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viernes, 24 de febrero de 2012

SIRIA: LA INTERVENCIÓN DE RUSIA FRENA LA AGRESIÓN IMPERIALISTA










Se termina la partida en el Medio Oriente .
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Thierry Meyssan de Red Voltaire

Hace 11 meses que las potencias occidentales y las monarquías del Golfo se empeñan en desestabilizar la nación siria. Varios miles de mercenarios han sido infiltrados en el país. Reclutados por Arabia Saudita y Qatar en los medios extremistas sunnitas, estos elementos armados llegaron a Siria para derrocar al «usurpador alauita» Bachar al-Assad e imponer una dictadura de inspiración wahhabita.


Cuentan con el más moderno equipamiento militar, incluyendo equipos de visión nocturna, centrales de comunicación y robots para el combate urbano. El apoyo encubierto que les proporcionan las potencias de la OTAN les garantiza además acceso a datos indispensables en materia de inteligencia militar, como imágenes satelitales de los desplazamientos de las tropas sirias e intercepciones de las comunicaciones telefónicas.



Esta operación se presenta al público occidental de forma tendenciosa, como si se tratara de una revolución política ahogada en sangre por una implacable dictadura. Pero no todos se creen esa mentira. La rechazan Rusia, China y los países latinoamericanos miembros del ALBA [Alternativa Bolivariana para las Américas. Nota del Traductor.]. Y es que las experiencias históricas de estos países les han permitido comprender clara y rápidamente el trasfondo de la operación montada contra Siria. Los rusos recuerdan lo sucedido en Chechenia, los chinos no olvidan los acontecimientos de Xinjiang y los latinoamericanos tienen muy presente las guerras sucias contra Cuba y Nicaragua. En todos esos casos, más allá de las apariencias ideológicas o religiosos, la CIA recurrió a los mismos métodos de desestabilización.




Lo que más sorprendente resulta en esta situación es ver cómo los medios de prensa occidentales se autoconvencen de que los salafistas, los wahhabitas y los elementos armados de Al-Qaeda son individuos amantes de la democracia, a pesar de que siguen utilizando los canales de televisión vía satélite de Qatar y Arabia Saudita para lanzar constantes llamados a degollar a los herejes alauitas y a los observadores de la Liga Árabe. No importa que Abdelhakim Belhaj (número 2 en la jerarquía de Al-Qaeda desde la muerte oficialmente proclamada de Osama ben Laden) llame a desencadenar la yihad en Siria. La prensa occidental sigue tratando de imponer su romántica versión de la supuesta revolución liberal.
Lo más ridículo es oír como, al hacerse eco de los informes del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos sobre los crímenes del régimen y sus víctimas, los medios occidentales siguen divulgando servilmente las acusaciones cotidianas que profiere la rama siria de la Hermandad Musulmana. ¿Desde cuándo esa hermandad de golpistas se interesa por la defensa de los derechos humanos?


Ayman Al-Zawahiri, principal jefe de Al-Qaeda desde el anuncio oficial de la muerte de Osama ben Laden, ha lanzado un llamado a hacer la yihad junto a los occidentales en aras de derrocar al régimen baasista sirio.
Sólo bastó que los servicios secretos occidentales sacaran del sombrero un títere llamado «Consejo Nacional Sirio», con un sociólogo de la parisina universidad de la Sorbona como presidente y con una portavoz que no es más que la amante de un ex jefe de la DGSE [Dirección General de la Seguridad Exterior, la agencia de inteligencia de Francia. NdT.], para convertir a los «terroristas» en «demócratas». Como por arte de magia, la mentira se convierte así en una verdad mediática. Las personas secuestradas, mutiladas y asesinadas por la Legión Wahhabita se convierten, por obra y gracia de la prensa, en víctimas del tirano, mientras que los jóvenes sirios de todas las confesiones que sirven en el ejército nacional para defender su país de la agresión sectaria son presentados como soldados alauitas que oprimen a su propio pueblo. La desestabilización de Siria por parte de fuerzas extranjeras se convirtió a su vez en un episodio de la llamada «primavera árabe». El emir de Qatar y el rey de Arabia Saudita, dos monarcas absolutistas que nunca han organizado elecciones en sus propios países y que no vacilan en encarcelar a todo el que protesta contra sus regímenes, se convirtieron a su vez en defensores de la revolución y de la democracia. Francia, el Reino Unido y Estados Unidos, países que acaban de asesinar a 160 000 libios en violación del mandato que el Consejo de Seguridad de la ONU les había otorgado, se transformaron por su parte en filántropos protectores de la población civil, etc., etc., etc.

El doble veto ruso y chino del 4 de febrero de 2012 representa el fin de la guerra de baja intensidad que la prensa occidental y la del Golfo habían venido enmascarando con su campaña mediática. La OTAN y sus aliados han recibido una clara advertencia de que deben cesar las hostilidades y retirarse si no quieren tener que asumir una verdadera guerra de carácter regional, o incluso mundial.



El 7 de febrero llegó a Damasco una importante delegación rusa que incluía entre sus miembros a los más altos responsables de la inteligencia rusa, delegación que recibió una cálida acogida dispensada por una multitud entusiasta, segura de que el regreso de Rusia a la escena internacional significa el fin de la pesadilla. La capital siria y Alepo –la segunda ciudad sirie en importancia– se vistieron de blanco, azul y rojo y sus habitantes desfilaron por las calles portando banderolas en ruso. En el palacio presidencial, la delegación rusa se reunió con las de otros países, esencialmente de Turquía, Irán y Líbano. Se procedió entonces a la conclusión de una serie de acuerdos con vistas al restablecimiento de la paz. Siria aceptó proceder a la entrega de 49 instructores militares que habían sido hechos prisioneros por el ejército nacional. Turquía intercedió para lograr la liberación de los ingenieros y los peregrinos iraníes secuestrados, incluyendo a los que se encontraban en manos de los franceses (y de paso fue eliminado el teniente Tlass, quien mantenía secuestrados a los ingenieros iraníes por cuenta de la DGSE). Turquía puso fin a toda forma de apoyo al «Ejército Sirio Libre», cerró sus instalaciones en suelo turco (con excepción de la que se encuentra en la base que posee la OTAN en Incirlik) y entregó a su jefe, el coronel Rifat al-Assad. En su papel de garante de la aplicación de dichos acuerdos, Rusia fue autorizada a reactivar la antigua base soviética de intercepción del monte Qassium.
Al día siguiente, el Departamento de Estado estadounidense informó a la oposición siria en el exilio que no debe contar en lo adelante con la ayuda militar de Estados Unidos. Al darse cuenta de que han traicionado a su país sin obtener nada a cambio, los miembros del Consejo Nacional Sirio se han lanzado ahora a la búsqueda de nuevos padrinos. Uno de ellos llegó incluso a escribirle a Benjamin Netanyahu pidiéndole que invada Siria.



Despliegue del ejército libanés en el marco de la operación emprendida en el norte de su país.
Al cabo de un periodo de 2 días, plazo imprescindible para la aplicación de estos acuerdos, el ejército nacional de Siria se lanzó al asalto de las bases de la Legión Wahhabita. En el norte del Líbano, cuyo ejército también emprendió una ofensiva contra la Legión Wahhabita, un gigantesco arsenal fue confiscado en la región libanesa de Trípoli y 4 oficiales occidentales fueron hechos prisioneros, en la zona de Akkar, en una antigua escuela de la UNRWA convertida en cuartel general militar. En Siria, el general Assef Chawkat dirigió personalmente las operaciones. Al menos 1 500 elementos armados han sido capturados, entre ellos un coronel del servicio técnico de la DGSE, y más de mil personas resultaron muertas. No ha sido posible determinar, por el momento, cuántas de las víctimas mortales son mercenarios extranjeros, sirios que colaboraban con las fuerzas extranjeras o civiles atrapados en una ciudad en guerra.

Líbano y Siria han restablecido su soberanía en sus territorios nacionales.

Algunos intelectuales polemizan ahora sobre si Vladimir Putin ha cometido un error al proteger a Siria arriesgándose a tener que enfrentar una crisis diplomática con Estados Unidos. Se trata de una cuestión mal planteada. Al reconstruir su potencial a lo largo de todos estos años y consolidar ahora su posición en la escena internacional, Moscú pone fin a dos décadas de un orden mundial unipolar que permitía a Washington seguir extendiendo su propia hegemonía hasta alcanzar una dominación global. La alternativa planteada no era aliarse a la pequeña Siria o aliarse al poderoso Estados Unidos, sino permitir que la primera potencia mundial procediera a la destrucción de un Estado más o modificar la correlación de fuerzas y crear un orden internacional más justo


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miércoles, 1 de febrero de 2012

LIBIA, SIRIA, IRÁN, WALL STREET Y SAQUEO

LIBIA. SIRIA.IRÁN. WALL STREET Y SAQUEO.
LIBERTAD PARA LOS 5 CUBANOS SECUESTRADOS EN LAS CÁRCELES, AHORA DE OBAMA. (Mensaje a reiterar en todo momento).


LIBIA.
Médicos Sin Fronteras presentes en Libia, organización nada sospechosa de ser partidaria de Gadafi, abandonan su trabajo en el país denunciando las torturas, crímenes y el hambre a que son sometidos los prisioneros de la banda de mercenarios colocados en el gobierno por las bombas de la OTAN. Hasta la misma ONU que dio carta blanca para matar se ve obligada a denunciar, eso sí con la boca pequeñita, los "abusos" de sus pupilos.
¿Qué harán ahora la ONU y todos los dirigentes de países que enviaron a la OTAN a asesinar al pueblo libio y destruir sus ciudades, carreteras, hospitales, escuelas? ¿ Qué harán Obama, Clinton, Sarkozi, Cameron, Berlusconi, Rasmussen, Ban Ki-moon, Zapatero, Chacón y Jiménez y los parlamentarios que aquí votaron por la guerra, siendo unos y convirtiéndose otros en instrumentos políticos necesarios para el crimen? ¿ Qué hará Luís Moreno Ocampo, ese personaje siniestro que como fiscal general de la Corte Penal internacional puso la institución al servicio del crimen y no de la justicia y los derechos humanos? ¿ Qué hará esa Unión Europea de hampones al servicio del saqueo y la muerte?
De los denunciados "crímenes" de Gadafi, utilizados como argumento para intervenir, nunca más se supo. De los reales crÍmenes de la OTAN y de sus mercenarios tenemos muestras cada día, a pesar de la espesa capa de silencio y encubrimiento con que los medios de comunicación-propaganda oficiales, sean progres, conservadores o reaccionarios, los esconden.
Acabamos de vivir la primera parte de hechos que, en cualquier circunstancia mínimamente democrática, constituyen delitos. Estamos en la segunda parte en la que las personas que apoyaron la intervención y la guerra ya no pueden alegar desconocimiento, o defender lo mismo. Si así lo hicieran es porque el trabajo de narcotización del régimen y su propia cobardía moral han conseguido su anulación como personas, con lo cual sólo merecen el desprecio. Y deben saber que viene la tercera parte, tercera parte que tiene nombres de Siria, Irán, China, Rusia, petróleo y materias primas, dominio económico y militar, saqueo de las riquezas y una nueva ley del silencio, impuesta por los verdugos con la intención de que las víctimas la acepten sumisas.
Una pregunta para pensar un poquito: ¿saben ustedes por qué cuando Irak y Aznar hubo tanta movilización en la calle, y con Zapatero no hubo ninguna? Estoy intrigado. Vayamos al siguiente episodio.



SIRIA EN LA CERCANÍA. IRÁN EN EL HORIZONTE.
Hay que reconocer que el imperialismo como estadio de dominación general del capitalismo, trabaja con tiempo, preparando en cada país los instrumentos por si mañana se debe intervenir. Esto lo hace siempre, independientemente de que el país sea amigo, enemigo, o indiferente. Lo hace para prevenir la salvaguarda de sus intereses y, dentro de lo posible, la ampliación de sus ganancias. No es una perversidad de tal o cual dirigente, que también las hay, sino la consecuencia de ser simplemente portavoz de unos intereses, que, o los defiendes o te pueden cambiar por uno más dócil. Raras veces se ha visto una valentía personal para hacer frente a ello desde el interior del sistema. En los últimos años conocemos lo que hizo Bush y lo que dijo que haría Obama en una serie de asuntos, lo cual cosechó muchos votos de los que le creyeron. ¿Alguien puede decirme que ve diferencias importantes entre uno y otro?
Yendo a Siria, como antes en Libia. En Libia desde el primer momento se quiso vender la mentira de que lo que pasaba era un movimiento de protesta pacífico nacido de forma espontánea y machacado inmediatamente por los aviones y tanques del gobierno. Nada de eso. Desde el primer momento, las movilizaciones populares, cuya envergadura y número se desconocen, fueron acompañadas por las armas que alguien había depositado previamente y previsoriamente en los grupos llamados rebeldes, que luego serían la infantería de la OTAN. En Siria ha pasado y pasa exactamente lo mismo. Los núcleos armados de los llamados rebeldes de Siria han actuado y actúan exactamente como los de Bengazi en Libia. Las noticias que nos llegan, con cuentagotas, de los mercenarios de Libia y de Siria, me hacen pensar que, además de ser maestros en torturar, matar y robar a la mayoría popular, son los agentes nada encubiertos del capital internacional. Capital internacional que sólo puede calificarse de fascismo internacional ya que primero matan a mentiras y bombazos y luego dejan a sus esbirros que continúen su trabajo con torturas y hambre.
Los rebeldes, a veces en el colmo del cinismo o de la ignorancia llamados revolucionarios, son, por lo que poco a poco se va conociendo, una mezcla de agentes de los servicios secretos del imperio, especialmente de EEUU, Reino Unido y Francia, compinchados con miembros de Al Qaeda, salafistas y otros integrismos. El capital, en su afán de dominio, no tiene ningún escrúpulo en apoyar a los llamados talibanes contra los soviéticos para después iniciar una guerra contra los mismos con el pretexto del oscuro hecho de Las Torres Gemelas. De la misma manera montó la gran mentira de Irak para cargarse a Sadam Husein, luego Libia, y todo lo que el mundo les permita. El capitalismo promueve protestas y levantamientos armados y, a menudo, gentes que protestan con razones justas para ser atendidas por los poderes correspondientes en cada país, se ven manipuladas por éste. En Siria, los dos partidos comunistas existentes y otros grupos de izquierdas o democráticos plantean reformas políticas, económicas y sociales profundas pero denuncian la ingerencia imperialista y se oponen radicalmente a cualquier intervención. Hablan y defienden un diálogo para un gran acuerdo nacional. Esto es lo que debemos apoyar desde aquí , a pesar del enfrentamiento actual azuzado por Israel, Turquía Arabia Saudí y la OTAN.
Unas pocas palabras sobre Irán. El bloqueo y embargo contra ese país es una nueva muestra de la escalada bélica y económica del sionismo y sus patrones, EEUU y Europa. Con tal de defender sus intereses y el régimen de tiranía que tienen en el Oriente próximo y en el mundo, son capaces de todo. En estos momentos juegan con un fuego que nos puede quemar, todavía más, a todos. La resistencia contra esos planes bélico-económicos empieza por denunciarlos en cada país y en general, con todas las formas de movilización social, intelectual y política. Consulten el documento contra la guerra en Siria e Irán y fírmenlo, si les convence. Hay ya una serie de firmas que se publican en diversos medios alternativos y en las páginas del PCE.es, más otras muchas que se van sumando. Podrían firmarlo también los Santiago Alba Rico y los acompañantes que, hasta ahora, sólo han sido la coartada, desde la izquierda teórica, para difuminar los crímenes de la OTAN. No está mal de vez en cuando reconocer que, o se han equivocado, o con la excusa de la lucha por los Derechos Humanos, son una punta de lanza para silenciar o dividir el movimiento de lucha contra la guerra y por la paz, que de eso se trata. Extraña también que el 15 M o ha callado o sectores del mismo se han pronunciado a favor de la intervención de la OTAN.


CONTINÚA EL GRAN NEGOCIO.
Fíjense lo gordo que debe ser que hasta el diario "Wall Street Journal", portavoz de la bolsa multimillonaria de EEUU, ha denunciado que una serie de grandes especuladores financieros se han reunido y se reunen para hundir el euro y, como carroñeros, saquear a los países que se vean afectados por este hundimiento. Parece ficción, pero creánselo, estos tipos no bromean. Las llamadas agencias de calificación, en especial las tres norteamericanas que controlan el 80 del mercado, preparan el terreno, calificando a países, al euro, o a los negocios. Estas tres calificadoras están unidas a grandes grupos inversores, en los cuales tienen un gran capital, a veces mayoritario. El negocio de esos saqueadores está en el hundimiento de países y monedas. Compran barato y venden caro, aprovechando las crisis que provocan sus movimientos especulativos. El paro o hambre de los pueblos no les importa, en ellos están sus ganancias. Son como cuervos lanzándose contra la presa Para disipar dudas son: Moody´s, Standard and Poor´s y Fitch , entre otras, en las cuales están los que denuncia hasta el Wall Street Journal. Estamos más que avisados.
Publicado por Paco Frutos
Etiquetas: Irán, Israel, Libia Siria, OTAN. Wall Street.

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jueves, 14 de julio de 2011

LA OTAN ANTE LA INGRATITUD DE LOS LIBIOS

Análisis del politólogo de ’Red Voltaire’ Thierry Meyssan, tras las gigantescas manifestaciones en Libia en contra de la intervención de la OTAN

La OTAN ante la ingratitud de los libios

El 1º de julio de 2011 el gobierno libio esperaba reunir en Trípoli 1 millón de personas en una gran manifestación contra la OTAN. Para sorpresa de las autoridades libias, y de la OTAN, la participación se elevó a 1,7 millones de personas.




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12:53h. del Miércoles, 13 de julio
Thierry Meyssan, Red Voltaire | Tripoli (Libye) | 12 de julio de 2011

La Coalición de Voluntarios intervino en Libia para salvar a la población civil de la represión del tirano Gaddafi. Cuatro meses más tarde, las muchedumbres libias han abandonado el territorio liberado de Bengasi y se agolpan en gigantescas manifestaciones contra la intervención de la OTAN. Esa inesperada realidad ha dejado sin estrategia a las fuerzas de la alianza atlántica. Los italianos empiezan a retirarse y los franceses buscan una salida.

111 días después del inicio de la intervención de la Coalición de Voluntarios en Libia no se vislumbra aún ninguna solución militar y los expertos señalan unánimemente que de no producirse un golpe de suerte inesperado a favor de la OTAN o el asesinato de Muammar el Gaddafi, el tiempo corre a favor del gobierno libio.

El 7 de julio, el consejo de ministros de Italia redujo a la mitad la participación de su país en el esfuerzo de guerra y retiró su portahelicópteros. El jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, declaró incluso que siempre estuvo en contra de ese conflicto pero que el parlamento lo había obligado a participar.

El 10 de julio, el ministro de Defensa de Francia, Gerard Longuet, mencionó una solución política con una salida de Gaddafi «hacia otra ala de su palacio y con otro título». Como ya no hay palacio, es evidente que la primera condición es puramente formal. En cuanto a la segunda, nadie entiende su sentido, lo cual indica que se trata simplemente de una salida puramente semántica.

Las estructuras sociales y políticas existentes en Libia son fruto de la cultura local y resultan de difícil comprensión para muchos occidentales. Libia dispone de un sistema unicameral de democracia participativa que funciona de forma notablemente eficaz a nivel local y se complementa con la existencia de un foro tribal, que no constituye una segunda cámara o una especie de senado ya que no dispone de poder legislativo, sino que integra la solidaridad entre los diferentes clanes dentro de la vida política. Ese dispositivo se completa con la figura del «Guía», que no dispone de ningún poder legal sino de una autoridad moral. Nadie está obligado a prestarle obediencia, pero la mayoría lo hace, como lo haría con el cabeza de familia, aunque nada los obliga a ello.

Se trata, en conjunto, de un sistema político apacible en el que la gente no expresa temor hacia la policía, fuera de los momentos caracterizados por intentonas golpistas o durante el motín de la cárcel de Abou Salim (1996), hechos que fueron reprimidos de manera particularmente sangrienta. Esos elementos de juicio permiten percibir lo absurdo de los objetivos de guerra de la Coalición de Voluntarios.

Oficialmente, [la Coalición de Voluntarios] interviene en respuesta al llamado del Consejo de Seguridad de la ONU y para proteger a las víctimas civiles de una represión masiva. Hoy en día, sin embargo, los libios tienen la certeza de que nunca existió la represión y de que la fuerza aérea libia nunca bombardeó ningún barrio de Bengasi ni de Trípoli. El sector de la población libia que en algún momento creyó esas noticias, divulgadas por los canales internacionales de televisión, ha cambiado de parecer. La población, que generalmente tiene parientes y amigos dispersos a todo lo largo y ancho del país, ya ha tenido tiempo de informarse sobre la situación de estos y ha llegado a la conclusión de que todo no fue más que un engaño.



Sobre ese tema, como sucede con muchos otros, el mundo se divide actualmente entre los que creen la versión estadounidense y los que no creen en ella. En lo que me concierne, yo estoy residiendo en este momento en Trípoli, específicamente en el barrio considerado hostil a Gaddafi y que supuestamente fue bombardeado por la aviación libia por haberse sublevado en el primer momento. Y soy testigo de que, con excepción de un automóvil quemado, no existe aquí ningún indicio de tales incidentes. Los únicos inmuebles bombardeados aquí son edificios oficiales destruidos posteriormente por los misiles de la OTAN.

En todo caso, los principales líderes de la OTAN también han mencionado públicamente otro objetivo de esta guerra, con el que algunos miembros de la coalición no parecen estar de acuerdo. Ese objetivo es obtener la renuncia de Gaddafi, el «cambio de régimen». Aparece así una confusión imposible de desentrañar. Por un lado, esa exigencia no tiene absolutamente ninguna base jurídica a la luz de las resoluciones adoptadas en la ONU y no tiene tampoco nada que ver con el objetivo oficialmente anunciado de garantizar la protección de la población reprimida. Por otro lado, exigir la renuncia de Gaddafi carece además de todo sentido porque Gaddafi no ejerce ninguna función institucional sino que goza únicamente de una autoridad moral implícita en estructuras de carácter social, no de carácter político. En definitiva, ¿con qué derecho se oponen los miembros de la OTAN al proceso democrático y deciden en lugar del pueblo libio la exclusión de uno de sus líderes?

Tal confusión confirma, por demás, que esta guerra responde a móviles no confesados, móviles que no comparten todos los miembros de la Coalición de Voluntarios.

El principio mismo de un ataque simultáneo contra Libia y Siria fue adoptado por el poder estadounidense durante la semana que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Fue expuesto públicamente por primera vez por el entonces secretario de Estado adjunto, John Bolton, en su discurso del 6 de mayo de 2002, titulado «Más allá del Eje del Mal». Fue confirmado por el general Wesley Clark, el 2 de marzo de 2007, en una célebre entrevista concedida a la televisión. El ex comandante de la OTAN presentó en aquella entrevista la lista de Estados que en los próximos años serían blancos de los ataques de Estados Unidos.

Los discípulos de Leo Strauss [1] tenían previsto atacar inicialmente Afganistán, Irak e Irán en el marco del «rediseño del Medio Oriente ampliado». Después, en una segunda fase, tenían previsto atacar Libia, Siria y el Líbano para extender el proceso y rediseñar también el Levante y el norte de África. Posteriormente, en una tercera fase, se producirían ataques contra Somalia y Sudán para remodelar el este de África.

Razones de evidente índole militar motivaron la posposición del ataque contra Irán y se decidió entonces pasar directamente a la Fase II, sin vínculo con los acontecimientos reales o imaginarios de Bengasi. La Coalición de Voluntarios se ve así arrastrada a un proceso que no deseaba y que, por demás, le queda grande.

La estrategia trazada por Estados Unidos y puesta en práctica por Francia y el Reino Unido –inmersos en una alianza que recuerda los tiempos de la expedición de Suez– se basaba en un análisis particularmente detallado del sistema tribal libio. Sabiendo que los miembros de algunas tribus –principalmente los Warfallah– han sido apartados de los cargos de responsabilidad, como resultado del fallido golpe de Estado de 1993, la OTAN explotaría las frustraciones de esas figuras, las armaría y las utilizaría para derrocar el régimen e instalar un gobierno prooccidental.

Berlusconi afirma que Sarkozy y Cameron indicaron en una reunión de los aliados, el 19 de marzo, que «la guerra se terminaría cuando se produjera, como se espera, una revuelta de la población de Trípoli contra el régimen actual».

Esa estrategia alcanzó su apogeo, el 27 de abril, con el llamado de 61 jefes tribales a favor del Consejo Nacional de Transición. Hay que señalar que en ese documento ya no se habla de masacres atribuidas al «régimen» en Bengasi y Trípoli sino de la supuesta intención de cometerlas. Los firmantes no agradecen a Francia y a la Unión Europea haber detenido una masacre ya desatada sino haber impedido una carnicería anunciada.

A partir de ese llamado, de manera constantemente y sin interrupción, las tribus de la oposición volvieron a unirse al gobierno de Trípoli y sus jefes incluso viajaron a la capital libia para expresar públicamente su apoyo a Gaddafi. Ese proceso ya había comenzado en realidad mucho antes y se manifestó públicamente el 8 de marzo, cuando el «Guía» recibió el homenaje de los jefes de tribus en el hotel Rixos, rodeado de los periodistas occidentales, que incluso sirvieron entonces de escudos humanos, absortos ante aquella nueva provocación.

La explicación es muy sencilla. La oposición interna a Gaddafi no tenía motivo alguno para derrocar el régimen antes de los acontecimientos de Benghazi. El llamado del 27 de abril se basó en noticias que los firmantes consideran hoy simples mentiras. Partiendo de ese hecho, estos fueron expresando uno a uno su apoyo al gobierno nacional en la lucha contra la agresión extranjera. Conforme a la cultura musulmana, los rebeldes que han probado su buena fe fueron automáticamente perdonados e incorporados a las fuerzas nacionales.

No es relevante para nuestro análisis el determinar si la represión del régimen de Gaddafi es una realidad histórica o un mito de la propaganda occidental. Lo importante es saber lo que piensan en este momento los libios en su condición de pueblo soberano.

Es importante observar aquí la correlación de fuerzas en el plano político. El Consejo Nacional de Transición (CNT) no ha sabido dotarse de una base social. Bengasi, su capital provisional, era una ciudad de 800 000 habitantes. En febrero, cientos de miles de esos habitantes celebraron su creación. En este momento, la «ciudad liberada por los rebeldes» y «protegida por la OTAN» es en realidad un pueblo fantasma que sólo cuenta algunas decenas de miles de habitantes, a menudo personas que carecen de medios para abandonar la ciudad. Los habitantes de Bengasi que no han huido de los combates han huido del nuevo régimen.

En Trípoli, mientras tanto, el «régimen de Gaddafi» logró movilizar 1,7 millones de personas durante la manifestación del 1º de julio y ha emprendido la organización de manifestaciones regionales todos los viernes. La semana pasada más de 400 000 personas participaron en la manifestación de Sabha, en el sur de Libia, y se espera una manifestación similar el viernes próximo en Az Zawiyah, en el oeste. Hay que precisar que se trata de manifestaciones de condena contra la OTAN, que ha matado más de un millar de libios, que está destruyendo la infraestructura no petrolera del país y que ha cortado las vías de suministro imponiendo al país un bloqueo naval.

Las manifestaciones se articulan alrededor del respaldo al «Guía» como líder anticolonialista, aunque no implican necesariamente una aprobación a posteriori de todos los aspectos de su política.

En definitiva, el pueblo libio ha hablado. Los libios no creen que la OTAN quiera protegerlos sino que está tratando de conquistar el país. Y estiman que es Gaddafi quien los está protegiendo ante la agresión de Occidente. En esas condiciones, la OTAN se ha quedado sin estrategia. Y no tiene «Plan B», nada de nada.

Las deserciones en el bando del Consejo Nacional de Transición son tan numerosas que, según la mayoría de los expertos, las «fuerzas rebeldes» no pasan de 800 o 1 000 combatientes, ciertamente armados hasta los dientes por la alianza atlántica, pero incapaces de desempeñar un papel importante sin apoyo popular. Es probable que los comandos de las fuerzas especiales desplegados por la OTAN en suelo libio sean más numerosos que los combatientes libios que dirigen.

La retirada italiana y las declaraciones del ministro de Defensa de Francia no tienen nada de sorprendentes. A pesar de su poder de fuego, sin equivalente en la historia, las fuerzas de la OTAN han perdido esta guerra. No en el plano militar, claro está, sino porque olvidaron que «la guerra es la continuación de la política con otros medios» y porque se equivocaron en el plano político. Los alaridos de Washington, que regañó inmediatamente al ministro francés y se niega a reconocer los hechos, no cambiarán la realidad.



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miércoles, 23 de febrero de 2011

EE. UU. AMENAZA A LIBIA, CONFIRMANDO ADVERTENCIA DE FIDEL CASTRO

Hillary confirma denuncia de Fidel


Artículos de Opinión | Manuel E. Yepe | 23-02-2011 |
Mientras la prensa corporativa desvía la atención de los actos de rebeldía y de represión que tienen lugar en Wisconsin y Puerto Rico, los propios medios estadounidenses y transnacionales magnifican los acontecimientos en Libia.

Con inusual urgencia, aunque con la prepotencia y la soberbia habituales, la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, hubo de confirmar virtualmente la denuncia formulada pocas horas antes por el líder de la revolución cubana y ex presidente de su país, Fidel Castro, de que la OTAN planea la ocupación de Libia.

“A Estados Unidos se le acaba la paciencia. Hay que detener inmediatamente este inaceptable derramamiento de sangre", afirmó amenazadoramente la jefa de la diplomacia estadounidense refiriéndose a las protestas sociales en Libia cual si se tratara de acontecimientos en su propio país, donde precisamente por estos días tienen lugar protestas obreras y estudiantiles que están siendo reprimidas severamente.

"El Gobierno de Libia tiene la responsabilidad de respetar los derechos universales del pueblo, incluidos los derechos de libertad de expresión y reunión. Estamos trabajando con urgencia con amigos y socios en todo el mundo para transmitir este mensaje al Gobierno libio", agregó la Clinton.

“Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días”, había advertido el líder revolucionario cubano poco antes de que la Clinton virtualmente confirmara las intenciones agresivas de Washington en la coyuntura actual de Libia.

“Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio”, sentenció Fidel Castro.


Las noticias acerca de supuestas o reales masacres y otras cruentas acciones represivas del gobierno de Libia han invadido ya al mundo en las alas del gigantesco monopolio mediático que sirve habitualmente a las campañas de Estados Unidos. Nadie podría saber lo que hay de cierto en algunas informaciones o si todas son tan falsas como la de que el primer ministro Muammar al-Gaddafi había dejado el país para asilarse en Venezuela, falacia que fuera oportunamente desmentida, tanto por el gobierno de Libia como por Caracas.

La diplomacia estadounidense se ha estado moviendo con una inusitada vehemencia y gran agilidad promoviendo la condena del gobierno libio de una manera que no se hubo de manifestar ante los acontecimientos similares de levantamientos populares en Túnez, Egipto, Marruecos, Yemen, Jordania, Bahréin (donde está la base de la V Flota de la Armada estadounidense) y otras naciones del Medio Oriente… y mucho menos en los actuales casos de Wisconsin y Puerto Rico, por supuesto. El secretario general de la ONU, el secretario general de la OTAN, la Unión Europea (UE), el presidente de Francia, el primer ministro italiano y la ministra española de Exteriores han formulado públicas condenas por la represión de los manifestantes y exigido que Gadafi deje el poder.

Los acontecimientos en Libia, como todos los que tienen lugar hoy en el Medio Oriente, conforman un escenario de dramáticas situaciones que resultan de la conjunción de la fabulosa riqueza petrolera de su subsuelo con el afán del capitalismo internacional por controlar ese tesoro, impidiendo así que sirva al bienestar de sus pueblos y, por el contrario, ampare indignantes desigualdades y las más injustas exclusiones.

Con la misma presteza con que el gobierno de los Estados Unidos trató infructuosamente de defender la permanencia de Hosni Mubarack al frente de Egipto, justificando u ocultando el abultado expediente de delitos de corrupción y arbitrariedades de su principal aliado en el mundo árabe, la diplomacia estadounidense manipula la valoración acerca del acontecer en Libia para crear condiciones para una eventual o inmediata intervención militar en ese país.

Pero habrá que seguir al tanto de la situación en la región del Medio Oriente donde todavía quedan muchas fichas en juego, entre ellas las de Israel.

Se asegura que actualmente Hillary Clinton es la pieza principal de lobby sionista (también conocido como lobby de presión pro israelí) en la Casa Blanca, pese a que ciertos antecedentes indican que fue en un momento relativamente reciente de su carrera política que trocó inesperadamente su rumbo y asumió esta orientación.

De ahí que resulte importante vigilar las posiciones que asuma la jefa de la diplomacia estadounidense para vaticinar o descubrir las de Israel en el complicado tablero medio oriental.


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