"Los movimientos sociales buscan los derechos de la población del mundo árabe"
Javier Aísa, responsable del área internacional IPES, reflexiona sobre la crisis que vive el mundo árabe.
Javier Aísa. DN. Es
Miércoles, 23 de febrero de 2011 - 14:58 h.
1.-Qué está pasando en el mundo árabe
Para el experto internacional, Túnez, Egipto o Libia viven "situaciones particulares" que "responden a problemáticas diferentes" si bien todas ellas tienen "un mínimo común denominador": "Desde el punto de vida político, buena parte de la población no se siente reconocida en regímenes que equivalen a monopolio de poder por parte de un líder político o partido, o de su clan familiar o de su tribu, bien sea en forma de República, monarquía, régimen militar…", explica.
Además, Aísa añade como causa el hecho de que todos los regímenes "llevan una media de 35 años ejerciendo el poder de manera única" y que la población, sobre todo la más joven, "no ve que haya un relevo político que considera necesario".
Además, el escritor añade la "injusta distribución de la riqueza del país en el conjunto de la población" y la situación que vive la juventud, que supone el 60% de la población: "Los jóvenes no encuentran posibilidad de tener acceso a la política porque no hay libertad de expresión; tampoco a los recursos porque no disponen de trabajo; ni a los derechos sociales porque los estados han ido imponiendo medidas neoliberales y cerrando la puerta al estado del bienestar".
2.- Qué ha propiciado esta crisis
La búsqueda de un relevo político, de una justicia social y de, incluso, un relevo generacional en los liderazgos ha sido el detonante para Javier Aísa.
3.- Hasta dónde puede llegar esta crisis
El experto de IPES prefiere ser prudente a la hora de hacer un pronóstico, puesto que "no estamos ante una revolución general del mundo árabe sino ante movilizaciones sociales para exigir unos derechos políticos y económicos".
No obstante, plantea varios escenarios que pueden producirse: "Que los movimientos reformistas conduzcan a regímenes en los que se lleven a cabo elecciones libres o que los dirigentes actuales ejerzan su resistencia a base de una represión cada vez más sangrienta, como en el caso de Libia".
En cualquiera de los casos, Aísa subraya lo que para él es ya una realidad: "Las poblaciones árabes han perdido el miedo y han sido capaces de buscar los puntos fundamentales para llevar a cabo las protestas y hacer emerger un nuevo tejido social, encabezado sobre todo por gente joven que busca solución a sus problemas".
4.- Qué cree que debe hacer Occidente
Para Aísa, Occidente ha de hacer una autocrítica de "por qué ha estado apoyando a estos dictadores" y, a partir de ahora, apostar por los movimientos reformadores. En tercer lugar, el de Ipes reconoce que lo mejor que puede hacer Europa es "no intervenir" puesto que "cualquier injerencia en estos procesos va a ser vista como una imposición": "Hay que dejar que busquen su futuro, que encuentren sus espacios de expresión y, a partir de ahí, apoyar a los movimientos que están por el cambio y por la reforma política y económica", concluye.
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miércoles, 23 de febrero de 2011
SE AGUDIZAN LAS PROTESTAS EN MARRUECOS, LIBIA, YEMEN Y BAHRÉIN
Se agudizan las protestas en Marruecos, Libia, Yemen y Bahréin
La ola de cambios en el norte de África y en Oriente Próximo continúa extendiéndose sin freno
Internacional | Gonzalo Sánchez - Tercera Información | 22-02-2011 |
A principios del presente año, los ciudadanos de Túnez comenzaron una revolución que logró echar en primera instancia al dictador Ben Alí, después de mantenerse en el poder durante varias décadas, como el apoyo de las democracias occidentales. Aún hoy la oposición tunecina, organizada en el Frente 14 de Enero sigue en las calles exigiendo la caída de todo el aparato del estado que sustentó a Ben Alí.
En Egipto se ha producido una situación similar, el dictador Hosni Mubarak, se mantuvo en el poder durante varias décadas ganando elecciones en las que sólo se presentaba él. Contaba con el apoyo de las democracias occidentales y junto con su colega de Túnez militaban durante sus gestiones sangrientas en la Internacional Socialista, junto con el partido de gobierno en España, PSOE.
Ahora varios pueblos del norte de África y de Oriente próximo se han levantado contra los regímenes dictatoriales que les oprimen exigiendo más derechos sociales y laborales y la instalación de una democracia que surja de una amplia reforma o una nueva redacción de textos constitucionales, al igual que en Túnez y en Egipto.
En Marruecos, el Rey Mohamed VI ha visto como las protestas que anteriormente estaban protagonizadas por saharauis son llevadas a cabo por miles de ciudadanos marroquíes. Estas expresiones que exigen mayor democracia y el fin de la pobreza y miseria en el país se han extendido en las últimas horas por todo el país. La represión de la dictadura ha causado cinco muertes y varias decenas de heridos.
Marruecos, país que reprime con especial virulencia a los saharauis, tiene en sus cárceles presos políticos y la oposición es perseguida. Sin embargo, José Luis Rodríguez zapatero ha expresado hace unos momentos su apoyo al régimen de Mohamed VI.
Libia está viviendo una oleada de manifestaciones en contra y también favor del máximo dirigente del país, el dictador Muammar al Gaddafi, quien lleva más de 40 años en el poder. Las protestas contra su régimen han llegado hasta Trípoli, la capital del país y feudo de los afectos a al Gaddafi.
La represión en este país norteafricano se ha cobrado varios cientos de víctimas de la oposición, ya que para disolver las protestas se ha usado fuego real, incluso fuego de mortero, lo que ha conseguido posicionar a la Comunidad Internacional contra la represión ejercida por el ejecutivo libio, incluso el ministro de justicia de ese país, Mustafá Abdeljalil, ha dimitido por esta cruenta situación.
Sin embargo, los partidarios de Muammar al Gaddafi afirman que los manifestantes opositores son violentos, han quemado varios edificios públicos y han provocado varias muertes de personas que expresaban públicamente su apoyo al líder libio y de la policía que intentaba contener las protestas para evitar derramamiento de sangre.
Muammar al Gaddafi sigue en Libia, así lo han confirmado el Gobierno africano y el venezolano, para despejar las dudas sembradas desde el Reino Unido sobre una hipotética huida del máximo dirigente de Libia.
Mientras tanto en Yemen y en Bahréin las movilizaciones se incrementan, pero al igual que en Marruecos y en Libia, los dictadores se niegan a abandonar el poder y ofrecen tímidas reformas que no contentan a sus adversarios políticos, que siguen en las calles manteniendo las consignas de dimisión y cambios en favor de la democracia.
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La ola de cambios en el norte de África y en Oriente Próximo continúa extendiéndose sin freno
Internacional | Gonzalo Sánchez - Tercera Información | 22-02-2011 |
A principios del presente año, los ciudadanos de Túnez comenzaron una revolución que logró echar en primera instancia al dictador Ben Alí, después de mantenerse en el poder durante varias décadas, como el apoyo de las democracias occidentales. Aún hoy la oposición tunecina, organizada en el Frente 14 de Enero sigue en las calles exigiendo la caída de todo el aparato del estado que sustentó a Ben Alí.
En Egipto se ha producido una situación similar, el dictador Hosni Mubarak, se mantuvo en el poder durante varias décadas ganando elecciones en las que sólo se presentaba él. Contaba con el apoyo de las democracias occidentales y junto con su colega de Túnez militaban durante sus gestiones sangrientas en la Internacional Socialista, junto con el partido de gobierno en España, PSOE.
Ahora varios pueblos del norte de África y de Oriente próximo se han levantado contra los regímenes dictatoriales que les oprimen exigiendo más derechos sociales y laborales y la instalación de una democracia que surja de una amplia reforma o una nueva redacción de textos constitucionales, al igual que en Túnez y en Egipto.
En Marruecos, el Rey Mohamed VI ha visto como las protestas que anteriormente estaban protagonizadas por saharauis son llevadas a cabo por miles de ciudadanos marroquíes. Estas expresiones que exigen mayor democracia y el fin de la pobreza y miseria en el país se han extendido en las últimas horas por todo el país. La represión de la dictadura ha causado cinco muertes y varias decenas de heridos.
Marruecos, país que reprime con especial virulencia a los saharauis, tiene en sus cárceles presos políticos y la oposición es perseguida. Sin embargo, José Luis Rodríguez zapatero ha expresado hace unos momentos su apoyo al régimen de Mohamed VI.
Libia está viviendo una oleada de manifestaciones en contra y también favor del máximo dirigente del país, el dictador Muammar al Gaddafi, quien lleva más de 40 años en el poder. Las protestas contra su régimen han llegado hasta Trípoli, la capital del país y feudo de los afectos a al Gaddafi.
La represión en este país norteafricano se ha cobrado varios cientos de víctimas de la oposición, ya que para disolver las protestas se ha usado fuego real, incluso fuego de mortero, lo que ha conseguido posicionar a la Comunidad Internacional contra la represión ejercida por el ejecutivo libio, incluso el ministro de justicia de ese país, Mustafá Abdeljalil, ha dimitido por esta cruenta situación.
Sin embargo, los partidarios de Muammar al Gaddafi afirman que los manifestantes opositores son violentos, han quemado varios edificios públicos y han provocado varias muertes de personas que expresaban públicamente su apoyo al líder libio y de la policía que intentaba contener las protestas para evitar derramamiento de sangre.
Muammar al Gaddafi sigue en Libia, así lo han confirmado el Gobierno africano y el venezolano, para despejar las dudas sembradas desde el Reino Unido sobre una hipotética huida del máximo dirigente de Libia.
Mientras tanto en Yemen y en Bahréin las movilizaciones se incrementan, pero al igual que en Marruecos y en Libia, los dictadores se niegan a abandonar el poder y ofrecen tímidas reformas que no contentan a sus adversarios políticos, que siguen en las calles manteniendo las consignas de dimisión y cambios en favor de la democracia.
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viernes, 11 de febrero de 2011
LA REVOLUCIÓN ÁRABE HA COMENZADO
La revolución árabe ha comenzado
Domingo, Febrero 6, 2011, 10:30
Jean Batou
Estas últimas semanas, han salido a la calle por millones, en Túnez, en Argelia, en Jordania, en Yemen y en Egipto, por el derecho a una vida decente y a un empleo, pero también para tomar en sus manos su propio destino (creación de numerosos comités de autodefensa, de aprovisionamiento, etc.).
De 352 millones de árabes, 190 millones tienen menos de 30 años y las tres cuartas partes de ellos no tienen empleo; en Egipto, representan el 90% de los parados y paradas. Hillary Clinton ha tomado la medida del problema declarando: “Una de mis preocupaciones principales (…) son esos numerosos jóvenes sin futuro económico en sus propios países” (Departamento de Estado, 11/01/2011). Las masas populares están ahogadas: en efecto, la crisis del capitalismo se traduce hoy en una subida enorme de los precios de los productos alimenticios de base y de la energía, promovidos como principales campos de inversión del capital financiero. Según la FAO, ¡el índice de los precios alimenticios ha subido el 32% en el segundo semestre de 2010!
´
Michel Chossudowsky tiene razón cuando dice que los “dictadores” del Tercer Mundo no dictan nada /1. Son las correas de transmisión de políticas decididas en otras partes, por los dirigentes de los grandes estados imperialistas, de las multinacionales y de sus instituciones económicas y financieras (FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE, etc.). En Egipto, la explosión de la miseria resulta de los programas de ajuste impuestos desde hace 20 años (desreglamentación de los precios alimenticios y privatizaciones), que han le han procurado felicitaciones a Mubarak: “Egipto ha hecho progresos significativos gracias a amplias reformas estructurales que han conocido una aceleración desde 2004″ (FMI, abril 2010). Más allá de sus regímenes policiales seniles, son esas políticas las que las revoluciones en curso deben desmontar, si no quieren preparar rápidas y peligrosas desilusiones.
Es la razón por la que las alabanzas de los medios occidentales a la gloria de la “primavera democrática árabe”, de sus manifestaciones pacíficas, de sus jóvenes sedientos de modernidad -¡han preferido internet a las barricadas!- no deben engañar a nadie. En Túnez, no son los nuevos ministros -entre ellos el bloguero Slim Amamou- quienes dirigen el país, sino que continúa haciéndolo el antiguo primer ministro de Ben Ali, Mohamed Ghannuchi, flanqueado de un gobernador del Banco Central completamente nuevo, Kamel Nabli, que ha volado inmediatamente a Davos para tranquilizar a los medios financieros: “la democracia es buena para la inversiones”, ha repetido (France 24, 29 enero). En realidad, los Estados Unidos y sus aliados se activan en Egipto y otras partes para encontrar una alternativa “autoritaria” o “demócrata” a Mubarak y a sus pares… con tal de que garantice el mantenimiento del consenso económico de Washington y de la colaboración estratégica con Israel.
Pero ni los Estados Unidos ni Europa mueven los hilos de las revoluciones árabes, que son empujadas ante todo por aspiraciones sociales, en la estela de las movilizaciones obreras, como las de Gafsa (fosfatos, Túnez) o de Mehalla (textil, Egipto). La solidaridad con las luchas del textil está por otra parte en el origen del Movimiento del 6 de abril en Egipto, que ha jugado un papel decisivo en el despegue de la revolución. Además, la politización antiimperialista del mundo árabe está alimentada desde hace años por la lucha del pueblo palestino y el rechazo a las sangrientas guerras llevadas a cabo por los Estados Unidos y sus aliados. Así, para el 88% de las personas preguntadas en seis países de la región, es claramente Israel quien representa el principal provocador de guerra, seguido por los Estados Unidos (77%), y no por Irán (10%) (LA Times, 14/08/2010).
De lo que carecen aún estas revoluciones, es de un programa político que rompa con el orden mundial neoliberal (cadena de la deuda, acuerdos de libre cambio, etc.), a fin de permitir una redistribución masiva de las riquezas. Un programa que implique la disolución del núcleo duro de los aparatos de Estado neocoloniales (jerarquía militar, servicios de información, policías, gobernadores locales, etc.) y la expropiación de las grandes fortunas privada, acumuladas particularmente con las privatizaciones. Un programa que necesita también una ruptura con el imperialismo; un compromiso al lado del pueblo palestino; y el desarrollo de cooperaciones Sur-Sur favorables al conjunto de los socios implicados. América Latina ha acumulado una gran experiencia pionera en la materia, que no demanda sino ser compartida y extendida.
Jean Batou / Europe Solidaire
Notas
1/ Ver en ESSF La Tunisie et les dictats du FMI : Comment la politique macro-économique entraîne la pauvreté et le chômage dans le monde.
Traducción: Faustino Eguberri para Viento Sur
Etiquetas: Argelia, Egipto, Mundo Árabe, Revuelta popular, Tercer mundo, Túnez, Yemen, Zbigniew Brzezinski
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Domingo, Febrero 6, 2011, 10:30
Jean Batou
Estas últimas semanas, han salido a la calle por millones, en Túnez, en Argelia, en Jordania, en Yemen y en Egipto, por el derecho a una vida decente y a un empleo, pero también para tomar en sus manos su propio destino (creación de numerosos comités de autodefensa, de aprovisionamiento, etc.).
De 352 millones de árabes, 190 millones tienen menos de 30 años y las tres cuartas partes de ellos no tienen empleo; en Egipto, representan el 90% de los parados y paradas. Hillary Clinton ha tomado la medida del problema declarando: “Una de mis preocupaciones principales (…) son esos numerosos jóvenes sin futuro económico en sus propios países” (Departamento de Estado, 11/01/2011). Las masas populares están ahogadas: en efecto, la crisis del capitalismo se traduce hoy en una subida enorme de los precios de los productos alimenticios de base y de la energía, promovidos como principales campos de inversión del capital financiero. Según la FAO, ¡el índice de los precios alimenticios ha subido el 32% en el segundo semestre de 2010!
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Michel Chossudowsky tiene razón cuando dice que los “dictadores” del Tercer Mundo no dictan nada /1. Son las correas de transmisión de políticas decididas en otras partes, por los dirigentes de los grandes estados imperialistas, de las multinacionales y de sus instituciones económicas y financieras (FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE, etc.). En Egipto, la explosión de la miseria resulta de los programas de ajuste impuestos desde hace 20 años (desreglamentación de los precios alimenticios y privatizaciones), que han le han procurado felicitaciones a Mubarak: “Egipto ha hecho progresos significativos gracias a amplias reformas estructurales que han conocido una aceleración desde 2004″ (FMI, abril 2010). Más allá de sus regímenes policiales seniles, son esas políticas las que las revoluciones en curso deben desmontar, si no quieren preparar rápidas y peligrosas desilusiones.
Es la razón por la que las alabanzas de los medios occidentales a la gloria de la “primavera democrática árabe”, de sus manifestaciones pacíficas, de sus jóvenes sedientos de modernidad -¡han preferido internet a las barricadas!- no deben engañar a nadie. En Túnez, no son los nuevos ministros -entre ellos el bloguero Slim Amamou- quienes dirigen el país, sino que continúa haciéndolo el antiguo primer ministro de Ben Ali, Mohamed Ghannuchi, flanqueado de un gobernador del Banco Central completamente nuevo, Kamel Nabli, que ha volado inmediatamente a Davos para tranquilizar a los medios financieros: “la democracia es buena para la inversiones”, ha repetido (France 24, 29 enero). En realidad, los Estados Unidos y sus aliados se activan en Egipto y otras partes para encontrar una alternativa “autoritaria” o “demócrata” a Mubarak y a sus pares… con tal de que garantice el mantenimiento del consenso económico de Washington y de la colaboración estratégica con Israel.
Pero ni los Estados Unidos ni Europa mueven los hilos de las revoluciones árabes, que son empujadas ante todo por aspiraciones sociales, en la estela de las movilizaciones obreras, como las de Gafsa (fosfatos, Túnez) o de Mehalla (textil, Egipto). La solidaridad con las luchas del textil está por otra parte en el origen del Movimiento del 6 de abril en Egipto, que ha jugado un papel decisivo en el despegue de la revolución. Además, la politización antiimperialista del mundo árabe está alimentada desde hace años por la lucha del pueblo palestino y el rechazo a las sangrientas guerras llevadas a cabo por los Estados Unidos y sus aliados. Así, para el 88% de las personas preguntadas en seis países de la región, es claramente Israel quien representa el principal provocador de guerra, seguido por los Estados Unidos (77%), y no por Irán (10%) (LA Times, 14/08/2010).
De lo que carecen aún estas revoluciones, es de un programa político que rompa con el orden mundial neoliberal (cadena de la deuda, acuerdos de libre cambio, etc.), a fin de permitir una redistribución masiva de las riquezas. Un programa que implique la disolución del núcleo duro de los aparatos de Estado neocoloniales (jerarquía militar, servicios de información, policías, gobernadores locales, etc.) y la expropiación de las grandes fortunas privada, acumuladas particularmente con las privatizaciones. Un programa que necesita también una ruptura con el imperialismo; un compromiso al lado del pueblo palestino; y el desarrollo de cooperaciones Sur-Sur favorables al conjunto de los socios implicados. América Latina ha acumulado una gran experiencia pionera en la materia, que no demanda sino ser compartida y extendida.
Jean Batou / Europe Solidaire
Notas
1/ Ver en ESSF La Tunisie et les dictats du FMI : Comment la politique macro-économique entraîne la pauvreté et le chômage dans le monde.
Traducción: Faustino Eguberri para Viento Sur
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lunes, 7 de febrero de 2011
NO ES EL ISLAM RADICAL LO QUE PREOCUPA A EE.UU., SINO LA INDEPENDENCIA
No es el Islam radical lo que preocupa a los EE. UU., sino la independencia
Noam Chomsky · · · · ·
06/02/11
La naturaleza de cualquier régimen al que apoyen los EE. UU. en el mundo árabe es secundaria en comparación con el control. Y a los súbditos se les ignora hasta que rompen sus cadenas.
"Arde el mundo árabe", informaba Al Yasira la semana pasada, mientras por toda la región los aliados occidentales "pierden rápidamente influencia". La onda de choque la puso en movimiento el espectacular levantamiento de Túnez que expulsó a un dictador respaldado por Occidente, resonando especialmente en Egipto, donde los manifestantes arrollaron a la brutal policía de un dictador.
Los observadores lo han comparado al derrocamiento de los dominios rusos en 1989, pero existen importantes diferencias. Crucial es que no hay un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados se atienen al principio bien asentado de que la democracia resulta aceptable sólo en la medida en que se ajuste a los objetivos estratégicos y económicos: está bien para territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no, por favor, en nuestro patio, a menos que quede adecuadamente domesticada.
Hay una comparación de 1989 que posee cierta validez: la de Rumanía, en donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más feroz de los dictadores de Europa Oriental, hasta que la lealtad se volvió insostenible. En ese momento, Washington saludó su caída mientras se procedía a borrar el pasado. Es el patrón convencional: Ferdinand Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo-hwan, Suharto y muchos otros rufianes útiles. Puede que vaya siendo el caso de Hosni Mubarak, acompañado de los habituales esfuerzos por tratar de asegurarse un régimen que le suceda sin desviarse de la senda aprobada. Las esperanzas de hoy parecen depositarse en el general Omar Suleiman, un leal a Mubarak, que acaba de ser nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, jefe durante largo tiempo de los servicios de inteligencia, cuenta con un desprecio semejante al que quienes se han rebelado reservan para el dictador mismo.
Un estribillo común entre los expertos es que el temor al Islam radical exige una oposición (renuente) a la democracia sobre la base del pragmatismo. Aunque no carece de mérito, la formulación es engañosa. La amenaza general ha consistido siempre en la independencia. Los EE. UU. y sus aliados han apoyado de forma regular a los islamistas radicales, a veces para impedir la amenaza del nacionalismo laico.
Un ejemplo familiar lo constituye Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y del terror islámico). Otro, en una larga lista, es el de Zia ul-Haq, el más brutal de los dictadores de Pakistán, favorito del presidente Reagan, y que puso en práctica un programa de islamización radical (con financiación saudí).
"El argumento tradicional que aparece dentro y fuera del mundo árabe es que no hay nada que vaya mal, todo está bajo control", afirma Marwan Muasher, ex-funcionario jordano y director de investigación en Oriente Medio para el Fondo Carnegie [para la Paz Internacional]. "Siguiendo esta línea de pensamiento, las fuerzas más afianzadas sostienen que los opositores y excluidos que piden reformas exageran las condiciones sobre el terreno".
Así pues, se puede dejar de lado a la población. La doctrina se remonta a mucho tiempo atrás y se generaliza en todo el mundo, también al propio territorio norteamericano. En caso de disturbios, pueden hacerse necesarios cambios tácticos, pero siempre con vistas a reafirmar el control.
El vehemente movimiento por la democracia de Túnez arremetió contra "un Estado policial con escasa libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos”, gobernado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Eso afirmaba el embajador norteamericano en un cable diplomático de julio de 2009 filtrado por WikiLeaks.
Por lo tanto, para algunos observadores “los documentos [de WikiLeaks] deberían proporcionar una sensación de seguridad al público norteamericano de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos", de que los cables, desde luego, apoyan tanto las medidas políticas norteamericanas como si los hubiera filtrado Obama mismo (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest. [1]
“Norteamérica debería condecorar a Assange", afirmaba un titular del Financial Times, en el que escribe Gideon Rachman: [2] “La política exterior norteamericana da la impresión de tener principios, de ser inteligente y pragmática (…) la postura pública sobre cualquier asunto adoptada por los EE. UU. suele asimismo coincidir con la postura expresada en privado”.
De acuerdo con esta opinión, WikiLeaks socava a los "teóricos de la conspiración", que cuestionan los nobles motivos que proclama Washington.
El cable de Godec presta apoyo a estos juicios, al menos si no miramos más allá. Porque si lo hacemos, tal como informa Stephen Zunes, analista de política exterior, en Foreign Policy in Focus, nos encontramos con que, con la información de Godec en la mano, Washington suministró 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. Da la casualidad de que Túnez era uno de los cinco únicos beneficiarios extranjeros: Israel (como de costumbre); las dos dictaduras de Oriente Medio, Egipto y Jordania; y Colombia, que durante mucho tiempo ha ostentado el peor historial de derechos humanos y recibido la mayor cantidad de ayuda militar norteamericana en el hemisferio.
La evidencia número uno de Heilbrunn es el apoyo árabe a las medidas políticas norteamericanas que tienen como objetivo Irán, según revelan los cables filtrados. También Rachman se ciñe a este ejemplo, como fue el caso en general de los medios, saludando tan alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran la hondura del desprecio por la democracia en la cultura de elevada formación.
Lo que no se menciona es lo que piensa la población, lo cual resulta fácil de describir de acuerdo con las encuestas de opinión [3] difundidas en agosto pasado por la Brookings Institution: algunos árabes están de acuerdo con Washington y los comentaristas occidentales en que Irán representa una amenaza, el 10%. Por contraposición, consideran a los EE. UU. e Israel como amenazas principales (el 77% y el 88% respectivamente).
La opinión árabe se muestra tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (el 57%) cree que la seguridad regional se acrecentaría si Irán dispusiera de armas nucleares. Pese a todo, “no hay nada que vaya mal, todo está bajo control" (tal como describe Muasher la fantasía imperante). Los dictadores nos apoyan. Se puede ignorar a sus súbditos, salvo que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que llevar a cabo ajustes políticos.
Otras filtraciones parecen también prestar apoyo a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009, Hugo Llorens, embajador norteamericano en Honduras, informó a Washington de una investigación de la embajada acerca de "cuestiones legales y constitucionales en torno a la destitución forzada del presidente Manuel, 'Mel', Zelaya."
La embajada concluía que "no hay duda de que los militares, el tribunal supremo y el congreso nacional conspiraron el 28 de junio en lo que supuso un golpe ilegal e inconstitucional contra el ejecutivo". Muy admirable, salvo que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar el régimen del golpe y desestimar las atrocidades posteriores.
Quizás las revelaciones más notables de WikiLeaks sean las referentes a Pakistan, examinadas por Fred Branfman, analista de política exterior, en Truthdig.
Los cables revelan que la embajada norteamericana es bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante antiamericanismo sino que también “corre el riesgo de desestabilizar el estado paquistaní” y suscita incluso la amenaza de la pesadilla última: que las armas nucleares pudieran caer en manos de terroristas islámicos.
De nuevo, las revelaciones "deberían proporcionar una sensación de seguridad (…) de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos " (en palabras de Heilbrunn), mientras Washington marcha resueltamente al desastre.
NOTAS: [1]http://nationalinterest.org/node/4487 [2] http://www.ft.com/cms/s/0/61f8fab0-06f3-11e0-8c29-00144feabdc0.html#axzz1D7yPjFTN [3 ] http://www.zogby.com/Soundbites/ReadClips.cfm?ID=19346 .
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
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Noam Chomsky · · · · ·
06/02/11
La naturaleza de cualquier régimen al que apoyen los EE. UU. en el mundo árabe es secundaria en comparación con el control. Y a los súbditos se les ignora hasta que rompen sus cadenas.
"Arde el mundo árabe", informaba Al Yasira la semana pasada, mientras por toda la región los aliados occidentales "pierden rápidamente influencia". La onda de choque la puso en movimiento el espectacular levantamiento de Túnez que expulsó a un dictador respaldado por Occidente, resonando especialmente en Egipto, donde los manifestantes arrollaron a la brutal policía de un dictador.
Los observadores lo han comparado al derrocamiento de los dominios rusos en 1989, pero existen importantes diferencias. Crucial es que no hay un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados se atienen al principio bien asentado de que la democracia resulta aceptable sólo en la medida en que se ajuste a los objetivos estratégicos y económicos: está bien para territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no, por favor, en nuestro patio, a menos que quede adecuadamente domesticada.
Hay una comparación de 1989 que posee cierta validez: la de Rumanía, en donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más feroz de los dictadores de Europa Oriental, hasta que la lealtad se volvió insostenible. En ese momento, Washington saludó su caída mientras se procedía a borrar el pasado. Es el patrón convencional: Ferdinand Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo-hwan, Suharto y muchos otros rufianes útiles. Puede que vaya siendo el caso de Hosni Mubarak, acompañado de los habituales esfuerzos por tratar de asegurarse un régimen que le suceda sin desviarse de la senda aprobada. Las esperanzas de hoy parecen depositarse en el general Omar Suleiman, un leal a Mubarak, que acaba de ser nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, jefe durante largo tiempo de los servicios de inteligencia, cuenta con un desprecio semejante al que quienes se han rebelado reservan para el dictador mismo.
Un estribillo común entre los expertos es que el temor al Islam radical exige una oposición (renuente) a la democracia sobre la base del pragmatismo. Aunque no carece de mérito, la formulación es engañosa. La amenaza general ha consistido siempre en la independencia. Los EE. UU. y sus aliados han apoyado de forma regular a los islamistas radicales, a veces para impedir la amenaza del nacionalismo laico.
Un ejemplo familiar lo constituye Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y del terror islámico). Otro, en una larga lista, es el de Zia ul-Haq, el más brutal de los dictadores de Pakistán, favorito del presidente Reagan, y que puso en práctica un programa de islamización radical (con financiación saudí).
"El argumento tradicional que aparece dentro y fuera del mundo árabe es que no hay nada que vaya mal, todo está bajo control", afirma Marwan Muasher, ex-funcionario jordano y director de investigación en Oriente Medio para el Fondo Carnegie [para la Paz Internacional]. "Siguiendo esta línea de pensamiento, las fuerzas más afianzadas sostienen que los opositores y excluidos que piden reformas exageran las condiciones sobre el terreno".
Así pues, se puede dejar de lado a la población. La doctrina se remonta a mucho tiempo atrás y se generaliza en todo el mundo, también al propio territorio norteamericano. En caso de disturbios, pueden hacerse necesarios cambios tácticos, pero siempre con vistas a reafirmar el control.
El vehemente movimiento por la democracia de Túnez arremetió contra "un Estado policial con escasa libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos”, gobernado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Eso afirmaba el embajador norteamericano en un cable diplomático de julio de 2009 filtrado por WikiLeaks.
Por lo tanto, para algunos observadores “los documentos [de WikiLeaks] deberían proporcionar una sensación de seguridad al público norteamericano de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos", de que los cables, desde luego, apoyan tanto las medidas políticas norteamericanas como si los hubiera filtrado Obama mismo (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest. [1]
“Norteamérica debería condecorar a Assange", afirmaba un titular del Financial Times, en el que escribe Gideon Rachman: [2] “La política exterior norteamericana da la impresión de tener principios, de ser inteligente y pragmática (…) la postura pública sobre cualquier asunto adoptada por los EE. UU. suele asimismo coincidir con la postura expresada en privado”.
De acuerdo con esta opinión, WikiLeaks socava a los "teóricos de la conspiración", que cuestionan los nobles motivos que proclama Washington.
El cable de Godec presta apoyo a estos juicios, al menos si no miramos más allá. Porque si lo hacemos, tal como informa Stephen Zunes, analista de política exterior, en Foreign Policy in Focus, nos encontramos con que, con la información de Godec en la mano, Washington suministró 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. Da la casualidad de que Túnez era uno de los cinco únicos beneficiarios extranjeros: Israel (como de costumbre); las dos dictaduras de Oriente Medio, Egipto y Jordania; y Colombia, que durante mucho tiempo ha ostentado el peor historial de derechos humanos y recibido la mayor cantidad de ayuda militar norteamericana en el hemisferio.
La evidencia número uno de Heilbrunn es el apoyo árabe a las medidas políticas norteamericanas que tienen como objetivo Irán, según revelan los cables filtrados. También Rachman se ciñe a este ejemplo, como fue el caso en general de los medios, saludando tan alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran la hondura del desprecio por la democracia en la cultura de elevada formación.
Lo que no se menciona es lo que piensa la población, lo cual resulta fácil de describir de acuerdo con las encuestas de opinión [3] difundidas en agosto pasado por la Brookings Institution: algunos árabes están de acuerdo con Washington y los comentaristas occidentales en que Irán representa una amenaza, el 10%. Por contraposición, consideran a los EE. UU. e Israel como amenazas principales (el 77% y el 88% respectivamente).
La opinión árabe se muestra tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (el 57%) cree que la seguridad regional se acrecentaría si Irán dispusiera de armas nucleares. Pese a todo, “no hay nada que vaya mal, todo está bajo control" (tal como describe Muasher la fantasía imperante). Los dictadores nos apoyan. Se puede ignorar a sus súbditos, salvo que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que llevar a cabo ajustes políticos.
Otras filtraciones parecen también prestar apoyo a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009, Hugo Llorens, embajador norteamericano en Honduras, informó a Washington de una investigación de la embajada acerca de "cuestiones legales y constitucionales en torno a la destitución forzada del presidente Manuel, 'Mel', Zelaya."
La embajada concluía que "no hay duda de que los militares, el tribunal supremo y el congreso nacional conspiraron el 28 de junio en lo que supuso un golpe ilegal e inconstitucional contra el ejecutivo". Muy admirable, salvo que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar el régimen del golpe y desestimar las atrocidades posteriores.
Quizás las revelaciones más notables de WikiLeaks sean las referentes a Pakistan, examinadas por Fred Branfman, analista de política exterior, en Truthdig.
Los cables revelan que la embajada norteamericana es bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante antiamericanismo sino que también “corre el riesgo de desestabilizar el estado paquistaní” y suscita incluso la amenaza de la pesadilla última: que las armas nucleares pudieran caer en manos de terroristas islámicos.
De nuevo, las revelaciones "deberían proporcionar una sensación de seguridad (…) de que los funcionarios no se han quedado dormidos a los mandos " (en palabras de Heilbrunn), mientras Washington marcha resueltamente al desastre.
NOTAS: [1]http://nationalinterest.org/node/4487 [2] http://www.ft.com/cms/s/0/61f8fab0-06f3-11e0-8c29-00144feabdc0.html#axzz1D7yPjFTN [3 ] http://www.zogby.com/Soundbites/ReadClips.cfm?ID=19346 .
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
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