dic 22¿Quiénes son los mercados?
Economia política, Estado del Bienestar, Europa, Neoliberalismo y Globalización, Política Catalana, Política Española Añada comentariosArtículo publicado en PÚBLICO por Vicenç Navarro. 22 de diciembre de 2011.
Este artículo critica el argumento ampliamente reproducido en los fórums políticos y mediáticos de mayor difusión del país que explican los recortes de derechos sociales y laborales como consecuencia de la presión de los mercados financieros. El artículo señala que no son los mercados financieros sino las alianzas establecidas tanto en España como en Europa entre las burguesías financieras y su complicidad con los estados. El artículo concluye que si los estados quisieran podrían controlar los mercados financieros y el que no lo hagan se debe a la excesiva influencia que aquellas burguesías financieras tienen sobre los estados.
Cuando el Gobierno Zapatero afirmaba que tenía que llevar a cabo las políticas de reducción de derechos laborales (como debilitar los convenios colectivos) y sociales (como alargar la edad de jubilación, congelar las pensiones o recortar el gasto público social) como consecuencia de la presión de los mercados financieros, estaba, en realidad, intentando externalizar la responsabilidad de desarrollar unas políticas altamente impopulares. Algo semejante ocurrirá ahora con el Gobierno Rajoy. En ambos casos, los ejecutivos nos dicen que no son ellos sino los de fuera, es decir, los mercados, los que mandan mientras que los gobiernos no tienen otra alternativa que desarrollar tales políticas.
Con la ayuda de los mayores medios de información y persuasión del país, los gobiernos intentan presentar tales políticas como determinadas por fuerzas exteriores sobre las cuales tienen poquísima capacidad de influencia. El gran argumento, que justifica tales políticas, es que son necesarias para “dar confianza a tales agentes externos: los mercados financieros”. En otras palabras, hay que reducir el déficit y la deuda pública, y hay que reducir los salarios y debilitar a los sindicatos a fin de calmar a los mercados para que estos presten su dinero al Estado español, permitiéndole con ello poder pagar sus gastos. El problema con este esquema político-intelectual es que cada uno de los postulados sobre los que se basa es erróneo, es decir, los datos empíricos no lo sustentan. Veámoslos.
En primer lugar, no son los mercados financieros, sino principalmente los bancos, las compañías de seguros y los fondos especulativos españoles (el eje de lo que se llamaba antes la burguesía financiera, término abandonado en el lenguaje político-mediático actual por considerarlo “anticuado”) los que poseen casi la mitad de la deuda pública española. La mayoría de la otra mitad la poseen bancos, compañías de seguros y fondos especulativos europeos, gran número de ellos relacionados con los mismos fondos españoles. Sólo una mínima parte la poseen entidades financieras extranjeras (es decir, de fuera de la Unión Europea).
Los “mercados financieros” son, pues, básicamente nuestras instituciones financieras (españolas y europeas). Utilizo el término “nuestras” para indicar su identificación político territorial, pues de nuestros –en el sentido de posesión por parte de la mayoría de la población– tienen poco. Están controlados por un número pequeñísimo de personas (los gerentes, gobernadores y accionistas), menos del 0,1% de la población, que se benefician enormemente de que el Estado español tenga que pagar hasta un 7% de interés para conseguir dinero prestado de los bancos a los cuales el Estado debe pagar, dinero que procede de los recortes de gasto público en pensiones, sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, entre otros. Las clases populares de España, que son las más afectadas por estos recortes, tienen que apretarse el cinturón para que el Estado pueda pagar a nuestra burguesía financiera, a la cual, por cierto, nuestro Estado ha ido reduciendo sus impuestos y ayudándola, prestándoles millones y millones de euros para que no colapsaran el sistema financiero como resultado de sus prácticas especulativas (y muy en particular en el sector inmobiliario) al estallar la burbuja del ladrillo que ellos crearon.
Pero, por si no fuera poco, tal burguesía financiera, tanto española como europea, ha recibido una enorme cantidad de dinero del Banco Central Europeo (BCE), que es una institución pública (sus dirigentes son nombrados por los estados de la Eurozona, incluido el Gobierno español), que está en la práctica controlado por nuestras (españolas y europeas) instituciones financieras. El BCE imprime millones y millones de euros y los da (bueno, dar, dar, es un decir, aunque los intereses son ridículamente bajos) a los bancos, los cuales, con este dinero, especulan y compran deuda pública a unos intereses desorbitados.
El segundo supuesto erróneo es asumir que no hay otra alternativa a la dependencia que los estados tienen de la banca privada. Ello no es cierto. El Estado puede generar recursos a base de, por ejemplo, incrementar, en lugar de bajar, los impuestos a la banca, a las rentas del capital y a las rentas superiores. Y el BCE, en lugar de dar dinero a la banca, se lo podría dar a los estados para comprar su deuda pública a los mismos intereses que se los da a la banca. Pero no lo hace, con lo cual el Estado tiene que pedir prestado a la banca. Un círculo virtuoso para la banca y desastroso para los estados. Pero las cosas han empeorado todavía más porque cuando por fin el BCE ha comenzado a enviar dinero a los estados comprando su deuda pública, el BCE (que es el lobby de la banca) ha impuesto unas condiciones draconianas, que se resumen en un ataque frontal a las clases populares y a su Estado del bienestar.
No son, pues, los mercados financieros, sino nuestra burguesía financiera, aliada con la burguesía financiera europea, quien está controlando nuestras instituciones públicas, las mismas que nos dicen que no hay alternativas. Y para el máximo abuso, nuestros representantes políticos en su última reunión en Bruselas, quieren ahora asegurar a los bancos (para darles, incluso, más confianza) que estos nunca, repito, nunca, perderán dinero. Es decir, que los estados les deberán pagar siempre el dinero que supuestamente les deben. Y todo ello se presenta con el argumento de que no hay alternativas.
Pero sí que hay alternativas. Los estados pueden controlar a los bancos, en lugar de ser al revés, estableciendo, por ejemplo, bancos públicos. Y pueden cambiar al BCE poniéndolo al servicio de la población y de la economía productiva, y no al servicio de la banca. Que no lo hagan se debe, no al poder de los mercados, sino a la excesiva influencia política y mediática de nuestras burguesías financieras.
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viernes, 23 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de diciembre de 2011
LA OLIGARQUÍA FINANCIERA CONTRA LA DEMOCRACIA SOCIAL EUROPEA
La oligarquía financiera contra la democracia social europea
Michael Hudson · · · · ·
19/12/11
La mejor manera de entender la crisis financiera de Europa consiste en observar las distintas propuestas de soluciones. Éstas parecen el sueño de cualquier banquero, una bolsa de regalos que pocos votantes estarían dispuestos a aprobar en un referéndum democrático. Los estrategas bancarios han aprendido a no arriesgarse a someter sus planes a voto democrático, después de que los islandeses rechazaran dos veces en 2010-11 aprobar la capitulación de su gobierno a pagar al Reino Unido y a Holanda a causa de las pérdidas propiciadas por los bancos islandeses deficientemente regulados que operaban en el extranjero. A falta de tal referéndum, las manifestaciones masivas se convirtieron en la única forma que los votantes griegos encontraron para hacer constar su oposición a los 50.000 millones de euros en privatizaciones demandadas por el Banco Central Europeo (BCE) en agosto de 2011.
El problema radica en que Grecia no dispone de líquido para cancelar sus deudas y pagar los cargos por interés. El BCE exige que se vendan los activos públicos (la tierra, el agua y los sistemas de alcantarillado, los puertos y otros activos de dominio público), y también que se realicen recortes en las pensiones y en otros pagos a la población. Es comprensible que el “99% más pobre” esté furioso al ser informado de que el estrato más rico de la población es el gran responsable de los recortes de presupuesto por su ambición acumulativa (sólo en fondos atesorados en bancos suizos se han registrado 45.000 millones de euros). La sola idea de que un asalariado común tenga que financiar las pensiones para compensar las evasiones de impuestos de los ricos (y la ausencia general de impuestos a la riqueza desde el régimen de la junta de coroneles) enfurece comprensiblemente a la población. Que la “troika” del BCE, UE y FMI dicte que no importa cuánto acumulen roben o evadan los ricos, el pago ha de cubrirlo la población en conjunto, no es un posicionamiento político neutro.
Llevar a cabo una política de impuestos democrática restablecería un sistema progresista de impuestos sobre ingresos y propiedades y fomentaría su recaudación, estableciendo penas para los evasores. Desde el siglo XIX, los reformistas demócratas han buscado liberar las economías del derroche, la corrupción y los “ingresos por rentas”. Pero la “troika” del BCE está imponiendo un impuesto regresivo (que sólo puede imponerse cediendo las decisiones políticas del gobierno a un grupo de “tecnócratas” no electos).
Llamar a los gestores de una política tan anti-democrática “tecnócratas” parece un eufemismo cínico con aires científicos con el que designar a los grupos de presión financieros o a los burócratas, a quienes se considera que poseen una visión lo suficientemente estrecha para actuar como necios útiles en nombre de sus espónsores. Su ideología es la misma filosofía de austeridad que impuso el FMI a los deudores del Tercer Mundo desde los años sesenta hasta los ochenta. Reivindicaban la estabilización del balance de pagos mientras introducían mercados libres; estos directivos vendieron sectores de exportación e infraestructuras básicas a los acreedores de crédito nacional. El efecto fue conducir economías regidas por la austeridad a cotas mayores de deuda (de la que se beneficiarían los banqueros y sus oligarquías nacionales).
Ésta es la rutina la que se somete en estos momentos las democracias sociales de la Eurozona. Bajo el pretexto político de la emergencia financiera, los salarios y estándares de vida se pretenden reducir considerablemente y el poder político transvasarse de gobiernos electos a tecnócratas que gobernarán en nombre de grandes bancos e instituciones financieras. Se pretende también privatizar el trabajo en el sector público (y eliminar los sindicatos, mientras la seguridad social, los planes de pensiones y la sanidad pública sufren graves detrimentos).
Este es el guión básico que siguen los ladrones empresarios cuando saquean los planes de pensiones de las empresas para pagar a sus patrocinadores financieros con compra apalancada con financiación ajena. También es la manera en que se privatizó la economía de la antigua Unión Soviética tras 1991, poniendo los activos públicos en manos de cleptócratas, los cuales trabajaron con los banqueros de inversión de occidente para convertir a Rusia y a otros valores de bolsa las queridas de los mercados financieros internacionales. Los impuestos sobre la propiedad disminuyeron cuantiosamente al tiempo que los impuestos fijos se gravaron sobre los salarios (un acumulativo del 59 por ciento en Letonia). La industria fue desmantelada al tiempo que el derecho sobre la tierra y los minerales fue transferido a extranjeros, las economías conducidas a la deuda mientras los trabajadores cualificados y no cualificados se veían obligados a emigrar para encontrar trabajo.
Mientras hacían creer que estaban comprometidos con la estabilidad de los precios y los mercados libres, los banqueros inflaron la burbuja inmobiliaria con créditos. Los ingresos por alquileres fueron capitalizados en préstamos bancarios y rentabilizados con intereses. Esto resultó enormemente beneficioso para los banqueros, pero dejó a los Balcanes y gran parte de Europa Central con una grandísima deuda y un capital social con números negativos en el 2008. Los neoliberales aplaudieron la caída vertiginosa de sus niveles salariales y la mengua de de su PIB como si de la historia de un éxito se tratase, puesto que estos países traspasaron la carga de los impuestos al empleo en vez de a la propiedad o las finanzas. Los gobiernos rescataron a los bancos a expensas del contribuidor.
Es un axioma que la solución a cualquier problema social serio tiende a crear problemas incluso mayores (¡no siempre intencionados!). Vista desde el posicionamiento estratégico del sector financiero, la “solución” a la crisis de la Eurozona consiste en revertir los objetivos de la Era Progresista de hace un siglo (lo que John Maynard Keynes generosamente acuñó como “eutanasia del rentista” en 1936). La idea era subordinar el sistema bancario al servicio de la economía y no al revés. En vez de ello, las finanzas se han convertido en la nueva forma bélica (menos ostensiblemente sangrienta, pero con los mismos objetivos que las invasiones vikingas hace miles de años y que las subsiguientes conquistas coloniales de Europa: apropiación de las tierras y sus recursos naturales, infraestructuras y cualquier otro activo que pueda proporcionar una vía de ingresos. Había que capitalizar y apreciar tales valores, por ejemplo, los que Guillermo I de Inglaterra recogió en su libro Domesday tras 1066, un modelo actual de cálculos al estilo BCE y FMI.
Esta apropiación del superávit económico para pagar a los banqueros se está poniendo los valores tradicionales de los europeos patas arriba. La imposición de austeridad económica, el desmantelamiento de los gastos sociales, la venta de activos públicos, la extinción de los sindicatos, la caída de los niveles de los salarios, los planes de pensiones y sanidad pública en detrimento en países sujetos a reglas democráticas, requiere convencer a los votantes de que no hay otra alternativa. Se reivindica que sin un sector bancario próspero (da igual cuán predador) la economía quebrará mientras las pérdidas bancarias por malos préstamos y especulaciones deterioran el sistema de pagos. Ninguna agencia reguladora puede ayudar, ninguna política de impuestos mejorada, nada excepto la cesión del control a los grupos de presión para que rescaten a los bancos que han perdido las demandas financieras que ellos mismos construyeron.
Lo que quieren los bancos es que se pague el superávit económico en forma de intereses, no que se emplee en la mejora de los estándares de vida, en gastos sociales o incluso en una inversión nueva del capital. La investigación y el desarrollo requieren demasiado tiempo. Las finanzas viven al día. Esta tendencia al corto plazo es contraproducente, y aun así se presenta como una ciencia. La alternativa, se dice a los votantes, es el camino a la servidumbre: interferir en el “mercado libre” mediante la regulación financiera e incluso unos impuestos progresistas
Hay una alternativa, por supuesto. Es lo que buscaron los escolásticos de la civilización europea del siglo XIII a través de la Ilustración y del florecimiento de la economía política clásica: una economía libre de ingresos por rentas, libre de intereses creados empleando privilegios especiales para la “extracción de renta”. En manos de los neoliberales, al contrario, un mercado libre es libre para que una clase rentista favorecida por los impuestos pueda extraer interés, renta económica y precios de monopolio.
Los intereses rentistas presentan su actividad como una “creación de riqueza” eficiente. Las escuelas de negocios enseñan a los privatizadores cómo disponer los préstamos bancarios y la financiación por bonos, prometiendo todo lo que puedan para que los servicios de infraestructura pública sean vendidos por los gobiernos. La idea es pagar estas rentas a los nacos y proveedores de bonos con interés, y después obtener una ganancia capital subiendo las cuotas de acceso a las carreteras o puertos, al agua y al uso del alcantarillado y a otros servicios básicos. Se dice a los gobiernos que las economías pueden dirigirse de forma más eficiente si se desmantelan los programas públicos y se venden los activos.
La diferencia entre el objetivo pretendido y los resultados reales nunca se ha escondido de forma tan hipócrita. Hacer pagos con interés libres de impuestos priva a los gobiernos de los ingresos por las cuotas de acceso a los usuarios, incrementando sus déficits presupuestarios. Además, en vez de promover la estabilidad de los precios (la ostensible prioridad del BCE), la privatización aumenta los precios por infraestructura, vivienda y otros costes vitales, y hacen así negocio creando pagos de intereses y otras inversiones financieras (y sueldos mucho mayores para los gestores). Por tanto no es más que una demanda ideológica refleja el que esta política sea más eficiente simplemente porque los privatizadores son los que otorgan los préstamos y no el gobierno.
No hay ninguna necesidad económica o tecnológica para que los gestores financieros de Europa impongan la depresión sobre la mayor parte de su población. Pero hay una gran oportunidad de ganancia para los bancos que han tomado el control de la política económica del BCE. Desde los años sesenta, la crisis de balance de pagos ha proporcionado oportunidades a los banqueros e inversores para tomar el control de las políticas fiscales (para traspasar la carga de los impuestos al sector laboral y desmantelar los gastos sociales en favor de la subvención a inversores extranjeros y del sector financiero. Obtienen ganancias de las políticas de austeridad que disminuyen los estándares de vida y constriñen los gastos sociales. Una crisis de deudas permite a la élite financiera nacional y a los bancos extranjeros endeudar al resto de la sociedad, utilizando su privilegio de crédito (o ahorros creados como resultado de políticas de impuestos menos progresistas) como palanca para hacerse con los activos y obligar a los ciudadanos a un estado de dependencia por sus deudas.
El tipo de guerra que está engullendo Europa va por tanto más allá de lo meramente económico. Está amenazando con convertirse en una línea divisoria histórica entre la época de esperanza y potencial tecnológico del pasado medio siglo y la nueva era de polarización al tiempo que una oligarquía financiera reemplaza a los gobiernos democráticos y convierte a los ciudadanos en esclavos de la deuda.
Para que una baza tan atrevida y una toma de poder tal tengan éxito, se necesita una crisis que suprima los procesos legislativos democráticos y políticos que normalmente se opondrían. El pánico político y el caos crean un vacío en el que los ladrones se mueven con soltura, utilizando la retórica del engaño financiero y de las economías basura que racionan soluciones interesadas mediante una falsa visión de la historia de la economía (y en el caso del BCE, de la historia alemana en particular).
Con un banco central bloqueado por su éxito, los gobiernos no necesitan pedir préstamos a banqueros comerciales u otro tipo de prestamistas. Desde que el Banco de Inglaterra fuera fundado en 1694, los bancos centrales han estado imprimiendo billetes para financiar los gastos públicos. Los banqueros también crean crédito de forma libre (como cuando hacen un préstamo a crédito de las cuentas de sus clientes, a cambio de un interés prometedor).
Hoy, estos banqueros pueden tomar préstamos de las reservas del banco central gubernamental a intereses anuales verdaderamente bajos (0.25% en los E.E.U.U.) y prestarlo con intereses mucho más altos. Así los bancos se congratulan de ver que los bancos centrales gubernamentales crean crédito para prestarles. Pero cuando les toca el turno a los gobiernos a la hora de crear dinero para financiar sus propios déficits presupuestarios y emplearlo en el resto de la economía, los bancos prefieren que se reserve tal mercado y sus intereses para ellos mismos.
Los bancos comerciales europeos son inflexibles en cuanto a que el Banco Central Europeo no debería financiar los déficits presupuestarios de los gobiernos. Pero la creación de crédito privado no es necesariamente menos inflacionaria que el hecho de que los gobiernos conviertan sus déficits en moneda (simplemente imprimiendo el dinero que necesitan). La mayoría de los créditos de los bancos comerciales se hacen en contra de los bienes inmuebles, las reservas y los bonos (proporcionando crédito que se emplea en subir los precios de las casas, y los precios de las seguridades financieras, como en los créditos para las compras apalancadas con financiación ajena).
Principalmente es el gobierno quien gasta crédito en la economía “real”, hasta el punto que los déficits presupuestarios públicos se destinan al empleo o a bienes y servicios. Si los gobiernos evitan pagar intereses haciendo que sus bancos centrales impriman dinero con sus propios ordenadores en vez de pedir prestado a los bancos que hacen exactamente lo mismo con sus ordenadores (Abraham Lincoln simplemente imprimió dinero cuando financió la Guerra Civil estadounidense con “billetes verdes”).
A los bancos les gustaría emplear su privilegio de crear crédito para obtener interés de sus préstamos a los gobiernos para que financien sus déficits presupuestarios públicos. Por tanto les interesa limitar la “opción pública” de los gobiernos de monetizar sus déficits presupuestarios. Para asegurarse un monopolio con este privilegio, han organizado una amplia difamación de los gastos gubernamentales y, de hecho, de la autoridad gubernamental en general (la cual resulta que es la única autoridad con poder suficiente para controlar su poder o proporcionar una opción financiera pública alternativa, como hacen las oficinas de correos en Japón, Rusia y otros países). Esta competición entre bancos y gobiernos explica las falsas acusaciones acerca de que la creación de crédito gubernamental es más inflacionaria que si la asumen los bancos comerciales.
La realidad es clara si se comparan las formas en que los E.E.U.U., el reino Unido y Europa manejan sus finanzas públicas. La tesorería de los Estados Unidos es de lejos el mayor deudor del mundo y sus bancos más importantes parece que están en números rojos, sujeto a sus inversores y a otras instituciones financieras por sumas mayores de lo que puede cubrir su carpeta de préstamos, inversiones y sus distintos juegos financieros. Así, mientras la confusión financiera aumenta, los inversores institucionales depositan su dinero en los bonos del tesoro estadounidense (tanto que estos bonos ahora rinden menos del 1%). Por otro lado, un cuarto de los bienes inmobiliarios de los E.E.U.U. sufren un balance negativo, y los estados norteamericanos y sus ciudades se enfrentan a la insolvencia, obligados a reducir sus gastos. Las grandes empresas están dirigiéndose a la bancarrota, los planes de pensiones están cayendo cada vez más en impagos, y aun así la economía estadounidense sigue siendo un imán para los ahorros de todo el mundo.
La economía del reino Unido también parece asombrosa y su gobierno paga tan solo un 2% de interés. Los gobiernos europeos están pagando más de un 7%. El motivo de esta disparidad es que no disponen de una “opción pública” a la hora de crear dinero. Lo que hace a los Estados Unidos y al Reino Unido diferentes de Europa es que tienen un Banco de Reserva Federal o un Banco de Inglaterra que pueden imprimir dinero para pagar los intereses o reinvertir las deudas existentes. Nadie espera de estas dos naciones que se vean forzadas a vender sus terrenos públicos y otros activos para incrementar el dinero con que pagar (aunque lo puedan hacer como opción política). Dado que la Tesorería de los E.E.U.U. y la Reserva Federal pueden crear dinero, se sigue que mientras que las deudas de los gobiernos se designan en dólares, pueden imprimir los suficientes pagarés en sus ordenadores para que el único riesgo que asuman los poseedores de bonos del tesoro sea la tasa de cambio de dólar con otras modernas.
Al contrario, la Eurozona tiene un banco central, pero el artículo 123 del tratado de Lisboa prohíbe que el BCE haga aquello para lo que los bancos centrales fueron creados: crear dinero para financiar los déficits presupuestarios o satisfacer sus deudas venciéndolas. Los historiadores del futuro sin duda alguna encontrarán notable el hecho de que verdaderamente tras esta política hay algo de razón (o por lo menos la pretensión de un tema de primera plana). Es tan endeble que cualquier estudiante de historia podría adivinar la distorsión que sufre. La reivindicación consiste en que si un banco central crea crédito, amenaza la estabilidad de los precios. Sólo el gasto gubernamental se juzga inflacionario, ¡no el crédito privado!
La administración Clinton equilibró el presupuesto estadounidense a finales de los años noventa, cuando la economía de burbuja estaba aún explotando. Por otro lado, la Reserva Federal y la Tesorería anegaron la economía con 13 billones de dólares en crédito para el crédito del sistema bancario después de septiembre de 2008, y 0,8 billones más el pasado verano bajo el programa Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (QE2). Aun así los precios al consumidor y de las materias primas no han subido. Ni siquiera los precios del sector inmobiliario y del mercado bursátil están pujando más alto. Por tanto la idea de que inyectar más dinero incrementará los precios (MV=PT) no es operativa hoy en día.
Los bancos comerciales crean la deuda. Ése es su producto. Este apalancamiento de deuda fue utilizado durante más de una década para incrementar los precios (haciendo de los inmuebles y el consumo una pensión de jubilación más cara para los norteamericanos), pero la economía de hoy está sufriendo una deflación de la deuda en forma de ingresos personales, el comercio y las rentas de los impuestos se desvían para pagar la deuda de los servicios en vez de gastarlos en bienes o en puestos de trabajo o incluso invertirlos.
Mucho más impactante es la farsa sobre la historia de Alemania que se repite una y otra vez, como si la repetición evitara que los ciudadanos recordaran lo que realmente pasó en el siglo XX. Escuchar a los directivos del BCE contar la historia, sería muy irresponsable por parte de un banco central prestar al gobierno, a causa del peligro de hiperinflación. La memoria evoca la inflación de Weimar en la Alemania de los años veinte. Pero si uno se detiene a examinarlo, ocurre lo que los psiquiatras denominan un recuerdo implantado (condición en que el paciente está convencido de que ha sufrido un trauma, pero éste no ha ocurrido en la realidad).
Lo que ocurrió en 1921 no fue un caso de gobiernos que reciben préstamos de los bancos centrales para financiar gastos domésticos tales como programas sociales, pensiones o sanidad pública, como ocurre hoy. Más bien, la obligación de Alemania de pagar las indemnizaciones condujo al Reichsbank a inundar los mercados bursátiles extranjeros con marcos alemanes para obtener líquido con que comprar libras esterlinas, marcos franceses y otras monedas para pagar a los aliados (quienes utilizaron el dinero para pagar las deudas por compra de armas a sus inter-aliados de los Estados Unidos). La hiperinflación nacional contuvo su obligación de pagar indemnizaciones con moneda extranjera. Ninguna cantidad fijada en impuestos domésticos habría sido capaz de cubrir la cantidad en moneda extranjera que debían pagar.
En los años 30 esto era un fenómeno que se entendía bien, explicado por Keynes y otros economistas que analizaban los límites estructurales de la capacidad de pagar la deuda extranjera impuesta sin tener en cuenta la capacidad de pagar los presupuestos en moneda nacional. Desde el estudio de Salomon Flink El Reichsbank y la Economía en Alemania (1931) hasta otros estudios sobre las hiperinflaciones chilena y de otras partes del Tercer Mundo, los economistas han encontrado una causalidad común operante, basada en el balance de pagos. Primero aparece una caída en el tipo de cambio. Esto incrementa el precio de las importaciones, y consecuentemente el nivel de los precios nacionales. La secuencia estadística y la línea de causalidades llevan de los déficits en balance de pagos hasta la amortización de los costes de importaciones cada vez más altos, y de estos incrementos en los precios hasta la inyección de dinero, y no al revés.
Los partidarios del mercado libre que escriben en la tradición monetarista de Chicago (básicamente, la de David Ricardo) deja las dimensiones de las deudas nacionales y extranjeras fuera de cuenta. Parece como si el “dinero” y el “crédito” fueran activos a trocar por bienes. Pero poseer una cuenta bancaria o cualquier otra forma de crédito significa deuda al otro lado del balance general. La deuda de unos es el ahorro de otros (y la mayoría de los ahorros de hoy se prestan con intereses, absorbiendo el dinero de los sectores no financieros de la economía). La discusión se reduce de forma simplista a una relación entre el suministro de dinero y el nivel de precios (y de hecho, sólo los precios a los consumidores, no los precios de los activos). En su codicia por oponerse al gasto gubernamental (y por desmantelar los gobiernos y reemplazarlos con estrategas financieros) los monetaristas neoliberales ignoran la deuda impuesta desde Letonia e Islandia hasta Irlanda y Grecia, Italia, España y Portugal.
Si el euro quiebra, será a causa de la obligación de los gobiernos de pagar a los banqueros con un dinero que deben pedir prestado primero, en vez de crear el suyo propio a través de sus bancos centrales. A diferencia de los Estados Unidos y Gran Bretaña, quienes pueden crear crédito del banco central con sus propios ordenadores para evitar que la economía se agoste o se vuelva insolvente, la constitución alemana y el tratado de Lisboa no se lo permiten a su banco central.
El efecto consiste en obligar a los gobiernos a tomar dinero prestado de los bancos comerciales con intereses. Esto proporciona a los banqueros la capacidad de crear crisis (amenazando con llevar las economías fuera de la Eurozona si no se someten a sus “condiciones”, impuestas en lo que se está volviendo una nueva guerra de clases entre las finanzas y el trabajo.
Incapacitar al Banco Central de Europa para privar a los Estados del poder de crear dinero
Una de las tres características definitorias de un estado-nación es su capacidad para crear dinero. Una segunda característica es el poder de recaudar impuestos. Ambos poderes están siendo transferidos fuera del alcance de los representantes electos del sector financiero, como resultado de esta inmovilización del gobierno.
La tercera característica de un estado-nación es el poder de declarar la guerra. Lo que está ocurriendo hoy es el equivalente de la guerra (¡pero contra el poder del gobierno!). Está por encima de cualquier forma de guerra financiera (y los objetivos de esta apropiación financiera son los mismos que los de las conquistas militares): primero, las riquezas de la tierra y el subsuelo sobre las que recaudar rentas como tributo; segundo, infraestructura pública para extraer rentas en forma de cuotas de acceso; y tercero, cualquier otra empresa o activo en el dominio público.
En esta nueva guerra financiera, los gobiernos están siendo llevados a actuar como agentes del orden que actúan en nombre de los conquistadores financieros en contra de sus propios ciudadanos. Esto no es nada nuevo. Ya hemos visto cómo el FMI y el Banco Mundial imponían austeridad en las dictaduras latinoamericanas, en los cacicazgos militares africanos y en otras oligarquías desde los años sesenta hasta los ochenta. Irlanda y Grecia, España y Portugal están siendo llevados a las mismas políticas públicas de liquidación de activos, y todo en manos de agencias financieras supra-gubernamentales que actúan en nombre de los banqueros (y por tanto en nombre del 1% de la población).
Cuando no se puede pagar o vencer las deudas, llega el tiempo de ejecución hipotecaria. Para los gobiernos esto implica la privatización de las ventas para pagar a los acreedores. Además de ser una apropiación de la propiedad, la privatización tiene por objetivo reemplazar el trabajo en el sector público por una fuerza de trabajo sin sindicatos que la respalde con menos derechos de pensión, sanidad pública o voz sobre las condiciones de trabajo. La antigua guerra de clases vuelve a la carga (con un rizo financiero). Al agostar la economía, la deflación de la deuda ayuda a amputar el poder de resistencia de los trabajadores.
También otorga a los acreedores el control sobre la política fiscal. En ausencia de un Parlamento paneuropeo con poder para imponer las reglas del sistema de impuestos, la política fiscal pasa a manos del BCE. Al actuar en nombre de los bancos, el BCE parece favorecer la regresión del camino que llevaba el siglo XX hacia los impuestos progresistas. Además, como han dejado claro los grupos de presión financieros de los E.E.U.U., las demandas de los acreedores se dirigen a que los gobiernos re-clasifiquen las obligaciones públicas como “cuotas de usuario”, que se financien mediante retenciones sobre los salarios destinadas a ser administradas por los bancos. Traspasar la carga de impuestos de los bienes inmuebles y las finanzas al trabajo y la economía “real” significa una amenaza de volverse una apropiación fiscal por encima de la apropiación de la privatización.
Esta es una política de corto plazo autodestructiva. La ironía radica en que las déficits presupuestarios de los PIIGS provienen de las propiedades sin impuestos, y un cambio mayor en el sistema de impuestos puede empeorar la situación en vez de estabilizar los presupuestos gubernamentales. Aun así los banqueros buscan sólo aquello que pueden ganar a corto plazo. Saben que toda renta por recaudación de impuestos que se desvíe de los bienes inmuebles y los negocios es una promesa de interés para los bancos. Así a la economía griega, como a otras economías oligárquicas, se les aconseja pagar sus deudas recortando los gastos gubernamentales (pero no el gasto militar en armas provenientes de Alemania y Francia) y traspasando los impuestos al sector laboral y la industria, y a los consumidores en forma de mayores cuotas de acceso a los servicios públicos que aún no se han privatizado.
En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron afirma que achicar aún más el gobierno bajo las directrices Thatcher-Blair otorgará más trabajo y recursos al servicio de las empresas privadas para crear puestos de trabajo. Los recortes fiscales aumentarán de hecho el desempleo, o por lo menos obligarán a aceptar trabajos peor pagados con menos derechos. Por otro lado, recortar los gastos sociales menguará el sector empresarial y agudizará por tanto los problemas fiscales y de deuda al empujar a las economías hacia la recesión.
Si los gobiernos recortan su gasto para reducir el tamaño de sus déficits presupuestarios (o si aumentan los impuestos, llevando a un superávit), entonces estos superávits absorberán el dinero de la economía, dejando menos para gastar en bienes y servicios. El resultado no puede ser otro que el desempleo, mayores deudas y bancarrotas. Debemos observar a Islandia y a Letonia como si fueran los canarios de esta mina financiera. Su reciente experiencia muestra que la deflación de la deuda lleva a la emigración, acortando las esperanzas de vida, tasas de nacimiento menores y menos matrimonios (pero proporciona grandes oportunidades para que los buitres de los fondos engullan el tuétano de la riqueza hasta los confines de la pirámide financiera).
La crisis económica de hoy es una cuestión de elección política, no una necesidad. Como dijo el jefe del equipo de la administración Obama Rahm Emanuel: “Una crisis es una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar”. En tales casos la explicación más lógica es que alguien debe estar beneficiándose. Las depresiones aumentan el desempleo, ayudando a quebrar el poder de los empleos con o sin sindicatos que los respalden. Los E.E.U.U. se ven como un presupuesto estatal y local a exprimir (pues ya se anuncian las bancarrotas), y los primeros recortes serán en la esfera de las pensiones. Las altas finanzas sacan sus beneficios (al no beneficiar a la población trabajadora con los ahorros y las promesas hechas).
El pez grande se come al chico
Esta parece ser la idea que tiene el sector financiero de una buena planificación económica. En verdad es peor que un plan de suma-cero, en el que la ganancia de una parte es la pérdida de la otra. Las economías en conjunto menguarán (y cambiarán su forma, polarizándose entre acreedores y deudores). La democracia económica allanará el camino a las oligarquías financieras, revirtiendo la tendencia de los últimos siglos.
¿Está Europa preparada para dar este paso? ¿Reconocen sus votantes que privar a los gobiernos de su opción pública de crear dinero otorgará tal privilegio a los bancos en forma de monopolio? ¿Cuántos observadores han previsto el inevitable resultado: traspasar la planificación de la economía y la localización de los créditos a los bancos?
Aunque los gobiernos proporcionen una “opción pública”, la de crear su propio dinero para financiar sus déficits presupuestarios y proveer a la economía de crédito productivo para reconstruir las infraestructuras, sigue existiendo un problema: deshacerse de la inversión en deuda existente supone un lastre en la economía. Los banqueros y los políticos que respaldan se niegan a reducir las deudas y mostrar así la capacidad de pago. Los legisladores no han dispuesto una sociedad con un proceso legal para reducir las deudas (excepto la ley de acción pauliana de Nueva York, la cual permite anular las deudas si los prestamistas otorgan préstamos sin asegurarse primero que el deudor podrá pagarles).
Los banqueros no quieren asumir la responsabilidad de los malos préstamos. Esto plantea el problema financiero de qué deben hacer los que diseñan las políticas cuando los bancos han sido tan irresponsables al localizar sus créditos. Sin embargo alguien tiene que asumir la pérdida. ¿Debe ser la sociedad en su conjunto o los banqueros?
No es un problema que los banqueros puedan resolver. Ellos quieren pasar el problema a los gobiernos. Lo que llaman “solución” al problema de la mala deuda consiste en que los gobiernos les den bonos buenos para malos préstamos (“dinero por basura”), y que lo paguen los contribuyentes. Han diseñado un aumento desproporcionado de bienes para ellos mismos, y ahora quieren llevarse el dinero y salir corriendo. La deuda que los deudores no pueden pagar será esparcida por toda la economía en conjunto.
¿Por qué deben ellos resarcirse de los daños a costa de agostar el resto de la economía? Su respuesta es que las deudas se deben a los fondos de pensiones de los trabajadores, a los consumidores con depósitos en bancos, y que todo el sistema se vendrá abajo si los gobiernos no pagan sus bonos. Si se les presiona, los banqueros admiten que han sacado los seguros de riesgo (obligaciones de deuda colateralizadas y otras coberturas de riesgos). Sin embargo los aseguradores son bancos estadounidenses y el gobierno norteamericano está presionando a Europa para que no hiera su sistema bancario. Así que el embrollo de la deuda se ha politizado a nivel internacional
Para los banqueros, la línea de menor resistencia consiste en fomentar la ilusión de que no tienen la necesidad de aceptar moras para las deudas demasiado altas que ellos han propiciado. Los acreedores siempre insistirán en que puede mantenerse la inversión de deuda.
El motivo de que esto no funcione radica en que tratar de recaudar una deuda de la magnitud actual dañaría gravemente la economía “real” subyacente, haciendo incluso menos accesible su pago. Lo que empezó como un problema financiero (malas deudas) se convertirá ahora en un problema fiscal (malos impuestos). Los impuestos son el coste de hacer negocio, así como pagar el servicio de la deuda es también un coste. Ambos costes deben reflejarse en los precios de los productos. Cuando los contribuyentes están sobrecargados con impuestos y deudas, tienen menos capital disponible para gastar en consumo. Así los mercados menguan, poniendo más presión en la rentabilidad de las empresas nacionales. La combinación hace que cualquier país que siga tal política se convierta en un productor de coste y por tanto menos competitivo en el mercado global.
Este tipo de planificación financiera (y su traspaso paralelo de impuestos fiscales) conduce hacia la industrialización. La creación de dinero de curso legal intergubernamental por el BCE o el FMI deja las deudas listas, al tiempo que preserva el control de la riqueza y la economía de las manos del sector financiero. Los bancos pueden recibir pagos de deudas a través de las propiedades con hipotecas excesivas, sólo si reducen las obligaciones de las pensiones, de la sanidad y los salarios de sus empleados (o pagos de impuestos a los gobiernos). En la práctica, las “deudas honoríficas” significan nada más que deflación de deuda y mengua general de la economía.
Este el plan de mercado de los financieros. Sin embargo, dejar la política de impuestos en manos de los banqueros acaba siendo lo opuesto a la temática general de la economía de mercado libre de los últimos siglos. El objetivo clásico era minimizar la inversión de deuda, cobrar impuestos de las rentas por los recursos naturales y mantener los precios de monopolio en línea con los costes actuales de producción (“valor”). Los banqueros han prestado cada vez más en contra de los mismos ingresos que los economistas del mercado libre creían que debía ser la base impositiva natural.
Así que algo hay que ceder. ¿Será la filosofía de la economía liberal de mercado libre de los últimos siglos, renunciando a planificar el superávit económico para los banqueros? ¿O reafirmará la sociedad la filosofía económica clásica y los valores de la Era Progresista, y reafirmará el diseño social de los mercados financieros para fomentar un crecimiento a largo plazo reduciendo al mínimo los costes de vida?
Por lo menos en los países más endeudados, los votantes europeos están despertando al golpe de estado oligárquico en el que los impuestos y la planificación presupuestaria de los gobiernos y el control están siendo transferidos a las manos de ejecutivos designados por el cartel de los banqueros internacionales. Este resultado es el contrario de lo que han perseguido las economías de libre mercado de los últimos siglos.
Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.
Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella
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viernes, 11 de febrero de 2011
BREVE GLOSARIO MARXISTA SOBRE LAS FINANZAS, LA ESPECULACIÓN Y OTROS DETALLES
Breve glosario marxista sobre las finanzas, la especulación y otros detalles.
Se presenta un diminuto glosario relacionado a la explicación que hay detrás del funcionamiento “financiero” en el capitalismo. Se contrasta lo que dice el capital versus la versión obrera.
Manuel Sutherland | Para Kaos en la Red | 2-11-2010 a las 20:09
www.kaosenlared.net/noticia/breve-glosario-marxista-sobre-finanzas-especulacion-otros-detalles
Marx sigue teniendo razón. Breve glosario marxista de las finanzas, la especulación y demás obsequios de la economía capitalista.
“Debemos emprender activamente la labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política.”
Lenin[i]
Lejos de ser exhaustivo, se presenta un diminuto glosario relacionado a la explicación que hay detrás del funcionamiento “financiero” en el capitalismo. Acá abordaremos lo que pocas veces se dice y lo que tratan de ocultar los que aspiran vendernos a los explotadores como inocentes víctimas del destino.
Finanzas: Sector económico relativo a las cuestiones bancarias, bursátiles y a los grandes negocios mercantiles. Se preocupa por administrar flujos monetarios indispensables para el capital de la empresa.
Lo que no nos dicen: Las finanzas no son todo el sistema capitalista, ni su corazón. Usando una frase de Henri Houben, las finanzas son apenas la piel del sistema capitalista, su parte fenoménica. En las finanzas NO HAY CREACIÓN de valor nuevo. En las finanzas no hay producción de riquezas nuevas como en la industria o en el agro. En las finanzas todo trabajo es improductivo, allí sólo se recicla la plusvalía que los capitalistas no logran reinsertar en el proceso productivo, por las dificultades (debido a la sobreproducción) que existen para valorizar el capital. En las finanzas los capitales van rodando de mano para tratar hincharse a costa de otro.
Crecen básicamente de dos formas:
1. Con la compra de acciones a una empresa que usa ese dinero para invertirlo en la economía real y extraer la plusvalía necesaria para cubrir el valor y el interés que genera el título.
2. Con la mera y más salvaje especulación. Así, la casi totalidad agentes económicos compran acciones, bonos o divisas para venderlas apenas suban de precio y así ganarse un diferencial, conceptualizado como ganancia especulativa. La persona que compró 100 dólares EEUU a 430 Bs. espera venderlos a un precio mayor al que pagó. La ganancia que se obtiene allí es por enajenación, es decir, lo que pierde uno es lo que gana el otro, de esa forma, lo que hacen es arrebatarse de acuerdo al azar especulativo, dineros producidos por el trabajo de millones, que van a parar al bolsillo de pocos. En ese juego, los grandes financistas (por su mayor cuantía de capital, su más completa información y contactos) arruinan a los pequeños capitales financieros y se apropian sin trabajar, de sumas fabulosas. En el mundo, en 1998 el mercado de divisas era 50 veces más grande en volumen del tamaño del comercio y la inversión internacional. (B. Jetín, La Tasa Tobin). Según el Banco Internacional de Pagos, cerca del 75% de las transacciones financieras realiza su ciclo de compra y venta en menos de 2 semanas, y un 40% lo realiza en menos de 3 días.
Casa de Bolsa: es una organización privada que brinda facilidades para que sus miembros, introduzcan órdenes y realicen negociaciones de compra venta de valores, tales como acciones de sociedades o compañías anónimas, bonos públicos y privados, certificados, títulos de participación etc.
Lo que no nos dicen: En las casas de bolsas se realizan transacciones en las cuales se traspasan de mano en mano, cantidades de trabajo que han sido expropiadas en formas de plusvalía. Así, decenas de personas con escasa información de fábricas o plantaciones decide por medio de la especulación, el destino de millones de trabajadores al desviar fondos de un lado a otro. Así, jugadas de financieras dejaron a varios accionistas de la empresa World Com millonarios y a la vez arruinaron a miles de ahorristas y dejaron sin empleo a cerca de 20 mil familias. En la bolsa de valores, se teje una inmensa red de corrupción donde las grandes corporaciones dominan a las firmas calificadoras de riesgo, para que realicen todo tipo de tretas contables, a fin de estafar a millones de personas. La falsificación de balances financieros de la empresa ENRON (una de las quiebras más grandes de la historia) hecha por la calificadora Anderson es apenas una muestra de lo que son capaces.
Casas de Cambio: es una organización o centro que permite a los clientes cambiar una divisa por otra.
Lo que no nos dicen: Son otra organización meramente especulativa, cuya finalidad es vender las divisas caras y comprarlas baratas, es decir extraer por enajenación una ganancia especulativa. Viven de lo que le pueden quitar al usuario, ese margen, constituye su ganancia. En Venezuela, a raíz del control de cambio y las dificultades expresas para conseguir divisas, las casas de cambio emprendieron una oleada de negociaciones fraudulentas: suplantación de identidad, falsificación de firmas, declaraciones patrimoniales falaces y un muy largo etc. con el fin de adquirir divisas. En esa inmensa red de trampas y estafas, lograron sobornar a muchos funcionarios, engañar a amas de casa y timar a empleados de bajo rango que ahora están en la cárcel.
Crisis Financiera vs. Crisis sistémica del capital: para la burguesía la crisis de 1929, 1974, 2008 y etc. son crisis financieras. Particularmente la crisis de 2008-2009, la catalogan como un fenómeno aterido al ámbito de las bolsas de valores. Así, la crisis fue causada por la irresponsabilidad de aventureros y alocados inversionistas que querían ganar mucho dinero muy rápido. La crisis –dicen- se debe a la falta de confianza de los inversionistas y por falta de regulación estatal en las finanzas. La solución es devolver lo que catalogan como “confianza” para que los inversionistas regresen al mercado y todo se solucione. Esta explicación la machacan los inefables encorbatados (Alberto Padilla en CNN) que en televisión hablan de lo que no pueden explicar.
Lo que no nos dicen: la realidad de la crisis, es que el derrumbe financiero es apenas una expresión de una profunda crisis sistémica del capital, en la cual, los derrumbes, sólo son expresiones cíclicas de un colapso paulatino y del caos del sistema capitalista en todos sus escenarios: social, político y ético. La causa central de la catástrofe capitalista, estriba en la sobreproducción devenida de la anarquía en la producción que se manifiesta en el juego avaricioso de la búsqueda de la máxima ganancia. Esto a su vez se sustenta por las dos contradicciones cardinales del sistema:
1.La producción cada vez más socializada de mercancías, versus la apropiación privada más concentrada del resultado de la venta de las mercancías.
2.La depauperación relativa y absoluta de la clase trabajadora (y a la vez consumidores en masa). Esto arruina a las empresas y atiza el desempleo.
Prueba de lo anterior es que al estallar los inicios de la depresión en 2008, la producción industrial mundial decreció en 20%, la venta de autos bajó un 25% y la de acero en un 30%[ii]. Salvo WorldCom que quebró en el 2002, en el año 2008 se han dado las 3 quiebras más grandes de la historia de Estados Unidos: Lehman Brothers (2008), Washington Mutual (2008), y General Motors (2008)[iii]. La bancarrota de CIT (2009) se unió a este clan para ser la quinta quiebra más grande de la historia.
Inflación: La inflación se define como el aumento continuo y generalizado del nivel general de precios de los bienes y servicios (ByS). Cuando hablamos de nivel precisamente nos referimos a una canasta que consta de los ByS considerados más significativos.
Lo que no nos dicen: Es que la inflación hace que haya que pagar más dinero (es decir entregar más horas de nuestro trabajo) para adquirir la misma cantidad de ByS, lo cual, no hace más que aumentar los niveles de explotación que sufre el proletariado, al eventualmente tener que trabajar más para recibir lo mismo, o incluso menos. Los procesos inflacionarios afectan más al proletariado que no tiene como refugiarse de la inflación, debido a que no puede comprar divisas, oro o propiedades inmobiliarias que le permitan mantener el valor sus ingresos. Los procesos de inflación son útiles para los explotadores en aras de abaratar la fuerza de trabajo, es decir, pagar menos salario por la misma cantidad de trabajo. Así, se puede relanzar un proceso de acumulación con mayor ventaja en la competencia global.
Especulación: se define como cualquier compra (o venta) de un bien con la intención de reventa (o recompra) en una fecha ulterior con la sola motivación de una modificación en el precio que le genere un beneficio monetario. Especular implica adquirir un bien NO para consumirlo ni para agregarle valor alguno.
Lo que no nos dicen: Es que -como expresa Marx- no hay diferencia entre un comerciante y un especulador. Es, exactamente lo mismo, todo aquel que compra algo con la esperanza de revenderlo luego a un precio más alto, es un especulador. El comerciante, no agrega valor al producto, sólo lo adquiere con la finalidad de venderlo más costoso, es decir, especular. Por tanto todas las cadenas de distribución final o minoristas, viven exclusivamente de la especulación. Así, lejos de mejorar el producto, sólo lo adquieren con el fin de encarecerlo en aras de ganancia. Los bancos hacen lo propio, especulan con el dinero creado por la clase obrera, se lo alquilan a ella misma, o a quienes explotan a obreros. Los bancos utilizan todos sus ahorros y el capital sobrante (plusvalía que el capitalista no puede rentablemente reingresar al proceso productivo) para directamente usarlo en compra y ventas de acciones, bonos y préstamos que permitan obtener ganancias especulativas que devienen del ejercicio de arriesgar en el juego azaroso de la especulación (casino) financiero, capitales ajenos. Por ello, al quebrar, los grandes banqueros huyen con fortunas a paraísos fiscales donde escondieron dinero de millones de personas. Claro, los ahorros de los trabajadores se desvanecen en la fuga y el trabajo de toda su vida, pensión o ahorros para la vejez, o la pequeña inversión en un local, desaparece por arte estafa. Un documental gaucho, La dignidad de los nadie, ilustra este hecho. Nota aparte es la noción del director de la Escuela de Economía de la UCV, José Guerra, quien “argumenta” que los bancos producen riqueza…esa tontería es repetida por todas las escuelas de economía del planeta.
Desabastecimiento: Desproveer a una persona física o jurídica, o a toda una comunidad o país, de los productos que necesita, o impedir que les lleguen. Actos que suceden por vía artificial (negación a producir o distribuir) o por vía productiva (escasez de insumos, dificultades de importación etc.)
Lo que no nos dicen: El desabastecimiento generalmente es artificial. La burguesía se organiza para impedir a toda costa que la población acceda a bienes de primera necesidad como alimentos. Así, se realiza una medida de presión contra gobiernos de índole progresista. De esa forma, utilizan sus recursos para forzar cambios políticos o eliminar leyes que benefician a la colectividad. El caso político arquetípico es el Chile de Salvador Allende, cuya presteza democrática y respeto por gran parte de la propiedad privada, le valió una oleada de sabotajes tremendos que desmoralizaron a la población, crearon caos y facilitaron la ascensión del fascismo. El segundo caso se da en plena realidad en Venezuela. La burguesía responde a las medidas del gobierno con escasez artificial, ante el control de precios vigente, así, si la leche tiene un precio tope de X, la burguesía argumenta que no es rentable producir a ese precio, y por ello la exporta a nivel de contrabando, cierra la fábrica o inventa variar presentaciones del mismo producto que escurran la regulación. Más absurdo aún, es creer que como el exministro de Comercio: Eduardo Samán, que el Control de Precios es un arma en la lucha de clases contra la burguesía. Semejante desvarío ha sido su bandera de “lucha” contra el empresariado local. Tamaña tontería, es una apología a la ideología regulacionista que indica la posibilidad de regimentar externamente (en este caso, políticamente) el desarrollo de la acumulación capitalista. Dicha política, abiertamente reformista y claudicante, le hace creer a los incautos que podemos “domesticar” al capital y que no es necesario expropiar y poner la producción bajo control de la planificación organizada y participativa de los trabajadores. Regular, trae consigo escasez (obviamente artificial), respuesta que tarde o temprano ofrece la burguesía ante limitaciones exógenas de su tasa de ganancia. De esta escasez, emana la carestía, la inflación sostenida, la caída en al calidad de los productos y un vertiginoso aumento de los márgenes especulativos en la venta de productos. Eduardo Sartelli, escribió un maravilloso y breve ensayo relacionado al regulacionismo de la escuela francesa, imperdible.
Privatizaciones: Vender al sector privado de la economía un activo mueble o inmueble propiedad del sector público. Se aplica especialmente a empresas públicas. Sinónimo de desnacionalizar.
Lo que no nos dicen: La ventas del erario público están generalmente exentas de toda regulación, por lo cual, cada venta trae consigo una serie de actos de corrupción que estriban en ventas muy por debajo del valor de los activos del Estado, con la excusa de que no son “rentables”. Con esa consigna, la burguesía se apropia de activos de altísimo valor, a precios de remate. Esos montos se establecen por negociaciones fraudulentas y sobornos descarnados a las autoridades públicas. La empresa nacional de Gas Argentina estaba tasada por PETROBRAS en 25 mil millones de dólares, la pandilla de Menen, la re-mató en 2 mil 500 millones de dólares, 10 veces menos. No sólo eso, las privatizaciones se dan en empresas generalmente rentables (como VIASA en Venezuela) o con grandes recursos naturales a disposición de transnacionales (el agua en Bolivia) lo que le permite a la burguesía más poderosa saquear recursos pagando centavos de dólares. La privatización lleva aparejada una ola brutal de despidos, de reducciones de beneficios laborales, terrorismo laboral, un empeoramiento y encarecimiento drástico de los servicios que prestaba anteriormente. La privatización es muy buena para la burguesía y terrible para la clase obrera. Aunque el Estado venezolano mantenga la mayoría (más de 60%) de las acciones de la explotación de hidrocarburos en las Empresas Mixtas (aprobadas por una Asamblea Nacional, integrada 98% por chavistas, que engavetó la reforma a la neoliberal Ley del trabajo), es un hecho que el 40% restante, se constituye como una desnacionalización de una parte vital del tesoro público. Esta desnacionalización o privatización completa de una parte del subsuelo criollo, aparte de ser anticonstitucional, representa un retroceso tremendo en la soberanía de los recursos no renovables del país. Una vulgaridad entreguista, menos mal que los anteriores Convenios Operativos, pero igualmente lesiva a los intereses más elementales de la clase obrera del país. Una nacionalización real y al menos nacionalista, hubiera sido estatizar el 100% de nuestras actividades petroleras principales y no venderle en calidad de accionistas o socios, a las transnacionales ecosidas, un bien tan preciado como nuestro petróleo.
Tratados para evitar la Doble Tributación: Acuerdos entre países para evitar que las empresas cuya casa matriz se ubica en un país exportador de capitales, tenga que pagar dos (2) veces impuestos sobre la renta. Es decir, evitar que Mac Donalds, pagué una serie de impuestos en Venezuela que deba volver a cancelar en EEUU.
Lo que no nos dicen: Los tratados para evitar la doble tributación, son un desarrollo de las empresas imperialistas de grandes capitales que tratan solamente de pagar impuestos (reducidos) en sus países de origen, a pesar que la plusvalía que extraen es arrebata a trabajadores locales. Así, la FORD explota duramente a los obreros de los países de capitalismo más débil, es decir los de menor escala de acumulación y la plusvalía o trabajo excedente que les quita en forma de ganancias, es enteramente repatriado a Detroit para pagar impuestos allá y no por ejemplo, en Venezuela. Con los acuerdos especiales de alto gobierno que firman en sus países de origen, las transnacionales pueden cancelar impuestos bajísimos y acrecentar sus ganancias. Según el investigador Luís Britto García, los acuerdos para evitar la doble tributación que firmó el chavismo en el 2000-2001, auspiciado por la imperialista OMC, hacen que Venezuela pierda alrededor de 17 mil millones de dólares anuales por la ruin elusión a la que se acogen las empresas transnacionales. Con ello, se hubieran podido construir 566 mil casas de 30 mil dólares cada una, anualmente.
Lavado de Dinero: Traducción bastante literal del “money laundering” inglés. Es más correcta la expresión “blanqueo de capitales”. Se trata, en cualquier caso, de la práctica ilegal de convertir mediante algún subterfugio el dinero procedente de actividades ilegales en dinero legal.
Lo que no nos dicen: Es una actividad común y frecuente de los Bancos y demás instituciones financieras. Como en el arquetípico caso de la película Cara Cortada, los narcotraficantes, paramilitares, políticos corruptos y un largo etc. “blanquean” el dinero que proviene de toda clase de crímenes. Allí, los la delincuencia de traje, ubica cantidades exorbitantes de fondos como por ejemplo la venta de armas en conflictos bélicos (prohibido por la ONU) en acciones, títulos, certificados o bonos de empresas de “maletín”. Los bancos y demás instituciones saben perfectamente de donde viene cada centavo y se encargan de higienizarlos con una red de mecanismos ligados a “paraísos fiscales” y una serie de espacios aptos para esa actividad. La creación de bingos, casinos, casas de apuestas, prostíbulos que tanto denuncia Luís Britto, es una forma un tanto más chapucera de lavar los recursos que los paramilitares, corruptos y demás lumpen, obtienen de actividades delincuenciales.
Manuel Sutherland manuel1871@gmail.com
Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM) www.alemistas.org
Ccs 26/07/10 twitter@marxiando
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[i] V.I. Lenin, Qué Hacer, Por donde empezar… (1902), Edición Digital, extraída de www.marxists.org.
[ii] Los Datos de la crisis sistémica son extraídos de Stefan Engel en su último trabajo, Economía Política Burguesa ante lso escombros,Edición Verlag Neuer Weg, (2009) Pág. 6 y 38.
[iii] Véase la continuación del análisis en La gran depresión de 1929, el caos (2009) dentro de la Crisis Sistémica del Capital y la absurda teoría de la conspiración (Zeitgeist y variantes). Artículo (noviembre, 2009), disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/depresion-1929-caos-2009-dentro-crisis-capital-tonta-teoria-conspiraci
http://alemistas.org/?p=196
Manuel Sutherland en Kaos en la Red
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Se presenta un diminuto glosario relacionado a la explicación que hay detrás del funcionamiento “financiero” en el capitalismo. Se contrasta lo que dice el capital versus la versión obrera.
Manuel Sutherland | Para Kaos en la Red | 2-11-2010 a las 20:09
www.kaosenlared.net/noticia/breve-glosario-marxista-sobre-finanzas-especulacion-otros-detalles
Marx sigue teniendo razón. Breve glosario marxista de las finanzas, la especulación y demás obsequios de la economía capitalista.
“Debemos emprender activamente la labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política.”
Lenin[i]
Lejos de ser exhaustivo, se presenta un diminuto glosario relacionado a la explicación que hay detrás del funcionamiento “financiero” en el capitalismo. Acá abordaremos lo que pocas veces se dice y lo que tratan de ocultar los que aspiran vendernos a los explotadores como inocentes víctimas del destino.
Finanzas: Sector económico relativo a las cuestiones bancarias, bursátiles y a los grandes negocios mercantiles. Se preocupa por administrar flujos monetarios indispensables para el capital de la empresa.
Lo que no nos dicen: Las finanzas no son todo el sistema capitalista, ni su corazón. Usando una frase de Henri Houben, las finanzas son apenas la piel del sistema capitalista, su parte fenoménica. En las finanzas NO HAY CREACIÓN de valor nuevo. En las finanzas no hay producción de riquezas nuevas como en la industria o en el agro. En las finanzas todo trabajo es improductivo, allí sólo se recicla la plusvalía que los capitalistas no logran reinsertar en el proceso productivo, por las dificultades (debido a la sobreproducción) que existen para valorizar el capital. En las finanzas los capitales van rodando de mano para tratar hincharse a costa de otro.
Crecen básicamente de dos formas:
1. Con la compra de acciones a una empresa que usa ese dinero para invertirlo en la economía real y extraer la plusvalía necesaria para cubrir el valor y el interés que genera el título.
2. Con la mera y más salvaje especulación. Así, la casi totalidad agentes económicos compran acciones, bonos o divisas para venderlas apenas suban de precio y así ganarse un diferencial, conceptualizado como ganancia especulativa. La persona que compró 100 dólares EEUU a 430 Bs. espera venderlos a un precio mayor al que pagó. La ganancia que se obtiene allí es por enajenación, es decir, lo que pierde uno es lo que gana el otro, de esa forma, lo que hacen es arrebatarse de acuerdo al azar especulativo, dineros producidos por el trabajo de millones, que van a parar al bolsillo de pocos. En ese juego, los grandes financistas (por su mayor cuantía de capital, su más completa información y contactos) arruinan a los pequeños capitales financieros y se apropian sin trabajar, de sumas fabulosas. En el mundo, en 1998 el mercado de divisas era 50 veces más grande en volumen del tamaño del comercio y la inversión internacional. (B. Jetín, La Tasa Tobin). Según el Banco Internacional de Pagos, cerca del 75% de las transacciones financieras realiza su ciclo de compra y venta en menos de 2 semanas, y un 40% lo realiza en menos de 3 días.
Casa de Bolsa: es una organización privada que brinda facilidades para que sus miembros, introduzcan órdenes y realicen negociaciones de compra venta de valores, tales como acciones de sociedades o compañías anónimas, bonos públicos y privados, certificados, títulos de participación etc.
Lo que no nos dicen: En las casas de bolsas se realizan transacciones en las cuales se traspasan de mano en mano, cantidades de trabajo que han sido expropiadas en formas de plusvalía. Así, decenas de personas con escasa información de fábricas o plantaciones decide por medio de la especulación, el destino de millones de trabajadores al desviar fondos de un lado a otro. Así, jugadas de financieras dejaron a varios accionistas de la empresa World Com millonarios y a la vez arruinaron a miles de ahorristas y dejaron sin empleo a cerca de 20 mil familias. En la bolsa de valores, se teje una inmensa red de corrupción donde las grandes corporaciones dominan a las firmas calificadoras de riesgo, para que realicen todo tipo de tretas contables, a fin de estafar a millones de personas. La falsificación de balances financieros de la empresa ENRON (una de las quiebras más grandes de la historia) hecha por la calificadora Anderson es apenas una muestra de lo que son capaces.
Casas de Cambio: es una organización o centro que permite a los clientes cambiar una divisa por otra.
Lo que no nos dicen: Son otra organización meramente especulativa, cuya finalidad es vender las divisas caras y comprarlas baratas, es decir extraer por enajenación una ganancia especulativa. Viven de lo que le pueden quitar al usuario, ese margen, constituye su ganancia. En Venezuela, a raíz del control de cambio y las dificultades expresas para conseguir divisas, las casas de cambio emprendieron una oleada de negociaciones fraudulentas: suplantación de identidad, falsificación de firmas, declaraciones patrimoniales falaces y un muy largo etc. con el fin de adquirir divisas. En esa inmensa red de trampas y estafas, lograron sobornar a muchos funcionarios, engañar a amas de casa y timar a empleados de bajo rango que ahora están en la cárcel.
Crisis Financiera vs. Crisis sistémica del capital: para la burguesía la crisis de 1929, 1974, 2008 y etc. son crisis financieras. Particularmente la crisis de 2008-2009, la catalogan como un fenómeno aterido al ámbito de las bolsas de valores. Así, la crisis fue causada por la irresponsabilidad de aventureros y alocados inversionistas que querían ganar mucho dinero muy rápido. La crisis –dicen- se debe a la falta de confianza de los inversionistas y por falta de regulación estatal en las finanzas. La solución es devolver lo que catalogan como “confianza” para que los inversionistas regresen al mercado y todo se solucione. Esta explicación la machacan los inefables encorbatados (Alberto Padilla en CNN) que en televisión hablan de lo que no pueden explicar.
Lo que no nos dicen: la realidad de la crisis, es que el derrumbe financiero es apenas una expresión de una profunda crisis sistémica del capital, en la cual, los derrumbes, sólo son expresiones cíclicas de un colapso paulatino y del caos del sistema capitalista en todos sus escenarios: social, político y ético. La causa central de la catástrofe capitalista, estriba en la sobreproducción devenida de la anarquía en la producción que se manifiesta en el juego avaricioso de la búsqueda de la máxima ganancia. Esto a su vez se sustenta por las dos contradicciones cardinales del sistema:
1.La producción cada vez más socializada de mercancías, versus la apropiación privada más concentrada del resultado de la venta de las mercancías.
2.La depauperación relativa y absoluta de la clase trabajadora (y a la vez consumidores en masa). Esto arruina a las empresas y atiza el desempleo.
Prueba de lo anterior es que al estallar los inicios de la depresión en 2008, la producción industrial mundial decreció en 20%, la venta de autos bajó un 25% y la de acero en un 30%[ii]. Salvo WorldCom que quebró en el 2002, en el año 2008 se han dado las 3 quiebras más grandes de la historia de Estados Unidos: Lehman Brothers (2008), Washington Mutual (2008), y General Motors (2008)[iii]. La bancarrota de CIT (2009) se unió a este clan para ser la quinta quiebra más grande de la historia.
Inflación: La inflación se define como el aumento continuo y generalizado del nivel general de precios de los bienes y servicios (ByS). Cuando hablamos de nivel precisamente nos referimos a una canasta que consta de los ByS considerados más significativos.
Lo que no nos dicen: Es que la inflación hace que haya que pagar más dinero (es decir entregar más horas de nuestro trabajo) para adquirir la misma cantidad de ByS, lo cual, no hace más que aumentar los niveles de explotación que sufre el proletariado, al eventualmente tener que trabajar más para recibir lo mismo, o incluso menos. Los procesos inflacionarios afectan más al proletariado que no tiene como refugiarse de la inflación, debido a que no puede comprar divisas, oro o propiedades inmobiliarias que le permitan mantener el valor sus ingresos. Los procesos de inflación son útiles para los explotadores en aras de abaratar la fuerza de trabajo, es decir, pagar menos salario por la misma cantidad de trabajo. Así, se puede relanzar un proceso de acumulación con mayor ventaja en la competencia global.
Especulación: se define como cualquier compra (o venta) de un bien con la intención de reventa (o recompra) en una fecha ulterior con la sola motivación de una modificación en el precio que le genere un beneficio monetario. Especular implica adquirir un bien NO para consumirlo ni para agregarle valor alguno.
Lo que no nos dicen: Es que -como expresa Marx- no hay diferencia entre un comerciante y un especulador. Es, exactamente lo mismo, todo aquel que compra algo con la esperanza de revenderlo luego a un precio más alto, es un especulador. El comerciante, no agrega valor al producto, sólo lo adquiere con la finalidad de venderlo más costoso, es decir, especular. Por tanto todas las cadenas de distribución final o minoristas, viven exclusivamente de la especulación. Así, lejos de mejorar el producto, sólo lo adquieren con el fin de encarecerlo en aras de ganancia. Los bancos hacen lo propio, especulan con el dinero creado por la clase obrera, se lo alquilan a ella misma, o a quienes explotan a obreros. Los bancos utilizan todos sus ahorros y el capital sobrante (plusvalía que el capitalista no puede rentablemente reingresar al proceso productivo) para directamente usarlo en compra y ventas de acciones, bonos y préstamos que permitan obtener ganancias especulativas que devienen del ejercicio de arriesgar en el juego azaroso de la especulación (casino) financiero, capitales ajenos. Por ello, al quebrar, los grandes banqueros huyen con fortunas a paraísos fiscales donde escondieron dinero de millones de personas. Claro, los ahorros de los trabajadores se desvanecen en la fuga y el trabajo de toda su vida, pensión o ahorros para la vejez, o la pequeña inversión en un local, desaparece por arte estafa. Un documental gaucho, La dignidad de los nadie, ilustra este hecho. Nota aparte es la noción del director de la Escuela de Economía de la UCV, José Guerra, quien “argumenta” que los bancos producen riqueza…esa tontería es repetida por todas las escuelas de economía del planeta.
Desabastecimiento: Desproveer a una persona física o jurídica, o a toda una comunidad o país, de los productos que necesita, o impedir que les lleguen. Actos que suceden por vía artificial (negación a producir o distribuir) o por vía productiva (escasez de insumos, dificultades de importación etc.)
Lo que no nos dicen: El desabastecimiento generalmente es artificial. La burguesía se organiza para impedir a toda costa que la población acceda a bienes de primera necesidad como alimentos. Así, se realiza una medida de presión contra gobiernos de índole progresista. De esa forma, utilizan sus recursos para forzar cambios políticos o eliminar leyes que benefician a la colectividad. El caso político arquetípico es el Chile de Salvador Allende, cuya presteza democrática y respeto por gran parte de la propiedad privada, le valió una oleada de sabotajes tremendos que desmoralizaron a la población, crearon caos y facilitaron la ascensión del fascismo. El segundo caso se da en plena realidad en Venezuela. La burguesía responde a las medidas del gobierno con escasez artificial, ante el control de precios vigente, así, si la leche tiene un precio tope de X, la burguesía argumenta que no es rentable producir a ese precio, y por ello la exporta a nivel de contrabando, cierra la fábrica o inventa variar presentaciones del mismo producto que escurran la regulación. Más absurdo aún, es creer que como el exministro de Comercio: Eduardo Samán, que el Control de Precios es un arma en la lucha de clases contra la burguesía. Semejante desvarío ha sido su bandera de “lucha” contra el empresariado local. Tamaña tontería, es una apología a la ideología regulacionista que indica la posibilidad de regimentar externamente (en este caso, políticamente) el desarrollo de la acumulación capitalista. Dicha política, abiertamente reformista y claudicante, le hace creer a los incautos que podemos “domesticar” al capital y que no es necesario expropiar y poner la producción bajo control de la planificación organizada y participativa de los trabajadores. Regular, trae consigo escasez (obviamente artificial), respuesta que tarde o temprano ofrece la burguesía ante limitaciones exógenas de su tasa de ganancia. De esta escasez, emana la carestía, la inflación sostenida, la caída en al calidad de los productos y un vertiginoso aumento de los márgenes especulativos en la venta de productos. Eduardo Sartelli, escribió un maravilloso y breve ensayo relacionado al regulacionismo de la escuela francesa, imperdible.
Privatizaciones: Vender al sector privado de la economía un activo mueble o inmueble propiedad del sector público. Se aplica especialmente a empresas públicas. Sinónimo de desnacionalizar.
Lo que no nos dicen: La ventas del erario público están generalmente exentas de toda regulación, por lo cual, cada venta trae consigo una serie de actos de corrupción que estriban en ventas muy por debajo del valor de los activos del Estado, con la excusa de que no son “rentables”. Con esa consigna, la burguesía se apropia de activos de altísimo valor, a precios de remate. Esos montos se establecen por negociaciones fraudulentas y sobornos descarnados a las autoridades públicas. La empresa nacional de Gas Argentina estaba tasada por PETROBRAS en 25 mil millones de dólares, la pandilla de Menen, la re-mató en 2 mil 500 millones de dólares, 10 veces menos. No sólo eso, las privatizaciones se dan en empresas generalmente rentables (como VIASA en Venezuela) o con grandes recursos naturales a disposición de transnacionales (el agua en Bolivia) lo que le permite a la burguesía más poderosa saquear recursos pagando centavos de dólares. La privatización lleva aparejada una ola brutal de despidos, de reducciones de beneficios laborales, terrorismo laboral, un empeoramiento y encarecimiento drástico de los servicios que prestaba anteriormente. La privatización es muy buena para la burguesía y terrible para la clase obrera. Aunque el Estado venezolano mantenga la mayoría (más de 60%) de las acciones de la explotación de hidrocarburos en las Empresas Mixtas (aprobadas por una Asamblea Nacional, integrada 98% por chavistas, que engavetó la reforma a la neoliberal Ley del trabajo), es un hecho que el 40% restante, se constituye como una desnacionalización de una parte vital del tesoro público. Esta desnacionalización o privatización completa de una parte del subsuelo criollo, aparte de ser anticonstitucional, representa un retroceso tremendo en la soberanía de los recursos no renovables del país. Una vulgaridad entreguista, menos mal que los anteriores Convenios Operativos, pero igualmente lesiva a los intereses más elementales de la clase obrera del país. Una nacionalización real y al menos nacionalista, hubiera sido estatizar el 100% de nuestras actividades petroleras principales y no venderle en calidad de accionistas o socios, a las transnacionales ecosidas, un bien tan preciado como nuestro petróleo.
Tratados para evitar la Doble Tributación: Acuerdos entre países para evitar que las empresas cuya casa matriz se ubica en un país exportador de capitales, tenga que pagar dos (2) veces impuestos sobre la renta. Es decir, evitar que Mac Donalds, pagué una serie de impuestos en Venezuela que deba volver a cancelar en EEUU.
Lo que no nos dicen: Los tratados para evitar la doble tributación, son un desarrollo de las empresas imperialistas de grandes capitales que tratan solamente de pagar impuestos (reducidos) en sus países de origen, a pesar que la plusvalía que extraen es arrebata a trabajadores locales. Así, la FORD explota duramente a los obreros de los países de capitalismo más débil, es decir los de menor escala de acumulación y la plusvalía o trabajo excedente que les quita en forma de ganancias, es enteramente repatriado a Detroit para pagar impuestos allá y no por ejemplo, en Venezuela. Con los acuerdos especiales de alto gobierno que firman en sus países de origen, las transnacionales pueden cancelar impuestos bajísimos y acrecentar sus ganancias. Según el investigador Luís Britto García, los acuerdos para evitar la doble tributación que firmó el chavismo en el 2000-2001, auspiciado por la imperialista OMC, hacen que Venezuela pierda alrededor de 17 mil millones de dólares anuales por la ruin elusión a la que se acogen las empresas transnacionales. Con ello, se hubieran podido construir 566 mil casas de 30 mil dólares cada una, anualmente.
Lavado de Dinero: Traducción bastante literal del “money laundering” inglés. Es más correcta la expresión “blanqueo de capitales”. Se trata, en cualquier caso, de la práctica ilegal de convertir mediante algún subterfugio el dinero procedente de actividades ilegales en dinero legal.
Lo que no nos dicen: Es una actividad común y frecuente de los Bancos y demás instituciones financieras. Como en el arquetípico caso de la película Cara Cortada, los narcotraficantes, paramilitares, políticos corruptos y un largo etc. “blanquean” el dinero que proviene de toda clase de crímenes. Allí, los la delincuencia de traje, ubica cantidades exorbitantes de fondos como por ejemplo la venta de armas en conflictos bélicos (prohibido por la ONU) en acciones, títulos, certificados o bonos de empresas de “maletín”. Los bancos y demás instituciones saben perfectamente de donde viene cada centavo y se encargan de higienizarlos con una red de mecanismos ligados a “paraísos fiscales” y una serie de espacios aptos para esa actividad. La creación de bingos, casinos, casas de apuestas, prostíbulos que tanto denuncia Luís Britto, es una forma un tanto más chapucera de lavar los recursos que los paramilitares, corruptos y demás lumpen, obtienen de actividades delincuenciales.
Manuel Sutherland manuel1871@gmail.com
Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM) www.alemistas.org
Ccs 26/07/10 twitter@marxiando
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[i] V.I. Lenin, Qué Hacer, Por donde empezar… (1902), Edición Digital, extraída de www.marxists.org.
[ii] Los Datos de la crisis sistémica son extraídos de Stefan Engel en su último trabajo, Economía Política Burguesa ante lso escombros,Edición Verlag Neuer Weg, (2009) Pág. 6 y 38.
[iii] Véase la continuación del análisis en La gran depresión de 1929, el caos (2009) dentro de la Crisis Sistémica del Capital y la absurda teoría de la conspiración (Zeitgeist y variantes). Artículo (noviembre, 2009), disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/depresion-1929-caos-2009-dentro-crisis-capital-tonta-teoria-conspiraci
http://alemistas.org/?p=196
Manuel Sutherland en Kaos en la Red
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