarismo machista” que consiste en mostrar su virilidad cargándose a la clase trabajadora, a fin de mostrar a la troika que tienen los bemoles para hacer lo que Bruselas desea. Incluso alardean de que tendrán una huelga general (que naturalmente piensan derrotar) a fin de impresionar a los que consideran sus superiores. Es importante que las fuerzas progresistas respondan mediante la movilización, presentando a la vez alternativas que muestren la falsedad de que no existan alternativas (ver el libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito, “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”). Y entre estas alternativas está, desde salirse del euro (opción que no hay que desechar), hasta desarrollar una huelga general a nivel de toda la Eurozona (el mismo día), con peticiones comunes que van desde el establecimiento de un salario mínimo común (que, naturalmente, sería proporcional y no absoluto, representando aproximadamente el 60% del salario promedio anual) para todos los países de la Eurozona, hasta el establecimiento (todavía inexistente hoy en la Eurozona) de un marco legal para establecer convenios colectivos a nivel continental, incluyendo otras medidas como que el BCE ponga como condición para comprar deuda pública la eliminación del fraude fiscal y la aplicación de reformas fiscales, que recuperen la progresividad anterior a las bajadas de los impuestos que estuvieron ocurriendo en los últimos años, en lugar de las políticas anti clase trabajadora que están promoviendo. Hoy hace falta una movilización, no sólo nacional (que continúa siendo muy importante), sino europea, tanto a nivel sindical como político.


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jueves, 16 de febrero de 2012

REFORMA LABORAL DEL PP: RETROCESO AL SIGLO XIX.

Retroceso al siglo XIX
– 15 febrero, 2012
Publicado en: EN ESPAÑA
7Salce Elvira || Ejecutiva Confederal de CCOO.
Con el Real Decreto Ley (RDL) 3/2012 en vigor desde el 12 de febrero ya está aquí la reforma “tremendamente agresiva” de la que hablaba el ministro Guindos. Se trata de una reforma “clasista” (según un buen amigo). El adjetivo no es baladí ya que abarca en una sola palabra todo un concepto ideológico de poder de una clase en detrimento de otra.

No entraré aquí a analizar exhaustivamente su contenido, que está siendo objeto de múltiples y rigurosos estudios, sólo reseñar que toca todos los aspectos del mercado de trabajo y de las relaciones laborales: la entrada, la permanencia, la salida y la negociación colectiva.

Esta reforma viene después de otras 52 anteriores que fueron flexibilizando el Estatuto de los Trabajadores y modifica de forma profunda normas básicas del ordenamiento laboral que ya lo fueron en mayo de 2010 -y que provocaron la última huelga general- y la posterior Iniciativa Legislativa Popular (ILP), todavía pendiente de tramitación en el Parlamento. Al partir de una legislación ya deteriorada como tutora de derechos supone el cambio más importante que se ha producido desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores en marzo de 1980. Me atrevo a decir que rompe unilateralmente con el consenso mínimo acordado en el pacto constitucional del PP y PSOE.

La agresión es múltiple y no deja títere con cabeza al reformar las causas del despido:

•generalizando el despido de 20 días para prácticamente todas las personas asalariadas, incluido el personal laboral fijo de las administraciones públicas no funcionario
•creando un contrato temporal de por vida y sin indemnización para el 95 por ciento de las empresas españolas, aunque tengan la desfachatez de denominarlo fijo (con un periodo de prueba de un año) además de bonificado, al acabar con la presencia sindical en los despidos colectivos, dejándolos a merced de la voluntad empresarial
•permitiendo a las ETT que entren en todos los sectores
•priorizando que los salarios se negocien en la empresa conociendo la debilidad y la indefensión de millones de trabajadores en las de pequeño tamaño
•cargándose la llamada ultraactividad, al decaer la vigencia del convenio si en dos años no hay pacto para renovarlo.
Esta agresión la hace el Gobierno del Partido Popular 15 días después de que los sindicatos CCOO y UGT llegaran, en “un ejercicio de responsabilidad y compromiso por parte de los agentes sociales con la creación y mantenimiento del empleo”, a un acuerdo durísimo con los empresarios para moderar los salarios, aceptando pérdidas reales de poder adquisitivo en los próximo tres años, amén de cambiar la estructura salarial y aumentando la flexibilidad interna en la empresa.

Los sindicatos hemos sido marginados y ninguneados, sin que se haya tenido en cuenta el “ejercicio de responsabilidad” que se viene ejerciendo sistemáticamente, sin ni siquiera haber informado previamente del contenido del decreto aprobado en el Consejo de Ministros.


El RDL desregulariza las relaciones laborales y va acompañado de una importante reducción de la acción sindical por diferentes vías, algo anhelado por los sectores mas reaccionarios de este país, que llevaban detrás de ello muchos años, como se puede comprobar por las feroces campañas de ataques y desprestigio que hemos venido sufriendo desde distintos medios de comunicación.

Esta agresión, como ya reconocen desde casi todos los ámbitos, no va a crear empleo. A mi modo de ver, se trata de una forma clara y precisa de disciplinar a los trabajadores para que acepten cualquier trabajo sin rechistar; para que lo peor del sector empresarial tenga disponibilidad absoluta de la mano de obra barata y sin derechos, y relegar a los sindicatos de clase a un papel casi testimonial. En definitiva, rompe con el objetivo del derecho del trabajo, de equilibrar un poco a dos ámbitos en situación diferentes: los que compran la mano de obra y los que la venden a cambio de un salario, devolviendo el poder omnímodo al empresario para que disponga libremente de esta.

Aliados en la ‘contrarreforma’
“Se trata de una forma clara y precisa de disciplinar a los trabajadores para que acepten cualquier trabajo sin rechistar”Esta contrarreforma no se ha hecho solamente al dictado de Bruselas, como se dice; también se han tenido muy en cuenta las aspiraciones largamente acariciadas de la CEOE al favorecer tanto a las grandes empresas: servicios financieros, grupos de comunicación, etc., que pueden despedir más fácil y barato a sus plantillas, como a las que sólo pretenden sobrevivir con una mano de obra barata, sumisa y disponible a su capricho.

La situación actual y lo que se deriva de ella van a exigir una gran labor de explicación, concienciación, así como de imaginación, firmeza y puesta en práctica de nuevas formas de acción sindical que la hagan frente. Esta agresión nos aboca irremediablemente a una situación de conflicto social continuo y permanente, más allá de lo que el Gobierno considera un coste asumible, como ya daba por hecho Rajoy con la huelga general.

Asimismo, se trataría de plantearnos algunos retos e interrogantes para el futuro:

1.Si son necesario cambios en el enfoque del diálogo social tal cual lo venimos concibiendo; máxime después de la experiencia de los últimos años, y con un Gobierno de la derecha, que no se lo cree.
2.Reforzar la acción sindical y la militancia en las empresas. Sólo desde el trabajo continuo con y entre los trabajadoras y trabajadoras podremos recobrar el prestigio y la confianza que hemos perdido en ciertos ámbitos y con los nuevos colectivos.
3.Implicar en las decisiones a la clase obrera a todos los niveles, empezando por la afiliación, informando y pidiendo su opinión y participación, en todos los casos: tanto cuando hay que movilizar, como a la hora de firmar acuerdos.
4.Organizar la acción sindical contra el RDL en los sectores y empresas con todos los medios posibles, a partir de explicaciones claras y sencillas de cómo va a repercutir estas medidas en su situación actual.
En definitiva, debemos de trabajar con el convencimiento de que esta norma debe ser retirada, o bien en su trámite parlamentario o, posteriormente, por la fuerza de los hechos. Para ello debemos devolver la confianza y combatir la derrota y el pesimismo de la sociedad en general y de los trabajadores y trabajadoras en particular.

Nada está perdido. Hemos de invertir la correlación de fuerzas actual. Reaccionar ya, con el convencimiento de que únicamente los trabajadores y trabajadoras, en su sentido más amplio, con masivas y continuas respuestas en la calle y en los centros de trabajo, implicando a la mayoría de la sociedad que está sufriendo la crisis. Empezando por la manifestación del próximo domingo día 19, con nuestra movilización podemos cambiar estas políticas y demostrar que hay otras salidas a la crisis. Y en este contexto, nuestro sindicato, CCOO, tiene una gran responsabilidad.


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domingo, 12 de febrero de 2012

EL REFORMAZO DEL PP: ¿GOLPE DE ESTADO LABORAL?

El 'reformazo' del PP: ¿golpe de Estado laboral?
La mayoría absoluta del PP dio carta blanca a Rajoy para propinar un hachazo a la legislación española en materia laboral. El Gobierno se escuda en el drama del paro para imponer una reforma que sacrifica los derechos de los trabajadores y da manga ancha a los empresarios. Se abarata el despido y se facilita el descuelgue de los convenios cuya prórroga no excederá de los dos años. Y todo al margen de los sindicatos, atados de manos y pies ante el rodillo de la derecha tras su victoria en las urnas.

nuevatribuna.es | | Actualizado 11 Febrero 2012 - 13:19 h.

El "zarpazo" del PP: La reforma abarata y facilita el despido para todo el mundo. Se amplían y generalizan las causas de despido “justificado” con 20 días por año trabajado. Desaparece el contrato con indemnización por despido de 45 días por año trabajado y se sustituye por otro que lo rebaja a 33 días. Se establece el límite de indemnización en 24 meses en lugar de los 42 actuales. Se suprime la autorización previa de la autoridad laboral para los despidos colectivos, los conocidos como ERE. Prima el convenio de empresa por encima de los sectoriales y limita la prórroga de los convenios a dos años, pasado ese tiempo sin acuerdo queda sin vigor.


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Una reforma “extremadamente agresiva”, aseguraba la víspera el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, en la reunión del Eurogrupo. Una reforma que le puede valer al Gobierno una huelga, tal y como manifestó temer el presidente del Gobierno en Bruselas. Y no es para menos. El Ejecutivo del PP aprobó este viernes una profunda revisión de la legislación laboral en España que supondrá, en palabras de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, “un antes y un después”.

Tras un intenso Consejo de Ministros, la número dos del Ejecutivo y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, comparecieron ante los medios en el Palacio de La Moncloa para dar cuenta del contenido de la reforma aprobada de manera unilateral sin contar con los agentes sociales. Tanto Santamaría como Báñez se esforzaron en poner el énfasis en la necesidad de unos cambios que la patronal viene reivindicando desde hace tiempo escudándose en la dramática cifra del paro.


El Gobierno legisla así por encima de lo acordado por sindicatos y empresarios y rompiendo con el pacto constitucional del Estatuto de los Trabajadores de 1980. Una reforma de marcado carácter ideológico que, según ha reconocido el propio presidente del Gobierno no servirá para generar empleo este año, donde las previsiones apuntan a un aumento de las cifras de desempleo.

DA PRIORIDAD A LOS CONVENIOS DE EMPRESA

La reforma da un vuelco a la negociación colectiva dejando a los trabajadores al albur de lo que quiera el empresario. La reforma da prioridad a los convenios de empresa, de forma que, independientemente de lo que se pacte a nivel superior, se podrá consensuar un convenio de empresa que se adapte a sus necesidades y particularidades.

Además, se facilita a las empresas en dificultades la no aplicación del convenio de ámbito superior (descuelgue). En caso de que no exista acuerdo, las partes irán a la solución extrajudicial de conflictos y, en su caso, al arbitraje. De no ser así, se recurrirá a la Comisión Consultiva de Convenios Colectivos nacional o a sus equivalentes autonómicos, que nombrará un árbitro que resolverá en un máximo de 25 días.

Por otro lado, se establece, en relación a la 'ultraactividad' de los convenios (prórroga automática de los mismos en ausencia de los nuevos) las partes deberán negociar un nuevo convenio en un plazo máximo de dos años. A partir de esa fecha, el convenio ya no estará vigente.



DESPIDO CON VEINTE DÍAS DE INDEMNIZACIÓN

La reforma, aprobada por Real Decreto-Ley, establece una indemnización por despido improcedente en el caso de los contratos indefinidos de 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades, mientras que la del despido procedente será de 20 días por año trabajado, con un máximo de un año de salario.

Esto supone condenar a la extinción al contrato indefinido ordinario de 45 días por año trabajado de indemnización por despido improcedente, pues desde la entrada en vigor de la reforma ya no se podrá contratar fijo con esta modalidad, sólo con la de 33 días. Para los trabajadores que ya tengan un contrato indefinido ordinario y sean despedidos de manera improcedente, la indemnización se calculará a 45 días por año hasta la entrada en vigor de la ley y desde esa fecha, a 33 días por año.

El Gobierno ha clarificado en esta reforma las características para que las empresas puedan acogerse a despidos objetivos por causas económicas (20 días por año trabajado), aunque Báñez ha dejado claro que "habrá control judicial" de las mismas.

Así, se entenderán por causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, como la existencia de pérdidas actuales o previstas o la disminución persistente de su nivel de ingresos o ventas. En todo caso, ha precisado Báñez, se entenderá que la disminución es persistente "si se produce durante tres trimestres consecutivos".

Además, la reforma recuperará a partir del 1 de enero de 2013 el límite al encadenamiento de contratos temporales eliminado por el anterior Gobierno, y suprime la autorización laboral administrativa que se requería en los despidos colectivos. Báñez ha destacado que, dentro de la UE, esta autorización sólo estaba en vigor en España y Grecia, por lo que España es hoy "un poco más europea".

CONTRATO INDEFINIDO PARA EMPRESAS DE MENOS DE 50 TRABAJADORES

Por primera vez se permite compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un sueldo
La reforma también contempla la creación de un nuevo contrato indefinido para empresas de menos de 50 trabajadores para potenciar la contratación, especialmente de los jóvenes, con un periodo de prueba de un año. Las empresas que se acojan a estos contratos tendrán derecho a una deducción fiscal de 3.000 euros cuando contraten a su primer trabajador, siempre que sea menor de 30 años.

Además, los emprendedores que contraten a un trabajador en paro bajo esta modalidad podrán deducirse fiscalmente el 50% de la prestación por desempleo que viniera cobrando el trabajador durante un año.

Por su parte, el trabajador podrá voluntariamente percibir, junto con su sueldo, el 25% de la prestación por desempleo durante el mismo periodo. Báñez ha dado mucho valor a esta medida pues, según ha destacado, "por primera vez", se permite compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un sueldo.

Asimismo, la reforma fomentará la contratación indefinida de jóvenes de entre 16 y 30 años durante tres años con bonificaciones empresariales de hasta 3.600 euros y de hasta 4.500 en el caso de que los contratados sean parados de larga duración mayores de 45 años.

La norma crea una cuenta de formación para cada trabajador, potencia la intermediación laboral de las empresas de trabajo temporal, regula por primera vez el teletrabajo, modifica el contrato estable a tiempo parcial y también el de formación y aprendizaje.

En este punto, Báñez ha explicado que el contrato de formación podrá realizarse con trabajadores de hasta 30 años hasta que la tasa de paro no baje del 15%. Cuando ésta caiga por debajo de esa barrera, la edad máxima del contratado será de 25 años. Además, ha dicho la ministra, los trabajadores podrán formarse en las propias empresas, al estilo del modelo dual de formación.

La reforma impulsará que los desempleados que estén cobrando la prestación puedan realizar servicios de interés general a la comunidad y desvinculará el absentismo individual del trabajador de la media de la plantilla.

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sábado, 4 de febrero de 2012

LAS RAZONES DE LA CRISIS QUE NO NOS CUENTAN

LAS RAZONES DE LA CRISIS QUE NO NOS CUENTAN .
. O CÓMO SE HACE LA LUCHA DE CLASES DESDE ARRIBA.


Andrés Piqueras , Observatorio Internacional de la Crísis.

En las sociedades europeas centrales a finales de la década de los 60 del siglo XX y muy especialmente a partir de la quiebra económico-energética de 1973, se evidenciaría el cierre del modelo de crecimiento keynesiano, ligado a lo que se llamó el “capitalismo organizado”, que entrañaba a su vez la prevalencia de la opción reformista o “socialdemócrata” en las relaciones Capital/Trabajo.

Dan cuenta de esa quiebra un par de razones estructurales, nunca aludidas en las pseudo-explicaciones de la crisis que machaconamente nos proporcionan desde todo tipo de plataformas y de medios de difusión de masas.

Por un lado, la automatización o, en general, la tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas, que se supone inherente a la acumulación capitalista, tiende a la mayor utilización de (e innovación en) tecnologías intensivas en capital.



Estas últimas entrañan una significativa menor utilización de fuerza de trabajo por unidad de capital invertido, lo que además de provocar una tendencia hacia la eliminación de empleos implica una consecuencia realmente grave para el funcionamiento capitalista, que es la sobreacumulación de capital invertido por unidad de valor que se es capaz de generar (digamos que al reducirse la masa de valor representada por la fuerza de trabajo, se restringen cada vez más los impactos de los aumentos de la productividad en la elevación de la tasa de plusvalía, y se limita también la conversión de plusvalía extraordinaria en ganancia extraordinaria, que es el objetivo básico de la inversión capitalista).


Este proceso transcurre paralelo a otro de igual calibre, y es que la tecnificación de los procesos productivos va dejando cada vez menos tiempo de trabajo excedente del que apropiarse para la obtención de plusvalía, ya que el trabajo necesario de los seres humanos (la mano de obra) va quedando más y más reducido con el desarrollo tecnológico. Esto implica que con cada aumento de composición orgánica de capital el aumento proporcional de la plusvalía es menor.

Por otra parte, se desata una feroz batalla en torno al I+D, que deviene cada vez más onerosa, dado que la rápida caducidad tecnológica no permite la satisfactoria amortización del capital invertido.


Estos procesos están en la base de la crisis de valorización del capital, que es la causa profunda o histórica de la crisis que padecemos en la actualidad, que no es sino la prolongación angustiosa de aquélla.

En todo este tiempo el capitalismo se ha desorganizado de nuevo a través de su versión “neoliberal”, dejando de lado la reforma progresiva de sí mismo y emprendiendo una ofensiva unilateral de clase en todos los frentes contra la población que vive de su trabajo.

Toda una trama de recetas “neoliberales” se pusieron en marcha, si no para salir de esa crisis (que en sí misma el capital no puede exorcizar), al menos para huir de ella hacia adelante. Entre las más importantes:

- Aumentar la explotación de la fuerza de trabajo. Tanto extensiva (duración de la jornada, horas extras, aumento de días de trabajo anuales, elevación de la edad de jubilación…), como intensiva (a través del propio proceso de tecnificación de los procesos productivos y, en general, de desarrollo de fuerzas productivas).

Esto se hizo con relativa escasa resistencia de la población gracias a la alta capacidad de sustitución de la fuerza de trabajo que proporcionaron al capital principalmente tres factores: a) el incremento del ejército de reserva mundial que se produjo con la entrada del Segundo Mundo (URSS, China, etc.) en la órbita capitalista, con una fuerza de trabajo enormemente más barata; b) una fuerza de trabajo migrante a escala global, lista para desempeñar el papel de ejército de reserva a discreción; c) la deslocalización empresarial, que significa que son las empresas las que emigran allá donde los costos de capital variable y circulante son menores y las exacciones fiscales mayores.

Con ello el poder social de negociación de la población trabajadora se fue a pique, y la fortaleza sindical (de unos sindicatos que además habían adaptado sus estructuras y estrategias a la época de los pactos y a la institucionalización del conflicto) quedaba seriamente mermada.

Esto queda patente en la pérdida de poder adquisitivo de la fuerza de trabajo en general, así como en el reparto de la riqueza social. En el Reino de España, la participación depurada de los salarios bajó de casi el 75% al 61% del PIB, calculado según costes de factores, entre 1967 y 2007, lo que es congruente con el hecho de que el salario promedio real esté prácticamente estancado desde principio de los años 80.

En cuanto al aumento del tiempo de trabajo, para los años 1999 y 2002, según el CIS (Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo”), un 46,4% de los trabajadores prolonga su jornada laboral más allá de la jornada nominal, y la quinta parte del conjunto de la población asalariada (un 22,3%) lo hace sin compensación económica. Los asalariados a tiempo completo, según Eurostat[1], trabajan un promedio de 8,5 horas extra a la semana, de las cuales 4,7 horas no son pagadas (lo que quiere decir que más del 10% de la jornada laboral regular acordada por convenio se le regala a la patronal). No hablemos ya de la temporalidad o en general precariedad laboral del mercado de trabajo español.

- Recortar la parte de contribución al conjunto social que aporta el gran empresariado. En general, eximir de impuestos a los ricos, al tiempo que se aumenta la carga impositiva sobre la población trabajadora.

Así, tomando de nuevo el ejemplo español, si en 2005 las rentas del trabajo sufrían una carga impositiva del 16,4%, las rentas del capital sólo tenían un 7,4%, es decir, menos de la mitad. Trece años después, en 2008, la situación apenas ha variado: 16,7% para las rentas del trabajo, 8,6% para las del capital. Esto hace que lo recaudado en la actualidad de la población trabajadora sea más de 9 veces el monto total recaudado del mundo del capital. Todo ello sin contar la evasión fiscal consentida, como consentidos están los paraísos fiscales.

Según el GESTHA, organismo de los cargos técnicos e inspectores de Hacienda (http://www.gestha.es/), las grandes fortunas y empresas españolas evadieron 42.771 millones de euros sólo en 2010. Si a ello añadimos la evasión de la pequeña y mediana empresa, según esa misma fuente, obtenemos 59.032 millones. Sumando a esto el fraude a la seguridad social que se realiza a través de la economía sumergida, nos da la enorme suma de unos 90.000 millones de euros. Los recortes sociales impuestos por el gobierno del PSOE para el periodo 2010-2013 ascienden a 50.000 millones de euros. Es decir, se podría no hacer un solo recorte si los ricos pagaran lo que les corresponde (que ya de por sí es proporcionalmente muy poco en comparación con lo que paga el resto de la sociedad).

- Reducir los servicios y gastos sociales en el conjunto de la población

Ya antes de la crisis de finales de la primera década de los 2000, si miramos los datos del Reino de España en protección social, entre 1994 y 2005 se redujeron esos gastos del 22,8 al 20,8% del PIB[2]. En la UE, a pesar de estar mucho más altos, como promedio también descendieron esos gastos: entre 1993 y 2002 pasaron del 27,4 al 26,9% del PIB[3].

- Apropiarse privadamente de los bienes públicos (esto es, la reprivatización o lo que se ha llamado también acumulación privada por desposesión colectiva).

Esto afecta tanto a los servicios públicos (sanidad, educación, transporte, comunicaciones, etc.), como a las infraestructuras (red viaria, instalaciones…), como a la riqueza natural o ecológica (territorios, recursos naturales, patentización del genoma de las especies…), etc.

- Reducir sustancialmente el capital destinado a la inversión en producción, dado que ésta ya no es tan rentable por sobreacumulación, y dedicarlo al préstamo y al ‘juego’ bursátil, esto es, básicamente a la especulación. Como si imparablemente el dinero pudiera generar dinero por sí mismo, fuera de la producción. Pero como eso sólo era un espejismo lo que se generó fue una enorme pirámide invertida de capital de crédito-deuda y especulativo en relación al capital real. Es decir, se creó una ingente suma de capital ficticio.

El Bank for International Settlements en su Quarterly Review de junio de 2011, reportaba haber recibido datos bancarios hasta diciembre de 2010 por un total de 601 billones de dólares en derivados emitidos, lo que supone más de 10 veces el PIB mundial. Otras fuentes consultadas por el Observatorio Internacional de la Crisis (http://www.observatoriodelacrisis.org/), sin embargo, estiman ese monto de capital ficticio en torno a 30 veces la riqueza mundial “real” (es decir, ¡en torno a los 1200 billones de dólares!).

Esto ha sido posible gracias a la desregulación del sistema bancario y de las finanzas, que ha permitido crecer a costa de endeudamiento (proceso que recibe el nombre de “apalancamiento”). En este caso hablaríamos de “crecer ficticiamente” (dado que el apalancamiento ha sido a costa de un capital “ficticio”).

Al mismo tiempo, los Estados hacen dejación de su soberanía, permitiendo que los Bancos Centrales se independicen de ellos, mientras que ellos mismos pasan a emitir títulos de deuda en los mercados financieros mundiales, con lo que entran como cualquier otra entidad en el “rating internacional de riesgo” dictaminado por agencias privadas, obligándose a llevar a cabo políticas ortodoxas monetarias y fiscales subordinadas a los intereses del capital financiero internacional.

A pesar de todo ello, el intento de resolución de la crisis de valorización a través del empobrecimiento de las poblaciones y del detraimiento del gasto público, ha venido generando más y más obstáculos para la realización de la ganancia (que sólo se puede consumar mediante la venta). Esto se conoce como crisis de realización que, por mucho que se haya intentado regatear a costa del crédito, la caducidad cada vez más prematura de los productos o el consumo de lujo entre otras opciones, no ha hecho sino agudizarse con los crecientes recortes salariales y sociales, agravando aún más, consecuentemente, la ya cronificada crisis de valorización, pues se entra en un bucle de sobreproducción-subconsumo, como causa derivada, del que en otros momentos históricos sólo se salió a través de la guerra o la expansión económica a nuevos territorios.

Lejos de atacar ese bucle, las medidas que se toman son sólo de evasión, destinadas a dar un poco más de tiempo a los grandes capitales. Porque en sí mismas son procíclicas, esto es, tendentes a perpetuar y reforzar la crisis. Así el creciente retraimiento de la inversión del Estado, la disminución de los servicios sociales, la bajada de salarios, el aumento de impuestos a la población trabajadora, la pérdida general del poder adquisitivo de las poblaciones y la drástica disminución del consumo conllevan la acentuación de la crisis de realización (esto es, a dificultar la venta que es como se realiza la ganancia capitalista). Socavan tan drástica como patentemente, además, los ingresos del Estado y por tanto su capacidad para intervenir como agente económico.

De todo esto se percata cualquiera. El capitalismo histórico no pudo salir de ninguna gran depresión sin una fuerte inyección de gasto público, sobre todo desde que alcanza su fase de monopolización en el último cuarto del siglo XIX. Sólo el fortalecimiento de los servicios y, en general, de la economía pública, podría dar algo más de margen a la acumulación capitalista. Luego, la pregunta clave es ¿porqué se están llevando a cabo políticas económicas procíclicas, esto es, tendentes a la depresión?

No valen las respuestas que apelan al “despiste” o a la “falta de cordura”, como se repiten por doquier últimamente cuando ya no parecen quedar otras “salidas” para explicar la crisis sistémica en la que nos encontramos.

Mejor ofrezcamos aquí algunas otras posibilidades de respuesta, que pasan por distintas claves:

I. Claves de relación de clase

- Hay un profundo cambio en la composición interna del poder mundial y de los poderes en cada formación socio-estatal. La lucha de poder entre las clases dominantes y entre las distintas expresiones del capital, nos llevan a un escenario en el que el capital financiero mundial trata de hacerse con el mando del sistema, estrangulando el poder del capital productivo, y en que las entidades estatales siguen actuando para sí, más allá de la dimensión universal del capital, con la consiguiente pugna de intereses también entre las distintas burguesías estatales, combinada con la tradicional supeditación de las burguesías de las formaciones más débiles (lumpenburguesías y burguesías delegadas) a las de las más fuertes.

- Sin embargo, ambos capitales (productivo y de interés-especulativo), junto al rentista, así como unas y otras burguesías estatales, se coordinan y aprovechan la coyuntura para reestructurar el poder de clase y golpear la fuerza histórica conseguida por el Trabajo, rebajando al máximo su poder social de negociación y desbaratando todos los dispositivos de preservación de esa fuerza y de regulación de la relación Capital/Trabajo, así como las formas institucionalizadas de pacto de clases, propias del “capitalismo organizado” keynesiano, e incluso del Estado popular o populista de muchas de las formaciones periféricas. Deprimiendo en general, más allá de ciertas excepciones que merecen análisis aparte (el grupo ALBA en América Latina, por ejemplo), las condiciones sociolaborales de las poblaciones.

II. Claves económico-estratégicas y geoestratégicas (político-militares).

Asistimos también a una lucha entre Estados vinculados al capital financiero-especulativo (los anglosajones, especialmente) y los ligados al capital productivo-extractivo (Alemania, China, Rusia, sobre todo).

Cruzándose con ella, se da la pugna del hegemón actual (EE.UU.) y países centrales subordinados (buena parte de la UE occidental, Japón, Canadá, Australia), con el potencial hegemón del siglo XXI (China), más sus posibles aliados (¿Rusia?). Las claves pasarán por un lado, por la toma de postura de unas y otras formaciones periféricas (especialmente India y los países decisivos de América Latina). Por otro, esas claves estarán vinculadas a la evolución de las crecientes rivalidades entre las potencias centrales y la decantación estratégica futura de la Gran Alemania (que puede ser la sustituidora de la UE, una vez que haya terminado de adueñarse de Europa o al menos de desencuadernar la capacidad agencial del resto de formaciones estatales europeas).

Estas medidas o procesos tienen, no obstante, al menos dos grandes elementos contradictorios y una constatación de gran importancia.

Las contradicciones:

a) El permanente socavamiento del capital productivo implica el estrangulamiento del propio modo de producción capitalista, pues sólo de él se genera la acumulación de capital.

b) Al mismo tiempo, al destruir la capacidad adquisitiva de los productores, se destruye, como hemos indicado ya, la de los consumidores (pues en el sistema capitalista unos y otros son los mismos y constituyen el único sustento final de la producción capitalista, dado que tanto las entidades empresariales como estatales son sólo consumidores intermedios del consumo final, que es el de la población).

La constatación es que no hay nadie al frente de la nave capitalista, no hay una entidad de comando. Lo cual ha sido el gran déficit de la universalización del sistema capitalista como Sistema Mundial: su incapacidad de desarrollar una entidad rectora del tipo del Estado que generó para su fase de acumulación socio-nacional.

A partir de todo ello, además, podemos atrevernos a formular algunas posibles implicaciones, aunque sea (todavía) en forma de preguntas.

La ruina consciente de sus propias bases de existencia, ¿quiere decir que de alguna manera el Capital está haciendo las maletas hacia otra forma de dominación? Si es así, ¿cuál?:

¿Una forma de extremación del capitalismo salvaje a escala mundial, funcionando a partir de un todavía muchísimo más reducido número de consumidores que en la actualidad?

¿Un postcapitalismo, con otras formas de acumulación-dominación y de apropiación de los (cada vez más escasos) recursos?

Para ambas salidas necesitaría de medidas drásticas frente a la Humanidad, y éstas pasarían de forma necesaria por la opción bélica a gran escala. Podría estar combinada con otros procesos catastróficos de carácter sanitario-epidémico y ecológico.

Irreformismo del sistema

En cualquier caso, y de momento, esta guerra de clases desde arriba, unilateralmente desatada por el Capital cuando en las formaciones centrales el Trabajo más amodorradamente integrado en el orden capitalista de consumo se encontraba (por más que en las últimas décadas fuera gracias al crédito –también en gran parte “ficticio”-), y en las periféricas ese consumo y niveles de vida se habían convertido en la aspiración legitimadora del sistema, no hace sino proclamar el agotamiento de las posibilidades del reformismo, parejo a la crisis sistémica y civilizatoria a que con toda probabilidad conducirá el colapso de la acumulación capitalista en sus núcleos centrales. El acoplamiento de las formaciones periféricas y la crisis ecológica nos dirá hasta qué punto y hasta cuándo será posible que esa acumulación se traslade a éstas.

Mientras tanto, el resultado es una acentuada deslegitimación del orden socioeconómico que la alternancia de dos partidos en las diferentes elecciones presidenciales no podrá frenar por mucho más tiempo[4]. Entramos, forzados por el desgaste del sistema y la ofensiva del gran capital, en una más que probable nueva era de enfrentamientos de clase. Estos se verán adaptados, más pronto o más tarde, a los nuevos contextos de dominación y de acumulación del capitalismo degenerativo. Su dinámica antagónica y sus resultados irán proporcionando los elementos constructivos del mundo del siglo XXI.

Se hace, en cualquier caso, cada vez más probable que en su desesperada salida cortoplacista, el mundo rico despierte al monstruo que dormía, al que tanto ha temido siempre: las fuerzas del trabajo organizado (y sublevado).


Andrés Piqueras

Observatorio Internacional de la Crisis


[1] Ver para los datos citados aquí, Hans Schweiger y Antonio Rodríguez, “La participación de los salarios”, en Taifa, seminari d’economia critica, nº 4. Barcelona, 2007

[2] Colectivo IOE. Barómetro social de España. Análisis del periodo 1994-2006. Traficantes de sueños. Madrid, 2008.

[3] Vicenç Navarro. El subdesarrollo social de España. Ediciones de Diario El Público. Madrid, 2009.

[4] La creciente ilegitimidad e ingobernabilidad de las expresiones sociopolíticas capitalistas irán probablemente aconsejando a las clases dominantes hacer gobiernos de “concertación nacional”, e ir asumiendo directamente la dirigencia del Estado, desplazando al cuerpo de gestores-administradores intermediarios entre ellas y el resto de la población.



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miércoles, 1 de febrero de 2012

PRIMERAS IMPRESIONES DE LA REFORMA LABORAL POR EL DIPUTADO DE IU ALBERTO GARZÓN

Primeras impresiones de la reforma laboral
Posted on January 25, 2012 by Alberto Garzón Espinosa

Como bien se sabe, empresarios y sindicatos han llegado a un principio de acuerdo sobre la futura reforma laboral que servirá de base para que el gobierno legisle. Será una reforma laboral que, según ha comentado el propio ministro de Economía, se convertirá en el centro de la política económica del gobierno del PP. Mi compañero Coscubiela, diputado de ICV-EUiA y sindicalista de larga trayectoria, ha escrito unas notas de urgencia muy interesantes sobre la reforma. Yo quisiera copiar la idea y plasmar mis primeras impresiones.


Hay varias formas de analizar esta reforma laboral, y sin duda en la izquierda política y sindical vamos a ver ambas. En primer lugar puede analizarse desde un punto de vista técnico o desde un punto de vista político. En segundo lugar, puede analizarse desde un punto de vista de capacidad de gestión o desde una perspectiva estratégica. Al fin y alcabo, la reforma laboral se enmarca en un determinado momento histórico y en una coyuntura económica muy concreta. Y por lo tanto hay diferentes interpretaciones posibles y todas ellas legítimas.

Como bien se sabe, la primera cuestión a resolver es si es pertinente o no una reforma laboral. Cuestión que engloba unas preguntas aún más importantes: ¿qué objetivo debe tener una reforma laboral? y ¿qué papel juega el mercado de trabajo en el sistema económico?


En la teoría económica el mercado de trabajo puede ser analizado desde diferentes enfoques. Los economistas neoclásicos lo ven como un espacio donde hay demasiadas “interferencias” que obstaculizan la adecuada asignación de trabajadores en los puestos de trabajo. Los sindicatos son uno de esos obstáculos, y en consecuencia también determinadas medidas que han conseguido aplicar y que instauran “rigideces” en la libre asignación de recursos. Esta perspectiva entiende que desregulando el mercado de trabajo (es decir, hacer más fácil en todos los sentidos la contratación y despido de trabajadores) se puede combatir exitosamente el desempleo. Y la variable de ajuste en esta visión es el salario. Cuanto más flexible sea el salario, más fácil será ajustar oferta y demanda de trabajo. Los economistas que se inspiran en esta teoría entienden, en definitiva, que hay que reformar el mercado de trabajo para liberar a los empresarios de sus obstáculos.

Por el contrario, parte de los economistas críticos ven el desempleo no como resultado de desajustes en el mercado de trabajo, sino como desajustes en el mercado de bienes y, concretamente, por falta de demanda. Esto quiere decir que el mercado de trabajo no tiene un papel primordial en la creación de empleo, pero sí lo tiene la actividad económica y el nivel de consumo e inversión (privada y pública). En este sentido y en un contexto de falta de demanda las reformas laborales serían por lo general inocuas. No conseguirían reactivar la economía y amenazarían, si están mal diseñadas, con un empobrecimiento de la población que agudizaría el problema.

Hasta aquí son trazos generales, obviamente. Mi opinión es que en un contexto como el actual el problema de la economía no está en el mercado de trabajo, aunque por otra parte puede aceptarse que tiene sus propios problemas, sino en otras causas que tienen que ver con la desigualdad que conduce a la falta de demanda.

Pero a continuación tenemos que valorar el papel de los sindicatos, y no sólo desde un punto de vista técnico sino también político. Esto quiere decir que no podemos detenernos a saber lo que es conveniente o no bajo la teoría, sino que también tenemos que estudiar las bases políticas que permiten tomar una u otra decisión.

Los sindicatos están hoy desprestigiados y bajo permanente ataque. Como he mencionado anteriormente, la derecha odia a los sindicatos porque en su modelo teórico el papel de los mismos debería ser reducido a la mínima expresión. Resultado de ese ataque y de la nueva configuración económica mundial dominante desde los años ochenta, los sindicatos han sufrido una derrota tras otra. Hasta el punto que muchos sectores han terminado aceptando incluso las tesis de sus adversarios. En esta coyuntura los sindicatos han pasado a una estrategia defensiva, centrando su política en resistir los brutales ataques de la derecha. El objetivo ha sido, desde hace mucho, mitigar los efectos de las políticas impulsadas por los gobiernos y las cuales siempre han atentado contra las condiciones de trabajo de los trabajadores.

Así las cosas, muchos sindicalistas han optado por mantener esa estrategia de lucha ante la reforma actual. Desde un punto de vista técnico esa lucha ha logrado históricamente importantes beneficios, puesto que esa resistencia ha permitido mantener o incluso aumentar derechos en determinadas áreas. Si bien perdiéndolos en otras. La reforma de las pensiones, por ejemplo, tuvo también sus ventajas porque permitió incrementar derechos parciales como la cotización de determinados sectores hasta entonces excluidos. Es decir, la resistencia en la negociación ha permitido mitigar los posibles efectos -aún más perversos- de una reforma laboral impuesta por una de las partes.

En este sentido cabe recordar que el sindicato negocia teniendo presente que ha de hacer presión, para lo cual es importante la movilización y la base social que le apoya. Desgraciadamente tanto el apoyo social como las movilizaciones han ido en retroceso, dejando así al sindicato peor armado.

Si bien lo arriba descrito es perfectamente cierto, hay otros elementos que no podemos olvidar. El primero de ello, que la base social que fortalece un sindicato se nutre de la acción y la coherencia. Con estrategias defensivas los sindicatos pierden poco a poco a sus propias bases, y de vez en cuando aceptando -bajo la lógica del mal menor- burradas como la jubiliación a los 67 el apoyo decae en masa. Los sindicalistas se desaniman y la población no sindicada deja de apoyar. De forma que al término de cada negociación de esta naturaleza los sindicatos se encuentran aún peor armados que antes.

Por eso yo veo dos opciones interesantes para los sindicalistas. La primera, aceptar que no hay una relación de fuerzas suficiente como para enfrentar el poder abrumador de la derecha. Eso conllevaría negociar todo lo posible y comenzar una estrategia de reorganización que permita recuperar fuerzas y plantear una ofensiva en los próximos años. La segunda opción, renunciar a negociar y aceptar que es mejor que se gobierne por decreto a participar en un proceso que te hiere. La negociación te hace partícipe, y es una guerra que nunca se ganará en las actuales condiciones. Así, un plan estratégico debería pasar por reconstruir la base social reconcilíandote con ella.

Yo no soy partidario de esta reforma laboral, que entre otras cosas centra el papel en la moderación salarial. Soy más bien partidario de fortalecer a los sindicatos lo máximo posible, porque son indispensables para la salida a la crisis y para la superación del sistema político y económico. Pero para fortalecer hay que tomar las decisiones adecuadas, no sólo las técnicas sino también las políticas.

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9.Algunas notas sobre costes laborales
10.Sobre controladores, decretos y soluciones ejemplares

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domingo, 22 de enero de 2012

ALEMANIA: DEL MODELO SOCIAL AL INFIERNO SALARIAL

. Alemania.
Del modelo social al infierno salarial
VS 0 | | sección: web | 18/01/2012
Jakob Schäfer

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No es un secreto para nadie: el número de huelgas en la República Federal de Alemania (RFA) es verdaderamente pequeño. En Europa, solo Suiza tiene menos. Esto muestra tanto la estabilidad del sistema político y económico como el importante papel de freno que ejerce una burocracia sindical poderosa, completamente integrada en el sistema dominante y en su gestión de la crisis.

Una ofensiva patronal sin precedentes

Para comprender el papel dominante de los gobiernos alemanes en Europa, es necesario recordar algunos elementos estructurales. Entre 1950 y 1975, excelentes condiciones de acumulación permitieron a la industria ser muy competitiva y obtener importantes excedentes comerciales. Esto iba parejo con una evolución negativa de los salarios reales, y por tanto costes salariales extremadamente débiles. Esto tiene relación con la ruina de la competitividad de la industria en Grecia y en Portugal, y la maduración de la crisis del euro que conocemos actualmente. Este gigantesco excedente de la balanza comercial de la industria (entre 117 y 135 millardos de euros por año en el automóvil, la máquina herramienta y la construcción mecánica) es el fundamento de la integración social de una parte de la clase obrera, sobre todo entre los contratados fijos.

Paralelamente la división de la clase obrera ha sido fuertemente acentuada, ante todo como consecuencia de la Agenda 2010 instaurada por el gobierno federal rojo-verde de Schroeder. El objetivo principal era precarizar una parte creciente de la clase obrera mandándola al sector de los bajos salarios. Durante los últimos quince años se han apretado tanto las tuercas que cada vez menos asalariados cogen bajas: la tasa de absentismo es muy baja, alrededor del 3,8%. La RFA tiene el sector de bajos salarios más importante de Europa: son 8 millones de personas las que trabajan por salarios inferiores al umbral de pobreza. Y no hay ningún salario mínimo. Así, una peluquera en Turingia percibe un salario horario convencional de 3,83 euros. 7 millones de personas ganan menos de 8 euros por hora. Entre 1993 y 2010, esta política ha permitido hacer bajar la parte de los salarios del 73% al 64% de la renta nacional.

Sindicatos incapaces

Las condiciones de trabajo de los 6 millones de precarios (de ellos 900.000 interinos) son particularmente duras. De los 36 millones de asalariados que tienen un trabajo (por tanto sin contar los 5 millones de sin empleo), no hay más que 23 millones que tienen aún un contrato de trabajo “normal” (trabajo a tiempo completo, cotización a la Seguridad Social). Si se añade los 1,7 millones de funcionarios, es menos del 70%. Fue aún bajo Schroder cuando se tomó la decisión de no pagar ya de la misma forma a los asalariados contratados a duración indeterminada y los interinos en el caso en que exista un convenio específico para estos últimos. El DGB /2 firmó justificándose así: “Si no lo hacemos, lo harán los sindicatos cristianos”.

Sin embargo, debido a su falta de combatividad, los juicios que hacen perder su representatividad a los sindicatos se acumulan. La dirección del DGB mantiene sin embargo su posición, pues en realidad, es su política de “defensa de la producción local” lo que está en cuestión, dicho de otra forma, la garantía de condiciones favorables a las empresa capitalistas exportadoras alemanas. Debido a esto, esos precarios ganan como media un 48% menos que los asalariados y asalariadas fijos, es decir, 7,91 euros en lugar de 15 euros por el mismo trabajo. Paralelamente, cada vez más empresas abandonan las organizaciones patronales para no estar ya sometidas a los acuerdos de sector. El carácter obligatorio de los convenios colectivos no deja de disminuir. Nacionalmente, solo un poco más del 60% de los asalariados y asalariadas se encuentra ya en su campo de aplicación /3.


Para remediar esta pérdida de influencia, la burocracia ha redactado recientemente con la confederación patronal BDI /4 un proyecto de ley tendente a no reconocer más que los acuerdos firmados por el sindicato mayoritario. Los demás tendrían la prohibición de convocar huelgas sobre sus propias bases. Este proyecto estaba claramente dirigido contra los pequeños sindicatos corporativos: sindicato de los conductores de locomotoras (GDL), Liga de Marburgo (médicos de hospitales), etc. /5. Este proyecto ha debido ser aparcado debido a la reacción de esos pequeños sindicatos, así como de las protestas en el interior de la DGB, y esto antes de los congresos de la IG Metall y de Ver.di. A pesar de la burocratización muy avanzada, se puede pues hacer aún presión de forma eficaz desde abajo. Hay que subrayar que la huelga “política” /6 está prohibida. La huelga no es posible más que durante la renovación de un acuerdo, cuando “la obligación de paz social” acaba. Hacer huelga contra una ley o cualquier otro proyecto del ejecutivo es correr el riesgo de muy importantes sanciones. Hay que señalar que las huelgas de 1996 contra las restricciones al mantenimiento de los salarios en caso de baja por enfermedad salieron desde abajo: 35.000 huelguistas (sobre todo en Daimler Benz, donde fue el turno de noche de la fábrica de Bremen el que salió primero) durante tres días, el movimiento amenazaba con extenderse, incluso sin convocatoria sindical, y el gobierno retiró íntegramente su proyecto.

Núcleos sindicales combativos

Las resistencias se organizan a diferentes niveles. El primer marco de organización siguen siendo los sindicatos. Esto no toma aún la forma de una corriente de oposición estructurada y claramente identificada. Así sobre el salario mínimo: hace aún seis años, todos los sindicatos estaban contra. Hace cuatro años, Ver.di asumió esta reivindicación y fijaba su montante en 7,50 euros. En su último congreso, ha sido objeto de un duro debate. El sindicato reclama 8,50 euros pero un buen número de delegados, hombres y mujeres, ha peleado por 10 euros, es decir lo que la izquierda sindical demandaba desde hace más de diez años (hoy fija el mínimo en 10 euros netos). El secretario general, Bsirske, debió responder que él estaba también por los 10 euros, pero que “desgraciadamente a nivel confederal del DGB se habían puesto de acuerdo en los 8,50 euros”. Se ha comprometido a pasar cuanto antes a los 10 euros. Un ejemplo más de que las discusiones en la base han permitido convencer.

Por otra parte, algunos pequeños sindicatos de rama tienen suficiente confianza en sus propias fuerzas como para atreverse a implicarse en la lucha y se convierten así en una referencia. Así el GDL, que sindica a alrededor del 80% de los conductores de tren y lucha por un convenio colectivo único independientemente de quién sea el patrón. Han logrado integrar en él al 98% de los conductores.

En fin, hay empresas en que el personal lucha contra el descuelgue de su patrón de su convenio colectivo de sector. El caso más impresionante es la Charité Facility Management GmbH (CFM , 2500 asalariados) . CFM engloba el mantenimiento y los servicios de la Caridad, el mayor centro hospitalario universitario de Berlín. Han sido externalizados a fin de suprimir su convenio colectivo. Están en huelga desde hace ocho semanas (desde el 12 de septiembre). El 7 de noviembre se ha celebrado una reunión convocada por los huelguistas en la que han participado 350 personas, entre ellas delegaciones de empresas de la metalurgia y del GDL.

Movilizaciones de masas

El combate contra “Stuttgart 21” no ha acabado aún (nueva estación subterránea, al menos 6 millardos de euros para un acceso, transportes de proximidad deteriorados y un medio ambiente degradado). El nuevo gobierno del Land (mayoría Verdes, con el SPD) ha intentado frenar al movimiento organizando un referéndum (para hacer aprobar el proyecto con los votos de los habitantes del Land que no están directamente afectados), pero sigue habiendo manifestaciones. El referéndum debía tener lugar el 27 de noviembre, pero se sabe ya que la resistencia continuará.

La oposición a lo nuclear sigue siendo particularmente fuerte. A fines de noviembre están previstas nuevas manifestaciones contra los transportes de residuos nucleares tratados (“Castor”). Va a seguir movilizando a miles de personas, incluso si una victoria parcial ha sido obtenida con el desmantelamiento de ocho centrales y la promesa de salir de lo nuclear.

El movimiento “Occupy” ha encontrado un importante eco. En numerosas ocasiones, ha habido miles de manifestantes. El pasado 12 de noviembre, eran aún 10.000 en Francfurt y 8.000 en Berlín. En la población, la simpatía por las 100 personas que han montado tiendas ante el Banco Central Europeo en Francfurt y acampan desde hace semanas es muy grande.

La desconfianza hacia las fuerzas políticas institucionales dominantes ha aumentado considerablemente desde el comienzo de la gran crisis y a lo largo de estos tres últimos años. Es de ese substrato del que se nutre la resistencia social. Podemos estar seguros de que también en Alemania, el tiempo de la gran calma social llega a su fin.
Notas

1/ Jakob Schafer es miembro de la dirección del Revolutionär Sozialistischer Bund (RSB, Liga Socialista Revolucionaria, una de las dos fracciones públicas de la IV Internacional en la RFA). Es conocido como uno de los animadores de la izquierda sindical en el IG Metall.

2/ Deutscher Gewerkschaftsbund, la confederación alemana de sindicatos que cuenta con 6.300.000 miembros. Sus dos principales federaciones son IG Metall (metalurgia), con 2.400.000 afiliados y Ver.di (comercio y servicios), 2.300.000 afiliados. Los sindicatos cristianos cuentan con 300.000 miembro, la federación autónoma de los funcionarios DBB 1.250.000, un sindicato corporativo independiente como la Liga de Marburgo 100.000….La tasa de sindicación es del 23%.

3/ En 1998, eran aún el 75% en el oeste y el 63% en el este, en 2009, el 65% en el oeste y el 51% en el este.

4/ Bundesverband der deutschen Industrie, (BDI, Federación Alemana de la Industria), equivalente a la CEOE.

5/ La DGB tenía un poco menos de 12 millones de miembros en 1992, tiene 6,3 actualmente.

6/ Solo hay tres países en Europa en los que las “huelgas políticas” están prohibidas: Dinamarca, Austria y Alemania.

Tout est à nous 27/12/2011

http://www.npa2009.org/content/le-%C2%AB%E2%80%89mod%C3%A8le-allemand%E2%80%89%C2%BB-pilier-du-capitalisme-d%E2%80%99outre-rhin

II. El marco social de lo minijobs

Hasta hace poco, Alemania era más bien conocida en Europa como un país de “altos salarios”. Incluso si todo es relativo, es cierto que los Facharbeiter –trabajadores muy cualificados- han sido y siguen siendo comparativamente bien remunerados, en relación a lo que es corriente en otros países europeos.

Sin embargo este cuadro es muy engañoso. Lo que el público ignora, en buena parte, es que Alemania es al mismo tiempo un país de bajos salarios. Hoy, 1,2 millones de asalariados y asalariadas ganan menos de cinco euros brutos por hora de trabajo; y 2,4 millones perciben un salario horario bruto comprendido entre 5 y 7,5 euros. Así, hay categorías de empleados, en sectores como la seguridad, algunos servicios de atención a las personas o la limpieza, que cobran salarios muy inferiores al salario mínimo interprofesional francés (que está fijado en 9,22 euros/h brutos para 2012. En el estado español, los empleados de hogar, por ejemplo, que trabajen por horas tienen un salario mínimo de 5,02 euros/hora ndt).

Una tradición de negociación

Esta situación es debida, primero, a la ausencia total de garantía mínima en materia salarial, comparable al SMIC francés o al “minimum wage” británico por ejemplo. No existe en Alemania ningún salario mínimo legal interprofesional. Hasta muy recientemente, las organizaciones sindicales –en su inmensa mayoría afiliadas a la confederación, el DGB- no lo querían. Tenían miedo, en efecto, de que la fijación de un salario mínimo por el legislador pudiera “minar” su poder de negociación, una prerrogativa celosamente guardada.

Históricamente, los poderes públicos alemanas optaron, tras la Segunda Guerra mundial, por delegar una gran parte de “la ordenación de las condiciones económicas y sociales” a las organizaciones sindicales y patronales. Así, está previsto por la “Ley fundamental” /1 que organizaciones profesionales, que representen a los asalariados y los patronos, pueden formarse libremente. La política y la jurisprudencia han considerado con posterioridad que esto proporcionaba la base para una amplia “autonomía para convenir” (“Tarifautonomie”), al ponerse las organizaciones sindicales y patronales de acuerdo sobre la evolución salarial y otros temas sin que el legislador interviniera. Para la clase política, este sistema presenta una enorme ventaja: amplios sectores de la política social escapan así al debate parlamentario, y los políticos no aparecen como responsables. Las reglas aplicables a una amplia parte de las relaciones de trabajo aparecen como el resultado “natural”, “apolítico”, de una negociación entre “expertos”, sindicales y patronales. Y correspondía a los negociadores (a menudo profesionales especializados) justificar estos resultados “en su propio campo”. Todo esto parecía por tanto fuera de la política.

Este sistema funciona mientras su estabilidad esté garantizada, entre otras cosas, por la “responsabilidad” de los principales actores. Con un sindicalismo “genéticamente” orientado hacia la negociación, más que hacia la lucha, esto parecía asegurado. (Por ejemplo, en Francia los dirigentes de la CFDT han soñado durante mucho tiempo con un sistema similar, lo que les ha llevado a aceptar casi cualquier resultado de una negociación con la patronal, siendo la negociación percibida como un valor en sí. Bajo el segundo mandato de Chirac, una parte de la derecha moderada francesa soñó también con un aumento de la autonomía de los interlocutores sociales).

Los agujeros negros de la cogestión

Estos últimos años, este sistema ha mostrado sus efectos perversos, conduciendo a la ausencia de toda red de protección para buen número de asalariados y asalariadas. No es solo el caso en las empresas que se escapan a la aplicación de toda regla colectiva. Precisemos que en 2006, en total, el 57% de los asalariados en Alemania del oeste y el 41% en la ex Alemania del este trabajaban en empresas a las que se aplicaba un abanico convencional; en las demás, los salarios eran fijados individualmente por el contrato de trabajo. Pero incluso donde existen “contratos tarifarios” (el equivalente a los convenios colectivos franceses), la situación a penas es mejor.

Así algunos de esos “contratos tarifarios” prevén salarios extremadamente bajos, incluso indecentes. En Turingia, empleados de seguridad que trabajan por ejemplo en la seguridad de las reuniones públicas, están oficialmente remunerados a 4,38 euros por hora. Los poderes públicos no se quedan atrás: en 2004/2005 el Land de Saxe protegía la sede del gobierno regional con empleados de seguridad remunerados a 2,50 euros la hora…. Los ejemplos más extremos se encuentran a menudo en la antigua RDA, como en las regiones de Turingia y Saxe, donde ciertas remuneraciones son tan bajas que hay alemanes de esas regiones que van a buscar trabajo a zonas fronterizas de la vecina República Checa.

El callejón sin salida de las organizaciones sindicales, que dan a veces su aprobación a convenios de contenido escandaloso, se explica por varios factores. En primer lugar, una parte de las organizaciones sindicales habían hecho hacía mucho la opción estratégica de concentrarse en un “núcleo de clientela” formado por asalariados altamente cualificados, que pueden negociar sus remuneraciones (individual o colectivamente) y por tanto pagar cotizaciones sindicales sustanciosas. Las poderosas federaciones de la metalurgia y de la química, IG Metalll e IG BCE, han desoído durante mucho tiempo las reivindicaciones sobre la creación de un salario mínimo. Este objetivo fué primero defendido por federaciones sindicales implantadas en sectores como los servicios (federación Verdi) o los hoteles-cafés-restaurantes (NGG), donde los bajos salarios eran ya numerosos.

Hoy este debate está en gran medida superado, puesto que incluso una parte de la derecha política a tomado acta del principio de la necesidad de salarios mínimos legales. Sin embargo, la discusión en el seno de la coalición de derechas en el poder trata más bien sobre la cuestión de saber si hay que introducir salarios mínimos por sector o al contrario, a escala federal. La canciller Angela Merkel acaba de pronunciarse, a comienzos de noviembre de 2011, por la primera solución. Su ministra de trabajo, Ursula van der Leyen (CDU) ha optado, al contrario, por la segunda. Mientras tanto, existen ya una decena de salarios mínimos de sector –gracias a un sistema que se parece a la “extensión” de un convenio colectivo en derecho francés-, sobre alrededor de 500 sectores en total.

La aportación del SPD y de los Verdes al deterioro social

Por otra parte, la existencia de salarios extremadamente bajos ha estado favorecida estos últimos años por el paro de masas y por las políticas de “reforma” neoliberal del mercado de trabajo. Una de las especificidades del caso alemán consiste por otra parte en el hecho de que fué un gobierno del SPD y los Verdes, bajo el canciller Gerhard Schöder, quien introdujo este deterioro social generalizado a partir de 2001, mediante la promulgación de cuatro leyes que llevaban el título de “Hartz I, II, III y IV”/2 que entraron en vigor en 2003, 2004 y 2005.

Al margen de la creación de un estatuto bautizado “mini-job”, sobre la base de una remuneración de 400 euros por un trabajo a tiempo parcial (y cuyas cotizaciones sociales estaban reducidas a un 10% entonces, luego convertido en un 11%), estas leyes sobre todo han “reformado” de arriba abajo el subsidio de desempleo. El antiguo sistema de indemnización del paro fue fusionado así, por la ley “Hartz IV”, desde el 1 de enero de 2005 con la antigua Ayuda Social (Sozialhilfe). Lo que ha hecho que toda persona privada de empleo cambie, en adelante, de situación al cabo de un año. Tras doce meses de paro indemnizado sobre la base de las cotizaciones pagadas, la persona se convierte en sujeto de una forma de ayuda social con un techo de un poco más de 400 euros por persona (sin carga familiar) a la que se añade una asignación por vivienda. Esta asignación está condicionada: la persona debe probar que no tiene recursos, que no tiene ahorros, que no puede ser tomada a su cargo por su familia ni por la persona que vive con ella (dos personas que tienen un piso en alquiler a medias tienen que probar ante la Agencia de Empleo que no forman en realidad una pareja), y que está disponible para la búsqueda de un empleo. Las exigencias son las mismas haya cotizado el asegurado ¡durante dos años o durante cuarenta!.

Este sistema ha roto la situación de asalariados y asalariadas y reforzado enormemente el miedo al paro. El nuevo estatuto del parado está completado por la posibilidad de combinar la asignación con horas de trabajo remuneradas a la tasa de un euro, los ya famosos “jobs a un euro”. En ciertos sectores, estos últimos son desde hace varios años utilizados para procurar empleos que, de otra forma, deberían estar ocupados por asalariados “ordinarios”. Incluyendo ahora, en ciertas escuelas que reclutan en estas reservas enseñantes “tapa huecos” para reemplazar a profesores ausentes.

Notas

1/ Cf. artículo 9, apartado 9 de la Ley Fundamental que es el texto constitucional adoptado en 1949 en Alemania Federal, entonces considerado como provisional.

2/ Por el nombre del antiguo DRH de las fábricas de automóviles Volkswagen, Peter Hartz, que presidió la comisión encargada de elaborar la “reforma”.

http://www.npa2009.org/content/du-mod%C3%A8le-social-%C3%A0-l%E2%80%99enfer-salarial



Traducción : Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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