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jueves, 26 de enero de 2012

FRAGA, UN HOMBRE DE ESTE ESTADO

Fraga Iribarne murió. En la muerte de un enemigo. Un hombre de este Estado
Miguel Romero · · · · ·

22/01/12









Hay días en los que los medios de comunicación lanzan conjuntamente, con rarísimas disonancias, un humo que te ensucia las manos, los oídos y los ojos. Más que de costumbre. Hay noticias que invitan a apagar la radio. Es fácil imaginar lo que se escuchará a continuación: será indignante y la indignación se te quedará dentro, compartida sólo con amigos, sin poder convertirla en alguna forma de grito o acción colectiva, con un sabor amargo de derrota o de recuerdo de una derrota.

Pero no apagué la radio la mañana del lunes día 16 después de escuchar la noticia de la muerte de Fraga. Y lo que vino después, no por esperado, fue menos nauseabundo. El hombre que organizó odiosas campañas de difamación contra la memoria de torturados y asesinados por la dictadura, como Julián Grimau y Enrique Ruano; el modernizador del aparato de propaganda y encubrimiento del franquismo; el responsable político de las matanzas de Vitoria y Montejurra; el referente y aglutinador del "franquismo sociológico" en los primeros tiempos de la Transición; el autor de la reconversión del caciquismo gallego en un aparato de poder; el fundador de un partido que representa un éxito póstumo del "atado y bien atado" de la herencia franquista...En fin, este personaje odioso cuyo justo destino hubiera sido la condena por colaboración necesaria en los crímenes del franquismo, ha sido presentado por políticos y periodistas de los más variados perfiles del establishment como un "padre de la patria" al que sus excelsas virtudes disculpan sobradamente de lo que, finalmente, no fueron más que expresiones de su "carácter volcánico" (sic); un tipo además lleno de nobles sentimientos, amante del jamón ibérico y de la empanada de berberechos, experto jugador de dominó... En medio de esta porquería, terminó sonando digno el recuerdo de Carrillo a Grimau, envuelto eso sí en los tradicionales elogios de velatorio de la hermandad parlamentaria. Y destacó por lo ridículo una anécdota que contó Alfonso Guerra y que vale la pena resumir: el día de constitución del primer Parlamento "democrático", Guerra vio venir por el pasillo de las Cortes a Fraga y pensó: "¡Este se me echa al cuello!". Consciente de que su imagen quedaba poco aguerrida, se apresuró a añadir: "¡O yo me echo al cuello de él!". Pero hete aquí que cuando se encontraron, Fraga le dijo: "Buenos días". A lo que Guerra respondió: "Buenos días". Y en ese instante mágico, esta figura emblemática del socialismo español concluyó: "Entonces pensé: ¡esto va a funcionar!". Pues efectivamente, esto ha funcionado y de qué manera. Sin ir más lejos, el pasado 20-N.






Toda esta hagiografía funeraria no es en absoluto banal. La historia oficial sirve para ocultar la historia real. Fraga embalsamado desplaza al Fraga despiadado, vengativo especialmente con quienes combatían a su régimen. Uno de ellos, el psicoanalista Francisco Pereña, que fue militante del FLP, escribe en su último libro, Incongruencias, lo siguiente: "... me enteré de que Fraga Iribarne había escrito un editorial o comunicado, que nunca tuve ocasión de leer, en el periódico falangista Arriba, en el que no sólo me desmentía sino que me calumniaba por el uso que yo hacía sobre la falsa denuncia o el falso testimonio de mi tortura. Este personaje, al que se me puede permitir calificar de desvergonzado, no sólo negaba que yo hubiese sido torturado, sino que lo denunciaba por no sé qué consigna o estrategia de destrucción y calumnia mía a la policía española. La policía me había torturado con impunidad, impunidad consagrada y sancionada por un juez, y ahora encima un canalla me calumniaba en público por haber manifestado a un abogado que fui torturado. El odio a este señor, a Fraga Iribarne, representante genuino de la desfachatez y la desvergüenza franquistas, se instaló en mí de modo permanente como protesta contra ese ejercicio, en el que se empeñó Fraga Iribarne, por acallar los gritos que surgieran de algún corazón dolorido a fin de que no llegaran a oídos de nadie. El grito del paria, al que se refería Heinrich Heine, debía ahogarse en esa mudez. Esa era la tarea de ese siniestro personaje".

Éste es un pequeño retazo de la historia real de Fraga Iribarne. Una historia, como tantas otras, amputada de la memoria colectiva, al servicio de un rasgo constituyente de la España franquista que forma parte del legado transmitido por la Transición y que el propio Pereña define así: "Este país quedó desposeído de mala conciencia". Y añade: "No hay aberración social mayor". Ante cualquier riesgo que turbe la conformidad establecida sobre el dogma de que la historia ha funcionado de la mejor, y en realidad única, manera posible, se produce inmediatamente un movimiento de consenso reactivo que restablece el orden. Aquí también, "no hay alternativa".

Gregorio Peces Barba, que exhibe cuando le conviene su condición de amigo de Enrique Ruano, ha pasado de puntillas sobre su memoria en el elogio fúnebre a Fraga Iribarne. El recuerdo hubiera estropeado la peana en la que le coloca como "hombre de Estado". Espléndida definición. Está perfecta así, en singular, sancionando la equivalencia entre el Estado del franquismo y el Estado de la Transición: Fraga pudo servir sin mayores contradicciones y en puestos de alta responsabilidad a esos dos Estados precisamente porque tienen fundamentos comunes, porque el Estado "democrático" nació contaminado del barro y la sangre de la dictadura.

"Un demócrata" canta el coro plañidero. Y es que en el discurso del poder "hombre de Estado" y "demócrata" son términos equivalentes. Cuánta razón lleva Jacques Rancière cuando en una entrevista en Público (15/01 /2011) reclama la necesidad de repensar "completamente lo que democracia, en el sentido fuerte del término, significa". Y añade: "La democracia no es una forma de Estado. Es la realidad de un poder del pueblo que no puede coincidir jamás con una forma de Estado". El lenguaje del 15-M viene a decir lo mismo a ras de tierra: "Lo llaman democracia y no lo es". Hace tiempo que no lo escuchamos masivamente. La exaltación póstuma de Fraga nos recuerda hasta qué punto es necesario volver a ocupar las calles que deberían ser nuestras.

El odio es un sentimiento inquietante, incluso cuando está justificado. Aún con esa inquietud, odio a Manuel Fraga Iribarne. Mientras han estado y estén en el poder esa gente, esos "hombres (y mujeres) de Estado" que se han unido en "comunión democrática" en homenaje a uno de los suyos, nuestros muertos no descansarán en paz.



P.D: He escrito esta nota recordando a Enrique Ruano, amigo y camarada, sinónimos en aquellos tiempos.



Miguel Romero es editor de VIENTO SUR



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martes, 24 de enero de 2012

CONMEMORACIÓN DEL 35 ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE ATOCHA







Este martes se conmemora el 35 aniversario del asesinato de los Héroes de Atocha
24 enero, 2012


El 24 de enero de 1977 hace ya 35 años, un grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el despacho de abogados laboralistas de CCOO y del PCE situado en el número 55 de la calle Atocha y ametrallaron a las nueve personas presentes. Fallecieron los abogados, Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Serafín Holgado y el sindicalista Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Alejandro Ruiz Huertas, Mª Dolores González, Luís Ramos y Miguel Sarabia.

A lo largo de estos años desde CCOO se ha impulsado, entre otras muchas cuestiones, actos y propuestas para dar a conocer lo que ha supuesto la lucha de estos compañeros por la libertad y por la democracia.

Fruto de estas propuestas, es el hecho de que cerca de 30 pueblos de nuestra comunidad incluido Madrid capital, tienen un reconocimiento, -un parque, una calle, una plaza, un monumento, un centro de formación, etc.- dedicado a estas víctimas del terrorismo.

Por ello, cada año que pasa los que militamos en CCOO nos sentimos más orgullosos de haberlos tenido como compañeros.Actos conmemorativos del 35 Aniversario, el martes 24 de enero:

- A partir de las 8,45 horas, visita a los cementerios de Carabanchel y San Isidro

- 10,00 horas Ofrenda de coronas en el portal de Atocha 55 y minuto de silencio en la Plaza de Antón Martín, al lado de el monumento de “El Abrazo” de Juan Genovés

- 11,00 horas, en el Auditorio “Marcelino Camacho”, Lope de Vega 40. Entrega de los premios Abogados de Atocha por parte del patronato de la Fundación Abogados de Atocha. En esta su octava edición se propone premiar a:

¬ José Luis Sampedro (Escritor, humanista y economista)

¬ Fiscalía General de Guatemala



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viernes, 20 de enero de 2012

GARZÓN Y LA TRANSICIÓN




Garzón y la Transición


Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Ilustración de Mikel Jaso

Una de las concepciones más extendidas en los círculos políticos y mediáticos de mayor influencia y difusión en España es que la Transición de la dictadura a la democracia fue modélica. Liderada por el monarca, tal Transición dio como resultado –según esta versión– una democracia homologable a cualquier otra democracia existente en Europa, lo cual se consiguió sin mayores convulsiones en las instituciones políticas, económicas, financieras y mediáticas del país. El supuesto éxito de tal proceso explica que se haya querido incluso exportar este modelo de Transición a otras dictaduras que estaban bajo presión para que se transformaran en sistemas democráticos. Varias veces, el ministro de Asuntos Exteriores ha sugerido a dictaduras en declive, y a sus opositores democráticos, que tomaran la Transición española como punto de referencia.

La misma concepción que valora la Transición española como modélica (elemento fundamental de la sabiduría convencional existente en el país sobre aquel proceso), también considera ejemplar el compromiso adquirido por las fuerzas políticas mayoritarias de no hurgar en el pasado. Es decir, olvidarse de las enormes violaciones de los derechos humanos, predominantemente realizadas por las fuerzas golpistas en contra de un sistema democrático, olvido que se defendía y continúa defendiéndose como necesario para construir el futuro. Parte de este objetivo asumía que los definidos como los dos bandos del conflicto civil eran igualmente responsables de lo acaecido y que, por lo tanto, era mejor cerrar cuentas y olvidarse de lo ocurrido. De esta concepción deriva la Ley de Amnistía, en que todas las violaciones quedaron amnistiadas, ley que se considera determinante para que ocurriera la Transición, supuestamente modélica. Hay que señalar que, aun cuando las derechas fueron las que promovieron esta versión de la Transición, muchos elementos importantes fueron también asumidos por grandes sectores de las izquierdas, lo cual contribuyó a que tal percepción se reprodujera casi como un dogma.

Tal dogma, sin embargo se basó en una falsedad. La Transición no fue modélica como tampoco lo fue la democracia que estableció. Fue un proceso realizado bajo el dominio de las fuerzas conservadoras y por los aparatos heredados del régimen anterior, liderados por la monarquía, y claramente enquistados en el Estado español. No fue una Transición pactada entre iguales: antes al contrario. Las izquierdas acababan de salir de la cárcel o de la clandestinidad y del exilio.


Su peso procedía de las enormes movilizaciones de la clase trabajadora y otros elementos de las clases populares que presionaron para que terminara aquel régimen. De ahí que, aun cuando el dictador murió en la cama, la dictadura muriera en la calle. No obstante, las izquierdas no tenían el poder ni para romper con aquel Estado ni para negociar en bases de igualdad, dando lugar al enorme sesgo conservador que existe, no sólo en las estructuras del Estado, sino también en las instituciones financieras, económicas, culturales y mediáticas del país. Es este poder el que explica las enormes insuficiencias del Estado del bienestar español, que 33 años después de terminar la dictadura todavía tiene el gasto público social más bajo de la UE-15. La democracia incompleta ha conducido a un bienestar claramente insuficiente.

No hay un indicador mejor de lo inmodélica que fue la Transición y de las enormes limitaciones que tiene la democracia española que lo que ocurrirá esta próxima semana. El Tribunal Supremo juzgará al único juez que se ha atrevido a exigir al Estado que encuentre a los desaparecidos durante la brutal represión de los golpistas sublevados contra las fuerzas democráticas, honrándolos, a la vez que denunciando a los responsables. Esta situación cubre de vergüenza a toda España.

¿Cómo puede España presentarse como una sociedad democrática cuando ocurre este hecho que culmina un proceso que reproduce una de las mayores injusticias que ha ocurrido en el siglo XX en Europa? España es el país donde ha habido un número mayor de desaparecidos por causas políticas en Europa sin que se haya hecho nada sobre ello. Y cuando se quiere hacer algo, el Estado (nada menos que el Tribunal Supremo) quiere cerrar el caso y castigar al juez que osó mirar bajo la alfombra e intentar hacer algo de limpieza, reconociendo además a aquellos que fueron asesinados por su compromiso con la democracia. La comparación de lo que está ocurriendo en España con lo sucedido en otros países que sufrieron dictaduras fascistas o fascistoides semejantes es un indicador más del enorme subdesarrollo democrático de este país. En ningún otro país ha habido la ocultación de esta enorme represión, dejando indefensos a las víctimas y a sus familias, que no pueden ni siquiera honrar a sus muertos (que son los muertos de todos los demócratas) por no saber dónde se encuentran. El contraste entre el comportamiento del Estado español hacia las víctimas del terrorismo de ETA y el de las víctimas de las fuerzas golpistas y del Estado terrorista es bochornoso (no hay otra manera de definirlo).

Esta situación es indignante y vergonzosa. El Tribunal Supremo no es consciente del enorme desprestigio que el enjuiciamiento de Garzón por el caso de los desaparecidos significa para la Justicia española y para el Estado español. En el programa de humor de mayor audiencia en Estados Unidos se señalaba que, en la misma manera que Bolivia, sin mar, tiene Ministerio de Marina, España tenía Ministerio de Justicia. ¿No se dan cuenta de la vergüenza que están originando los miembros del Tribunal Supremo con su comportamiento, en el ámbito internacional? Por mera coherencia democrática debería haber manifestaciones a lo largo del territorio español en protesta por el insulto que el enjuiciamiento de Garzón supone a todas las fuerzas democráticas de España y del mundo.


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martes, 26 de julio de 2011

NORUEGA, LA SEMILLA ESTÁ SEMBRADA

Noruega, la semilla está sembrada


nuevatribuna.es | Pedro Luis Angosto | Actualizado 25 Julio 2011 - 14:27 h. Es difícil salir de la perplejidad, de la rabia, de la impotencia, del dolor que emana de las fotografías que muestran los cuerpos de decenas de niños reventados cuando ejercían su derecho a la felicidad; de la tristeza terrible de sus seres queridos huérfanos de vida, de aliento para seguir adelante en el que fue uno de los lugares más civilizados del planeta. Un hombre, un solo hombre según dice la policía de ese pacífico país estuvo disparando durante hora y media, matando a placer, sin prisa, sin apreturas, creyendo que estaba cumpliendo con el sagrado deber de limpiar su patria de criaturas que en el futuro pudieran procrear con árabes o negros, de niños que quizá mañana pudieran pensar que sería menester cambiar el mundo para hacerlo más justo, de personas que estaban siendo educadas en algo parecido a la igualdad y el progreso social. Para ese pistolero, mostrado por los medios convencionales como un sicópata solitario, aquellos niños borrados con balas racimo, no eran seres humanos, eran la viva imagen de un futuro viciado y podrido, de un mundo que agoniza no por lo que agoniza de verdad, sino por lo contrario.

Durante muchos años, dentro de lo poco que se hablaba en la España miserable del franquismo, nos hablaron los maestros de los países nórdicos, de vez en cuando. Decían que eran los países más desarrollados del mundo, pero que la gente vivía muy mal porque el Estado lo controlaba todo, de ahí la querencia de sus habitantes hacia el alcohol y el suicidio. Siempre que se habla de Suecia, Dinamarca, Finlandia o Noruega, se nos decía lo mismo, consecuencias funestas del materialismo ateo. Con el paso de los años, un número cada vez más elevado de personas creyeron aquellas mentiras, incluso el genial Ingmar Bergman, en los años ochenta, abandonó Suecia alegando la enorme carga impositiva que soportaba en su país. A los pocos años, tras ver otros mundos, regresó para siempre. Sí, los países nórdicos tienen todavía unos impuestos directos altos que les permiten gozar de los mejores sistemas de protección social del mundo. Son pocos, pero lograron lo que no se logró en ninguna otra parte del planeta.

Coincidiendo con la llegada de Tacher y Reagan al poder, el fascismo –ya está bien de llamar ultraderecha y otras cosas a lo que es fascismo puro y duro-, las naciones anglosajonas comenzaron a poner en práctica una doble ofensiva. Por un lado, trataron, y lo consiguieron, de ahogar a la URSS hasta hacerla desaparecer al someterla a una carrera armamentística que no pudo seguir por el anquilosamiento y la burocratización del régimen; por otro, una vez conseguida la extinción del coco soviético, se trataba de poner en tela de juicio en todo el mundo el papel del Estado en la economía y en la vida de los ciudadanos, había que acabar poco a poco con el Estado socialdemócrata, un Estado que quitaba al negocio billones de pesetas. Bergman, influido por Kierkegaard y Sartre, hablaba en sus escritos y en sus películas de la existencia de algo terrible dentro del alma humana, de una violencia que no respondía a códigos ni a reglas de ningún tipo, sino a algo atávico e irracional que late en nuestro subsconsciente y a menudo sale a la luz causando estragos. Para él, la única forma de combatir ese mal, era el amor, el amor en todas sus vertientes, desterrando para siempre cualquier cortapisa religiosa. Tacher y Reagan llevaban ese “algo terrible” dentro y pusieron las bases de un mundo a peor en el que el valor de las personas, sus premios y castigos, se mediría únicamente por sus éxitos económicos, arrojando a los infiernos a los carentes de ambición, a los defectuosos o a quienes se conforman, simplemente, con tener para vivir. Nos globalizaron, imponiendo todo lo malo a los más y dejando las frutas del paraíso para los menos. El virus que vino de América del Norte, atravesó Europa, el Estado era culpable de todo, el Estado era nuestro enemigo, nuestros amigos, los bancos y las grandes multinacionales que jugaban con la salud y la guerra y ambicionaban sustituir al Estado en todas sus funciones.


En España, no tenía que llegar nada, pues ya estaban aquí, nunca se fueron desde 1939, pero en Europa del huevo de la serpiente comenzaron a salir reptiles que a su vez pusieron nuevos huevos. Muchos intelectuales comunistas o declaradamente izquierdistas, fueron convirtiéndose al nuevo catecismo, renegaron de su pasado y de sus convicciones y se subieron a los púlpitos del nuevo liberalismo para predicar la buena nueva de las maldades del Estado intervencionista y las virtudes del Mercado, o sea del sometimiento de todos a la oligarquía del dinero. El caldo estaba preparado. Fue primero Le Pen, después el austriaco Jörg Haider, luego el holandés Pim Fortuyn, más tarde el hombre que quiere comprar la Cadena SER para hacerse con el monopolio de la información en España, Silvio Berlusconi, al poco los partidos fascistas de Bélgica, Polonia, Chequia y los países nórdicos, dónde cada año tienen más partidarios. Por increíble que parezca, todos esos partidos –con alguna excepción- han surgido en los países más ricos y desarrollados de Europa. Al principio muchos se tomaron ese nuevo escenario de ofensiva política y económica como una broma, como algo anecdótico. Decían, va, si sólo son xenófobos y racistas, quieren mantener la identidad de su país, y como cualquier persona decente, no desean que sus costumbres y sus tradiciones, se vean contaminadas por las de los salvajes que vienen del sur. Se comprendía, se comprende, hay que preservar la raza, el idioma, la cultura, la maldita religión. Un esquinjer le rompe la cabeza a dos chavales a la salida de un partido de fútbol, cosas de críos; queman a unos viejos en un cajero, cosas de la vida; piden la expulsión de los rumanos de tal país o región, natural; llaman ecuatoponis a nuestros hermanos de América, los esclavizan, que se hubiesen quedado en sus casas, lo mismo si mueren tres mil cruzando el Estrecho, que se jodan.

Mientras los partidos tradicionales de izquierda languidecen por sus contradicciones o giran a la derecha a la búsqueda de un electorado cada más envenenado por los medios de comunicación de masas que han creado a un tipo de individuo medroso, manipulable, insolidario, cazurro e irracional, que han llenado el viejo continente –como bien demuestra el caso Murdoch o el dominio de Berlusconi- de innumerables huevos de serpiente, la ultraderecha, con la ayuda del Dios de las religiones terrenales y de los poderes económicos, avanza como un virus letal que amenaza con regresar a Europa a periodos que creíamos superados para siempre. La mano blanda con el fascismo, las críticas brutales contra el Estado del bienestar, la educación utilitarista, el control de los medios por parte de gentuza, el menoscabo de derechos intocables y la falta de respuesta contundente de una sociedad abúlica, nos están llevando a un precipicio. Pondremos sólo unos ejemplos, en Finlandia, los fascistas tienen ya el 19% de los diputados, en Austria el 18, en Holanda el 15, en Suiza el 29, en Serbia el 30, en Suecia el 6, en Dinamarca el 14 y en Francia alrededor del 12. Si a esto añadimos un porcentaje alto de los partidos conservadores tradicionales que coinciden en muchos de sus postulados con los partidos fascistas, el panorama que se nos presenta no puede ser más descorazonador.

Está visto que la experiencia histórica no sirve de mucho y que una vez desaparecidas las generaciones que sufrieron directamente las tragedias, las nuevas no hacen caso alguno de los errores del pasado. El rifle que mató este fin de semana a cerca de un centenar de niños noruegos, no lo cargó sólo Anders Behring Breivik, llevamos cargándolo desde los medios, desde los hogares, desde las escuelas, desde las fábricas, desde los Parlamentos desde que Tacher y Reagan llegaron al poder. Y, como hasta ahora, no es el miedo la respuesta, sino lo contrario, barrer de un plumazo para siempre a toda esa panda de canallas, de verdaderos “PIGS”, que se dedican a esparcir el odio desde las tribunas que les entregan los dueños de un mundo dirigido por hijosdeputa.


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lunes, 18 de julio de 2011

18 DE JULIO DE 1936. LA FECHA DE UNA TRAICIÓN, EL COMIENZO DE UN GENOCIDIO




Belén Meneses | Kaosenlared |




18 de julio de 1936. La fecha de una traición

Cuando hace setenta y cinco años el general Franco lideró la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la República que había jurado defender, además de abocar al país a tres largos años de muerte y destrucción, estableció la dolorosa realidad, aún vigente, de las dos Españas.
Para una España, el 18 de julio de 1936, es la fecha en que se perpetró la mayor traición contra la soberanía de un pueblo que había decidido romper las cadenas de siglos de tiranía y opresión, y libremente, reconducir su destino por el sendero de la igualdad y la justicia social. Aquel fatídico día se consumó una violación contra la legalidad y se llevó a cabo un brutal atentado contra la libertad. El 18 de julio de hace setenta años supuso el comienzo del desmantelamiento del Estado de derecho, de la pérdida de las libertades conquistadas durante la II República y el inicio del mayor acto de genocidio perpetrado por unos españoles contra otros.


Para la otra España, el 18 de julio de 1936, fecha del Glorioso Alzamiento Nacional, representa el punto de partida de la depuración de elementos indeseables que hacían peligrar la integridad de la patria. La gran Cruzada contra el “terror rojo” que amenazaba los privilegios de las oligarquías financieras, aristocráticas, eclesiásticas y militares.




Uno de los argumentos más recurrentes utilizados por quienes padecen una paranoica tendencia a justificar el alzamiento del 18 de julio, consiste en imputar a los dos bandos igual responsabilidad en el inicio del conflicto y apuntar que ambos cometieron las mismas atrocidades, equiparando a quienes se levantaron en armas contra el Gobierno surgido de las urnas con quienes defendieron la legalidad y los valores democráticos.


En la zona republicana, las detenciones y actos violentos que se sucedieron en los momentos iniciales de la sublevación fueron perpetrados por grupos aislados y descontrolados, que en ningún caso actuaron con el apoyo o la connivencia del gobierno de la República. Una vez superado el desconcierto inicial, cuando el ejército republicano comenzó a organizarse y las autoridades gubernamentales fueron recuperaron el control de la situación, cesaron de inmediato los asesinatos e incluso en algunos casos, los autores de las brutalidades cometidas fueron juzgados y condenados por tribunales militares. Por el contrario, resulta paradójico que los mayores actos de represión, ejecuciones, torturas y violaciones se llevaran a cabo en los lugares donde inicialmente triunfó la sublevación de los rebeldes. En pueblos y ciudades donde no fue necesario un solo tiro para someter a la población bajo el yugo fascista, se emprendió una feroz cacería contra los simpatizantes de la República, cargos públicos del Frente Popular, militantes de izquierdas y todo sospechoso de no comulgar con los postulados de la España Nacional. Las matanzas, los paseos y las vejaciones y humillaciones públicas contra los rojos y sus familias, llevados a cabo por los propios militares, pistoleros falangistas y personas de bien de la localidad, pronto se tornaron en dramas cotidianos que sembraron el terror y tiñeron de sangre cada rincón ocupado por los salvadores de la patria. En aquellos dramáticos momentos, ni los más pesimistas podían siquiera imaginar que tanto sufrimiento y tanta muerte inútil, no era más que un siniestro anticipo lo que estaba por llegar.


Mención aparte merecen los representantes del clero, que en lugar de posicionarse al lado de los perseguidos y sus familias, tal como cabría esperar de una institución cuya doctrina se asienta en la caridad cristiana y la empatía con el sufrimiento ajeno, tomaron partida por los verdugos convirtiéndose en cómplices, cuando no en precursores, de la sañuda crueldad de los sicarios fascistas. Clérigos y sacerdotes, abrazaron entusiastas la causa de la Santa Cruzada, y a lo largo de los años encubrieron, ampararon y silenciaron las atrocidades de un régimen que se afianzaba bajo el palio protector de las autoridades eclesiásticas.


Resulta difícil encontrar archivos o documentos donde se recojan declaraciones de oficiales del Ejército Popular alentando al asesinato indiscriminado o al ensañamiento con el enemigo. No ocurre lo mismo en el bando franquista, donde son numerosos los testimonios escritos o radiados (los mismo militares alardeaban sin tapujos de las heroicas gestas), animando a sus tropas e incluso a la población civil a asesinar, violar y torturar. Para muestra, reproduzco algunos extractos de declaraciones efectuadas por los más destacados oficiales del Ejército Nacional, que dan nombre a las calles y plazas de nuestra geografía.



“Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Declaraciones del general Emilio Mola al comienzo de la sublevación.



“Tenemos que matar; matar y matar. Son como animales (…) Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Nuestro programa para regenerar España consiste en exterminar un tercio de la población masculina. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España”. Entrevista del capitán franquista Gonzalo Aguilera, concedida al periodista John Whitaker.


"Naturalmente que los hemos fusilado ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?" Declaraciones del general Yagüe a un corresponsal estadounidense tras la matanza de la plaza de toros de Badajoz


“Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”

"¿Qué haré? pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".

"Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar". Algunas de las arengas radiofónicas proclamadas desde Radio Sevilla por el general Queipo de Llano.
"Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta." Declaraciones de Franco al corresponsal Jay Allen.


Mientras que el Ejercito Popular republicano concentró sus esfuerzos bélicos en intentar ganar una guerra que ni habían promovido ni originado, con el objetivo de derrotar al fascismo y restablecer la legalidad constitucional de la República, los rebeldes sublevados, además de combatir para conseguir la derrota incondicional del enemigo, se entregaron con notable ardor guerrero a la noble tarea de aniquilar cualquier vestigio que pudiera suponer un foco de disidencia contra el futuro régimen. Un verdadero holocausto iniciado en aquel verano de 1936 que no terminó con la victoria de Franco. El plan de exterminio emprendido por los nacionales durante la guerra desembocó en una cruenta venganza que se prolongó durante cuarenta años de terror franquista, bajo el auspicio de un régimen que nació y murió matando y que fomentó hasta el final la división de los españoles entre vencedores y vencidos.


En memoria de todos los españoles que se mantuvieron al lado de la legalidad republicana, y aún cuando el 18 de julio sea una fecha que provoque nuestra más categórica repulsa, es un compromiso moral y una cuestión de justicia histórica recordar aquella fatídica jornada. Debemos hacerlo para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan juzgar libremente quienes fueron las victimas y quienes los verdugos; que bando defendía la legalidad y cual luchó por derrocarla; quienes defendían la democracia y quienes la combatían. Es necesario evocar nuestra historia porque no es de justicia olvidar quienes fueron los españoles que entregaron sus vidas por defender la causa de la libertad y quienes les persiguieron, encarcelaron y asesinaron por ello. Las generaciones que ignoran lo que significa sobrevivir bajo la opresión de un régimen totalitario, que han tenido la fortuna de nacer y vivir en democracia, deberían tener presente que los principios y valores que hoy compartimos y asumimos con naturalidad como incuestionables, son la herencia de aquellos vencidos, que en un ejemplo de entrega, dignidad y espíritu de lucha, sembraron la semilla ideológica que hoy sustenta nuestro sistema de libertades.


Aunque las secuelas de la historia sigan causando dolor, el pasado no puede ser enterrado por los intereses de unos y el miedo de otros. Hay que recordar por aquellos que ya no pueden hacerlo; por las esperanzas truncadas, por las almas desterradas, por los secretos obligados, por los silencios impuestos, por las familias rotas, por las vidas desgarradas, por los sueños desbaratados, por las libertades perdidas... Hay que recordar porque se lo debemos a nuestros vencidos. Hay que recordar porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, sin identidad y sin futuro.


en Kaos en la Red

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miércoles, 15 de junio de 2011

EL FRANQUISMO: UNA DICTADURA TERRORISTA Y TOTALITARIA










La dictadura terrorista y totalitaria
Vicenç Navarro · · · · ·

10/06/11


A la vuelta de un largo exilio, uno de los hechos que más me sorprendieron de la vida política española fue la percepción –ampliamente aceptada por el establishment político, y promovida por los medios de mayor difusión– de que la Transición de la dictadura a la democracia había sido modélica, creando una democracia que era homologable a las existentes en la Europa occidental. La realidad, sin embargo, mostraba con toda su crudeza una democracia muy incompleta y un bienestar muy insuficiente, realidad que continúa hoy, 33 años después.

España continúa teniendo el gasto público social (que financia al Estado del bienestar) per cápita más bajo de la UE-15. Y políticamente acabamos de ver cómo las fuerzas conservadoras han intentado prohibir la participación en el proceso democrático de un partido político, Bildu, debido a su origen, enraizado en una fuerza terrorista, ETA, y ello a pesar de que tal partido se ha distanciado de la violencia y ha aceptado las reglas del proceso democrático. Pero esto parece no ser suficiente para el Partido Popular, que desea que este partido condene tal pasado terrorista, intentando llevar a la cárcel a todos aquellos que todavía hoy defienden a ETA.

Este comportamiento sancionador del terrorismo contrasta, sin embargo, con el comportamiento del propio Partido Popular, que nunca ha condenado explícitamente y por su nombre a la mayor fuerza terrorista que existió en España durante el siglo XX, responsable del mayor número de asesinatos políticos que haya ocurrido en la historia del país. Ningún otro régimen ha asesinado a tantos españoles como la dictadura iniciada por un golpe militar, liderado por el general Franco, en contra de un sistema democrático, la II República. Fue un régimen basado en el terror, con asesinatos políticos (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000), torturas (sistemáticamente realizadas en sus cárceles), campos de concentración y exilio. Aquel golpe fue realizado por los que falsamente se autodefinieron como los nacionales (la mayoría de sus tropas de ataque eran mercenarios y extranjeros, y su victoria se debió única y exclusivamente al apoyo extranjero de Hitler y Mussolini) que estaban en una “cruzada” (cuyas tropas de choque, paradójicamente, eran musulmanas) y que supuestamente defendían a la patria (imprimiendo un enorme retraso económico, político, cultural y social al país). En realidad, era una minoría en contra de la mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, lo cual requería el terror para su propia supervivencia. El terror fue sustancial en la existencia de aquel régimen hasta su último día.


Sin pretender establecer categorías, el número de víctimas de aquel terror (asesinatos políticos) fue de casi 200.000, una cifra mucho mayor que la realizada por ETA (839). Las víctimas de aquel régimen terrorista continúan ignoradas durante el periodo democrático, sin que el Estado las haya homenajeado como se merecen. El contraste entre el comportamiento del Estado hacia las víctimas de ETA y las víctimas de la dictadura es vergonzoso e ilustra no sólo la diferente vara de medir el terrorismo, sino la baja calidad del estado democrático, cuyo Tribunal Supremo, por cierto, está enjuiciando al único juez que ha intentado en España que el Estado se responsabilizara de encontrar a los desaparecidos en aquella dictadura y de enjuiciar a los responsables de tanto dolor y terror.

La entrada dedicada a Franco del Diccionario Biográfico Español –publicado por la Real Academia de la Historia, e iniciado y financiado por el Gobierno del PP dirigido por José María Aznar– es una alabanza y una apología del responsable del mayor terror que haya existido en España. A pesar de ello, un dirigente del PP alabó la biografía de tal terrorista, presentándola como obra ejemplar. Utilizando el mismo criterio que tal partido aplica a ETA, el autor de tal biografía debiera estar en la cárcel y la Real Academia de la Historia tendría que haberse cerrado. Y, al propio portavoz del PP que hizo tal alabanza, se le hubiera tenido que llevar a los tribunales.

El hecho de que todo esto no ocurra muestra el enorme poder de las fuerzas conservadoras que hegemonizaron el proceso de la Transición y el periodo democrático. ¿Cómo, si no, puede explicarse que incluso hoy, en los libros de texto de la asignatura obligatoria de cultura cívica se sostengan posturas dignas de la ultraderecha del Tea Party de EEUU, tales como definir al feto como ser humano, considerar el aborto voluntario como un asesinato, o definir al darwinismo como una doctrina sospechosa? ¿Y, cómo, si no, pueden explicarse la visión tan sesgada y negativa que se da de la II República y el silencio sobre el terror del régimen que la derrocó que están presentes en los libros de texto de las escuelas públicas?

Pero la represión de aquel régimen fue también psicológica e ideológica, precisamente debido al carácter totalitario del mismo. La ideología que imponía era el nacionalcatolicismo, mezcla de un nacionalismo españolista extremo e imperialista, con características racistas (el día nacional se llamaba el Día de la Raza, y la película que realizó el dictador se llamó Raza) y de un catolicismo reaccionario en extremo que, junto con su caudillismo, un machismo muy acentuado y una hostilidad al mundo obrero y sindical, constituyó una ideología totalizante, pues quería cambiar “al hombre”, penetrando en las áreas más íntimas de las personas, desde el sexo hasta la lengua, todo ello normalizado. Tal régimen tuvo pleno control de los medios y de las instituciones. Considerar aquel régimen como meramente autoritario es ignorar la asfixia intelectual, política, económica y cultural que la mayoría de las clases populares sufrieron para mantener la “placidez” de aquellos que se beneficiaron de tal terror.

Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

Público, 9 de junio de 2011 Compartir

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miércoles, 16 de febrero de 2011

75 AÑOS DEL TRIUNFO DEL FRENTE POPULAR

Se cumplen 75 años del triunfo del Frente Popular
La opción política más votada en las últimas elecciones democráticas antes de la dictadura pretendía profundizar los cambios iniciados por Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña



España | Gonzalo Sánchez - Tercera Información | 16-02-2011 |

Tal día como hoy hace 75 años, el Frente Popular, coalición de izquierdas, ganaba las elecciones generales en España en 1936, con el objetivo de profundizar la Constitución de la República Española, que había posibilitado un aumento sustancial de los salarios (hasta llegar a las 3000 pesetas al mes), el principio del fin del latifundio, salud y educación gratuitas, rebaja de la jornada laboral, derechos para las mujeres y la laicidad del estado entre otras medidas.

El Frente Popular estaba formado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Partido Comunista de España (PCE), Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana (UR), Partido Sindicalista, Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), Partido Republicano Democrático Federal (PRDF), Acción Nacionalista Vasca (ANV), Partido Galeguista (PG), Esquerra Valenciana (EV) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y apoyado por los sindicatos de trabajadores Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Unión General de Trabajadores (UGT).

En las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular obtuvo el 34,3% de los votos contra el derechista Frente Nacional Contrarrevolucionario (33,2%), conformado como reacción a la unión de la izquierda.

Sólo 5 meses después el fascismo español, integrado por los militares, la iglesia y la oligarquía que habían perdido privilegios en favor del pueblo gracias al gobierno de la izquierda, dio un golpe de estado violento al legítimo Gobierno del Frente Popular. Fruto de este golpe de estado, el pueblo que apoyaba al Gobierno de la República salió a las calles organizado en el Ejército Popular para defender la autoridad legalmente constituida.



Después de 3 años de resistencia, sin apenas apoyos de las democracias burguesas europeas y contando sólo con ayudas de Rusia y México, el bando republicano finalmente no pudo evitar que los golpistas se hicieran con el poder, dando comienzo a una represión que acabó con decenas de miles de víctimas políticas según datos de la propia dictadura.

Aunque uno de los integrantes del Frente Popular está en el Gobierno (PSOE), no ha supuesto ninguna reparación de los crímenes del franquismo, ni siquiera la anulación de su justicia -considerando legítimos los juicios sumarísimos franquistas-, ni la retirada de los símbolos franquistas, ni se ha asumido por parte del estado la responsabilidad del mismo en la búsqueda de los represaliados por la Dictadura de Franco.

Por su parte el PCE ha recordado la victoria hace 75 años del Frente Popular en una nota de prensa que expresa que "el frente popular en general y su versión española constituyen experiencias plagadas de enseñanzas sobre cuestiones tales como la necesidad de articular la lucha por las libertades y transformación social, o de construir bloques de progreso, o acerca del papel de la movilización social. Y éstos siguen siendo, en definitiva, los grandes retos, en el siglo XXI, para una izquierda transformadora no claudicante, que no se limite a revisitar mimeticamente las vías muertas del pasado, y que a la vez no se refugie en el resistencialismo idealista o la estética martirial".



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