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jueves, 5 de abril de 2012
GEOPIRATERÍA: LOS LOCOS PROYECTOS DE LOS APRENDICES DE BRUJO DEL CLIMA
. Geopiratería.
Los locos proyectos de los aprendices de brujo del clima
VS 0 | | sección: web | 04/04/2012
Sophie Chapelle
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Inyectar partículas en la atmósfera para reflejar los rayos del sol, inundar los océanos de nanopartículas, tapar los desiertos con plástico... Los “geoingenieros” se dedican alegremente a su sueño prometeico de controlar la naturaleza. El problema es que algunos creen en ello. El Reino Unido se dispone, en este mes de octubre de 2011, a realizar una experiencia de este tipo, financiada con fondos públicos.
¿Y si, para atenuar las consecuencias de los cambios climáticos, reducimos voluntariamente la cantidad de rayos solares que penetran en la atmósfera terrestre? ¿Cómo? Mediante la inyección de minúsculas partículas en la estratosfera. Actuando como un espejo, esas partículas reflejarían los rayos del sol hacia el espacio y harían que el planeta estuviera más fresco.
¡Elemental, querido lector! Esta idea totalmente estrambótica será experimentada entre los días 6 y 23 de octubre en el Reino Unido en el marco del proyecto Spice (Stratospheric Particle Injection for Climate Engineering). Un globo de helio será atado a un tubo de 1 km de largo e inyectará... ¡agua en el cielo! “Es solo un prototipo”, quieren precisar los iniciadores del proyecto. Una forma de ver cómo el sistema concebido reaccionará bajo diferentes condiciones climáticas, antes de pasar a una experimentación a una escala mayor. Y no de las menores: los iniciadores del proyecto contemplan así la utilización de un globo “del tamaño del estadio de Wembley”. Enviado a 20 km de altura, estará atado al suelo por un tubo en el que se inyectarán partículas químicas -los sulfatos son sugeridos con frecuencia. Con posibles impactos negativos sobre la salud humana.
Incluso si esto no es más que un prototipo, la experimentación de octubre tendrá un coste estimado en 1,8 millones de euros, soportado por fondos públicos /1. La idea se inspira en la erupción del volcán Pinatubo en 1991, que había proyectado 20 millones de toneladas de dióxido de azufre a la estratosfera, provocando un enfriamiento medio del planeta de 0,5º C durante dos años.
Nanopartículas en los océanos
Extremadamente entusiastas, algunos científicos aseguran que la puesta en marcha del proyecto Spice podría permitir disminuir la temperatura global alrededor de 2ºC en dos años. Admiten sin embargo algunas incógnitas si esta técnica se generalizara. Según el think tank canadiense ETC group, relacionado estrechamente con movimientos ciudadanos por la justicia climática, “el bloqueo de los rayos del sol podría causar importantes daños al medio ambiente, particularmente favoreciendo la emisión de gases de efecto invernadero adicionales a la atmósfera y contribuyendo a cambiar los regímenes climáticos, a reducir las lluvias, a dañar la capa de ozono, a empobrecer la biodiversidad”.
Esta experimentación es sobre todo característica de una idea que gana terreno: si las intervenciones locales y repetidas de los seres humanos pueden tener efectos sobre todo el planeta, ¿por qué no intervendríamos deliberadamente para corregir los daños que hemos involuntariamente causado al clima? Esta tendencia tiene un nombre, la geo-ingineering [geoingeniería]. El asunto está en proporcionar soluciones tecnológicas que tendrán por efecto alterar la estratosfera o también reestructurar la superficie de los océanos.
Empaquetar los desiertos
En el menú: recubrir los desiertos con plástico blanco para reflejar la radiación solar, fertilizar los océanos con nanopartículas de hierro con el objetivo de hacer proliferar el fitoplancton, que asegura teóricamente la absorción del CO2, o también, verter cal al océano a fin de reducir su acidez y aumentar su capacidad de absorción del CO2 /2. Ideas a cual más descabellada, pero que hacen ganar millones de dólares a algunos.
Este plan B provoca inexorablemente una mercantilización del clima: las patentes sobre “soluciones milagro” a la crisis climática se multiplican. Como resume Vandana Shiva, “la geoingeniería intenta resolver los problemas adoptando la misma vieja mentalidad que presidió la voluntad de controlar la naturaleza”. Profundamente desigualitaria, la “geopiratería” está en la iniciativa de gobiernos de la OCDE y de poderosas empresas, que se lanzan solas y sin concierto a un juego peligroso de consecuencias imprevisibles y de mucho riesgo sobre las poblaciones más vulnerables.
Apostar por estas tecnologías equivale igualmente a violar los tratados internacionales: en la 10ª Conferencia Mundial sobre la Biodiversidad de Nagoya, en octubre de 2010, se acordó una moratoria contra las tecnologías de geoingeniería, con una excepción para las experimentaciones científicas a pequeña escala, realizadas en un entorno controlado y bajo jurisdicción nacional. La geoingeniería es sobre todo la excusa perfecta para evitar tener que tomar medidas que reduzcan las emisiones. Una forma de ganar tiempo sin cambiar de sistema.
29/09/2011
http://www.bastamag.net/article1765.html
Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR
Notas
1/ Se encuentran entre los financiadores el Consejo en la Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas (EPRSC) y el Consejo para la Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC).
2/ El conjunto de estos ejemplos está comentado en el informe del ETC Group titulado Géopiraterie : argumentaire contre la géo-ingénierie, que se puede descargar en http://www.etcgroup.org/upload/publication/pdf_file/ETC_geopiracy_fr.pdf
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Etiquetas:
cambio climático,
Crisis medioambiental,
ecología
miércoles, 14 de diciembre de 2011
UN BALANCE DE LA CUMBRE DEL CLIMA DE DURBAN: MÁS CAPITALISMO VERDE
. Un balance de la Cumbre del Clima en Durban.
Más capitalismo verde
VS 0 | | sección: web | 13/12/2011
Josep Maria Antentas y Esther Vivas
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Se salva a los mercados y no al clima. Así podríamos resumir lo que constata la recién terminada 17ª Conferencia de las Partes (COP 17) de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, celebrada del 28 de noviembre al 10 de diciembre. La rápida respuesta que gobiernos e instituciones internacionales dieron al estallido de la crisis económica en 2008 rescatando bancos privados con dinero público contrasta con el inmovilismo frente al cambio climático. Aunque esto no nos debería de sorprender. Tanto en un caso como en otro ganan los mismos: los mercados y sus gobiernos cómplices.
En la cumbre del clima de Durban dos han sido los temas centrales: el futuro del Protocolo de Kioto, que concluye en 2012, y la capacidad para establecer mecanismos en la reducción de emisiones; y la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima, aprobado en la anterior cumbre de Cancún, con el objetivo teórico de apoyar a los países pobres en la mitigación y la adaptación al cambio climático.
Tras Durban podemos afirmar que un segundo periodo del Protocolo de Kioto ha quedado vacío de contenido: se pospone una acción real hasta el 2020 y se rechaza cualquier tipo de instrumento que obligue a la reducción de emisiones. Así lo han querido los representantes de los países más contaminantes con Estados Unidos a la cabeza quienes abogaban por un acuerdo de reducciones voluntarias y rechazan cualquier tipo de mecanismo vinculante. Pero si el Protocolo de Kioto ya era insuficiente, y de aplicarse evitaba sólo 0,1º centígrados de calentamiento global, ahora vamos de mal en peor.
Entorno al Fondo Verde para el Clima, si en un primer momento los países ricos se comprometieron a aportar 30 mil millones de dólares en 2012 y 100 mil millones anuales para 2020, cifras que de todos modos se consideran insuficientes, la procedencia de estos fondos públicos ha quedado por determinar mientras se abren las puertas a la inversión privada y a la gestión del Banco Mundial. Como han señalado organizaciones sociales se trata de una estrategia para “convertir el Fondo Verde para el Clima en un Fondo Empresarial Codicioso”. Una vez más se pretende hacer negocio con el clima y la contaminación medioambiental.
Otro ejemplo de esta mercantilización del clima ha sido el aval de la ONU a la captura y almacenamiento de CO2 como Mecanismo de Desarrollo Limpio, que no pretende reducir las emisiones y que agudizaría la crisis ambiental, especialmente en los países del Sur candidatos a futuros cementerios de CO2.
Así, los resultados de la cumbre apuntan a más capitalismo verde. Como indicaba el activista e intelectual surafricano Patrick Bond: “La tendencia a mercantilizar la naturaleza se ha convertido en el punto de vista filosófico dominante en la gobernanza mundial medioambiental”. En Durban se repite el guión de cumbres anteriores como la de Cancún 2010, Copenhague 2009... donde los intereses de las grandes multinacionales, de las instituciones internacionales y de las élites financieras, tanto del Norte como del Sur, se anteponen a las necesidades colectivas de la gente y al futuro del planeta.
En Durban estaba en juego nuestro futuro pero también nuestro presente. Los estragos del cambio climático están teniendo ya sus efectos: liberación de millones de toneladas de metano del Ártico, un gas 20 veces más potente que el CO2 desde el punto de vista del calentamiento atmosférico; derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo que aumenta el nivel del mar. Unos efectos que incrementan el número de migraciones forzadas. Si en 1995 había alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, hoy esta cifra se ha doblado, 50 millones, y en el 2050 ésta podría ascender a entre 200 y mil millones de desplazados.
Todo apunta a que nos dirigimos hacia un calentamiento global descontrolado superior a los 2º, y que podría rondar los 4º, para finales de siglo, lo que desencadenaría muy probablemente, según los científicos, impactos inmanejables, como la subida de varios metros del nivel del mar. No podemos esperar hasta el año 2020 para empezar a tomar medidas reales.
Pero frente a la falta de voluntad política para acabar con el cambio climático, las resistencias no callan. Y emulando a Occupy Wall Street y a la ola de indignación que recorre Europa y el mundo, varios activistas y movimientos sociales se han encontrado diariamente en un foro a pocos metros del centro de convenciones oficiales bajo el lema ‘Occupy COP17’. Este punto de encuentro ha reunido desde mujeres campesinas que luchan por sus derechos hasta representantes oficiales de pequeños estados isleños como Las Seychelles, Granada o Nauru amenazados por una subida inminente del nivel del mar, pasando por activistas contra la deuda externa que reclaman el reconocimiento y la restitución de una deuda ecológica del Norte respecto al Sur.
El movimiento por la justicia climática señala como, frente a la mercantilización de la naturaleza y los bienes comunes, es necesario anteponer nuestras vidas y el planeta. El capitalismo se ha demostrado incapaz de dar respuesta al callejón sin salida al que su lógica productivista, cortoplacista y depredadora nos ha conducido. Si no queremos que el clima cambie hay que cambiar radicalmente este sistema. Pero los resultados de Durban apuntan en otra dirección. El reconocido activista ecologista nigeriano Nnimmo Bassey lo dejaba bien claro con estas palabras: “Esta cumbre ha amplificado el apartheid climático, donde el 1% más rico del mundo ha decidido que es aceptable sacrificar al 99% restante”.
Josep Maria Antentas es profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona y Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra.
Artículo en Público, 13/12/2011.
+info: http://esthervivas.wordpress.com
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Más capitalismo verde
VS 0 | | sección: web | 13/12/2011
Josep Maria Antentas y Esther Vivas
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Se salva a los mercados y no al clima. Así podríamos resumir lo que constata la recién terminada 17ª Conferencia de las Partes (COP 17) de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, celebrada del 28 de noviembre al 10 de diciembre. La rápida respuesta que gobiernos e instituciones internacionales dieron al estallido de la crisis económica en 2008 rescatando bancos privados con dinero público contrasta con el inmovilismo frente al cambio climático. Aunque esto no nos debería de sorprender. Tanto en un caso como en otro ganan los mismos: los mercados y sus gobiernos cómplices.
En la cumbre del clima de Durban dos han sido los temas centrales: el futuro del Protocolo de Kioto, que concluye en 2012, y la capacidad para establecer mecanismos en la reducción de emisiones; y la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima, aprobado en la anterior cumbre de Cancún, con el objetivo teórico de apoyar a los países pobres en la mitigación y la adaptación al cambio climático.
Tras Durban podemos afirmar que un segundo periodo del Protocolo de Kioto ha quedado vacío de contenido: se pospone una acción real hasta el 2020 y se rechaza cualquier tipo de instrumento que obligue a la reducción de emisiones. Así lo han querido los representantes de los países más contaminantes con Estados Unidos a la cabeza quienes abogaban por un acuerdo de reducciones voluntarias y rechazan cualquier tipo de mecanismo vinculante. Pero si el Protocolo de Kioto ya era insuficiente, y de aplicarse evitaba sólo 0,1º centígrados de calentamiento global, ahora vamos de mal en peor.
Entorno al Fondo Verde para el Clima, si en un primer momento los países ricos se comprometieron a aportar 30 mil millones de dólares en 2012 y 100 mil millones anuales para 2020, cifras que de todos modos se consideran insuficientes, la procedencia de estos fondos públicos ha quedado por determinar mientras se abren las puertas a la inversión privada y a la gestión del Banco Mundial. Como han señalado organizaciones sociales se trata de una estrategia para “convertir el Fondo Verde para el Clima en un Fondo Empresarial Codicioso”. Una vez más se pretende hacer negocio con el clima y la contaminación medioambiental.
Otro ejemplo de esta mercantilización del clima ha sido el aval de la ONU a la captura y almacenamiento de CO2 como Mecanismo de Desarrollo Limpio, que no pretende reducir las emisiones y que agudizaría la crisis ambiental, especialmente en los países del Sur candidatos a futuros cementerios de CO2.
Así, los resultados de la cumbre apuntan a más capitalismo verde. Como indicaba el activista e intelectual surafricano Patrick Bond: “La tendencia a mercantilizar la naturaleza se ha convertido en el punto de vista filosófico dominante en la gobernanza mundial medioambiental”. En Durban se repite el guión de cumbres anteriores como la de Cancún 2010, Copenhague 2009... donde los intereses de las grandes multinacionales, de las instituciones internacionales y de las élites financieras, tanto del Norte como del Sur, se anteponen a las necesidades colectivas de la gente y al futuro del planeta.
En Durban estaba en juego nuestro futuro pero también nuestro presente. Los estragos del cambio climático están teniendo ya sus efectos: liberación de millones de toneladas de metano del Ártico, un gas 20 veces más potente que el CO2 desde el punto de vista del calentamiento atmosférico; derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo que aumenta el nivel del mar. Unos efectos que incrementan el número de migraciones forzadas. Si en 1995 había alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, hoy esta cifra se ha doblado, 50 millones, y en el 2050 ésta podría ascender a entre 200 y mil millones de desplazados.
Todo apunta a que nos dirigimos hacia un calentamiento global descontrolado superior a los 2º, y que podría rondar los 4º, para finales de siglo, lo que desencadenaría muy probablemente, según los científicos, impactos inmanejables, como la subida de varios metros del nivel del mar. No podemos esperar hasta el año 2020 para empezar a tomar medidas reales.
Pero frente a la falta de voluntad política para acabar con el cambio climático, las resistencias no callan. Y emulando a Occupy Wall Street y a la ola de indignación que recorre Europa y el mundo, varios activistas y movimientos sociales se han encontrado diariamente en un foro a pocos metros del centro de convenciones oficiales bajo el lema ‘Occupy COP17’. Este punto de encuentro ha reunido desde mujeres campesinas que luchan por sus derechos hasta representantes oficiales de pequeños estados isleños como Las Seychelles, Granada o Nauru amenazados por una subida inminente del nivel del mar, pasando por activistas contra la deuda externa que reclaman el reconocimiento y la restitución de una deuda ecológica del Norte respecto al Sur.
El movimiento por la justicia climática señala como, frente a la mercantilización de la naturaleza y los bienes comunes, es necesario anteponer nuestras vidas y el planeta. El capitalismo se ha demostrado incapaz de dar respuesta al callejón sin salida al que su lógica productivista, cortoplacista y depredadora nos ha conducido. Si no queremos que el clima cambie hay que cambiar radicalmente este sistema. Pero los resultados de Durban apuntan en otra dirección. El reconocido activista ecologista nigeriano Nnimmo Bassey lo dejaba bien claro con estas palabras: “Esta cumbre ha amplificado el apartheid climático, donde el 1% más rico del mundo ha decidido que es aceptable sacrificar al 99% restante”.
Josep Maria Antentas es profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona y Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra.
Artículo en Público, 13/12/2011.
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miércoles, 9 de marzo de 2011
EL ANTROPOCENO: UNA NUEVA ERA GEOLÓGICA
El antropoceno: una nueva era geológica
2011-01-17
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Las crisis clásicas conocidas, como por ejemplo la de 1929, afectaron profundamente a todas las sociedades. La crisis actual es más radical, pues está atacando a nuestro modus essendi: las bases de la vida y de nuestra civilización. Antes se daba por descontado que la Tierra estaba ahí, intacta y con recursos inagotables. Ahora ya no podemos contar con una Tierra sana y abundante en recursos. Eso terminó; degradada y con fiebre no soporta más un proyecto infinito de progreso.
La crisis presente desnuda la engañosa comprensión dominante de la historia, la naturaleza y la Tierra, que coloca al ser humano fuera y encima de la naturaleza con una excepcional misión, la de dominarla. Hemos perdido la noción de todos los pueblos originarios de que pertenecemos a la naturaleza. Hoy diríamos que somos parte del sistema solar, y de nuestra galaxia, que a su vez es parte del universo. Todos surgimos a lo largo de un inmenso proceso evolutivo. Todo está alimentado por la energía de fondo y por las cuatro interacciones que siempre actúan juntas: la fuerza de la gravedad, la electromagnética y las nucleares débil y fuerte. La vida y la conciencia son emergencias de este proceso. Nosotros los humanos representamos la parte consciente e inteligente de la Vía Láctea y de la propia Tierra, con la misión no de dominarla sino de cuidar de ella para mantener las condiciones ecológicas que nos permitan llevar adelante nuestra vida y la civilización.
Ahora bien, esas condiciones están siendo minadas por el actual proceso productivista y consumista. Ya no se trata de salvar nuestro bienestar, sino de salvar la vida humana y la civilización.
Si no moderamos nuestra voracidad y no entramos en sinergia con la naturaleza, difícilmente saldremos de la situación actual. O sustituimos estas premisas equivocadas por otras mejores o corremos el peligro de autodestruirnos. La conciencia del peligro no es todavía colectiva.
Es importante reconocer un hecho del proceso evolutivo que nos perturba: junto con la gran armonía coexiste también la extrema violencia. La propia Tierra en sus 4,5 mil millones de años de existencia ha pasado por varias devastaciones. En algunas de ellas perdió casi el 90% de su capital biótico, pero la vida se mantuvo siempre y se rehizo con renovado vigor.
La última gran devastación, un verdadero Armagedón ambiental, ocurrió hace 67 millones de años cuando en el Caribe, cerca de Yucatán en México, cayó un meteoro de casi 10 Km. de extensión. Produjo un tsunami con olas del tamaño de edificios altos y un temblor que afectó a todo el planeta, activando a la mayoría de los volcanes. Una inmensa nube de polvo y de gases fue lanzada al cielo, alterando durante decenas de años el clima de la Tierra. Los dinosaurios, que habían reinado soberanos en la Tierra durante más de cien millones de años, desaparecieron totalmente. La era mesozoica, la de los reptiles, llegaba a su fin y comenzaba la era cenozoica, la de los mamíferos. Como si fuera una venganza, la Tierra produjo una floración de vida como nunca antes. Nuestros antepasados primates surgieron por esta época. Somos del género de los mamíferos.
Pero he aquí que en los últimos trescientos años el homo sapiens/demens está llevando a cabo una embestida poderosísima sobre todas las comunidades ecosistémicas del planeta, explotándolas y canalizando gran parte del producto terrestre bruto hacia los sistemas humanos de consumo. La consecuencia equivale a una devastación como las de antaño. El biólogo E. Wilson dice que la humanidad es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha vuelto una fuerza geofísica destructiva. La tasa de extinción de especies producida por la actividad humana es cincuenta veces mayor que la que existía antes de la intervención humana. Con la aceleración actual, dentro de poco –continúa Wilson– podremos alcanzar la cifra de hasta diez mil veces más especies exterminadas por el voraz proceso consumista. El caos climático actual es uno de sus efectos.
El premio Nóbel de Química de 1995, el holandés Paul J. Crutzen, aterrorizado por la magnitud del actual ecocidio, afirmó que hemos inaugurado una nueva era geológica: el antropoceno. Es la edad de las grandes diezmaciones perpetradas por la irracionalidad del ser humano (en griego ántropos). Así termina tristemente la aventura de 66 millones de años de historia de la era cenozoica. Comienza el tiempo de la oscuridad.
Leonardo Boff
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2011-01-17
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Las crisis clásicas conocidas, como por ejemplo la de 1929, afectaron profundamente a todas las sociedades. La crisis actual es más radical, pues está atacando a nuestro modus essendi: las bases de la vida y de nuestra civilización. Antes se daba por descontado que la Tierra estaba ahí, intacta y con recursos inagotables. Ahora ya no podemos contar con una Tierra sana y abundante en recursos. Eso terminó; degradada y con fiebre no soporta más un proyecto infinito de progreso.
La crisis presente desnuda la engañosa comprensión dominante de la historia, la naturaleza y la Tierra, que coloca al ser humano fuera y encima de la naturaleza con una excepcional misión, la de dominarla. Hemos perdido la noción de todos los pueblos originarios de que pertenecemos a la naturaleza. Hoy diríamos que somos parte del sistema solar, y de nuestra galaxia, que a su vez es parte del universo. Todos surgimos a lo largo de un inmenso proceso evolutivo. Todo está alimentado por la energía de fondo y por las cuatro interacciones que siempre actúan juntas: la fuerza de la gravedad, la electromagnética y las nucleares débil y fuerte. La vida y la conciencia son emergencias de este proceso. Nosotros los humanos representamos la parte consciente e inteligente de la Vía Láctea y de la propia Tierra, con la misión no de dominarla sino de cuidar de ella para mantener las condiciones ecológicas que nos permitan llevar adelante nuestra vida y la civilización.
Ahora bien, esas condiciones están siendo minadas por el actual proceso productivista y consumista. Ya no se trata de salvar nuestro bienestar, sino de salvar la vida humana y la civilización.
Si no moderamos nuestra voracidad y no entramos en sinergia con la naturaleza, difícilmente saldremos de la situación actual. O sustituimos estas premisas equivocadas por otras mejores o corremos el peligro de autodestruirnos. La conciencia del peligro no es todavía colectiva.
Es importante reconocer un hecho del proceso evolutivo que nos perturba: junto con la gran armonía coexiste también la extrema violencia. La propia Tierra en sus 4,5 mil millones de años de existencia ha pasado por varias devastaciones. En algunas de ellas perdió casi el 90% de su capital biótico, pero la vida se mantuvo siempre y se rehizo con renovado vigor.
La última gran devastación, un verdadero Armagedón ambiental, ocurrió hace 67 millones de años cuando en el Caribe, cerca de Yucatán en México, cayó un meteoro de casi 10 Km. de extensión. Produjo un tsunami con olas del tamaño de edificios altos y un temblor que afectó a todo el planeta, activando a la mayoría de los volcanes. Una inmensa nube de polvo y de gases fue lanzada al cielo, alterando durante decenas de años el clima de la Tierra. Los dinosaurios, que habían reinado soberanos en la Tierra durante más de cien millones de años, desaparecieron totalmente. La era mesozoica, la de los reptiles, llegaba a su fin y comenzaba la era cenozoica, la de los mamíferos. Como si fuera una venganza, la Tierra produjo una floración de vida como nunca antes. Nuestros antepasados primates surgieron por esta época. Somos del género de los mamíferos.
Pero he aquí que en los últimos trescientos años el homo sapiens/demens está llevando a cabo una embestida poderosísima sobre todas las comunidades ecosistémicas del planeta, explotándolas y canalizando gran parte del producto terrestre bruto hacia los sistemas humanos de consumo. La consecuencia equivale a una devastación como las de antaño. El biólogo E. Wilson dice que la humanidad es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha vuelto una fuerza geofísica destructiva. La tasa de extinción de especies producida por la actividad humana es cincuenta veces mayor que la que existía antes de la intervención humana. Con la aceleración actual, dentro de poco –continúa Wilson– podremos alcanzar la cifra de hasta diez mil veces más especies exterminadas por el voraz proceso consumista. El caos climático actual es uno de sus efectos.
El premio Nóbel de Química de 1995, el holandés Paul J. Crutzen, aterrorizado por la magnitud del actual ecocidio, afirmó que hemos inaugurado una nueva era geológica: el antropoceno. Es la edad de las grandes diezmaciones perpetradas por la irracionalidad del ser humano (en griego ántropos). Así termina tristemente la aventura de 66 millones de años de historia de la era cenozoica. Comienza el tiempo de la oscuridad.
Leonardo Boff
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domingo, 13 de febrero de 2011
EL HAMBRE SE COME AL MUNDO
El hambre se come al mundo
Los precios de la carne, el azúcar, los cereales, los productos lácteos y otros alimentos básicos llegaron a su nivel máximo a pocas semanas de iniciado el 2011, sobrepasando las cuotas récord de 2008, pero las causas no están solo en el desabastecimiento…
Internacional | Varios Autores-JR | 13-02-2011 |
La Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada en 1948, después de la Segunda Guerra Mundial, es clara y en uno de sus acápites, alude a la necesidad de que el hambre y la malnutrición sean eliminadas del mundo, pues todos los seres humanos tenemos el derecho a una buena nutrición como condición para un desarrollo físico y mental pleno.
Pero la necesidad de alimentarse adecuadamente todos los días en realidad apunta hacia la utopía. Hasta el día de hoy, seis décadas después de promulgada la Declaración, ese sigue siendo un derecho violado en muchos lugares sobre la Tierra. Y lo peor es que no se avizoran cambios favorables.
Actualmente unos 900 millones de personas en el mundo no tienen seguridad alimentaria y de acuerdo con cifras facilitadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), hay 170 millones de niños en estado de malnutrición extrema.
Cabría preguntarse si es únicamente la falta de alimentos la causa. La realidad indica que no.
El problema tiene su punto inicial en factores económicos, políticos y medioambientales creados por el propio hombre y que, al final, también causan tanta muerte como la más profunda inanición.
Con perfecta previsión, el Comandante en Jefe Fidel Castro, ya advertía en 1992 sobre las consecuencias nefastas que para la existencia humana traería el deterioro que se le estaba propinando indiscriminadamente a la naturaleza.
Durante la celebración de la Cumbre de la Tierra, en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, Fidel alertaba que «una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo».
El drama en números
Desde 1990, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) mide la variación mensual de precios mundiales de los alimentos sobre la base de un índice de 55 productos agropecuarios.
Desde entonces el arroz, el trigo, los aceites vegetales, la carne, los productos lácteos y el maíz, saltaron de las mesas de las casas a los foros internacionales, como puntos de discusión para resolver poco menos que nada y solo trazar planes que, al implicar la renuncia a sus prebendas por los más poderosos, solo quedan en papeles.
Según datos de organizaciones internacionales, entre 2003 y principios de 2008 se registró un pronunciado y sostenido aumento de precios de una amplia gama de productos básicos.
Pero, a pocas semanas de iniciado el 2011, la FAO encendió las alarmas ante el desmesurado incremento del precio de los alimentos, que llegaron a sobrepasar los registros de junio de 2008, cuando marcaron un alza de 213,5 puntos, que hasta ese momento constituían el pico histórico.
Entonces EE.UU. lanzaba su propuesta de hacer frente al agotamiento de las reservas de petróleo y al creciente aumento de los precios del crudo, con la producción de combustibles extraídos de alimentos. Los costos comenzaron a volatilizarse y el mundo entró en pánico.
Este enero, dice la FAO, el índice del alza tuvo un promedio de 231 puntos, con un 3,4 por ciento de incremento respecto a diciembre de 2010. Este sería el nivel más alto desde que se comenzaron a medir los precios.
Asesinato en masa silencioso
Así llamó hace algunos años un funcionario de la ONU a la hambruna. Además, aclaró con bastante acierto que el hambre en el mundo no es cosa del destino y sus causantes están bien identificados. Se puede interpretar así que detrás de cada muerte por falta de alimentos hay en verdad un asesinato. Silencioso, pero asesinato al fin.
Es difícil de aceptar, pero la FAO ha advertido que existe un equilibrio entre el suministro mundial de alimentos y la demanda, y suficientes existencias de cereales para garantizar una situación menos grave que la de 2008. Sin embargo, la volatilidad de los precios del petróleo unido a los intereses de las grandes transnacionales, productores y distribuidores de los alimentos básicos, conducen por el camino del mal.
Especulación e inflación son los términos más usados en estos casos, y dos de las realidades que los Estados más débiles no pueden combatir. No son pocos los que aseguran que la comercialización especulativa de productos de primera necesidad resulta una de las más poderosas causas de la actual volatilidad en los precios de los comestibles que beneficia, únicamente, a las grandes transnacionales.
Datos aportados por PL ilustran el fenómeno: la Ong GRAIN refiere que el dinero especulativo en alimentos creció de los 5 000 millones de dólares en el 2000, a los 175 000 millones en el 2007.
Hilda Ochoa-Brillembourg, presidenta del Strategic Investment Group —un grupo de asesores de inversiones del Banco Mundial—, estima que desde el 2008 la demanda especulativa de futuros de productos agrícolas ha crecido entre el 40 y el 80 por ciento.
Para que se tenga una noción —confirmó PL— solo la firma inglesa Armajaro Holdings Ltd compró, en una jornada del pasado año, 240 000 toneladas de cacao valoradas en 720 millones de euros, que representan el siete por ciento de la producción mundial. Así consiguió disparar el precio de la tonelada de ese grano hasta los 3 223 euros, la cifra más alta desde 1977.
Clima vs. hambre
A estos factores subjetivos del desabastecimiento nutricional se suman otros de carácter más objetivo y en los cuales la mano del hombre también ha influido notablemente.
Las grandes destrucciones que propina al medio ambiente y que, cada vez con más ímpetu, se revierten contra él, también reafirman esta tendencia al alza y escasez de los alimentos.
En Rusia, por ejemplo, el Gobierno vetó la exportación de cereales hasta finales del 2011 por varios meses, como medida para hacer frente al drástico declive de las cosechas luego de los devastadores incendios que afectaron al centro y oeste del país desde comienzos del verano pasado y la pertinaz sequía, la peor en décadas.
Las inundaciones que azotaron a Paquistán, también en 2010, harán que este país tenga que importar alimentos durante 2011, porque el Punjab, una de las áreas devastadas, produce el 80 por ciento del grano que se consume en esa nación asiática. Ahora, en lo que va de año, China enfrenta una de sus peores sequías. Según estimados, en el norte del país, donde se produce el 80 por ciento del trigo que se consume en esa nación, 6,4 millones de hectáreas de tierra cultivada se están perdiendo por la falta de precipitaciones.
Toda la zona de África del sur está en franco peligro por las intensas lluvias que la azotan. La FAO advirtió que las inundaciones y tormentas ya han dañado miles de hectáreas de tierras agrícolas y cultivos en naciones como Botswana, Lesotho, Mozambique, Namibia, Zambia, Zimbabwe y Sudáfrica. Al parecer la subida de precios se hace inevitable.
Protestas sociales
La FAO también alertó q ue la tendencia alcista persistirá y se registrarán aún más significativos aumentos en 2011. Esto incide en las convulsiones sociales en cualquier confín del mundo. No pocos economistas y expertos en seguridad alimentaria han advertido varias veces en los últimos años, que esta explosión en el costo de la comida podría desencadenar el mismo tipo de estallido de ira ciudadana.
Durante la crisis de 2008 se reportaron manifestaciones sociales en 30 países.
A mediados de 2010, protestas contra el alza de los precios de los alimentos en distintos países de África corroboraron que la situación vuelve a ser explosiva, y no debe descartarse que hayan constituido un ingrediente adicional en los remezones experimentados en las últimas semanas en la región árabe.
De esta manera, como un nudo gordiano, en lo que resulta el círculo vicioso más dilatado de la historia de la humanidad, danzan las crisis económica, ambiental y alimentaria, arrasando en su ira con los excluidos.
Como ha seguido alertando Fidel: «Es hora ya de hacer algo». El panorama se muestra desolador en lo que a crisis alimentaria se refiere, pues son precisamente los más ricos los encargados de cambiar una situación que se torna cada vez más peligrosa para la existencia de la raza humana.
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Los precios de la carne, el azúcar, los cereales, los productos lácteos y otros alimentos básicos llegaron a su nivel máximo a pocas semanas de iniciado el 2011, sobrepasando las cuotas récord de 2008, pero las causas no están solo en el desabastecimiento…
Internacional | Varios Autores-JR | 13-02-2011 |
La Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada en 1948, después de la Segunda Guerra Mundial, es clara y en uno de sus acápites, alude a la necesidad de que el hambre y la malnutrición sean eliminadas del mundo, pues todos los seres humanos tenemos el derecho a una buena nutrición como condición para un desarrollo físico y mental pleno.
Pero la necesidad de alimentarse adecuadamente todos los días en realidad apunta hacia la utopía. Hasta el día de hoy, seis décadas después de promulgada la Declaración, ese sigue siendo un derecho violado en muchos lugares sobre la Tierra. Y lo peor es que no se avizoran cambios favorables.
Actualmente unos 900 millones de personas en el mundo no tienen seguridad alimentaria y de acuerdo con cifras facilitadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), hay 170 millones de niños en estado de malnutrición extrema.
Cabría preguntarse si es únicamente la falta de alimentos la causa. La realidad indica que no.
El problema tiene su punto inicial en factores económicos, políticos y medioambientales creados por el propio hombre y que, al final, también causan tanta muerte como la más profunda inanición.
Con perfecta previsión, el Comandante en Jefe Fidel Castro, ya advertía en 1992 sobre las consecuencias nefastas que para la existencia humana traería el deterioro que se le estaba propinando indiscriminadamente a la naturaleza.
Durante la celebración de la Cumbre de la Tierra, en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, Fidel alertaba que «una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo».
El drama en números
Desde 1990, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) mide la variación mensual de precios mundiales de los alimentos sobre la base de un índice de 55 productos agropecuarios.
Desde entonces el arroz, el trigo, los aceites vegetales, la carne, los productos lácteos y el maíz, saltaron de las mesas de las casas a los foros internacionales, como puntos de discusión para resolver poco menos que nada y solo trazar planes que, al implicar la renuncia a sus prebendas por los más poderosos, solo quedan en papeles.
Según datos de organizaciones internacionales, entre 2003 y principios de 2008 se registró un pronunciado y sostenido aumento de precios de una amplia gama de productos básicos.
Pero, a pocas semanas de iniciado el 2011, la FAO encendió las alarmas ante el desmesurado incremento del precio de los alimentos, que llegaron a sobrepasar los registros de junio de 2008, cuando marcaron un alza de 213,5 puntos, que hasta ese momento constituían el pico histórico.
Entonces EE.UU. lanzaba su propuesta de hacer frente al agotamiento de las reservas de petróleo y al creciente aumento de los precios del crudo, con la producción de combustibles extraídos de alimentos. Los costos comenzaron a volatilizarse y el mundo entró en pánico.
Este enero, dice la FAO, el índice del alza tuvo un promedio de 231 puntos, con un 3,4 por ciento de incremento respecto a diciembre de 2010. Este sería el nivel más alto desde que se comenzaron a medir los precios.
Asesinato en masa silencioso
Así llamó hace algunos años un funcionario de la ONU a la hambruna. Además, aclaró con bastante acierto que el hambre en el mundo no es cosa del destino y sus causantes están bien identificados. Se puede interpretar así que detrás de cada muerte por falta de alimentos hay en verdad un asesinato. Silencioso, pero asesinato al fin.
Es difícil de aceptar, pero la FAO ha advertido que existe un equilibrio entre el suministro mundial de alimentos y la demanda, y suficientes existencias de cereales para garantizar una situación menos grave que la de 2008. Sin embargo, la volatilidad de los precios del petróleo unido a los intereses de las grandes transnacionales, productores y distribuidores de los alimentos básicos, conducen por el camino del mal.
Especulación e inflación son los términos más usados en estos casos, y dos de las realidades que los Estados más débiles no pueden combatir. No son pocos los que aseguran que la comercialización especulativa de productos de primera necesidad resulta una de las más poderosas causas de la actual volatilidad en los precios de los comestibles que beneficia, únicamente, a las grandes transnacionales.
Datos aportados por PL ilustran el fenómeno: la Ong GRAIN refiere que el dinero especulativo en alimentos creció de los 5 000 millones de dólares en el 2000, a los 175 000 millones en el 2007.
Hilda Ochoa-Brillembourg, presidenta del Strategic Investment Group —un grupo de asesores de inversiones del Banco Mundial—, estima que desde el 2008 la demanda especulativa de futuros de productos agrícolas ha crecido entre el 40 y el 80 por ciento.
Para que se tenga una noción —confirmó PL— solo la firma inglesa Armajaro Holdings Ltd compró, en una jornada del pasado año, 240 000 toneladas de cacao valoradas en 720 millones de euros, que representan el siete por ciento de la producción mundial. Así consiguió disparar el precio de la tonelada de ese grano hasta los 3 223 euros, la cifra más alta desde 1977.
Clima vs. hambre
A estos factores subjetivos del desabastecimiento nutricional se suman otros de carácter más objetivo y en los cuales la mano del hombre también ha influido notablemente.
Las grandes destrucciones que propina al medio ambiente y que, cada vez con más ímpetu, se revierten contra él, también reafirman esta tendencia al alza y escasez de los alimentos.
En Rusia, por ejemplo, el Gobierno vetó la exportación de cereales hasta finales del 2011 por varios meses, como medida para hacer frente al drástico declive de las cosechas luego de los devastadores incendios que afectaron al centro y oeste del país desde comienzos del verano pasado y la pertinaz sequía, la peor en décadas.
Las inundaciones que azotaron a Paquistán, también en 2010, harán que este país tenga que importar alimentos durante 2011, porque el Punjab, una de las áreas devastadas, produce el 80 por ciento del grano que se consume en esa nación asiática. Ahora, en lo que va de año, China enfrenta una de sus peores sequías. Según estimados, en el norte del país, donde se produce el 80 por ciento del trigo que se consume en esa nación, 6,4 millones de hectáreas de tierra cultivada se están perdiendo por la falta de precipitaciones.
Toda la zona de África del sur está en franco peligro por las intensas lluvias que la azotan. La FAO advirtió que las inundaciones y tormentas ya han dañado miles de hectáreas de tierras agrícolas y cultivos en naciones como Botswana, Lesotho, Mozambique, Namibia, Zambia, Zimbabwe y Sudáfrica. Al parecer la subida de precios se hace inevitable.
Protestas sociales
La FAO también alertó q ue la tendencia alcista persistirá y se registrarán aún más significativos aumentos en 2011. Esto incide en las convulsiones sociales en cualquier confín del mundo. No pocos economistas y expertos en seguridad alimentaria han advertido varias veces en los últimos años, que esta explosión en el costo de la comida podría desencadenar el mismo tipo de estallido de ira ciudadana.
Durante la crisis de 2008 se reportaron manifestaciones sociales en 30 países.
A mediados de 2010, protestas contra el alza de los precios de los alimentos en distintos países de África corroboraron que la situación vuelve a ser explosiva, y no debe descartarse que hayan constituido un ingrediente adicional en los remezones experimentados en las últimas semanas en la región árabe.
De esta manera, como un nudo gordiano, en lo que resulta el círculo vicioso más dilatado de la historia de la humanidad, danzan las crisis económica, ambiental y alimentaria, arrasando en su ira con los excluidos.
Como ha seguido alertando Fidel: «Es hora ya de hacer algo». El panorama se muestra desolador en lo que a crisis alimentaria se refiere, pues son precisamente los más ricos los encargados de cambiar una situación que se torna cada vez más peligrosa para la existencia de la raza humana.
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Etiquetas:
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