martes, 24 de enero de 2012

HACE TREINTA Y CINCO AÑOS LLOVIERON CLAVELES

Hace treinta y cinco años llovieron claveles
– 24 enero, 2012
Publicado en: FOTOGALERÍA
Fotografías: Germán Gallego











Hace treinta y cinco años el invierno madrileño también era seco. Hace treinta y cinco años el invierno madrileño era más frio y nuboso. Hace treinta y cinco años el país aún era en blanco y negro y los partidos políticos clandestinos, en el país había una crisis económica y los obreros y estudiantes “volaban” y caían abatidos por las balas de sicarios argentinos y los botes de humo policiales: Arturo Ruiz, María Luz Nájera. Franco había muerto y los estertores de la dictadura “limpiaban” el país asesinando tal y cómo lo hizo su prócer.

Hace treinta y cinco años, un grupo de pistoleros fascistas entraron en un bufete de abogados laboralistas de Comisiones Obreras y asesinaron a cinco abogados. La ciudad, el país, se consternó. Los féretros se llevaron al Tribunal Supremo, allí se instaló la capilla ardiente. La plaza de la Villa de París, la calle Génova y la plaza de Colón en Madrid se llenaron de gente, en una manifestación que ninguno de los presentes habíamos visto jamás, para despedir a los cinco compañeros asesinados.

Hoy, treinta y cinco años después, en una sala próxima a la que ocupó la capilla ardiente, se juzga al juez Baltasar Garzón por querer abrir la investigación de los crímenes del franquismo. Hay gente manifestándose, en la plaza de la Villa de París en apoyo del juez que detuvo a Pinochet y permitió juzgar a los dictadores del país del sicario que asesinó a Arturo Ruiz. La calle Génova, donde se sitúa la sede del PP, está vacía. Treinta y cinco años después ha muerto Manuel Fraga sin haber sido juzgado por su participación en diferentes acontecimientos durante su actividad política.

Hace treinta y cinco años el invierno era seco, pero el día 24 de enero de 1977 llovieron claveles rojos en memoria de cinco luchadores.

Luis Javier Benavides, Serafín Holgado, Ángel Rodríguez, Javier Sauquillo, Enrique Valdevira, si el eco de vuestra voz se apaga, pereceremos.



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