. Egipto.
La falsa "luna de miel" entre el ejército y la juventud se acaba
VS 0 | | sección: web | 11/04/2011
Igrek
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Con la brutal evacuación de los ocupantes de la plaza Tahrir esta noche -tras una movilización que ha reunido a decenas de miles de participantes- parece a punto de consumarse la ruptura entre los militares y la franja más movilizada de los insurrectos del 25 de enero.
La página web egipcia Ahram Online señala que los enfrentamientos entre el ejército y los manifestantes, que han causado oficialmente un muerto y decenas de heridos, han estado marcados por lanzamientos de piedras y el incendio de al menos un vehículo militar, en respuesta al empleo de porras y luego de armas de fuego.
El bloquero Hossam al Hamalawy cuenta que algunos suboficiales que se habían unido a la manifestación han sido objeto de una violencia particular por parte de la policía militar -habiendo sido literalmente masacrado uno de los militares insurrectos.
Los intentos de ocupación de la plaza Tahrir no han dejado de producirse hoy, afirmando los ocupantes que no abandonarán la plaza antes de que Mubarak haya sido juzgado y condenado.
La manifestación de ayer en El Caro ha alcanzado una amplitud sin precedentes desde la caída de Mubarak: los Hermanos Musulmanes, que no se habían asociado a la iniciativa precedente, se han visto obligados una vez más a coger el tren en marcha. A los grupos de jóvenes que estuvieron en la iniciativa de la insurrección del 25 de enero se les han sumado igualmente grupos de estudiantes de El Cairo, en huelga desde hace varias semanas, y los sindicatos independientes que ponen en pie un embrión de federación, a favor de los movimientos de huelga que sacuden el país desde hace tres meses.
09/04/2011
http://blogs.mediapart.fr/blog/igrek/090411/egypte-la-fausse-lune-de-miel-entre-larmee-et-la-jeunesse-prend-fin
Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR
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martes, 12 de abril de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
EL CAIRO Y WISCONSIN: UNA MISMA LUCHA, DOS RUMBOS DIFERENTES
La conexión El Cairo / Wisconsin
Noam Chomsky · · · · ·
06/03/11
El 20 de febrero, Kamal Abbas, líder sindical egipcio y figura prominente del Movimiento 25 de Enero, envió un mensaje a los “trabajadores de Wisconsin”: “Estamos con ustedes, así como ustedes estuvieron con nosotros”.
Los trabajadores egipcios han luchado mucho tiempo por los derechos fundamentales que les denegaba el régimen de Hosni Mubarak respaldado por EEUU. Kamal tiene razón en invocar la solidaridad, que ha sido durante mucho tiempo la fuerza orientadora del movimiento de los trabajadores en el mundo, y en equiparar sus luchas por los derechos laborales y por la democracia.
Las dos están estrechamente interrelacionadas. Los movimientos de trabajadores han estado en la vanguardia de la protección de la democracia y los derechos humanos y en la expansión de sus dominios, razón elemental que explica por qué son venenosos para los sistemas de poder, sean públicos o privados.
Las trayectorias de los movimientos en Egipto y EEUU están tomando direcciones opuestas: hacia la conquista de derechos, en Egipto, y hacia la defensa de derechos existentes, pero sometidos a duros ataques, en EEUU.
Los dos casos merecen una mirada más cercana.
La sublevación del 25 de enero fue encendida por los jóvenes usuarios de Facebook del Movimiento 6 de Abril, que se levantaron en Egipto en la primavera de 2008 en “solidaridad con los trabajadores textiles en huelga en Mahalla”, según señala el analista laboral Nada Matta. El Estado reventó la huelga y las acciones de solidaridad, pero Mahalla quedó como “un símbolo de revuelta y desafío al régimen”, añade Matta. La huelga se volvió particularmente amenazante para la dictadura cuando las demandas de los trabajadores se extendieron más allá de sus preocupaciones locales y reclamaron un salario mínimo para todos los egipcios.
Las observaciones de Matta son confirmadas por Joel Beinin, una autoridad estadounidense en materia laboral egipcia. Durante muchos años de lucha, informa Beinin, los trabajadores han establecido nexos y se pueden movilizar con presteza.
Cuando los trabajadores se sumaron al Movimiento 25 de Enero, el impacto fue decisivo y el comando militar se deshizo de Mubarak. Fue una gran victoria para el movimiento por la democracia egipcia, aunque permanecen muchas barreras, internas y externas.
Las barreras internas son claras. EEUU y sus aliados no pueden tolerar fácilmente democracias que funcionen en el mundo árabe.
Las encuestas de opinión pública en Egipto y a lo largo y ancho de Oriente Próximo son elocuentes: por aplastantes mayorías, la gente considera a EEUU e Israel, y no a Irán, las mayores amenazas. Más aún, la mayoría piensa que la región estaría mejor si Irán tuviese armas nucleares.
Podemos anticipar que Washington mantendrá su política tradicional, bien confirmada por los expertos: la democracia es tolerable sólo si se ajusta a objetivos estratégico-económicos. La fábula del “anhelo por la democracia” de EEUU está reservada para ideólogos y propaganda.
La democracia en EEUU ha tomado una dirección diferente. Después de la II Guerra Mundial, el país disfrutó de un crecimiento sin precedentes, ampliamente igualitario y acompañado de una legislación que beneficiaba a la mayoría de la gente. La tendencia continuó durante los años de Richard Nixon, hasta que llegó la era liberal.
La reacción contra el impacto democratizador del activismo de los sesenta y la traición de clase de Nixon no tardó en llegar mediante un gran incremento en las prácticas lobistas para diseñar las leyes, el establecimiento de think-tanks de derechas para capturar el espectro ideológico, y otros muchos medios.
La economía también cambió de curso hacia la financiarización y la exportación de la producción. La desigualdad se disparó, primordialmente por la creciente riqueza del 1% de la población, o incluso una fracción menor, limitada fundamentalmente a presidentes de corporaciones, gestores de fondos de alto riesgo, etc.
Para la mayoría, los ingresos reales se estancaron. Volvieron los horarios laborales más amplios, la deuda, la inflación. Vino entonces la burbuja inmobiliaria de ocho billones de dólares, que la Reserva Federal y casi todos los economistas, embebidos en los dogmas de los mercados eficientes, no lograron prever. Cuando la burbuja estalló, la economía se colapsó a niveles cercanos a los de la Depresión para los trabajadores de la industria y muchos otros.
La concentración del ingreso confiere poder político, que a su vez deriva en leyes que refuerzan más aún el privilegio de los superricos: políticas tributarias, normas de gobernanza corporativa y mucho más. Junto a este círculo vicioso, los costes de campañas electorales han aumentado drásticamente, llevando a los dos partidos mayoritarios a nutrirse en el sector de las corporaciones: los republicanos de manera natural y los demócratas (ahora muy equivalentes a los republicanos moderados de años anteriores) siguiéndoles no muy atrás.
En 1978, mientras este proceso se desarrollaba, el entonces presidente de los Trabajadores Autónomos Unidos, Doug Fraser, condenó a los líderes empresariales por haber “elegido sumarse a una guerra unilateral de clases en este país: una guerra contra el pueblo trabajador, los pobres, las minorías, los muy jóvenes y muy viejos, e incluso muchos de la clase media de nuestra sociedad”, y haber “roto y deshecho el frágil pacto no escrito que existió previamente durante un periodo de crecimiento y progreso”.
Cuando los trabajadores ganaron derechos básicos en los años treinta, dirigentes empresariales advirtieron sobre “el peligro que afrontaban los industriales por el creciente poder político de las masas”, y reclamaron medidas urgentes para conjurar la amenaza, de acuerdo con el académico Alex Carey en Taking the risk out of democracy. Esos hombres de negocios entendían, al igual que lo hizo Mubarak, que los sindicatos constituyen una fuerza directriz en el avance de los derechos y la democracia. En EEUU, los sindicatos son el contrapoder primario a la tiranía corporativa.
De momento, los sindicatos del sector privado de EEUU han sido severamente debilitados. Los sindicatos del sector público se encuentran últimamente sometidos a un ataque implacable desde la oposición de derechas, que explota cínicamente la crisis económica causada básicamente por la industria financiera y sus aliados en el Gobierno.
La ira popular debe ser desviada de los agentes de la crisis financiera, que se están beneficiando de ella; por ejemplo, Goldman Sachs, que está “en vías de pagar 17.500 millones de dólares en compensación por el ejercicio pasado”, según informa la prensa económica. El presidente de la compañía, Lloyd Blankfein, recibirá un bonus de 12,6 millones de dólares mientras su sueldo se triplica hasta los dos millones.
En su lugar, la propaganda debe demonizar a los profesores y otros empleados públicos por sus grandes salarios y exorbitantes pensiones, todo ello un montaje que sigue un modelo que ya resulta demasiado familiar. Para el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, para la mayoría de los republicanos y muchos demócratas, el eslogan es que la austeridad debe ser compartida (con algunas excepciones notables).
La propaganda ha sido bastante eficaz. Walker puede contar con al menos una amplia minoría para apoyar su enorme esfuerzo para destruir los sindicatos. La invocación del déficit como excusa es pura farsa.
En sentidos diferentes, el destino de la democracia está en juego en Madison, Wisconsin, no menos de lo que está en la plaza Tahrir.
Público, 6 marzo 2011
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Noam Chomsky · · · · ·
06/03/11
El 20 de febrero, Kamal Abbas, líder sindical egipcio y figura prominente del Movimiento 25 de Enero, envió un mensaje a los “trabajadores de Wisconsin”: “Estamos con ustedes, así como ustedes estuvieron con nosotros”.
Los trabajadores egipcios han luchado mucho tiempo por los derechos fundamentales que les denegaba el régimen de Hosni Mubarak respaldado por EEUU. Kamal tiene razón en invocar la solidaridad, que ha sido durante mucho tiempo la fuerza orientadora del movimiento de los trabajadores en el mundo, y en equiparar sus luchas por los derechos laborales y por la democracia.
Las dos están estrechamente interrelacionadas. Los movimientos de trabajadores han estado en la vanguardia de la protección de la democracia y los derechos humanos y en la expansión de sus dominios, razón elemental que explica por qué son venenosos para los sistemas de poder, sean públicos o privados.
Las trayectorias de los movimientos en Egipto y EEUU están tomando direcciones opuestas: hacia la conquista de derechos, en Egipto, y hacia la defensa de derechos existentes, pero sometidos a duros ataques, en EEUU.
Los dos casos merecen una mirada más cercana.
La sublevación del 25 de enero fue encendida por los jóvenes usuarios de Facebook del Movimiento 6 de Abril, que se levantaron en Egipto en la primavera de 2008 en “solidaridad con los trabajadores textiles en huelga en Mahalla”, según señala el analista laboral Nada Matta. El Estado reventó la huelga y las acciones de solidaridad, pero Mahalla quedó como “un símbolo de revuelta y desafío al régimen”, añade Matta. La huelga se volvió particularmente amenazante para la dictadura cuando las demandas de los trabajadores se extendieron más allá de sus preocupaciones locales y reclamaron un salario mínimo para todos los egipcios.
Las observaciones de Matta son confirmadas por Joel Beinin, una autoridad estadounidense en materia laboral egipcia. Durante muchos años de lucha, informa Beinin, los trabajadores han establecido nexos y se pueden movilizar con presteza.
Cuando los trabajadores se sumaron al Movimiento 25 de Enero, el impacto fue decisivo y el comando militar se deshizo de Mubarak. Fue una gran victoria para el movimiento por la democracia egipcia, aunque permanecen muchas barreras, internas y externas.
Las barreras internas son claras. EEUU y sus aliados no pueden tolerar fácilmente democracias que funcionen en el mundo árabe.
Las encuestas de opinión pública en Egipto y a lo largo y ancho de Oriente Próximo son elocuentes: por aplastantes mayorías, la gente considera a EEUU e Israel, y no a Irán, las mayores amenazas. Más aún, la mayoría piensa que la región estaría mejor si Irán tuviese armas nucleares.
Podemos anticipar que Washington mantendrá su política tradicional, bien confirmada por los expertos: la democracia es tolerable sólo si se ajusta a objetivos estratégico-económicos. La fábula del “anhelo por la democracia” de EEUU está reservada para ideólogos y propaganda.
La democracia en EEUU ha tomado una dirección diferente. Después de la II Guerra Mundial, el país disfrutó de un crecimiento sin precedentes, ampliamente igualitario y acompañado de una legislación que beneficiaba a la mayoría de la gente. La tendencia continuó durante los años de Richard Nixon, hasta que llegó la era liberal.
La reacción contra el impacto democratizador del activismo de los sesenta y la traición de clase de Nixon no tardó en llegar mediante un gran incremento en las prácticas lobistas para diseñar las leyes, el establecimiento de think-tanks de derechas para capturar el espectro ideológico, y otros muchos medios.
La economía también cambió de curso hacia la financiarización y la exportación de la producción. La desigualdad se disparó, primordialmente por la creciente riqueza del 1% de la población, o incluso una fracción menor, limitada fundamentalmente a presidentes de corporaciones, gestores de fondos de alto riesgo, etc.
Para la mayoría, los ingresos reales se estancaron. Volvieron los horarios laborales más amplios, la deuda, la inflación. Vino entonces la burbuja inmobiliaria de ocho billones de dólares, que la Reserva Federal y casi todos los economistas, embebidos en los dogmas de los mercados eficientes, no lograron prever. Cuando la burbuja estalló, la economía se colapsó a niveles cercanos a los de la Depresión para los trabajadores de la industria y muchos otros.
La concentración del ingreso confiere poder político, que a su vez deriva en leyes que refuerzan más aún el privilegio de los superricos: políticas tributarias, normas de gobernanza corporativa y mucho más. Junto a este círculo vicioso, los costes de campañas electorales han aumentado drásticamente, llevando a los dos partidos mayoritarios a nutrirse en el sector de las corporaciones: los republicanos de manera natural y los demócratas (ahora muy equivalentes a los republicanos moderados de años anteriores) siguiéndoles no muy atrás.
En 1978, mientras este proceso se desarrollaba, el entonces presidente de los Trabajadores Autónomos Unidos, Doug Fraser, condenó a los líderes empresariales por haber “elegido sumarse a una guerra unilateral de clases en este país: una guerra contra el pueblo trabajador, los pobres, las minorías, los muy jóvenes y muy viejos, e incluso muchos de la clase media de nuestra sociedad”, y haber “roto y deshecho el frágil pacto no escrito que existió previamente durante un periodo de crecimiento y progreso”.
Cuando los trabajadores ganaron derechos básicos en los años treinta, dirigentes empresariales advirtieron sobre “el peligro que afrontaban los industriales por el creciente poder político de las masas”, y reclamaron medidas urgentes para conjurar la amenaza, de acuerdo con el académico Alex Carey en Taking the risk out of democracy. Esos hombres de negocios entendían, al igual que lo hizo Mubarak, que los sindicatos constituyen una fuerza directriz en el avance de los derechos y la democracia. En EEUU, los sindicatos son el contrapoder primario a la tiranía corporativa.
De momento, los sindicatos del sector privado de EEUU han sido severamente debilitados. Los sindicatos del sector público se encuentran últimamente sometidos a un ataque implacable desde la oposición de derechas, que explota cínicamente la crisis económica causada básicamente por la industria financiera y sus aliados en el Gobierno.
La ira popular debe ser desviada de los agentes de la crisis financiera, que se están beneficiando de ella; por ejemplo, Goldman Sachs, que está “en vías de pagar 17.500 millones de dólares en compensación por el ejercicio pasado”, según informa la prensa económica. El presidente de la compañía, Lloyd Blankfein, recibirá un bonus de 12,6 millones de dólares mientras su sueldo se triplica hasta los dos millones.
En su lugar, la propaganda debe demonizar a los profesores y otros empleados públicos por sus grandes salarios y exorbitantes pensiones, todo ello un montaje que sigue un modelo que ya resulta demasiado familiar. Para el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, para la mayoría de los republicanos y muchos demócratas, el eslogan es que la austeridad debe ser compartida (con algunas excepciones notables).
La propaganda ha sido bastante eficaz. Walker puede contar con al menos una amplia minoría para apoyar su enorme esfuerzo para destruir los sindicatos. La invocación del déficit como excusa es pura farsa.
En sentidos diferentes, el destino de la democracia está en juego en Madison, Wisconsin, no menos de lo que está en la plaza Tahrir.
Público, 6 marzo 2011
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viernes, 11 de febrero de 2011
LA REVOLUCIÓN ÁRABE HA COMENZADO
La revolución árabe ha comenzado
Domingo, Febrero 6, 2011, 10:30
Jean Batou
Estas últimas semanas, han salido a la calle por millones, en Túnez, en Argelia, en Jordania, en Yemen y en Egipto, por el derecho a una vida decente y a un empleo, pero también para tomar en sus manos su propio destino (creación de numerosos comités de autodefensa, de aprovisionamiento, etc.).
De 352 millones de árabes, 190 millones tienen menos de 30 años y las tres cuartas partes de ellos no tienen empleo; en Egipto, representan el 90% de los parados y paradas. Hillary Clinton ha tomado la medida del problema declarando: “Una de mis preocupaciones principales (…) son esos numerosos jóvenes sin futuro económico en sus propios países” (Departamento de Estado, 11/01/2011). Las masas populares están ahogadas: en efecto, la crisis del capitalismo se traduce hoy en una subida enorme de los precios de los productos alimenticios de base y de la energía, promovidos como principales campos de inversión del capital financiero. Según la FAO, ¡el índice de los precios alimenticios ha subido el 32% en el segundo semestre de 2010!
´
Michel Chossudowsky tiene razón cuando dice que los “dictadores” del Tercer Mundo no dictan nada /1. Son las correas de transmisión de políticas decididas en otras partes, por los dirigentes de los grandes estados imperialistas, de las multinacionales y de sus instituciones económicas y financieras (FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE, etc.). En Egipto, la explosión de la miseria resulta de los programas de ajuste impuestos desde hace 20 años (desreglamentación de los precios alimenticios y privatizaciones), que han le han procurado felicitaciones a Mubarak: “Egipto ha hecho progresos significativos gracias a amplias reformas estructurales que han conocido una aceleración desde 2004″ (FMI, abril 2010). Más allá de sus regímenes policiales seniles, son esas políticas las que las revoluciones en curso deben desmontar, si no quieren preparar rápidas y peligrosas desilusiones.
Es la razón por la que las alabanzas de los medios occidentales a la gloria de la “primavera democrática árabe”, de sus manifestaciones pacíficas, de sus jóvenes sedientos de modernidad -¡han preferido internet a las barricadas!- no deben engañar a nadie. En Túnez, no son los nuevos ministros -entre ellos el bloguero Slim Amamou- quienes dirigen el país, sino que continúa haciéndolo el antiguo primer ministro de Ben Ali, Mohamed Ghannuchi, flanqueado de un gobernador del Banco Central completamente nuevo, Kamel Nabli, que ha volado inmediatamente a Davos para tranquilizar a los medios financieros: “la democracia es buena para la inversiones”, ha repetido (France 24, 29 enero). En realidad, los Estados Unidos y sus aliados se activan en Egipto y otras partes para encontrar una alternativa “autoritaria” o “demócrata” a Mubarak y a sus pares… con tal de que garantice el mantenimiento del consenso económico de Washington y de la colaboración estratégica con Israel.
Pero ni los Estados Unidos ni Europa mueven los hilos de las revoluciones árabes, que son empujadas ante todo por aspiraciones sociales, en la estela de las movilizaciones obreras, como las de Gafsa (fosfatos, Túnez) o de Mehalla (textil, Egipto). La solidaridad con las luchas del textil está por otra parte en el origen del Movimiento del 6 de abril en Egipto, que ha jugado un papel decisivo en el despegue de la revolución. Además, la politización antiimperialista del mundo árabe está alimentada desde hace años por la lucha del pueblo palestino y el rechazo a las sangrientas guerras llevadas a cabo por los Estados Unidos y sus aliados. Así, para el 88% de las personas preguntadas en seis países de la región, es claramente Israel quien representa el principal provocador de guerra, seguido por los Estados Unidos (77%), y no por Irán (10%) (LA Times, 14/08/2010).
De lo que carecen aún estas revoluciones, es de un programa político que rompa con el orden mundial neoliberal (cadena de la deuda, acuerdos de libre cambio, etc.), a fin de permitir una redistribución masiva de las riquezas. Un programa que implique la disolución del núcleo duro de los aparatos de Estado neocoloniales (jerarquía militar, servicios de información, policías, gobernadores locales, etc.) y la expropiación de las grandes fortunas privada, acumuladas particularmente con las privatizaciones. Un programa que necesita también una ruptura con el imperialismo; un compromiso al lado del pueblo palestino; y el desarrollo de cooperaciones Sur-Sur favorables al conjunto de los socios implicados. América Latina ha acumulado una gran experiencia pionera en la materia, que no demanda sino ser compartida y extendida.
Jean Batou / Europe Solidaire
Notas
1/ Ver en ESSF La Tunisie et les dictats du FMI : Comment la politique macro-économique entraîne la pauvreté et le chômage dans le monde.
Traducción: Faustino Eguberri para Viento Sur
Etiquetas: Argelia, Egipto, Mundo Árabe, Revuelta popular, Tercer mundo, Túnez, Yemen, Zbigniew Brzezinski
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Domingo, Febrero 6, 2011, 10:30
Jean Batou
Estas últimas semanas, han salido a la calle por millones, en Túnez, en Argelia, en Jordania, en Yemen y en Egipto, por el derecho a una vida decente y a un empleo, pero también para tomar en sus manos su propio destino (creación de numerosos comités de autodefensa, de aprovisionamiento, etc.).
De 352 millones de árabes, 190 millones tienen menos de 30 años y las tres cuartas partes de ellos no tienen empleo; en Egipto, representan el 90% de los parados y paradas. Hillary Clinton ha tomado la medida del problema declarando: “Una de mis preocupaciones principales (…) son esos numerosos jóvenes sin futuro económico en sus propios países” (Departamento de Estado, 11/01/2011). Las masas populares están ahogadas: en efecto, la crisis del capitalismo se traduce hoy en una subida enorme de los precios de los productos alimenticios de base y de la energía, promovidos como principales campos de inversión del capital financiero. Según la FAO, ¡el índice de los precios alimenticios ha subido el 32% en el segundo semestre de 2010!
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Michel Chossudowsky tiene razón cuando dice que los “dictadores” del Tercer Mundo no dictan nada /1. Son las correas de transmisión de políticas decididas en otras partes, por los dirigentes de los grandes estados imperialistas, de las multinacionales y de sus instituciones económicas y financieras (FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE, etc.). En Egipto, la explosión de la miseria resulta de los programas de ajuste impuestos desde hace 20 años (desreglamentación de los precios alimenticios y privatizaciones), que han le han procurado felicitaciones a Mubarak: “Egipto ha hecho progresos significativos gracias a amplias reformas estructurales que han conocido una aceleración desde 2004″ (FMI, abril 2010). Más allá de sus regímenes policiales seniles, son esas políticas las que las revoluciones en curso deben desmontar, si no quieren preparar rápidas y peligrosas desilusiones.
Es la razón por la que las alabanzas de los medios occidentales a la gloria de la “primavera democrática árabe”, de sus manifestaciones pacíficas, de sus jóvenes sedientos de modernidad -¡han preferido internet a las barricadas!- no deben engañar a nadie. En Túnez, no son los nuevos ministros -entre ellos el bloguero Slim Amamou- quienes dirigen el país, sino que continúa haciéndolo el antiguo primer ministro de Ben Ali, Mohamed Ghannuchi, flanqueado de un gobernador del Banco Central completamente nuevo, Kamel Nabli, que ha volado inmediatamente a Davos para tranquilizar a los medios financieros: “la democracia es buena para la inversiones”, ha repetido (France 24, 29 enero). En realidad, los Estados Unidos y sus aliados se activan en Egipto y otras partes para encontrar una alternativa “autoritaria” o “demócrata” a Mubarak y a sus pares… con tal de que garantice el mantenimiento del consenso económico de Washington y de la colaboración estratégica con Israel.
Pero ni los Estados Unidos ni Europa mueven los hilos de las revoluciones árabes, que son empujadas ante todo por aspiraciones sociales, en la estela de las movilizaciones obreras, como las de Gafsa (fosfatos, Túnez) o de Mehalla (textil, Egipto). La solidaridad con las luchas del textil está por otra parte en el origen del Movimiento del 6 de abril en Egipto, que ha jugado un papel decisivo en el despegue de la revolución. Además, la politización antiimperialista del mundo árabe está alimentada desde hace años por la lucha del pueblo palestino y el rechazo a las sangrientas guerras llevadas a cabo por los Estados Unidos y sus aliados. Así, para el 88% de las personas preguntadas en seis países de la región, es claramente Israel quien representa el principal provocador de guerra, seguido por los Estados Unidos (77%), y no por Irán (10%) (LA Times, 14/08/2010).
De lo que carecen aún estas revoluciones, es de un programa político que rompa con el orden mundial neoliberal (cadena de la deuda, acuerdos de libre cambio, etc.), a fin de permitir una redistribución masiva de las riquezas. Un programa que implique la disolución del núcleo duro de los aparatos de Estado neocoloniales (jerarquía militar, servicios de información, policías, gobernadores locales, etc.) y la expropiación de las grandes fortunas privada, acumuladas particularmente con las privatizaciones. Un programa que necesita también una ruptura con el imperialismo; un compromiso al lado del pueblo palestino; y el desarrollo de cooperaciones Sur-Sur favorables al conjunto de los socios implicados. América Latina ha acumulado una gran experiencia pionera en la materia, que no demanda sino ser compartida y extendida.
Jean Batou / Europe Solidaire
Notas
1/ Ver en ESSF La Tunisie et les dictats du FMI : Comment la politique macro-économique entraîne la pauvreté et le chômage dans le monde.
Traducción: Faustino Eguberri para Viento Sur
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jueves, 10 de febrero de 2011
"LA VERDADERA TRAGEDIA DE LAS NACIONES ÁRABES ES LA DESAPARICIÓN DE UNA IZQUIERDA FUERTE Y LAICA"
. Egipto.
"La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica"
VS 0 | | sección: web | 08/02/2011
Al Jazira entrevista a Slavoj Zizek
--------------------------------------------------------------------------------
En una entrevista concedida a Al Jazira, el gran filósofo esloveno Slavoj Zizek fustiga la hipocresía occidental, manifestada desde el comienzo de los movimientos revolucionarios en Egipto. Un punto de vista demasiado poco defendido en los medios internacionales. Reproducimos algunos extractos.
“Lo que ocurre en Egipto es la prueba última de que la idea cínica según la cual los pueblos musulmanes preferirían la dictadura y el fundamentalismo religioso a la democracia es completamente falsa. Lo que ha ocurrido en Túnez, y lo que ocurre en estos momentos en Egipto, es justamente la revolución universal por la dignidad, los derechos humanos, la justicia económica. ¡Es el universalismo en marcha! (…)
“Un manifestante ha dicho: 'Estoy orgulloso de ser egipcio'. Yo, por mi parte, estoy orgulloso de ellos. Nos han dado una lección. Los pueblos árabes prueban de forma brillante que comprenden lo que es la democracia. Haciendo lo que hacen, prueban que la comprenden mucho mejor que el Oeste y sus políticas antiinmigración. Es el mejor argumento jamás visto en la tele contra toda esa tontería sobre el choque de las civilizaciones. A partir del momento en que la gente lucha contra la tiranía, todos debemos ser solidarios.
“El miedo del extremismo religioso es absurdo. He leído en alguna parte que más del 30% de la población americana creía en el diablo y en los fantasmas. (…) Todos esos asuntos sobre el Islam, es pura ideología occidental. No hay que elegir entre el Islam fundamentalista y la democracia liberal. Hay muchas cosas maravillosas en el Islam. Hace dos semanas, mientras visitaba el museo de las artes islámicas de Qatar, he leído la cita de un antiguo filósofo iraní. 'Solo un tonto evoca el destino cuando desaprovecha una oportunidad'. Esto quiere decir que se es libre de elegir. Si la única alternativa que existe es la teocracia islamista o el liberalismo occidental, estamos fastidiados. La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica.
“Mirad Afganistán, por ejemplo. Se le presenta hoy como un país de fundamentalistas chiflados. Ya lo siento, pero soy lo bastante viejo como para acordarme de cómo era Afganistán hace 40 años. Era un país muy laico, muy abierto, con un monarca prooccidental. Ya sabemos la continuación de la historia. (…) Es crucial formar una izquierda fuerte. Es lo único que podrá salvarnos, tanto a los países árabes como a los occidentales.
“Hay un gran caos en el cielo, la situación es excelente”, dijo Mao. Por supuesto, no hago apología del caos. Pero sin esta apertura momentánea, durante la cual no se sabe ya verdaderamente quien está en el poder… nada sería posible. Voy a hacer una comparación indecente: en los dibujos animados de Tom&Jerry, siempre hay un momento en el que el gato camina por encima del vacío. Y mientras no mira hacia abajo, no ve que está encima del precipicio. Lo mismo ocurre con Mubarak. Para hacerle caer, es necesario que mire hacia abajo, y vea que está ya encima del precipicio”.
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR
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"La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica"
VS 0 | | sección: web | 08/02/2011
Al Jazira entrevista a Slavoj Zizek
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En una entrevista concedida a Al Jazira, el gran filósofo esloveno Slavoj Zizek fustiga la hipocresía occidental, manifestada desde el comienzo de los movimientos revolucionarios en Egipto. Un punto de vista demasiado poco defendido en los medios internacionales. Reproducimos algunos extractos.
“Lo que ocurre en Egipto es la prueba última de que la idea cínica según la cual los pueblos musulmanes preferirían la dictadura y el fundamentalismo religioso a la democracia es completamente falsa. Lo que ha ocurrido en Túnez, y lo que ocurre en estos momentos en Egipto, es justamente la revolución universal por la dignidad, los derechos humanos, la justicia económica. ¡Es el universalismo en marcha! (…)
“Un manifestante ha dicho: 'Estoy orgulloso de ser egipcio'. Yo, por mi parte, estoy orgulloso de ellos. Nos han dado una lección. Los pueblos árabes prueban de forma brillante que comprenden lo que es la democracia. Haciendo lo que hacen, prueban que la comprenden mucho mejor que el Oeste y sus políticas antiinmigración. Es el mejor argumento jamás visto en la tele contra toda esa tontería sobre el choque de las civilizaciones. A partir del momento en que la gente lucha contra la tiranía, todos debemos ser solidarios.
“El miedo del extremismo religioso es absurdo. He leído en alguna parte que más del 30% de la población americana creía en el diablo y en los fantasmas. (…) Todos esos asuntos sobre el Islam, es pura ideología occidental. No hay que elegir entre el Islam fundamentalista y la democracia liberal. Hay muchas cosas maravillosas en el Islam. Hace dos semanas, mientras visitaba el museo de las artes islámicas de Qatar, he leído la cita de un antiguo filósofo iraní. 'Solo un tonto evoca el destino cuando desaprovecha una oportunidad'. Esto quiere decir que se es libre de elegir. Si la única alternativa que existe es la teocracia islamista o el liberalismo occidental, estamos fastidiados. La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica.
“Mirad Afganistán, por ejemplo. Se le presenta hoy como un país de fundamentalistas chiflados. Ya lo siento, pero soy lo bastante viejo como para acordarme de cómo era Afganistán hace 40 años. Era un país muy laico, muy abierto, con un monarca prooccidental. Ya sabemos la continuación de la historia. (…) Es crucial formar una izquierda fuerte. Es lo único que podrá salvarnos, tanto a los países árabes como a los occidentales.
“Hay un gran caos en el cielo, la situación es excelente”, dijo Mao. Por supuesto, no hago apología del caos. Pero sin esta apertura momentánea, durante la cual no se sabe ya verdaderamente quien está en el poder… nada sería posible. Voy a hacer una comparación indecente: en los dibujos animados de Tom&Jerry, siempre hay un momento en el que el gato camina por encima del vacío. Y mientras no mira hacia abajo, no ve que está encima del precipicio. Lo mismo ocurre con Mubarak. Para hacerle caer, es necesario que mire hacia abajo, y vea que está ya encima del precipicio”.
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR
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lunes, 7 de febrero de 2011
EL MOVIMIENTO EN EGIPTO
El Movimiento en Egipto
Artículos de Opinión | Samir Amin | 05-02-2011 |
Egipto es la piedra angular del plan norteamericano para controlar al planeta. Washington no va a tolerar ningún intento de Egipto de poner fin a su total sumisión a los intereses imperiales, algo que también necesita Israel para proseguir colonizando lo que resta de Palestina. Este es el objetivo excluyente de Washington en su “involucramiento” para impulsar una “transición suave” en Egipto. En vista de esta situación EEUU podría considerar que Mubarak debería renunciar. El recién designado Vicepresidente, Omar Solaimán, jefe de la Inteligencia militar, quedaría a cargo. Pero el Ejército fue muy cuidadoso en no quedar pegado a la represión, preservando su imagen.
Allí aparece entonces Baradei. Él es todavía más conocido fuera que dentro de Egipto, pero podría corregir ese defecto rápidamente. Baradei es un “liberal”, sin ideas sobre el manejo de la economía y por eso no puede comprender que es precisamente eso lo que ha producido la actual devastación social. Es un demócrata en el sentido de que quiere “elecciones genuinas” y el respeto a la ley (por ejemplo, parar los arrestos y las torturas), pero nada más.
No es imposible que Baradei pueda ser un aliado en la transición. Pero ni el Ejército ni las agencias de inteligencia están dispuestos a abandonar la posición dominante que han disfrutado en el manejo de la socidad. ¿Aceptará esto Baradei?
En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer los EEUU verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La HM está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. La HM se ha manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra.
El Plan de EEUU para Egipto es similar al modelo paquistaní: una combinación de “Islam político” más Inteligencia militar. La HM podría compensar su apoyo a estas políticas siendo precisamente “no moderada” en su conducta hacia otras confesiones. ¿Podría un sistema de ese tipo merecer un certificado de “democracia”?
El movimiento actual tiene como sus componentes fundamentales a la juventud urbana, con estudios y diplomas pero sin trabajo, apoyada por segmentos de las clases medias educadas, demócratas. El nuevo régimen podría tal vez hacer algunas concesiones – por ejemplo, garantizar su reclutamiento para servir en los aparatos estatales- pero difícilmente algo más que eso.
Por supuesto, las cosas podrían cambiar si la clase obrera y los movimientos campesinos entran en la escena. Pero tal cosa no parece estar en la agenda. Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta podrán ser realmente solucionados.
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Artículos de Opinión | Samir Amin | 05-02-2011 |
Egipto es la piedra angular del plan norteamericano para controlar al planeta. Washington no va a tolerar ningún intento de Egipto de poner fin a su total sumisión a los intereses imperiales, algo que también necesita Israel para proseguir colonizando lo que resta de Palestina. Este es el objetivo excluyente de Washington en su “involucramiento” para impulsar una “transición suave” en Egipto. En vista de esta situación EEUU podría considerar que Mubarak debería renunciar. El recién designado Vicepresidente, Omar Solaimán, jefe de la Inteligencia militar, quedaría a cargo. Pero el Ejército fue muy cuidadoso en no quedar pegado a la represión, preservando su imagen.
Allí aparece entonces Baradei. Él es todavía más conocido fuera que dentro de Egipto, pero podría corregir ese defecto rápidamente. Baradei es un “liberal”, sin ideas sobre el manejo de la economía y por eso no puede comprender que es precisamente eso lo que ha producido la actual devastación social. Es un demócrata en el sentido de que quiere “elecciones genuinas” y el respeto a la ley (por ejemplo, parar los arrestos y las torturas), pero nada más.
No es imposible que Baradei pueda ser un aliado en la transición. Pero ni el Ejército ni las agencias de inteligencia están dispuestos a abandonar la posición dominante que han disfrutado en el manejo de la socidad. ¿Aceptará esto Baradei?
En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer los EEUU verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La HM está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. La HM se ha manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra.
El Plan de EEUU para Egipto es similar al modelo paquistaní: una combinación de “Islam político” más Inteligencia militar. La HM podría compensar su apoyo a estas políticas siendo precisamente “no moderada” en su conducta hacia otras confesiones. ¿Podría un sistema de ese tipo merecer un certificado de “democracia”?
El movimiento actual tiene como sus componentes fundamentales a la juventud urbana, con estudios y diplomas pero sin trabajo, apoyada por segmentos de las clases medias educadas, demócratas. El nuevo régimen podría tal vez hacer algunas concesiones – por ejemplo, garantizar su reclutamiento para servir en los aparatos estatales- pero difícilmente algo más que eso.
Por supuesto, las cosas podrían cambiar si la clase obrera y los movimientos campesinos entran en la escena. Pero tal cosa no parece estar en la agenda. Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta podrán ser realmente solucionados.
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NO ES EL ISLAM RADICAL LO QUE PREOCUPA A EE.UU., SINO LA INDEPENDENCIA
No es el Islam radical lo que preocupa a los EE. UU., sino la independencia
Noam Chomsky · · · · ·
06/02/11
La naturaleza de cualquier régimen al que apoyen los EE. UU. en el mundo árabe es secundaria en comparación con el control. Y a los súbditos se les ignora hasta que rompen sus cadenas.
"Arde el mundo árabe", informaba Al Yasira la semana pasada, mientras por toda la región los aliados occidentales "pierden rápidamente influencia". La onda de choque la puso en movimiento el espectacular levantamiento de Túnez que expulsó a un dictador respaldado por Occidente, resonando especialmente en Egipto, donde los manifestantes arrollaron a la brutal policía de un dictador.
Los observadores lo han comparado al derrocamiento de los dominios rusos en 1989, pero existen importantes diferencias. Crucial es que no hay un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados se atienen al principio bien asentado de que la democracia resulta aceptable sólo en la medida en que se ajuste a los objetivos estratégicos y económicos: está bien para territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no, por favor, en nuestro patio, a menos que quede adecuadamente domesticada.
Hay una comparación de 1989 que posee cierta validez: la de Rumanía, en donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más feroz de los dictadores de Europa Oriental, hasta que la lealtad se volvió insostenible. En ese momento, Washington saludó su caída mientras se procedía a borrar el pasado. Es el patrón convencional: Ferdinand Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo-hwan, Suharto y muchos otros rufianes útiles. Puede que vaya siendo el caso de Hosni Mubarak, acompañado de los habituales esfuerzos por tratar de asegurarse un régimen que le suceda sin desviarse de la senda aprobada. Las esperanzas de hoy parecen depositarse en el general Omar Suleiman, un leal a Mubarak, que acaba de ser nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, jefe durante largo tiempo de los servicios de inteligencia, cuenta con un desprecio semejante al que quienes se han rebelado reservan para el dictador mismo.
Un estribillo común entre los expertos es que el temor al Islam radical exige una oposición (renuente) a la democracia sobre la base del pragmatismo. Aunque no carece de mérito, la formulación es engañosa. La amenaza general ha consistido siempre en la independencia. Los EE. UU. y sus aliados han apoyado de forma regular a los islamistas radicales, a veces para impedir la amenaza del nacionalismo laico.
Un ejemplo familiar lo constituye Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y del terror islámico). Otro, en una larga lista, es el de Zia ul-Haq, el más brutal de los dictadores de Pakistán, favorito del presidente Reagan, y que puso en práctica un programa de islamización radical (con financiación saudí).
"El argumento tradicional que aparece dentro y fuera del mundo árabe es que no hay nada que vaya mal, todo está bajo control", afirma Marwan Muasher, ex-funcionario jordano y director de investigación en Oriente Medio para el Fondo Carnegie [para la Paz Internacional]. "Siguiendo esta línea de pensamiento, las fuerzas más afianzadas sostienen que los opositores y excluidos que piden reformas exageran las condiciones sobre el terreno".
Así pues, se puede dejar de lado a la población. La doctrina se remonta a mucho tiempo atrás y se generaliza en todo el mundo, también al propio territorio norteamericano. En caso de disturbios, pueden hacerse necesarios cambios tácticos, pero siempre con vistas a reafirmar el control.
El vehemente movimiento por la democracia de Túnez arremetió contra "un Estado policial con escasa libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos”, gobernado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Eso afirmaba el embajador norteamericano en un cable diplomático de julio de 2009 filtrado por WikiLeaks.
Por lo tanto, para algunos observadores “los documentos [de WikiLeaks] deberían proporcionar una sensación de seguridad al público norteamericano de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos", de que los cables, desde luego, apoyan tanto las medidas políticas norteamericanas como si los hubiera filtrado Obama mismo (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest. [1]
“Norteamérica debería condecorar a Assange", afirmaba un titular del Financial Times, en el que escribe Gideon Rachman: [2] “La política exterior norteamericana da la impresión de tener principios, de ser inteligente y pragmática (…) la postura pública sobre cualquier asunto adoptada por los EE. UU. suele asimismo coincidir con la postura expresada en privado”.
De acuerdo con esta opinión, WikiLeaks socava a los "teóricos de la conspiración", que cuestionan los nobles motivos que proclama Washington.
El cable de Godec presta apoyo a estos juicios, al menos si no miramos más allá. Porque si lo hacemos, tal como informa Stephen Zunes, analista de política exterior, en Foreign Policy in Focus, nos encontramos con que, con la información de Godec en la mano, Washington suministró 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. Da la casualidad de que Túnez era uno de los cinco únicos beneficiarios extranjeros: Israel (como de costumbre); las dos dictaduras de Oriente Medio, Egipto y Jordania; y Colombia, que durante mucho tiempo ha ostentado el peor historial de derechos humanos y recibido la mayor cantidad de ayuda militar norteamericana en el hemisferio.
La evidencia número uno de Heilbrunn es el apoyo árabe a las medidas políticas norteamericanas que tienen como objetivo Irán, según revelan los cables filtrados. También Rachman se ciñe a este ejemplo, como fue el caso en general de los medios, saludando tan alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran la hondura del desprecio por la democracia en la cultura de elevada formación.
Lo que no se menciona es lo que piensa la población, lo cual resulta fácil de describir de acuerdo con las encuestas de opinión [3] difundidas en agosto pasado por la Brookings Institution: algunos árabes están de acuerdo con Washington y los comentaristas occidentales en que Irán representa una amenaza, el 10%. Por contraposición, consideran a los EE. UU. e Israel como amenazas principales (el 77% y el 88% respectivamente).
La opinión árabe se muestra tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (el 57%) cree que la seguridad regional se acrecentaría si Irán dispusiera de armas nucleares. Pese a todo, “no hay nada que vaya mal, todo está bajo control" (tal como describe Muasher la fantasía imperante). Los dictadores nos apoyan. Se puede ignorar a sus súbditos, salvo que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que llevar a cabo ajustes políticos.
Otras filtraciones parecen también prestar apoyo a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009, Hugo Llorens, embajador norteamericano en Honduras, informó a Washington de una investigación de la embajada acerca de "cuestiones legales y constitucionales en torno a la destitución forzada del presidente Manuel, 'Mel', Zelaya."
La embajada concluía que "no hay duda de que los militares, el tribunal supremo y el congreso nacional conspiraron el 28 de junio en lo que supuso un golpe ilegal e inconstitucional contra el ejecutivo". Muy admirable, salvo que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar el régimen del golpe y desestimar las atrocidades posteriores.
Quizás las revelaciones más notables de WikiLeaks sean las referentes a Pakistan, examinadas por Fred Branfman, analista de política exterior, en Truthdig.
Los cables revelan que la embajada norteamericana es bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante antiamericanismo sino que también “corre el riesgo de desestabilizar el estado paquistaní” y suscita incluso la amenaza de la pesadilla última: que las armas nucleares pudieran caer en manos de terroristas islámicos.
De nuevo, las revelaciones "deberían proporcionar una sensación de seguridad (…) de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos " (en palabras de Heilbrunn), mientras Washington marcha resueltamente al desastre.
NOTAS: [1]http://nationalinterest.org/node/4487 [2] http://www.ft.com/cms/s/0/61f8fab0-06f3-11e0-8c29-00144feabdc0.html#axzz1D7yPjFTN [3 ] http://www.zogby.com/Soundbites/ReadClips.cfm?ID=19346 .
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
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Noam Chomsky · · · · ·
06/02/11
La naturaleza de cualquier régimen al que apoyen los EE. UU. en el mundo árabe es secundaria en comparación con el control. Y a los súbditos se les ignora hasta que rompen sus cadenas.
"Arde el mundo árabe", informaba Al Yasira la semana pasada, mientras por toda la región los aliados occidentales "pierden rápidamente influencia". La onda de choque la puso en movimiento el espectacular levantamiento de Túnez que expulsó a un dictador respaldado por Occidente, resonando especialmente en Egipto, donde los manifestantes arrollaron a la brutal policía de un dictador.
Los observadores lo han comparado al derrocamiento de los dominios rusos en 1989, pero existen importantes diferencias. Crucial es que no hay un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados se atienen al principio bien asentado de que la democracia resulta aceptable sólo en la medida en que se ajuste a los objetivos estratégicos y económicos: está bien para territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no, por favor, en nuestro patio, a menos que quede adecuadamente domesticada.
Hay una comparación de 1989 que posee cierta validez: la de Rumanía, en donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más feroz de los dictadores de Europa Oriental, hasta que la lealtad se volvió insostenible. En ese momento, Washington saludó su caída mientras se procedía a borrar el pasado. Es el patrón convencional: Ferdinand Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo-hwan, Suharto y muchos otros rufianes útiles. Puede que vaya siendo el caso de Hosni Mubarak, acompañado de los habituales esfuerzos por tratar de asegurarse un régimen que le suceda sin desviarse de la senda aprobada. Las esperanzas de hoy parecen depositarse en el general Omar Suleiman, un leal a Mubarak, que acaba de ser nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, jefe durante largo tiempo de los servicios de inteligencia, cuenta con un desprecio semejante al que quienes se han rebelado reservan para el dictador mismo.
Un estribillo común entre los expertos es que el temor al Islam radical exige una oposición (renuente) a la democracia sobre la base del pragmatismo. Aunque no carece de mérito, la formulación es engañosa. La amenaza general ha consistido siempre en la independencia. Los EE. UU. y sus aliados han apoyado de forma regular a los islamistas radicales, a veces para impedir la amenaza del nacionalismo laico.
Un ejemplo familiar lo constituye Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y del terror islámico). Otro, en una larga lista, es el de Zia ul-Haq, el más brutal de los dictadores de Pakistán, favorito del presidente Reagan, y que puso en práctica un programa de islamización radical (con financiación saudí).
"El argumento tradicional que aparece dentro y fuera del mundo árabe es que no hay nada que vaya mal, todo está bajo control", afirma Marwan Muasher, ex-funcionario jordano y director de investigación en Oriente Medio para el Fondo Carnegie [para la Paz Internacional]. "Siguiendo esta línea de pensamiento, las fuerzas más afianzadas sostienen que los opositores y excluidos que piden reformas exageran las condiciones sobre el terreno".
Así pues, se puede dejar de lado a la población. La doctrina se remonta a mucho tiempo atrás y se generaliza en todo el mundo, también al propio territorio norteamericano. En caso de disturbios, pueden hacerse necesarios cambios tácticos, pero siempre con vistas a reafirmar el control.
El vehemente movimiento por la democracia de Túnez arremetió contra "un Estado policial con escasa libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos”, gobernado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Eso afirmaba el embajador norteamericano en un cable diplomático de julio de 2009 filtrado por WikiLeaks.
Por lo tanto, para algunos observadores “los documentos [de WikiLeaks] deberían proporcionar una sensación de seguridad al público norteamericano de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos", de que los cables, desde luego, apoyan tanto las medidas políticas norteamericanas como si los hubiera filtrado Obama mismo (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest. [1]
“Norteamérica debería condecorar a Assange", afirmaba un titular del Financial Times, en el que escribe Gideon Rachman: [2] “La política exterior norteamericana da la impresión de tener principios, de ser inteligente y pragmática (…) la postura pública sobre cualquier asunto adoptada por los EE. UU. suele asimismo coincidir con la postura expresada en privado”.
De acuerdo con esta opinión, WikiLeaks socava a los "teóricos de la conspiración", que cuestionan los nobles motivos que proclama Washington.
El cable de Godec presta apoyo a estos juicios, al menos si no miramos más allá. Porque si lo hacemos, tal como informa Stephen Zunes, analista de política exterior, en Foreign Policy in Focus, nos encontramos con que, con la información de Godec en la mano, Washington suministró 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. Da la casualidad de que Túnez era uno de los cinco únicos beneficiarios extranjeros: Israel (como de costumbre); las dos dictaduras de Oriente Medio, Egipto y Jordania; y Colombia, que durante mucho tiempo ha ostentado el peor historial de derechos humanos y recibido la mayor cantidad de ayuda militar norteamericana en el hemisferio.
La evidencia número uno de Heilbrunn es el apoyo árabe a las medidas políticas norteamericanas que tienen como objetivo Irán, según revelan los cables filtrados. También Rachman se ciñe a este ejemplo, como fue el caso en general de los medios, saludando tan alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran la hondura del desprecio por la democracia en la cultura de elevada formación.
Lo que no se menciona es lo que piensa la población, lo cual resulta fácil de describir de acuerdo con las encuestas de opinión [3] difundidas en agosto pasado por la Brookings Institution: algunos árabes están de acuerdo con Washington y los comentaristas occidentales en que Irán representa una amenaza, el 10%. Por contraposición, consideran a los EE. UU. e Israel como amenazas principales (el 77% y el 88% respectivamente).
La opinión árabe se muestra tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (el 57%) cree que la seguridad regional se acrecentaría si Irán dispusiera de armas nucleares. Pese a todo, “no hay nada que vaya mal, todo está bajo control" (tal como describe Muasher la fantasía imperante). Los dictadores nos apoyan. Se puede ignorar a sus súbditos, salvo que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que llevar a cabo ajustes políticos.
Otras filtraciones parecen también prestar apoyo a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009, Hugo Llorens, embajador norteamericano en Honduras, informó a Washington de una investigación de la embajada acerca de "cuestiones legales y constitucionales en torno a la destitución forzada del presidente Manuel, 'Mel', Zelaya."
La embajada concluía que "no hay duda de que los militares, el tribunal supremo y el congreso nacional conspiraron el 28 de junio en lo que supuso un golpe ilegal e inconstitucional contra el ejecutivo". Muy admirable, salvo que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar el régimen del golpe y desestimar las atrocidades posteriores.
Quizás las revelaciones más notables de WikiLeaks sean las referentes a Pakistan, examinadas por Fred Branfman, analista de política exterior, en Truthdig.
Los cables revelan que la embajada norteamericana es bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante antiamericanismo sino que también “corre el riesgo de desestabilizar el estado paquistaní” y suscita incluso la amenaza de la pesadilla última: que las armas nucleares pudieran caer en manos de terroristas islámicos.
De nuevo, las revelaciones "deberían proporcionar una sensación de seguridad (…) de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos " (en palabras de Heilbrunn), mientras Washington marcha resueltamente al desastre.
NOTAS: [1]http://nationalinterest.org/node/4487 [2] http://www.ft.com/cms/s/0/61f8fab0-06f3-11e0-8c29-00144feabdc0.html#axzz1D7yPjFTN [3 ] http://www.zogby.com/Soundbites/ReadClips.cfm?ID=19346 .
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
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