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domingo, 21 de abril de 2013

50 años del asesinato de Julián Grimau

50 años del asesinato de Julián Grimau PDF Imprimir E-mail
Nuestra Memoria - franquismo y represión
Escrito por Paco Arenas / UCR   
Domingo, 21 de Abril de 2013 00:00
Son muchas veces las que me pregunto por aquellos “demócratas de toda la vida”, que permanecieron ocultos bajo la capa sangrienta del dictador, que aplaudían sus acciones y arropaban en los balcones del Palacio de Oriente o coreaban ¡Franco, Franco, Franco! Con entusiasmo en esa misma plaza de Oriente, apoyándole tras cada uno de los asesinatos del dictador. Esos demócratas que permanecieron en ¿vergonzante silencio? Ante cada uno de sentencias de muerte o asesinatos en comisarías, o encarcelamientos de ciudadanos que se atrevían a pensar… Muchas veces me lo he preguntado, ¿fue vergonzante silencio o criminal complicidad?
La dictadura fue tan larga como sangrienta y cruel, pero esos capullos de la “democracia de toda la vida” permanecieron ocultos o visibles, floreciendo en la dictadura con su apoyo explícito al genocida, para luego cerrarse y volverse a abrir como capullos “demócratas de toda la vida”. Las espinas del rosal eran las mismas, los capullos los mismos, todos con los pétalos llenos de sangre cómplice, ya fuese por sus silencios cobardes o por sus apoyos evidentes.
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martes, 24 de enero de 2012

CONMEMORACIÓN DEL 35 ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE ATOCHA







Este martes se conmemora el 35 aniversario del asesinato de los Héroes de Atocha
24 enero, 2012


El 24 de enero de 1977 hace ya 35 años, un grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el despacho de abogados laboralistas de CCOO y del PCE situado en el número 55 de la calle Atocha y ametrallaron a las nueve personas presentes. Fallecieron los abogados, Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Serafín Holgado y el sindicalista Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Alejandro Ruiz Huertas, Mª Dolores González, Luís Ramos y Miguel Sarabia.

A lo largo de estos años desde CCOO se ha impulsado, entre otras muchas cuestiones, actos y propuestas para dar a conocer lo que ha supuesto la lucha de estos compañeros por la libertad y por la democracia.

Fruto de estas propuestas, es el hecho de que cerca de 30 pueblos de nuestra comunidad incluido Madrid capital, tienen un reconocimiento, -un parque, una calle, una plaza, un monumento, un centro de formación, etc.- dedicado a estas víctimas del terrorismo.

Por ello, cada año que pasa los que militamos en CCOO nos sentimos más orgullosos de haberlos tenido como compañeros.Actos conmemorativos del 35 Aniversario, el martes 24 de enero:

- A partir de las 8,45 horas, visita a los cementerios de Carabanchel y San Isidro

- 10,00 horas Ofrenda de coronas en el portal de Atocha 55 y minuto de silencio en la Plaza de Antón Martín, al lado de el monumento de “El Abrazo” de Juan Genovés

- 11,00 horas, en el Auditorio “Marcelino Camacho”, Lope de Vega 40. Entrega de los premios Abogados de Atocha por parte del patronato de la Fundación Abogados de Atocha. En esta su octava edición se propone premiar a:

¬ José Luis Sampedro (Escritor, humanista y economista)

¬ Fiscalía General de Guatemala



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viernes, 20 de enero de 2012

GARZÓN Y LA TRANSICIÓN




Garzón y la Transición


Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Ilustración de Mikel Jaso

Una de las concepciones más extendidas en los círculos políticos y mediáticos de mayor influencia y difusión en España es que la Transición de la dictadura a la democracia fue modélica. Liderada por el monarca, tal Transición dio como resultado –según esta versión– una democracia homologable a cualquier otra democracia existente en Europa, lo cual se consiguió sin mayores convulsiones en las instituciones políticas, económicas, financieras y mediáticas del país. El supuesto éxito de tal proceso explica que se haya querido incluso exportar este modelo de Transición a otras dictaduras que estaban bajo presión para que se transformaran en sistemas democráticos. Varias veces, el ministro de Asuntos Exteriores ha sugerido a dictaduras en declive, y a sus opositores democráticos, que tomaran la Transición española como punto de referencia.

La misma concepción que valora la Transición española como modélica (elemento fundamental de la sabiduría convencional existente en el país sobre aquel proceso), también considera ejemplar el compromiso adquirido por las fuerzas políticas mayoritarias de no hurgar en el pasado. Es decir, olvidarse de las enormes violaciones de los derechos humanos, predominantemente realizadas por las fuerzas golpistas en contra de un sistema democrático, olvido que se defendía y continúa defendiéndose como necesario para construir el futuro. Parte de este objetivo asumía que los definidos como los dos bandos del conflicto civil eran igualmente responsables de lo acaecido y que, por lo tanto, era mejor cerrar cuentas y olvidarse de lo ocurrido. De esta concepción deriva la Ley de Amnistía, en que todas las violaciones quedaron amnistiadas, ley que se considera determinante para que ocurriera la Transición, supuestamente modélica. Hay que señalar que, aun cuando las derechas fueron las que promovieron esta versión de la Transición, muchos elementos importantes fueron también asumidos por grandes sectores de las izquierdas, lo cual contribuyó a que tal percepción se reprodujera casi como un dogma.

Tal dogma, sin embargo se basó en una falsedad. La Transición no fue modélica como tampoco lo fue la democracia que estableció. Fue un proceso realizado bajo el dominio de las fuerzas conservadoras y por los aparatos heredados del régimen anterior, liderados por la monarquía, y claramente enquistados en el Estado español. No fue una Transición pactada entre iguales: antes al contrario. Las izquierdas acababan de salir de la cárcel o de la clandestinidad y del exilio.


Su peso procedía de las enormes movilizaciones de la clase trabajadora y otros elementos de las clases populares que presionaron para que terminara aquel régimen. De ahí que, aun cuando el dictador murió en la cama, la dictadura muriera en la calle. No obstante, las izquierdas no tenían el poder ni para romper con aquel Estado ni para negociar en bases de igualdad, dando lugar al enorme sesgo conservador que existe, no sólo en las estructuras del Estado, sino también en las instituciones financieras, económicas, culturales y mediáticas del país. Es este poder el que explica las enormes insuficiencias del Estado del bienestar español, que 33 años después de terminar la dictadura todavía tiene el gasto público social más bajo de la UE-15. La democracia incompleta ha conducido a un bienestar claramente insuficiente.

No hay un indicador mejor de lo inmodélica que fue la Transición y de las enormes limitaciones que tiene la democracia española que lo que ocurrirá esta próxima semana. El Tribunal Supremo juzgará al único juez que se ha atrevido a exigir al Estado que encuentre a los desaparecidos durante la brutal represión de los golpistas sublevados contra las fuerzas democráticas, honrándolos, a la vez que denunciando a los responsables. Esta situación cubre de vergüenza a toda España.

¿Cómo puede España presentarse como una sociedad democrática cuando ocurre este hecho que culmina un proceso que reproduce una de las mayores injusticias que ha ocurrido en el siglo XX en Europa? España es el país donde ha habido un número mayor de desaparecidos por causas políticas en Europa sin que se haya hecho nada sobre ello. Y cuando se quiere hacer algo, el Estado (nada menos que el Tribunal Supremo) quiere cerrar el caso y castigar al juez que osó mirar bajo la alfombra e intentar hacer algo de limpieza, reconociendo además a aquellos que fueron asesinados por su compromiso con la democracia. La comparación de lo que está ocurriendo en España con lo sucedido en otros países que sufrieron dictaduras fascistas o fascistoides semejantes es un indicador más del enorme subdesarrollo democrático de este país. En ningún otro país ha habido la ocultación de esta enorme represión, dejando indefensos a las víctimas y a sus familias, que no pueden ni siquiera honrar a sus muertos (que son los muertos de todos los demócratas) por no saber dónde se encuentran. El contraste entre el comportamiento del Estado español hacia las víctimas del terrorismo de ETA y el de las víctimas de las fuerzas golpistas y del Estado terrorista es bochornoso (no hay otra manera de definirlo).

Esta situación es indignante y vergonzosa. El Tribunal Supremo no es consciente del enorme desprestigio que el enjuiciamiento de Garzón por el caso de los desaparecidos significa para la Justicia española y para el Estado español. En el programa de humor de mayor audiencia en Estados Unidos se señalaba que, en la misma manera que Bolivia, sin mar, tiene Ministerio de Marina, España tenía Ministerio de Justicia. ¿No se dan cuenta de la vergüenza que están originando los miembros del Tribunal Supremo con su comportamiento, en el ámbito internacional? Por mera coherencia democrática debería haber manifestaciones a lo largo del territorio español en protesta por el insulto que el enjuiciamiento de Garzón supone a todas las fuerzas democráticas de España y del mundo.


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miércoles, 18 de enero de 2012

ACTO EN SOLIDARIDAD CON EL JUEZ BALTASAR GARZÓN

Jiménez Villarejo: “Sentar en el banquillo a Garzon, una victoria de la corrupción contra la democracia”
– 15 enero, 2012

Jiménez Villarejo: ”El juez Garzón es inocente diga lo que diga el Tribunal Supremo”.

Igual de tajante. Y, si cabe, con mayor rotundidad y claridad aún. El ex fiscal Anticorrupción, Carlos Jímenez Villarejo dirigió con firmeza su dedo acusador contra el Tribunal Supremo por “los juicios de la vergüenza” contra el juez Baltasar Garzón, en el acto que reunió a más de mil demócratas en la tarde del sábado 15 de enero, en el auditorio Marcelino Camacho, de CC.OO. “Lo que afirmé en el Paraninfo Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina en abril del pasado año – afirmó – tiene plena actualidad: el Tribunal Supremo se ha constituído en un instrumento al servicio de la actual expresión del fascismo español”. Pero, además, poniendo en sus palabras todo el peso de su impecable trayectoria de hombre que dedicó toda su vida al Derecho, proclamó una suerte de sentencia inapelable porque está dictada por la mayoría de la sociedad española:” El juez Garzón es inocente diga lo que diga el Tribunal Supremo”.

Jiménez Villarejo puso de relieve que “sentar al juez Garzón en el banquillo”, supone “una manifestación del deterioro de la justicia y una victoria de la corrupción sobre la democracia. Estamos ante un hecho doloroso e impresentable de un sistema democrático de justicia”. Pero, aunque, recalcó, “las víctimas del franquismo están más desamparadas”, añadió que el alto tribunal “debe saber que el inicio del juicio contra Garzón será el inicio del juicio al Tribunal Supremo por parte de los ciudadanos”. Al Tribunal Supremo – subrayó – “va a exigírsele independencia e imparcialidad. La vista se desarrollará ante la mirada de los familiares de las personas que perdieron su vida en el genocidio, ante la mirada de los familiares de los condenados por el Tribunal de Orden Público, ante la mirada de todos los que repudian la impunidad absoluta del pasado totalitario de España”.

Sin embargo, afirmó que “el juez Garzón tiene una dignidad que no sólo está intacta sino que se ha acrecentado. Garzón hizo lo que tenía que hacer, al intentar investigar los crímenes del franquismo. Ha desmantelado redes de corrupción, como la Gürtel, y ha peleado sin descanso por la justicia universal. Por eso será inocente y dará igual su linchamiento a los ojos de los ciudadanos”.

García Montero: Los juicios contra Garzón, un síntoma de la corrupción del sistema
El acto, al que asistieron, entre otros, el diputado por Asturias Gaspar Llamazares, el ex rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, la actriz Pilar Bardem, y el poeta Marcos Ana, al que, días atrás, se otorgó el Premio Internacional de los Derechos Humanos, comenzó con la intervención de Luis García Montero, poeta y catedrático de la Universidad de Granada.

Reiterando lo que había expresado la víspera ante la sede del Tribunal Supremo, donde se concentraron un centenar de personas convocadas por “Solidarios con Garzón”, García Montero denunció que los juicios contra Garzón son “un síntoma de la corrupción del sistema” y suponen “un mensaje para quienes se atrevan a perseguir la corrupción; un aviso de que se atengan a las consecuencias porque va a ser perseguidos. Garzón será la última víctima del franquismo”.

Manifiesto contra “los juicios de la vergüenza”
Después intervino Jaime Ruiz Reig, presidente de AMESDE (Asociación para la Memoria Social y Democrática) y de la Asociación para la Memoria Social y Democrática, presidente, asimismo, de la sección de Educación del Ateneo de Madrid, y ex diputado de la Asamblea de Madrid por IU. Jaime Ruiz dió lectura al Manifiesto “Contra los juicios de la vergüenza”, suscrito por las asociaciones que integran “Solidarios con Garzón”, en el que se afirma que “perseguir al único juez que se ha atrevido a calificar como criminales y actuar penalmente contra quienes inspiraron y ejecutaron el golpe militar de 1936 y la subsiguiente política de exterminio no va a impedir que sigamos reclamando la investigación y la verdad, el reconocimiento y la reparación a la que tienen derecho todas las víctimas del totalitarismo según el derecho internacional”.

En otro de sus párrafos, el manifiesto leído por Jaime Ruiz, que se refirió también al caso de los “niños robados”, recuerda las palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de “Las venas abiertas de América Latina”, “somos más de los que dicen que somos” para señalar luego que “somos más los que estamos dispuestos a impedir este atropello y todos los que puedan producirse, porque formamos parte de una ciudadanía democrática y responsable, dispuesta a defender las libertades y los derechos sociales”.












Asistieron, entre otros, el diputado por Asturias Gaspar Llamazares, el ex rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, la actriz Pilar Bardem, y los poetas Marcos Ana, y Luis García Montero. ©Germán Gallego|

Araceli Manjón: “La justicia española está herida de muerte”
Asimismo, se escucharon las palabras de otros integrantes de “Solidarios con Garzón”. Entre ellos, la abogada Araceli Manjón, quien, tras detallar con precisión las tres causas abiertas contra Garzón, denunció que “se ha violentado el derecho como nunca se ha había hecho en España y se ha torcido el brazo a la ley”, ya que, con la participación de los mismos magistrados en los tres juicios se está produciendo “una promiscuidad procesal que no se puede comprender”. Y sentenció que “la justicia española está herida de muerte, pase lo que pase”.

También testimoniaron su apoyo al juez Garzón el nonagenario luchador Gervasio Puerta, presidente de la Asociación de Ex Presos y Represaliados Políticos, Javier Montero, del Foro por la Memoria, y Julián Rebollo, de la Plataforma contra la impunidad del franquismo, que subrayó que “lo que está en cuestión es la memoria histórica sobre el genocidio” y “el pueblo es el que debe juzgar y no los jueces”. Y también lo hizo Marcial Muñoz, nieto y sobrino de fusilados por la dictadura, uno de los primeros españoles que luchó para poder registrar la muerte de sus familiares. Con la voz entrecortada por la emoción, relató el calvario que tuvo que recorrer por los juzgados, tras haber sido rechazada su petición por una jueza de Toledo, hasta que pudo llegar al juez Garzón que atendió su justa reclamación. Para él está claro que estamos ante “una caza de brujas por jueces que algo deben de temer; una conspiración con el objetivo de destruir a una persona”.

Carlos Slepoy: “La impunidad del franquismo tiene los días contados”
Desde la silla de ruedas en la que se encuentra postrado, alzó también su voz de apoyo al juez Garzón uno de los abogados argentinos que con mayor fuerza simbolizan la persecución judicial de los crímenes de las dictaduras: Carlos Slepoy Prada. Premio Internacional de los Derechos Humanos, secuestrado y torturado por la tristemente famosa “Triple A”, creada por quien fue llamado “el brujo”, José López Rega, hombre de confianza de la presidenta argentina María Estela Martínez de Perón, autor de querellas criminales que supusieron la condena del general Videla y de los militares Scilingo y Cavallo y de la detención en Londres del dictador chileno Augusto Pinochet, reside en España desde 1977, tras haber permanecido en prisiones argentinas desde 1974.

En el “Auditorio Marcelino Camacho”, Carlos Slepoy dio cuenta a los asistentes de la tramitación por parte de la jueza argentina María Servini de Cubría de las querellas interpuestas contra los integrantes de los Gobiernos de Franco y otros cargos de la dictadura como autores de crímenes de lesa humanidad, así como contra quienes formaron parte voluntariamente de los pelotones de fusilamiento que dieron muerte el 25 de septiembre de 1975 a militantes de organizaciones antifranquistas.

A partir de estos datos, afirmó que “la impunidad del franquismo tiene los días contados”. Y, refiriéndose en concreto a los juicios contra el juez Garzón añadió:”Cuando más se avance en este dislate, cuanto más se enfanguen en este lodazal, más esperanza habrá para las víctimas”.

“Nosotros acusamos: Los prevaricadores son quienes se oponen a la investigación de los crímenes del franquismo”
El Tribunal Supremo ingresará definitivamente en la historia universal de la infamia: el juez Baltasar Garzón va a ser sometido a juicio por pretender investigar los crímenes del franquismo. ©Germán GallegoTras ellos, José Sacristán, un actor comprometido desde la dictadura franquista con las libertades y la democracia, dio lectura a otro manifiesto titulado “Nosotros acusamos”, que comienza con una evocación borgiana implacable:”El 24 de enero de 2012, el Tribunal Supremo de España ingresará definitivamente en la historia universal de la infamia: el juez Baltasar Garzón va a ser sometido a juicio por pretender investigar los crímenes del franquismo. La inaudita persecución judicial que este juez está sufriendo excede a su persona. Sin perjuicio del odio visceral que trasluce el dislate jurídico que algunos magistrados han puesto en marcha, es el propósito de enterrar la posibilidad de juzgar dichos crímenes lo que explica el desafuero que están cometiendo”.

El manifiesto denuncia que se impute al juez Garzón “haber dictado resoluciones injustas por haber tenido la osadía de pretender investigar crímenes que sólo se explica que aún no estén juzgados por la impunidad que se ampara en la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, cuya declaración de nulidad ha sido instada por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, entre otros organismos”. Y sitúa la grave contradicción que supone el hecho de que, “en el colmo del despropósito”, quien juzga a Garzón es “el mismo Tribunal Supremo que juzgó – y condenó a más de mil años de prisión- al represor argentino Adolfo Scilingo por crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina, sosteniendo que éstos pueden y deben ser enjuiciados por ofender a la comunidad internacional, siendo inhábiles cualesquiera leyes que los amparen…”.



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domingo, 18 de septiembre de 2011

"LA VOZ DORMIDA" DE DULCE CHACÓN LLEVADA AL CINE POR BENITO ZAMBRANO

“La voz dormida”, de las páginas de Dulce Chacón a la gran pantalla con Benito Zambrano


Justo antes de irse a rodar Habana Blues a Cuba hace tres años, Benito Zambrano leyó la novela -que le “impresionó muchísimo”- de Dulce Chacón, muerta en el 2003. Zambrano conoció a la escritora segedana en el hospital, días antes de que ella supiese que tenía cáncer. En la segunda y última ocasión en que conversaron, Zambrano le contó que quería hacer algo con su obra.

Quienes ya han visto la película dicen haber presenciado una “maravilla”; las localizaciones, el reparto, los detalles, el reflejo de los ideales.

La película cuenta la historia de Pepita, una muchacha que tratará por todos los medios que pospongan la ejecución de su hermana Hortensia, comunista, embarazada y encarcelada en el Madrid de posguerra. Tendrá que luchar además por defender su amor hacia Paulino, valenciano de familia burguesa que lucha junto a su cuñado en la sierra madrileña.

Se estrenará el próximo 21 de octubre y es una de las candidatas españolas a los Oscar. Si la cinta refleja el espíritu del libro – y así lo aseguran algunos de quienes la han visto -, puede que estemos ante una de las mejores películas españolas de los últimos años.




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lunes, 18 de julio de 2011

18 DE JULIO DE 1936. LA FECHA DE UNA TRAICIÓN, EL COMIENZO DE UN GENOCIDIO




Belén Meneses | Kaosenlared |




18 de julio de 1936. La fecha de una traición

Cuando hace setenta y cinco años el general Franco lideró la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la República que había jurado defender, además de abocar al país a tres largos años de muerte y destrucción, estableció la dolorosa realidad, aún vigente, de las dos Españas.
Para una España, el 18 de julio de 1936, es la fecha en que se perpetró la mayor traición contra la soberanía de un pueblo que había decidido romper las cadenas de siglos de tiranía y opresión, y libremente, reconducir su destino por el sendero de la igualdad y la justicia social. Aquel fatídico día se consumó una violación contra la legalidad y se llevó a cabo un brutal atentado contra la libertad. El 18 de julio de hace setenta años supuso el comienzo del desmantelamiento del Estado de derecho, de la pérdida de las libertades conquistadas durante la II República y el inicio del mayor acto de genocidio perpetrado por unos españoles contra otros.


Para la otra España, el 18 de julio de 1936, fecha del Glorioso Alzamiento Nacional, representa el punto de partida de la depuración de elementos indeseables que hacían peligrar la integridad de la patria. La gran Cruzada contra el “terror rojo” que amenazaba los privilegios de las oligarquías financieras, aristocráticas, eclesiásticas y militares.




Uno de los argumentos más recurrentes utilizados por quienes padecen una paranoica tendencia a justificar el alzamiento del 18 de julio, consiste en imputar a los dos bandos igual responsabilidad en el inicio del conflicto y apuntar que ambos cometieron las mismas atrocidades, equiparando a quienes se levantaron en armas contra el Gobierno surgido de las urnas con quienes defendieron la legalidad y los valores democráticos.


En la zona republicana, las detenciones y actos violentos que se sucedieron en los momentos iniciales de la sublevación fueron perpetrados por grupos aislados y descontrolados, que en ningún caso actuaron con el apoyo o la connivencia del gobierno de la República. Una vez superado el desconcierto inicial, cuando el ejército republicano comenzó a organizarse y las autoridades gubernamentales fueron recuperaron el control de la situación, cesaron de inmediato los asesinatos e incluso en algunos casos, los autores de las brutalidades cometidas fueron juzgados y condenados por tribunales militares. Por el contrario, resulta paradójico que los mayores actos de represión, ejecuciones, torturas y violaciones se llevaran a cabo en los lugares donde inicialmente triunfó la sublevación de los rebeldes. En pueblos y ciudades donde no fue necesario un solo tiro para someter a la población bajo el yugo fascista, se emprendió una feroz cacería contra los simpatizantes de la República, cargos públicos del Frente Popular, militantes de izquierdas y todo sospechoso de no comulgar con los postulados de la España Nacional. Las matanzas, los paseos y las vejaciones y humillaciones públicas contra los rojos y sus familias, llevados a cabo por los propios militares, pistoleros falangistas y personas de bien de la localidad, pronto se tornaron en dramas cotidianos que sembraron el terror y tiñeron de sangre cada rincón ocupado por los salvadores de la patria. En aquellos dramáticos momentos, ni los más pesimistas podían siquiera imaginar que tanto sufrimiento y tanta muerte inútil, no era más que un siniestro anticipo lo que estaba por llegar.


Mención aparte merecen los representantes del clero, que en lugar de posicionarse al lado de los perseguidos y sus familias, tal como cabría esperar de una institución cuya doctrina se asienta en la caridad cristiana y la empatía con el sufrimiento ajeno, tomaron partida por los verdugos convirtiéndose en cómplices, cuando no en precursores, de la sañuda crueldad de los sicarios fascistas. Clérigos y sacerdotes, abrazaron entusiastas la causa de la Santa Cruzada, y a lo largo de los años encubrieron, ampararon y silenciaron las atrocidades de un régimen que se afianzaba bajo el palio protector de las autoridades eclesiásticas.


Resulta difícil encontrar archivos o documentos donde se recojan declaraciones de oficiales del Ejército Popular alentando al asesinato indiscriminado o al ensañamiento con el enemigo. No ocurre lo mismo en el bando franquista, donde son numerosos los testimonios escritos o radiados (los mismo militares alardeaban sin tapujos de las heroicas gestas), animando a sus tropas e incluso a la población civil a asesinar, violar y torturar. Para muestra, reproduzco algunos extractos de declaraciones efectuadas por los más destacados oficiales del Ejército Nacional, que dan nombre a las calles y plazas de nuestra geografía.



“Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Declaraciones del general Emilio Mola al comienzo de la sublevación.



“Tenemos que matar; matar y matar. Son como animales (…) Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Nuestro programa para regenerar España consiste en exterminar un tercio de la población masculina. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España”. Entrevista del capitán franquista Gonzalo Aguilera, concedida al periodista John Whitaker.


"Naturalmente que los hemos fusilado ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?" Declaraciones del general Yagüe a un corresponsal estadounidense tras la matanza de la plaza de toros de Badajoz


“Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”

"¿Qué haré? pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".

"Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar". Algunas de las arengas radiofónicas proclamadas desde Radio Sevilla por el general Queipo de Llano.
"Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta." Declaraciones de Franco al corresponsal Jay Allen.


Mientras que el Ejercito Popular republicano concentró sus esfuerzos bélicos en intentar ganar una guerra que ni habían promovido ni originado, con el objetivo de derrotar al fascismo y restablecer la legalidad constitucional de la República, los rebeldes sublevados, además de combatir para conseguir la derrota incondicional del enemigo, se entregaron con notable ardor guerrero a la noble tarea de aniquilar cualquier vestigio que pudiera suponer un foco de disidencia contra el futuro régimen. Un verdadero holocausto iniciado en aquel verano de 1936 que no terminó con la victoria de Franco. El plan de exterminio emprendido por los nacionales durante la guerra desembocó en una cruenta venganza que se prolongó durante cuarenta años de terror franquista, bajo el auspicio de un régimen que nació y murió matando y que fomentó hasta el final la división de los españoles entre vencedores y vencidos.


En memoria de todos los españoles que se mantuvieron al lado de la legalidad republicana, y aún cuando el 18 de julio sea una fecha que provoque nuestra más categórica repulsa, es un compromiso moral y una cuestión de justicia histórica recordar aquella fatídica jornada. Debemos hacerlo para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan juzgar libremente quienes fueron las victimas y quienes los verdugos; que bando defendía la legalidad y cual luchó por derrocarla; quienes defendían la democracia y quienes la combatían. Es necesario evocar nuestra historia porque no es de justicia olvidar quienes fueron los españoles que entregaron sus vidas por defender la causa de la libertad y quienes les persiguieron, encarcelaron y asesinaron por ello. Las generaciones que ignoran lo que significa sobrevivir bajo la opresión de un régimen totalitario, que han tenido la fortuna de nacer y vivir en democracia, deberían tener presente que los principios y valores que hoy compartimos y asumimos con naturalidad como incuestionables, son la herencia de aquellos vencidos, que en un ejemplo de entrega, dignidad y espíritu de lucha, sembraron la semilla ideológica que hoy sustenta nuestro sistema de libertades.


Aunque las secuelas de la historia sigan causando dolor, el pasado no puede ser enterrado por los intereses de unos y el miedo de otros. Hay que recordar por aquellos que ya no pueden hacerlo; por las esperanzas truncadas, por las almas desterradas, por los secretos obligados, por los silencios impuestos, por las familias rotas, por las vidas desgarradas, por los sueños desbaratados, por las libertades perdidas... Hay que recordar porque se lo debemos a nuestros vencidos. Hay que recordar porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, sin identidad y sin futuro.


en Kaos en la Red

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jueves, 24 de febrero de 2011

"TODOS LOS ROSTROS", EL RECUERDO DE MILLONES DE HOMBRES Y MUJERES QUE SOÑARON CON TRANSFORMAR EL MUNDO

La memoria de los vivos
Millones de hombres y mujeres, hoy anónimos y desconocidos, soñaban con transformar el mundo
Publicado el Martes 4 de enero de 2011, a las 13:15














La memoria de los vivos
Repatriation of Children At End GCE Barcelona 1939.
Foto: tomada del blog Todos los rostros.


Paco de Jerez – Todos los Rostros

Este no es el relato hagiográfico de las épicas hazañas de reconocidos próceres públicos o de valerosos hombres de guerra. Los lectores apresurados no encontrarán aquí retribución alguna para su impaciente desasosiego. Las letras que encadenadas se suceden desde ahora, son antagónicas con la premura y enemigas de la ostentación. Responden a un único propósito: contribuir al general reconocimiento de la memoria de tantos millones de hombres y mujeres, hoy anónimos y desconocidos. En algún momento de sus azarosas vidas, todos ellos soñaron con transformar el mundo pero la Maldad, el Terror y la Intolerancia, el fascismo y el nazismo patrio y foraneo, truncaron para siempre sus anhelos, aniquilaron sus existencias y borraron todo rastro de su pasado. Nacieron en miles de aldeas, pueblos y ciudades distintos; hablaron decenas de lenguas diferentes; tuvieron padres, hermanos o hijos; concibieron nuevas canciones, idearon relatos y narraciones y protagonizaron revoluciones y gestas políticas y bélicas. Pero nada sabemos de ellos.

Fueran o no asesinados en cunetas o paredones, sobrevivieran o no a torturas, palizas y malos tratos, todos ellos acabaron inexorablemente engullidos por los torbellinos del tiempo. El recuerdo de sus imperecederas peripecias vitales se ha desvanecido entre las brumas del Vacío y la Nada. Hemos relegado sus proezas, hemos arrinconado sus ejemplos, hemos postergado sus tribulaciones y hemos omitido sus quebrantos. Sólo algunos de entre los pocos supervivientes pudieron transmitirnos el testimonio difuminado de sus padecimientos. Ernesto Sempere Villarrubia fue uno de ellos. Pero otros miles, decenas de miles de ellos, fueron víctimas de un olvido eterno.

Para paliarlo en alguna medida, he oficiado de atrevido escribidor y he querido imaginar un posible encuentro entre Sempere y uno de estos anónimos desconocidos, dando forma así a un sucedido ignoto, vislumbrando una de tantas tragedias inextinguibles e invisibles, tan ficticia como probablemente real. Vaya pues desde aquí, este mi homenaje a los hombres y mujeres sin rostro, desde el blog de "Todos los Rostros".




La Memoria de los Vivos
“La vida de los muertos está en la memoria de los vivos”. Cicerón

Los años, el tiempo, el sinvivir de la prisa y los espejismos del presente socavan el cimiento del robusto edificio en el que habita nuestra memoria y lo fracturan, trasuntándolo en un destartalado chamizo, que se blanquea día a día en el yeso y la cal del olvido. De justicia es, pues, que nuestros más vívidos recuerdos sirvan para restaurar su fortaleza y que podamos apuntalar sus pilares con el dulce sentir de las gratas remembranzas a las que nos lleva la melancolía.

Por eso, cuando aún escuchamos el eco de las canciones y de los versos de Ernesto Sempere y nos sigue estremeciendo la alegre resonancia de su inquebrantable amor a la vida, sus ocho hijos, sus ocho hijas, sus quince nietos, y ante todo Otilia Luján, su esposa, nos seguimos reuniendo a la sombra de su añoranza para afianzar nuestra comunión, compartir reminiscencias, relatar chascarrillos de su factura y visitar cada una de las gratas estancias que dan forma a la entrañable morada que se yergue –sólida— con la sola evocación de su figura.

Y no falta en el relato de los acontecidos, el frecuente recurso a la narración del enigmático suceso que toda la familia –treinta y tres almas— pudo vivir y de alguna forma protagonizar hace ya para dos años, en ocasión del aniversario del jubiloso patriarca de la estirpe.

En aquel entonces, y reunidos todos para el momento festivo en la casa toledana de Cardiel de Los Montes que como solar del linaje fue adoptada en los años 60 del pasado XX, vimos como tras la sobremesa, bullanguera por la presencia de la patulea infantil, el pater familias nos rogaba silencio y demandaba nuestra atención. Con cierto misterio nos pidió anuencia, obediencia y confianza y nos solicitó que saliéramos al exterior, llenando la cardieleja Plaza del Ayuntamiento (bien llamada Plaza de España) con nuestra presencia y nuestros mudos interrogantes.

Al poco de nuestra espera –inexplicable acertijo—, un autocar de carretera de esos de diez metros y con colores, marcas y anagramas que ya no recuerdo pero que lamento no haber fijado en mi caletre, hizo su aparición en las inmediaciones de nuestro provisional vivac.

La tarde estaba limpia y luminosa y no hacía demasiado frío para estar tan bien metido noviembre. Ernesto padre (hay un Ernesto hijo, y un Diego Ernesto nieto) nos pidió, con una guitarra en la mano, una caja llena de linternas y una especie de jarrón decorado en esmalte, que ocupáramos el vehículo, el cual, en medio de la general extrañeza y por su reducida capacidad, parecía atestado de un ruidoso gentío. En su interior, y aposentados en sus butacas pudimos ver cómo Ernesto corría todas y cada una de las cortinillas, incluida una que separaba a modo de telón la zona de pasajeros con el puesto de conducción, impidiendo en todo caso la visión frontal y lateral y obscureciendo el interior del autobús como si fuera el más lóbrego de los pozos. Nos pareció que allá, a lo lejos y tras el impenetrable y tenebroso paño, el chofer mascullaba en una jerga que se asemejaba al ¿rumano?.

Al segundo, el abuelo hizo aparición volviendo a reclamar nuestra atención y nuestro silencio para dar explicación a la incógnita. Y lo que nos contó fue una suerte de argumentos tan casuales y casi tan inconcebibles que sólo pudieron ser creídos por su propia inverosimilitud. Así, nos hizo viajar en el tiempo y en el espacio retrocediendo mentalmente a finales de 1936, meses después del inicio de la guerra civil, y al momento de su fuga del hogar paterno para recalar por conciencia y por creencia en la 88ª Brigada Mixta, de inspiración anarquista.

Nos narró que se hizo compañero y salvavidas mutuo y recíproco — tras varias y cruentas acciones de guerra— de un tal Anselmo, miliciano ciudarealeño de la cuerda de Durruti. Anselmo, al parecer hombre ilustrado, puso al corriente al entonces adolescente Ernesto de sus correrías y tropelías al inicio de la guerra cuando el asentamiento del republicano frente extremeño, que pretendía ser respuesta, freno y tumba de la relampagueante guerra de columnas inventada por Franco y Queipo.

En el marasmo del inmovilismo de la posterior guerra de trincheras, Anselmo fue a parar al Monasterio de Guadalupe, antiguo cenobio requisado y convertido en hospital de retaguardia por las milicias. En una de tantas chácharas en nido de ametralladoras al abrigo del rumrum y panpan del fuego de cobertura, Anselmo contó que el claustro aún conservaba casi íntegra la biblioteca y que en la misma, tras muchos días de aburrimiento entre latines y misales, había encontrado un texto manuscrito, con letra clara y redondilla y firmado y signado por un tal Modesto Lafuente en 1838.

Tras la lectura del escrito, intitulado según parece y creía recordar “Florilegio de hallazgos y curiosidades de la antigüedad hispana en la biblioteca de la Real y Serenísima Abadía de Guadalupe”, o algo parecido, el autor (años más tarde confirmado como asentado historiador de los hechos de nuestros mayores) hacía repaso de cuanto de anecdótico o extraño encontrara en los legajos en pergamino y encuadernaciones en reseca piel de cordero que se hallaban en los anaqueles del centenario edificio. Y entre ello, Anselmo pudo leer y memorizar, para más tarde remembrar con Ernesto, algunas de las peregrinas alusiones al libertador caudillo lusitano-vettón Viriato trascritas por Lafuente tras toparse con ellas en originales arábigos, que a modo de traducciones del latín de un ya perdido para siempre libro de Apiano, el historiador pudo leer y nunca más volvió a hallar, ya que Don Modesto fue preso por giris cristinos o isabelinos de Cáceres al inicio del mil y ochocientos treinta y nueve al ser confundido con un agente carlista del general Maroto. La captura del afamado “espía” fue celebrada por los guardias isabelinos con la quema de su material de lectura, y el acaso sólo salvó inadvertidamente para extraños y propios el Florilegio, que quizá hubiera debido por su falta de mérito ser canjeado por cualquiera de las antiguallas que se convirtieron en flamante tea.

Anselmo pudo leer en las letras de Don Modesto que Viriato, a diferencia de otros muchos caudillos lusitanos y vettones, no fue incinerado por sus clientes y adeptos sino que, armado y pertrechado, fue sepultado en secreto en una cueva de considerable amplitud bajo una enorme laja de piedra granítica junto a una loma en las cercanías de una elevación llamada Monte de Venus, en aquel entonces ignoto paraje de paradero desconocido.

Entre conversaciones varias centradas en el misterio de la tumba de Viriato y en su alucinador ejemplo como un Espartaco celtibérico y adalid de la lucha contra el imperialismo de la época, y tras escaramuzas frecuentes y graves heridas en el frente, Ernesto –con un cascote de granada en la rodilla— vio desvanecida la pista de Anselmo pues fue evacuado a un hospital de Ciudad Real, donde hallado por su padre, también Ernesto, quedó integrado en un Batallón de Ingenieros, el 36º de Obras y Fortificación. Perdida la guerra y el progenitor, Ernesto nunca volvió a cruzar los pasos con Anselmo en sus largos años de penar por las prisiones y los batallones de forzados del General, hasta que la casualidad quiso que tras una larga pausa de mutuo asombro por los insospechados surcos que traza el tiempo en los semblantes, se reencontrarán y reconocieran en un humeante bar de Hinojosa de San Vicente en los años 70.

Anselmo contó a Ernesto que vivía en un chozo ubicado en un lugar de difícil y casi críptico acceso, en una parcela que un vecino apiadado de su solitaria miseria le había cedido, la cual se encontraba a mitad de camino, o no, quién sabe, en un cuadrado o trapecio virtual que pudiera tener como vértices los pueblos serranos de El Real, Castillo de Bayuela, Garciotún y Nuño Gómez, todos ellos toledanos. Y le dijo que, sin oficio ni beneficio, su único horizonte desde hacía ya veinte años era la búsqueda, sin descanso y sin fruto del sepulcro del lusitano. Anselmo y Ernesto, de tapadillo, vertieron lagrimas por los muchos camaradas ausentes y murmuraron viejas canciones ácratas mientras refrescaban tinto peleón de Lucillos. En el interín, Ernesto se cuidó de que Anselmo comiera (muy desnutrido estaba el aprendiz de Schulten) y le donó el peculio íntegro que en ese momento portaba en el monedero.

Y ése fue el último día que pudo ver y hablar con Anselmo, ya que el iluminado desapareció como sal en día de lluvia y nunca más se dio con sus huellas, a pesar de recorrer Ernesto para su localización los mesones y bares de toda la sierra de San Vicente. Y el misterio continuó hasta el inicio del año 2004.

En febrero, Ernesto recibió un aviso del juez de paz de El Real, el cual portaba una caja con una urna y un sobre cerrado a conciencia. La urna contenía las cenizas del loco Anselmo, encontrado muerto en una cuneta de la carretera de lleva a San Román desde Hinojosa. El sobre fue abierto por Ernesto en la intimidad de su casa solariega de Cardiel, junto a la presencia de la abuela Otilia, siempre reconfortante por la tristeza del fúnebre momento. En su interior se encontraba una medalla al valor en acción de guerra con la estrella roja del Ejercito Popular de la República, un trozo de un mapa de carreteras con un lugar de la sierra marcado con un punto o más bien un agujero, y una antigua moneda, de un tono verde herrumbroso, liada con varias vueltas de la cinta tricolor de la medalla. En su única cara visible pues el reverso era un manchón indescifrable, la moneda reflejaba claramente la silueta de un verraco, en todo punto igual o similar al que hoy mismo puede contemplarse en la plaza de Castillo de Bayuela que se encuentra junto al Club de Pensionistas.

Y aquí, Ernesto calló en el relato de su historia, sobrecogido por el recuerdo del amigo desaparecido y de tantos y tantos otros que se fueron quedando en las fosas y entre las rejas de un país convertido en gigantesco penal. Y permaneció largos minutos en silencio entre un mudo y contenido llanto, que fue respetado por grandes y chicos en abierta estupefacción.

Al poco, el autobús frenó, y Ernesto, descorriendo el telón frontal nos invitó a bajarnos en mitad de una nada irreconocible que, entre monte bajo, chaparral, encinas y retamas, decoraba nuestro nuevo escenario. Sin decir palabra y resollando por el esfuerzo, el abuelo Ernesto nos invitó por medio de perentorias señas a seguirle por una trocha deslavazada que se adivinaba en el terreno. Anduvimos más de veinte minutos a través de hondos regueros y empinados cerrillos, en una orografía ciertamente difícil, entre protestas de los chiquillos y sorpresa de los mayores, que se veían obligados a superar con espíritu deportista los numerosos tapiales de piedra de la zona con los que nos cruzamos. Ante el asombro de todos, tras un velo de retamas y bajo el natural dosel de una espesa arboleda de encinar nos encontramos con una gran piedra en forma de gigantesca boina y rodeada de pequeños brotes de chaparros. Tras recorrerla en todo su perímetro, seguimos al abuelo Ernesto hasta uno de sus extremos. Agachándose, procedió a apartar una mata de chaparro seco y desgajado que en él se encontraba y nos ofreció a la vista un sombrío agujero de poco menos de un metro de anchura por el que con obediencia casi religiosa y en medio de la máxima quietud, fuimos bajando a una profundidad inmedida entre el estupor y la parálisis general, alumbrados por las escasas candelas de potencia de los focos portátiles que llevábamos.

Y allí, mudos de espanto, pudimos contemplar un amplio espacio en el que, a modo de gruta natural pero reforzado en sus límites exteriores por gruesos sillares de piedra trabajados por el hombre, en su centro exacto se hallaba un sepulcro de piedra serrana, horadado antropomórficamente, sin tapa ni losa que lo recubriera. Viejos caracteres, similares pero no del todo iguales a letras latinas, horadaban los laterales del rústico sarcófago y en su interior reposaban los restos humanos de un antiguo guerrero, recubierto de cotas de planchas de hierro y yelmo de bronce, armado con la corta espada ibérica y protegido con un pequeño escudo circular que parecía estar amarrado a su torso.

El caudillo lusitano o vettón, pues de Viriato se trataba naturalmente, dormía el milenario sueño de los que dignamente y con honor habían luchado por la libertad de los suyos. Por ello, en perpetuo sigilo y con la máxima reserva, todos fuimos a rendirle nuestro homenaje y pleitesía, sintiéndonos extrañamente transportados entre neblinas espirituales a un lejano pasado que se nos hacía a cada momento más cercano y perturbador.

Entre la general omisión de la palabra y la parquedad de nuestros movimientos, nadie se alarmó cuando, emocionado, el abuelo Ernesto procedió ceremoniosamente a depositar el jarrón esmaltado, en realidad la urna funeraria con las cenizas de Anselmo, en el interior del sarcófago, entre los pies esqueletizados del rebelde. A continuación, tomó la guitarra, su propia guitarra, y la reclinó a la vera del sepulcro para de seguido extraer del interior de la caja de linternas una fina placa de mármol negro huecograbada, en la que pudimos leer y reconocer de un somero vistazo algunos de los versos de su “Canto a la Sierra de San Vicente”. Enlazados todos en un encadenado abrazo, algunos sollozábamos y otros, sobrecogidos, sonreían con incontenible euforia.

Tras unos minutos de recogimiento, el abuelo nos hizo salir, despacio y calmosamente y allí, en el exterior, a la sombra de unas encinas cuyo número, tamaño y localización no sabríamos marcar nunca en un mapa, allí el abuelo sacó del bolsillo de su abrigo verde de caza una pequeña botella de vino. Escanció un poco sobre la laja curva de piedra, otro poco junto a las cepas de las encinas protectoras y otro en el coleto de su garganta y tras ello, brindó con voz queda y entre lágrimas: “Por el héroe, por Anselmo, por los míos, por los amigos ausentes, por todos nosotros………”.

Volvimos a colocar la seca mata de chaparro ocultando la entrada y todos colaboramos en buscar más ramaje que pudiera ocultar las trazas de nuestras huellas. Hicimos el camino de retorno en busca del autocar del ¿rumano? con alegría pero en medio de una general circunspección que sólo ocultaba lo abrumados que nos sentíamos por convertirnos en los custodios de tan gran secreto. Ese secreto nunca hasta hoy ha sido revelado por ninguno de nosotros y sólo un consejo de familia ha permitido la difusión de su contenido.

Ernesto Sempere Villarrubia –poeta, escritor y compositor— falleció en Cardiel de los Montes (Toledo) el 13 de enero de 2005, rodeado de los suyos. Todos nosotros, y ante todo nuestra madre Otilia Luján Cuadrado, nos sentimos orgullosos de los protagonistas históricos o inventados de esta narración, quizás imaginada. El recuerdo vivo de nuestro padre y marido Ernesto es el vínculo que nos une al pasado sin rupturas y sin etapas, con plena conciencia de su imperecedera permanencia en el presente. Porque en él está vivo, ya que reside para siempre en nuestra memoria.

Post Scriptum: "La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados". Jean Paul Richter



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