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jueves, 22 de marzo de 2012

GOLDMAN SACHS, DUEÑO DE PARTE DE EUROPA, EE.UU. Y ALGO MÁS









Goldman Sachs, dueño de parte de Europa, EEUU y algo más
By Emilio Marin– 6 febrero, 2012
Posted in: Artículos
(laarena.com)

Goldman Sachs es un poderoso banco estadounidense con representación mundial. Ganó fortunas apostando contra los fondos hipotecarios subprime que vendía a sus propios clientes y a otros bancos alemanes y londinenses. Y siguió juntando dólares y euros con pala. Lehman Brothers se fue a pique, pero GS no. Los emails entre sus principales directivos, conocidos en abril de 2010, los mostraban burlones con los clientes. David Viniar, director financiero, se ufanaba de haber ganado 50 millones de dólares en un solo día.
¿Castigo para tanta destrucción? Muy poco, casi nada. La investigación promovida por la Comisión de Valores (SEC), con audiencias en el Senado, se alargó meses y meses. Al final le impusieron una módica multa de 550 millones de dólares. Y a seguir operando, feliz entre los derivativos financieros sin controles estatales, consultorías e inversiones en las comunicaciones, el petróleo y los servicios.
El Citigroup y el Bank Of América necesitaron apoyo financiero de Barack Obama. A BS no le hizo falta con lo que había ganado antes de la crisis y lo que siguió embolsando. En el primer trimestre de 2010 tuvo beneficios por 3.300 millones de dólares. Sus colegas también ganaron: Citigroup 4.400 millones de dólares, JP Morgan 3.300 millones y Bank of America 2.800 millones.
BS cuenta con la ventaja de ex gerentes y ejecutivos de largos años de servicios, que pasaron a desempeñar cargos en gobiernos.

Sucesor del ajuste.

El sucesor de Silvio Berlusconi en el Palacio Chigi, Mario Monti, fue directivo del banco norteamericano desde 2005, además de haber sido comisionado europeo. “Súper Mario”, debutó con un paquete de ajuste, el séptimo que sufren los italianos en tiempos recientes.
El país está súper endeudado, por un equivalente al 120 por ciento de su Producto Bruto. Berlusconi y sus antecesores vivieron una fiesta sin que la Comisión Europea donde Monti trabajara se diera por enterado. El “Decreto Salva Italia”, quieren hacer un ajuste por 24.000-30.000 millones de euros, aumentando impuestos, privatizando empresas y endureciendo el sistema para gozar de jubilaciones (se requerirán 42 años de aportes).
Estos detalles son publicados en la prensa internacional, incluido Clarín. Lo que este medio tiende a ocultar es que Monti fue hombre de Goldman Sachs. Y la razón no es inocente: el banco norteamericano desde 1999 tiene parte del paquete accionario del multimedios. Puso 500 millones de dólares y se quedó con el 18 por ciento de las acciones, que luego fue reduciendo hasta la mitad. Si durante tanto tiempo el diario de Héctor Magnetto silenció la causa judicial por los hijos adoptados por Ernestina, ¿por qué no iba a velar su vínculo con el polémico mandamás de Wall Street?
Tal inversión extranjera no fue óbice para que la ley duhaldista de 2002 de “protección de los medios culturales argentinos” beneficiara a Clarín como si fuera hermano de sangre del Martín Fierro.



Otros hombres suyos

A diferencia de “Clarinete”, el corresponsal de Página/12 en París, Eduardo Febbro, sacó trapos sucios de GS a la luz pública. En una nota publicada el 23 de noviembre, informaba: “¿Dónde está el poder mundial? La respuesta cabe en un nombre y un lugar: en la sede del banco de negocios Goldman Sachs. El banco norteamericano logró una hazaña poco frecuente en la historia política mundial: colocar a sus hombres a la cabeza de dos gobiernos europeos y del banco que rige los destinos de las políticas económicas de la Unión Europea. Mario Draghi, el actual presidente del Banco Central Europeo; Mario Monti, el presidente del Consejo Italiano que reemplazó a Silvio Berlusconi; Lucas Papademos, el nuevo primer ministro griego, pertenecen todos a la galaxia de Goldman Sachs”.
Otros autores puntualizaron que Draghi era el encargado de esa banca para vender en Europa los productos financieros “Swap”, que estuvieron en el núcleo de la crisis empezada en 2007-2008. ¿Será que ahora sus patrones lo premiaron con un puesto clave para el continente?
Esos swaps permitieron el maquillaje de la deuda griega, en 2000, para que sus maltrechos números dieran el perfil de ingreso a la eurozona. Los vendía Draghi y los compraba Grecia, cuyo titular del Banco Central era Lucas Papademos, quien ha sido premiado en Atenas con el cargo de jefe de gobierno, tras la debacle del “socialista” Yorgos Papandreu.
Es de suponer que ahora, el titular del BCE y el premier griego se pondrán de acuerdo con tanta mayor facilidad, dada la relación estrecha y reportarse a los mismos jefes.

Buen alumno.

Papademos estudió en universidades estadounidenses y de allí saltó a los altos empleos en el banco de marras. Papandreu también había sido estudiante en Estados Unidos, aunque tomó para el lado de la socialdemocracia. Los magnates de las finanzas son hábiles en eso de poner huevos en varias canastas. Apuestan al swap, ADO, subprime, dólar, euro, yen, marco o lo que sea, pero siempre salen parados.
Días atrás Papademos presentó el enésimo plan de ajuste para los helenos, fue aprobado: los mayores impuestos le reportarán 7,1 por ciento más de ingresos y habrá un recorte salarial y previsional por 5.000 millones de euros. El premier no lloró como la ministra de Trabajo itálica Elsa Fornero al dar cuenta de las malas nuevas sobre ajuste (son “lágrimas de cocodrilo”, como las de Domingo Cavallo cuando lo encaró la jubilada Norma Plá.
Las medidas en Grecia motivaron la séptima huelga general de gremios que suelen movilizarse activamente y chocar con los efectivos policiales. Es un caso muy avanzado de toda Europa y los movimientos de indignados, por lo general más pasivos en esta materia.
Clarinete informó de los antipáticos anuncios de Papademos. Le faltó avisar que era hombre de Goldman, como en cierto modo lo es Magnetto.

¿Tú también Geithner?

El dominio que el banco GS ejerce sobre los poderes políticos no se limita a las fronteras europeas. Su casa central estuvo siempre en Nueva York, con tentáculos hacia la Casa Blanca, vía la secretaría del Tesoro.
El actual ocupante de esta última dependencia, Timothy Geithner, fue directivo de la empresa de Henry Kissinger en primera instancia, del FMI luego y posteriormente de Goldman. Esta semana fue a Europa a departir con las autoridades de la Unión cómo pueden apagar los incendios en el viejo continente, antes que los propios fuegos norteamericanos se propaguen otra vez.
El secretario del Tesoro cruzó el Atlántico para verse con Draghi en Francfort, con autoridades francesas, con el futuro presidente de España, Mariano Rajoy, y posteriormente, en Milán, con Monti, el titular del Consejo de ministros italiano. Como se ve, la “orga” de los Goldman´s boy´s está muy activa; alega estar reparando los daños de una crisis que ella misma causó.
Antes que Geithner en el Tesoro estuvo Henry Paulson, con George W. Bush, luego de ser directivo de GS entre 1974 y 1998. Paulson trabajó con Lawrence Summers, también de la escudería del banco, quien fue funcionario de Bill Clinton junto con Robert Rubin, del Citibank, para en 2009 ser consejero económico de Obama.
Por eso son varios los autores que han puesto de relieve la ligazón del banco con ministros y jefes de gobierno. “Los zorros a cuidar a las gallinas: Los hombres de Goldman Sachs toman las riendas de Europa”, publicó A.G. en El Confidencial, 17/11. Allí se citaba un artículo publicado en Le Monde, referido al parentesco político entre Monti, Draghi y Papademos.

Negocio a la vista.

Entre los numerosos vasos comunicantes de la entidad neoyorquina con la política internacional, se menciona a Paul Deighton, “quien trabajó durante 22 años en el banco y ahora es el Director General del Comité de Organización de los Juegos Olímpicos de Londres 2012″.
¿Para qué usa ese banco y sus colegas del Citigroup, Bank Of America, etc, sus influencias políticas? El negocio está a la vista. Primero, para asegurarse impunidad por los delitos cometidos al socaire de la crisis. Segundo, para ligar buenos paquetes de ayuda estatal mientras dure la emergencia. Y tercero, para ganar más contratos con los asesoramientos a gobiernos y empresas, durante la crisis y la futura salida de la misma.
Mientras tanto, falseando todos los compromisos, los controles y regulaciones a los capitales financieros y la especulación, duermen en algún cajón del G-20. La llave la tiró al mar Goldman Sachs y en ese mar también hace negocios: tiene acciones en Desiré, empresa británica que busca petróleo en Malvinas. Otra afrenta que el diario de Magnetto encubre.



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domingo, 26 de febrero de 2012

LAS SEMEJANZAS ENTRE LA GRAN DEPRESIÓN Y LA CRISIS ACTUAL

Las semejanzas entre la Gran Depresión y ahora

EE.UU., Economia política, Europa, Internacional, Neoliberalismo y Globalización, Política Catalana, Política Española

Artículo publicado por Vicenc Navarro en la revista digital SISTEMA, 24 de febrero de 2012

Este artículo analiza las grandes similitudes que existen entre la época previa a la Gran Depresión de principios del siglo XX y ahora. El artículo subraya también las semejanzas que existen entre las respuestas que inicialmente hicieron los gobiernos estadounidenses y europeos a la Gran Depresión con las respuestas de tales gobiernos ahora, señalando la diferencia entre Estados Unidos y Europa.
En el último número (Ene-Feb 2012) de la revista de economía “Challenge”, publicada en EEUU, hay un artículo (“The 1929 Crash and the Great Recession of 2008: Why the Policy Response Is Different but Not Different Enough”) muy interesante del profesor Yiannis Kitromilides, del Center for International Business and Sustainability de la London Metropolitan University, que analiza los escritos de uno de los economistas que mejor ha estudiado las causas de la Gran Depresión de principios del siglo XX y sus consecuencias, el famoso John Kenneth Galbraith. Tal artículo muestra los enormes paralelismos que existen entre la situación que desembocó en la Gran Depresión y la situación actual, tanto en EEUU, como en la Unión Europea (UE). La enorme concentración de la riqueza y de las rentas en sectores muy minoritarios de la población, la escasa regulación de los mercados financieros, la gran regresividad fiscal, el gran desempleo y los bajos salarios son situaciones que caracterizaron el periodo pre-Gran Depresión y también el existente ahora. Pero el profesor Kitromilides señala no sólo las semejanzas en la situación pre-Gran Depresión de entonces con las de ahora, sino que también muestra las similitudes en las respuestas de los gobiernos estadounidense y europeos de entonces, con las respuestas de los mismos Gobiernos ahora.


En realidad, el artículo nos recuerda que incluso el candidato Franklin D. Roosevelt llevaba en su programa la propuesta de equilibrar el presupuesto del Estado Federal, reproduciendo así la sabiduría convencional del establishment estadounidense de aquel momento. Fue la presión popular y el enorme deterioro de la situación económica -consecuencia de las políticas de austeridad que habían caracterizado el periodo pre-Gran Depresión-, lo que hizo cambiar al Presidente Roosevelt, iniciando un giro de 180 grados en sus políticas públicas, iniciando las políticas de inversiones masivas, tanto en infraestructuras físicas como sociales, reforzando además a los sindicatos, a fin de que aumentaran los salarios y con ello el consumo y la demanda. El Presidente Roosevelt y su Administración, regularon la banca, estableciendo la Ley Glass-Steagall que dificultó los comportamientos especulativos de la banca (Para ver una exposición de las políticas públicas del New Deal, leer mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” Sistema Digital 29.05.09, colgado en mi blog www.vnavarro.org, sección política económica).

Es interesante notar la enorme hostilidad que el establishment financiero tenía hacia el profesor John Kenneth Galbraith. Éste había sido subdirector de la Agencia Federal encargada durante la II Guerra Mundial de controlar los precios de los bienes y consumos, lo que le creó grandes enemistades en el mundo empresarial, puesto del que tuvo que dimitir en 1943 por presiones de las fuerzas conservadoras que dominaban el Congreso de EEUU, para las cuales el profesor Galbraith mostraba “tendencias comunistas peligrosas”. Tuve oportunidad de conocerle personalmente en los años setenta. Era amigo de Paul Sweezy, fundador de la revista Monthly Review, otro gran economista odiado por el establishment económico y financiero estadounidense. Sweezy me honró con su amistad y a través de él conocí a Galbraith. Cuando éste fue Presidente de la Asociación Americana de Economistas en 1972, favoreció la creación de una asociación de economistas críticos, que más tarde establecieron la bien conocida Union for Radical Political Economics (URPE), de la cual yo fui miembro activo. Muy crítico de la sabiduría convencional que imperaba en los círculos económicos, John Kenneth Galbraith citó frecuentemente el Gran Crash como ejemplo de lo equivocadas que eran las teorías económicas dominantes. Tales políticas, que hoy definiríamos como neoliberales, tuvieron un impacto devastador.

Es un indicador del sesgo neoliberal de la mayoría de los premios Nobel de Economía (otorgados, no por la Fundación Nobel, sino por la banca escandinava) que, mientras Milton Friedman, cuya interpretación del Crash se ha manifestado como errónea, recibió tal galardón, Galbraith o Sweezy nunca fueron considerados para tal distinción. Y, sin embargo, como señala Kitromilides, toda la evidencia acumulada en la literatura científica muestra que Galbraith, y no Friedman, tenía razón. Tal como había dicho Keynes (que había sido maestro de Galbraith), la raíz de la Gran Depresión era la escasez de demanda y la desregulación del capital financiero que facilitó el comportamiento especulativo de la banca. La acumulación y concentración del capital y la baja rentabilidad del capital productivo (consecuencia de la escasa demanda), llevaron al desastre económico, conocido como la Gran Depresión, tal como está ocurriendo ahora.

Lo que es interesante notar es que, como Kitromilides también muestra, cuando la crisis explotó en EEUU y en la UE en 2008, la primera respuesta en 2009 sí que fueron las políticas expansivas. El 2009 fue un año de grandes inversiones, aunque nunca semejantes en tamaño a las ocurridas en los años treinta en EEUU y en Europa. Pero la mayor parte de tales inversiones fue para mantener el sistema financiero, sin que se aprovechara la situación para hacer cambios en tal sistema. Fue el mayor gasto público que haya existido en el mundo capitalista desarrollado, y que se gastó en los subsidios y “préstamos” a la banca. Las inversiones no financieras, en cambio, fueron muy limitadas.

A pesar de ello, la reunión del G-20 en Londres en el 2009, fue un intento de seguir las líneas expansionistas del New Deal del Presidente Roosevelt. Fue un momento (breve) de políticas expansionistas que pararon la Gran Recesión e impidieron que tales economías entraran en la Gran Depresión. Pero tal como ocurrió en los años treinta, tan pronto se revirtió la recesión, se volvió a las políticas de austeridad que hicieron tanto daño entonces y continúan haciéndolo ahora. Había ocurrido ya en 1937, en EEUU, cuando la economía comenzó a recuperarse. Inmediatamente los fanáticos del déficit (hoy los podríamos llamar los talibanes del déficit) presionaron al Presidente Roosevelt para que bajara el déficit, alertando de grandes catástrofes en caso de que no se redujera. Se redujo y apareció inmediatamente el desastre. El desempleo se disparó y el crecimiento económico paró. El Presidente Roosevelt expulsó de su Gobierno a los talibanes del déficit de entonces y volvió a sus políticas expansivas, acentuadas más tarde por la gran expansión del gasto público consecuencia de los preparativos para la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial.


¿POR QUÉ NO ESTÁ OCURRIENDO LO MISMO EN EUROPA O INCLUSO EN EEUU? ¿POR QUÉ, A LA LUZ DEL DESASTRE DE LAS POLÍTICAS DE AUSTERIDAD, NO SE VUELVE A LAS POLÍTICAS EXPANSIVAS?

La causa es que el capital financiero es mucho más poderoso e influyente ahora de lo que lo era entonces. Cuando el Presidente del Banco Santander, el Sr. Botín, dijo que la culpa de la crisis era de los políticos, tenía un componente de razón, pues, aún cuando, tal como el profesor Juan Torres, una de las mentes económicas más claras que tiene España, ha señalado, con razón, que el comportamiento de la banca ha sido determinante en la aparición de la crisis, el hecho es que tales comportamientos tuvieron la clara complicidad de los políticos gobernantes. Aunque Emilio Botín, al hacer su declaración, intentó disculpar a la banca, cargando la responsabilidad de la crisis en las espaldas de los políticos, la realidad, bien documentada (véase la entrevista del que fue Presidente de la banca City Group, realizada por Bill Moyers en PBS, en mi blog www.vnavarro.org) es que la banca había captado a la clase política, poniéndosela en el bolsillo.

Por cierto, aprovecho para contar una anécdota significativa de lo que estoy describiendo. Cuando Juan Torres, Alberto Garzón y yo estábamos escribiendo el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, que la editorial Aguilar deseaba publicar, ésta hizo presión para que cambiáramos algunos de sus contenidos. Y uno de ellos fue que no publicáramos el hecho, ya ampliamente documentado, de que la vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, Mª Teresa Fernández de la Vega, presionó a los jueces para que éstos no enjuiciaran a Botín, por los muchos actos ilegales cometidos por tal señor como Presidente del Banco de Santander. Ejemplos de esta complicidad hay miles. La editorial Aguilar, a pesar de haber ya promocionado el libro en Amazon y otros medios, retiró el libro (forzándonos a publicarlo en otra editorial de menor difusión).

Pero no puedo terminar este artículo sin citar también la complicidad entre la banca y algunos centros de investigación económica financiados por ella (y que son la mayoría en España), como Fedea y otros centros de promoción del dogma neoliberal. Uno de tales centros en EEUU es el centro de estudios The Peterson Institute for International Economics, próximo a las compañías de seguros y a la banca, que ha tenido como objetivo principal convencer a la sociedad estadounidense de que la Seguridad Social es insostenible y que debe privatizarse. Pues bien, una economista de tal centro, Carmen Reinhart junto con Kenneth S. Rogoff, publicaron un estudio que pronto se convirtió en la Biblia de los abogados de la austeridad, (Carmen M. Reinhart and Kenneth S. Rogoff, This time is different: Eight Centuries of Financial Folly, publicado por Princeton University Press 2009), en el que se concluía que las políticas de austeridad son en realidad políticas expansivas, pues reducen los intereses de la deuda pública y privada. Tal conclusión derivaba de un estudio, con gran fondo matemático, que había recogido datos de muchos países.

Jaime Guajardo, Daniel Leigh y Andrea Pescatori, sin embargo, han mostrado los graves errores de tal estudio (ver su artículo “Expansionary Austerity: New International Evidence” IMF Working Paper 11/158. July 2011). Tales autores basaron su análisis en un número mayor de países. Y concluyen que, al revés de lo que escriben aquellos autores, las políticas de austeridad reducen, en lugar de expandir, el crecimiento económico. En realidad, la evidencia es tan abrumadora que ha hecho que uno de los editores de nada menos que el Financial Times, Wolfgang Munchau, escribiera “No entiendo como alguien con formación macroeconómica, y con un mínimo de honestidad y decencia, puede apoyar hoy la fantasía de que las políticas de austeridad estimulan la economía” (Why Europe’s officials lose sight of the Big Picture. The Financial Times. Oct.16, 2011). A pesar de ello, los Gobiernos continúan con tal fantasía y los gurús de la economía neoliberal, que los medios promocionan constantemente en España, continúan reproduciendo tal falsedad.




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sábado, 18 de febrero de 2012

REFORMA FINANCIERA DEL PP: UN TRAJE A MEDIDA DE LOS BANQUEROS QUE NO RESUELVE LOS PROBLEMAS

Reforma financiera del PP: un traje a medida de los banqueros que no resuelve los problemas
– 13 febrero, 2012


Juan Torres López y Alberto Garzón.
Economistas.
El Gobierno acaba de aprobar una nueva reforma del sector financiero y una vez más se le dice a los ciudadanos que se hace para salir de la crisis, para favorecer la creación de empleo y para que baje el precio de la vivienda cuando, en realidad, se buscan otros objetivos y no van a ser esos los resultados que va a producir.

©Joan PicornellSegún la nota informativa del Ministerio de Economía y la referencia oficial del Consejo de Ministros con la nueva reforma se persigue “mejorar la confianza y la credibilidad del conjunto del sector” disipando “las dudas del mercado sobre la valoración de los activos inmobiliarios (suelo, promociones y viviendas) que tienen las entidades en sus balances”. Según el Gobierno, de esa manera se “incentivará la salida al mercado de viviendas a precios más asequibles” y también que el sector financiero “recupere su función principal, que es proporcionar a empresas y familias el crédito necesario para volver al crecimiento económico y la creación de empleo”.

En nuestra opinión, sin embargo, con esta nueva reforma no se van a conseguir esos objetivos. Por el contrario, creemos que (aunque tenga algún elemento positivo) se trata más bien de un nuevo paso encaminado a poner el mercado bancario español a más libre disposición de los grandes bancos. Con ella se da un paso más para que los bancos salgan de la deteriorada situación en la que se encuentran, por culpa de su irresponsable comportamiento en años anteriores, sin que sus dueños y gestores asuman responsabilidades y haciendo que sean los ciudadanos los que paguen el daño que han producido.

Para entender lo que está sucediendo y el efecto previsible de estas nuevas medidas hay que saber antes lo que en realidad le ocurre a la banca española.

La situación patrimonial de los bancos españoles
Los bancos, como todas las empresas, tienen en su balance activos y pasivos. Los activos incluyen los bienes (edificios, equipos, etc.) y los derechos (sobre todo, los créditos y préstamos que conceden a sus clientes). Los pasivos son las deudas que tienen, bien con sus propietarios (capital) o con terceros (los depósitos que reciben de sus clientes y los préstamos que reciben de otros bancos o del banco central). Y también, como en toda empresa, en su balance debe haber un equilibro adecuado entre los distintos tipos de activos y pasivos y entre el activo total y el pasivo total. Si los pasivos de un banco son mucho mayores que los activos (si debe mucho más de lo que tiene), no tendría bienes y derechos suficientes para hacerles frente y quebraría.

También hay que entender que el negocio de la banca consiste en aumentar lo más posible los créditos y préstamos que concede porque cada vez que los concede crea dinero y así obtiene beneficio y poder.

Pero para tener más activos (para poder dar más préstamos) debe disponer de los pasivos correspondientes (o más capital o más depósitos o más préstamos recibidos de terceros). Y lo que le ha pasado a la banca internacional y a la española en particular en los últimos años es que los depósitos que recibía y el capital disponible eran insuficientes para aumentar cada vez más su negocio concediendo más préstamos y créditos. Entonces, en lugar de aumentar su capital recurrió a dos vías de obtención de más liquidez: aumentó su propio endeudamiento y las operaciones llamadas de “titulización” (la titulización consiste en vender en el mercado financiero los contratos bajo otro nombre a los inversores especulativos que los compran para volver a venderlos y así sucesivamente. Gracias a ella, los bancos cambiaban “papel”, los contratos de préstamos ya concedidos, por dinero y podían seguir dando créditos a sus clientes). Dos vías que han terminado siendo letales.

El incremento del endeudamiento (en el caso español principalmente con los bancos europeos) ha llevado a una situación límite cuando la crisis ha hecho su aparición. Y la titulización ha provocado un caos general cuando los contratos de préstamo iniciales (muchos de los cuales ya eran de por sí de muy baja calidad, como las hipotecas basura) comenzaron a perder valor porque aumentaba la morosidad y los impagos.
Cuando esto sucedió, los bancos quedaron descapitalizados: sus activos valían mucho menos (algunos incluso nada porque no se iban a cobrar nunca) y tenían un altísimo nivel de deuda. Los Gobiernos y los bancos centrales les inyectaron billones de euros y dólares de liquidez pero sus agujeros eran tan grandes que incluso esos recursos multimillonarios fueron insuficientes. La consecuencia fue que cerraron el crédito, lo cual hundió a la economía real, a las empresas y al empleo.

Cuando los bancos acreedores veían que se ponía difícil cobrar esas deuda fue cuando impulsaron el “rescate” de los países, aunque en realidad era el rescate de sus bancos: el Fondo Monetario Internacional o los bancos centrales les daban préstamos que iban directamente a los bancos para que se recapitalizaran y pagaran sus deudas pero que pagaba la sociedad en su conjunto.


Los siguientes datos muestran la magnitud de estos procesos en España:

- El crédito total a residentes pasó de 701.663 millones de euros en 2002 a 1,8 billones en 2008. Un 70% de ese incremento fue dirigido hacia la construcción o sus actividades colindantes. Lógicamente, cuando la construcción se vino abajo, los bancos “se comieron” una gran parte de se crédito y su activo, por tanto, perdió valor real.

- En 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo recibía 0,76 euros. Eso significaba que el incremento anterior de la deuda concedida sólo pudo venir del endeudamiento de los bancos españoles con otros extranjeros.

- Así fue que la financiación interbancaria internacional y especialmente europea recibida por la banca española pasara pasado de 78.000 millones de euros a 428.000 en el último periodo de gran liquidez previo al estallido de la burbuja y al inicio de la crisis, según los datos del Fondo Monetario Internacional. Y también ha sido millonario su endeudamiento con el Banco Central Europeo (118.861 millones de euros solo en diciembre de 2012, la tercera parte del total solicitado por las entidades del eurosistema ese mes).

©Joan PicornellLas causas de la descapitalización de la banca española y su situación actual
A la hora de valorar la utilidad de las medidas de reforma financiera que se viene tomando es importante no olvidar que las causas de la deteriorada situación de la banca española son muy claras aunque las autoridades y los propios banqueros no quieren hablar mucho de ello:

a) El incremento de la deuda que es consecuencia de tres factores. El primero, el gran poder de la banca que ha logrado que se consoliden las condiciones económicas, legales, políticas, culturales e incluso antropológicas que favorecen la sumisión al régimen de endeudamiento creciente en que se basa su negocio. El segundo, que nadie le ha parado los pies a los bancos y éstos no han perdido la oportunidad de hacer crecer su negocio incluso de forma irresponsable: dar préstamos. Eso llevó a conceder préstamos y créditos sin tener en cuenta la solvencia de los clientes, a conceder hipotecas por más del 100% del precio de la vivienda hipotecada o al 100% de las operaciones cuando se trataba de empresas, todo lo cual acumuló un riesgo desorbitado en el sistema. El tercero, las políticas que han incrementado la desigualdad y la pérdida de capacidad adquisitiva de los hogares que, así, han tenido que endeudarse cada vez más como consecuencia de la moderación salarial y de la subida del precio de la vivienda por la burbuja especulativa, en gran medida alentada o consentida por los Gobiernos del PP y del PSOE.

b) La infravaloración del riesgo que suponía poner la inmensa mayoría de los recursos en una misma cesta: la construcción. Con tal de ganar dinero los bancos multiplicaron, como hemos, visto el crédito promotor muy por encima de lo que era sensato y sostenible.

c) Para tratar de ganar depósitos que financiaran esa manera compulsiva de ganar dinero, los bancos exageraron su política comercial abriendo oficinas en cualquier esquina y sobredimensionando el negocio.

d) La pasividad cómplice de las autoridades y particularmente del Banco de España. Sus propios inspectores denunciaron ante el gobernador nombrado por el PP y ante el ministro Solbes su “pasividad” ante el riesgo sistémico que todo lo anterior estaba provocando, pero ni ellos ni nadie de los que denunciaban este peligro fue escuchado.

e) La flexibilidad que se ha dado a las normas contables para que los bancos hayan podido disimular durante todos estos años el riesgo que acumulaban. Y particularmente que la patronal bancaria europea consiguiera, cuando estalló la crisis, que se permitiera que los bancos valoren sus activos deteriorados a precios de adquisición y no de mercado. Es decir, que disimulasen completamente sus cuentas ante su clientela y la sociedad. Eso les permitía seguir repartiendo jugosos beneficios a pesar de que estaban completamente descapitalizados e incluso quebrados, lo que ha ido retrasando la solución al problema.

Todo ello es lo que ha llevado a la situación actual de la banca española: tuvo unos años de solidez y beneficios extraordinarios pero ahora se encuentra con que una buena parte de sus activos no valen lo que en realidad dicen sus balances porque se trata de activos relativos a la actividad inmobiliaria que se ha venido completamente abajo. En consecuencia, necesita gran cantidad de liquidez y capital para tapar ese agujero que no le resulta fácil encontrar y por eso dedica sus recursos a los destinos más rentables y seguros (como compra de la deuda soberana con el dinero del Banco Central Europeo) en lugar de dedicarlos a financiar a las empresas que crean empleo, provocando así que la economía se siga deteriorando continuamente. Y, como consecuencia de todo ello, los bancos extranjeros acreedores y sus Gobiernos presionan al Gobierno español para que tome medidas que garanticen el saneamiento de sus balances y el pago de la deuda.

¿Qué solución tenía el problema de la banca española?

La situación de descapitalización en la que se encuentra la banca española, y que gracias a su enorme poder político y mediático se ha ido disimulando durante estos años atrás haciendo creer a la población que sólo era grave en el caso de las cajas de ahorros, hubiera tenido soluciones bastante claras:

- En primer lugar, imponer un régimen de completa transparencia contable para detectar sin los engaños actuales su situación patrimonial.

- Dejar caer a los bancos que hubieran quebrado como consecuencia de su irresponsable o mala gestión en los años anteriores a la crisis y obligar a que sus responsables hicieran frente a sus responsabilidades económicas y legales.

- Nacionalizar el sector bancario deteriorado e imponer una lógica de servicio publico al conjunto de la actividad bancaria para garantizar el flujo de crédito a la actividad productiva en la línea y condiciones que, junto a Vicenç Navarro hemos desarrollado en los capítulos VII y X de nuestro libro ‘Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España’.

En lugar de ello, el anterior Gobierno y el actual han cedido al interés de los banqueros, han dado a la banca todo tipo de ayudas, han entrado a saco contra las cajas de ahorros para desalojarlas del mercado y para ceder su cuota de mercado a la banca privada y han permitido que ésta sigan disimulando, mediante artimañas contables, su verdadera situación patrimonial.

La realidad muestra que, en contra de lo que se ha dicho cada vez que se tomaba una medida de apoyo a la banca, no se ha mejorado lo que se tiene que mejorar: su situación patrimonial y la financiación de la economía.

©Joan Picornell¿Qué pretende ahora el Gobierno?
La nueva reforma del Gobierno parte de plantear la situación en la que se encuentra la banca española.

Según el Ministerio de Economía, con datos del Banco de España, el sector financiero acumulaba en junio de 2011 323.000 millones de euros en activos inmobiliarios ligados al crédito promotor. De ellos, 175.000 millones entrarían en la categoría de problemáticos (88.000 millones en suelo y promoción en curso y 87.000 millones en promoción terminada y viviendas adjudicadas).

Los niveles de cobertura de esos activos problemáticos, es decir, las provisiones que las entidades han ido haciendo por si esos activos “fallaban” o perdían valor, es muy baja: 31% para los vinculados al suelo, 27% para los de promoción en curso y 25% para los de promoción terminada y viviendas.

El Ministerio de Economía afirma que esa baja provisión y el valor no realista que se le asigna en balance “dificultan a las entidades acudir a los mercados de financiación mayorista” y que eso “impide financiar adecuadamente al sector privado de la economía”.

Por esa razón, dice el Ministerio que “es imprescindible clarificar el panorama y situar la valoración de activos en una posición más acorde con la del mercado”.

Para evitar ese problema, la reforma se encamina a “sanear” activos problemáticos por valor de 50.000 millones de euros. Y para sanearlos se impone lo siguiente a las entidades financieras:

- Crear una dotación específica para aumentar las provisiones de esos activos problemáticos mediante una aportación extraordinaria que realizarán con cargo a sus resultados por un valor de 25.000 millones de euros.

- Crear un “colchón de capital” adicional, es decir, fortalecer su cuenta de capital mediante procedimientos diversos (ampliación de capital o modificando sus componentes a través de bonos convertibles, deuda subordinada, etc.). Ese colchón será del 20% sobre activos relativos a suelo y del 15% para los de promoción en curso, y se dotará con cargo a beneficios no distribuidos por un importe de 15.000 millones de euros.

- Crear una provisión para hacer frente a un posible deterioro futuro de los activos no problemáticos. Ésta será sólo del 7% y por un valor aproximado de 10.000 millones. La fecha tope para realizar estas provisiones será el 31 de diciembre de 2012.

Sin embargo, la reforma va más lejos porque al mismo tiempo que lo anterior se establecen condiciones para las fusiones entre entidades y se establecen los requisitos para que se lleven a cabo y puedan ser aprobadas.

Además, el decreto-ley de reforma aborda otras dos cuestiones: la modificación del régimen jurídico de las cajas de ahorro y el establecimiento de límites en las retribuciones de consejeros (50.000 euros si son participadas mayoritariamente por el FROB y 100.000 si solo son financiadas) y directivos (300.000 y 600.000 respectivamente) de las entidades de crédito que han recibido apoyos públicos.

Con esas medidas, el Gobierno afirma, como señalamos al principio, que “se conseguirá un mejor acceso de las entidades de crédito a los mercados de capitales, y una mejora del flujo de crédito a la economía real, con un impacto positivo sobre la producción y el empleo. Además, facilitará la salida al mercado de los activos inmobiliarios en poder de la banca, con el consiguiente abaratamiento de la vivienda”.

©Joan PicornellLo que realmente se puede esperar de la nueva reforma financiera
Si se tienen en cuenta al mismo tiempo los factores que han desencadenado la situación de deterioro patrimonial en que se encuentra nuestro sector financiero y las medidas que ahora toma el Gobierno se pueden hacer algunas consideraciones para evaluar y predecir el impacto que puede tener.

1. Es verdad que todo lo que sea cubrir mediante provisiones el daño patrimonial de las entidades financieras es deseable. Pero el problema es que no hay seguridad ninguna de que la evaluación del total de activos problemáticos del sector financiero realizada por el Banco de España y el Gobierno sea realista. Por tanto, no se puede saber si realmente se está generando un saneamiento suficiente o si es sólo muy limitado. De hecho, en el informe de 2011 del Banco de España donde se presenta el valor de 175.000 millones en activos tóxicos que el Gobierno toma como punto de partida, sospechosamente no se desglosa esa cantidad, como se hacía el año anterior.

Sin establecer antes que nada normas claras y taxativas que permitan reflejar con total transparencia la realidad del sector, no se puede afirmar que la cantidad de 50.000 millones de euros en provisiones vaya a ser suficiente mejorar el acceso de la banca española a los mercados financieros. Sobre todo, cuando los mercados financieros ya han manifestado que el montante de esos activos problemáticos puede ser mucho mayor. Concretamente, Standard & Poors ha estimado que su valor se sitúa entre 296.000 y 313.000 millones de euros.

Si esta agencia y las demás, y en general los financieros que las utilizan, hacen esta estimación ¿se sentirán satisfechos con un saneamiento que no alcanza sino a menos de su sexta parte?

En nuestra opinión, la operación de saneamiento que propone esta reforma es en realidad un superficial lavado de cara porque el aumento de las provisiones previsto es casi con toda seguridad insuficiente y, por tanto, no resuelve el auténtico agujero que tiene el conjunto de las entidades financieras españolas.

2. La naturaleza de las medidas que se proponen muestran el sinsentido con el que actualmente viene operando la banca. Por un lado se parte de reconocer que hay que sanear a las entidades y que no pueden financiar a la economía porque no lo están. Pero se recurre como fórmula de saneamiento a que ellas mismas dispongan de los recursos necesarios para hacer las provisiones. Cabría preguntarse, entonces, si disponen de esos recursos o no. Si los tienen, el problema radica en por qué no los dedican a financiar la economía, que es lo que con extraordinaria urgencia conviene resolver. Y si no los tienen parece que no tiene sentido pedirles que se saneen poniendo ellas mismas los recursos que se precisan para ello.

3. En principio, si las entidades se limitan a hacer esas provisiones, el saneamiento no costaría nada al erario público, como ha dicho el Gobierno. Pero lo que sucede es que, como acabamos de señalar, eso será casi imposible que ocurra si es que las entidades se encuentran efectivamente en necesidad de ser saneadas. De hecho, lo que en realidad contempla la reforma son los incentivos y condiciones que hagan inevitable la fusión de entidades y es en estos casos cuando el Gobierno sí pondrá dinero. Lo pondrá, es cierto, en forma de créditos pero sin que nada asegure que no terminen siendo a fondo perdido como en tantas otras ocasiones.

Además, por un lado se amplia el plazo para llevar a cabo las provisiones a dos años para las entidades fusionadas. Y por otro se establece que para disfrutar de las ventajas concedidas a quienes se fusionen será necesario, además de otros requisitos, que la integración eleve el balance de la entidad que compra en un 20% o en un 10% en casos excepcionales. Lo que claramente está pensado para que, cuando se obliga a hacer provisiones que las entidades no pueden asumir, las entidades grandes absorban a las más pequeñas y sigan acaparando el mercado, que es en realidad lo que se va buscando. Y, finalmente, se permite que cuando se hagan fusiones las provisiones se hagan a cuenta de capital y no de resultados, lo que permitirá registrar beneficios y no entrar en pérdidas.

4. El Gobierno dice que con esta reforma será posible que el crédito vuelva a fluir a la economía pero lo cierto es que, aunque las provisiones sean necesarias, representan cantidades inmovilizadas. Por tanto, 50.000 millones más de provisiones significan una idéntica cantidad de menos en recursos para conceder financiación. Por tanto, no hay garantía ninguna de que se vaya a cumplir la previsión tan optimista que hace el Gobierno.
La duda en este sentido también proviene de saber que la falta de crédito no deriva sólo de que la banca tenga dificultades para acceder a los mercados mayoristas, como dice el Gobierno. De hecho, tiene barra libre en el Banco Central Europeo, de donde ha recibido cientos de miles de millones de euros que, sin embargo, no ha dedicado a financiar a la economía.

Sencillamente, porque tiene otros intereses, cubrir lo más posible su descuadre patrimonial y colocar la liquidez disponible en destinos más rentables (deuda soberana o inversiones en los mercados en donde se están produciendo burbujas especulativas de momento muy rentables).

5. Para colmo, y en contra de lo que circuló en las primeras versiones del texto de la reforma, el Gobierno ha renunciado a obligar a que las entidades fusionadas y que van a gozar de ayuda pública estén obligadas a conceder más crédito a las pequeñas y medianas empresas y a los hogares. El decreto tan solo obliga a fijar un “objetivo cuantificado” pero es evidente que esto no tiene por qué significar que vaya a aumentarse.

6. El Gobierno también afirma que gracias a este saneamiento podrán bajar los precios de la vivienda.

En principio, cabría pensar que eso sí se podría conseguir en alguna medida. Si la provisión que tienen que hacer las entidades es mayor estarían más interesadas en vender los pisos de los que disponen a precio más bajo para evitar tener el dinero de las provisiones inmovilizado. También podría ayudar a eso que el decreto de reforma obligue a las entidades fusionadas a llevar a cabo un plan de desinversión de activos relacionados con riesgos inmobiliarios durante los tres ejercicios siguientes a la integración.

Pero posiblemente eso es sólo la teoría. Lo más realista es esperar que salgan al mercado las viviendas de entidades en situaciones muy delicadas pero no la de los grandes bancos que son, en realidad, los que disponen de un mayor número de ellas y, por tanto, de capacidad efectiva para producir variaciones en el precio de mercado.

Además, aunque baje el precio de la vivienda, los problemas seguirían subsistiendo porque el altísimo nivel de paro, la caída en los ingresos y la falta de crédito hipotecario no permitirían que aumentara la demanda de viviendas aunque bajase su precio, que es lo que realmente ha venido sucediendo desde que estalló la crisis hasta ahora.

Y, finalmente, incluso cabría plantear, en contra de esta otra visión optimista del Gobierno, que si las entidades con activos inmobiliarios no los pusieron a la venta cuando no estaban provisionados, lo que afectaba negativamente a su solvencia y presencia en el mercado, como dice el Ministerio, quizá ahora que ya están provisionados tuvieran menor interés aún y les convenga esperar a que lleguen tiempos mejores en el sector. O que se limitaran a crear empresas inmobiliarias para sortear el requisito de la desinversión sin poner los activos a la venta de forma efectiva.

©Joan PicornellConclusiones
A la vista de todo lo anterior creemos que se pueden establecer las siguientes conclusiones sobre la reforma del sistema financiero que quiere llevar a cabo el Gobierno.

1. No es verdad que la reforma vaya a producir un auténtico saneamiento de las entidades financieras. Ni moviliza recursos suficientes ni afronta las verdaderas causas de su insolvencia.

2. No hay argumentos de peso que permitan afirmar, como hace el Gobierno, que esta reforma va a permitir que vuelva el crédito a la economía española. Por el contrario, puede decirse que, en la medida en que inmoviliza recursos, va a contraerlo aún más a corto plazo. Que vuelva a medio y largo plazo no depende de que las entidades financieras estén mejor consideradas en los mercados gracias a las medidas que lleva consigo esta reforma. De hecho, los bancos españoles disponen de recursos ilimitados en el Banco Central Europeo y no los utilizan para ello.

3. No es seguro tampoco que esta reforma vaya a garantizar que baje el precio de la vivienda en España. Y si bajara en alguna medida, quedaría por resolver la disponibilidad de los ingresos o del crédito necesario para adquirirlas.

4. El propósito real de la reforma es otro. Se trata de acelerar el proceso de fusiones de entidades porque es de esa forma como se quiere “salvar” al sistema financiero español: concentrándolo en dos o tres grandes entidades privadas que, al disponer ahora de todo el mercado, podrían disponer ya del capital que han ido perdiendo en los últimos años por su política irresponsable y obtener así beneficios y privilegios extraordinarios.

5. El mapa de entidades financieras al que se pretende llegar con esta nueva reforma tiene muchos inconvenientes y producirá efectos muy negativos sobre nuestra economía:

- disminuirá el empleo en el sector.

- alejará las fuentes de financiación de la actividad económica a la que se supone que sirve, lo que dificultará su apego al terreno y perjudicará al servicio que debe prestar.

- al crearse entidades mucho más grandes, dedicarán su actividad preferente a los grandes mercados y negocios bancarios, deprendiéndose o prestando menos atención a la demanda minorista que es la que realizan las empresas que crean empleo y los hogares que más necesidades tienen de crédito. Es previsible, por tanto, que aumente el racionamiento del crédito y la exclusión financiera de partes cada vez más grandes del empresariado y de la población en general.

- al obligar a las cajas de ahorros que aún quedan a ir fusionándose con bancos cada vez más grandes, será muy difícil o imposible que superen una participación mayor al 25% de estos últimos y entonces, según establece el decreto de reforma, tendrán forzosamente que constituirse en fundaciones de régimen especial. De esa forma la reforma culminará con el expolio vergonzoso llevado a cabo por este Gobierno y el anterior para salvar a los banqueros que han provocado la crisis a costa del ahorro, de los ingresos y del sufrimiento del resto de la sociedad.

En resumidas cuentas, la reforma no ataja los problemas de fondo que han dejado sin financiación a las empresas que crean empleo y a las familias, no proporciona remedios que garanticen que el crédito quede asegurado y se limita a favorecer descaradamente los intereses de los grandes bancos españoles.

Esta reforma es un capítulo más, por lo tanto, de la historia de mentiras y fraudes con que se viene desarrollando la crisis de la mano de los poderes más infames del planeta que han conseguido doblegar la voluntad de la mayoría de los Gobiernos, como está ocurriendo en España.

Publicado en Alter Economía


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martes, 7 de febrero de 2012

LAS MENTIRAS DE BOTÍN








Las mentiras de Botín
Miércoles, 01 de Febrero de 2012

Juan Torres Lopez


El título de este artículo puede parecer demasiado fuerte y yo mismo reconozco que lo es. Pero es que me resulta muy difícil creer que el dueño de uno de los bancos más grandes del mundo esté tan mal informado de lo que viene ocurriendo en la economía y las finanzas mundiales como para decir lo que acaba de decir sobre los culpables de la crisis. Puede ser que le suceda lo que el Premio Nobel Stiglitz dice que le pasa a los banqueros centrales, que no ven la realidad porque están muy ideologizados y solo leen aquello que corrobora sus ideas. Pero incluso así, suponiendo que las declaraciones públicas de Botín fueran simplemente el resultado de su ignorancia, lo cierto es que con ellas engaña a la gente. Y es por eso que me parece justo calificarlas como mentiras o patrañas.

Los culpables de la crisis son los bancos

Acaba de declarar Botín anunciando los resultados de su banco que los responsables de la crisis son los políticos porque "no han sabido manejar la situación" (Público, 31-01-2012, "Botín culpa a los políticos de la crisis mundial".

Es mentira. Incluso alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como Warren Buffet, uno de las tres o cuatro inversores más ricos del mundo, lo dijo claramente: "Los bancos se han expuesto demasiado, han asumido demasiados riesgos. Así que el problema es evidentemente de los bancos. Son quienes tienen la culpa. No hay por qué echársela a nadie más" (El País, 25-05-2008, "Los bancos tienen la culpa".

Y esa es la verdad. Hoy día sabemos a ciencia cierta que los responsables últimos y directos de haber causado todo lo que ha pasado en la economía mundial han sido los bancos.

- Los bancos han provocado la crisis porque dejaron de cumplir su función de intermediarios entre el ahorro y la inversión productiva para destinar los recursos que recibían y creaban a la especulación improductiva.

- Los bancos han provocado la crisis porque, para ello, crearon y difundieron millones de productos financieros opacos y muy arriesgados, muy rentables inicialmente pero sumamente peligrosos a poco que cambiara la situación, como el tiempo demostró, es decir, pura basura financiera. La fueron acumulando en sus balances mientras traspasaban el riesgo a otros bancos o a los demás sujetos económicos y así dieron lugar a la crisis financiera.


- Los bancos han provocado la crisis porque para difundir esos productos basura recurrieron a todo tipo de artimañas, fraudes, engaños, estafas, mentiras y trampas ante su clientela. Solo en España los jueces han dictado ya más de 400 sentencia condenatorias contra los bancos por colocar a sus clientes "swaps", permutas financieras o "clips", entre otras denominaciones comerciales, como si fueran un seguro ante la variación en los tipos de interés cuando en realidad era productos muy arriesgados que solo favorecían a las entidades bancarias (El Economista. Y esos 400 no son todos los casos porque la Asociación de Usuarios Afectados por Permutas y Derivados Financieros (Asuapedefin) calcula que en España existen entre 200.000 y 400.000 particulares y minoristas con este tipo de productos financieros (El Economista, 14-11-2011, La banca acumula más de 400 sentencias en contra por los 'swaps' hipotecarios). Y hay también otros 700.000 ahorradores españoles afectados por la estafa de las llamadas participaciones preferentes que los bancos colocaron también engañosamente sus clientes por un volumen total de unos 12.000 millones de euros, (TVE, El fraude de las preferentes).

- Los bancos han provocado la crisis porque para ocultar y disimular todas esas estafas contrataron a las agencias de calificación que calificaron como de máxima solvencia a las hipotecas y los derivados que colocaban en el mercado, creando así el clima de engaño y de falsa seguridad necesario para multiplicar la difusión de millones de productos financieros que en realidad eran pura basura financiera.

- Los bancos son culpables de la crisis porque ellos mismos y sus empresas de tasación han sido los responsables directos de la subida de precios de la vivienda y de las burbujas inmobiliarias, lo que les convenía para que así aumentara el volumen de créditos que ofrecían a sus clientes.

- Los bancos son culpables de la crisis porque han abusado de su capacidad de creación de dinero mediante la generación de crédito saltándose para ello a la torera todas las reglas de la prudencia bancaria, dando créditos hipotecarios a más del 100% del valor de las viviendas o a empresas por encima de los niveles aconsejables.

- Los bancos son culpables de haber provocado la crisis porque, para aumentar sus beneficios, disimularon mediante trampas contables el riesgo que acumulaban y no acumularon el volumen de reservas necesario para hacer frente a la morosidad que irremediablemente iba a producirse como consecuencia de su propia política de sobreendeudamiento.

- Los bancos son culpables de la crisis porque es evidente que durante los últimos años han hecho todo lo que ha estado en sus manos para que los gobiernos aplicaran las políticas que han producido la gran desigualdad que a ellos les conviene para que los niveles altos de renta les proporcionen grandes volúmenes de ahorro y los bajos tengan que endeudarse más.

- Los bancos son culpables de la crisis por haber utilizado los paraísos fiscales y por ser los instrumentos necesarios para que se pueda llevar a cabo el fraude y la evasión fiscal que se encuentra a niveles tan desorbitados. Los bancos se han convertido en cooperadores necesarios del engaño a Hacienda y ellos mismos en una fuente principal de evasión de ingresos, disminuyendo así la capacidad de actuación de los gobiernos.

- Los bancos son culpables de la crisis por haber financiado también a la clase política más corrupta para que llevara a cabo las medidas de desregulación y permisividad que han ido necesitando para salir adelante.

- Los bancos son culpables de la crisis porque su actuación irresponsable les ha llevado a la quiebra impidiendo así que las empresas y consumidores dispongan de la financiación que es imprescindible para poder funcionar y crear empleo.

- Los bancos son culpables de la crisis porque, cuando estalló, en lugar de asumir el daño que habían provocado engañaron a los gobiernos y a la sociedad haciendo creer que se trataba de una situación pasajera cuando en realidad habían perdido toda su solvencia. Y porque reclamaron entonces y siguen reclamando ayudas y más ayudas como si fueran las últimas cuando saben perfectamente que todas las que reciban serán insuficientes puesto que su agujero patrimonial es gigantesco y los problemas que eso ha creado en el sistema bancario internacional es sencillamente irresoluble bajo las condiciones en que ha venido funcionando.

- Los bancos son culpables de la crisis por haber impuesto una política de retribuciones astronómicas a sus directivos para lograr así el aumento de sus beneficios con independencia de cualquier consideración ética o de los efectos de su actuación en el conjunto de la economía y la sociedad.

- Y, en fin, los bancos son culpables de la crisis porque es evidente que son ellos quienes están imponiendo las políticas que en lugar de permitirnos salir de la crisis es evidente que no llevan a una fase aún peor, de depresión, que sufriremos durante años.

La banca y la clase política

Miente también Botín cuando echa la culpa de la crisis a la clase política ocultando que la clase política no ha actuado motu proprio sino presionada constantemente por los bancos que se presentan ahora como los mercados.

Los bancos financian a los partidos, pagan a periodistas, son los dueños efectivos de los medios de comunicación, dominan incluso la decisión de los rectores universitarios y de los lideres de opinión. Son los que tienen el poder real en nuestras sociedades.

Así lo prueba mejor que nadie el propio Emilio Botín que solo gracias a que tiene más poder real que los gobiernos puede actuar con impunidad y cometer todo tipo de actos irregulares sin que sea condenado por ello. Así, según informó El País, consiguió que la entonces Secretaria de Estado de Justicia y posteriormente Vicepresidenta del Gobierno cursara al Abogado del Estado "instrucciones sobre su actuación en el caso de las cesiones de crédito", concretamente, pidiendo que no se dirigiera "acción penal alguna por presunto delito contra la Hacienda Pública, contra la citada entidad bancaria o sus representantes". Gracias a ello, ni siquiera fue juzgado por unas irregularidades financieras por las que la acusación solicitaba para el presidente del Banco de Santander "un total de 170 años de prisión y una multa de 46.242.233,92 euros (7.694.060.334 pesetas), además de una responsabilidad civil de 84.935.195,86 euros (14.132.027.499 pesetas), que es el perjuicio causado con su actuación a la Hacienda Pública". (El País, 27-05-2008, "Rato atribuye la decisión de no perseguir a Botín en 1996 a De la Vega").

Como también lo prueba el que Botín haya conseguido que el gobierno ya en funciones de Rodríguez Zapatero indultara de forma vergonzosa y vergonzante al consejero delegado del Banco de Santander condenado en firme por delinquir en el ejercicio de su actividad bancaria.

Las declaraciones de Botín ni siquiera se pueden considerar una verdad a medias. Como he demostrado en otros artículos, es verdad que la gran estafa cometida por los bancos no habría sido posible sin la complicidad de la mayoría de las autoridades, de gobiernos y bancos centrales que modificaron las leyes para que pudieran llevar a cabo sus tropelía, que miraron a otro lado cuando engañaban a la gente y cuando generaban el riesgo tremendo que se sabía que antes o después estallaría llevándose por delante a la actividad de millones de empresas y empleos. O que, ya en plena crisis, se han dedicado a salvar el bolsillo de los bancos y banqueros dándoles billones de euros a costa de los contribuyentes. Pero eso ha sido y es así, como he señalado, porque el poder real no lo tienen esas autoridades sino porque los bancos están llevando a cabo, en palabras de Habermas referidas concretamente a Europa, "la demolición de la democracia" imponiéndose cada vez más sobre los poderes representativos e incluso, como está sucediendo recientemente, suplantándolos directamente. Por eso no es nada de extrañar que Botín alabe al nuevo gobierno, es el suyo: un colega banquero, nada más y nada menos que procedente de Lehman Brothers, es el ministro de Economía y el director de la asesoría jurídica de su banco ha sido nombrado subsecretario de Presidencia (ver "Gobierno de España S.A.", Público 29-01-2012)

Y también fabula Botín cuando afirma que la reforma laboral es urgente para crear empleo y para resolver los problemas que ha planteado la crisis. Pero de eso me ocuparé en otro artículo que publicaré en los próximos días.



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lunes, 16 de enero de 2012

¿QUÉ SON EL DINERO Y LA DEUDA?

¿Qué son el dinero y la deuda?

Alberto Garzón Espinosa

La pregunta ¿qué es el dinero? es probablemente la más enigmática de toda la ciencia económica, e incluso de la sociedad misma. Todas las escuelas de pensamiento económico han intentado dar una respuesta, y nunca se ha llegado a un consenso. Por otra parte, todos los ciudadanos perciben como algo fundamental dar respuesta a ese enigma para poder entender cómo funciona el mundo. Y es que desde nuestra observación cotidiana sabemos que el dinero es poder, pues cuanto más tienes más controlas, y que el dinero es sobre todo lo que nos permite vivir con menos preocupaciones respecto al presente y futuro material. Tanto es así que por internet corren como la pólvora documentales que tratan de abrirse camino entre los interrogantes más fundamentales de la economía y, con mayor o menor éxito y rigor, van moldeando el pensamiento económico de los ciudadanos. Con esta entrada mi intención es contribuir, humildemente, a aclarar algunos elementos que pueden ayudarnos a encontrar esa respuesta y, sobre todo, a comprender cómo funciona el mundo hoy. Porque ese es el paso previo, como dijo un maestro del pensamiento, para transformarlo. La explicación es rigurosa pero no a efectos académicos sino de divulgación. Es decir, el mundo de los pequeños matices queda abandonado.


El dinero visto por los economistas convencionales

Para los economistas convencionales (educados en la teoría económica neoclásica) el dinero no es más que un elemento de intermediación. Para ellos la economía moderna tiene las mismas características que la economía de hace doscientos años o que una economía imaginaria. El dinero, desde este punto de vista, sería un elemento que ayuda a abaratar el costoso proceso del trueque. Se parte de un modelo de sociedad precapitalista, por ejemplo de cazadores-recolectores, en el que los propietarios de ovejas intercambian algunas de ellas por otros productos, por ejemplo caballos, que se necesiten. Para evitar el costoso proceso de llevar las ovejas a un punto determinado, y desde allí traerse los caballos, se establece un bien nuevo llamado dinero. El dinero funcionaría como simple intermediario en un intercambio. Hasta aquí es fácil de imaginar qué es el dinero, dado que corresponde con la visión convencional o de “sentido común”.

Para que los economistas convencionales pudieran usar al dinero en sus análisis económicos se refirieron al concepto dinero como variable exógena, es decir, como una variable que se introduce después de sentar las bases del modelo. Lo que los economistas convencionales dicen es que el dinero es neutral y no importa si se introduce antes o después en el análisis. Para ellos la cantidad de dinero que haya en circulación en una economía está determinada de forma exógena, esto es, por algún agente externo como puede ser el banco central.

De esta concepción del dinero se sacan dos conclusiones importantes. La primera, que el banco central puede imprimir o no dinero, y así hay más o menos. Si se complementa con la llamada teoría cuantitativa del dinero se puede decir que cuanto más se imprima más inflación puede generarse. La segunda y más importante, que para generar actividad económica (inversión) es necesario ahorrar previamente. Esta es la concepción vulgar del ahorro y la inversión, y que se repite una y otra vez. Hay que ahorrar para poder crecer. Sin embargo, esta cuestión no es tan sencilla como parece y como veremos a continuación.


El sistema evoluciona y los bancos también

Los bancos son el elemento pivote del sistema capitalista. Los bancos recogen dinero de los agentes económicos (familias, empresas y Estados) y lo prestan de nuevo a los mismos agentes. En la etapa inicial del capitalismo el sistema estaba repleto de pequeños bancos que hacían perfectamente esta función de mera intermediación. Bajo este sistema si un banco quería prestar dinero para financiar la inversión, antes tenía que encontrar dinero de otro agente. Pero más adelante el sistema financiero va evolucionando, los bancos van concentrándose y adquiriendo funciones nuevas. Y es que el sistema es dinámico y cambia históricamente.

En el origen del dinero toda moneda está construida, o respaldada, por algún metal (oro o plata, por ejemplo). Así, el valor del dinero depende de la cantidad de moneda que contiene o respalda. Más adelante, y como respuesta a que los Estados trucaban la cantidad de metal en cada moneda, el dinero se hace fiduciario porque ya no depende en modo alguno de la cantidad de metal que hay en una economía. Este dinero vale, sencillamente, lo que el Estado dice que vale y lo que los ciudadanos aceptan que vale. No hay ninguna lógica económica detrás del valor del dinero fiduciario, sino única y exclusivamente confianza. Por eso el dinero es en sí mismo una institución social.

La cuestión fundamental es que en el capitalismo más avanzado los bancos también pueden crear dinero. Ese dinero, a diferencia del dinero respaldado por un bien como el oro (llamado dinero metálico) o por la confianza de la ciudadanía (llamado dinero fiduciario), es creado por la demanda de dinero (se llama dinero crediticio). En estas circunstancias la relación ahorro-inversión cambia y ahora es la inversión la que genera el ahorro.

Cómo funciona un banco moderno

En la actualidad los bancos recogen fondos de los agentes económicos, pero también prestan a otros agentes. Por el sistema de reserva fraccionaria, que implica que los bancos sólo tienen la obligación de mantener algo así como un 2% del dinero que se les presta a ellos, los bancos pueden crear dinero. Un ejemplo sencillo. Cuando yo meto dinero en el banco, el banco presta el 98% de ese dinero a otro agente (una empresa, familia o al Estado). Si quiero sacar mi dinero del banco… obviamente no estará disponible, porque está prestado. Pero el banco lo que hará será devolverme el dinero de otra persona o empresa que haya dejado su dinero en el banco también y que no lo quiera sacar por el momento. El sistema funciona, por lo tanto, porque no todo el mundo saca el dinero a la vez. O, dicho de otra forma, el sistema es insolvente por naturaleza.

Esta descripción previa nos puede servir para aclarar cómo funciona un agente económico en términos contables. Como para todo agente, hay un activo y un pasivo en el balance contable. El activo es lo que tenemos, y el pasivo lo que debemos. Cuando somos un banco, los depósitos (el dinero que los clientes tienen en el banco) son parte del pasivo (porque los tenemos que devolver tarde o temprano), y los préstamos que hace el banco van al activo (porque al banco le pertenece el flujo de dinero que genera el préstamo). De forma inversa, los préstamos que reciben los bancos van al pasivo (porque lo debemos como banco, y hay que devolverlo) y los depósitos que tenemos en otros bancos van al activo (porque son nuestros).

Como el sistema se ha hecho más grande y global, ya prácticamente todas las transacciones son simples anotaciones contables y no hay necesidad de transportar monedas y billetes de un lado a otro. Dado que hay pocos bancos y todos están interrelacionados, cuando un banco presta dinero está generado un activo y un pasivo a la vez. Es decir, cuando un banco presta dinero a una empresa apunta en su balance un activo financiero (el préstamo que vamos a cobrar) pero también apunta un pasivo del mismo valor (el dinero que la empresa tiene como depósito en el banco).

Para entenderlo imaginemos la relación entre un banco A y una empresa B. El banco A llama a la puerta de la empresa B y le ofrece un crédito para su actividad económica. La empresa B decide aceptar y entonces firma el crédito. En ese momento el banco A apunta en su activo un crédito (que generará ingresos) y apuntará en su pasivo un depósito (porque es dinero de la empresa). En realidad, el banco ha creado dinero de la nada pero financiará la actividad productiva. Esto podría pasar con un sólo banco o con el sistema bancario en su conjunto (pensemos que los bancos tienen cuentas en otros bancos y también con los bancos centrales directamente).

La deuda crea rentas y sin crédito no hay crecimiento

La conclusión es que los bancos crean dinero y además ese dinero puede estimular la actividad productiva. Es decir, cuando un banco hace un préstamo a una empresa también está generando rentas. Esas rentas serán salarios para trabajadores, y ese salario será lo que compre los productos de otras empresas. Al comprar productos de otras empresas, éstas tendrán beneficios y podrán devolver los préstamos contraídos. Hay que ver el sistema como un circuito. Schumpeter decía que el crédito “crea poder de compra con el propósito de transferirlo al empresario”, y entendía algo que ahora se dice tanto: sin crédito no hay crecimiento.

Este hecho tiene implicaciones claves para la teoría económica. La primera, que el dinero no es neutral y que tiene que ser entendido como variable endógena y no como variable exógena. El dinero lo crean los bancos buscando nuevos espacios de negocio y porque las empresas buscan financiarse. El sistema puede quebrar cuando esas rentas se desvían hacia pura especulación financiera (esto lo han estudiado muy bien los economistas neomarxistas) o porque los procesos de inversión fracasan y se produce un efecto dominó (la hipótesis de la fragilidad financiera de Minsky va en esta línea).

En definitiva, el dinero es un elemento que visto como deuda puede catalizar la producción y la generación de rentas en el capitalismo moderno. Pero en última instancia el dinero es una institución social que depende de la confianza que se tenga en él, mientras que simultáneamente otorga un poder social y económico descomunal a quien lo crea: bancos centrales, bancos privados y recientemente grandes empresas (que crean dinero financiero). Por cierto, ninguna de estas instituciones es pública y democrática.

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viernes, 23 de diciembre de 2011

¿QUIÉNES SON LOS MERCADOS?


dic 22¿Quiénes son los mercados?
Economia política, Estado del Bienestar, Europa, Neoliberalismo y Globalización, Política Catalana, Política Española Añada comentariosArtículo publicado en PÚBLICO por Vicenç Navarro. 22 de diciembre de 2011.

Este artículo critica el argumento ampliamente reproducido en los fórums políticos y mediáticos de mayor difusión del país que explican los recortes de derechos sociales y laborales como consecuencia de la presión de los mercados financieros. El artículo señala que no son los mercados financieros sino las alianzas establecidas tanto en España como en Europa entre las burguesías financieras y su complicidad con los estados. El artículo concluye que si los estados quisieran podrían controlar los mercados financieros y el que no lo hagan se debe a la excesiva influencia que aquellas burguesías financieras tienen sobre los estados.
Cuando el Gobierno Zapatero afirmaba que tenía que llevar a cabo las políticas de reducción de derechos laborales (como debilitar los convenios colectivos) y sociales (como alargar la edad de jubilación, congelar las pensiones o recortar el gasto público social) como consecuencia de la presión de los mercados financieros, estaba, en realidad, intentando externalizar la responsabilidad de desarrollar unas políticas altamente impopulares. Algo semejante ocurrirá ahora con el Gobierno Rajoy. En ambos casos, los ejecutivos nos dicen que no son ellos sino los de fuera, es decir, los mercados, los que mandan mientras que los gobiernos no tienen otra alternativa que desarrollar tales políticas.
Con la ayuda de los mayores medios de información y persuasión del país, los gobiernos intentan presentar tales políticas como determinadas por fuerzas exteriores sobre las cuales tienen poquísima capacidad de influencia. El gran argumento, que justifica tales políticas, es que son necesarias para “dar confianza a tales agentes externos: los mercados financieros”. En otras palabras, hay que reducir el déficit y la deuda pública, y hay que reducir los salarios y debilitar a los sindicatos a fin de calmar a los mercados para que estos presten su dinero al Estado español, permitiéndole con ello poder pagar sus gastos. El problema con este esquema político-intelectual es que cada uno de los postulados sobre los que se basa es erróneo, es decir, los datos empíricos no lo sustentan. Veámoslos.
En primer lugar, no son los mercados financieros, sino principalmente los bancos, las compañías de seguros y los fondos especulativos españoles (el eje de lo que se llamaba antes la burguesía financiera, término abandonado en el lenguaje político-mediático actual por considerarlo “anticuado”) los que poseen casi la mitad de la deuda pública española. La mayoría de la otra mitad la poseen bancos, compañías de seguros y fondos especulativos europeos, gran número de ellos relacionados con los mismos fondos españoles. Sólo una mínima parte la poseen entidades financieras extranjeras (es decir, de fuera de la Unión Europea).


Los “mercados financieros” son, pues, básicamente nuestras instituciones financieras (españolas y europeas). Utilizo el término “nuestras” para indicar su identificación político territorial, pues de nuestros –en el sentido de posesión por parte de la mayoría de la población– tienen poco. Están controlados por un número pequeñísimo de personas (los gerentes, gobernadores y accionistas), menos del 0,1% de la población, que se benefician enormemente de que el Estado español tenga que pagar hasta un 7% de interés para conseguir dinero prestado de los bancos a los cuales el Estado debe pagar, dinero que procede de los recortes de gasto público en pensiones, sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, entre otros. Las clases populares de España, que son las más afectadas por estos recortes, tienen que apretarse el cinturón para que el Estado pueda pagar a nuestra burguesía financiera, a la cual, por cierto, nuestro Estado ha ido reduciendo sus impuestos y ayudándola, prestándoles millones y millones de euros para que no colapsaran el sistema financiero como resultado de sus prácticas especulativas (y muy en particular en el sector inmobiliario) al estallar la burbuja del ladrillo que ellos crearon.
Pero, por si no fuera poco, tal burguesía financiera, tanto española como europea, ha recibido una enorme cantidad de dinero del Banco Central Europeo (BCE), que es una institución pública (sus dirigentes son nombrados por los estados de la Eurozona, incluido el Gobierno español), que está en la práctica controlado por nuestras (españolas y europeas) instituciones financieras. El BCE imprime millones y millones de euros y los da (bueno, dar, dar, es un decir, aunque los intereses son ridículamente bajos) a los bancos, los cuales, con este dinero, especulan y compran deuda pública a unos intereses desorbitados.
El segundo supuesto erróneo es asumir que no hay otra alternativa a la dependencia que los estados tienen de la banca privada. Ello no es cierto. El Estado puede generar recursos a base de, por ejemplo, incrementar, en lugar de bajar, los impuestos a la banca, a las rentas del capital y a las rentas superiores. Y el BCE, en lugar de dar dinero a la banca, se lo podría dar a los estados para comprar su deuda pública a los mismos intereses que se los da a la banca. Pero no lo hace, con lo cual el Estado tiene que pedir prestado a la banca. Un círculo virtuoso para la banca y desastroso para los estados. Pero las cosas han empeorado todavía más porque cuando por fin el BCE ha comenzado a enviar dinero a los estados comprando su deuda pública, el BCE (que es el lobby de la banca) ha impuesto unas condiciones draconianas, que se resumen en un ataque frontal a las clases populares y a su Estado del bienestar.
No son, pues, los mercados financieros, sino nuestra burguesía financiera, aliada con la burguesía financiera europea, quien está controlando nuestras instituciones públicas, las mismas que nos dicen que no hay alternativas. Y para el máximo abuso, nuestros representantes políticos en su última reunión en Bruselas, quieren ahora asegurar a los bancos (para darles, incluso, más confianza) que estos nunca, repito, nunca, perderán dinero. Es decir, que los estados les deberán pagar siempre el dinero que supuestamente les deben. Y todo ello se presenta con el argumento de que no hay alternativas.
Pero sí que hay alternativas. Los estados pueden controlar a los bancos, en lugar de ser al revés, estableciendo, por ejemplo, bancos públicos. Y pueden cambiar al BCE poniéndolo al servicio de la población y de la economía productiva, y no al servicio de la banca. Que no lo hagan se debe, no al poder de los mercados, sino a la excesiva influencia política y mediática de nuestras burguesías financieras.


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miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA OLIGARQUÍA FINANCIERA CONTRA LA DEMOCRACIA SOCIAL EUROPEA









La oligarquía financiera contra la democracia social europea
Michael Hudson · · · · ·

19/12/11





La mejor manera de entender la crisis financiera de Europa consiste en observar las distintas propuestas de soluciones. Éstas parecen el sueño de cualquier banquero, una bolsa de regalos que pocos votantes estarían dispuestos a aprobar en un referéndum democrático. Los estrategas bancarios han aprendido a no arriesgarse a someter sus planes a voto democrático, después de que los islandeses rechazaran dos veces en 2010-11 aprobar la capitulación de su gobierno a pagar al Reino Unido y a Holanda a causa de las pérdidas propiciadas por los bancos islandeses deficientemente regulados que operaban en el extranjero. A falta de tal referéndum, las manifestaciones masivas se convirtieron en la única forma que los votantes griegos encontraron para hacer constar su oposición a los 50.000 millones de euros en privatizaciones demandadas por el Banco Central Europeo (BCE) en agosto de 2011.



El problema radica en que Grecia no dispone de líquido para cancelar sus deudas y pagar los cargos por interés. El BCE exige que se vendan los activos públicos (la tierra, el agua y los sistemas de alcantarillado, los puertos y otros activos de dominio público), y también que se realicen recortes en las pensiones y en otros pagos a la población. Es comprensible que el “99% más pobre” esté furioso al ser informado de que el estrato más rico de la población es el gran responsable de los recortes de presupuesto por su ambición acumulativa (sólo en fondos atesorados en bancos suizos se han registrado 45.000 millones de euros). La sola idea de que un asalariado común tenga que financiar las pensiones para compensar las evasiones de impuestos de los ricos (y la ausencia general de impuestos a la riqueza desde el régimen de la junta de coroneles) enfurece comprensiblemente a la población. Que la “troika” del BCE, UE y FMI dicte que no importa cuánto acumulen roben o evadan los ricos, el pago ha de cubrirlo la población en conjunto, no es un posicionamiento político neutro.



Llevar a cabo una política de impuestos democrática restablecería un sistema progresista de impuestos sobre ingresos y propiedades y fomentaría su recaudación, estableciendo penas para los evasores. Desde el siglo XIX, los reformistas demócratas han buscado liberar las economías del derroche, la corrupción y los “ingresos por rentas”. Pero la “troika” del BCE está imponiendo un impuesto regresivo (que sólo puede imponerse cediendo las decisiones políticas del gobierno a un grupo de “tecnócratas” no electos).



Llamar a los gestores de una política tan anti-democrática “tecnócratas” parece un eufemismo cínico con aires científicos con el que designar a los grupos de presión financieros o a los burócratas, a quienes se considera que poseen una visión lo suficientemente estrecha para actuar como necios útiles en nombre de sus espónsores. Su ideología es la misma filosofía de austeridad que impuso el FMI a los deudores del Tercer Mundo desde los años sesenta hasta los ochenta. Reivindicaban la estabilización del balance de pagos mientras introducían mercados libres; estos directivos vendieron sectores de exportación e infraestructuras básicas a los acreedores de crédito nacional. El efecto fue conducir economías regidas por la austeridad a cotas mayores de deuda (de la que se beneficiarían los banqueros y sus oligarquías nacionales).



Ésta es la rutina la que se somete en estos momentos las democracias sociales de la Eurozona. Bajo el pretexto político de la emergencia financiera, los salarios y estándares de vida se pretenden reducir considerablemente y el poder político transvasarse de gobiernos electos a tecnócratas que gobernarán en nombre de grandes bancos e instituciones financieras. Se pretende también privatizar el trabajo en el sector público (y eliminar los sindicatos, mientras la seguridad social, los planes de pensiones y la sanidad pública sufren graves detrimentos).



Este es el guión básico que siguen los ladrones empresarios cuando saquean los planes de pensiones de las empresas para pagar a sus patrocinadores financieros con compra apalancada con financiación ajena. También es la manera en que se privatizó la economía de la antigua Unión Soviética tras 1991, poniendo los activos públicos en manos de cleptócratas, los cuales trabajaron con los banqueros de inversión de occidente para convertir a Rusia y a otros valores de bolsa las queridas de los mercados financieros internacionales. Los impuestos sobre la propiedad disminuyeron cuantiosamente al tiempo que los impuestos fijos se gravaron sobre los salarios (un acumulativo del 59 por ciento en Letonia). La industria fue desmantelada al tiempo que el derecho sobre la tierra y los minerales fue transferido a extranjeros, las economías conducidas a la deuda mientras los trabajadores cualificados y no cualificados se veían obligados a emigrar para encontrar trabajo.



Mientras hacían creer que estaban comprometidos con la estabilidad de los precios y los mercados libres, los banqueros inflaron la burbuja inmobiliaria con créditos. Los ingresos por alquileres fueron capitalizados en préstamos bancarios y rentabilizados con intereses. Esto resultó enormemente beneficioso para los banqueros, pero dejó a los Balcanes y gran parte de Europa Central con una grandísima deuda y un capital social con números negativos en el 2008. Los neoliberales aplaudieron la caída vertiginosa de sus niveles salariales y la mengua de de su PIB como si de la historia de un éxito se tratase, puesto que estos países traspasaron la carga de los impuestos al empleo en vez de a la propiedad o las finanzas. Los gobiernos rescataron a los bancos a expensas del contribuidor.



Es un axioma que la solución a cualquier problema social serio tiende a crear problemas incluso mayores (¡no siempre intencionados!). Vista desde el posicionamiento estratégico del sector financiero, la “solución” a la crisis de la Eurozona consiste en revertir los objetivos de la Era Progresista de hace un siglo (lo que John Maynard Keynes generosamente acuñó como “eutanasia del rentista” en 1936). La idea era subordinar el sistema bancario al servicio de la economía y no al revés. En vez de ello, las finanzas se han convertido en la nueva forma bélica (menos ostensiblemente sangrienta, pero con los mismos objetivos que las invasiones vikingas hace miles de años y que las subsiguientes conquistas coloniales de Europa: apropiación de las tierras y sus recursos naturales, infraestructuras y cualquier otro activo que pueda proporcionar una vía de ingresos. Había que capitalizar y apreciar tales valores, por ejemplo, los que Guillermo I de Inglaterra recogió en su libro Domesday tras 1066, un modelo actual de cálculos al estilo BCE y FMI.



Esta apropiación del superávit económico para pagar a los banqueros se está poniendo los valores tradicionales de los europeos patas arriba. La imposición de austeridad económica, el desmantelamiento de los gastos sociales, la venta de activos públicos, la extinción de los sindicatos, la caída de los niveles de los salarios, los planes de pensiones y sanidad pública en detrimento en países sujetos a reglas democráticas, requiere convencer a los votantes de que no hay otra alternativa. Se reivindica que sin un sector bancario próspero (da igual cuán predador) la economía quebrará mientras las pérdidas bancarias por malos préstamos y especulaciones deterioran el sistema de pagos. Ninguna agencia reguladora puede ayudar, ninguna política de impuestos mejorada, nada excepto la cesión del control a los grupos de presión para que rescaten a los bancos que han perdido las demandas financieras que ellos mismos construyeron.



Lo que quieren los bancos es que se pague el superávit económico en forma de intereses, no que se emplee en la mejora de los estándares de vida, en gastos sociales o incluso en una inversión nueva del capital. La investigación y el desarrollo requieren demasiado tiempo. Las finanzas viven al día. Esta tendencia al corto plazo es contraproducente, y aun así se presenta como una ciencia. La alternativa, se dice a los votantes, es el camino a la servidumbre: interferir en el “mercado libre” mediante la regulación financiera e incluso unos impuestos progresistas



Hay una alternativa, por supuesto. Es lo que buscaron los escolásticos de la civilización europea del siglo XIII a través de la Ilustración y del florecimiento de la economía política clásica: una economía libre de ingresos por rentas, libre de intereses creados empleando privilegios especiales para la “extracción de renta”. En manos de los neoliberales, al contrario, un mercado libre es libre para que una clase rentista favorecida por los impuestos pueda extraer interés, renta económica y precios de monopolio.







Los intereses rentistas presentan su actividad como una “creación de riqueza” eficiente. Las escuelas de negocios enseñan a los privatizadores cómo disponer los préstamos bancarios y la financiación por bonos, prometiendo todo lo que puedan para que los servicios de infraestructura pública sean vendidos por los gobiernos. La idea es pagar estas rentas a los nacos y proveedores de bonos con interés, y después obtener una ganancia capital subiendo las cuotas de acceso a las carreteras o puertos, al agua y al uso del alcantarillado y a otros servicios básicos. Se dice a los gobiernos que las economías pueden dirigirse de forma más eficiente si se desmantelan los programas públicos y se venden los activos.



La diferencia entre el objetivo pretendido y los resultados reales nunca se ha escondido de forma tan hipócrita. Hacer pagos con interés libres de impuestos priva a los gobiernos de los ingresos por las cuotas de acceso a los usuarios, incrementando sus déficits presupuestarios. Además, en vez de promover la estabilidad de los precios (la ostensible prioridad del BCE), la privatización aumenta los precios por infraestructura, vivienda y otros costes vitales, y hacen así negocio creando pagos de intereses y otras inversiones financieras (y sueldos mucho mayores para los gestores). Por tanto no es más que una demanda ideológica refleja el que esta política sea más eficiente simplemente porque los privatizadores son los que otorgan los préstamos y no el gobierno.



No hay ninguna necesidad económica o tecnológica para que los gestores financieros de Europa impongan la depresión sobre la mayor parte de su población. Pero hay una gran oportunidad de ganancia para los bancos que han tomado el control de la política económica del BCE. Desde los años sesenta, la crisis de balance de pagos ha proporcionado oportunidades a los banqueros e inversores para tomar el control de las políticas fiscales (para traspasar la carga de los impuestos al sector laboral y desmantelar los gastos sociales en favor de la subvención a inversores extranjeros y del sector financiero. Obtienen ganancias de las políticas de austeridad que disminuyen los estándares de vida y constriñen los gastos sociales. Una crisis de deudas permite a la élite financiera nacional y a los bancos extranjeros endeudar al resto de la sociedad, utilizando su privilegio de crédito (o ahorros creados como resultado de políticas de impuestos menos progresistas) como palanca para hacerse con los activos y obligar a los ciudadanos a un estado de dependencia por sus deudas.



El tipo de guerra que está engullendo Europa va por tanto más allá de lo meramente económico. Está amenazando con convertirse en una línea divisoria histórica entre la época de esperanza y potencial tecnológico del pasado medio siglo y la nueva era de polarización al tiempo que una oligarquía financiera reemplaza a los gobiernos democráticos y convierte a los ciudadanos en esclavos de la deuda.



Para que una baza tan atrevida y una toma de poder tal tengan éxito, se necesita una crisis que suprima los procesos legislativos democráticos y políticos que normalmente se opondrían. El pánico político y el caos crean un vacío en el que los ladrones se mueven con soltura, utilizando la retórica del engaño financiero y de las economías basura que racionan soluciones interesadas mediante una falsa visión de la historia de la economía (y en el caso del BCE, de la historia alemana en particular).



Con un banco central bloqueado por su éxito, los gobiernos no necesitan pedir préstamos a banqueros comerciales u otro tipo de prestamistas. Desde que el Banco de Inglaterra fuera fundado en 1694, los bancos centrales han estado imprimiendo billetes para financiar los gastos públicos. Los banqueros también crean crédito de forma libre (como cuando hacen un préstamo a crédito de las cuentas de sus clientes, a cambio de un interés prometedor).

Hoy, estos banqueros pueden tomar préstamos de las reservas del banco central gubernamental a intereses anuales verdaderamente bajos (0.25% en los E.E.U.U.) y prestarlo con intereses mucho más altos. Así los bancos se congratulan de ver que los bancos centrales gubernamentales crean crédito para prestarles. Pero cuando les toca el turno a los gobiernos a la hora de crear dinero para financiar sus propios déficits presupuestarios y emplearlo en el resto de la economía, los bancos prefieren que se reserve tal mercado y sus intereses para ellos mismos.



Los bancos comerciales europeos son inflexibles en cuanto a que el Banco Central Europeo no debería financiar los déficits presupuestarios de los gobiernos. Pero la creación de crédito privado no es necesariamente menos inflacionaria que el hecho de que los gobiernos conviertan sus déficits en moneda (simplemente imprimiendo el dinero que necesitan). La mayoría de los créditos de los bancos comerciales se hacen en contra de los bienes inmuebles, las reservas y los bonos (proporcionando crédito que se emplea en subir los precios de las casas, y los precios de las seguridades financieras, como en los créditos para las compras apalancadas con financiación ajena).



Principalmente es el gobierno quien gasta crédito en la economía “real”, hasta el punto que los déficits presupuestarios públicos se destinan al empleo o a bienes y servicios. Si los gobiernos evitan pagar intereses haciendo que sus bancos centrales impriman dinero con sus propios ordenadores en vez de pedir prestado a los bancos que hacen exactamente lo mismo con sus ordenadores (Abraham Lincoln simplemente imprimió dinero cuando financió la Guerra Civil estadounidense con “billetes verdes”).



A los bancos les gustaría emplear su privilegio de crear crédito para obtener interés de sus préstamos a los gobiernos para que financien sus déficits presupuestarios públicos. Por tanto les interesa limitar la “opción pública” de los gobiernos de monetizar sus déficits presupuestarios. Para asegurarse un monopolio con este privilegio, han organizado una amplia difamación de los gastos gubernamentales y, de hecho, de la autoridad gubernamental en general (la cual resulta que es la única autoridad con poder suficiente para controlar su poder o proporcionar una opción financiera pública alternativa, como hacen las oficinas de correos en Japón, Rusia y otros países). Esta competición entre bancos y gobiernos explica las falsas acusaciones acerca de que la creación de crédito gubernamental es más inflacionaria que si la asumen los bancos comerciales.



La realidad es clara si se comparan las formas en que los E.E.U.U., el reino Unido y Europa manejan sus finanzas públicas. La tesorería de los Estados Unidos es de lejos el mayor deudor del mundo y sus bancos más importantes parece que están en números rojos, sujeto a sus inversores y a otras instituciones financieras por sumas mayores de lo que puede cubrir su carpeta de préstamos, inversiones y sus distintos juegos financieros. Así, mientras la confusión financiera aumenta, los inversores institucionales depositan su dinero en los bonos del tesoro estadounidense (tanto que estos bonos ahora rinden menos del 1%). Por otro lado, un cuarto de los bienes inmobiliarios de los E.E.U.U. sufren un balance negativo, y los estados norteamericanos y sus ciudades se enfrentan a la insolvencia, obligados a reducir sus gastos. Las grandes empresas están dirigiéndose a la bancarrota, los planes de pensiones están cayendo cada vez más en impagos, y aun así la economía estadounidense sigue siendo un imán para los ahorros de todo el mundo.



La economía del reino Unido también parece asombrosa y su gobierno paga tan solo un 2% de interés. Los gobiernos europeos están pagando más de un 7%. El motivo de esta disparidad es que no disponen de una “opción pública” a la hora de crear dinero. Lo que hace a los Estados Unidos y al Reino Unido diferentes de Europa es que tienen un Banco de Reserva Federal o un Banco de Inglaterra que pueden imprimir dinero para pagar los intereses o reinvertir las deudas existentes. Nadie espera de estas dos naciones que se vean forzadas a vender sus terrenos públicos y otros activos para incrementar el dinero con que pagar (aunque lo puedan hacer como opción política). Dado que la Tesorería de los E.E.U.U. y la Reserva Federal pueden crear dinero, se sigue que mientras que las deudas de los gobiernos se designan en dólares, pueden imprimir los suficientes pagarés en sus ordenadores para que el único riesgo que asuman los poseedores de bonos del tesoro sea la tasa de cambio de dólar con otras modernas.



Al contrario, la Eurozona tiene un banco central, pero el artículo 123 del tratado de Lisboa prohíbe que el BCE haga aquello para lo que los bancos centrales fueron creados: crear dinero para financiar los déficits presupuestarios o satisfacer sus deudas venciéndolas. Los historiadores del futuro sin duda alguna encontrarán notable el hecho de que verdaderamente tras esta política hay algo de razón (o por lo menos la pretensión de un tema de primera plana). Es tan endeble que cualquier estudiante de historia podría adivinar la distorsión que sufre. La reivindicación consiste en que si un banco central crea crédito, amenaza la estabilidad de los precios. Sólo el gasto gubernamental se juzga inflacionario, ¡no el crédito privado!



La administración Clinton equilibró el presupuesto estadounidense a finales de los años noventa, cuando la economía de burbuja estaba aún explotando. Por otro lado, la Reserva Federal y la Tesorería anegaron la economía con 13 billones de dólares en crédito para el crédito del sistema bancario después de septiembre de 2008, y 0,8 billones más el pasado verano bajo el programa Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (QE2). Aun así los precios al consumidor y de las materias primas no han subido. Ni siquiera los precios del sector inmobiliario y del mercado bursátil están pujando más alto. Por tanto la idea de que inyectar más dinero incrementará los precios (MV=PT) no es operativa hoy en día.



Los bancos comerciales crean la deuda. Ése es su producto. Este apalancamiento de deuda fue utilizado durante más de una década para incrementar los precios (haciendo de los inmuebles y el consumo una pensión de jubilación más cara para los norteamericanos), pero la economía de hoy está sufriendo una deflación de la deuda en forma de ingresos personales, el comercio y las rentas de los impuestos se desvían para pagar la deuda de los servicios en vez de gastarlos en bienes o en puestos de trabajo o incluso invertirlos.



Mucho más impactante es la farsa sobre la historia de Alemania que se repite una y otra vez, como si la repetición evitara que los ciudadanos recordaran lo que realmente pasó en el siglo XX. Escuchar a los directivos del BCE contar la historia, sería muy irresponsable por parte de un banco central prestar al gobierno, a causa del peligro de hiperinflación. La memoria evoca la inflación de Weimar en la Alemania de los años veinte. Pero si uno se detiene a examinarlo, ocurre lo que los psiquiatras denominan un recuerdo implantado (condición en que el paciente está convencido de que ha sufrido un trauma, pero éste no ha ocurrido en la realidad).



Lo que ocurrió en 1921 no fue un caso de gobiernos que reciben préstamos de los bancos centrales para financiar gastos domésticos tales como programas sociales, pensiones o sanidad pública, como ocurre hoy. Más bien, la obligación de Alemania de pagar las indemnizaciones condujo al Reichsbank a inundar los mercados bursátiles extranjeros con marcos alemanes para obtener líquido con que comprar libras esterlinas, marcos franceses y otras monedas para pagar a los aliados (quienes utilizaron el dinero para pagar las deudas por compra de armas a sus inter-aliados de los Estados Unidos). La hiperinflación nacional contuvo su obligación de pagar indemnizaciones con moneda extranjera. Ninguna cantidad fijada en impuestos domésticos habría sido capaz de cubrir la cantidad en moneda extranjera que debían pagar.



En los años 30 esto era un fenómeno que se entendía bien, explicado por Keynes y otros economistas que analizaban los límites estructurales de la capacidad de pagar la deuda extranjera impuesta sin tener en cuenta la capacidad de pagar los presupuestos en moneda nacional. Desde el estudio de Salomon Flink El Reichsbank y la Economía en Alemania (1931) hasta otros estudios sobre las hiperinflaciones chilena y de otras partes del Tercer Mundo, los economistas han encontrado una causalidad común operante, basada en el balance de pagos. Primero aparece una caída en el tipo de cambio. Esto incrementa el precio de las importaciones, y consecuentemente el nivel de los precios nacionales. La secuencia estadística y la línea de causalidades llevan de los déficits en balance de pagos hasta la amortización de los costes de importaciones cada vez más altos, y de estos incrementos en los precios hasta la inyección de dinero, y no al revés.



Los partidarios del mercado libre que escriben en la tradición monetarista de Chicago (básicamente, la de David Ricardo) deja las dimensiones de las deudas nacionales y extranjeras fuera de cuenta. Parece como si el “dinero” y el “crédito” fueran activos a trocar por bienes. Pero poseer una cuenta bancaria o cualquier otra forma de crédito significa deuda al otro lado del balance general. La deuda de unos es el ahorro de otros (y la mayoría de los ahorros de hoy se prestan con intereses, absorbiendo el dinero de los sectores no financieros de la economía). La discusión se reduce de forma simplista a una relación entre el suministro de dinero y el nivel de precios (y de hecho, sólo los precios a los consumidores, no los precios de los activos). En su codicia por oponerse al gasto gubernamental (y por desmantelar los gobiernos y reemplazarlos con estrategas financieros) los monetaristas neoliberales ignoran la deuda impuesta desde Letonia e Islandia hasta Irlanda y Grecia, Italia, España y Portugal.



Si el euro quiebra, será a causa de la obligación de los gobiernos de pagar a los banqueros con un dinero que deben pedir prestado primero, en vez de crear el suyo propio a través de sus bancos centrales. A diferencia de los Estados Unidos y Gran Bretaña, quienes pueden crear crédito del banco central con sus propios ordenadores para evitar que la economía se agoste o se vuelva insolvente, la constitución alemana y el tratado de Lisboa no se lo permiten a su banco central.





El efecto consiste en obligar a los gobiernos a tomar dinero prestado de los bancos comerciales con intereses. Esto proporciona a los banqueros la capacidad de crear crisis (amenazando con llevar las economías fuera de la Eurozona si no se someten a sus “condiciones”, impuestas en lo que se está volviendo una nueva guerra de clases entre las finanzas y el trabajo.



Incapacitar al Banco Central de Europa para privar a los Estados del poder de crear dinero



Una de las tres características definitorias de un estado-nación es su capacidad para crear dinero. Una segunda característica es el poder de recaudar impuestos. Ambos poderes están siendo transferidos fuera del alcance de los representantes electos del sector financiero, como resultado de esta inmovilización del gobierno.



La tercera característica de un estado-nación es el poder de declarar la guerra. Lo que está ocurriendo hoy es el equivalente de la guerra (¡pero contra el poder del gobierno!). Está por encima de cualquier forma de guerra financiera (y los objetivos de esta apropiación financiera son los mismos que los de las conquistas militares): primero, las riquezas de la tierra y el subsuelo sobre las que recaudar rentas como tributo; segundo, infraestructura pública para extraer rentas en forma de cuotas de acceso; y tercero, cualquier otra empresa o activo en el dominio público.



En esta nueva guerra financiera, los gobiernos están siendo llevados a actuar como agentes del orden que actúan en nombre de los conquistadores financieros en contra de sus propios ciudadanos. Esto no es nada nuevo. Ya hemos visto cómo el FMI y el Banco Mundial imponían austeridad en las dictaduras latinoamericanas, en los cacicazgos militares africanos y en otras oligarquías desde los años sesenta hasta los ochenta. Irlanda y Grecia, España y Portugal están siendo llevados a las mismas políticas públicas de liquidación de activos, y todo en manos de agencias financieras supra-gubernamentales que actúan en nombre de los banqueros (y por tanto en nombre del 1% de la población).



Cuando no se puede pagar o vencer las deudas, llega el tiempo de ejecución hipotecaria. Para los gobiernos esto implica la privatización de las ventas para pagar a los acreedores. Además de ser una apropiación de la propiedad, la privatización tiene por objetivo reemplazar el trabajo en el sector público por una fuerza de trabajo sin sindicatos que la respalde con menos derechos de pensión, sanidad pública o voz sobre las condiciones de trabajo. La antigua guerra de clases vuelve a la carga (con un rizo financiero). Al agostar la economía, la deflación de la deuda ayuda a amputar el poder de resistencia de los trabajadores.



También otorga a los acreedores el control sobre la política fiscal. En ausencia de un Parlamento paneuropeo con poder para imponer las reglas del sistema de impuestos, la política fiscal pasa a manos del BCE. Al actuar en nombre de los bancos, el BCE parece favorecer la regresión del camino que llevaba el siglo XX hacia los impuestos progresistas. Además, como han dejado claro los grupos de presión financieros de los E.E.U.U., las demandas de los acreedores se dirigen a que los gobiernos re-clasifiquen las obligaciones públicas como “cuotas de usuario”, que se financien mediante retenciones sobre los salarios destinadas a ser administradas por los bancos. Traspasar la carga de impuestos de los bienes inmuebles y las finanzas al trabajo y la economía “real” significa una amenaza de volverse una apropiación fiscal por encima de la apropiación de la privatización.



Esta es una política de corto plazo autodestructiva. La ironía radica en que las déficits presupuestarios de los PIIGS provienen de las propiedades sin impuestos, y un cambio mayor en el sistema de impuestos puede empeorar la situación en vez de estabilizar los presupuestos gubernamentales. Aun así los banqueros buscan sólo aquello que pueden ganar a corto plazo. Saben que toda renta por recaudación de impuestos que se desvíe de los bienes inmuebles y los negocios es una promesa de interés para los bancos. Así a la economía griega, como a otras economías oligárquicas, se les aconseja pagar sus deudas recortando los gastos gubernamentales (pero no el gasto militar en armas provenientes de Alemania y Francia) y traspasando los impuestos al sector laboral y la industria, y a los consumidores en forma de mayores cuotas de acceso a los servicios públicos que aún no se han privatizado.



En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron afirma que achicar aún más el gobierno bajo las directrices Thatcher-Blair otorgará más trabajo y recursos al servicio de las empresas privadas para crear puestos de trabajo. Los recortes fiscales aumentarán de hecho el desempleo, o por lo menos obligarán a aceptar trabajos peor pagados con menos derechos. Por otro lado, recortar los gastos sociales menguará el sector empresarial y agudizará por tanto los problemas fiscales y de deuda al empujar a las economías hacia la recesión.



Si los gobiernos recortan su gasto para reducir el tamaño de sus déficits presupuestarios (o si aumentan los impuestos, llevando a un superávit), entonces estos superávits absorberán el dinero de la economía, dejando menos para gastar en bienes y servicios. El resultado no puede ser otro que el desempleo, mayores deudas y bancarrotas. Debemos observar a Islandia y a Letonia como si fueran los canarios de esta mina financiera. Su reciente experiencia muestra que la deflación de la deuda lleva a la emigración, acortando las esperanzas de vida, tasas de nacimiento menores y menos matrimonios (pero proporciona grandes oportunidades para que los buitres de los fondos engullan el tuétano de la riqueza hasta los confines de la pirámide financiera).



La crisis económica de hoy es una cuestión de elección política, no una necesidad. Como dijo el jefe del equipo de la administración Obama Rahm Emanuel: “Una crisis es una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar”. En tales casos la explicación más lógica es que alguien debe estar beneficiándose. Las depresiones aumentan el desempleo, ayudando a quebrar el poder de los empleos con o sin sindicatos que los respalden. Los E.E.U.U. se ven como un presupuesto estatal y local a exprimir (pues ya se anuncian las bancarrotas), y los primeros recortes serán en la esfera de las pensiones. Las altas finanzas sacan sus beneficios (al no beneficiar a la población trabajadora con los ahorros y las promesas hechas).



El pez grande se come al chico



Esta parece ser la idea que tiene el sector financiero de una buena planificación económica. En verdad es peor que un plan de suma-cero, en el que la ganancia de una parte es la pérdida de la otra. Las economías en conjunto menguarán (y cambiarán su forma, polarizándose entre acreedores y deudores). La democracia económica allanará el camino a las oligarquías financieras, revirtiendo la tendencia de los últimos siglos.



¿Está Europa preparada para dar este paso? ¿Reconocen sus votantes que privar a los gobiernos de su opción pública de crear dinero otorgará tal privilegio a los bancos en forma de monopolio? ¿Cuántos observadores han previsto el inevitable resultado: traspasar la planificación de la economía y la localización de los créditos a los bancos?

Aunque los gobiernos proporcionen una “opción pública”, la de crear su propio dinero para financiar sus déficits presupuestarios y proveer a la economía de crédito productivo para reconstruir las infraestructuras, sigue existiendo un problema: deshacerse de la inversión en deuda existente supone un lastre en la economía. Los banqueros y los políticos que respaldan se niegan a reducir las deudas y mostrar así la capacidad de pago. Los legisladores no han dispuesto una sociedad con un proceso legal para reducir las deudas (excepto la ley de acción pauliana de Nueva York, la cual permite anular las deudas si los prestamistas otorgan préstamos sin asegurarse primero que el deudor podrá pagarles).



Los banqueros no quieren asumir la responsabilidad de los malos préstamos. Esto plantea el problema financiero de qué deben hacer los que diseñan las políticas cuando los bancos han sido tan irresponsables al localizar sus créditos. Sin embargo alguien tiene que asumir la pérdida. ¿Debe ser la sociedad en su conjunto o los banqueros?



No es un problema que los banqueros puedan resolver. Ellos quieren pasar el problema a los gobiernos. Lo que llaman “solución” al problema de la mala deuda consiste en que los gobiernos les den bonos buenos para malos préstamos (“dinero por basura”), y que lo paguen los contribuyentes. Han diseñado un aumento desproporcionado de bienes para ellos mismos, y ahora quieren llevarse el dinero y salir corriendo. La deuda que los deudores no pueden pagar será esparcida por toda la economía en conjunto.



¿Por qué deben ellos resarcirse de los daños a costa de agostar el resto de la economía? Su respuesta es que las deudas se deben a los fondos de pensiones de los trabajadores, a los consumidores con depósitos en bancos, y que todo el sistema se vendrá abajo si los gobiernos no pagan sus bonos. Si se les presiona, los banqueros admiten que han sacado los seguros de riesgo (obligaciones de deuda colateralizadas y otras coberturas de riesgos). Sin embargo los aseguradores son bancos estadounidenses y el gobierno norteamericano está presionando a Europa para que no hiera su sistema bancario. Así que el embrollo de la deuda se ha politizado a nivel internacional



Para los banqueros, la línea de menor resistencia consiste en fomentar la ilusión de que no tienen la necesidad de aceptar moras para las deudas demasiado altas que ellos han propiciado. Los acreedores siempre insistirán en que puede mantenerse la inversión de deuda.



El motivo de que esto no funcione radica en que tratar de recaudar una deuda de la magnitud actual dañaría gravemente la economía “real” subyacente, haciendo incluso menos accesible su pago. Lo que empezó como un problema financiero (malas deudas) se convertirá ahora en un problema fiscal (malos impuestos). Los impuestos son el coste de hacer negocio, así como pagar el servicio de la deuda es también un coste. Ambos costes deben reflejarse en los precios de los productos. Cuando los contribuyentes están sobrecargados con impuestos y deudas, tienen menos capital disponible para gastar en consumo. Así los mercados menguan, poniendo más presión en la rentabilidad de las empresas nacionales. La combinación hace que cualquier país que siga tal política se convierta en un productor de coste y por tanto menos competitivo en el mercado global.



Este tipo de planificación financiera (y su traspaso paralelo de impuestos fiscales) conduce hacia la industrialización. La creación de dinero de curso legal intergubernamental por el BCE o el FMI deja las deudas listas, al tiempo que preserva el control de la riqueza y la economía de las manos del sector financiero. Los bancos pueden recibir pagos de deudas a través de las propiedades con hipotecas excesivas, sólo si reducen las obligaciones de las pensiones, de la sanidad y los salarios de sus empleados (o pagos de impuestos a los gobiernos). En la práctica, las “deudas honoríficas” significan nada más que deflación de deuda y mengua general de la economía.



Este el plan de mercado de los financieros. Sin embargo, dejar la política de impuestos en manos de los banqueros acaba siendo lo opuesto a la temática general de la economía de mercado libre de los últimos siglos. El objetivo clásico era minimizar la inversión de deuda, cobrar impuestos de las rentas por los recursos naturales y mantener los precios de monopolio en línea con los costes actuales de producción (“valor”). Los banqueros han prestado cada vez más en contra de los mismos ingresos que los economistas del mercado libre creían que debía ser la base impositiva natural.



Así que algo hay que ceder. ¿Será la filosofía de la economía liberal de mercado libre de los últimos siglos, renunciando a planificar el superávit económico para los banqueros? ¿O reafirmará la sociedad la filosofía económica clásica y los valores de la Era Progresista, y reafirmará el diseño social de los mercados financieros para fomentar un crecimiento a largo plazo reduciendo al mínimo los costes de vida?



Por lo menos en los países más endeudados, los votantes europeos están despertando al golpe de estado oligárquico en el que los impuestos y la planificación presupuestaria de los gobiernos y el control están siendo transferidos a las manos de ejecutivos designados por el cartel de los banqueros internacionales. Este resultado es el contrario de lo que han perseguido las economías de libre mercado de los últimos siglos.



Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.



Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella



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