Desigual batalla en EEUU: estamos asistiendo a una implacable guerra de clases desde arriba
Gregory Elich · · · · ·
17/07/11
Uno nunca puede tener demasiado dinero. En los EE.UU., el uno por ciento de la población recauda casi un cuarto del ingreso nacional y goza de un 40 por ciento de la riqueza. Para esa clase, el problema es que con eso no basta.
Para los trabajadores comunes, la recesión sólo trajo dificultades económicas. Sin embargo, para las corporaciones norteamericanas, significó otra cosa: una oportunidad. Para ellas, fue la oportunidad de moldear de forma permanente la economía en algo que se aproxima al modelo del tercer mundo: una enorme riqueza y privilegios para los más ricos y desempleo, caída de los salarios y servicios sociales inadecuados o inexistentes para el resto de la sociedad.
Aunque la recesión terminó hace dos años, más de nueve por ciento de la población aún está desempleada. Si tomamos en cuenta a los trabajadores desalentados y a los trabajadores a tiempo parcial que desean un puesto a tiempo completo, casi una sexta parte de la fuerza laboral está subempleada. Para las personas de ascendencia africana, la situación es aún más grave, con una tasa de desempleo que se acerca al doble. Sin embargo, los legisladores no han pensado siquiera en un programa de empleo.
En cambio, la tendencia ha sido a la reducción en los beneficios en un momento de mayor necesidad, al mismo tiempo que se exigen más recortes de impuestos para los ricos. Los déficits creados por el gobierno de George W. Bush y el presidente Barack Obama le han dado a la derecha un garrote para imponer su voluntad y disciplinar a los trabajadores. El presidente Obama no hubiera necesitado los votos del Congreso si hubiera estado dispuesto a dejar expirar simplemente los recortes fiscales de Bush. Al insistir en una imposible continuación parcial de esos recortes, Obama se aseguró de que la totalidad del paquete siguiera en vigor. En un momento en que la recesión ha provocado una caída en los ingresos fiscales, privando al gobierno de los fondos cuando más se necesitan, a la población se le está cobrando peaje para acceder al bienestar, y se ha abierto la puerta para el recorte de los beneficios. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, la continuación de los recortes fiscales de Bush hasta el año 2020 agregará $3,300 billones ($3,300,000,000,000,000) a la deuda nacional. Este es dinero podría ser utilizado en la prestación de muy necesarios servicios sociales y en poner en marcha un programa de empleo real, asumiendo, por supuesto, que existiera la voluntad política de hacerlo – cosa que ha estado notablemente ausente.
Añadamos el hecho de que las guerras en Irak y Afganistán de la Administración Bush están costando la friolera de $1,2 billones, principalmente de fondos prestados. Consideremos también que con los costes asociados, el precio total de las guerras de Irak y Afganistán se elevaron a por lo menos $3,2 billones, según el proyecto Cost of War. Y esas guerras continúan devorando recursos; pero, como si eso no fuera suficiente, ahora el presidente Obama ha añadido una tercera guerra, la de Libia. No hay final a la vista al aventurerismo militar, y el presupuesto de defensa sigue siendo intocable. Este departamento permanece inmune ante todos los discursos de recortes presupuestarios. De hecho, la Cámara de Representantes votó recientemente para aumentar el ya inflado presupuesto de defensa en $ 17 mil millones.
Lo que tenemos en lugar de una política fiscal responsable y progresiva o el recorte del presupuesto de defensa es el constante bombardeo de mensajes de pánico por la deuda, con grandes exigencias de la necesidad de recortar los servicios sociales, reducir las pensiones y el salario y, por extraño que parezca, ofrecer reducciones de impuestos para los ricos. Este pánico de la deuda se ha convertido en el argumento de todos los ataques contra los trabajadores. Se está librando una guerra de clases, y al sentirse cerca de la victoria, la clase dominante no está dispuesta a tomar prisioneros.
Las políticas actuales ya marginan de la recuperación económica a los trabajadores. En el transcurso de los dos años de la recuperación, los salarios de los trabajadores siguen esencialmente estáticos, mostrando, de hecho, una ligera disminución. Mientras tanto, la remuneración promedio de los CEOs se disparó un 27 por ciento sólo en 2010, llegando a unos simpáticos $ 9 millones. Las ganancias corporativas antes de impuestos fueron aún mejores, con un crecimiento de casi 37 por ciento en 2010 y mantienen su ritmo de nueve por ciento de crecimiento adicional en el primer trimestre de 2011. De hecho, tan unilateral ha sido la recuperación que los beneficios empresariales representan hoy el 92 por ciento del crecimiento de la renta nacional desde el inicio de la recuperación.
Estos son tiempos de auge para las corporaciones. Y en gran medida, esto se ha logrado a costa de sus trabajadores. Cuando los trabajadores son despedidos, los que permanecen en el trabajo deben asumir la carga adicional. Después de eliminar millones de empleos durante la recesión, el mundo empresarial siguió reacio a contratar trabajadores a tiempo completo durante la recuperación. La mitad de los nuevos empleos creados están en las agencias de ayuda temporal, y muchos de los nuevos puestos de tiempo completo carecen de beneficios. Más del 90 por ciento de crecimiento de la producción se ha debido al aumento de la productividad. Los trabajadores que todavía tienen la suerte de tener un puesto de trabajo están obligados a trabajar más, a poner más horas y a asumir más tareas sin ningún tipo de pago adicional. En términos sencillos, la explotación en el trabajo es cada vez mayor.
Los trabajadores están comprensiblemente temerosos. Con una tasa de desempleo tan alta, y con los millones de desempleados para los que es difícil o imposible encontrar otro trabajo, nadie está dispuesto a arriesgarse. Las circunstancias hacen que los trabajadores sientan que tienen que soportar cualquier condición que sus gerentes opten por imponer. El actual clima de miedo ha eliminado la acción sindical. Sin duda, esta es una continuación de una tendencia de larga data. Durante la década de 1970, miles de trabajadores participaron en un promedio de 269 paros laborales por año. Bajo el ataque de Reagan de los años ochenta, el promedio se redujo a 69 por año, y luego a 34 por año en la década de los noventa. Pero incluso estas cifras han sido ampliamente superadas en los últimos tres años. En 2009, hubo sólo cinco paros importantes, de lejos el total más bajo desde que comenzaron los registros en 1947. El año pasado hubo sólo once huelgas y, al ritmo de lo que va del 2011, no se alcanzará ni siquiera esa cifra. La recesión ha producido un sueño hecho realidad para el mundo empresarial, con una plantilla que está esencialmente de-sindicalizada.
Pero a pesar de las medidas de aceleración, los recortes de beneficios y la baja de los salarios, las empresas de EE.UU. siguen exportando empleos al extranjero. ¿Por qué pagar un trabajador estadounidense $ 8 la hora, cuando se puede conseguir a alguien en Indonesia, por ejemplo, que haga el mismo trabajo por 50 centavos la hora? En la década previa a 2009, las corporaciones multinacionales estadounidenses recortaron 2,9 millones de empleos. Al mismo tiempo, se añadió 2,4 millones de empleados en el extranjero. Esta cifra representa solamente la contratación directa y no toma en cuenta la subcontratación de empresas extranjeras, que suele ser el medio utilizado para mover una fabricación a talleres clandestinos (sweatshops).
Entonces, ¿qué conclusión se puede extraer de todo esto? Si usted escucha a los expertos y a los políticos, la necesidad urgente ahora es acabar con los “privilegios” de los trabajadores del gobierno. Destruir los sindicatos de empleados del gobierno, reducir las pensiones o eliminarlas por completo, reducir los sueldos y despedir trabajadores. Tiempos económicos difíciles exigen sacrificio compartido. Al escucharlos esto, se podría pensar que el pueblo estadounidense está pidiendo a gritos el fin de los beneficios decentes para todos los trabajadores: todos debemos que compartir el dolor. El presidente Obama ya congeló los salarios de los empleados federales por durante dos años - en la práctica, la aplicación de un recorte salarial. Y él fue citado recientemente diciendo: “En el sector público, lo cierto es que algunos de los planes de pensiones y los beneficios de salud que han estado en vigor están tan fuera de proporción con lo que está sucediendo en el sector privado que una gran cantidad de contribuyentes comienzan a sentir resentimiento... Lo que esto significa es, es que todos nosotros vamos a tener que hacer algunos ajustes”. Es decir, todos menos los ricos, que pueden seguir la fiesta.
La filosofía de la derecha es profundamente anti-gobierno. A sus ojos, la única función propia del gobierno es servir a los ricos e idear nuevas formas de permitirles enriquecerse aún más. Y para ello, hacen incesantes esfuerzos para convencer al resto de nosotros de que todas las funciones gubernamentales son esencialmente ilegítimas y deben ser reducidas o abolidas. La única otra tarea urgente del momento es cómo ofrecer más recortes de impuestos para las corporaciones, a pesar de que dos tercios de las empresas ahora no pagan nada por concepto de impuesto a la renta federal, y la mayoría de las compañías Fortune 500 pagan un menor porcentaje en impuestos federales sobre sus ingresos que los trabajadores ordinarios.
Se nos dice que lo único que impide la creación de empleo son los impuestos excesivos. El refrán es que debemos liberar el poder del mercado reduciendo los impuestos a las corporaciones. Sin embargo, estas mismas corporaciones ya están sentadas sobre una pila de $ 1,9 billones de dólares de reservas en efectivo, a las que se aferran como una cobertura contra la inseguridad económica. La adición de otro billón más o menos a esta pila no las va a animar a construir nuevas planta de fabricación para aumentar la producción cuando los consumidores están siendo golpeados con tanta fuerza que no hay suficientes compradores para los productos que ya están en el mercado. La premisa de la creación de empleo, por supuesto, es una cortina de humo para conseguir la aceptación pública de canalizar aún más dinero hacia los bolsillos de los ricos. Es desalentador oír al presidente Obama repitiendo estos mitos, como en un comentario que hizo a finales de junio de que “tiene sentido” considerar “otros incentivos fiscales para la inversión empresarial que podrían marcar una gran diferencia en cuanto a la creación de más puestos de trabajo”.
Uno de los planes más prominentes es el de una amnistía a la repatriación del impuesto a las corporaciones. Hoy en día, las multinacionales estadounidenses no pagan impuestos federales sobre el dinero ganado en el extranjero hasta que - y sólo si – dicho dinero es repatriado a los EE.UU. Muchas tienen establecidas sedes ficticias en lugares como las Bermudas, y los fondos son desviados a través de subsidiarias en el extranjero, todo con el fin de eludir las leyes fiscales. Cisco Systems, por ejemplo, redujo sus impuestos en $ 7 mil millones al registrar casi la mitad de sus ganancias en una pequeña filial en Suiza.
Grupos de presión empresariales están ganando considerable apoyo para la propuesta de amnistía fiscal entre senadores y congresistas. En lugar de pagar una tasa máxima del 35 por ciento, la exoneración temporal de impuestos permitiría a las empresas transferir esos fondos a los EE.UU. a una tasa máxima de poco más de cinco por ciento. Este plan, se nos dice, podría generar $ 1,000 billones y así fomentar la inversión y la creación de empleo. El único problema es que esta propuesta se ha intentado antes, cuando se impuso una amnistía dos años al impuesto por la repatriación concedida en 2004 para el mismo objetivo. En esa ocasión, las multinacionales estadounidenses aprovecharon la oportunidad para transferir $ 400 mil millones a los EE.UU., y utilizaron ese dinero para pagar deudas, ofrecer dividendos a los accionistas, y dar bonificaciones a los directivos, en fin, todo excepto la creación de puestos de trabajo. Es improbable que una repetición produzca un resultado diferente. De hecho, la aprobación de dicho plan sería una señal más para las empresas de que deben exportar una mayor parte de su producción al extranjero, ya que solo tendrían que esperar otra ocasión para disfrutar de la siguiente amnistía de impuestos y pagar menos impuestos de lo que tendrían que pagar si mantienen sus plantas en los EE.UU.
La recesión redujo drásticamente los ingresos fiscales para los gobiernos estatales en todo el territorio, pero con 29 gobernadores republicanos a la cabeza, las deficiencias han otorgado una oportunidad para atacar a los trabajadores en el ámbito estatal e introducir recortes en los servicios sociales en casi todos los estados.
En Nueva Jersey, por ejemplo, el gobernador Chris Christie eliminó los fondos para planificación familiar, redujo la asistencia médica para la atención domiciliaria y residencias de ancianos, acabó con la financiación de los programas legales de la Universidad de Rutgers que ayuda a los pobres, y en recortó en 40 por ciento la financiación de servicios legales para los necesitados. No le dio dinero al programa de Zona Empresarial Urbana, que había sido diseñado para fomentar el desarrollo económico en los barrios pobres. También retiró el financiamiento de programas después de la escuela, mientras que los cambios a las reglas de elegibilidad causarían que más de 50.000 personas pobres pierdan el acceso a la cobertura de salud.
Estos recortes se considera necesarios en razón de los inadecuados ingresos estadales, pero al mismo tiempo, Christie concedió las empresas $ 180 millones en recortes de impuestos.
La Corte Suprema de Nueva Jersey revocó los recortes a la educación de Christie por $ 1,000 millones el año pasado, ordenando que el estado gaste la mitad de esa cantidad en sus escuelas más pobres en el año fiscal en curso. Sin embargo, Christie considera esto sólo un revés momentáneo. Irremisiblemente hostil a la concepción de la educación pública, Christie prevé la completa privatización de la educación en su estado, y para ayudar a impulsar los esfuerzos en esa dirección, nombró Comisionado de Educación a Christopher Cerf, ex presidente de Edison Schools Incorporated,. La sustitución de la educación pública con un sistema de bonos ha estado durante mucho tiempo en la agenda de la derecha. Los ricos, que envían a sus hijos a escuelas privadas, resienten tener que pagar impuestos para apoyar la educación pública. Con su rechazo narcisista del concepto de bien público, sólo se preocupan de sus propios intereses personales. A sus ojos, las bellezas del sistema de cupones son múltiples. Las familias pobres no serían capaces de pagar la diferencia de los montos de los cupones, con el resultado de que sus hijos estarían condenados a asistir las escuelas de menos fondos. La “chusma”, en otras palabras, estaría fuera de la vista. Por otro lado, sin embargo, los ricos pagarían menos de lo que pagan actualmente a las escuelas privadas, por el monto del vale. Y lo mejor de todo en la mentalidad de libre mercado, sería la eliminación de los sindicatos de maestros de escuela y la oportunidad para las empresas privadas de manejar las escuelas, donde la calidad de la educación estaría en un distante segundo lugar después del afán de lucro.
Para poner otro ejemplo, el gobernador de Ohio John Kasich ha desempeñado un papel especialmente destacado en el ataque a los trabajadores. Incluso antes de asumir el cargo, anunció que iba a matar al incipiente programa para llevar el muy necesario servicio de tren para unir las ciudades de Cincinnati, Columbus y Cleveland, donde la mayor base poblacional carece de dicho servicio. El servicio de tren que iba a llevar finalmente al ferrocarril de alta velocidad resultó impopular con el nuevo gobernador, ya que sería de propiedad pública.
A pesar de las persistentes manifestaciones en oposición, Kasich logró fácilmente la aprobación de un proyecto de ley que elimina los derechos de negociación colectiva para los trabajadores estatales. Mediante esfuerzos decididos por el movimiento obrero, se reunieron 1,300,000 firmas para una iniciativa de ley para derogar la ley, y el resultado de esa batalla aún está por verse. Aunque los resultados de la encuesta son inicialmente alentadores, las grandes sumas de dinero en publicidad que seguramente se dedicarán a la campaña convencerán a los votantes a rechazar la medida.
En su primera conferencia de prensa tras la victoria electoral, Kasich prometió aplicar un recorte de impuestos de cuatro por ciento. Al asumir el cargo, proclamó que hay que reducir los servicios sociales porque no había suficiente dinero en las arcas del Estado. En el presupuesto estatal recientemente aprobado, Kasich cumplió su promesa de aplicar la reducción fiscal. En el presupuesto, se redujo el apoyo a los gobiernos locales por $ 630 millones, lo que sin duda se traducirá en un efecto adverso en los servicios sociales locales. Cinco prisiones serán privatizadas, y hay planes de privatizar la autopista de peaje de Ohio, con lo que se espera que se aumente fuertemente las tarifas a los usuarios. Los distintos condados se están otorgando la capacidad de vender edificios de propiedad de los gobiernos locales, para luego arrendarlos de los nuevos propietarios, como una especie de regalo para los intereses de los ricos. También se incluye en el presupuesto un plan para ayudar a las pequeñas empresas, que se espera que reduzca los ingresos del Estado en $ 100 millones cada dos años. También está programada la eliminación del impuesto al patrimonio a partir de 2013, lo que reduciría los ingresos para los gobiernos locales en $ 250 millones al año. Y en otro regalo a los intereses corporativos, el presupuesto de Kasich prohíbe las ciudades intentar regular el uso de grasas trans en las comidas en restaurantes.
No se equivoquen. Lo peor aún está por venir. La Cámara de Representantes en manos de los republicanos, continuará empujando al presidente Obama hacia la derecha. Y está claro en qué dirección irán las elecciones de 2012. Cabe señalar que muchos trabajadores, preocupados por el desempleo y la disminución de los niveles de vida, están expresando su voluntad de votar una candidatura republicana, con la ilusión de que una victoria republicana beneficiará a los trabajadores. Las corporaciones están planeando inundar la próxima temporada de campaña con publicidad política, y en una cultura donde la mayoría de personas depende de la televisión para su visión del mundo, este tipo de publicidad tiene un efecto.
Los grupos de presión empresariales están sitiando Washington, todos empujando las mismas propuestas. Y los think tanks de derecha están operando en sobremarcha, produciendo una cantidad alarmante recomendaciones de política que reciben mucha atención en el Capitolio. Estos esfuerzos determinan, en gran medida, los límites del discurso y las cuestiones que se consideren dignos de atención. Como resultado, las preocupaciones de los trabajadores quedan fuera del espacio de debate, manteniéndose sobre la mesa sólo la agenda de las corporaciones.
No hay mucha variación en las políticas por las que abogan que los cabilderos corporativos y los grupos de reflexión de derecha. Dondequiera que uno mire, se observa el mismo conjunto de recomendaciones. Así, es suficiente considerar un solo ejemplo, el del Cato Institute, como típico de la naturaleza de las propuestas para reducir el tamaño del gobierno federal.
El seguro de desempleo, afirma Cato, distorsiona la economía y debe ser reformado. En un momento en que millones de estadounidenses son incapaces de encontrar trabajo, Cato quiere reemplazar el seguro de desempleo con un sistema de ahorro personal. Según Cato, el seguro de desempleo causa desempleo, ya todas esas personas que reciben los pagos, que son insuficientes para cubrir sus gastos, están disfrutando de la experiencia, y optan por no buscar trabajo. Los trabajos están por ahí, dice, para quienes se molestan en buscarlos. Esto es tan extraordinariamente disparatado que desafía la comprensión. Los trabajadores sólo deben ahorrar para cubrir los posibles períodos de desempleo, recomienda Cato. No importa si la mayoría de trabajadores gana apenas lo suficiente para pagar sus cuentas, y que los jóvenes trabajadores que pierden sus puestos de trabajo no hayan tenido mucho tiempo para ahorrar. Otra alternativa sugerida por Cato es poner toda la operación al nivel de los estados, lo que les permitiría a los estados “ser libres para pasar a un sistema más orientado al mercado”, y “derogar las leyes que impiden a las compañías de seguros ofrecer pólizas privadas de seguro de desempleo”. Aquí llegamos al meollo de la recomendación del Cato Institute: bajo el sistema actual, las empresas privadas no tienen vela en ese velorio. ¿De qué sirve el seguro de desempleo si las corporaciones no pueden beneficiarse directamente de él?
No es sorprendente que el Departamento de Trabajo atraiga la ira de Cato. Los servicios de empleo y de formación deben ser eliminados, porque “no cumplen con ninguna necesidad crítica que los mercados privados no satisfagan”. El Congreso “debe reducir el tamaño de las actividades de reglamentación del Departamento de Trabajo”. Cato luego se queja de que “la Administración de Seguridad y Salud, la División de Horas y Salarios, y otras agencias imponen una densa red de normas relativas a los empleadores de Estados Unidos. El tema principal no es el costo del presupuesto federal de estos organismos, sino el “daño a la economía causado por reglamentos innecesarios, tales como el salario mínimo federal”. Desde el punto de vista de las corporaciones, es el momento de deshacerse de las molestas normas que ayudan a proteger a los trabajadores de condiciones inseguras, y de eliminar cualquier limitación a la capacidad de las empresas de reducir los salarios. Estas “normas innecesarias” se interponen con la capacidad de las empresas de aumentar sus ingresos.
La lectura de la filosofía de Cato en cuanto a los sindicatos es una experiencia alucinante. Es difícil creer que incluso los gerentes corporativos puedan tomar esto literalmente, y que estén tan agudamente conscientes de sus intereses de clase, y tan en desacuerdo con los intereses de clase de los trabajadores. Tal vez las declaraciones de posición de Cato están destinados a convencer a aquellos trabajadores que no tienen consciencia de clase de actuar contra sus propios intereses. “Las principales intervenciones federales a favor de la sindicalización”, tales como la National Labor Relations Act de 1935, razona Cato, “se basan en la falsa idea de que la gestión empresarial y el trabajo son enemigos naturales. De hecho, tanto la patronal como la laboral son empleadas por los consumidores al producir bienes y servicios, y por lo tanto no tiene sentido suponer que haya una gran diferencia entre estos grupos”. Hay que estar fuera de contacto con la realidad para hacer una afirmación tan descabellada en estos tiempos económicos difíciles. Además, el objetivo de las empresas es producir ganancias, y los bienes que producen son sólo el medio de hacerlo.
“Es importante que las autoridades reexaminen las leyes sindicales y que deroguen aquellas leyes que son perjudiciales para el crecimiento económico e incompatibles con una sociedad libre”, sugiere amablemente Cato. Y los legisladores están respondiendo a estas propuestas, y se están realizando esfuerzos en varios estados para prohibir que los sindicatos recaben membresías a través de deducciones de nómina. Los trabajadores se verían obligados a escribir un cheque a nombre del sindicato cada mes. La intención es obvia: hacer más difícil que los sindicatos perciban derechos, y así mutilar sus operaciones. Los derechos de negociación colectiva de los empleados estatales están bajo asedio en varios estados. Las empresas no están contentas con sus ventajas, desde ya desequilibradas. Están buscando la victoria total, por la que los trabajadores se quedarían sin medios de defender sus derechos.
Cato quiere que se deroguen todas las leyes favorables a los trabajadores. Una de sus prioridades es la eliminación de la prohibición a la contratación libre de sindicalización. “Una regla que requeriría que los trabajadores permanezcan libres de sindicatos como parte de la descripción del trabajo”, explica Cato, “y el trabajador es libre de aceptar o rechazar la oferta de trabajo”. ¿Cuán libres seríamos, en un mundo de libre mercado de ensueño, en el que el resultado inevitable sería que casi todos los empleadores impondrían el requisito de no afiliación como condición de empleo. El trabajador tendría la libertad de elección: o bien firma tal contrato o pasa hambre.
Entre las “reformas importantes” que Cato insta al Congreso a aprobar están la eliminación de la representación exclusiva, en otras palabras, la autorización de la multiplicidad de sindicatos; la aprobación de una ley de derecho al trabajo, que permitiría a las empresas a contratar permanentemente a trabajadores de reemplazo; y permitir a las empresas negarse a seguir empleando a los representantes sindicales. A Cato también le gustaría ver un proyecto de ley que permita los sindicatos de empresas, ya que, como dice, “la prohibición actual a la cooperación... no tiene sentido económico”.
Las recomendaciones de Cato para el Departamento de Salud y Servicios Humanos no son menos draconianas. “Medicare reduce la libertad individual”, proclama el grupo de análisis. Cato resucita esa vieja y cansada cantaleta de que Medicare es una “pirámide que le permite a cada generación aprovecharse de la siguiente”. Cato se pregunta por qué la gente joven tendría que someterse a la imposición de tener que apoyar a los ancianos. No importa que las personas mayores ya hayan abonado al sistema. Una vez más, se evidencia la muy común hostilidad sociopática de la derecha hacia el bien común. “El Congreso debe reducir el gasto de Medicare”, exige Cato, ya que “los ancianos son más prósperos que nunca antes”. El Congreso debería poner fin a Medicare y ofrecer a los jubilados un bono para adquirir un seguro de salud. Esa es la solución de Cato. Después de todo, ¿cuál es el beneficio de un programa del que las empresas no pueden obtener ganancias? Cabría preguntarse, sin embargo, cuántas compañías de seguros estarían dispuestas a asegurar a una persona mayor, y si es así, ¿a qué precios lo harían?
Cato alaba la reforma de los programas de apoyo social de 1996 del presidente Clinton por haber reducido en dos tercios la lista de personas elegibles. Pero se puede hacer más. “El objetivo final de la reforma,” Cato explica, “debe ser la eliminación de todo el sistema de ingresos de bienestar para las personas en condiciones de trabajar. Esto significa que la eliminación de no sólo los cupones TANF, sino también los cupones alimentos, la vivienda social y otros programas. Las personas que no están dispuestas a mantenerse a sí mismas a través del mercado de trabajo tendrían que depender del apoyo de la familia, la iglesia, la comunidad o la caridad privada”. Es el modelo perfecto del Tercer Mundo, esperando ser importado a los EE.UU. Tal vez Cato no se ha dado cuenta, pero el mercado laboral no ha funcionado tan bien para emplear a personas dispuestas, incluso ansiosas, de trabajar. Y no todos tienen parientes a los que puedan recurrir, ni tampoco todas las familias a las que les va bien económicamente pueden asumir cargas adicionales. Hay que preguntarse cómo espera Cato que las organizaciones de beneficencia y las iglesias asuman la tarea de mantener a las millones de personas que lo necesitan. No hay suficientes albergues para darles cabida a todos. Pero no importa, porque “la caridad privada es superior a la asistencia social del gobierno”. Y todavía hay un montón de bancos en los parques donde se puede dormir, y puentes bajo los cuales instalarse.
Cato guarda una especial hostilidad para el Departamento de Transporte. “La Administración Federal de Tránsito debe ser eliminada”, debido a su apoyo al ferrocarril. La pérdida de los subsidios de tránsito federales obligaría a los gobiernos locales a abrir “los mercados de transporte a operadores privados”. El control del tráfico aéreo debería ser “eliminado del presupuesto federal” y las operaciones gestionadas por una empresa privada. Amtrak también debería ser privatizada. Y la Administración Federal de Carreteras debe ser eliminada, lo que alentaría a los gobiernos estatales a “mirar hacia el sector privado para ayudar en el financiamiento y operación de carreteras”, incluyendo los peajes electrónicos, todo ello con magníficas utilidades, naturalmente. Imagine una vida en la que para conducir por las carreteras conllevara repetidos cobros y donde el ferrocarril como un servicio de transporte alternativo seguro, rápido y más amigable con el medioambiente haya sido permanentemente eliminado… esa es una pequeña muestra de algunas de las maravillas que nos puede traer este libre mercado de ensueño.
Estos no son sólo algunos de los conceptos descabellados, aunque ciertamente dan esa impresión. Los grupos de presión y de análisis sienten que el momento ha llegado, y están llevando a cabo estos objetivos con abandono. Los gobiernos estatales ya se están avanzando para poner en práctica algunos de estos objetivos políticos, y los republicanos de la Cámara Baja han introducido una serie de proyectos de ley en este sentido. De hecho, la propuesta de Presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, Paul Ryan, refleja las recomendaciones de organismos como Cato e incluye muchas de las mismas ideas. Mientras que la propuesta de Ryan no tiene ninguna posibilidad de pasar a ley sin cambios, lo cierto es que tarde o temprano, algunos elementos encontrarán un espacio en la ley.
Los Republicanos de la Cámara proponen que se privatice Amtrak. En efecto, eso significaría la venta del corredor noreste a una empresa privada que opere la línea, cobrando tarifas más altas a los usuarios. Y ya que la rentabilidad de esa línea ayuda a apoyar el servicio de trenes para el resto de la nación, es improbable que las demás líneas encuentren compradores, lo que resultaría en su cierre. China se ha embarcado en un programa de $ 1,000 millones para la construcción de un ferrocarril de alta velocidad, infraestructura y carreteras, mientras que en los EE.UU. ese tipo de dinero está reservado para las aventuras militares y las reducciones de impuestos. En vez de eso, nos ofrecen planes de transporte basados en la privatización, la eliminación de las alternativas al automóvil e infraestructura deteriorada. El senador de Illinois, Mark Kirk, ha presentado un proyecto de ley que tipifica este enfoque, llamando a la inversión privada en carreteras y aeropuertos, y la “comercialización” de los descansos en las carreteras.
Por como van las cosas, estas ideas sólo ganarán más tracción con la elección de un presidente republicano. Los trabajadores se enfrentan a una elección poco envidiable en las elecciones de 2012: votar por el Presidente Obama, que podemos estar seguros seguirá sirviendo a los intereses corporativos, o votar por el candidato republicano, que hará lo mismo, sólo que de una manera más dura.
En los próximos meses, podemos estar seguros de que veremos más recortes salvajes de las pensiones y los servicios sociales, así como intentos de socavar la Seguridad Social. Los jueces en dos casos judiciales, en Colorado y Minnesota, han descartado los desafíos legales presentados por trabajadores estatales jubilados a quienes se les ha eliminado los ajustes por costo de vida de sus pensiones. Estas decisiones son ampliamente vistas como una luz verde para que otras legislaturas estatales recorten las pensiones, y desde ya el gobernador Christie de Nueva Jersey ha firmado una ley que recorta severamente las pensiones y los beneficios de salud de los trabajadores estatales. Y Christie dice que ha recibido llamadas de los gobernadores de otros estados, pidiéndole asesoramiento sobre la forma en que pueden replicar su acción.
Con el bajo nivel de solidaridad entre trabajadores, la lucha es desigual. Pero los sindicatos, debilitados como están, siguen enfrascados en una oposición enérgica a los ataques contra los trabajadores. Siguen siendo la mejor arma para defendernos, y merecen todo nuestro apoyo. El mundo granempresarial está realizando agresivamente su programa. No deberíamos ser menos militantes en la defensa de nuestros derechos.
Gregory Elich es miembro de la Junta Directiva del Jasenovac Research Institute y del Consejo Asesor de la Comisión de la Verdad de Corea. También es autor del libro Strange Liberators: Militarism, Mayhem, and the Pursuit of Profit.
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domingo, 24 de julio de 2011
viernes, 22 de julio de 2011
ANÁLISIS DE LAS PROPUESTAS DEL PARTIDO POPULAR
Análisis de las propuestas del Partido Popular para salir de la crisis
Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | Actualizado 19 Julio 2011 - 13:52 h. .El Partido Popular, liderado por el Sr. Rajoy, se presenta como el partido más capaz de sacar a España de la crisis, ignorando que fue primordialmente el gobierno Aznar el que jugó un papel clave en la generación de la crisis en España. De ahí la importancia de analizar las políticas económicas, fiscales y laborales del gobierno Aznar, puesto que el Sr. Rajoy ha subrayado en varias ocasiones que repetirá las mismas políticas llevadas a cabo por el gobierno PP durante el periodo 1996-2004 y que presenta, erróneamente, como exitosas.
Lo primero que hay que subrayar en este análisis es que las políticas públicas llevadas a cabo por el gobierno PP no fueron las que caracterizaban a los partidos conservadores europeos como, por ejemplo, al gobierno alemán de la Sra. Angela Merkel, sino las que defendían el partido republicano estadounidense bajo la presidencia de Bush hijo. Es decir, fueron políticas neoliberales en su estado más puro, muy favorables al capital financiero y a su especulación. Su desregulación del suelo en 1998 fue la base sobre la cual se montó la burbuja inmobiliaria, dando como resultado el establecimiento del complejo banca-sector inmobiliario-industria de la construcción. Esta industria de la construcción pasó a sustituir la industria como uno de los motores de la economía española. En realidad, el gobierno Aznar –como el gobierno Bush-careció de una política industrial, de lo cual parecía estar orgulloso. El contraste con el gobierno conservador alemán no podría ser más acentuado. En Alemania, la industria continuó siendo uno de los motores de la economía, apoyada por el Estado. He criticado extensamente el modelo alemán basado en la exportación y en la acumulación de euros, que fue utilizada por la banca para prestarlos a los países periféricos, incluyendo España. Así, se financió el boom inmobiliario español, que dejó a los empresarios y a las familias españolas profundamente endeudados. Pero el modelo español del PP fue incluso peor, pues se basó en la especulación (los precios de la vivienda no respondieron a la dinámica del mercado, siendo un 30% superiores a los que las condiciones del mercado hubieran determinado). El problema es que no había mercado de la vivienda. Había una especulación desatendida, cuando no ignorada, por la entidad reguladora que se conoce como Banco de España. En realidad, tal banco actuaba (y continúa actuando ahora) más como lobby de la banca que como la agencia pública reguladora de la banca.
Otro problema grave de las políticas del gobierno Aznar es que, conforme a su actitud de favorecer la propiedad, en lugar del alquiler, dio ventajas fiscales para estimular la compra, facilitando así el endeudamiento. Esto es lo que Rajoy quiere estimular de nuevo, ignorando los costes que ello supuso para la economía del país. La economía del ladrillo fue la gran contribución del gobierno PP a construir una economía de baja productividad y bajos salarios. Es extraordinario que un gobierno con tal record se presente como la solución.
De ahí que encuentro sorprendente la crítica que se hace al PP por falta de claridad en su programa económico. Rajoy, sin embargo, lo ha dicho claramente. Seguirá el modelo del gobierno Aznar, lo cual resultará en un mayor endeudamiento público (que intentará resolver con recortes draconianos del gasto público, como ha hecho David Cameron en Gran Bretaña, o Artur Mas en Catalunya), y una economía basada en bajos salarios, inestabilidad y precariedad laboral. Estas son las características del modelo Aznar, y éstas serán las características del modelo Rajoy con un agravante. El gobierno Aznar se benefició de las cuatro devaluaciones de la peseta durante el periodo socialista que le precedió, siendo la última el 6 de marzo de 1995. El gobierno Rajoy no tendrá esta ventaja. Lo cual significa que intentará todavía más la llamada devaluación doméstica, que es la manera amable de definir la reducción de los salarios de una manera radical. No hay duda de que el gobierno PP será incluso de mayor dureza que el gobierno Zapatero, con lo cual, España vivirá un periodo de gran confrontación con un interrogante en cuanto a su futuro.
Las políticas continuistas del gobierno Zapatero
El gobierno Zapatero no inició la crisis. La comenzó el gobierno Aznar. Pero su política fue continuista, sus recortes de impuestos, que siguieron los que habían tenido lugar en la época Aznar, contribuyeron a crear el déficit estructural del estado que apareció con toda su crudeza cuando la economía española se paralizó como resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria. El gobierno Zapatero tuvo mayor sensibilidad social, invirtiendo mucho más en el estado del bienestar español que el gobierno Aznar. Pero este incremento de los ingresos al estado se basó en el aumento de los ingresos al estado resultado del elevado crecimiento económico estimulado por la burbuja inmobiliaria, en lugar de –tal como debiera haber ocurrido- un aumento de la progresividad fiscal y otras reformas del sistema fiscal que el estado español (y sus CCAA) necesitan con toda urgencia para salir de la crisis.
El mayor problema que tiene la economía española no es el déficit público, sino el bajo crecimiento económico y el elevado desempleo. La reducción del gasto público está contribuyendo a retrasar la recuperación económica. La evidencia que apoya esta tesis es robusta y abundante. Véase lo que esta ocurriendo en Grecia ¿Es ésta la vía que los dos partidos mayoritario están proponiendo? Debería ser obvio que lo que debiera hacerse es aumentar la creación de empleo –en las líneas sugeridas en otros de mis artículos- (ver sección Política Económica en mi blog www.vnavarro.org) mediante un incremento del gasto público procedente en su mayoría de los impuestos a las rentas superiores y grupos financieros y económicos que vieron sus impuestos disminuidos en los últimos quince años. El que no se esté haciendo muestra la enorme influencia que la banca, la gran patronal y las rentas superiores tienen sobre el estado (y sobre los medios de mayor difusión). Como he señalado en varias ocasiones, si España tuviera la misma política fiscal que Suecia, el estado español ingresaría 200.000 millones de euros más de los que recibe, con los cuales podría, además de reducir el déficit público del estado, crear 5.000.000 de puestos de trabajo más, eliminando el desempleo. Estos cinco millones de nuevos puestos de trabajo se conseguirían a base de incrementar el porcentaje de adultos empleados en los servicios del Estado del Bienestar, tales como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios para personas con dependencia, servicios sociales, entre otros (todos ellos muy poco financiados en España), pasando de ser el 10% actual al 24% de Suecia.
Una última observación. Por fin, el candidato Rubalcaba, del PSOE, ha abierto la puerta a que se considere como una medida necesaria para salir de la crisis el aumento de la carga fiscal de los banqueros, entre otros, y con tales fondos crear empleo, propuestas que han estado haciendo los partidos a la izquierda del PSOE y que han sido ignoradas sistemáticamente por los mayores medios de información. Por muy bienvenida que sea esta propuesta del Sr. Rubalcaba, así como la de recuperar el impuesto sobre el patrimonio, lo cierto es que se tenía que haber hecho mucho antes. Su observación de que no se podía hacer antes, traduce una falta de comprensión de la naturaleza y causa de la crisis. Ésta se debe, no al excesivo déficit público, sino al estancamiento económico, resultado de la escasa demanda, consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional (que ha forzado un profundo endeudamiento). Los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, han estado empeorando la situación económica del país, tal como muestra claramente el caso de la economía griega. De ahí que las propuestas de Rubalcaba, aunque vayan en buen camino, se convierten en insuficientes para resolver el gran estancamiento de la economía española. El estado debiera invertir y crear empleo masivamente cubriendo, además, los enormes déficits sociales que tiene el estado español.
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Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | Actualizado 19 Julio 2011 - 13:52 h. .El Partido Popular, liderado por el Sr. Rajoy, se presenta como el partido más capaz de sacar a España de la crisis, ignorando que fue primordialmente el gobierno Aznar el que jugó un papel clave en la generación de la crisis en España. De ahí la importancia de analizar las políticas económicas, fiscales y laborales del gobierno Aznar, puesto que el Sr. Rajoy ha subrayado en varias ocasiones que repetirá las mismas políticas llevadas a cabo por el gobierno PP durante el periodo 1996-2004 y que presenta, erróneamente, como exitosas.
Lo primero que hay que subrayar en este análisis es que las políticas públicas llevadas a cabo por el gobierno PP no fueron las que caracterizaban a los partidos conservadores europeos como, por ejemplo, al gobierno alemán de la Sra. Angela Merkel, sino las que defendían el partido republicano estadounidense bajo la presidencia de Bush hijo. Es decir, fueron políticas neoliberales en su estado más puro, muy favorables al capital financiero y a su especulación. Su desregulación del suelo en 1998 fue la base sobre la cual se montó la burbuja inmobiliaria, dando como resultado el establecimiento del complejo banca-sector inmobiliario-industria de la construcción. Esta industria de la construcción pasó a sustituir la industria como uno de los motores de la economía española. En realidad, el gobierno Aznar –como el gobierno Bush-careció de una política industrial, de lo cual parecía estar orgulloso. El contraste con el gobierno conservador alemán no podría ser más acentuado. En Alemania, la industria continuó siendo uno de los motores de la economía, apoyada por el Estado. He criticado extensamente el modelo alemán basado en la exportación y en la acumulación de euros, que fue utilizada por la banca para prestarlos a los países periféricos, incluyendo España. Así, se financió el boom inmobiliario español, que dejó a los empresarios y a las familias españolas profundamente endeudados. Pero el modelo español del PP fue incluso peor, pues se basó en la especulación (los precios de la vivienda no respondieron a la dinámica del mercado, siendo un 30% superiores a los que las condiciones del mercado hubieran determinado). El problema es que no había mercado de la vivienda. Había una especulación desatendida, cuando no ignorada, por la entidad reguladora que se conoce como Banco de España. En realidad, tal banco actuaba (y continúa actuando ahora) más como lobby de la banca que como la agencia pública reguladora de la banca.
Otro problema grave de las políticas del gobierno Aznar es que, conforme a su actitud de favorecer la propiedad, en lugar del alquiler, dio ventajas fiscales para estimular la compra, facilitando así el endeudamiento. Esto es lo que Rajoy quiere estimular de nuevo, ignorando los costes que ello supuso para la economía del país. La economía del ladrillo fue la gran contribución del gobierno PP a construir una economía de baja productividad y bajos salarios. Es extraordinario que un gobierno con tal record se presente como la solución.
De ahí que encuentro sorprendente la crítica que se hace al PP por falta de claridad en su programa económico. Rajoy, sin embargo, lo ha dicho claramente. Seguirá el modelo del gobierno Aznar, lo cual resultará en un mayor endeudamiento público (que intentará resolver con recortes draconianos del gasto público, como ha hecho David Cameron en Gran Bretaña, o Artur Mas en Catalunya), y una economía basada en bajos salarios, inestabilidad y precariedad laboral. Estas son las características del modelo Aznar, y éstas serán las características del modelo Rajoy con un agravante. El gobierno Aznar se benefició de las cuatro devaluaciones de la peseta durante el periodo socialista que le precedió, siendo la última el 6 de marzo de 1995. El gobierno Rajoy no tendrá esta ventaja. Lo cual significa que intentará todavía más la llamada devaluación doméstica, que es la manera amable de definir la reducción de los salarios de una manera radical. No hay duda de que el gobierno PP será incluso de mayor dureza que el gobierno Zapatero, con lo cual, España vivirá un periodo de gran confrontación con un interrogante en cuanto a su futuro.
Las políticas continuistas del gobierno Zapatero
El gobierno Zapatero no inició la crisis. La comenzó el gobierno Aznar. Pero su política fue continuista, sus recortes de impuestos, que siguieron los que habían tenido lugar en la época Aznar, contribuyeron a crear el déficit estructural del estado que apareció con toda su crudeza cuando la economía española se paralizó como resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria. El gobierno Zapatero tuvo mayor sensibilidad social, invirtiendo mucho más en el estado del bienestar español que el gobierno Aznar. Pero este incremento de los ingresos al estado se basó en el aumento de los ingresos al estado resultado del elevado crecimiento económico estimulado por la burbuja inmobiliaria, en lugar de –tal como debiera haber ocurrido- un aumento de la progresividad fiscal y otras reformas del sistema fiscal que el estado español (y sus CCAA) necesitan con toda urgencia para salir de la crisis.
El mayor problema que tiene la economía española no es el déficit público, sino el bajo crecimiento económico y el elevado desempleo. La reducción del gasto público está contribuyendo a retrasar la recuperación económica. La evidencia que apoya esta tesis es robusta y abundante. Véase lo que esta ocurriendo en Grecia ¿Es ésta la vía que los dos partidos mayoritario están proponiendo? Debería ser obvio que lo que debiera hacerse es aumentar la creación de empleo –en las líneas sugeridas en otros de mis artículos- (ver sección Política Económica en mi blog www.vnavarro.org) mediante un incremento del gasto público procedente en su mayoría de los impuestos a las rentas superiores y grupos financieros y económicos que vieron sus impuestos disminuidos en los últimos quince años. El que no se esté haciendo muestra la enorme influencia que la banca, la gran patronal y las rentas superiores tienen sobre el estado (y sobre los medios de mayor difusión). Como he señalado en varias ocasiones, si España tuviera la misma política fiscal que Suecia, el estado español ingresaría 200.000 millones de euros más de los que recibe, con los cuales podría, además de reducir el déficit público del estado, crear 5.000.000 de puestos de trabajo más, eliminando el desempleo. Estos cinco millones de nuevos puestos de trabajo se conseguirían a base de incrementar el porcentaje de adultos empleados en los servicios del Estado del Bienestar, tales como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios para personas con dependencia, servicios sociales, entre otros (todos ellos muy poco financiados en España), pasando de ser el 10% actual al 24% de Suecia.
Una última observación. Por fin, el candidato Rubalcaba, del PSOE, ha abierto la puerta a que se considere como una medida necesaria para salir de la crisis el aumento de la carga fiscal de los banqueros, entre otros, y con tales fondos crear empleo, propuestas que han estado haciendo los partidos a la izquierda del PSOE y que han sido ignoradas sistemáticamente por los mayores medios de información. Por muy bienvenida que sea esta propuesta del Sr. Rubalcaba, así como la de recuperar el impuesto sobre el patrimonio, lo cierto es que se tenía que haber hecho mucho antes. Su observación de que no se podía hacer antes, traduce una falta de comprensión de la naturaleza y causa de la crisis. Ésta se debe, no al excesivo déficit público, sino al estancamiento económico, resultado de la escasa demanda, consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional (que ha forzado un profundo endeudamiento). Los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, han estado empeorando la situación económica del país, tal como muestra claramente el caso de la economía griega. De ahí que las propuestas de Rubalcaba, aunque vayan en buen camino, se convierten en insuficientes para resolver el gran estancamiento de la economía española. El estado debiera invertir y crear empleo masivamente cubriendo, además, los enormes déficits sociales que tiene el estado español.
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Vicenç Navarro
LAS PRIVATIZACIONES TIENEN SU PREMIO, Y EL "DON" RECOMPENSA LOS SERVICIOS PRESTADOS
“Tu Don sabrá recompensarte”
Artículo perteneciente a la sección de 3i "Desmonta los medios"
España | César Pérez Navarro - Tercera Información | 22-07-2011 |
El otro día leí un ejemplo más de cómo la prensa para los muy mayores y nostálgicos guarda celosamente los privilegios de los políticos del bipartidismo. ABC publicó un artículo -”La agenda de los huevos de oro”- en el que se señala que “los representantes del pueblo están mucho peor pagados que los directivos de las empresas privadas”. “Pero tienen guardado un as bajo la manga” como remedio a su injusto sueldo. El “as” no es otro que la empresa privada. ABC indica sin pudor que un cargo político es un “excelente comodín profesional” que puede usarse una vez finalizada la carrera pública;
“(...) Los largos años de carrera política incluyen, además de arduas jornadas de trabajo, la posibilidad de construir una buena agenda de contactos que en el ocaso de la vida política se convierte en un excelente comodín profesional que puede llegar a valer su precio en oro (...)”.
Para completar una noticia sin atisbo de crítica hacia este comportamiento, ABC enumera con toda "inocencia" algunos de los casos recientes más destacados dentro del PP-PSOE. A destacar a Eduardo Zaplana, que fichó por Telefónica; Felipe González, consejero independiente de Gas Natural Fenosa; o José María Aznar, asesor de Endesa.
En enfoque del diario conservador pretende normalizar el “flujo entre lo privado y lo público” entre la justificación y la admiración del fenómeno sin referirse en ningún momento a los favores previos que originaron esos fichajes entre los políticos de primera fila que han desempeñado la responsabilidad de representar a los ciudadanos en alguna ocasión. Para ABC no son los directivos de las empresas privadas quienes deben rebajar su sueldo hasta niveles moralmente aceptables, sino que los políticos deben incrementarlo porque “están mucho peor pagados” y “tienen razón”. Mientras elude comparar ese sueldo con la media de los españoles, ABC oculta la relación directa entre los favores que los ex-presidentes y ministros hicieron al privatizar empresas públicas de las que ahora son consejeros.
Telefónica fue privatizada en 1996, durante el primer gobierno de Aznar, del que Zaplana más tarde sería ministro de Trabajo. El ex-presidente de la Generalitat valenciana cobra casi un millón de euros anuales.
El Gobierno de Felipe González vendió en 1994 sin licitación previa -es decir, a dedo- la Empresa Nacional de Gas (Enagas) a Gas Natural con una pérdida para el Estado de un 58% respecto a su valor real. Tres meses antes de fichar por esta empresa hizo la vista gorda con el proyecto de construcción de un gaseoducto en Doñana promovido por una filial de la compañía. Hoy cobra un salario de 126.000 euros de Gas Natural y también es accionista de la empresa gasística.
Aznar terminó de privatizar Endesa cuando aún generaba el 60% de la energía eléctrica en España. Hoy cobra 200.000 euros anuales de su cargo en la multinacional.
Al igual que Vito Corleone, que hacía muchos favores con el fin de provocar en sus agraciados la necesidad de devolver el favor cuando él lo necesitara, estas multinacionales supieron cumplir con los ex-presidentes y algunos de sus ministros llegado el momento. El tiempo dirá si AENA u otras empresas privatizadas reclaman los servicios de Zapatero o Blanco cuando abandonen sus cargos públicos.
Si el lector aún no se indignó, ha de saber que los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González perciben además cada uno cerca de 80.000 euros brutos anuales de los Presupuestos Generales del Estado (algo por encima del sueldo del actual presidente del Gobierno): una retribución con carácter vitalicio en razón del cargo desempeñado y que es compatible con los sueldos que reciben de Endesa y Gas Natural Fenosa respectivamente porque la “Ley de Incompatibilidades” -blindada por el bicéfalo PP-PSOE- nunca se modificó.
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ANTE LA CRISIS DE LA DEUDA EN LA UE: CUESTIÓN DE ALTERNATIVAS
Cuestión de alternativas
Antoni Domènech · Daniel Raventós · · · ·
17/07/11
En el debate sobre el estado de la nación se repitió una vez más el viejo mantra: no hay alternativa a las suicidas políticas procíclicas de austeridad fiscal neoliberal impuestas a los pueblos y a los Parlamentos europeos por los mercados financieros internacionales y la incompetente troika del BCE, el FMI y la Comisión Europea. A despecho del comprensible afán por desmarcarse de las políticas que llevaron al PSOE a la catástrofe electoral del 22 de mayo, el nuevo candidato, Rubalcaba, no pudo menos de sumarse a la misma cantilena: en lo fundamental, no había otra opción. ¿Es verdad?
Supongamos que lo fuera. Eso significaría, por lo pronto, que todas las revueltas y protestas sociales presentes y venideras, pacíficas o violentas, que están creciendo aceleradamente en todo el continente -acampadas, manifestaciones, huelgas generales-, estarían condenadas a estrellarse contra una pared inamovible. Y significaría que cualquier posible decisión parlamentaria contraria al dictado de la troika se estrellaría contra la misma pared.
Quedaría, a lo sumo, tratar de "explicar" al pueblo doliente, y pretendidamente ignorante, la idoneidad de esas políticas sin alternativa posible; "hacer pedagogía", como les gusta decir de consuno a tertulianos y políticos de orden, esos de los que, como diría nuestro fallecido amigo Manolo Vázquez Montalbán, nunca se sabe de dónde sacan pa tanto como destacan.
¿Qué hay que explicar? Que la política sin alternativa es ella misma, y por sí misma, y por eso mismo, una amenaza a la pervivencia de la democracia en Europa, como acaba de advertir el nada alarmista premio Nobel de Economía Amartya Sen desde las páginas del diario The Guardian el 22 de junio de 2011. Que la sola idea de una austeridad fiscal "expansiva" es una ignorante ilusión nacida de la destrucción de la teoría macroeconómica acometida por académicos a sueldo y cabilderos varios en las tres últimas décadas, ese "periodo oscuro", de olvido premeditado y banderizo de conocimientos sólidamente adquiridos por las generaciones anteriores, como han repetido hasta la saciedad otros dos premios Nobel, Paul Krugman y Joseph Stiglitz. En suma: que la política económica "sin alternativa" no es propiamente una alternativa creíble -ni siquiera desde sus propios supuestos normativos-, sino una ofensiva en toda regla contra la soberanía y el bienestar de las poblaciones trabajadoras europeas e incluso, posiblemente, como ha advertido la ONU a propósito de Grecia, contra los derechos humanos tout court. Una ofensiva que no puede sino traer consigo ruina, dolor, desigualdad y conflictos sociales de creciente pugnacidad y consecuencias imprevisibles.
Un año después del giro del 9 de mayo -cuando supuestamente estuvimos "al borde del abismo"- y del inicio de las contrarreformas "salvadoras", el desempleo y la precariedad laboral están peor, no mejor. La recaudación fiscal cae. Las ventas minoristas se han desplomado en el primer semestre de este año. Crecen la morosidad y las ejecuciones hipotecarias. Se dispara la pobreza. Los mercados financieros, lejos de "calmarse", parecen exigir con redoblada ferocidad ulteriores sangrías: nuestra prima de riesgo es ahora indeciblemente más alta. La derecha política hostil al Estado social anda recrecida; la izquierda social, desengañada de la política. Y toda Europa se halla en zozobra: cayó Irlanda, luego Portugal, y ahora se ciernen negras amenazas sobre la tercera economía europea, Italia, y con ella, nuevamente sobre España.
La política "sin alternativa creíble" es ella misma increíble: eso es lo que han entendido los millones de indignados que se lanzan a la calle en Grecia, en España, en Italia, en Portugal o en Gran Bretaña. ¿Por qué, pues, parece no haber alternativa? Primero, claro, porque el establishment lo repite sin cesar, en todos los grandes medios de comunicación, públicos y privados: a veces, hasta fingiendo lamentarlo. Y porque se ningunea a las voces discordantes, a las moderadas no menos que a las radicales. Un día, un redicho locutorcillo de tres al cuarto de la televisión pública catalana se permite hablar con displicencia del premio Nobel Krugman: "Sus propuestas keynesianas contra la crisis ya fracasaron". Otro, un sociólogo electoral, se permite glosar con cuatro tonterías superficiales desde las páginas de EL PAÍS la teoría cognitiva de las metáforas -de la que, obviamente, no entiende una palabra- y a cuenta de eso, despachar sin mayor argumentación, además de a los indignados, a todos los economistas y científicos sociales críticos de ATTAC, a los que nos llama sin más "colectivistas" trasnochados. Y así sucesivamente.
La impresión dominante es que cualquier alternativa imaginable a la política "sin alternativa" habrá de estrellarse contra el pétreo muro de una troika empeñada ahora en destruir la democracia europea con el mismo celo dogmático con que llevó incompetentemente a nuestra economía a la catástrofe en 2008. Contestando a Llamazares, el presidente Zapatero lo expresó con patetismo en el debate parlamentario: "No ha sido un giro a la derecha", sino... un "paso atrás" (verosímilmente, ante fuerzas políticamente insuperables). La "edad oscura de la macroeconomía" lamentada por Krugman parece haber nublado también las cabezas de muchos políticos de centro-izquierda, lo que, en convergencia con la sensación de impotencia política, les hace ver como radicales o como implausibles, o aun como técnicamente inviables, medidas que, razonabilísimas y dignas cuando menos de ser debatidas, no tendrían, en principio, mucho de tales. Por ejemplo, la reivindicación de una renta básica universal de ciudadanía ligada a un nuevo robustecimiento del Estado social y democrático de derecho, una reivindicación que ahora mismo está abriéndose, vigorosamente, paso entre los indignados europeos y que no hace tanto mereció el respeto y la simpatía de la izquierda y del centro-izquierda parlamentarios españoles.
Dos cosas están claras, cuando menos. La primera: que en la raíz de los males económicos que aquejan a la eurozona hay un problema de diseño institucional básico, cual es la carencia de una autoridad fiscal capaz de lidiar con la crisis a través de políticas de estímulo fiscal, en vez de limitarse a las erráticas y vergonzantes semimedidas camufladas de política monetaria del BCE (como el amago, este 12 de julio, de compra de deuda soberana de Estados miembros por parte del BCE, para frenar in angustiis el desplome de la renta variable y la espiral del riesgo país en España y en Italia). La segunda: que quienes de verdad parecen mandar en la UE no tienen la menor voluntad política de cambiar el diseño. Y eso es lo que parece condenar, quieras que no, al conjunto de la eurozona a una carrera hacia el abismo de la deflación competitiva y la destrucción salarial, y a los países periféricos, a la austeridad fiscal neoliberal, a la progresiva puesta en almoneda de todo su patrimonio público y al suicidio económico sin esperanza.
Eso tal vez no tiene remedio a corto plazo, salvo que la amenaza de un gran -y cada vez menos improbable- movimiento de contestación social fuerce a las élites europeas a otro camino (para empezar, a algo tan sencillo como que el BCE emitiera eurobonos respaldados de consuno por los miembros de la eurozona). Aun así, seguiría habiendo alternativas estrictamente nacionales harto menos traumáticas que una posible -y al paso que vamos, quizá inevitable- salida del euro. Hace meses, por ejemplo, que el sólido Marshall Auerback viene proponiendo a Grecia un camino alternativo de salvación nacional y de preservación de los derechos humanos y sociales de su población. Incluso en su actual situación límite, Grecia -como la República de Irlanda, como la república portuguesa, como el Reino de España- podría perfectamente colocar con éxito en mercados financieros privados bonos públicos emitidos con la cláusula de que, en caso de declararse en quiebra, sus tenedores podrían usarlos para pagar impuestos al Gobierno griego. Un expediente que haría inmediatamente obvio a los inversores que los nuevos títulos públicos serían "moneda buena", valedera mientras el Estado griego sea capaz de exigir y recaudar impuestos.
Es solo un ejemplo, entre muchos. ¿No es sospechoso que, mientras abundan la conspiración del silencio y la gratuita descalificación de quienes se oponen al desastre anunciado, escasee en los grandes medios de comunicación establecidos la discusión sobre propuestas alternativas de este tipo?
Antoni Domènech es catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la UB. Daniel Raventós es profesor titular en esa misma facultad y presidente de la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org). Ambos son miembros del Consejo Científico de Attac-España y redactores de la revista política SinPermiso (www.sinpermiso.info).
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Antoni Domènech · Daniel Raventós · · · ·
17/07/11
En el debate sobre el estado de la nación se repitió una vez más el viejo mantra: no hay alternativa a las suicidas políticas procíclicas de austeridad fiscal neoliberal impuestas a los pueblos y a los Parlamentos europeos por los mercados financieros internacionales y la incompetente troika del BCE, el FMI y la Comisión Europea. A despecho del comprensible afán por desmarcarse de las políticas que llevaron al PSOE a la catástrofe electoral del 22 de mayo, el nuevo candidato, Rubalcaba, no pudo menos de sumarse a la misma cantilena: en lo fundamental, no había otra opción. ¿Es verdad?
Supongamos que lo fuera. Eso significaría, por lo pronto, que todas las revueltas y protestas sociales presentes y venideras, pacíficas o violentas, que están creciendo aceleradamente en todo el continente -acampadas, manifestaciones, huelgas generales-, estarían condenadas a estrellarse contra una pared inamovible. Y significaría que cualquier posible decisión parlamentaria contraria al dictado de la troika se estrellaría contra la misma pared.
Quedaría, a lo sumo, tratar de "explicar" al pueblo doliente, y pretendidamente ignorante, la idoneidad de esas políticas sin alternativa posible; "hacer pedagogía", como les gusta decir de consuno a tertulianos y políticos de orden, esos de los que, como diría nuestro fallecido amigo Manolo Vázquez Montalbán, nunca se sabe de dónde sacan pa tanto como destacan.
¿Qué hay que explicar? Que la política sin alternativa es ella misma, y por sí misma, y por eso mismo, una amenaza a la pervivencia de la democracia en Europa, como acaba de advertir el nada alarmista premio Nobel de Economía Amartya Sen desde las páginas del diario The Guardian el 22 de junio de 2011. Que la sola idea de una austeridad fiscal "expansiva" es una ignorante ilusión nacida de la destrucción de la teoría macroeconómica acometida por académicos a sueldo y cabilderos varios en las tres últimas décadas, ese "periodo oscuro", de olvido premeditado y banderizo de conocimientos sólidamente adquiridos por las generaciones anteriores, como han repetido hasta la saciedad otros dos premios Nobel, Paul Krugman y Joseph Stiglitz. En suma: que la política económica "sin alternativa" no es propiamente una alternativa creíble -ni siquiera desde sus propios supuestos normativos-, sino una ofensiva en toda regla contra la soberanía y el bienestar de las poblaciones trabajadoras europeas e incluso, posiblemente, como ha advertido la ONU a propósito de Grecia, contra los derechos humanos tout court. Una ofensiva que no puede sino traer consigo ruina, dolor, desigualdad y conflictos sociales de creciente pugnacidad y consecuencias imprevisibles.
Un año después del giro del 9 de mayo -cuando supuestamente estuvimos "al borde del abismo"- y del inicio de las contrarreformas "salvadoras", el desempleo y la precariedad laboral están peor, no mejor. La recaudación fiscal cae. Las ventas minoristas se han desplomado en el primer semestre de este año. Crecen la morosidad y las ejecuciones hipotecarias. Se dispara la pobreza. Los mercados financieros, lejos de "calmarse", parecen exigir con redoblada ferocidad ulteriores sangrías: nuestra prima de riesgo es ahora indeciblemente más alta. La derecha política hostil al Estado social anda recrecida; la izquierda social, desengañada de la política. Y toda Europa se halla en zozobra: cayó Irlanda, luego Portugal, y ahora se ciernen negras amenazas sobre la tercera economía europea, Italia, y con ella, nuevamente sobre España.
La política "sin alternativa creíble" es ella misma increíble: eso es lo que han entendido los millones de indignados que se lanzan a la calle en Grecia, en España, en Italia, en Portugal o en Gran Bretaña. ¿Por qué, pues, parece no haber alternativa? Primero, claro, porque el establishment lo repite sin cesar, en todos los grandes medios de comunicación, públicos y privados: a veces, hasta fingiendo lamentarlo. Y porque se ningunea a las voces discordantes, a las moderadas no menos que a las radicales. Un día, un redicho locutorcillo de tres al cuarto de la televisión pública catalana se permite hablar con displicencia del premio Nobel Krugman: "Sus propuestas keynesianas contra la crisis ya fracasaron". Otro, un sociólogo electoral, se permite glosar con cuatro tonterías superficiales desde las páginas de EL PAÍS la teoría cognitiva de las metáforas -de la que, obviamente, no entiende una palabra- y a cuenta de eso, despachar sin mayor argumentación, además de a los indignados, a todos los economistas y científicos sociales críticos de ATTAC, a los que nos llama sin más "colectivistas" trasnochados. Y así sucesivamente.
La impresión dominante es que cualquier alternativa imaginable a la política "sin alternativa" habrá de estrellarse contra el pétreo muro de una troika empeñada ahora en destruir la democracia europea con el mismo celo dogmático con que llevó incompetentemente a nuestra economía a la catástrofe en 2008. Contestando a Llamazares, el presidente Zapatero lo expresó con patetismo en el debate parlamentario: "No ha sido un giro a la derecha", sino... un "paso atrás" (verosímilmente, ante fuerzas políticamente insuperables). La "edad oscura de la macroeconomía" lamentada por Krugman parece haber nublado también las cabezas de muchos políticos de centro-izquierda, lo que, en convergencia con la sensación de impotencia política, les hace ver como radicales o como implausibles, o aun como técnicamente inviables, medidas que, razonabilísimas y dignas cuando menos de ser debatidas, no tendrían, en principio, mucho de tales. Por ejemplo, la reivindicación de una renta básica universal de ciudadanía ligada a un nuevo robustecimiento del Estado social y democrático de derecho, una reivindicación que ahora mismo está abriéndose, vigorosamente, paso entre los indignados europeos y que no hace tanto mereció el respeto y la simpatía de la izquierda y del centro-izquierda parlamentarios españoles.
Dos cosas están claras, cuando menos. La primera: que en la raíz de los males económicos que aquejan a la eurozona hay un problema de diseño institucional básico, cual es la carencia de una autoridad fiscal capaz de lidiar con la crisis a través de políticas de estímulo fiscal, en vez de limitarse a las erráticas y vergonzantes semimedidas camufladas de política monetaria del BCE (como el amago, este 12 de julio, de compra de deuda soberana de Estados miembros por parte del BCE, para frenar in angustiis el desplome de la renta variable y la espiral del riesgo país en España y en Italia). La segunda: que quienes de verdad parecen mandar en la UE no tienen la menor voluntad política de cambiar el diseño. Y eso es lo que parece condenar, quieras que no, al conjunto de la eurozona a una carrera hacia el abismo de la deflación competitiva y la destrucción salarial, y a los países periféricos, a la austeridad fiscal neoliberal, a la progresiva puesta en almoneda de todo su patrimonio público y al suicidio económico sin esperanza.
Eso tal vez no tiene remedio a corto plazo, salvo que la amenaza de un gran -y cada vez menos improbable- movimiento de contestación social fuerce a las élites europeas a otro camino (para empezar, a algo tan sencillo como que el BCE emitiera eurobonos respaldados de consuno por los miembros de la eurozona). Aun así, seguiría habiendo alternativas estrictamente nacionales harto menos traumáticas que una posible -y al paso que vamos, quizá inevitable- salida del euro. Hace meses, por ejemplo, que el sólido Marshall Auerback viene proponiendo a Grecia un camino alternativo de salvación nacional y de preservación de los derechos humanos y sociales de su población. Incluso en su actual situación límite, Grecia -como la República de Irlanda, como la república portuguesa, como el Reino de España- podría perfectamente colocar con éxito en mercados financieros privados bonos públicos emitidos con la cláusula de que, en caso de declararse en quiebra, sus tenedores podrían usarlos para pagar impuestos al Gobierno griego. Un expediente que haría inmediatamente obvio a los inversores que los nuevos títulos públicos serían "moneda buena", valedera mientras el Estado griego sea capaz de exigir y recaudar impuestos.
Es solo un ejemplo, entre muchos. ¿No es sospechoso que, mientras abundan la conspiración del silencio y la gratuita descalificación de quienes se oponen al desastre anunciado, escasee en los grandes medios de comunicación establecidos la discusión sobre propuestas alternativas de este tipo?
Antoni Domènech es catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la UB. Daniel Raventós es profesor titular en esa misma facultad y presidente de la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org). Ambos son miembros del Consejo Científico de Attac-España y redactores de la revista política SinPermiso (www.sinpermiso.info).
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miércoles, 20 de julio de 2011
FIN DE LA FIESTA ECONÓMICA, COMIENZA LA FIESTA POLÍTICA
FIN DE LA FIESTA .
Crisis de las clases medias
Fin de la fiesta económica, comienza la fiesta política
Isidro López REBELIÓN
¿Neoliberalismo? El relato político nos cuenta como, después del 68, lo que parecía un armónico pacto entre capital y trabajo se convirtió en un avispero revolucionario en el que distintas formas culturales y políticas ponían en cuestión el reparto del producto social. Peligraban los beneficios capitalistas.
La respuesta: los muy ricos, los propietarios del capital, tomaron las riendas de las políticas públicas desde principios de los ochenta para liquidar la insurrección y reafirmar el poder de mando del capital.
Las vías con las que el estado neoliberal decretó recomponer los beneficios capitalistas tenían tanto de disciplinamiento político como de receta contraproducente para el propio desarrollo capitalista: atacar a los salarios, recortar del estado de bienestar y prohibir que el estado incurra en déficits produce una escasez crónica de demanda que impide que el crecimiento económico despegue.
La contrarrevolución neoliberal estaba buscando una vía de escape para su brutal nihilismo social (y económico). El principal motor político del nuevo modelo neoliberal, los ricos, no tenía problema: cada vez acumulaban más y más riqueza con este arreglo. El problema eran las llamadas “clases medias”, un estrato que se había movido al ritmo del constante crecimiento de los salarios y había crecido durante los años sesenta engrosado por la clase obrera industrial y un creciente acceso a posiciones profesionales cualificadas.
Los activos financieros, la Bolsa, el crédito y los mercados inmobiliarios fueron “la carta” material (la ideológica sería la "nueva derecha") que el neoliberalismo se guardaba en la manga para intentar conseguir que esa cosa llamada clase media no pasase a engrosar las filas del tradicional proletariat y, desde ahí, se pusiera en peligro la hegemonía neoliberal.
La fórmula es aparentemente sencilla: que todos los recursos que los propietarios de capital roban a la sociedad sean devueltos en forma de crédito, que alimente el consumo y el trabajo (precario) y luego vuelva acrecentado a los propietarios de capital y de títulos financieros. En lo que esto sucede, la desposesión continúa: recortes, privatizaciones, descenso de los salarios y saqueo de bienes naturales. Es la llamada financiarización del capital.
Lo sucedido en España durante la belle époque 1995/2007 es fruto de una extraña colisión entre este modelo y una mutación del muy hispánico y muy bizarro desarrollismo. Durante la autocracia franquista, la solución a los problemas económicos y sociales fue poner el activo number one de España, “El sol y la playa”, en el mercado internacional.
Lo que comenzó como un entretenimiento estival para "suecas" y obreros fordistas de Dusseldorf y Manchester, acabó siendo una maquina de producir entradas de flujos internacionales de capital sobre el sector inmobiliario español. Por otro, lado la obra social franquista, con su gran sentido de lo vertical y lo otorgado, anticipando en treinta años a Margaret Thatcher, se ponía a fabricar propietarios de vivienda para ir a contrapelo de la lucha de clases.
Desde la transición, unas políticas públicas dispuestas a todo con tal de meter más madera a la maquina turístico-inmobiliaria hicieron lo demás. A partir de mediados de los noventa, mientras el resto de la UE, EE UU y Japón chapoteaban en la atonía económica y la involución social, España se convertía en una de las mecas del capitalismo financiarizado y, encima, desde 2004 se las daba de “progre”.
Se llama “efecto riqueza” a la sensación de afluencia que proporciona el crecimiento del valor de los activos financieros o inmobiliarios aunque, y suele ser el caso, estén financiados a crédito. Su traducción, en el caso español, fue una oleada de euforia en el consumo (la demanda), aunque siempre por barrios, ocasionada por una fuerte subida de los precios de la vivienda.
Este fenómeno recompuso una clase media que perdía posiciones sociales pero mantenía una importante base patrimonial compuesta, casi exclusivamente, por viviendas o, en su (triste) caso, por una hipoteca. La llegada de la crisis inmobiliaria borró este efecto de la noche a la mañana.
Comprimiendo en cuestión de meses un proceso que en las anteriores crisis capitalistas podía durar decenios, el desplome de la riqueza financiera/inmobiliaria dejó al descubierto un panorama de salarios menguantes, precariedad laboral, derechos sociales en recesión y la apertura de una brutal brecha generacional entre las posiciones económicas de las anteriores generaciones y los jóvenes.
Del “efecto riqueza” al “efecto pobreza”, la proletarización del estrato central de la sociedad, aparece en toda su violencia material y psicológica, mientras por arriba los poderes políticos se pliegan milimétricamente a las demandas de los verdaderos jefes de todo esto, los propietarios del capital.
De manera algo gruesa, se puede resumir el 15M como el momento en que buena parte de las clases medias españolas dejaron de confiar en las soluciones económicas para lanzarse a la arena de la política, que es donde se juega el verdadero partido.
Desde ahí, lejos de los pavoneos económicos del ciclo anterior, el 15M tiene algo que enseñar al resto del mundo: en España, hasta 2007, hemos visto “lo mejor” que puede ofrecer el capitalismo financiarizado global en los próximos decenios. Y sabemos que es un callejón sin salida.
Por eso, la única salida verdadera a la crisis económica es una crisis política tan profunda que sea capaz de cuestionar quién tiene derecho a apropiarse de lo que producimos entre todos y quién tiene derecho a decidir sobre lo que es de todos.
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salida social a la crisis
CAYO LARA (IU) A ROSELL (CEOE): "LOS PARÁSITOS NO ESTÁN PRECISAMENTE ENTRE LOS PARADOS"
Cayo Lara: "Los parásitos no están precisamente entre los parados"
El coordinador general de IU recomienda a Rosell que aconseje a quienes podrían estar evadiendo impuestos
EFE Valencia 19/07/2011 15:03 Actualizado: 19/07/2011
Cayo Lara en una rueda de prensa en Madrid. -
PÚBLICO
Noticias relacionadas Rosell pide acabar con los funcionarios "prepotentes e incumplidores" España pide 7.250 millones al mercado en pleno ataque
El coordinador general de IU, Cayo Lara, ha advertido de que "los parásitos de este país no están precisamente entre los trabajadores y los parados", sino "entre aquellos que están evadiendo impuestos con el consentimiento cómplice" de poderes políticos e institucionales.
Lara ha respondido así a las declaraciones del presidente de la CEOE , Juan Rosell, quien ayer abogó por "combatir" a los funcionarios "prepotentes e incumplidores", y por decir que no, a "quien se apunte al paro porque sí".
La patronal "tiene en su propio seno a empresarios que están supuestamente evadiendo impuestos" y "no pagando al fisco de una manera correcta", ha afirmado Cayo Lara, quien también ha añadido que en la campaña fiscal de 2010, "las rentas del trabajo están pagando cuatro veces más impuestos que los beneficios del capital".
Cayo Lara mantiene que el BCE debe comprar deuda nacional En este sentido, ha instado a Rosell a que en lugar de "decir esas paridas" y tratar de "cargarse la negociación colectiva", aconseje "a quienes están incumpliendo sus obligaciones fiscales que las cumplan y a partir de ahí, hable de parásitos en la vida política y laboral española".
El líder de IU también se ha referido a la deuda española, ante "el ataque " que está recibiendo, junto con la italiana, la griega y la portuguesa, por parte de "los insaciables especuladores financieros internacionales".
A su juicio, el interés al que se paga la deuda española, superior al 6%, "es prohibitivo para cualquier país", y ha reiterado que la propuesta de IU de que sea el Banco Central Europeo el que compre la deuda de los países al 1,5 %, acabaría "con la especulación financiera".
Lara ha achacado la situación económica "a la política especulativa del ladrillo" desarrollada durante muchos años, y al bipartidismo entre el PP y el PSOE, "que ha dejado hacer y no ha acometido intervenciones en política de vivienda".
El partido quiere integrar plenamente a los ciudadanos En este sentido, ha señalado que a su partido más que un adelanto electoral y un cambio de Gobierno, le interesa "un giro" de la política económica, aunque no percibe "voluntad" por parte del Ejecutivo, ni del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Con ese objetivo, IU ha puesto en marcha la "Convocatoria Social por una Alternativa programática", con la que busca "dar la palabra" a los ciudadanos y contar con su participación para elaborar un programa con el que dar respuesta a las necesidades de la mayoría de cara a las próximas elecciones generales.
Por su parte, el responsable de Acción Política del partido, José Luis Centella, ha añadido que el compromiso de la formación pretende ir más allá de la convocatoria electoral, por lo que se establecerán mecanismos para que los ciudadanos puedan controlar el trabajo de sus representantes.
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El coordinador general de IU recomienda a Rosell que aconseje a quienes podrían estar evadiendo impuestos
EFE Valencia 19/07/2011 15:03 Actualizado: 19/07/2011
Cayo Lara en una rueda de prensa en Madrid. -
PÚBLICO
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El coordinador general de IU, Cayo Lara, ha advertido de que "los parásitos de este país no están precisamente entre los trabajadores y los parados", sino "entre aquellos que están evadiendo impuestos con el consentimiento cómplice" de poderes políticos e institucionales.
Lara ha respondido así a las declaraciones del presidente de la CEOE , Juan Rosell, quien ayer abogó por "combatir" a los funcionarios "prepotentes e incumplidores", y por decir que no, a "quien se apunte al paro porque sí".
La patronal "tiene en su propio seno a empresarios que están supuestamente evadiendo impuestos" y "no pagando al fisco de una manera correcta", ha afirmado Cayo Lara, quien también ha añadido que en la campaña fiscal de 2010, "las rentas del trabajo están pagando cuatro veces más impuestos que los beneficios del capital".
Cayo Lara mantiene que el BCE debe comprar deuda nacional En este sentido, ha instado a Rosell a que en lugar de "decir esas paridas" y tratar de "cargarse la negociación colectiva", aconseje "a quienes están incumpliendo sus obligaciones fiscales que las cumplan y a partir de ahí, hable de parásitos en la vida política y laboral española".
El líder de IU también se ha referido a la deuda española, ante "el ataque " que está recibiendo, junto con la italiana, la griega y la portuguesa, por parte de "los insaciables especuladores financieros internacionales".
A su juicio, el interés al que se paga la deuda española, superior al 6%, "es prohibitivo para cualquier país", y ha reiterado que la propuesta de IU de que sea el Banco Central Europeo el que compre la deuda de los países al 1,5 %, acabaría "con la especulación financiera".
Lara ha achacado la situación económica "a la política especulativa del ladrillo" desarrollada durante muchos años, y al bipartidismo entre el PP y el PSOE, "que ha dejado hacer y no ha acometido intervenciones en política de vivienda".
El partido quiere integrar plenamente a los ciudadanos En este sentido, ha señalado que a su partido más que un adelanto electoral y un cambio de Gobierno, le interesa "un giro" de la política económica, aunque no percibe "voluntad" por parte del Ejecutivo, ni del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Con ese objetivo, IU ha puesto en marcha la "Convocatoria Social por una Alternativa programática", con la que busca "dar la palabra" a los ciudadanos y contar con su participación para elaborar un programa con el que dar respuesta a las necesidades de la mayoría de cara a las próximas elecciones generales.
Por su parte, el responsable de Acción Política del partido, José Luis Centella, ha añadido que el compromiso de la formación pretende ir más allá de la convocatoria electoral, por lo que se establecerán mecanismos para que los ciudadanos puedan controlar el trabajo de sus representantes.
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martes, 19 de julio de 2011
LAS CAUSAS POLÍTICAS DE LA CRISIS
Las causas políticas de la crisis
14 jul 2011
VICENÇ NAVARRO
Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Ilustración de Mikel Jaso
Detrás de la crisis de la deuda pública de los países periféricos de la eurozona (Grecia, Portugal, España e Irlanda) está un hecho político: todos estos países fueron gobernados por dictaduras y/o gobiernos autoritarios de ultraderecha en la mayoría del periodo que va desde los años cuarenta hasta los años ochenta del siglo pasado. Ello determinó que, a pesar de los avances ocurridos desde entonces, tales países tengan todavía hoy estados pobres, con escasos recursos (como lo atestigua que los ingresos al Estado como porcentaje de su PIB estén muy por debajo del promedio de la Europa de los Quince, UE-15). En 2009, tal porcentaje fue del 34% para España, del 34% para Irlanda, del 37% para Grecia y del 34% para Portugal, porcentajes más bajos que el promedio de la UE-15 –el 44%– y mucho más bajos que Suecia (el país donde las izquierdas gobernaron por más tiempo durante el periodo citado), con un 54%.
Pero, además de pobres, estos estados eran altamente represivos, con una escasa sensibilidad social y muy poco redistributivos. Son los países que tienen el número de policías por 10.000 habitantes mayor de la UE-15 y el menor porcentaje de población adulta trabajando en su Estado del bienestar. En España, sólo un adulto de cada diez trabaja en sanidad, educación, servicios de ayuda domiciliaria a las personas con dependencia, escuelas de infancia, servicios sociales y otros servicios públicos del escasamente financiado Estado del bienestar. En Suecia, un adulto de cada cuatro trabaja en tales servicios. El gasto público social por habitante es en España el más bajo de la UE-15.
Es cierto que el enorme déficit de gasto público, incluido el social, que el Estado español heredó de la dictadura, se corrigió en parte durante los años ochenta y principios de los noventa hasta que llegó 1993, fecha en la que se tomaron las medidas encaminadas a integrar España en la eurozona. Entre ellas, la más importante fue la de reducir el déficit público del Estado (entonces un 6% del PIB), lo cual se consiguió mediante la reducción del gasto público (incluyendo el social), tal como está ocurriendo ahora.
En España, las reducciones del déficit del Estado siempre se han conseguido a base de disminuir el gasto público social en lugar de las subidas de impuestos. Y ello es consecuencia del enorme poder de lo que se llamaba antes burguesía, pequeña burguesía y rentas superiores de la clase media alta (que dominan la vida política y mediática del país). Su ideología, que se promueve en los medios de mayor difusión del país, es el neoliberalismo, que predica la bajada de impuestos y el aumento de la regresividad fiscal, así como la reducción del gasto público (incluido el social), como las medidas más eficaces para estimular el crecimiento económico. Estas políticas son responsables de la enorme polarización de las rentas con el consiguiente empobrecimiento y endeudamiento de las clases populares (las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas nacionales han ido descendiendo) y una obscena concentración de las rentas y de la riqueza que se invirtió en los sectores que producían mayores beneficios, que eran las actividades altamente especulativas del sector inmobiliario, liderado por la banca.
Esta situación fue incluso más acentuada con las bajadas de impuestos en los últimos 15 años que beneficiaron primordialmente a las rentas superiores, que depositaron sus nuevos ingresos en la banca, la cual prestó al Estado el dinero que necesitaba para cubrir el déficit resultado de la bajada de impuestos. Un círculo virtuoso para los
superricos y los ricos. Existe una alianza de las clases adineradas con la banca, la cual se beneficia del endeudamiento del Estado. Esta alianza está detrás de la crisis de la deuda pública. Los ricos en España, Grecia, Portugal e Irlanda no pagan los impuestos que pagan sus homólogos en la mayoría del centro y norte de la eurozona, forzando al Estado a endeudarse para el beneficio de la banca, tanto nacional como extranjera. El predecible estallido de la burbuja inmobiliaria creó una crisis de enormes proporciones. La excesiva dependencia de los ingresos del Estado español de las rentas del trabajo y del consumo, en lugar de las rentas del capital, explica que el déficit público del Estado se disparara, pasando de superávit a un 11% del PIB de déficit en tres años. Y, una vez más, la crisis y el déficit público se atribuyó (erróneamente) al excesivo gasto público (incluyendo el social), con los consecuentes recortes. Con ello se ha ido empeorando la situación económica, pues el estancamiento económico se debe a la escasa demanda, resultado del endeudamiento y la baja capacidad adquisitiva y no al excesivo gasto público. Con estas políticas de recortes, España está yendo hacia Grecia.
Lo que se requiere es una reforma fiscal que aumente los ingresos al Estado para crear empleo, puesto que el mayor problema que tiene España no es el déficit público, sino el elevado desempleo y el escaso crecimiento económico, consecuencia de la escasa demanda. Y el país tiene los recursos para ello. Lo que pasa es que el Estado no los recoge. Así, el PIB per cápita de España es ya el 94% del promedio de la UE-15. En cambio, su gasto público social es sólo el 74% del promedio de la UE-15. Si fuera el 94%, el Estado tendría 66.000 millones de euros más para cubrir el déficit del Estado y el enorme déficit de gasto y empleo público social de España. Lo que ocurre es que el Estado en España (y en Grecia, Portugal e Irlanda) está excesivamente influenciado por la banca, la gran patronal y las rentas superiores, los mayores responsables, por cierto, del fraude fiscal, que en España alcanza la cifra de 88.000 millones de euros. El hecho de que el Estado prefiera recortar el Estado del bienestar en lugar de hacer la reforma fiscal que el país necesita se debe a lo que se llamaba antes “poder de clase” y ahora se llama (erróneamente) “poder de los mercados”.
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14 jul 2011
VICENÇ NAVARRO
Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Ilustración de Mikel Jaso
Detrás de la crisis de la deuda pública de los países periféricos de la eurozona (Grecia, Portugal, España e Irlanda) está un hecho político: todos estos países fueron gobernados por dictaduras y/o gobiernos autoritarios de ultraderecha en la mayoría del periodo que va desde los años cuarenta hasta los años ochenta del siglo pasado. Ello determinó que, a pesar de los avances ocurridos desde entonces, tales países tengan todavía hoy estados pobres, con escasos recursos (como lo atestigua que los ingresos al Estado como porcentaje de su PIB estén muy por debajo del promedio de la Europa de los Quince, UE-15). En 2009, tal porcentaje fue del 34% para España, del 34% para Irlanda, del 37% para Grecia y del 34% para Portugal, porcentajes más bajos que el promedio de la UE-15 –el 44%– y mucho más bajos que Suecia (el país donde las izquierdas gobernaron por más tiempo durante el periodo citado), con un 54%.
Pero, además de pobres, estos estados eran altamente represivos, con una escasa sensibilidad social y muy poco redistributivos. Son los países que tienen el número de policías por 10.000 habitantes mayor de la UE-15 y el menor porcentaje de población adulta trabajando en su Estado del bienestar. En España, sólo un adulto de cada diez trabaja en sanidad, educación, servicios de ayuda domiciliaria a las personas con dependencia, escuelas de infancia, servicios sociales y otros servicios públicos del escasamente financiado Estado del bienestar. En Suecia, un adulto de cada cuatro trabaja en tales servicios. El gasto público social por habitante es en España el más bajo de la UE-15.
Es cierto que el enorme déficit de gasto público, incluido el social, que el Estado español heredó de la dictadura, se corrigió en parte durante los años ochenta y principios de los noventa hasta que llegó 1993, fecha en la que se tomaron las medidas encaminadas a integrar España en la eurozona. Entre ellas, la más importante fue la de reducir el déficit público del Estado (entonces un 6% del PIB), lo cual se consiguió mediante la reducción del gasto público (incluyendo el social), tal como está ocurriendo ahora.
En España, las reducciones del déficit del Estado siempre se han conseguido a base de disminuir el gasto público social en lugar de las subidas de impuestos. Y ello es consecuencia del enorme poder de lo que se llamaba antes burguesía, pequeña burguesía y rentas superiores de la clase media alta (que dominan la vida política y mediática del país). Su ideología, que se promueve en los medios de mayor difusión del país, es el neoliberalismo, que predica la bajada de impuestos y el aumento de la regresividad fiscal, así como la reducción del gasto público (incluido el social), como las medidas más eficaces para estimular el crecimiento económico. Estas políticas son responsables de la enorme polarización de las rentas con el consiguiente empobrecimiento y endeudamiento de las clases populares (las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas nacionales han ido descendiendo) y una obscena concentración de las rentas y de la riqueza que se invirtió en los sectores que producían mayores beneficios, que eran las actividades altamente especulativas del sector inmobiliario, liderado por la banca.
Esta situación fue incluso más acentuada con las bajadas de impuestos en los últimos 15 años que beneficiaron primordialmente a las rentas superiores, que depositaron sus nuevos ingresos en la banca, la cual prestó al Estado el dinero que necesitaba para cubrir el déficit resultado de la bajada de impuestos. Un círculo virtuoso para los
superricos y los ricos. Existe una alianza de las clases adineradas con la banca, la cual se beneficia del endeudamiento del Estado. Esta alianza está detrás de la crisis de la deuda pública. Los ricos en España, Grecia, Portugal e Irlanda no pagan los impuestos que pagan sus homólogos en la mayoría del centro y norte de la eurozona, forzando al Estado a endeudarse para el beneficio de la banca, tanto nacional como extranjera. El predecible estallido de la burbuja inmobiliaria creó una crisis de enormes proporciones. La excesiva dependencia de los ingresos del Estado español de las rentas del trabajo y del consumo, en lugar de las rentas del capital, explica que el déficit público del Estado se disparara, pasando de superávit a un 11% del PIB de déficit en tres años. Y, una vez más, la crisis y el déficit público se atribuyó (erróneamente) al excesivo gasto público (incluyendo el social), con los consecuentes recortes. Con ello se ha ido empeorando la situación económica, pues el estancamiento económico se debe a la escasa demanda, resultado del endeudamiento y la baja capacidad adquisitiva y no al excesivo gasto público. Con estas políticas de recortes, España está yendo hacia Grecia.
Lo que se requiere es una reforma fiscal que aumente los ingresos al Estado para crear empleo, puesto que el mayor problema que tiene España no es el déficit público, sino el elevado desempleo y el escaso crecimiento económico, consecuencia de la escasa demanda. Y el país tiene los recursos para ello. Lo que pasa es que el Estado no los recoge. Así, el PIB per cápita de España es ya el 94% del promedio de la UE-15. En cambio, su gasto público social es sólo el 74% del promedio de la UE-15. Si fuera el 94%, el Estado tendría 66.000 millones de euros más para cubrir el déficit del Estado y el enorme déficit de gasto y empleo público social de España. Lo que ocurre es que el Estado en España (y en Grecia, Portugal e Irlanda) está excesivamente influenciado por la banca, la gran patronal y las rentas superiores, los mayores responsables, por cierto, del fraude fiscal, que en España alcanza la cifra de 88.000 millones de euros. El hecho de que el Estado prefiera recortar el Estado del bienestar en lugar de hacer la reforma fiscal que el país necesita se debe a lo que se llamaba antes “poder de clase” y ahora se llama (erróneamente) “poder de los mercados”.
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Vicenç Navarro
COSAS CURIOSAS DE LA ECONOMÍA EUROPEA
Pascual Serrano
Cosas curiosas de la economía europea
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08:27h. del Viernes, 1ro de julio
Como es sabido, uno de los protagonistas de la crisis financiera que se inició en 2008 en Estados Unidos, junto con la entidad Morgan Stanley, fue un banco de inversión llamado Goldman Sachs. Abocado a la bancarrota, en septiembre de 2008 la Reserva Federal estadounidense decidió que dejase de ser un banco de inversión para convertirse en un banco comercial y tuvo que ser rescatado con diez mil millones de dólares públicos. En abril de 2010, la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos acusó a Goldman Sachs de fraude por las hipotecas subprime. En los juzgados la entidad financiera está acusada de emitir obligaciones de deuda a partir de valores respaldados por hipotecas que se preveía que fallaran y comercializarlas para sus clientes presentándolas como una buena inversión. Así, las autoridades bursátiles estadounidenses calculan que los ingenuos inversores de Goldman Sachs perdieron en torno a 740 millones de euros (El País, 17-4-2010).
No solamente esto, Goldman tuvo un papel central a la hora de ayudar a Grecia a ocultar el déficit presupuestario de su gobierno a la Unión Europea, los mercados financieros y la opinión pública en general. Goldman vendió a Grecia unos complejos canjes en los que pagaba al gobierno griego por futuras fuentes de ingresos por conceptos tales como tasas de aterrizaje en aeropuertos. Se trataba en realidad de un préstamo, pero el canje permitía al gobierno griego evitar que el dinero prestado pasara a los libros como préstamo, lo que habría elevado su déficit presupuestario por encima de los límites permitidos en la zona euro (The Guardian, 20-4-2010). También hizo más negocios con Grecia, Goldman Sachs gestionó colocaciones de bonos griegos por importe de unos 15.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros al cambio actual) tras llevar a cabo una permuta de divisas que permitió al Gobierno de Atenas ocultar la verdadera cuantía de su déficit. Goldman ganó unos 735 millones de euros con la colocación de bonos griegos desde 2002, según datos de la agencia de noticias financieras Bloomberg News (El País, 18-2-2010).
¿Y por qué contamos ahora esto? Porque entre enero de 2002 y enero de 2006, mientras se cocían todos estos petardos financieros, el vicepresidente de Goldman Sachs era un señor que se llama Mario Draghi. El mismo que los líderes de la Unión Europea en una cumbre de Bruselas acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo. Ejercerá su cargo desde el 1 de noviembre de 2011, al 31 de octubre de 2019. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, afirmó que Draghi “ejercerá un liderazgo fuerte e independiente” de la institución, “continuando la tradición establecida por sus antecesores”. Hasta ahora solamente habíamos dedicado fondos públicos a salvar a las grandes financieras que habían provocado la crisis, ahora ya contratamos a sus directivos para gestionar la economía pública.
Y una última anécdota. Recordemos que los ciudadanos de Islandia
decidieron en referéndum que no estaban dispuestos a que su Estado asumiera el pago de 3.700 millones de euros a la banca privada del Reino Unido y Holanda. El gobierno islandés, que defendía el pago, se quedó muy abrumado y dijo que entonces el país no podría acceder a los mercados financieros. Sin embargo no hubo ningún problema para colocar en el mercado bonos a cinco años. Su precio se estableció a un tipo del 4,875% (Público, 11-6-2011). Lo curioso es que otros gobiernos más disciplinados con el mercado deberán pagar un interés mayor para que los inversores se interesen por sus bonos y los compren. Los bonos irlandeses se pagan al 15% y los griegos al 25%. Hasta el Estado español deberá pagar más interés que el islandés para que los inversores se los queden, el 5,6%. De modo que ni los mercados te premian cuando eres servil.
Pascual Serrano es periodista. Su último libro es ¿El mejor del los mundos? Un paseo crítico por lo que llaman “democracia” (Icaria)
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Cosas curiosas de la economía europea
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08:27h. del Viernes, 1ro de julio
Como es sabido, uno de los protagonistas de la crisis financiera que se inició en 2008 en Estados Unidos, junto con la entidad Morgan Stanley, fue un banco de inversión llamado Goldman Sachs. Abocado a la bancarrota, en septiembre de 2008 la Reserva Federal estadounidense decidió que dejase de ser un banco de inversión para convertirse en un banco comercial y tuvo que ser rescatado con diez mil millones de dólares públicos. En abril de 2010, la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos acusó a Goldman Sachs de fraude por las hipotecas subprime. En los juzgados la entidad financiera está acusada de emitir obligaciones de deuda a partir de valores respaldados por hipotecas que se preveía que fallaran y comercializarlas para sus clientes presentándolas como una buena inversión. Así, las autoridades bursátiles estadounidenses calculan que los ingenuos inversores de Goldman Sachs perdieron en torno a 740 millones de euros (El País, 17-4-2010).
No solamente esto, Goldman tuvo un papel central a la hora de ayudar a Grecia a ocultar el déficit presupuestario de su gobierno a la Unión Europea, los mercados financieros y la opinión pública en general. Goldman vendió a Grecia unos complejos canjes en los que pagaba al gobierno griego por futuras fuentes de ingresos por conceptos tales como tasas de aterrizaje en aeropuertos. Se trataba en realidad de un préstamo, pero el canje permitía al gobierno griego evitar que el dinero prestado pasara a los libros como préstamo, lo que habría elevado su déficit presupuestario por encima de los límites permitidos en la zona euro (The Guardian, 20-4-2010). También hizo más negocios con Grecia, Goldman Sachs gestionó colocaciones de bonos griegos por importe de unos 15.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros al cambio actual) tras llevar a cabo una permuta de divisas que permitió al Gobierno de Atenas ocultar la verdadera cuantía de su déficit. Goldman ganó unos 735 millones de euros con la colocación de bonos griegos desde 2002, según datos de la agencia de noticias financieras Bloomberg News (El País, 18-2-2010).
¿Y por qué contamos ahora esto? Porque entre enero de 2002 y enero de 2006, mientras se cocían todos estos petardos financieros, el vicepresidente de Goldman Sachs era un señor que se llama Mario Draghi. El mismo que los líderes de la Unión Europea en una cumbre de Bruselas acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo. Ejercerá su cargo desde el 1 de noviembre de 2011, al 31 de octubre de 2019. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, afirmó que Draghi “ejercerá un liderazgo fuerte e independiente” de la institución, “continuando la tradición establecida por sus antecesores”. Hasta ahora solamente habíamos dedicado fondos públicos a salvar a las grandes financieras que habían provocado la crisis, ahora ya contratamos a sus directivos para gestionar la economía pública.
Y una última anécdota. Recordemos que los ciudadanos de Islandia
decidieron en referéndum que no estaban dispuestos a que su Estado asumiera el pago de 3.700 millones de euros a la banca privada del Reino Unido y Holanda. El gobierno islandés, que defendía el pago, se quedó muy abrumado y dijo que entonces el país no podría acceder a los mercados financieros. Sin embargo no hubo ningún problema para colocar en el mercado bonos a cinco años. Su precio se estableció a un tipo del 4,875% (Público, 11-6-2011). Lo curioso es que otros gobiernos más disciplinados con el mercado deberán pagar un interés mayor para que los inversores se interesen por sus bonos y los compren. Los bonos irlandeses se pagan al 15% y los griegos al 25%. Hasta el Estado español deberá pagar más interés que el islandés para que los inversores se los queden, el 5,6%. De modo que ni los mercados te premian cuando eres servil.
Pascual Serrano es periodista. Su último libro es ¿El mejor del los mundos? Un paseo crítico por lo que llaman “democracia” (Icaria)
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lunes, 18 de julio de 2011
18 DE JULIO DE 1936. LA FECHA DE UNA TRAICIÓN, EL COMIENZO DE UN GENOCIDIO
Belén Meneses | Kaosenlared |
18 de julio de 1936. La fecha de una traición
Cuando hace setenta y cinco años el general Franco lideró la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la República que había jurado defender, además de abocar al país a tres largos años de muerte y destrucción, estableció la dolorosa realidad, aún vigente, de las dos Españas.
Para una España, el 18 de julio de 1936, es la fecha en que se perpetró la mayor traición contra la soberanía de un pueblo que había decidido romper las cadenas de siglos de tiranía y opresión, y libremente, reconducir su destino por el sendero de la igualdad y la justicia social. Aquel fatídico día se consumó una violación contra la legalidad y se llevó a cabo un brutal atentado contra la libertad. El 18 de julio de hace setenta años supuso el comienzo del desmantelamiento del Estado de derecho, de la pérdida de las libertades conquistadas durante la II República y el inicio del mayor acto de genocidio perpetrado por unos españoles contra otros.
Para la otra España, el 18 de julio de 1936, fecha del Glorioso Alzamiento Nacional, representa el punto de partida de la depuración de elementos indeseables que hacían peligrar la integridad de la patria. La gran Cruzada contra el “terror rojo” que amenazaba los privilegios de las oligarquías financieras, aristocráticas, eclesiásticas y militares.
Uno de los argumentos más recurrentes utilizados por quienes padecen una paranoica tendencia a justificar el alzamiento del 18 de julio, consiste en imputar a los dos bandos igual responsabilidad en el inicio del conflicto y apuntar que ambos cometieron las mismas atrocidades, equiparando a quienes se levantaron en armas contra el Gobierno surgido de las urnas con quienes defendieron la legalidad y los valores democráticos.
En la zona republicana, las detenciones y actos violentos que se sucedieron en los momentos iniciales de la sublevación fueron perpetrados por grupos aislados y descontrolados, que en ningún caso actuaron con el apoyo o la connivencia del gobierno de la República. Una vez superado el desconcierto inicial, cuando el ejército republicano comenzó a organizarse y las autoridades gubernamentales fueron recuperaron el control de la situación, cesaron de inmediato los asesinatos e incluso en algunos casos, los autores de las brutalidades cometidas fueron juzgados y condenados por tribunales militares. Por el contrario, resulta paradójico que los mayores actos de represión, ejecuciones, torturas y violaciones se llevaran a cabo en los lugares donde inicialmente triunfó la sublevación de los rebeldes. En pueblos y ciudades donde no fue necesario un solo tiro para someter a la población bajo el yugo fascista, se emprendió una feroz cacería contra los simpatizantes de la República, cargos públicos del Frente Popular, militantes de izquierdas y todo sospechoso de no comulgar con los postulados de la España Nacional. Las matanzas, los paseos y las vejaciones y humillaciones públicas contra los rojos y sus familias, llevados a cabo por los propios militares, pistoleros falangistas y personas de bien de la localidad, pronto se tornaron en dramas cotidianos que sembraron el terror y tiñeron de sangre cada rincón ocupado por los salvadores de la patria. En aquellos dramáticos momentos, ni los más pesimistas podían siquiera imaginar que tanto sufrimiento y tanta muerte inútil, no era más que un siniestro anticipo lo que estaba por llegar.
Mención aparte merecen los representantes del clero, que en lugar de posicionarse al lado de los perseguidos y sus familias, tal como cabría esperar de una institución cuya doctrina se asienta en la caridad cristiana y la empatía con el sufrimiento ajeno, tomaron partida por los verdugos convirtiéndose en cómplices, cuando no en precursores, de la sañuda crueldad de los sicarios fascistas. Clérigos y sacerdotes, abrazaron entusiastas la causa de la Santa Cruzada, y a lo largo de los años encubrieron, ampararon y silenciaron las atrocidades de un régimen que se afianzaba bajo el palio protector de las autoridades eclesiásticas.
Resulta difícil encontrar archivos o documentos donde se recojan declaraciones de oficiales del Ejército Popular alentando al asesinato indiscriminado o al ensañamiento con el enemigo. No ocurre lo mismo en el bando franquista, donde son numerosos los testimonios escritos o radiados (los mismo militares alardeaban sin tapujos de las heroicas gestas), animando a sus tropas e incluso a la población civil a asesinar, violar y torturar. Para muestra, reproduzco algunos extractos de declaraciones efectuadas por los más destacados oficiales del Ejército Nacional, que dan nombre a las calles y plazas de nuestra geografía.
“Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Declaraciones del general Emilio Mola al comienzo de la sublevación.
“Tenemos que matar; matar y matar. Son como animales (…) Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Nuestro programa para regenerar España consiste en exterminar un tercio de la población masculina. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España”. Entrevista del capitán franquista Gonzalo Aguilera, concedida al periodista John Whitaker.
"Naturalmente que los hemos fusilado ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?" Declaraciones del general Yagüe a un corresponsal estadounidense tras la matanza de la plaza de toros de Badajoz
“Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”
"¿Qué haré? pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".
"Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar". Algunas de las arengas radiofónicas proclamadas desde Radio Sevilla por el general Queipo de Llano.
"Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta." Declaraciones de Franco al corresponsal Jay Allen.
Mientras que el Ejercito Popular republicano concentró sus esfuerzos bélicos en intentar ganar una guerra que ni habían promovido ni originado, con el objetivo de derrotar al fascismo y restablecer la legalidad constitucional de la República, los rebeldes sublevados, además de combatir para conseguir la derrota incondicional del enemigo, se entregaron con notable ardor guerrero a la noble tarea de aniquilar cualquier vestigio que pudiera suponer un foco de disidencia contra el futuro régimen. Un verdadero holocausto iniciado en aquel verano de 1936 que no terminó con la victoria de Franco. El plan de exterminio emprendido por los nacionales durante la guerra desembocó en una cruenta venganza que se prolongó durante cuarenta años de terror franquista, bajo el auspicio de un régimen que nació y murió matando y que fomentó hasta el final la división de los españoles entre vencedores y vencidos.
En memoria de todos los españoles que se mantuvieron al lado de la legalidad republicana, y aún cuando el 18 de julio sea una fecha que provoque nuestra más categórica repulsa, es un compromiso moral y una cuestión de justicia histórica recordar aquella fatídica jornada. Debemos hacerlo para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan juzgar libremente quienes fueron las victimas y quienes los verdugos; que bando defendía la legalidad y cual luchó por derrocarla; quienes defendían la democracia y quienes la combatían. Es necesario evocar nuestra historia porque no es de justicia olvidar quienes fueron los españoles que entregaron sus vidas por defender la causa de la libertad y quienes les persiguieron, encarcelaron y asesinaron por ello. Las generaciones que ignoran lo que significa sobrevivir bajo la opresión de un régimen totalitario, que han tenido la fortuna de nacer y vivir en democracia, deberían tener presente que los principios y valores que hoy compartimos y asumimos con naturalidad como incuestionables, son la herencia de aquellos vencidos, que en un ejemplo de entrega, dignidad y espíritu de lucha, sembraron la semilla ideológica que hoy sustenta nuestro sistema de libertades.
Aunque las secuelas de la historia sigan causando dolor, el pasado no puede ser enterrado por los intereses de unos y el miedo de otros. Hay que recordar por aquellos que ya no pueden hacerlo; por las esperanzas truncadas, por las almas desterradas, por los secretos obligados, por los silencios impuestos, por las familias rotas, por las vidas desgarradas, por los sueños desbaratados, por las libertades perdidas... Hay que recordar porque se lo debemos a nuestros vencidos. Hay que recordar porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, sin identidad y sin futuro.
en Kaos en la Red
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domingo, 17 de julio de 2011
EL "GERNIKA" DE LA FLOTILLA DE LA LIBERTAD LIBERADO POR LAS AUTORIDADES GRIEGAS BAJO LA PRESIÓN DE LOS ACTIVISTAS
María Pulido desde la Flotilla de la Libertad
¿Libres?
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3
01:46h. del Jueves, 14 de julio
María Pulido desde la Flotilla de la Libertad
La autoridad portuaria se ha presentado en el Gernika a primera hora de esta mañana y después de muchas preguntas, alguna tensión y dos revisiones (una rutinaria y otra de las comunicaciones del barco), nos ha dado permiso para zarpar. Por fin el Gernika vuelve a ser libre para navegar por aguas del Mediterráneo, como debió ser siempre. Parece ser que para el gobierno griego, gracias al encierro en la Embajada, la huelga de hambre de los compañeros y otras acciones –como la manifestación griega de anoche-, comenzábamos a ser una seria molestia… Y es que molestar es lo que esta Flotilla de la Libertad II ha sabido hacer bien desde el principio.
Ahora volvemos a casa. Con la pena de no haber podido acariciar Palestina pero con la satisfacción de haber desenmascarado la realidad que se encuentra tras el bloqueo a Gaza. Escribía Chomsky que se avecina un tsunami en Israel y creo que no es muy presuntuoso decir que Rumbo a Gaza, como parte de la Coalición Internacional, ha sido clave fundamental para que aumente el oleaje. Por eso, y aunque el manotazo del sionismo a los derechos internacionales haya sido terrorífico (por espantoso y desmesurado), podemos retirarnos de la batalla con un buen sabor de boca. Eso sí, nos retiramos para hacernos más fuertes y continuar la lucha. Porque tenemos la recompensa de haber cumplido en gran parte con el objetivo que nos planteamos cuando nos embarcamos en esta acción pero también el convencimiento de que la lucha está aún por decidir.
Será porque como mis compañeras y compañeros soy una provocadora y una ilusa, pero creo que después de lo sucedido en Grecia este junio nada volverá a ser lo mismo: hemos demostrado que no somos ciudadanos y ciudadanas libres como nos venden, que los check points israelíes llegan hasta puertos y aeropuertos de todas las ciudades de Europa, que el Derecho se compra y se vende al mejor postor y que la escena política internacional es tan desalentadora y dolorosa como pudiera imaginarse (apunto que desde Creta, donde se encuentra atracado el Gernika, parten los cazas que se dirigen a bombardear Libia y cuyo sonido refleja ese mismo dolor).
Por eso tenemos que demostrar ahora también que no nos vamos a resignar. Que no normalizaremos lo acontecido como si fuese una noticia más de las que van y vienen en las portadas en verano. Toca estar juntas y juntos. Ser uno. Ser fuertes, tener claro por qué se lucha y contra quién y ponernos manos a la obra. El Gernika es libre y en unas semanas conseguiremos ponerlo a salvo en algún puerto del estado español, pero para que nosotros consigamos ser libres aún queda un largo camino por andar. Empecemos, como ahora hacemos desde nuestro bote tras un mapa del Mediterráneo, a trazar la ruta.
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¿Libres?
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01:46h. del Jueves, 14 de julio
María Pulido desde la Flotilla de la Libertad
La autoridad portuaria se ha presentado en el Gernika a primera hora de esta mañana y después de muchas preguntas, alguna tensión y dos revisiones (una rutinaria y otra de las comunicaciones del barco), nos ha dado permiso para zarpar. Por fin el Gernika vuelve a ser libre para navegar por aguas del Mediterráneo, como debió ser siempre. Parece ser que para el gobierno griego, gracias al encierro en la Embajada, la huelga de hambre de los compañeros y otras acciones –como la manifestación griega de anoche-, comenzábamos a ser una seria molestia… Y es que molestar es lo que esta Flotilla de la Libertad II ha sabido hacer bien desde el principio.
Ahora volvemos a casa. Con la pena de no haber podido acariciar Palestina pero con la satisfacción de haber desenmascarado la realidad que se encuentra tras el bloqueo a Gaza. Escribía Chomsky que se avecina un tsunami en Israel y creo que no es muy presuntuoso decir que Rumbo a Gaza, como parte de la Coalición Internacional, ha sido clave fundamental para que aumente el oleaje. Por eso, y aunque el manotazo del sionismo a los derechos internacionales haya sido terrorífico (por espantoso y desmesurado), podemos retirarnos de la batalla con un buen sabor de boca. Eso sí, nos retiramos para hacernos más fuertes y continuar la lucha. Porque tenemos la recompensa de haber cumplido en gran parte con el objetivo que nos planteamos cuando nos embarcamos en esta acción pero también el convencimiento de que la lucha está aún por decidir.
Será porque como mis compañeras y compañeros soy una provocadora y una ilusa, pero creo que después de lo sucedido en Grecia este junio nada volverá a ser lo mismo: hemos demostrado que no somos ciudadanos y ciudadanas libres como nos venden, que los check points israelíes llegan hasta puertos y aeropuertos de todas las ciudades de Europa, que el Derecho se compra y se vende al mejor postor y que la escena política internacional es tan desalentadora y dolorosa como pudiera imaginarse (apunto que desde Creta, donde se encuentra atracado el Gernika, parten los cazas que se dirigen a bombardear Libia y cuyo sonido refleja ese mismo dolor).
Por eso tenemos que demostrar ahora también que no nos vamos a resignar. Que no normalizaremos lo acontecido como si fuese una noticia más de las que van y vienen en las portadas en verano. Toca estar juntas y juntos. Ser uno. Ser fuertes, tener claro por qué se lucha y contra quién y ponernos manos a la obra. El Gernika es libre y en unas semanas conseguiremos ponerlo a salvo en algún puerto del estado español, pero para que nosotros consigamos ser libres aún queda un largo camino por andar. Empecemos, como ahora hacemos desde nuestro bote tras un mapa del Mediterráneo, a trazar la ruta.
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Derechos Humanos,
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Palestina
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