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jueves, 5 de abril de 2012
GEOPIRATERÍA: LOS LOCOS PROYECTOS DE LOS APRENDICES DE BRUJO DEL CLIMA
. Geopiratería.
Los locos proyectos de los aprendices de brujo del clima
VS 0 | | sección: web | 04/04/2012
Sophie Chapelle
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Inyectar partículas en la atmósfera para reflejar los rayos del sol, inundar los océanos de nanopartículas, tapar los desiertos con plástico... Los “geoingenieros” se dedican alegremente a su sueño prometeico de controlar la naturaleza. El problema es que algunos creen en ello. El Reino Unido se dispone, en este mes de octubre de 2011, a realizar una experiencia de este tipo, financiada con fondos públicos.
¿Y si, para atenuar las consecuencias de los cambios climáticos, reducimos voluntariamente la cantidad de rayos solares que penetran en la atmósfera terrestre? ¿Cómo? Mediante la inyección de minúsculas partículas en la estratosfera. Actuando como un espejo, esas partículas reflejarían los rayos del sol hacia el espacio y harían que el planeta estuviera más fresco.
¡Elemental, querido lector! Esta idea totalmente estrambótica será experimentada entre los días 6 y 23 de octubre en el Reino Unido en el marco del proyecto Spice (Stratospheric Particle Injection for Climate Engineering). Un globo de helio será atado a un tubo de 1 km de largo e inyectará... ¡agua en el cielo! “Es solo un prototipo”, quieren precisar los iniciadores del proyecto. Una forma de ver cómo el sistema concebido reaccionará bajo diferentes condiciones climáticas, antes de pasar a una experimentación a una escala mayor. Y no de las menores: los iniciadores del proyecto contemplan así la utilización de un globo “del tamaño del estadio de Wembley”. Enviado a 20 km de altura, estará atado al suelo por un tubo en el que se inyectarán partículas químicas -los sulfatos son sugeridos con frecuencia. Con posibles impactos negativos sobre la salud humana.
Incluso si esto no es más que un prototipo, la experimentación de octubre tendrá un coste estimado en 1,8 millones de euros, soportado por fondos públicos /1. La idea se inspira en la erupción del volcán Pinatubo en 1991, que había proyectado 20 millones de toneladas de dióxido de azufre a la estratosfera, provocando un enfriamiento medio del planeta de 0,5º C durante dos años.
Nanopartículas en los océanos
Extremadamente entusiastas, algunos científicos aseguran que la puesta en marcha del proyecto Spice podría permitir disminuir la temperatura global alrededor de 2ºC en dos años. Admiten sin embargo algunas incógnitas si esta técnica se generalizara. Según el think tank canadiense ETC group, relacionado estrechamente con movimientos ciudadanos por la justicia climática, “el bloqueo de los rayos del sol podría causar importantes daños al medio ambiente, particularmente favoreciendo la emisión de gases de efecto invernadero adicionales a la atmósfera y contribuyendo a cambiar los regímenes climáticos, a reducir las lluvias, a dañar la capa de ozono, a empobrecer la biodiversidad”.
Esta experimentación es sobre todo característica de una idea que gana terreno: si las intervenciones locales y repetidas de los seres humanos pueden tener efectos sobre todo el planeta, ¿por qué no intervendríamos deliberadamente para corregir los daños que hemos involuntariamente causado al clima? Esta tendencia tiene un nombre, la geo-ingineering [geoingeniería]. El asunto está en proporcionar soluciones tecnológicas que tendrán por efecto alterar la estratosfera o también reestructurar la superficie de los océanos.
Empaquetar los desiertos
En el menú: recubrir los desiertos con plástico blanco para reflejar la radiación solar, fertilizar los océanos con nanopartículas de hierro con el objetivo de hacer proliferar el fitoplancton, que asegura teóricamente la absorción del CO2, o también, verter cal al océano a fin de reducir su acidez y aumentar su capacidad de absorción del CO2 /2. Ideas a cual más descabellada, pero que hacen ganar millones de dólares a algunos.
Este plan B provoca inexorablemente una mercantilización del clima: las patentes sobre “soluciones milagro” a la crisis climática se multiplican. Como resume Vandana Shiva, “la geoingeniería intenta resolver los problemas adoptando la misma vieja mentalidad que presidió la voluntad de controlar la naturaleza”. Profundamente desigualitaria, la “geopiratería” está en la iniciativa de gobiernos de la OCDE y de poderosas empresas, que se lanzan solas y sin concierto a un juego peligroso de consecuencias imprevisibles y de mucho riesgo sobre las poblaciones más vulnerables.
Apostar por estas tecnologías equivale igualmente a violar los tratados internacionales: en la 10ª Conferencia Mundial sobre la Biodiversidad de Nagoya, en octubre de 2010, se acordó una moratoria contra las tecnologías de geoingeniería, con una excepción para las experimentaciones científicas a pequeña escala, realizadas en un entorno controlado y bajo jurisdicción nacional. La geoingeniería es sobre todo la excusa perfecta para evitar tener que tomar medidas que reduzcan las emisiones. Una forma de ganar tiempo sin cambiar de sistema.
29/09/2011
http://www.bastamag.net/article1765.html
Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR
Notas
1/ Se encuentran entre los financiadores el Consejo en la Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas (EPRSC) y el Consejo para la Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC).
2/ El conjunto de estos ejemplos está comentado en el informe del ETC Group titulado Géopiraterie : argumentaire contre la géo-ingénierie, que se puede descargar en http://www.etcgroup.org/upload/publication/pdf_file/ETC_geopiracy_fr.pdf
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Etiquetas:
cambio climático,
Crisis medioambiental,
ecología
miércoles, 14 de diciembre de 2011
UN BALANCE DE LA CUMBRE DEL CLIMA DE DURBAN: MÁS CAPITALISMO VERDE
. Un balance de la Cumbre del Clima en Durban.
Más capitalismo verde
VS 0 | | sección: web | 13/12/2011
Josep Maria Antentas y Esther Vivas
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Se salva a los mercados y no al clima. Así podríamos resumir lo que constata la recién terminada 17ª Conferencia de las Partes (COP 17) de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, celebrada del 28 de noviembre al 10 de diciembre. La rápida respuesta que gobiernos e instituciones internacionales dieron al estallido de la crisis económica en 2008 rescatando bancos privados con dinero público contrasta con el inmovilismo frente al cambio climático. Aunque esto no nos debería de sorprender. Tanto en un caso como en otro ganan los mismos: los mercados y sus gobiernos cómplices.
En la cumbre del clima de Durban dos han sido los temas centrales: el futuro del Protocolo de Kioto, que concluye en 2012, y la capacidad para establecer mecanismos en la reducción de emisiones; y la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima, aprobado en la anterior cumbre de Cancún, con el objetivo teórico de apoyar a los países pobres en la mitigación y la adaptación al cambio climático.
Tras Durban podemos afirmar que un segundo periodo del Protocolo de Kioto ha quedado vacío de contenido: se pospone una acción real hasta el 2020 y se rechaza cualquier tipo de instrumento que obligue a la reducción de emisiones. Así lo han querido los representantes de los países más contaminantes con Estados Unidos a la cabeza quienes abogaban por un acuerdo de reducciones voluntarias y rechazan cualquier tipo de mecanismo vinculante. Pero si el Protocolo de Kioto ya era insuficiente, y de aplicarse evitaba sólo 0,1º centígrados de calentamiento global, ahora vamos de mal en peor.
Entorno al Fondo Verde para el Clima, si en un primer momento los países ricos se comprometieron a aportar 30 mil millones de dólares en 2012 y 100 mil millones anuales para 2020, cifras que de todos modos se consideran insuficientes, la procedencia de estos fondos públicos ha quedado por determinar mientras se abren las puertas a la inversión privada y a la gestión del Banco Mundial. Como han señalado organizaciones sociales se trata de una estrategia para “convertir el Fondo Verde para el Clima en un Fondo Empresarial Codicioso”. Una vez más se pretende hacer negocio con el clima y la contaminación medioambiental.
Otro ejemplo de esta mercantilización del clima ha sido el aval de la ONU a la captura y almacenamiento de CO2 como Mecanismo de Desarrollo Limpio, que no pretende reducir las emisiones y que agudizaría la crisis ambiental, especialmente en los países del Sur candidatos a futuros cementerios de CO2.
Así, los resultados de la cumbre apuntan a más capitalismo verde. Como indicaba el activista e intelectual surafricano Patrick Bond: “La tendencia a mercantilizar la naturaleza se ha convertido en el punto de vista filosófico dominante en la gobernanza mundial medioambiental”. En Durban se repite el guión de cumbres anteriores como la de Cancún 2010, Copenhague 2009... donde los intereses de las grandes multinacionales, de las instituciones internacionales y de las élites financieras, tanto del Norte como del Sur, se anteponen a las necesidades colectivas de la gente y al futuro del planeta.
En Durban estaba en juego nuestro futuro pero también nuestro presente. Los estragos del cambio climático están teniendo ya sus efectos: liberación de millones de toneladas de metano del Ártico, un gas 20 veces más potente que el CO2 desde el punto de vista del calentamiento atmosférico; derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo que aumenta el nivel del mar. Unos efectos que incrementan el número de migraciones forzadas. Si en 1995 había alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, hoy esta cifra se ha doblado, 50 millones, y en el 2050 ésta podría ascender a entre 200 y mil millones de desplazados.
Todo apunta a que nos dirigimos hacia un calentamiento global descontrolado superior a los 2º, y que podría rondar los 4º, para finales de siglo, lo que desencadenaría muy probablemente, según los científicos, impactos inmanejables, como la subida de varios metros del nivel del mar. No podemos esperar hasta el año 2020 para empezar a tomar medidas reales.
Pero frente a la falta de voluntad política para acabar con el cambio climático, las resistencias no callan. Y emulando a Occupy Wall Street y a la ola de indignación que recorre Europa y el mundo, varios activistas y movimientos sociales se han encontrado diariamente en un foro a pocos metros del centro de convenciones oficiales bajo el lema ‘Occupy COP17’. Este punto de encuentro ha reunido desde mujeres campesinas que luchan por sus derechos hasta representantes oficiales de pequeños estados isleños como Las Seychelles, Granada o Nauru amenazados por una subida inminente del nivel del mar, pasando por activistas contra la deuda externa que reclaman el reconocimiento y la restitución de una deuda ecológica del Norte respecto al Sur.
El movimiento por la justicia climática señala como, frente a la mercantilización de la naturaleza y los bienes comunes, es necesario anteponer nuestras vidas y el planeta. El capitalismo se ha demostrado incapaz de dar respuesta al callejón sin salida al que su lógica productivista, cortoplacista y depredadora nos ha conducido. Si no queremos que el clima cambie hay que cambiar radicalmente este sistema. Pero los resultados de Durban apuntan en otra dirección. El reconocido activista ecologista nigeriano Nnimmo Bassey lo dejaba bien claro con estas palabras: “Esta cumbre ha amplificado el apartheid climático, donde el 1% más rico del mundo ha decidido que es aceptable sacrificar al 99% restante”.
Josep Maria Antentas es profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona y Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra.
Artículo en Público, 13/12/2011.
+info: http://esthervivas.wordpress.com
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Más capitalismo verde
VS 0 | | sección: web | 13/12/2011
Josep Maria Antentas y Esther Vivas
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Se salva a los mercados y no al clima. Así podríamos resumir lo que constata la recién terminada 17ª Conferencia de las Partes (COP 17) de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, celebrada del 28 de noviembre al 10 de diciembre. La rápida respuesta que gobiernos e instituciones internacionales dieron al estallido de la crisis económica en 2008 rescatando bancos privados con dinero público contrasta con el inmovilismo frente al cambio climático. Aunque esto no nos debería de sorprender. Tanto en un caso como en otro ganan los mismos: los mercados y sus gobiernos cómplices.
En la cumbre del clima de Durban dos han sido los temas centrales: el futuro del Protocolo de Kioto, que concluye en 2012, y la capacidad para establecer mecanismos en la reducción de emisiones; y la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima, aprobado en la anterior cumbre de Cancún, con el objetivo teórico de apoyar a los países pobres en la mitigación y la adaptación al cambio climático.
Tras Durban podemos afirmar que un segundo periodo del Protocolo de Kioto ha quedado vacío de contenido: se pospone una acción real hasta el 2020 y se rechaza cualquier tipo de instrumento que obligue a la reducción de emisiones. Así lo han querido los representantes de los países más contaminantes con Estados Unidos a la cabeza quienes abogaban por un acuerdo de reducciones voluntarias y rechazan cualquier tipo de mecanismo vinculante. Pero si el Protocolo de Kioto ya era insuficiente, y de aplicarse evitaba sólo 0,1º centígrados de calentamiento global, ahora vamos de mal en peor.
Entorno al Fondo Verde para el Clima, si en un primer momento los países ricos se comprometieron a aportar 30 mil millones de dólares en 2012 y 100 mil millones anuales para 2020, cifras que de todos modos se consideran insuficientes, la procedencia de estos fondos públicos ha quedado por determinar mientras se abren las puertas a la inversión privada y a la gestión del Banco Mundial. Como han señalado organizaciones sociales se trata de una estrategia para “convertir el Fondo Verde para el Clima en un Fondo Empresarial Codicioso”. Una vez más se pretende hacer negocio con el clima y la contaminación medioambiental.
Otro ejemplo de esta mercantilización del clima ha sido el aval de la ONU a la captura y almacenamiento de CO2 como Mecanismo de Desarrollo Limpio, que no pretende reducir las emisiones y que agudizaría la crisis ambiental, especialmente en los países del Sur candidatos a futuros cementerios de CO2.
Así, los resultados de la cumbre apuntan a más capitalismo verde. Como indicaba el activista e intelectual surafricano Patrick Bond: “La tendencia a mercantilizar la naturaleza se ha convertido en el punto de vista filosófico dominante en la gobernanza mundial medioambiental”. En Durban se repite el guión de cumbres anteriores como la de Cancún 2010, Copenhague 2009... donde los intereses de las grandes multinacionales, de las instituciones internacionales y de las élites financieras, tanto del Norte como del Sur, se anteponen a las necesidades colectivas de la gente y al futuro del planeta.
En Durban estaba en juego nuestro futuro pero también nuestro presente. Los estragos del cambio climático están teniendo ya sus efectos: liberación de millones de toneladas de metano del Ártico, un gas 20 veces más potente que el CO2 desde el punto de vista del calentamiento atmosférico; derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo que aumenta el nivel del mar. Unos efectos que incrementan el número de migraciones forzadas. Si en 1995 había alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, hoy esta cifra se ha doblado, 50 millones, y en el 2050 ésta podría ascender a entre 200 y mil millones de desplazados.
Todo apunta a que nos dirigimos hacia un calentamiento global descontrolado superior a los 2º, y que podría rondar los 4º, para finales de siglo, lo que desencadenaría muy probablemente, según los científicos, impactos inmanejables, como la subida de varios metros del nivel del mar. No podemos esperar hasta el año 2020 para empezar a tomar medidas reales.
Pero frente a la falta de voluntad política para acabar con el cambio climático, las resistencias no callan. Y emulando a Occupy Wall Street y a la ola de indignación que recorre Europa y el mundo, varios activistas y movimientos sociales se han encontrado diariamente en un foro a pocos metros del centro de convenciones oficiales bajo el lema ‘Occupy COP17’. Este punto de encuentro ha reunido desde mujeres campesinas que luchan por sus derechos hasta representantes oficiales de pequeños estados isleños como Las Seychelles, Granada o Nauru amenazados por una subida inminente del nivel del mar, pasando por activistas contra la deuda externa que reclaman el reconocimiento y la restitución de una deuda ecológica del Norte respecto al Sur.
El movimiento por la justicia climática señala como, frente a la mercantilización de la naturaleza y los bienes comunes, es necesario anteponer nuestras vidas y el planeta. El capitalismo se ha demostrado incapaz de dar respuesta al callejón sin salida al que su lógica productivista, cortoplacista y depredadora nos ha conducido. Si no queremos que el clima cambie hay que cambiar radicalmente este sistema. Pero los resultados de Durban apuntan en otra dirección. El reconocido activista ecologista nigeriano Nnimmo Bassey lo dejaba bien claro con estas palabras: “Esta cumbre ha amplificado el apartheid climático, donde el 1% más rico del mundo ha decidido que es aceptable sacrificar al 99% restante”.
Josep Maria Antentas es profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona y Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra.
Artículo en Público, 13/12/2011.
+info: http://esthervivas.wordpress.com
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martes, 2 de agosto de 2011
¿BIOMASA O BIOMASACRE?
¿Biomasa o biomasacre?
Silvia Ribeiro · · · · ·
31/07/11
Con creciente entusiasmo, empresas, políticos y algunos científicos nos hablan de cómo se van a resolver los desastres ambientales, la crisis energética y climática, y hasta el hambre, con el uso de biomasa en lugar de combustibles fósiles. Se presenta como un elemento fundamental de una transición a una nueva economía verde, y por estar basada en materiales biológicos, parecería que es más sustentable y beneficiosa para el ambiente. Al fin, suena bien comer en un plato hecho de maíz o papa en lugar de plástico, conducir automóviles con biocombustibles o hasta volar en aviones con bioturbosina. No hay duda que es urgente salir de la civilización petrolera, ¿pero será esta nueva ola de apropiación de la biomasa realmente sustentable?
Un aspecto de esta nueva economía de la biomasa, el de los agro-combustibles, ha sido ampliamente criticado, entre muchos otros problemas, porque se ha documentado que es el factor principal de aumento del precio de los alimentos. Con toda la gravedad que esto implica, es apenas la punta del iceberg de los impactos que tendría el aumento masivo de uso de la biomasa del planeta, para combustibles y otros usos industriales.
Actualmente, 24 por ciento de la biomasa terrestre global está mercantilizada. En juego está la apropiación y mercantilización de 76 por ciento restante, aparte de la biomasa marina. Un factor clave para ello son los nuevos instrumentos tecnológicos, como la biología sintética, que está diseñando microorganismos sintéticos capaces de digerir celulosa en forma más eficiente (actualmente el proceso es costoso y gasta más energía de la que genera). Esto es clave para convertir virtualmente cualquier vegetal en la materia prima de nuevos polímeros que podrían usarse para combustibles, farmacéuticos, plásticos y muchas otras sustancias industriales. El potencial de ganancias es enorme y por ello los actores son las empresas más grandes del planeta: las principales trasnacionales de los agronegocios y plantaciones de árboles (Cargill, ADM, Bunge, Cosan, Stora Enso, Weyerhauser), grandes petroleras, químicas y farmacéuticas (BP, Shell, Total Oil, Chevron, Exxon, DuPont, Basf) junto a trasnacionales de biotecnología, nanotecnología y software (Monsanto, Syngenta, Amyris, Synthetic Genomics, Genencor, Novozymes) y otras.
Dentro del término biomasa se incluyen desde bosques y arbustos a cultivos y algas, así como bagazos y restos de cosecha. O sea, toda materia vegetal cultivada o natural. Los que promueven estos nuevos usos de la biomasa, suelen poner el acento en el uso de restos y bagazos, como si fueran algo marginal, que no tiene ninguna utilidad, lo cual ignora por ejemplo, que son una de las pocas fuentes de devolución de materia orgánica y nutrientes a los suelos, cuya erosión es un gran problema. Además, pese a que dicen que usarán restos, lo cierto es que los emprendimientos actuales para producir plásticos y combustibles basados en biología sintética (ya en marcha en biorrefinerías en Estados Unidos y Brasil con la participación de Amyris y otras empresas), se basan en el uso de plantaciones industriales de maíz y caña de azúcar.
Nos dicen también, que la biomasa es una fuente natural, que siempre fue la base del sustento humano, que es renovable, abundante y que usando solamente la parte celulósica y no comestible, se evitará la competencia con la producción de alimentos.
Sin embargo, todo esto no son más que afirmaciones engañosas para disfrazar la debacle venidera. Para empezar, ocultan que se trata de aumentar en forma exponencial las plantaciones industriales de monocultivos de árboles y otros, como piñón (jatropha), higuerilla (ricino), etcétera. Esto es una amenaza a la biodiversidad y disputa tierra, agua y nutrientes de los cultivos alimentarios, además de expulsar a los campesinos de sus territorios y empujarlos a abandonar sus cultivos tradicionales.
Además, aunque 24 por ciento de mercantilización de la biomasa nos pueda parecer poco, en realidad según datos del Global Footprint Network (que calcula la huella ecológica que dejan diferentes actividades en el planeta), ya hemos sobrepasado la capacidad de recuperación y renovación de la biomasa en su propio ritmo. Esto quiere decir, que al nivel actual y sin el aumento masivo de consumo de biomasa que se planea, ya se está disminuyendo la base natural.
Por otra parte, si bien la materia vegetal ha sido el sustento de la humanidad durante la mayor parte de la historia, la demanda de energía se disparó con el industrialismo a más de veinte veces lo que se usaba hace poco más de un siglo, que produciendo además la mayor devastación de suelos de la historia global.
Esta nueva economía de la biomasa no tiene nada que ver con el uso sustentable de la naturaleza y cultivos que históricamente han hecho las comunidades locales, los campesinos e indígenas, que son una gran parte de la solución a las crisis energética, climática y alimentaria. Ahora se trata de que las empresas que han lucrado devastando el planeta con sus productos basados en el petróleo, se disponen a una nueva ola de apropiación masiva de naturaleza, biodiversidad, territorios y comunidades, llamando a esto sustentable.
Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC. Más datos sobre lo aquí escrito, en el informe Los nuevos amos de la biomasa www.etcgroup.org/es/node/5253)
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Silvia Ribeiro · · · · ·
31/07/11
Con creciente entusiasmo, empresas, políticos y algunos científicos nos hablan de cómo se van a resolver los desastres ambientales, la crisis energética y climática, y hasta el hambre, con el uso de biomasa en lugar de combustibles fósiles. Se presenta como un elemento fundamental de una transición a una nueva economía verde, y por estar basada en materiales biológicos, parecería que es más sustentable y beneficiosa para el ambiente. Al fin, suena bien comer en un plato hecho de maíz o papa en lugar de plástico, conducir automóviles con biocombustibles o hasta volar en aviones con bioturbosina. No hay duda que es urgente salir de la civilización petrolera, ¿pero será esta nueva ola de apropiación de la biomasa realmente sustentable?
Un aspecto de esta nueva economía de la biomasa, el de los agro-combustibles, ha sido ampliamente criticado, entre muchos otros problemas, porque se ha documentado que es el factor principal de aumento del precio de los alimentos. Con toda la gravedad que esto implica, es apenas la punta del iceberg de los impactos que tendría el aumento masivo de uso de la biomasa del planeta, para combustibles y otros usos industriales.
Actualmente, 24 por ciento de la biomasa terrestre global está mercantilizada. En juego está la apropiación y mercantilización de 76 por ciento restante, aparte de la biomasa marina. Un factor clave para ello son los nuevos instrumentos tecnológicos, como la biología sintética, que está diseñando microorganismos sintéticos capaces de digerir celulosa en forma más eficiente (actualmente el proceso es costoso y gasta más energía de la que genera). Esto es clave para convertir virtualmente cualquier vegetal en la materia prima de nuevos polímeros que podrían usarse para combustibles, farmacéuticos, plásticos y muchas otras sustancias industriales. El potencial de ganancias es enorme y por ello los actores son las empresas más grandes del planeta: las principales trasnacionales de los agronegocios y plantaciones de árboles (Cargill, ADM, Bunge, Cosan, Stora Enso, Weyerhauser), grandes petroleras, químicas y farmacéuticas (BP, Shell, Total Oil, Chevron, Exxon, DuPont, Basf) junto a trasnacionales de biotecnología, nanotecnología y software (Monsanto, Syngenta, Amyris, Synthetic Genomics, Genencor, Novozymes) y otras.
Dentro del término biomasa se incluyen desde bosques y arbustos a cultivos y algas, así como bagazos y restos de cosecha. O sea, toda materia vegetal cultivada o natural. Los que promueven estos nuevos usos de la biomasa, suelen poner el acento en el uso de restos y bagazos, como si fueran algo marginal, que no tiene ninguna utilidad, lo cual ignora por ejemplo, que son una de las pocas fuentes de devolución de materia orgánica y nutrientes a los suelos, cuya erosión es un gran problema. Además, pese a que dicen que usarán restos, lo cierto es que los emprendimientos actuales para producir plásticos y combustibles basados en biología sintética (ya en marcha en biorrefinerías en Estados Unidos y Brasil con la participación de Amyris y otras empresas), se basan en el uso de plantaciones industriales de maíz y caña de azúcar.
Nos dicen también, que la biomasa es una fuente natural, que siempre fue la base del sustento humano, que es renovable, abundante y que usando solamente la parte celulósica y no comestible, se evitará la competencia con la producción de alimentos.
Sin embargo, todo esto no son más que afirmaciones engañosas para disfrazar la debacle venidera. Para empezar, ocultan que se trata de aumentar en forma exponencial las plantaciones industriales de monocultivos de árboles y otros, como piñón (jatropha), higuerilla (ricino), etcétera. Esto es una amenaza a la biodiversidad y disputa tierra, agua y nutrientes de los cultivos alimentarios, además de expulsar a los campesinos de sus territorios y empujarlos a abandonar sus cultivos tradicionales.
Además, aunque 24 por ciento de mercantilización de la biomasa nos pueda parecer poco, en realidad según datos del Global Footprint Network (que calcula la huella ecológica que dejan diferentes actividades en el planeta), ya hemos sobrepasado la capacidad de recuperación y renovación de la biomasa en su propio ritmo. Esto quiere decir, que al nivel actual y sin el aumento masivo de consumo de biomasa que se planea, ya se está disminuyendo la base natural.
Por otra parte, si bien la materia vegetal ha sido el sustento de la humanidad durante la mayor parte de la historia, la demanda de energía se disparó con el industrialismo a más de veinte veces lo que se usaba hace poco más de un siglo, que produciendo además la mayor devastación de suelos de la historia global.
Esta nueva economía de la biomasa no tiene nada que ver con el uso sustentable de la naturaleza y cultivos que históricamente han hecho las comunidades locales, los campesinos e indígenas, que son una gran parte de la solución a las crisis energética, climática y alimentaria. Ahora se trata de que las empresas que han lucrado devastando el planeta con sus productos basados en el petróleo, se disponen a una nueva ola de apropiación masiva de naturaleza, biodiversidad, territorios y comunidades, llamando a esto sustentable.
Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC. Más datos sobre lo aquí escrito, en el informe Los nuevos amos de la biomasa www.etcgroup.org/es/node/5253)
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jueves, 30 de junio de 2011
CRISIS ENERGÉTICA MUNDIAL.
. Crisis energética mundial.
Tres acontecimientos que nos cambiarán la vida
VS 0 | | sección: web | 24/06/2011
Michael T. Klare
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La buena noticia en cuestión de energía es que, debido al aumento del precio del petróleo y al deterioro de la situación económica en todo el mundo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) informa de que la demanda mundial de petróleo no aumentará este año tanto como se suponía, lo que puede comportar cierto descenso temporal del precio de la gasolina. En su Oil Market Report de mayo, la AIE reduce sus previsiones sobre el consumo mundial de petróleo en 2011 en unos 190.000 barriles, situándolo en 89,2 millones de barriles diarios /1. A resultas de ello, es posible que los precios del carburante en la estación de servicio no alcancen los niveles estratosféricos anunciados a comienzos de año, aunque sin duda seguirán siendo más elevados que nunca después de los máximos alcanzados en 2008, justo antes del estallido de la crisis económica mundial. Recordemos que esta es la buena noticia.
Ahora la mala: el mundo se enfrenta a un conjunto de problemas energéticos acuciantes que en las últimas semanas no han hecho más que agravarse. Estos problemas se multiplican a ambos lados de la gran divisoria geológica: bajo tierra, las reservas antaño abundantes de petróleo convencional, gas natural y carbón fáciles de extraer están agotándose; en la superficie, los errores de cálculo humanos y la geopolítica limitan la producción y disponibilidad de determinadas fuentes de energía. A medida que aumentan las dificultades en ambas vertientes, nuestras perspectivas energéticas se tornan cada vez más sombrías.
Hay un hecho muy simple sin el cual el agravamiento de la crisis energética no se podría explicar: la economía mundial esta estructurada de tal manera que un estancamiento de la producción de energía no es admisible. Para satisfacer las imperiosas necesidades de viejas potencias industriales como los Estados Unidos y al mismo tiempo el hambre voraz de potencias emergentes como China, la producción energética mundial ha de crecer sustancialmente año tras año. Según las proyecciones del Ministerio de Energía de EE UU, la producción energética mundial, partiendo del nivel de 2007, ha de crecer un 29 % hasta alcanzar 675 EJ /2 de aquí a 2025 para satisfacer la demanda prevista. Aunque el consumo aumente un poco menos de lo previsto, toda incapacidad para satisfacer las necesidades mundiales genera una sensación de escasez que, entre otras cosas, hace que se disparen los precios del combustible. Estas son justamente las circunstancias que vemos actualmente y que cabe esperar para un futuro indefinido.
Sobre este telón de fondo, en 2011 se han producido tres acontecimientos cruciales que están cambiando la manera en que probablemente viviremos en este planeta durante un futuro previsible.
Los problemas del petróleo superpesado
El primero y de momento más virulento de los choques energéticos del año ha sido el asestado por la serie de acontecimientos precipitados por las rebeliones de Túnez y Egipto y la subsiguiente primavera árabe en Oriente Medio en sentido amplio. De hecho, ni Túnez ni Egipto son importantes países productores de petróleo, pero la onda expansiva política de aquellas insurrecciones se ha propagado a otros países del entorno, como Libia, Omán y Arabia Saudí. Hoy por hoy, parece que los dirigentes saudíes y omaníes controlan las protestas, pero la producción libia, que normalmente ascendía a un promedio de 1,7 millones de barriles al día, es ahora casi nula.
Desde el punto de vista de la futura disponibilidad de petróleo, es imposible exagerar la importancia de los acontecimientos de esta primavera en Oriente Medio, que siguen agitando con fuerza a los mercados energéticos. De acuerdo con todas las proyecciones sobre la producción mundial de petróleo, Arabia Saudí y los demás Estados del golfo Pérsico tendrán que asegurar una parte creciente de la oferta mundial a medida que disminuye la producción de otras regiones cruciales. Lograr este aumento de la producción es fundamental, pero no será posible a menos que los gobernantes de esos países inviertan cantidades colosales en el acceso a nuevas reservas de petróleo, especialmente las de la variedad más pesada, el “petróleo difícil”, que requiere una infraestructura mucho más costosa que la de los yacimientos actuales de “petróleo fácil”.
En el reportaje de portada titulado “Facing Up to the End of ‘Easy Oil’” (Ante el final del “petróleo fácil”), el Wall Street Journal ha señalado que toda esperanza de satisfacer las futuras necesidades de petróleo reside en la voluntad de Arabia Saudí de invertir centenares de miles de millones de dólares en sus reservas de petróleo superpesado. Pero precisamente ahora, ante una demografía disparada y las perspectivas de una revuelta juvenil al estilo egipcio, la dirección saudí parece propensa a dedicar su enorme riqueza a programas de obras públicas generadores de empleo y a compras de armamento, no en nuevas instalación petroleras; lo mismo se puede decir en gran medida de las demás monarquías petroleras del golfo Pérsico.
No está claro que estos intentos vayan a dar fruto. Si ante las promesas de puestos de trabajo y de buenos ingresos y la fuerte represión de toda disidencia, la población juvenil saudí parece menos proclive a la protesta que las de Túnez, Egipto y Siria, esto no significa que vaya a mantenerse el status quo para siempre. “Arabia Saudí es una bomba de relojería”, ha declarado Jaafar Al Taie, director gerente de Manaar Energy Consulting (que asesora a empresas petroleras extranjeras presentes en la región). “No creo que lo que está haciendo el rey actualmente sea suficiente para prevenir un levantamiento”, ha añadido, a pesar de que la realeza saudí acaba de anunciar un plan de 36.000 millones de dólares para elevar el salario mínimo, aumentar los subsidios de desempleo y construir viviendas sociales.
En estos momentos, el mundo puede encajar una pérdida prolongada de petróleo libio. Arabia Saudí y algunos otros productores tienen suficiente capacidad excedentaria para suplirla. Si alguna vez estalla Arabia Saudí, sin embargo, todas las salidas estarán cerradas. “Si ocurre algo en Arabia Saudí, [el precio del petróleo] subirá a 200 o 300 dólares [por barril]”, dijo el jeque Zaki Yamani, exministro de petróleo del reino, el pasado 5 de abril. “No creo que eso vaya a producirse en un futuro previsible, pero ¿quién previó lo de Túnez?”
Energía nuclear en declive
Desde el punto de vista de los mercados energéticos, el segundo hecho importante de 2011 se produjo el 11 de marzo, cuando un terremoto inesperadamente fuerte, seguido de un tsunami, sacudió Japón. De entrada, el doble ataque de la naturaleza dañó y destruyó una parte significativa de la infraestructura energética del norte del país, con sus refinerías, instalaciones portuarias, oleoductos, centrales eléctricas y líneas de alta tensión. Además, como es sabido, devastó cuatro plantas nucleares en Fukushima, provocando, de acuerdo con el Departamento de Energía de los EE UU, una pérdida permanente de 6.800 MW (megavatios) de capacidad de generación de electricidad.
Esto ha forzado a su vez a Japón a incrementar sus importaciones de petróleo, carbón y gas natural y por tanto la demanda global. Con Fukushima y otras centrales nucleares fuera de combate, los analistas del sector calculan que las importaciones de petróleo en Japón pueden aumentar a razón de unos 238.000 barriles diarios y las de gas natural a razón de 34 millones de metros cúbicos al día (principalmente en forma de gas natural licuado o GNL).
Este es un importante efecto a corto plazo del tsunami. ¿Qué decir de los efectos a más largo plazo? El gobierno japonés declara que ha desechado los planes de construir hasta 14 nuevos reactores nucleares en las dos próximas décadas. El 10 de mayo, el primer ministro Naoto Kan anunció que el gobierno estaba obligado a “partir de cero” en la elaboración de una nueva política energética para el país. Aunque habla de sustituir los reactores clausurados por sistemas de energía renovable como la eólica y la solar, la triste realidad es que una parte significativa de cualquier expansión energética futura dependerá del aumento de las importaciones de petróleo, carbón y GNL.
La catástrofe de Fukushima –y las revelaciones subsiguientes sobre los defectos de diseño y fallos de mantenimiento en la central– ha tenido un efecto dominó, empujando a los responsables de la política energética de otros países a cancelar los planes de construir nuevas centrales nucleares o prolongar la vida útil de las existentes. El primer país en hacerlo ha sido Alemania: el 14 de marzo, la canciller Angela Merkel cerró dos plantas antiguas y dejó en suspenso los planes de prolongar la vida de otras 15. El 30 de mayo, su gobierno convirtió la suspensión en permanente. Presionada por manifestaciones antinucleares masivas y un revés electoral, prometió cerrar todas las centrales nucleares existentes de aquí a 2022, lo que a juicio de los expertos comportará un incremento del consumo de combustibles fósiles.
China también ha actuado con rapidez, anunciando el 16 de marzo que dejaba de conceder permisos para la construcción de nuevos reactores a la espera de revisar los sistemas de seguridad, pero no descartó del todo las inversiones previstas. Otros países, como India y Estados Unidos, procedieron asimismo a revisar los sistemas de seguridad de sus reactores, poniendo en entredicho ambiciosos programas nucleares. Después, el 25 de marzo, el gobierno suizo anunció que abandonaba los planes de construir tres nuevas centrales nucleares y en general la energía nuclear, cerrando la última de sus plantas en el año 2034; de este modo, se sumó a la lista de países que han dado la espalda definitivamente a la energía nuclear.
La sequía repercute en la energía
El tercer hecho importante de 2011, que no guarda una relación tan clara con la energía como los otros dos, es la serie de sequías persistentes, en muchos casos sin parangón en el pasado, que han afectado a muchas zonas del planeta. Por supuesto, el efecto más inmediato y dramático de la sequía prolongada es la disminución de la producción de cereales, provocando un aumento continuo de los precios de los alimentos y de la agitación social.
Las intensas sequías del año pasado en Australia, China, Rusia y partes de Oriente Medio, América del Sur, EE UU y últimamente en el norte de Europa han contribuido al actual aumento nunca visto del precio de los alimentos, lo cual, a su vez, ha sido un factor determinante de la inestabilidad política que barre actualmente todo el norte y este de África y Oriente Medio. Pero la sequía también repercute en la energía, ya que puede reducir el caudal de importantes sistemas fluviales, con la consiguiente disminución de la producción hidroeléctrica, como ocurre actualmente en varias regiones afectadas por la sequía.
La amenaza más grave de todas para la generación de electricidad se cierne sobre China, que está sufriendo una de las peores sequías de su historia. La pluviosidad de enero a abril en las cuencas hidrográficas del Yangtsé, el río más largo y económicamente importante de China, ha sido un 40 % inferior a la media de los últimos 50 años, informa el China Daily. Esto ha provocado un declive significativo de la producción hidroeléctrica y a una fuerte escasez de electricidad en gran parte de China central.
Los chinos queman ahora más carbón para generar electricidad, pero las minas nacionales ya no satisfacen las necesidades del país, de modo que China se ha convertido en un gan importador de carbón. El aumento de la demanda, combinado con una oferta insuficiente, ha provocado un repunte del precio del carbón, y dado que las tarifas eléctricas (fijadas por el gobierno) no siguen esta evolución, muchas compañías eléctricas chinas prefieren limitar la producción de energía eléctrica antes que comprar carbón a precio de oro y funcionar con pérdidas. En contrapartida, las industrias recurren cada vez más a generadores de emergencia que funcionan con motores de gasóleo, que a su vez potencian la demanda de petróleo importado, con la consiguiente presión alcista sobre los precios mundiales del combustible.
Destrozar el planeta
Este mes de junio nos encontramos con una agitación social que no cesa en Oriente Medio, sombrías perspectivas para la energía nuclear y una grave escasez de electricidad en China (y tal vez en otros lugares). ¿Qué otras cosas podemos ver en el horizonte energético mundial? A pesar de las previsiones de la AIE de una futura disminución del consumo de petróleo, la demanda global de energía sigue creciendo con mayor rapidez que la oferta. Todo indica que el desequilibrio persistirá.
Tomemos por ejemplo el caso del petróleo. Cada vez más analistas del sector coinciden en que la edad del “petróleo fácil” ha llegado a su fin y en que el mundo ha de echar mano de modo creciente del “petróleo difícil”, que cuesta más de extraer. Se da por hecho en muchos casos, además, que el planeta contiene grandes cantidades de ese material, a gran profundidad, lejos de la costa, en formaciones geológicas problemáticas como las arenas bituminosas de Canadá, y en el océano Ártico en proceso de deshielo. Sin embargo, la extracción y procesado de ese petróleo superpesado serán cada vez más costosos y comportarán graves riesgos para los humanos y sobre todo para el medio ambiente. Recordemos la catástrofe de la plataforma Deepwater Horizon de BP en abril de 2010 en el golfo de México.
Tanta es la sed de petróleo del mundo que a pesar de todo se extraerá una cantidad creciente de ese material, aunque probablemente no al ritmo y en la escala que harían falta para compensar el agotamiento del petróleo. Junto con la inestabilidad que no cesa en Oriente Medio, este panorama parece reforzar la perspectiva de un aumento continuo del precio del petróleo en los próximos años. En una encuesta entre altos directivos de compañías energéticas mundiales, realizada el pasado mes de abril por el KPMG Global Energy Institute, el 64 % de los encuestados predicen que el precio del petróleo superará la barrera de los 120 dólares por barril antes de finales de 2011. Aproximadamente un tercio de ellos prevén que el precio incluso subirá más, y el 17 % entienden que alcanzará una cota situada entre 131 y 140 dólares por barril; el 9 %, entre 141 y 150 y el 6 %, por encima de los 150.
El precio del carbón también se ha disparado en los últimos meses debido al aumento de la demanda mundial a raíz de la contracción de la producción de energía nuclear e hidroeléctrica. Muchos países han emprendido esfuerzos significativos por impulsar el desarrollo de energías renovables, pero éstas no avanzan con la rapidez o a una escala suficientes para sustituir a corto o medio plazo las tecnologías más antiguas. La única esperanza, según los expertos, radica en la creciente extracción de gas natural de los esquistos en EE UU mediante fracking (fractura hidráulica).
Los defensores del gas de esquisto alegan que puede satisfacer gran parte de las necesidades energéticas de EE UU en los próximos años, reduciendo al mismo tiempo los daños al medio ambiente en comparación con el carbón y el petróleo (puesto que el gas emite menos dióxido de carbono por unidad de energía generada); sin embargo, cada vez son más la voces que advierten contra la amenaza que supone para el suministro de agua potable el uso de productos químicos tóxicos en el proceso de fracking. Estas advertencias han resultado suficientemente convincentes para inducir a los legisladores de un creciente número de países a imponer una serie de restricciones a esta práctica, poniendo en tela de juicio la futura contribución del gas de esquisto a la oferta energética nacional. Además, el 12 de mayo la Asamblea Nacional francesa (la poderosa cámara baja del parlamento) decidió por 287 votos a favor y 146 en contra prohibir el fracking en Francia, siendo el primer país en hacerlo.
Los problemas ambientales del fracking no son los únicos. El caso es que todas las estrategias que se plantean actualmente con vistas a prolongar el uso del petróleo, el carbón y el gas natural implican graves riesgos, costes económicos y ecológicos (como ocurre, por supuesto, con el uso de combustibles fósiles de toda clase) en un momento en que las primeras cifras de la AIE con respecto a 2010 indican que ha sido inesperadamente un año en que la humanidad ha batido el récord de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Cuando los grandes yacimientos de petróleo fácilmente accesibles de Texas, Venezuela y Oriente Medio están agotados o significativamente mermados, el futuro del petróleo reside en materiales de tercera categoría como arenas bituminosas, aceite de esquisto y crudo superpesado, cuya extracción consume cantidades de energía, emiten más gases de efecto invernadero y destruyen el medio ambiente.
El del gas de esquisto es un ejemplo típico. Aunque abundante, solo se puede liberar de las formaciones rocosas del subsuelo mediante el uso de explosivos y agua a alta presión mezclada con productos químicos tóxicos (en esto consiste el fracking). Además, para obtener las cantidades necesarias de aceite de esquisto habrá que perforar muchas decenas de miles de pozos por todo el paisaje estadounidense, de los que todos y cada uno podría comportar un desastre ambiental.
Del mismo modo, el futuro del carbón se basará en tecnologías cada vez más invasivas y peligrosas, como la voladura de cumbres montañosas y la dispersión de las rocas sobrantes y los residuos tóxicos en los valles circundantes. Todo aumento del consumo de carbón intensificará asimismo el cambio climático, puesto que el carbón emite más dióxido de carbono que el petróleo y el gas natural.
En suma, toda expectativa de que el aumento continuo de la oferta de energía bastará para satisfacer la demanda en los próximos años está condenada al fracaso. Lo más probable es que el futuro energético del planeta venga marcado por situaciones de escasez recurrentes, alzas de precios y un creciente malestar.
Si no abandonamos la convicción de que el crecimiento ilimitado es nuestro derecho inalienable y no nos dedicamos a desarrollar las energías renovables (con el esfuerzo y la inversión que requiere este compromiso para tener sentido), el futuro está lleno de sombras. Entonces, la historia de la energía que se enseñará en alguna universidad de finales del siglo XXI se titulará “Cómo destruir un planeta”.
5/6/2011 (Publicado en TomDispatch.com)
Michael T. Klare es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en Hampshire College, Estados Unidos.
Traducción: VIENTO SUR
_________________________________________________
/1.- Un barril de petróleo equivale a 158,99 litros.
Todas las demás unidades del artículo han sido convertidas al Sistema Internacional de acuerdo con las siguientes equivalencias:
1 pie cúbico = 0,02832 metros cúbicos
1 Btu (British termal unit) = 1055,06 J (Joule).
/2.- 1 EJ = 1 exa Joule = 1018 J = 1 millón de billones de Joules
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Tres acontecimientos que nos cambiarán la vida
VS 0 | | sección: web | 24/06/2011
Michael T. Klare
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La buena noticia en cuestión de energía es que, debido al aumento del precio del petróleo y al deterioro de la situación económica en todo el mundo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) informa de que la demanda mundial de petróleo no aumentará este año tanto como se suponía, lo que puede comportar cierto descenso temporal del precio de la gasolina. En su Oil Market Report de mayo, la AIE reduce sus previsiones sobre el consumo mundial de petróleo en 2011 en unos 190.000 barriles, situándolo en 89,2 millones de barriles diarios /1. A resultas de ello, es posible que los precios del carburante en la estación de servicio no alcancen los niveles estratosféricos anunciados a comienzos de año, aunque sin duda seguirán siendo más elevados que nunca después de los máximos alcanzados en 2008, justo antes del estallido de la crisis económica mundial. Recordemos que esta es la buena noticia.
Ahora la mala: el mundo se enfrenta a un conjunto de problemas energéticos acuciantes que en las últimas semanas no han hecho más que agravarse. Estos problemas se multiplican a ambos lados de la gran divisoria geológica: bajo tierra, las reservas antaño abundantes de petróleo convencional, gas natural y carbón fáciles de extraer están agotándose; en la superficie, los errores de cálculo humanos y la geopolítica limitan la producción y disponibilidad de determinadas fuentes de energía. A medida que aumentan las dificultades en ambas vertientes, nuestras perspectivas energéticas se tornan cada vez más sombrías.
Hay un hecho muy simple sin el cual el agravamiento de la crisis energética no se podría explicar: la economía mundial esta estructurada de tal manera que un estancamiento de la producción de energía no es admisible. Para satisfacer las imperiosas necesidades de viejas potencias industriales como los Estados Unidos y al mismo tiempo el hambre voraz de potencias emergentes como China, la producción energética mundial ha de crecer sustancialmente año tras año. Según las proyecciones del Ministerio de Energía de EE UU, la producción energética mundial, partiendo del nivel de 2007, ha de crecer un 29 % hasta alcanzar 675 EJ /2 de aquí a 2025 para satisfacer la demanda prevista. Aunque el consumo aumente un poco menos de lo previsto, toda incapacidad para satisfacer las necesidades mundiales genera una sensación de escasez que, entre otras cosas, hace que se disparen los precios del combustible. Estas son justamente las circunstancias que vemos actualmente y que cabe esperar para un futuro indefinido.
Sobre este telón de fondo, en 2011 se han producido tres acontecimientos cruciales que están cambiando la manera en que probablemente viviremos en este planeta durante un futuro previsible.
Los problemas del petróleo superpesado
El primero y de momento más virulento de los choques energéticos del año ha sido el asestado por la serie de acontecimientos precipitados por las rebeliones de Túnez y Egipto y la subsiguiente primavera árabe en Oriente Medio en sentido amplio. De hecho, ni Túnez ni Egipto son importantes países productores de petróleo, pero la onda expansiva política de aquellas insurrecciones se ha propagado a otros países del entorno, como Libia, Omán y Arabia Saudí. Hoy por hoy, parece que los dirigentes saudíes y omaníes controlan las protestas, pero la producción libia, que normalmente ascendía a un promedio de 1,7 millones de barriles al día, es ahora casi nula.
Desde el punto de vista de la futura disponibilidad de petróleo, es imposible exagerar la importancia de los acontecimientos de esta primavera en Oriente Medio, que siguen agitando con fuerza a los mercados energéticos. De acuerdo con todas las proyecciones sobre la producción mundial de petróleo, Arabia Saudí y los demás Estados del golfo Pérsico tendrán que asegurar una parte creciente de la oferta mundial a medida que disminuye la producción de otras regiones cruciales. Lograr este aumento de la producción es fundamental, pero no será posible a menos que los gobernantes de esos países inviertan cantidades colosales en el acceso a nuevas reservas de petróleo, especialmente las de la variedad más pesada, el “petróleo difícil”, que requiere una infraestructura mucho más costosa que la de los yacimientos actuales de “petróleo fácil”.
En el reportaje de portada titulado “Facing Up to the End of ‘Easy Oil’” (Ante el final del “petróleo fácil”), el Wall Street Journal ha señalado que toda esperanza de satisfacer las futuras necesidades de petróleo reside en la voluntad de Arabia Saudí de invertir centenares de miles de millones de dólares en sus reservas de petróleo superpesado. Pero precisamente ahora, ante una demografía disparada y las perspectivas de una revuelta juvenil al estilo egipcio, la dirección saudí parece propensa a dedicar su enorme riqueza a programas de obras públicas generadores de empleo y a compras de armamento, no en nuevas instalación petroleras; lo mismo se puede decir en gran medida de las demás monarquías petroleras del golfo Pérsico.
No está claro que estos intentos vayan a dar fruto. Si ante las promesas de puestos de trabajo y de buenos ingresos y la fuerte represión de toda disidencia, la población juvenil saudí parece menos proclive a la protesta que las de Túnez, Egipto y Siria, esto no significa que vaya a mantenerse el status quo para siempre. “Arabia Saudí es una bomba de relojería”, ha declarado Jaafar Al Taie, director gerente de Manaar Energy Consulting (que asesora a empresas petroleras extranjeras presentes en la región). “No creo que lo que está haciendo el rey actualmente sea suficiente para prevenir un levantamiento”, ha añadido, a pesar de que la realeza saudí acaba de anunciar un plan de 36.000 millones de dólares para elevar el salario mínimo, aumentar los subsidios de desempleo y construir viviendas sociales.
En estos momentos, el mundo puede encajar una pérdida prolongada de petróleo libio. Arabia Saudí y algunos otros productores tienen suficiente capacidad excedentaria para suplirla. Si alguna vez estalla Arabia Saudí, sin embargo, todas las salidas estarán cerradas. “Si ocurre algo en Arabia Saudí, [el precio del petróleo] subirá a 200 o 300 dólares [por barril]”, dijo el jeque Zaki Yamani, exministro de petróleo del reino, el pasado 5 de abril. “No creo que eso vaya a producirse en un futuro previsible, pero ¿quién previó lo de Túnez?”
Energía nuclear en declive
Desde el punto de vista de los mercados energéticos, el segundo hecho importante de 2011 se produjo el 11 de marzo, cuando un terremoto inesperadamente fuerte, seguido de un tsunami, sacudió Japón. De entrada, el doble ataque de la naturaleza dañó y destruyó una parte significativa de la infraestructura energética del norte del país, con sus refinerías, instalaciones portuarias, oleoductos, centrales eléctricas y líneas de alta tensión. Además, como es sabido, devastó cuatro plantas nucleares en Fukushima, provocando, de acuerdo con el Departamento de Energía de los EE UU, una pérdida permanente de 6.800 MW (megavatios) de capacidad de generación de electricidad.
Esto ha forzado a su vez a Japón a incrementar sus importaciones de petróleo, carbón y gas natural y por tanto la demanda global. Con Fukushima y otras centrales nucleares fuera de combate, los analistas del sector calculan que las importaciones de petróleo en Japón pueden aumentar a razón de unos 238.000 barriles diarios y las de gas natural a razón de 34 millones de metros cúbicos al día (principalmente en forma de gas natural licuado o GNL).
Este es un importante efecto a corto plazo del tsunami. ¿Qué decir de los efectos a más largo plazo? El gobierno japonés declara que ha desechado los planes de construir hasta 14 nuevos reactores nucleares en las dos próximas décadas. El 10 de mayo, el primer ministro Naoto Kan anunció que el gobierno estaba obligado a “partir de cero” en la elaboración de una nueva política energética para el país. Aunque habla de sustituir los reactores clausurados por sistemas de energía renovable como la eólica y la solar, la triste realidad es que una parte significativa de cualquier expansión energética futura dependerá del aumento de las importaciones de petróleo, carbón y GNL.
La catástrofe de Fukushima –y las revelaciones subsiguientes sobre los defectos de diseño y fallos de mantenimiento en la central– ha tenido un efecto dominó, empujando a los responsables de la política energética de otros países a cancelar los planes de construir nuevas centrales nucleares o prolongar la vida útil de las existentes. El primer país en hacerlo ha sido Alemania: el 14 de marzo, la canciller Angela Merkel cerró dos plantas antiguas y dejó en suspenso los planes de prolongar la vida de otras 15. El 30 de mayo, su gobierno convirtió la suspensión en permanente. Presionada por manifestaciones antinucleares masivas y un revés electoral, prometió cerrar todas las centrales nucleares existentes de aquí a 2022, lo que a juicio de los expertos comportará un incremento del consumo de combustibles fósiles.
China también ha actuado con rapidez, anunciando el 16 de marzo que dejaba de conceder permisos para la construcción de nuevos reactores a la espera de revisar los sistemas de seguridad, pero no descartó del todo las inversiones previstas. Otros países, como India y Estados Unidos, procedieron asimismo a revisar los sistemas de seguridad de sus reactores, poniendo en entredicho ambiciosos programas nucleares. Después, el 25 de marzo, el gobierno suizo anunció que abandonaba los planes de construir tres nuevas centrales nucleares y en general la energía nuclear, cerrando la última de sus plantas en el año 2034; de este modo, se sumó a la lista de países que han dado la espalda definitivamente a la energía nuclear.
La sequía repercute en la energía
El tercer hecho importante de 2011, que no guarda una relación tan clara con la energía como los otros dos, es la serie de sequías persistentes, en muchos casos sin parangón en el pasado, que han afectado a muchas zonas del planeta. Por supuesto, el efecto más inmediato y dramático de la sequía prolongada es la disminución de la producción de cereales, provocando un aumento continuo de los precios de los alimentos y de la agitación social.
Las intensas sequías del año pasado en Australia, China, Rusia y partes de Oriente Medio, América del Sur, EE UU y últimamente en el norte de Europa han contribuido al actual aumento nunca visto del precio de los alimentos, lo cual, a su vez, ha sido un factor determinante de la inestabilidad política que barre actualmente todo el norte y este de África y Oriente Medio. Pero la sequía también repercute en la energía, ya que puede reducir el caudal de importantes sistemas fluviales, con la consiguiente disminución de la producción hidroeléctrica, como ocurre actualmente en varias regiones afectadas por la sequía.
La amenaza más grave de todas para la generación de electricidad se cierne sobre China, que está sufriendo una de las peores sequías de su historia. La pluviosidad de enero a abril en las cuencas hidrográficas del Yangtsé, el río más largo y económicamente importante de China, ha sido un 40 % inferior a la media de los últimos 50 años, informa el China Daily. Esto ha provocado un declive significativo de la producción hidroeléctrica y a una fuerte escasez de electricidad en gran parte de China central.
Los chinos queman ahora más carbón para generar electricidad, pero las minas nacionales ya no satisfacen las necesidades del país, de modo que China se ha convertido en un gan importador de carbón. El aumento de la demanda, combinado con una oferta insuficiente, ha provocado un repunte del precio del carbón, y dado que las tarifas eléctricas (fijadas por el gobierno) no siguen esta evolución, muchas compañías eléctricas chinas prefieren limitar la producción de energía eléctrica antes que comprar carbón a precio de oro y funcionar con pérdidas. En contrapartida, las industrias recurren cada vez más a generadores de emergencia que funcionan con motores de gasóleo, que a su vez potencian la demanda de petróleo importado, con la consiguiente presión alcista sobre los precios mundiales del combustible.
Destrozar el planeta
Este mes de junio nos encontramos con una agitación social que no cesa en Oriente Medio, sombrías perspectivas para la energía nuclear y una grave escasez de electricidad en China (y tal vez en otros lugares). ¿Qué otras cosas podemos ver en el horizonte energético mundial? A pesar de las previsiones de la AIE de una futura disminución del consumo de petróleo, la demanda global de energía sigue creciendo con mayor rapidez que la oferta. Todo indica que el desequilibrio persistirá.
Tomemos por ejemplo el caso del petróleo. Cada vez más analistas del sector coinciden en que la edad del “petróleo fácil” ha llegado a su fin y en que el mundo ha de echar mano de modo creciente del “petróleo difícil”, que cuesta más de extraer. Se da por hecho en muchos casos, además, que el planeta contiene grandes cantidades de ese material, a gran profundidad, lejos de la costa, en formaciones geológicas problemáticas como las arenas bituminosas de Canadá, y en el océano Ártico en proceso de deshielo. Sin embargo, la extracción y procesado de ese petróleo superpesado serán cada vez más costosos y comportarán graves riesgos para los humanos y sobre todo para el medio ambiente. Recordemos la catástrofe de la plataforma Deepwater Horizon de BP en abril de 2010 en el golfo de México.
Tanta es la sed de petróleo del mundo que a pesar de todo se extraerá una cantidad creciente de ese material, aunque probablemente no al ritmo y en la escala que harían falta para compensar el agotamiento del petróleo. Junto con la inestabilidad que no cesa en Oriente Medio, este panorama parece reforzar la perspectiva de un aumento continuo del precio del petróleo en los próximos años. En una encuesta entre altos directivos de compañías energéticas mundiales, realizada el pasado mes de abril por el KPMG Global Energy Institute, el 64 % de los encuestados predicen que el precio del petróleo superará la barrera de los 120 dólares por barril antes de finales de 2011. Aproximadamente un tercio de ellos prevén que el precio incluso subirá más, y el 17 % entienden que alcanzará una cota situada entre 131 y 140 dólares por barril; el 9 %, entre 141 y 150 y el 6 %, por encima de los 150.
El precio del carbón también se ha disparado en los últimos meses debido al aumento de la demanda mundial a raíz de la contracción de la producción de energía nuclear e hidroeléctrica. Muchos países han emprendido esfuerzos significativos por impulsar el desarrollo de energías renovables, pero éstas no avanzan con la rapidez o a una escala suficientes para sustituir a corto o medio plazo las tecnologías más antiguas. La única esperanza, según los expertos, radica en la creciente extracción de gas natural de los esquistos en EE UU mediante fracking (fractura hidráulica).
Los defensores del gas de esquisto alegan que puede satisfacer gran parte de las necesidades energéticas de EE UU en los próximos años, reduciendo al mismo tiempo los daños al medio ambiente en comparación con el carbón y el petróleo (puesto que el gas emite menos dióxido de carbono por unidad de energía generada); sin embargo, cada vez son más la voces que advierten contra la amenaza que supone para el suministro de agua potable el uso de productos químicos tóxicos en el proceso de fracking. Estas advertencias han resultado suficientemente convincentes para inducir a los legisladores de un creciente número de países a imponer una serie de restricciones a esta práctica, poniendo en tela de juicio la futura contribución del gas de esquisto a la oferta energética nacional. Además, el 12 de mayo la Asamblea Nacional francesa (la poderosa cámara baja del parlamento) decidió por 287 votos a favor y 146 en contra prohibir el fracking en Francia, siendo el primer país en hacerlo.
Los problemas ambientales del fracking no son los únicos. El caso es que todas las estrategias que se plantean actualmente con vistas a prolongar el uso del petróleo, el carbón y el gas natural implican graves riesgos, costes económicos y ecológicos (como ocurre, por supuesto, con el uso de combustibles fósiles de toda clase) en un momento en que las primeras cifras de la AIE con respecto a 2010 indican que ha sido inesperadamente un año en que la humanidad ha batido el récord de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Cuando los grandes yacimientos de petróleo fácilmente accesibles de Texas, Venezuela y Oriente Medio están agotados o significativamente mermados, el futuro del petróleo reside en materiales de tercera categoría como arenas bituminosas, aceite de esquisto y crudo superpesado, cuya extracción consume cantidades de energía, emiten más gases de efecto invernadero y destruyen el medio ambiente.
El del gas de esquisto es un ejemplo típico. Aunque abundante, solo se puede liberar de las formaciones rocosas del subsuelo mediante el uso de explosivos y agua a alta presión mezclada con productos químicos tóxicos (en esto consiste el fracking). Además, para obtener las cantidades necesarias de aceite de esquisto habrá que perforar muchas decenas de miles de pozos por todo el paisaje estadounidense, de los que todos y cada uno podría comportar un desastre ambiental.
Del mismo modo, el futuro del carbón se basará en tecnologías cada vez más invasivas y peligrosas, como la voladura de cumbres montañosas y la dispersión de las rocas sobrantes y los residuos tóxicos en los valles circundantes. Todo aumento del consumo de carbón intensificará asimismo el cambio climático, puesto que el carbón emite más dióxido de carbono que el petróleo y el gas natural.
En suma, toda expectativa de que el aumento continuo de la oferta de energía bastará para satisfacer la demanda en los próximos años está condenada al fracaso. Lo más probable es que el futuro energético del planeta venga marcado por situaciones de escasez recurrentes, alzas de precios y un creciente malestar.
Si no abandonamos la convicción de que el crecimiento ilimitado es nuestro derecho inalienable y no nos dedicamos a desarrollar las energías renovables (con el esfuerzo y la inversión que requiere este compromiso para tener sentido), el futuro está lleno de sombras. Entonces, la historia de la energía que se enseñará en alguna universidad de finales del siglo XXI se titulará “Cómo destruir un planeta”.
5/6/2011 (Publicado en TomDispatch.com)
Michael T. Klare es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en Hampshire College, Estados Unidos.
Traducción: VIENTO SUR
_________________________________________________
/1.- Un barril de petróleo equivale a 158,99 litros.
Todas las demás unidades del artículo han sido convertidas al Sistema Internacional de acuerdo con las siguientes equivalencias:
1 pie cúbico = 0,02832 metros cúbicos
1 Btu (British termal unit) = 1055,06 J (Joule).
/2.- 1 EJ = 1 exa Joule = 1018 J = 1 millón de billones de Joules
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Etiquetas:
crisis energética,
Crisis medioambiental,
ecología
miércoles, 9 de marzo de 2011
EL ANTROPOCENO: UNA NUEVA ERA GEOLÓGICA
El antropoceno: una nueva era geológica
2011-01-17
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Las crisis clásicas conocidas, como por ejemplo la de 1929, afectaron profundamente a todas las sociedades. La crisis actual es más radical, pues está atacando a nuestro modus essendi: las bases de la vida y de nuestra civilización. Antes se daba por descontado que la Tierra estaba ahí, intacta y con recursos inagotables. Ahora ya no podemos contar con una Tierra sana y abundante en recursos. Eso terminó; degradada y con fiebre no soporta más un proyecto infinito de progreso.
La crisis presente desnuda la engañosa comprensión dominante de la historia, la naturaleza y la Tierra, que coloca al ser humano fuera y encima de la naturaleza con una excepcional misión, la de dominarla. Hemos perdido la noción de todos los pueblos originarios de que pertenecemos a la naturaleza. Hoy diríamos que somos parte del sistema solar, y de nuestra galaxia, que a su vez es parte del universo. Todos surgimos a lo largo de un inmenso proceso evolutivo. Todo está alimentado por la energía de fondo y por las cuatro interacciones que siempre actúan juntas: la fuerza de la gravedad, la electromagnética y las nucleares débil y fuerte. La vida y la conciencia son emergencias de este proceso. Nosotros los humanos representamos la parte consciente e inteligente de la Vía Láctea y de la propia Tierra, con la misión no de dominarla sino de cuidar de ella para mantener las condiciones ecológicas que nos permitan llevar adelante nuestra vida y la civilización.
Ahora bien, esas condiciones están siendo minadas por el actual proceso productivista y consumista. Ya no se trata de salvar nuestro bienestar, sino de salvar la vida humana y la civilización.
Si no moderamos nuestra voracidad y no entramos en sinergia con la naturaleza, difícilmente saldremos de la situación actual. O sustituimos estas premisas equivocadas por otras mejores o corremos el peligro de autodestruirnos. La conciencia del peligro no es todavía colectiva.
Es importante reconocer un hecho del proceso evolutivo que nos perturba: junto con la gran armonía coexiste también la extrema violencia. La propia Tierra en sus 4,5 mil millones de años de existencia ha pasado por varias devastaciones. En algunas de ellas perdió casi el 90% de su capital biótico, pero la vida se mantuvo siempre y se rehizo con renovado vigor.
La última gran devastación, un verdadero Armagedón ambiental, ocurrió hace 67 millones de años cuando en el Caribe, cerca de Yucatán en México, cayó un meteoro de casi 10 Km. de extensión. Produjo un tsunami con olas del tamaño de edificios altos y un temblor que afectó a todo el planeta, activando a la mayoría de los volcanes. Una inmensa nube de polvo y de gases fue lanzada al cielo, alterando durante decenas de años el clima de la Tierra. Los dinosaurios, que habían reinado soberanos en la Tierra durante más de cien millones de años, desaparecieron totalmente. La era mesozoica, la de los reptiles, llegaba a su fin y comenzaba la era cenozoica, la de los mamíferos. Como si fuera una venganza, la Tierra produjo una floración de vida como nunca antes. Nuestros antepasados primates surgieron por esta época. Somos del género de los mamíferos.
Pero he aquí que en los últimos trescientos años el homo sapiens/demens está llevando a cabo una embestida poderosísima sobre todas las comunidades ecosistémicas del planeta, explotándolas y canalizando gran parte del producto terrestre bruto hacia los sistemas humanos de consumo. La consecuencia equivale a una devastación como las de antaño. El biólogo E. Wilson dice que la humanidad es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha vuelto una fuerza geofísica destructiva. La tasa de extinción de especies producida por la actividad humana es cincuenta veces mayor que la que existía antes de la intervención humana. Con la aceleración actual, dentro de poco –continúa Wilson– podremos alcanzar la cifra de hasta diez mil veces más especies exterminadas por el voraz proceso consumista. El caos climático actual es uno de sus efectos.
El premio Nóbel de Química de 1995, el holandés Paul J. Crutzen, aterrorizado por la magnitud del actual ecocidio, afirmó que hemos inaugurado una nueva era geológica: el antropoceno. Es la edad de las grandes diezmaciones perpetradas por la irracionalidad del ser humano (en griego ántropos). Así termina tristemente la aventura de 66 millones de años de historia de la era cenozoica. Comienza el tiempo de la oscuridad.
Leonardo Boff
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2011-01-17
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Las crisis clásicas conocidas, como por ejemplo la de 1929, afectaron profundamente a todas las sociedades. La crisis actual es más radical, pues está atacando a nuestro modus essendi: las bases de la vida y de nuestra civilización. Antes se daba por descontado que la Tierra estaba ahí, intacta y con recursos inagotables. Ahora ya no podemos contar con una Tierra sana y abundante en recursos. Eso terminó; degradada y con fiebre no soporta más un proyecto infinito de progreso.
La crisis presente desnuda la engañosa comprensión dominante de la historia, la naturaleza y la Tierra, que coloca al ser humano fuera y encima de la naturaleza con una excepcional misión, la de dominarla. Hemos perdido la noción de todos los pueblos originarios de que pertenecemos a la naturaleza. Hoy diríamos que somos parte del sistema solar, y de nuestra galaxia, que a su vez es parte del universo. Todos surgimos a lo largo de un inmenso proceso evolutivo. Todo está alimentado por la energía de fondo y por las cuatro interacciones que siempre actúan juntas: la fuerza de la gravedad, la electromagnética y las nucleares débil y fuerte. La vida y la conciencia son emergencias de este proceso. Nosotros los humanos representamos la parte consciente e inteligente de la Vía Láctea y de la propia Tierra, con la misión no de dominarla sino de cuidar de ella para mantener las condiciones ecológicas que nos permitan llevar adelante nuestra vida y la civilización.
Ahora bien, esas condiciones están siendo minadas por el actual proceso productivista y consumista. Ya no se trata de salvar nuestro bienestar, sino de salvar la vida humana y la civilización.
Si no moderamos nuestra voracidad y no entramos en sinergia con la naturaleza, difícilmente saldremos de la situación actual. O sustituimos estas premisas equivocadas por otras mejores o corremos el peligro de autodestruirnos. La conciencia del peligro no es todavía colectiva.
Es importante reconocer un hecho del proceso evolutivo que nos perturba: junto con la gran armonía coexiste también la extrema violencia. La propia Tierra en sus 4,5 mil millones de años de existencia ha pasado por varias devastaciones. En algunas de ellas perdió casi el 90% de su capital biótico, pero la vida se mantuvo siempre y se rehizo con renovado vigor.
La última gran devastación, un verdadero Armagedón ambiental, ocurrió hace 67 millones de años cuando en el Caribe, cerca de Yucatán en México, cayó un meteoro de casi 10 Km. de extensión. Produjo un tsunami con olas del tamaño de edificios altos y un temblor que afectó a todo el planeta, activando a la mayoría de los volcanes. Una inmensa nube de polvo y de gases fue lanzada al cielo, alterando durante decenas de años el clima de la Tierra. Los dinosaurios, que habían reinado soberanos en la Tierra durante más de cien millones de años, desaparecieron totalmente. La era mesozoica, la de los reptiles, llegaba a su fin y comenzaba la era cenozoica, la de los mamíferos. Como si fuera una venganza, la Tierra produjo una floración de vida como nunca antes. Nuestros antepasados primates surgieron por esta época. Somos del género de los mamíferos.
Pero he aquí que en los últimos trescientos años el homo sapiens/demens está llevando a cabo una embestida poderosísima sobre todas las comunidades ecosistémicas del planeta, explotándolas y canalizando gran parte del producto terrestre bruto hacia los sistemas humanos de consumo. La consecuencia equivale a una devastación como las de antaño. El biólogo E. Wilson dice que la humanidad es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha vuelto una fuerza geofísica destructiva. La tasa de extinción de especies producida por la actividad humana es cincuenta veces mayor que la que existía antes de la intervención humana. Con la aceleración actual, dentro de poco –continúa Wilson– podremos alcanzar la cifra de hasta diez mil veces más especies exterminadas por el voraz proceso consumista. El caos climático actual es uno de sus efectos.
El premio Nóbel de Química de 1995, el holandés Paul J. Crutzen, aterrorizado por la magnitud del actual ecocidio, afirmó que hemos inaugurado una nueva era geológica: el antropoceno. Es la edad de las grandes diezmaciones perpetradas por la irracionalidad del ser humano (en griego ántropos). Así termina tristemente la aventura de 66 millones de años de historia de la era cenozoica. Comienza el tiempo de la oscuridad.
Leonardo Boff
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Etiquetas:
cambio climático,
Crisis medioambiental,
ecología
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