Reino de España: una (contra)reforma constitucional servil. Entrevista
Gerardo Pisarello · · · · ·
06/09/11
Salva López Arnal entrevista al constitucionalista y iusfilósofo Gerardo Piarello, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso, a propósito de la “reforma constitucional” pactada por el PP y el PSOE e impuesta parlamentariamente de urgencia evitando la opinión de la ciudadanía.
¿Qué artículo o apartados de la constitución pretenden cambiar PSOE y PP? ¿Mediante qué procedimiento? Se habla también de una ley orgánica.
El acuerdo entre PSOE y PP persigue un doble objetivo: endurecer los ya gravosos límites al déficit y al endeudamiento públicos fijados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, y dar garantías reforzadas a los acreedores de deuda española y al Banco Central Europeo. Para hacerlo se ha pactado una especie de reforma en dos tiempos: una de la constitución, que solo afectará al artículo 135, y otra, prevista en la anterior, que se realizará a través de una ley orgánica.
Esta operación de reforma constitucional-legal incluye dos cuestiones relevantes. Por un lado, se otorga cobertura legal a una prohibición de déficit muy cercana a cero para los próximos diez años. La cifra no se fija en la constitución, que se limita a prohibir los déficits mayores al 3% del PIB previsto en el Pacto de Estabilidad. Pero se reenvía a una ley orgánica que sólo podrá aprobarse y modificarse a través de mayorías especiales y que deberá establecer las sanciones para los incumplidores. El contenido de esta ley también forma parte del acuerdo: gobierno y PP pretenden que las administraciones públicas alcancen, de aquí a 2020, un déficit del 0,4% del PIB. No se trata exactamente de déficit cero, pero en un contexto económico como el actual, supondrá un bloqueo en toda regla a las salidas social y ecológicamente justas a la crisis.
La otra cuestión, muy grave aunque menos comentada públicamente, es la pretensión de constitucionalizar la “prioridad absoluta” del pago de los intereses y del capital de la deuda pública sobre otras inversiones. Esta previsión, de entrada, es una rareza en el derecho constitucional comparado. Su antecedente más relevante, como acaba de recordar Javier Pérez Royo en El País –¡aunque para acabar defendiendo la reforma!- es una previsión incorporada a la Enmienda XIV de la constitución de Estados Unidos para forzar a los sureños derrotados en la guerra de secesión de 1861-65 a cumplir con sus obligaciones. Lo que se intenta hacer ahora no es muy diferente. Supone una concesión inédita a los acreedores y una bomba de relojería en el propio edificio constitucional, ya que obligaría a priorizar el pago de la deuda aunque con ello se sacrificaran otros objetivos constitucionales, como la satisfacción de derechos sociales o la garantía de la autonomía financiera de las comunidades autónomas y municipios.
La imposición de límites al déficit y al endeudamiento públicos ¿te parece una finalidad rechazable por la izquierda en cualquier circunstancia?
La limitación del déficit y del endeudamiento públicos no es un dogma. Es un instrumento de política económica que pueden servir a finalidades diversas. En un determinado contexto, su contención puede contribuir a la buena salud de las finanzas y a un fortalecimiento democrático. Por ejemplo si se acompaña de políticas fiscales progresivas, que reduzcan la dependencia del crédito externo, o si se cierra el paso de manera firme al endeudamiento especulativo del sector privado. Pero en un contexto recesivo como el actual, en el que ninguno de los grandes partidos está realmente dispuesto a impulsar estas medidas, lo más probable es que la obsesión por eliminar, y no simplemente por contener el déficit, acabe por servir a objetivos menos nobles: la privatización de servicios públicos, el recorte de derechos a los más vulnerables o la reducción drástica del autogobierno en diferentes escalas, algo que de hecho ya está ocurriendo.
¿Un objetivo de política económica debe tener carta de naturaleza constitucional? ¿Es exagerado hablar de la constitucionalización de la política económica neoliberal?
Que las constituciones recojan objetivos de política económica no es negativo en sí mismo. Incluso puede resultar aconsejable. Por ejemplo, la garantía de derechos sociales universales exige en cierto modo principios como el de progresividad fiscal, reconocido, de hecho, en el incumplido artículo 31 de la constitución española actual. En Bolivia, la constitución vigente prohíbe la privatización del agua. Y en Costa Rica, una reciente reforma constitucional obliga a que el gasto público en educación no sea inferior en ningún caso al 8% del PIB anual. Estas previsiones suponen un límite a las mayorías coyunturales. Pero se trata de límites habilitantes, es decir, de límites de política económica que amplían el alcance global del principio democrático, reforzando la autonomía personal y colectiva de la población.
El problema, a mi juicio, reside en la constitucionalización de límites que devalúan el principio democrático. Este empeño hiperconstitucionalizador lleva a consagrar en textos rígidos, difícilmente reformables, opciones ideológicas de detalle, que acaban asfixiando el debate de política ordinaria y el pluralismo de modelos económicos. Buena parte de las constituciones de posguerra, al consagrar el principio del Estado social y democrático de derecho, aceptaban que los poderes públicos pudieran servirse de diferentes instrumentos económicos para ajustarse a él. El recurso al crédito, al endeudamiento externo, combinado con una cierta presión fiscal sobre los ingresos medios y altos era uno de ellos. No se trataba de prefigurar un modelo económico específico, sino de establecer un marco amplio que los diferentes gobiernos podrían concretar según su orientación ideológica. Estas reglas constitucionales no sirvieron para superar muchas de las desigualdades inherentes al capitalismo. Pero en algunos países del centro y norte de Europa facilitaron un nivel elevado de cohesión social y la extensión de derechos a amplios sectores de la población.
A partir de la crisis de los años 70, las clases conservadoras consideraron que este modelo constitucional no garantizaba suficientemente sus intereses. Y para purgarlo de lo que consideraban sus “excesos”, autores neoliberales como James Buchanan o el propio Hayek diseñaron una fórmula que haría fortuna: restringir severamente los márgenes de actuación de los parlamentos y asambleas legislativas e impedirles, a través de las constituciones, endeudarse, incurrir en déficits o establecer políticas fiscales demasiado incisivas. Este diseño constitucional no se proponía ampliar el alcance del principio democrático. Por el contrario, intentaba explícitamente moderarlo, restringirlo, cerrando el paso a políticas inspiradas, por ejemplo, en las ideas de economistas como Keynes o Kalecki.
No hace falta ser un radical para advertir el parentesco entre la propuesta de reforma constitucional-legal del PSOE-PP y esta línea de hiperconstitucionalismo neoliberal que pretende llevar a las normas de mayor relevancia jurídica -tratados, constituciones, leyes orgánicas- un modelo ideológico tan cerrado que excluye modelos alternativos, desvirtuando de ese modo el alcance del principio democrático. Esto lo han reconocido públicamente personas vinculadas al PSOE como Josep Borrell, Antonio Gutiérrez o Jordi Sevilla, que ha llegado a calificar la propuesta como una rendición al populismo de derechas impulsado por el Tea Party. Y hasta el propio Felipe González ha pretendido defender, con clara exposición al ridículo, la existencia de una distancia decisiva entre un techo de déficit del 0,4%, “responsable” e hijo del “sentido común”, y el objetivo del déficit cero, auténtico “disparate” solo atribuible al “radicalismo ideológico” de los “teóricos fundamentalistas”.
Tú mismo has escrito que “la reforma constitucional y legal acordada por los partidos mayoritarios no es una propuesta nueva ni simplemente técnica. Es una propuesta política que ha sido ensayada en distintos países en las últimas décadas, con constatables consecuencias anti-sociales y anti-democráticas”. ¿Dónde?, ¿qué ejemplos puedes darnos de esas consecuencias?
En Estados Unidos, el Partido Republicano, con el apoyo de no pocos demócratas, y ahora bajo influencia del Tea Party, ha intentado reiteradamente introducir un techo constitucional al gasto público (lo cual no le ha impedido, al mismo tiempo, defender el crecimiento del gasto militar). En una ocasión, esa posibilidad se frustró por un voto. El principio de equilibrio presupuestario, por su parte, llegó a inscribirse en casi todas las constituciones estatales. Algunas establecieron techos al gasto y otras, como la de California, a la presión fiscal. Economistas como Krugman han argumentado de manera convincente cómo estas cláusulas agravaron aun más los efectos de la crisis en estos estados, impidiéndoles adoptar medidas anti-cíclicas y llevándolos, en algún caso, a la bancarrota.
En Europa, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de 1997 es la expresión por excelencia de esta tendencia. De manera dogmática, el Pacto convirtió la obsesión anti-déficit, anti-deuda y anti-inflación en un rígido corsé que fue constriñendo el ámbito de maniobra de los Estados miembros. La imposibilidad de ajustarse a un marco tan estricto sin afectar gravemente la cohesión interna explica que en países con Estados sociales relativamente robustos, como Dinamarca o Suecia, la entrada al euro fuera rechazada en referendos populares hasta dos veces seguidas.
En la zona euro, el Pacto pasó a convertirse en el núcleo de una suerte de Constitución económica tácita, tan rígida que incluso Alemania y Francia acabaron por combinar su incumplimiento selectivo con privatizaciones y recortes sociales específicos. Los ahora severos defensores de la “regla de oro” superaron de forma reiterada el déficit del 3% del PIB y estuvieron a punto de ser multados, pero su peso en el Consejo les permitió forzar una reforma del Pacto y sortear las sanciones.
Solo la llegada al poder de Merkel y la deserción de un sector importante la socialdemocracia permitieron introducir en la constitución alemana un techo de déficit del 0,35% del PIB para 2016. Esta decisión ha sido duramente criticada por el ala izquierda del SPD, los verdes se han mostrado escépticos y Die Linke ha llegado a hablar de una auténtica “catástrofe” y de una “eutanasia” para los Länder con mayores dificultades económicas.
¿Pero no incluye acaso la reforma española, junto a los objetivos de reducción del déficit, excepciones en situaciones de "catástrofe natural, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado”?
Sí, y son estas excepciones a las que se aferran ciertos sectores del PSOE para mostrar el carácter “flexible” de la reforma. Lo que ocurre es que este escenario de insostenibilidad no es una hipótesis de futuro: ya existe, y de manera sangrante, en ámbitos como el de la vivienda, la sanidad, la educación, el empleo o la política energética. Y lo que el gobierno y el PP pactan, en este concreto contexto recesivo, no es flexibilizar el déficit para evitar la catástrofe sino endurecer sus límites, lo que contribuirá a profundizar la descomposición social y ambiental en el conjunto del territorio.
También tú has indicado que estas medidas “no afectarán de la misma manera a todos los países en los que se apliquen”. Tendrán, has apuntado, un impacto especial en la periferia de la eurozona. ¿Por qué?
Bueno, en general la deriva monetarista y neoliberal experimentada por el proceso de integración a partir de los 90 ha perjudicado de manera especial a la periferia de la UE. Después de todo, los criterios de convergencia trazados en Maastricht y la política monetaria fueron concebidos en función de las necesidades del modelo capitalista alemán y del Bundesbank. La imposición de esta vía de integración a los países de Europa del Este, fijada en los criterios de Copenhague de 1993, se ha saldado en un desastre social y ambiental en dichos países. Y dentro de la zona euro, en la devastación de las economías periféricas. Para intentar adaptarse a ese marco, Grecia impuso una política fiscal abiertamente regresiva, pero aún así tuvo que falsear sus cuentas públicas. Portugal también se vio forzado a aplicar políticas de austeridad y tuvo que reformar hasta seis veces la avanzada Constitución de 1976, hija de la revolución de los claveles, para acomodarse a los nuevos vientos europeos. España, por su parte, alentó una irresponsable política de sobre-endeudamiento privado que los partidos mayoritarios se empeñan en mantener, a pesar de estar en el núcleo de sus problemas actuales.
El endurecimiento de los criterios establecidos en el Pacto y la constitucionalización de la obsesión anti-déficit y anti-deuda no harán sino agravar las cosas. Para Alemania, la limitación constitucional del déficit es un problema. Pero estamos hablando del segundo exportador del mundo, con un PIB que es casi la suma de España y Italia y un aparato productivo que facilita la obtención de superávit en la balanza comercial. Y estamos hablando además, de un Estado federal con un sistema de financiación y de reequilibrio territorial interno mucho más avanzado que los de los países de la periferia. Al tiempo que son forzados a contener el déficit, Berlín, Bremen, Sarre, Sajonia-Anhalt y Schleswig-Holstein perciben 800 millones de euros anuales que, aunque insuficientes, les ayudan a consolidar las cuentas.
La situación de la periferia es mucho más endeble. En casos como el español, con un elevadísimo endeudamiento privado, una estructura productiva demasiado ligada a la construcción, al turismo y a la agricultura intensiva, una fuerte dependencia energética, un sistema de financiación autonómica y local injusto y opaco, y una estructura fiscal claramente regresiva, un déficit del 0,4% es un objetivo irrealista cuando no suicida. Desde el estallido de la crisis, se ha recordado con razón, Estados Unidos ha aumentado su déficit en más de un 5%. Y si bien esa cifra le ha permitido sortear un escenario como el de 1929, no le ha servido para reactivar y reorientar su sistema productivo ni para crear empleo significativo ¿Qué pasará en la península? ¿Cómo harán unos ayuntamientos infra-financiados para aproximarse en menos de diez años al 0,4%? ¿Acabarán de liquidar los ya exhaustos servicios municipales, allanando el paso a la xenofobia y a la extrema derecha? ¿Optarán por seguir rematando suelo público y dejarlo en manos de especuladores, en la confianza de que otra burbuja es posible?
¿Por qué crees que el PSOE ha apostado por el pacto con el PP y una deriva política tan peligrosa? ¿No están liquidando el programa del candidato Rubalcaba? ¿Son conscientes de ello pero piensan en otro escenario?
En mi opinión, la socialdemocracia europea en general, y la del sur de Europa en particular, está exhibiendo un espectáculo bastante penoso de desorientación, impotencia y descomposición ideológica. Frente a una ofensiva sin dudas feroz de la banca alemana y francesa, de los grandes especuladores internacionales y de sus propias entidades financieras y patronales, ha sido incapaz de oponer resistencia, entre otras razones porque previamente se encargó de desmovilizar a las bases sociales y sindicales que la hubieran facilitado.
Atrapada en este callejón, ha pretendido, al mismo tiempo, resultar confiable para los mercados y distanciarse de la derecha, mostrándola como extremista. Dar garantías de gobernabilidad y aparentar mayor sensibilidad social que sus principales contrincantes. Pero no está consiguiendo ni una cosa ni la otra. La gran banca y la patronal no se fían de su actitud errática y sus políticas se parecen tanto a las de la derecha que una parte significativa de su electorado, como ha ocurrido ya en Portugal, opta por el original, en lugar de por la copia, o emigra a la abstención.
En el caso del PSOE, tengo la impresión de que su máxima aspiración es ganar tiempo, no incordiar a los poderosos y evitar un estallido social a la griega o algo peor antes de las elecciones. No pretenden derrotar al PP, sino a frenar lo máximo posible la sangría de escaños y confiar en el regreso de aquí a cuatro u ocho años. La combinación entre una retórica flexible, amable, a cargo ahora del candidato Rubalcaba, y una práctica cada vez más seguidista de los poderes económicos por parte del gobierno formaría parte de esta “estrategia”, si se le puede llamar así. Se dice que el déficit cero es una opción de fundamentalistas neoliberales, pero se pacta un déficit del 0,4% que Merkel y Sarkozy elogian sin reparos y que apenas se diferencia de su eliminación absoluta. Se dice que se estudiarán impuestos a los ricos, pero lo que efectivamente se hace es precarizar aun más las relaciones laborales, atacar las pensiones e imponer reformas fiscales que solo favorecen a las rentas altas o a los grandes promotores inmobiliarios.
En mi opinión, esta confianza en poder recrear ad eternum el turnismo entre Cánovas y Sagasta sobreestima la lealtad de las propias bases electorales. Y subestima, sobre todo, el alcance de la crisis actual, que bien podría barrer sin contemplaciones del mapa político a unos partidos socialdemócratas que se han mostrado altamente incompetentes a la hora de gestionarla. Sin que ello presuponga, claro está, que de allí vaya a surgir un escenario mejor.
¿Por qué crees que CiU está tomando posiciones críticas ante la “reforma”? Ha hablado, incluso, de ruptura del pacto constituyente.
La derecha catalana ha demostrado con creces desde su regreso al poder que comparte plenamente la necesidad de contraer el déficit a través de políticas de privatización y de recorte de derechos sociales (lo que sus cínicos voceros llaman “ahorros”). Al igual que el Partido Popular, no tiene problemas en proclamar a los cuatro vientos que la salida a la crisis pasa por la disminución o la eliminación de presión fiscal sobre las rentas más altas, ya que ello se traducirá en un estímulo a la creación de empleo, al crecimiento, etcétera, etcétera.
Lo que ocurre es que también es consciente de que la imposición por parte de los grandes partidos estatales de límites demasiado rígidos al déficit o al endeudamiento, pondrá en peligro el pacto fiscal que ha prometido a sus bases electorales y supondrá una restricción notable de su propio margen de maniobra para capear la crisis en Catalunya. De ahí que haya denunciado su exclusión del debate como una ruptura del pacto constituyente y haya exigido, como contrapartida, la eliminación de la contribución catalana a la solidaridad con el resto del Estado.
Esta reacción tiene mucho de histrionismo y de demagogia. Al fin y al cabo, CiU es un partido de orden nada propicio a las rupturas y que comparte en el fondo la ideología de la reforma. Lo cierto es que, de llevarse adelante, ésta supondrá una fuerte desnaturalización de la autonomía política y financiera de las comunidades y los municipios. Ya en su momento, y valiéndose de estos argumentos, la Generalitat presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la ley de déficit cero de 2001 del PP. Sin embargo, el Tribunal Constitucional, que está exhibiendo una sensibilidad nula frente a las consecuencias sociales de la crisis, entendió en una sentencia muy reciente que no había problema alguno y que el gobierno central tenía luz verde para adoptar este tipo de políticas.
En cualquier caso, hay que decir que esta desnaturalización de la autonomía proclamada en la constitución reconocida constreñirá principalmente a las fuerzas autonómicas y municipales de izquierdas que pretendan utilizarla en un sentido social y ambientalmente justo. Y comportará, lo que no deja de ser una ironía, un golpe a la tan cacareada unidad de España mucho más efectivo que las demandas federalistas o independentistas tan demonizadas por el españolismo más rancio.
¿Qué opinas, por fin, del procedimiento utilizado para la reforma? ¿Te parece adecuado, no digo ya política sino jurídicamente, teniendo en cuenta el contenido del artículo constitucional que se quiere alterar?
En materia de reforma, la constitución española se inspira, para decirlo de algún modo, en la siguiente lógica: para la revisión de cuestiones que considera especialmente relevantes –algunos derechos fundamentales, el principio del Estado social, la Corona- se prevé un procedimiento agravado, que incluye mayorías elevadas, un largo debate, disolución de las cortes y un referéndum obligatorio al final del proceso. Las cuestiones consideradas menos relevantes, en cambio, requieren mayorías menos cualificadas y no exigen referéndum, a menos que así lo solicite una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.
El Título VII sobre economía y hacienda, que es donde se inserta el artículo 135, no formaría parte de esas cuestiones consideradas “relevantes”. Esto justificaría el recurso al procedimiento ordinario previsto en el artículo 167, una vía que solo exige una mayoría de 3/5 en el Congreso y el Senado y permite prescindir del referéndum. Algunos juristas críticos, sin embargo, como Rafael Escudero, han sugerido que en la medida en que la propuesta afecta de manera inequívoca a principios que sí se consideran relevantes como los del Estado social o el principio democrático, debería considerarse no ya una reforma parcial de la constitución, sino una reforma total, aunque muchos de sus preceptos no resulten modificados. Esta interpretación, seguramente, no sería bien acogida por el mainstream del pensamiento constitucional. Pero no es descabellada, sobre todo si se tiene en cuenta el alcance para nada menor de esta reforma y su capacidad de neutralizar y desvirtuar principios que supuestamente definen la esencia el modelo constitucional: desde el ya mencionado del Estado social y democrático (art. 1.1) hasta el de autonomía política y financiera de las comunidades autónomas y municipios (arts. 2, 140, 142 y 156).
“Juventud sin futuro” ha escrito en un comunicado: “La reforma constitucional pactada por la partitocracia es antidemocrática porque no sólo no ha sido votada sino que se encuentra, desde el primer momento, contestada por miles de ciudadanos que llevan meses en las calles luchando contra los recortes sociales impuestos por los mercados”. ¿También es antidemocrática en tu opinión?
Desde luego, más allá de la legitimidad electoral que puedan ostentar el PSOE y el PP, resulta evidente que el acuerdo no se ha caracterizado por su apertura deliberativa, a pesar de su clara incidencia sobre el interés general y los derechos ciudadanos. Ha sido una propuesta más bien furtiva, impulsada en período estival, con la intención de evitar el debate ciudadano sobre sus motivos y de reducir al propio parlamento a una simple caja de resonancia de decisiones previamente tomadas fuera de él, como ha denunciado la asociación Jueces para la Democracia.
En teoría, esta actitud de deslealtad constitucional, como la ha calificado mi amigo el laboralista Antonio Baylos, se podría haber corregido, más allá del procedimiento concreto de reforma escogida, con el impulso de un referéndum por parte de los partidarios del cambio. Sin embargo, más allá de las declaraciones de circunstancia del ministro Blanco –“queríamos convocar un referéndum, pero no hubo tiempo”-, su sorteo a toda costa se ha revelado como una pieza clave de la operación en su conjunto.
Para justificar esta negativa se ha recurrido a argumentos diversos, contradictorios entre sí: que se trata de una medida simplemente técnica, que no merece una discusión amplia, que se trata de una medida demasiado compleja, que levantaría las pasiones populistas, etcétera. Estos argumentos son muy endebles, y sólo inducen a considerar que lo aprobado en el Congreso es la verificación de un acuerdo previo adoptado, no sólo con la oposición, sino con otros agentes externos, comenzando por el Banco Central Europeo y la canciller Merkel, calificados voceros de los grandes tenedores de deuda española.
Nada de esto puede considerarse una prueba de salud democrática. Como bien han visto algunos juristas como Ruben Martínez Dalmau, en la tradición del constitucionalismo democrático ligada a la revolución francesa, una constitución que se considera a sí misma como fruto del poder constituyente popular sólo debería ser reformada en aspectos relevantes por ese mismo poder constituyente. Que esto no ocurra en un caso tan decisivo como la constitucionalización de límites al gasto público es una evidencia más de los profundos déficits democráticos que el régimen político español arrastra desde la transición y que la crisis no ha hecho sino agravar.
En todo caso, también hay que decir que no estamos ante un fenómeno exclusivamente hispano. Tras el “no” francés y holandés al tratado constitucional europeo, tras el “no” islandés al pago de la deuda contraída por los grandes bancos, o tras el “no” italiano a la privatización del agua, a la energía nuclear o a la impunidad de los representantes políticos, el referéndum se ha convertido en la bestia negra de unas clases dirigentes que no están dispuestas a arriesgar públicamente sus medidas más claramente anti-sociales, anti-ambientales o anti-democráticas.
Moody's, si no ando errado, se ha apuntado rápidamente elogiando la propuesta de reforma. ¿Por qué? ¿Este es también el ámbito de una agencia de rating?
Moody’s, en efecto, ha sido una de las primeras en aplaudir la reforma. Pero no sin ocultar sus preferencias. La ha calificado como una “señal positiva”, pero ha dejado claro que hubiera sido preferido que el límite del 0,4% y los mecanismos concretos de sanción en caso de desviación se recogieran en la propia constitución y no en una ley orgánica. Estas declaraciones reflejan bien cuál es el papel real de las agencias en esta coyuntura: defender sin contención alguna los intereses especulativos a corto plazo de los grandes acreedores e inversores. Si bien se mira, no deja de sorprender que estas entidades, que operan en régimen de oligopolio y que sólo están autorizadas para emitir dictámenes técnicos lo más razonados y objetivos posibles, se permitan con tanta soltura este tipo de afirmaciones banderizas, que hasta un periodista financiero dudaría en pronunciar.
Por cierto, Jaume Asens y tú mismo estabais en el tema de la querella contra las agencias de rating. ¿Cuál es en estos momentos la situación de todo este proceso que no debe ser nada fácil?
La persecución penal de las agencias, como la de los delitos económicos de cuello blanco en general, es una cuestión complicada. Precisamente porque se trata de empresas poderosas, sus maniobras delictivas son opacas, no dejan pruebas fácilmente detectables y cuentan con la complicidad de otros agentes privados y, a menudo, de los propios órganos públicos.
La querella presentada ante la Audiencia Nacional con el apoyo de numerosos colectivos sociales intenta mostrar que Moody’s, Standard & Poors y Ficht exageran sus dictámenes negativos con el propósito de beneficiar los intereses especulativos de unos inversores que, en muchos casos, pertenecen al mismo grupo accionarial que las agencias. Desde el punto de vista probatorio, claro está, esto no es sencillo. De hecho, uno de los principales obstáculos con los que se ha topado la querella ha sido la indolencia de Fiscalía, que ha considerado que no existen indicios delictivos aun antes de investigar, algo indispensable tratándose de delitos económicos especialmente complejos.
Más allá, en cualquier caso, de la decisión judicial final, creo que la querella ha cumplido ya una función pedagógica importante. Su interposición ha servido para deslegitimar política y jurídicamente la actuación de las agencias y para mostrar a la opinión pública sus estrechos vínculos con bancos y grupos empresariales concretos. También ha servido para denunciar la defección de los supuestos órganos de control, como la Comisión Nacional de Valores o el Banco de España. Y ha permitido, sobre todo, alentar iniciativas jurídicas similares, todavía abiertas, en Portugal, Italia y Estados Unidos. A pesar, en suma, del enorme poder que aún conservan las agencias, su acusación penal no debería verse como un gesto baldío. Es un modesto pero a mi juicio importante paso en la lucha contra lo que Lourdes Benería y Carmen Saraúsa, en un estupendo artículo, calificaban como crímenes económicos contra la humanidad.
Volviendo a la propuesta de reforma constitucional; desde el punto de vista conservador ¿no hay un peligro en la jugada iniciada? Si reforman ahora la Constitución, ¿por qué no pensar en otras reformas? Y, si éstas no fueran posibles por la posición mayoritaria del Partido de l Estado borbónico PPSOE, ¿por qué no traer al programa de la hora el cambio de Constitución?
Es evidente. Durante treinta y tres años hemos sentido al PSOE y al PP referirse a la Constitución como un texto sagrado, casi intocable, como el garante de los supuestos logros de la transición. Ahora, al reformarla con alevosía, en los estertores de un gobierno que admite haber tomado la iniciativa para “calmar a los mercados”, la han despojado brutalmente, y de manera irreversible, de su aura de intangibilidad. Sobre todo de cara a una generación precarizada que no votó la constitución y que está siendo víctima privilegiada de sus límites e incumplimientos.
¿Esto abre un escenario propicio para proponer otras reformas social, ecológica y democráticamente avanzadas? Ciertamente, sí. En Portugal, la derecha intentó a comienzos de año impulsar una nueva reforma de la garantista constitución de 1976 para facilitar los despidos y la mercantilización de la sanidad y la educación. Esta propuesta, por ahora fallida, brindó la oportunidad a comunistas, verdes, al Bloco de Esquerda y a numerosos movimientos sociales, no sólo de deslegitimar estas propuestas, sino de impulsar otras alternativas: el perfeccionamiento de los mecanismos de participación directa, la ampliación del voto a los migrantes y a los jóvenes a partir de los 16 años, el fortalecimiento del carácter público del sistema financiero, la consagración del derecho al agua y de los derechos reproductivos de las mujeres, la introducción de deberes en materia de rehabilitación urbana y de generación de vivienda social, el reconocimiento del principio de precaución ambiental. Estas alternativas, y otras como la tutela de los bienes comunes en Internet, la prohibición del sobreendeudamiento privado, el reconocimiento de la renta básica, de la educación gratuita de 0 a 3 años o la erradicación de la energía nuclear en beneficio de energías sostenibles, como la solar, también han estado presentes en las ricas discusiones del 15-M. No digo que exista un acuerdo absoluto en torno a estas propuestas. Pero muchas de ellas, sin duda, entroncan con la mejor tradición de los movimientos sociales, ecologistas, feministas y sindicales de la península.
El problema, en todo caso, viene dado, como bien apuntas en tu pregunta, por el cerrojo constitucional que otorga al PP y al PSOE un poder de veto frente a cualquier propuesta que desborde sus intereses partidistas o que ponga en entredicho su versión del “consenso de la transición”. Esto es innegable. Pero también lo es que dicho poder de veto está perdiendo legitimidad más aceleradamente de lo que se podía imaginar hace unos años. En ese contexto, lo más probable es que la obcecación en llevar adelante la actual reforma constitucional-legal y la negativa a discutirla, al menos, en referéndum, se traduzca en una agudización de la impugnación que movimientos como el del 15-M han lanzado al actual régimen político y económico. Esta impugnación podrá traducirse en la exigencia de una reforma con contenidos alternativos. Pero sobre todo cargará de razones a quienes, como en Islandia, exigen, no señales que “calmen” a los mercados, sino procesos constituyentes que los sometan a lógicas realmente democráticas y que coloquen los derechos de todas las personas por encima de los beneficios de unos pocos.
Gerardo Pisarello es profesor de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de la UB y miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.
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viernes, 9 de septiembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
GENERACIÓN SIN FUTURO
Generación sin futuro
8 Septiembre 2011 | Categorías: Altermundismo |
Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC.
“El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos”. André Gide
Primero fueron los árabes, luego los griegos, a continuación los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes; y el mes pasado, con ruido y furia, los británicos. Una epidemia de indignación está sublevando a los jóvenes del mundo. Semejante a la que, desde California hasta Tokio, pasando por París, Berlín, Madrid y Praga, recorrió el planeta en los años 1967-1968, y cambió los hábitos de las sociedades occidentales. En una era de prosperidad, la juventud pedía paso entonces para ocupar su espacio propio.
Hoy es diferente. El mundo ha ido a peor. Las esperanzas se han desvanecido. Por vez primera desde hace un siglo, en Europa, las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El proceso globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a los ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes. Y la crisis financiera, con sus “soluciones” de austeridad contra las clases medias y los humildes, empeora el malestar general. Los Estados democráticos están renegando de sus propios valores. En tales circunstancias, la sumisión y el acatamiento son absurdos. En cambio, las explosiones de indignación y de protesta resultan normales. Y se van a multiplicar. La violencia está subiendo…
Aunque, en concreto, el formato mismo del estallido no es semejante en Tel Aviv y Santiago de Chile o Londres. Por ejemplo, la impetuosa detonación inglesa se ha distinguido, por su alto grado de violencia, del resto de las protestas juveniles, esencialmente no violentas (aunque no hayan faltado los enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile y varias capitales).
Otra diferencia esencial: los amotinados ingleses, quizás por su pertenencia de clase, no supieron verbalizar su desazón. Ni pusieron su furor al servicio de una causa política. O de la denuncia de una iniquidad concreta. En su guerrilla urbana, ni siquiera saquearon con ira sistemática los bancos… Dieron la (lamentable) impresión de que sólo las maravillas de los escaparates atizaban su rabia de desposeídos y de frustrados. Pero, en el fondo, como tantos otros “indignados” del mundo, estos revoltosos expresaban su desesperación, olvidados por un sistema que ya no sabe ofrecerles ni un puesto en la sociedad, ni un porvenir.
Un rasgo neoliberal que, de Chile a Israel, irrita particularmente es la privatización de los servicios públicos. Porque significa un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. A los humildes que no poseen nada, les queda por lo menos la escuela pública, el hospital público, los transportes públicos, etc. que son gratuitos o muy baratos, subvencionados por la colectividad. Cuando se privatizan, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (ha sido costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio. Es una doble injusticia. Y una de las raíces de la ira actual.
A este respecto, para justificar la furia de los insurrectos de Tottenham, un testigo declaró: “El sistema no cesa de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Recorta el presupuesto de los servicios públicos. La gente se muere en las salas de espera de los hospitales después de haber esperado a un médico una infinidad de horas…” (1).
En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la desprivatización de la enseñanza (privatizada bajo la dictadura neoliberal del general Pinochet, 1973-1990). Exigen que el derecho a una educación pública y gratuita de calidad sea inscrito en la Constitución. Y explican que “la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario. Es un sistema que reproduce las desigualdades sociales” (2). A fin de que los pobres sean pobres para la eternidad…
En Tel Aviv, el 6 de agosto pasado, al grito de “¡El pueblo quiere la justicia social!”, unas 300.000 personas se manifestaron en apoyo al movimiento de los jóvenes “indignados” que piden un cambio en las políticas públicas del gobierno neoliberal de Benyamin Netanyahou (3). “Cuando a alguien que trabaja –declaró una estudiante– no le alcanza ni siquiera para comprar de comer es que el sistema no funciona. Y no es un problema individual, es un problema de gobierno” (4).
Desde los años 1980 y la moda de la economía reaganiana, en todos estos países –y singularmente en los Estados europeos debilitados hoy por la crisis de la deuda–, las recetas de los gobiernos (de derechas o de izquierdas) han sido las mismas: reducciones drásticas del gasto público, con recortes particularmente brutales de los presupuestos sociales. Uno de los resultados ha sido el alza espectacular del paro juvenil (en la Unión Europea: 21%; en España: ¡42,8%!). O sea, la imposibilidad para toda una generación de entrar en la vida activa. El suicidio de una sociedad.
En vez de reaccionar, los gobiernos, espantados por los recientes derrumbes de las Bolsas, insisten en querer a toda costa satisfacer a los mercados. Cuando lo que tendrían que hacer, y de una vez, es desarmar a los mercados (5). Obligarles a que se sometan a una reglamentación estricta. ¿Hasta cuándo se puede seguir aceptando que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si resulta que, a fin de cuentas, mandan los mercados?
En el seno mismo del modelo capitalista, las alternativas realistas existen. Defendidas y respaldadas por expertos internacionalmente reconocidos. Dos ejemplos: el Banco Central Europeo (BCE) debe convertirse en un verdadero banco central y prestarle dinero (con condiciones precisas) a los Estados de la eurozona para financiar sus gastos. Cosa que le está prohibida al BCE actualmente. Lo que obliga a los Estados a recurrir a los mercados y pagar intereses astronómicos… Con esa medida se acaba la crisis de la deuda.
Segundo: dejar de prometerlo y pasar a exigir ya la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF). Con un modesto impuesto de un 0,1% sobre los intercambios de acciones en Bolsa y sobre el mercado de divisas, la Unión Europea obtendría, cada año, entre 30.000 y 50.000 millones de euros. Suficiente para financiar con holgura los servicios públicos, restaurar el Estado de bienestar y ofrecer un futuro luminoso a las nuevas generaciones.
O sea, las soluciones técnicas existen. Pero ¿dónde está la voluntad política?
Artículo publicado en Le Monde Diplomatique
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8 Septiembre 2011 | Categorías: Altermundismo |
Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC.
“El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos”. André Gide
Primero fueron los árabes, luego los griegos, a continuación los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes; y el mes pasado, con ruido y furia, los británicos. Una epidemia de indignación está sublevando a los jóvenes del mundo. Semejante a la que, desde California hasta Tokio, pasando por París, Berlín, Madrid y Praga, recorrió el planeta en los años 1967-1968, y cambió los hábitos de las sociedades occidentales. En una era de prosperidad, la juventud pedía paso entonces para ocupar su espacio propio.
Hoy es diferente. El mundo ha ido a peor. Las esperanzas se han desvanecido. Por vez primera desde hace un siglo, en Europa, las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El proceso globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a los ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes. Y la crisis financiera, con sus “soluciones” de austeridad contra las clases medias y los humildes, empeora el malestar general. Los Estados democráticos están renegando de sus propios valores. En tales circunstancias, la sumisión y el acatamiento son absurdos. En cambio, las explosiones de indignación y de protesta resultan normales. Y se van a multiplicar. La violencia está subiendo…
Aunque, en concreto, el formato mismo del estallido no es semejante en Tel Aviv y Santiago de Chile o Londres. Por ejemplo, la impetuosa detonación inglesa se ha distinguido, por su alto grado de violencia, del resto de las protestas juveniles, esencialmente no violentas (aunque no hayan faltado los enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile y varias capitales).
Otra diferencia esencial: los amotinados ingleses, quizás por su pertenencia de clase, no supieron verbalizar su desazón. Ni pusieron su furor al servicio de una causa política. O de la denuncia de una iniquidad concreta. En su guerrilla urbana, ni siquiera saquearon con ira sistemática los bancos… Dieron la (lamentable) impresión de que sólo las maravillas de los escaparates atizaban su rabia de desposeídos y de frustrados. Pero, en el fondo, como tantos otros “indignados” del mundo, estos revoltosos expresaban su desesperación, olvidados por un sistema que ya no sabe ofrecerles ni un puesto en la sociedad, ni un porvenir.
Un rasgo neoliberal que, de Chile a Israel, irrita particularmente es la privatización de los servicios públicos. Porque significa un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. A los humildes que no poseen nada, les queda por lo menos la escuela pública, el hospital público, los transportes públicos, etc. que son gratuitos o muy baratos, subvencionados por la colectividad. Cuando se privatizan, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (ha sido costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio. Es una doble injusticia. Y una de las raíces de la ira actual.
A este respecto, para justificar la furia de los insurrectos de Tottenham, un testigo declaró: “El sistema no cesa de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Recorta el presupuesto de los servicios públicos. La gente se muere en las salas de espera de los hospitales después de haber esperado a un médico una infinidad de horas…” (1).
En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la desprivatización de la enseñanza (privatizada bajo la dictadura neoliberal del general Pinochet, 1973-1990). Exigen que el derecho a una educación pública y gratuita de calidad sea inscrito en la Constitución. Y explican que “la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario. Es un sistema que reproduce las desigualdades sociales” (2). A fin de que los pobres sean pobres para la eternidad…
En Tel Aviv, el 6 de agosto pasado, al grito de “¡El pueblo quiere la justicia social!”, unas 300.000 personas se manifestaron en apoyo al movimiento de los jóvenes “indignados” que piden un cambio en las políticas públicas del gobierno neoliberal de Benyamin Netanyahou (3). “Cuando a alguien que trabaja –declaró una estudiante– no le alcanza ni siquiera para comprar de comer es que el sistema no funciona. Y no es un problema individual, es un problema de gobierno” (4).
Desde los años 1980 y la moda de la economía reaganiana, en todos estos países –y singularmente en los Estados europeos debilitados hoy por la crisis de la deuda–, las recetas de los gobiernos (de derechas o de izquierdas) han sido las mismas: reducciones drásticas del gasto público, con recortes particularmente brutales de los presupuestos sociales. Uno de los resultados ha sido el alza espectacular del paro juvenil (en la Unión Europea: 21%; en España: ¡42,8%!). O sea, la imposibilidad para toda una generación de entrar en la vida activa. El suicidio de una sociedad.
En vez de reaccionar, los gobiernos, espantados por los recientes derrumbes de las Bolsas, insisten en querer a toda costa satisfacer a los mercados. Cuando lo que tendrían que hacer, y de una vez, es desarmar a los mercados (5). Obligarles a que se sometan a una reglamentación estricta. ¿Hasta cuándo se puede seguir aceptando que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si resulta que, a fin de cuentas, mandan los mercados?
En el seno mismo del modelo capitalista, las alternativas realistas existen. Defendidas y respaldadas por expertos internacionalmente reconocidos. Dos ejemplos: el Banco Central Europeo (BCE) debe convertirse en un verdadero banco central y prestarle dinero (con condiciones precisas) a los Estados de la eurozona para financiar sus gastos. Cosa que le está prohibida al BCE actualmente. Lo que obliga a los Estados a recurrir a los mercados y pagar intereses astronómicos… Con esa medida se acaba la crisis de la deuda.
Segundo: dejar de prometerlo y pasar a exigir ya la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF). Con un modesto impuesto de un 0,1% sobre los intercambios de acciones en Bolsa y sobre el mercado de divisas, la Unión Europea obtendría, cada año, entre 30.000 y 50.000 millones de euros. Suficiente para financiar con holgura los servicios públicos, restaurar el Estado de bienestar y ofrecer un futuro luminoso a las nuevas generaciones.
O sea, las soluciones técnicas existen. Pero ¿dónde está la voluntad política?
Artículo publicado en Le Monde Diplomatique
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MOVILIZACIÓN DE PROFESORES CONTRA RECORTES, CONVOCADA HUELGA EL 14-S EN SECTOR
Miles de profesores salen a la calle contra los recortes en educación en Madrid
La concentración fue convocada por los sindicatos CC.OO., ANPE, CSI-F, FETE-UGT y STEM, y es la primera de un calendario de movilizaciones que tendrá como último objetivo una huelga general el 14 de Septiembre en el sector educativo
España | César Pérez Navarro - Tercera Información | 08-09-2011 |
Vestidos de verde salieron los profesores madrileños para protestar ayer contra los recortes en Educación impuestos por el gobierno de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre.
"Enseñanza pública: de todos y para todos" o "Respetemos y apoyemos a nuestros profesores, echemos a Lucía Figar", fueron algunas de las consignas que se leyeron en los carteles y camisetas de los profesores, a quienes acompañaron familias y grupos de alumnos, también afectados.
Desde los twiter #mareaverde y #alcalá32 se comentaba el atronador ambiente del centro de Madrid, donde se escuchaban tambores, trompetas y gritos contra los recortes, además de pizarras explicativas que podría entender cualquier niño.
Los sindicatos de Enseñanza CCOO, UGT y ANPE han asegurado que la gran asistencia de profesores a la concentración prueba que la huelga que preparan para el próximo día 14, inicio de curso escolar en Secundaria. "Está garantizada" y que será "un éxito".
El secretario general de UGT Madrid, Eduardo Sabina, ha afirmado que la huelga "está garantizada", aunque todavía no se haya convocado oficialmente a la espera de la asamblea de profesores que se celebrará mañana.
"Los ánimos están calentitos y más que se van a calentar porque con las continuas declaraciones y las tomaduras de pelo que recibimos por parte del Gobierno y de la Consejería los ánimos se calientan", reprochó.
La presidenta de la Comunidad de Madrid rectificó precisamente ayer tras la protesta de los profesores por sus declaraciones sobre la jornada laboral de este sector. Aguirre alegó que sabe “cuál es la jornada laboral de los profesores” y añadió que la semana pasada cometió un “error” al hablar de las 20 horas que trabajaban, por lo que ha dicho “reconocerlo” y pedir “disculpas”;
“Es posible que mis palabras del jueves no fueran afortunadas. Lo reconozco y pido disculpas. No es correcto: el horario es de 37,5 horas y lo que se sube es de 18 a 20 horas dentro de ellas. Sé cuál es la jornada laboral de los profesores, cometí un error y lo reconozco”.
También, tras varias pifias, se ha excusado por las numerosas faltas de ortografía en una carta enviada a los profesores madrileños alegando esta vez que la “carta original” se envió la semana pasada a los profesores “con el registro de salida” y que los errores que podía contener el texto se debieron a que “la empresa, en lugar de imprimirla, la volvió a repetir”. “Lo volvieron a teclear y se olvidaron de los acentos”, ha afirmado ahora ante las evidencias.
Más allá de cualquier anécdota, las protestas en Madrid y en el resto de España se multiplican según las distintas administraciones controladas por PP y PSOE van vulnerando los derechos tanto de diferentes sectores laborales y sociales como de los ciudadanos en general.
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martes, 6 de septiembre de 2011
PUBLICADO EL LIBRO: "¿REFORMA O REVOLUCIÓN? DEMOCRACIA"
Nuevo libro de José Lopez en formato PDF, "¿Reforma o revolución? Democracia"
El libro reflexiona e investiga sobre los caminos para alcanzar una sociedad más justa y sobre todo libre
Cultura | Tercera Información | 04-09-2011 |
José López, autor de los libros "Rumbo a la democracia", "Las falacias del capitalismo", "La causa republicana" y "Manual de resistencia anticapitalista", así como de diversos artículos, publicados todos ellos en múltiples medios de la prensa alternativa, publica ahora “¿Reforma o revolución? Democracia”.
Tal y como explica el propio escritor el clásico dilema, objeto de intensos debates en la izquierda en su día, Reforma vs. Revolución, es en verdad una disyuntiva secundaria. La verdadera clave reside en la democracia.
Este libro analiza extensamente las experiencias revolucionarias históricas (sobre todo la Revolución rusa) y aprendiendo de ellas, pretende contribuir a la reformulación de la teoría revolucionaria para el siglo XXI. En dicha teoría, el marxismo debe ocupar un lugar importante. Usando el propio método marxista es posible explicar los errores ideológicos y desprenderse de ellos. El marxismo, despojado de sus principales errores gracias al uso adecuado del materialismo dialéctico, puede resurgir con fuerza y contribuir notablemente a la revolución del siglo XXI. Ésta debe girar en torno al concepto de democracia, entendida ésta en su acepción original, en su sentido más amplio y profundo.
Sin el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no será posible la transformación radical de la sociedad, como la historia nos ha enseñado. Sin la suficiente democracia no será posible superar el capitalismo, alcanzar una sociedad justa y libre. La emancipación individual y social sólo puede hacerse mediante el desarrollo de la democracia. Cada individuo, el proletariado, el pueblo en general, sólo puede emanciparse por sí mismo. La democracia, la libertad, es al mismo tiempo fin y medio. El fin está contenido en los medios.
http://joselopezsanchez.wordpress.com/
http://joselopezsanchez.files.wordpress.com/2011/09/reforma-o-revolucion-democracia.pdf
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El libro reflexiona e investiga sobre los caminos para alcanzar una sociedad más justa y sobre todo libre
Cultura | Tercera Información | 04-09-2011 |
José López, autor de los libros "Rumbo a la democracia", "Las falacias del capitalismo", "La causa republicana" y "Manual de resistencia anticapitalista", así como de diversos artículos, publicados todos ellos en múltiples medios de la prensa alternativa, publica ahora “¿Reforma o revolución? Democracia”.
Tal y como explica el propio escritor el clásico dilema, objeto de intensos debates en la izquierda en su día, Reforma vs. Revolución, es en verdad una disyuntiva secundaria. La verdadera clave reside en la democracia.
Este libro analiza extensamente las experiencias revolucionarias históricas (sobre todo la Revolución rusa) y aprendiendo de ellas, pretende contribuir a la reformulación de la teoría revolucionaria para el siglo XXI. En dicha teoría, el marxismo debe ocupar un lugar importante. Usando el propio método marxista es posible explicar los errores ideológicos y desprenderse de ellos. El marxismo, despojado de sus principales errores gracias al uso adecuado del materialismo dialéctico, puede resurgir con fuerza y contribuir notablemente a la revolución del siglo XXI. Ésta debe girar en torno al concepto de democracia, entendida ésta en su acepción original, en su sentido más amplio y profundo.
Sin el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no será posible la transformación radical de la sociedad, como la historia nos ha enseñado. Sin la suficiente democracia no será posible superar el capitalismo, alcanzar una sociedad justa y libre. La emancipación individual y social sólo puede hacerse mediante el desarrollo de la democracia. Cada individuo, el proletariado, el pueblo en general, sólo puede emanciparse por sí mismo. La democracia, la libertad, es al mismo tiempo fin y medio. El fin está contenido en los medios.
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lunes, 5 de septiembre de 2011
LA IZQUIERDA POLÍTICA Y SOCIAL HA EMPEZADO EL CAMINO DE LA CONVERGENCIA
La izquierda política y social ha empezado el camino de la convergencia
Tras el rechazo de Equo a la oferta de convergencia con IU el 20N, otros partidos políticos y fuerzas sociales parecen mostrar una disposición más favorable para crear un frente de izquierdas de cara a las elecciones generales
España | César Pérez - Tercera Información / Red de Convergencia Social | 04-09-2011 |
El pasado Martes Equo dejó clara su estrategia a menos de tres meses de las elecciones generales. No habrá papeleta conjunta con IU. Desde el proyecto ecosocialista liderado por Juan López de Uralde siguen "convencidos de que existe en España un espacio que no está cubierto, de que hace falta un nuevo proyecto en formas y en contenidos". En Equo piensan que “no hacen daño a IU [porque] ofrecen una opción diferente, dirigida al votante desencantado, al que se queda en casa". Argumentan que "su electorado es distinto al de IU, que no es su rival”.
Desde IU consideran la decisión de Equo un "error estratégico", porque "la gente está ahora en otra cosa", ante la situación socio-económica y política actual: el ataque de los poderes financieros a nuestra soberanía y la respuesta de movimientos como el 15 de Mayo en la calle.
Por supuesto, también tendremos que seguir considerando que la desproprocionalidad del sistema electoral no ha sido corregida y será decisiva -por tanto- a la hora de perjudicar a los partidos minoritarios de ámbito nacional mientras sigue beneficiando a PP y PSOE. Los números indican que la unión de las fuerzas de izquierda se traducirá en un menor castigo de la Ley Electoral para aquellos que lleguen a acuerdos, cosa que no parece preocupar a Equo.
No obstante, el proceso de convergencia continúa. El pasado 3 de Septiembre, otras fuerzas antineoliberales y anticapitalistas mantuvieron un encuentro a fin de llegar a la unión de cara al 20N pero también más allá de la cita electoral.
La Red de Convergencia Social publica en su web el resultado positivo de dicha reunión, en la que los asistentes "constatan la necesidad de dar una respuesta a las exigencias ciudadanas desde la izquierda transformadora y llaman a todas las personas y fuerzas sociales, políticas, ecológicas y culturales a unirse a un proceso de convergencia que tiene que ir más allá de las elecciones del 20N";
"Ante la gravedad de la situación sociopolítica, distintas fuerzas político-sociales que hasta ahora caminaban separadas han sentido la necesidad de escucharse, dialogar y empezar un proceso de convergencia para llegar a acuerdos en el ámbito de la izquierda y del ecologismo político y cultural.
En su primera reunión, los participantes constatan la necesidad de dar una respuesta a las exigencias ciudadanas desde la izquierda transformadora y llaman a todas las personas y fuerzas sociales, políticas, ecológicas y culturales a unirse a un proceso de convergencia que tiene que ir más allá de las elecciones del 20N.
Siendo conscientes de la responsabilidad de frenar el “golpe de mercado” a la Constitución y la desarticulación del Estado Social y Democrático, los participantes se emplazan a diseñar en próximos encuentros un proceso participativo, abierto y horizontal para la configuración de un nuevo programa para el cambio político, social, feminista y ecológico.
Han participado en la reunión: las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción, Izquierda Unida, los Verdes-Grupo Verde, la Confederación de los Verdes, Izquierda Republicana, el Manifiesto “Una ilusión compartida”, el Llamamiento de universitarios. Izquierda Anticapitalista ha asistido a la reunión aunque su participación en el proceso depende de la decisión de sus órganos confederales de dirección".
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Tras el rechazo de Equo a la oferta de convergencia con IU el 20N, otros partidos políticos y fuerzas sociales parecen mostrar una disposición más favorable para crear un frente de izquierdas de cara a las elecciones generales
España | César Pérez - Tercera Información / Red de Convergencia Social | 04-09-2011 |
El pasado Martes Equo dejó clara su estrategia a menos de tres meses de las elecciones generales. No habrá papeleta conjunta con IU. Desde el proyecto ecosocialista liderado por Juan López de Uralde siguen "convencidos de que existe en España un espacio que no está cubierto, de que hace falta un nuevo proyecto en formas y en contenidos". En Equo piensan que “no hacen daño a IU [porque] ofrecen una opción diferente, dirigida al votante desencantado, al que se queda en casa". Argumentan que "su electorado es distinto al de IU, que no es su rival”.
Desde IU consideran la decisión de Equo un "error estratégico", porque "la gente está ahora en otra cosa", ante la situación socio-económica y política actual: el ataque de los poderes financieros a nuestra soberanía y la respuesta de movimientos como el 15 de Mayo en la calle.
Por supuesto, también tendremos que seguir considerando que la desproprocionalidad del sistema electoral no ha sido corregida y será decisiva -por tanto- a la hora de perjudicar a los partidos minoritarios de ámbito nacional mientras sigue beneficiando a PP y PSOE. Los números indican que la unión de las fuerzas de izquierda se traducirá en un menor castigo de la Ley Electoral para aquellos que lleguen a acuerdos, cosa que no parece preocupar a Equo.
No obstante, el proceso de convergencia continúa. El pasado 3 de Septiembre, otras fuerzas antineoliberales y anticapitalistas mantuvieron un encuentro a fin de llegar a la unión de cara al 20N pero también más allá de la cita electoral.
La Red de Convergencia Social publica en su web el resultado positivo de dicha reunión, en la que los asistentes "constatan la necesidad de dar una respuesta a las exigencias ciudadanas desde la izquierda transformadora y llaman a todas las personas y fuerzas sociales, políticas, ecológicas y culturales a unirse a un proceso de convergencia que tiene que ir más allá de las elecciones del 20N";
"Ante la gravedad de la situación sociopolítica, distintas fuerzas político-sociales que hasta ahora caminaban separadas han sentido la necesidad de escucharse, dialogar y empezar un proceso de convergencia para llegar a acuerdos en el ámbito de la izquierda y del ecologismo político y cultural.
En su primera reunión, los participantes constatan la necesidad de dar una respuesta a las exigencias ciudadanas desde la izquierda transformadora y llaman a todas las personas y fuerzas sociales, políticas, ecológicas y culturales a unirse a un proceso de convergencia que tiene que ir más allá de las elecciones del 20N.
Siendo conscientes de la responsabilidad de frenar el “golpe de mercado” a la Constitución y la desarticulación del Estado Social y Democrático, los participantes se emplazan a diseñar en próximos encuentros un proceso participativo, abierto y horizontal para la configuración de un nuevo programa para el cambio político, social, feminista y ecológico.
Han participado en la reunión: las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción, Izquierda Unida, los Verdes-Grupo Verde, la Confederación de los Verdes, Izquierda Republicana, el Manifiesto “Una ilusión compartida”, el Llamamiento de universitarios. Izquierda Anticapitalista ha asistido a la reunión aunque su participación en el proceso depende de la decisión de sus órganos confederales de dirección".
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domingo, 4 de septiembre de 2011
EL FRACASO DE LA SOCIALDEMOCRACIA
EL FRACASO DE LA SOCIALDEMOCRACIA .
Higinio Polo, El viejo topo
"...La socialdemocracia histórica ha muerto, y casi todos sus partidos han experimentado una mutación ideológica, porque sus propuestas conservadoras no son consecuencia de la crisis económica que estalló en 2007, ni de su impotencia actual ante banqueros, empresarios y especuladores: venían de antes.
En general, las filas de la Internacional Socialista son hoy un vivero de socialdemócratas derrotados y neoliberales que mantienen un vago discurso “progresista” que apenas se concreta después en los actos de gobierno, y que están muy alejados de las preocupaciones de la gente común..."
Cuando terminaba el siglo XX, hace apenas una década, los países más relevantes de la Unión Europea estaban gobernados por la socialdemocracia. Tony Blair era primer ministro en Londres; Gerard Schröder era el canciller alemán, Lionel Jospin dirigía el gobierno francés, y Massimo D’Alema era presidente del consejo de ministros italiano.
No eran los únicos socialdemócratas al frente de gobiernos: de los quince países de la Unión Europea, once estaban gobernados por otros dirigentes de la misma ideología.
La Internacional Socialista jugaba en esos años con la idea de un agrupamiento con el Partido Demócrata norteamericano y otros partidos semejantes, en el momento en que Bill Clinton casi terminaba su segundo mandato presidencial.
Dirigiendo algunos de los países más importantes del mundo, todo parecía sonreír a los líderes socialdemócratas, a sus partidos y a la Internacional Socialista, que, pocos años atrás, entre 1989 y 1991, cuando desaparecieron los sistemas del socialismo real en Europa y la Unión Soviética, celebraron el hundimiento y desaparición de muchos partidos comunistas en Europa del Este, sin sospechar el sufrimiento social que iba a extenderse por medio continente, se aprestaron a colaborar en la marginación del resto de organizaciones comunistas (como en España) y anunciaron el inicio de un tiempo nuevo, donde sus partidos socialdemócratas iban a representar la nueva izquierda que, frente a los errores de los partidos comunistas, iba a construir sociedades más justas, más libres y más solidarias, en línea con los programas de la Internacional Socialista, que, según mantenía, iba a conjugar el socialismo con la libertad.
En el tránsito desde la exaltación hasta el fracaso, la socialdemocracia generó algunos espejismos más. La tercera vía de Blair y Giddens, de la que ya no se encuentran seguidores en el mundo, quiso ser un camino intermedio entre el liberalismo y la vieja socialdemocracia de entreguerras, pero fue una vuelta de tuerca en la deriva del laborismo británico, y, después, de buena parte de los partidos socialdemócratas europeos, un camino que transitaron retorciendo el lenguaje, vistiéndose de supuesta modernidad, sacudiéndose la zarza tormentosa de sus lejanos lazos con el marxismo, jugando con ideas de la derecha para hacerlas pasar por progresistas: así, la pretendida síntesis que hizo la tercera vía entre ideas tradicionales del capitalismo con propuestas socialistas quedó reducida a la desregulación, al recorte de los derechos asegurados a los trabajadores por el Estado del bienestar, a la reducción de impuestos (que siempre beneficia a los más ricos), a las privatizaciones de empresas públicas favoreciendo a la burguesía y a los financieros, y a una criminal política exterior, protagonizando con la guerra de Iraq la última matanza colonial.
La vergonzosa evolución posterior del propio Blair es conocida: no considera deshonesto estar a sueldo de monarquías medievales como la de Kuwait, o de entidades financieras como JP Morgan Chase , que están en el origen de muchas de las actividades delictivas que han causado la mayor crisis económica desde 1929.
Diez años después, el escenario ha cambiado. En 2011, cuando apenas quedan países europeos dirigidos por la socialdemocracia, y el propio Papandreu, actual presidente de la Internacional Socialista y del gobierno griego, se esmera en aplicar la política conservadora, cercenando los derechos de la población, es razonable preguntarse:
¿Se ha cumplido el programa socialdemócrata? En su “declaración de principios”, la Internacional Socialista sigue proclamando su deseo de “configurar un futuro socialista democrático en el siglo XXI”, y acompaña esa proclama con las tradicionales buenas intenciones sobre el progreso, la solidaridad, el empleo y el futuro sostenible del planeta.
Pero, es obvio que no podemos creer en sus palabras. Prisioneros de su renuncia a cambiar las cosas, de su entrega a la voluntad de la burguesía parasitaria y a los carteristas de las finanzas internacionales, los socialdemócratas han culminado su transformación convirtiéndose en una de las muletas del sistema.
En ese tránsito, personajes tan poco recomendables como Tony Blair, Carlos Andrés Pérez, Bettino Craxi, Felipe González, por citar algunos, han jugado en las dos últimas décadas un papel central en las decisiones de la socialdemocracia, sin olvidar a déspotas como el tunecino Ben Alí, el egipcio Mubarak, que también eran dirigentes de la Internacional Socialista (de manera vergonzante, Ben Alí fue expulsado tras perder el poder; Mubarak, fue abandonado por la Internacional Socialista apenas unos días antes), o Jalal Talabani (el presidente de Iraq, cómplice de las innumerables matanzas protagonizadas por Estados Unidos en su país), que es vicepresidente de la IS, por no hablar de los dirigentes del Israel Labor Party, ILP , partícipes de los constantes asesinatos de palestinos. Es cierto que en la Internacional Socialista hay otros dirigentes más presentables, pero su actuación global está del lado de los poderosos.
En los hechos, la socialdemocracia europea, apéndice durante décadas del “amigo americano” y de sus postulados anticomunistas, además de partícipe en muchas atrocidades coloniales, ha abominado del cambio social, de la revolución, del socialismo entendido como un sistema político que asegurase la propiedad común, la justicia y la libertad, ciñéndose a una gestión de los asuntos públicos que, sin poner en cuestión el capitalismo, limitaba parcialmente la voracidad de la derecha y del empresariado: sus años dorados fueron los de la construcción del Estado del bienestar en Europa, cuyo mérito se atribuyen pese a la evidencia del papel jugado por las organizaciones obreras, los partidos comunistas y la propia existencia de la Unión Soviética.
En los últimos años, muchos de los dirigentes socialdemócratas han defendido que conceptos políticos como “izquierda” y “derecha” habían sido superados (aunque, ocasionalmente, los utilizaran electoralmente, de forma oportunista, ante formaciones conservadoras), y que ideas como la emancipación social eran antiguallas del pasado, hasta el punto de que, a juzgar por sus palabras, su nuevo horizonte es el de una sociedad “democrática”, con alusiones a una vaga “cohesión social”, a una difusa “solidaridad” con los más pobres, a una leve “justicia”… que se concreta en una defensa, no por vergonzante menos eficaz, del capitalismo, gestionando las conquistas sociales que habían aparecido en Europa al amparo de las luchas obreras y de la revolución bolchevique. Han jugado también a robar las palabras, a sustituir términos rigurosos y precisos como “capitalismo” por roñas del lenguaje como “economía de mercado” o, con más simpleza aún, por “mercados”.
Cuando se acepta incluso el lenguaje de la derecha, se ha llegado al final. Al margen de las excepciones nórdicas europeas, donde la socialdemocracia construyó avanzados sistemas de protección social, compatibles con el capitalismo, en países periféricos y poco poblados; en general, la socialdemocracia se reorganizó como valladar ante los temores revolucionarios y fue, en muchas ocasiones, el muro protector del sistema capitalista. Así ha sido en España, por ejemplo.
Pese a la interesada insistencia con que el PSOE reclama los supuestos logros de sus gobiernos con Felipe González, lo cierto es que su visión y su práctica era la de una socialdemocracia liberal, complaciente con la derecha económica, que proporcionó a los empresarios la fragmentación y la precariedad de las condiciones laborales de los trabajadores, mientras facilitaba la acción empresarial, dejándoles hacer, y permitiendo que organizasen la economía nacional a su antojo, muchas veces en condiciones turbias, aceptando privatizar empresas públicas, mientras el Estado subvencionaba sin justificación a las empresas y cerraba los ojos ante la evidencia de la economía sumergida y de la evasión de impuestos, unido a la corrupción y al tráfico de influencias de muchos empresarios, rasgos que se han convertido en definitorios de la mayoría de ellos.
La propia idea de empresas públicas es una noción absurda para esta última socialdemocracia, que se ha aplicado a desmantelar buena parte de la propiedad del Estado, facilitando a los empresarios su compra en condiciones muy ventajosas, en ocasiones con sospechosas facilidades, permitiendo la realización de grandes negocios y el cobro de plusvalías millonarias, con frecuencia en un marasmo de corrupción y comisiones escandalosas, donde apenas ha entrado la justicia a investigar.
En ese sentido, hay que señalar que la política seguida por Rodríguez Zapatero ha sido la aplicación del programa del Partido Popular, agravada por reformas laborales y de la negociación colectiva que son una agresión sin precedentes para los trabajadores, y aceptando, además, muchas de las exigencias de la patronal española, la CEOE. Si el Partido Popular y la CEOE han criticado algunas medidas del gobierno de Zapatero, no ha sido porque no las compartieran, sino porque todavía reclaman mayores sacrificios para los trabajadores.
Además, buena parte de los dirigentes socialistas ha optado por la vía de “toma el dinero y corre”, entrando en el entramado corrupto de las asesorías y del tráfico de influencias para empresas y multinacionales, en los puestos inútiles de representación con sueldos millonarios, en el mundo de los negocios turbios, del clientelismo y de las manadas de lobos de los promotores de negocios al amparo de los presupuestos municipales, autonómicos o estatales, o viviendo de empleos políticos que proporcionan jugosas retribuciones: el dinero de los contribuyentes y la propiedad del Estado son un pozo sin fondo donde creen que pueden meter la mano, o, si no, al servicio de las grandes empresas y multinacionales.
El nombre de Felipe González viene de inmediato a la memoria, pero está acompañado de muchos otros. Sustituyendo el concepto de capitalismo por el de unos anónimos “mercados” (sin nombres, sin responsables, sin beneficiarios, al parecer), la socialdemocracia ha renunciado a los últimos restos de la ideología de izquierda que quedaba en su seno.
Ni siquiera ha insistido en la necesidad de controlar los paraísos fiscales que facilitan a empresarios y especuladores la evasión de impuestos y el blanqueo de capitales, al margen de algunas declaraciones, en el momento álgido de la crisis, que ya se han olvidado.
La cumbre del G-20 en Londres, que empezó a elaborar una lista de paraísos fiscales, y donde se habló de sanciones para dificultar sus actividades, es ya un recuerdo más: la socialdemocracia ha cedido a las presiones de la derecha económica y ha olvidado también esa necesidad.
El último capítulo es el de la rendición absoluta, sin matices: la socialdemocracia europea ha optado, en los países donde sigue gobernando, por aplicar una política que hace pagar a los pobres las deudas y los excesos de los ricos. Es más: como se está comprobando en Grecia, incluso está dispuesta a utilizar la fuerza policial para reducir y reprimir las protestas que esa feroz política de incautación y de robo de la propiedad y de los ahorros de la población ha hecho estallar allí y en muchos países.
Su política económica se basa hoy en vagas alusiones a la recuperación, al esfuerzo para superar la crisis, y a la aceptación de casi todas las exigencias empresariales y de los “mercados”, confiando en la llegada de lo que Paul Krugman ha llamado “el hada de la confianza”: sostienen que los sacrificios y recortes sociales ayudarán a reducir la deuda soberana de cada país y eso dará confianza a empresarios y especuladores, que aceptarán invertir de nuevo para reactivar la economía.
En la fiscalidad, en las reformas laborales, en el recorte de los salarios, en las pensiones, en el desmantelamiento del Estado del bienestar, la socialdemocracia ha sido, cuando ha gobernado, el ariete de la derecha, ha hecho el trabajo sucio que a los partidos conservadores les hubiera sido muy costoso emprender.
El ejemplo de Grecia es evidente: el último plan de austeridad presentado por el gobierno de Papandreu ni siquiera contempla obligaciones para los ricos, ni medidas contra la economía sumergida, ni persigue el fraude fiscal de los poseedores de grandes fortunas: sólo afecta a los trabajadores, a los pensionistas y a los ciudadanos corrientes.
El capitalismo se basa en la explotación, en el fraude, en el robo, en la corrupción. Sin tapujos. A veces, a la luz del día. Los grandes empresarios y banqueros se han comportando, y siguen haciéndolo, como verdaderos ladrones, y el hecho de que existan excepciones no varía el juicio general.
En los veinte años transcurridos desde la desaparición de la URSS, las desigualdades en el mundo capitalista no han hecho sino aumentar, enriqueciendo más a quienes ya eran ricos y empobreciendo a los trabajadores, hasta el punto de que se ha roto la tendencia hacia el progreso que se había mantenido desde la victoria contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, dejando así al descubierto las mentiras con que envolvieron al mundo los principales portavoces del sistema capitalista que auguraron “los dividendos de la paz”.
La anulación de los mecanismos que controlaban parcialmente la actuación de empresas y financieros, la desregulación salvaje de las normas económicas y de empleo, la fe ciega en el poder de “los mercados” (hipócritamente compatible con el uso de información privilegiada y la utilización de los Parlamentos cautivos para forzar leyes favorables al empresariado), el ataque al poder sindical (con campañas de desprestigio y chantajes para asegurar su docilidad), y la renuncia a fortalecer el sector público de la economía, junto con la limitación de la actuación del Estado en su papel de garante de los derechos mínimos (sin que, al mismo tiempo, los sectores empresariales renuncien al cobro de subvenciones millonarias a cargo del ciudadano), añadido al control de unos medios de comunicación que se han convertido en meros altavoces de empresarios y banqueros, explican el retroceso del Estado del bienestar en Europa y el aumento del sufrimiento social entre grandes segmentos de la población, sobre todo entre los trabajadores más pobres y precarios, y entre los pensionistas y desempleados.
No sucede sólo en Europa. En Estados Unidos, también se están reduciendo los salarios de los trabajadores, y la banca de inversión protagonizó una operación de robo a sus clientes, con la complicidad de las agencias de calificación. En la Unión Europea, el trasvase de recursos públicos hacia el sector empresarial, el endeudamiento de los Estados para salvar a los bancos, y la incautación de una parte de los recursos de la población por la vía de los recortes salariales y de las pensiones, del aumento de precios e impuestos, y del desmantelamiento de una parte del Estado del bienestar, han puesto de manifiesto la voracidad de los responsables de la crisis capitalista, junto con los partidos conservadores, y la impotencia y docilidad de la socialdemocracia.
En España, en treinta años se ha pasado de un porcentaje de desempleo que no llegaba al 5 por ciento, a superar el 20 por ciento. Los gobiernos socialistas, con González, pese al impulso de algunos programas sociales, pusieron las bases para aumentar la temporalidad y, tras ella, la precariedad del trabajo, iniciando la desarticulación de la clase obrera y, más allá, la fragmentación social y la corrupción.
Después, aumentaron los empleos con cada vez más bajos salarios y, además, temporales. Mientras tanto, creció la burbuja inmobiliaria, aumentó la corrupción, y las subvenciones a los empresarios (por distintas vías, y en todos los estratos del poder, desde el gobierno central hasta las autonomías y los ayuntamientos) pasaron a ser uno de los factores sistémicos del capitalismo español, en buena parte parasitario.
Para agravar las cosas, muchos economistas admiten que, si se produce una recuperación, no irá de la mano de un aumento de los salarios, ni de la seguridad en el empleo. En el colmo de la burla y la desfachatez, los empresarios, protagonistas de esa destrucción de puestos de trabajo, reclaman que el gobierno imponga nuevas reformas laborales y nuevos sacrificios a los trabajadores… porque les duele la situación de tantos millones de parados.
La evidencia de que los distintos gobiernos, en Europa y Estados Unidos, han salvado a las entidades financieras de sus propios excesos y pérdidas, mientras han permitido que los banqueros y financieros siguiesen manteniendo sueldos multimillonarios, ha puesto en la picota al propio sistema capitalista.
El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, admitió que los gobiernos, en Europa y Estados Unidos, habían movilizado el 27 % del PIB (¡unos siete billones de dólares!) “para evitar el colapso del sistema financiero”, al tiempo que reconocía que los ciudadanos no aceptarían que los gobiernos acudieran a salvar de nuevo a la banca privada.
Es obvio que ese “rescate” de los bancos ha sido posible haciendo pagar a los ciudadanos la factura, con el aumento de la deuda pública, con nuevos impuestos, reducciones salariales y de pensiones, y recorte de prestaciones y derechos sociales, a través de “programas de austeridad” impuestos por la Unión Europea y el FMI o impulsados por los propios gobiernos.
Sin exagerar: el capitalismo real, el sistema que gobierna Europa, Estados Unidos, y buena parte del mundo, es un aglomerado de estafadores y corruptos, de cómplices de la economía criminal que ha puesto al mundo en una situación límite.
La economía capitalista está en manos de especuladores, ladrones, financieros corruptos, banqueros sin escrúpulos y empresarios deshonestos. La propia democracia ha sido vaciada de contenido, los Parlamentos se han convertido en un escenario de opereta, y los gobiernos apenas pueden enfrentar las decisiones de quienes manejan los mercados, y las conquistas sociales que fueron recogidas en muchas Constituciones después de la Segunda Guerra Mundial están en serio peligro.
La política, entendida como la actividad de unos tipos que poco tienen que ver con las preocupaciones de la gente común, no interesa a los ciudadanos. En cambio, la política, entendida como el gobierno de las cosas comunes, preocupa a millones de personas.
Y las democracias liberales ahogan las posibilidades de cambio, limitan la expresión de la voluntad popular, ahogan la libertad y la democracia. La gran paradoja de que, mientras se reclama el derecho al sufragio en el norte de África y en el mundo árabe, los ciudadanos europeos se den cuenta de que votar no sirve para nada, sorprende menos cuando se constata en Europa la inutilidad de elecciones, gobiernos y Parlamentos para aplicar los principios democráticos aceptando los deseos de la mayoría, porque las entidades financieras y los empresarios controlan a los políticos y a los medios informativos.
En otra paradoja, los socialdemócratas siguen recibiendo el apoyo de millones de ciudadanos, en unas redes de adhesión que, muchas veces, se encuentran en los orígenes familiares y en las tradiciones de la izquierda europea, y en la momentánea incapacidad de la izquierda (sobre todo, de los comunistas) para levantar un bloque opositor.
Pero la desafección aumenta y casi la mitad de la población se abstiene en los procesos electorales. El Parlamento ha dejado de ser, en buena parte, el lugar de la discusión y del combate político para convertirse en un escenario teatral, donde la gran mayoría de los diputados está dispuesta a votar leyes antipopulares siempre que se mantengan sus propios privilegios, sus elevados sueldos y dietas, su escaso trabajo.
Sin embargo, aunque hay que exigir el fin de los privilegios de los políticos, no debe equivocarse el contrincante, porque son los grandes empresarios, los banqueros, los financieros y especuladores, los verdaderos responsables de una política criminal que ha supuesto, sólo en España, que trescientas mil familias se hayan quedado sin sus casas en los últimos cuatro años.
Como ha hecho en otras ocasiones, ahora la socialdemocracia se prepara para resistir en la oposición, recurriendo de nuevo al más viejo oportunismo político elaborando programas que no aplicaron cuando podían hacerlo, preparando el terreno para volver a los gobiernos, si la población olvida.
En Gran Bretaña, después del fiasco de los años de Blair y de la breve etapa de Gordon Brown, Ed Miliband plantea un suave giro hacia la izquierda, al igual que en España Pérez Rubalcaba lanza algunas propuestas levemente progresistas, e incluso se permite criticar a la banca privada y a los paraísos fiscales, sin mayores consecuencias, y pedir que la banca dedique una parte de sus beneficios a la creación de empleo.
Todo, para intentar eludir la catástrofe electoral. Es cierto que, en Francia, el Partido Socialista propone para las elecciones presidenciales de 2012 un programa que consiste en la creación de una banca pública, en hacer pagar más a las grandes empresas y grandes fortunas del país, a través de una reforma fiscal, y en un compromiso de creación de empleo sobre todo para los jóvenes.
No suena mal, pero la socialdemocracia no ha dudado nunca en presentar programas con un cierto atractivo cuando quiere recuperar el poder… y los ha olvidado en el momento de gobernar.
La socialdemocracia, que no ha tenido que soportar las feroces campañas de descrédito que han acosado a los comunistas, ni ha debido gestionar la demoledora evidencia del colapso de la URSS, está en una situación de crisis abierta.
Un reciente artículo del presidente de la Internacional Socialista, George Papandreu, firmado junto con el presidente guineano, Alpha Condé, el presidente iraquí, Jalal Talabani, y el ex presidente chileno Ricardo Lagos, se vanagloriaba del papel actual de la socialdemocracia en países como Ghana (con el gobierno de John Atta Mills), Guinea, o Níger (cuyo presidente, Mahmadou Issoufou, es, a su vez, vicepresidente de la Internacional Socialista). Papandreu (cuyo papel en Grecia se limita a imponer por la fuerza a los trabajadores los programas de austeridad decididos por la Unión Europea y el FMI) y sus compañeros insistían en la necesidad de la socialdemocracia para asegurar el crecimiento y crear puestos de trabajo, así como para definir propuestas que graven las transacciones financieras y para avanzar hacia una economía mundial más justa donde impere la solidaridad con los más desfavorecidos. Pero la realidad es muy distinta.
La socialdemocracia histórica ha muerto, y casi todos sus partidos han experimentado una mutación ideológica, porque sus propuestas conservadoras no son consecuencia de la crisis económica que estalló en 2007, ni de su impotencia actual ante banqueros, empresarios y especuladores: venían de antes.
En general, las filas de la Internacional Socialista son hoy un vivero de socialdemócratas derrotados y neoliberales que mantienen un vago discurso “progresista” que apenas se concreta después en los actos de gobierno, y que están muy alejados de las preocupaciones de la gente común.
Se han convertido en un sindicato de intereses, en una agrupación clientelista que asegura puestos políticos con magníficos sueldos, negocios e influencias, que coloniza sectores de la administración pública y despilfarra los recursos del Estado: con todas las excepciones de rigor (que cada vez son menos) los socialdemócratas se han transformado en unos perfectos profesionales de la política que buscan su exclusivo interés.
Y, ante las evidencias del pillaje capitalista, la socialdemocracia ha quedado reducida a ser el rostro benigno del sistema, una desolada impotencia o un cómplice necesario, un ruin sindicato oportunista que quiere salvar sus privilegios o un círculo partícipe de la sangría. Si la Internacional Socialista recordase sus orígenes, podríamos preguntarle: ¿Tu vida (socialdemócrata) se parece a un fracaso? Fuente: El viejo topo, septiembre 2011, edición impresa
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TOXO (CC.OO.): "LA SITUACIÓN DEL PARO TIENE TINTES DRAMÁTICOS
Published On: Sab, sep 3rd, 2011 Capital - Trabajo | By larepublica.es
Toxo: “la situación del paro tiene tintes dramáticos”
El secretario general de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, ha señalado que, aunque la subida del paro en agosto ha sido menor que en el mismo mes de 2010, no disimula los efectos de una situación “que tiene tintes dramáticos”.
Toxo ha reconocido que ha sido un año “excepcional” en el ámbito turístico, pero ha subrayado que la contratación, tanto en el sector servicios como en la industria, ha caído. Además, ha destacado que las cifras del mes de agosto han vuelto a desvelar un “reforzamiento” de la contratación temporal.
“El trabajo estable ha descendido de forma dramática, lo significa que se está empezando a poner de manifiesto, y con claridad, lo negativa que fue la reforma laboral”, ha asegurado el líder sindical, quien se ha preguntado cuánto tardará el Ejecutivo en reconocer lo “desafortunada” que fue la reforma.
Para Toxo, la situación se va a ver “amplificada” por la suspensión de la regla de encadenamiento de contratos temporales que ha realizado recientemente el Gobierno. “La suspensión de esta norma, que fue la reforma estrella de 2006, va a provocar una aceleración de la sustitución del empleo estable por el temporal”, ha explicado.
Según el secretario general de CC.OO., España se encuentra en una situación en la que prima el ajuste, lo que supone un retraso para la recuperación económica y un incremento del paro.
Toxo ha asegurado que es “muy fácil” que este año España supere la “dramática” barrera de los cinco millones de parados, por lo que ha pedido a la sociedad una reacción “inmediata”.
El líder sindical considera que es el momento “adecuado” de que el Gobierno tome en consideración una carta que le enviaron CC.OO. y UGT de forma conjunta hace unos meses en la que proponían al Ejecutivo un paquete de propuestas laborales para hacer frente al desempleo.
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Toxo: “la situación del paro tiene tintes dramáticos”
El secretario general de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, ha señalado que, aunque la subida del paro en agosto ha sido menor que en el mismo mes de 2010, no disimula los efectos de una situación “que tiene tintes dramáticos”.
Toxo ha reconocido que ha sido un año “excepcional” en el ámbito turístico, pero ha subrayado que la contratación, tanto en el sector servicios como en la industria, ha caído. Además, ha destacado que las cifras del mes de agosto han vuelto a desvelar un “reforzamiento” de la contratación temporal.
“El trabajo estable ha descendido de forma dramática, lo significa que se está empezando a poner de manifiesto, y con claridad, lo negativa que fue la reforma laboral”, ha asegurado el líder sindical, quien se ha preguntado cuánto tardará el Ejecutivo en reconocer lo “desafortunada” que fue la reforma.
Para Toxo, la situación se va a ver “amplificada” por la suspensión de la regla de encadenamiento de contratos temporales que ha realizado recientemente el Gobierno. “La suspensión de esta norma, que fue la reforma estrella de 2006, va a provocar una aceleración de la sustitución del empleo estable por el temporal”, ha explicado.
Según el secretario general de CC.OO., España se encuentra en una situación en la que prima el ajuste, lo que supone un retraso para la recuperación económica y un incremento del paro.
Toxo ha asegurado que es “muy fácil” que este año España supere la “dramática” barrera de los cinco millones de parados, por lo que ha pedido a la sociedad una reacción “inmediata”.
El líder sindical considera que es el momento “adecuado” de que el Gobierno tome en consideración una carta que le enviaron CC.OO. y UGT de forma conjunta hace unos meses en la que proponían al Ejecutivo un paquete de propuestas laborales para hacer frente al desempleo.
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"ZAPATERO: EL ÚLTIMO SALTO MORTAL DE UN ZASCANDIL POSTMODERNO"
Zapatero: el último salto mortal de un zascandil postmoderno
Antoni Domènech · G. Buster · · · ·
29/08/11
Ha sido de ver y no creer: al candidato socialista Rubalcaba se le ha quedado, cosa rarísima, cara de tonto. La inopinada decisión del presidente socialista Zapatero de proceder a una "reforma constitucional" para fijar un tope al déficit público pilló a casi todo el mundo por sorpresa. No al conservador Rajoy, que además de previamente avisado por el jefe del gobierno, conocía la existencia de una carta del presidente del BCE, Trichet. En la carta, Trichet, con la inestimable colaboración del gobernador del Banco de España, del exministro de economía Solbes –muy activo últimamente— y aun de la actual ministra, Elena Salgado, exigía a Zapatero ésta y otras medidas (como el fin de la "ultraactividad" en la negociación colectiva, o la prórroga prácticamente indefinida en los plazos de los contratos laborales temporales) a trueque de la compra masiva de deuda soberana española e italiana en los mercados financieros secundarios. En el debate parlamentario, además de recordar que esa iniciativa la propusieron los conservadores del PP hace un año frente a la displicente oposición del entonces ministro Rubalcaba, Rajoy logró, con redoblado recochineo, poner en aprietos a Zapatero: ¿Había o no había carta de Trichet de por medio? No hubo respuesta…
La iniciativa de reforma constitucional no podía ser más inoportuna. Primero, porque los "mercados" hace semanas que han comprendido ya que las amenazas más importantes para la eurozona vienen precisamente de las políticas procíclicas de austeridad aplicadas por la elite política europea. Segundo, porque casi todo el mundo –¡hasta los editorialistas de El País!— ha comprendido ya que el verdadero problema de la eurozona es su pésimo diseño institucional –singularmente, la inexistencia de una autoridad fiscal—, no la deuda pública de los PIIGS. Y tercero, porque cualquier posibilidad electoral del centro, del centroizquierda y de la izquierda en España pasa por librarse del suicida corsé de austeridad fiscal procíclica impuesto por la incompetente troika dirigente (BCE, FMI, Comisión Europea) al conjunto de la UE y por insistir políticamente, en cambio, en la perentoria necesidad de un rediseño radical de la arquitectura institucional del continente.
El contenido de la "reforma constitucional" propuesta por procedimiento de sumarísima urgencia es acaso lo de menos: por técnicamente impertinente, es seguramente irrelevante. Los plazos manejados para su entrada en vigor (2018-2020) hacen de esa reforma incluso algo ridículo: con la que está cayendo y la que va a caer, ¿quién quita que no caiga antes la Unión Europea? Pero su dimensión simbólica es demoledora: luego de suicidarse políticamente el 10 de mayo de 2010, Zapatero parece dispuesto a hundir también cualquier perspectiva de mínima recuperación electoral del PSOE y del candidato Rubalcaba, viejo zorro ahora atrapado en cepo.
¿Piensa el zombie político Zapatero más en su futuro personal que en ninguna otra cosa, y desde luego más que en el futuro político de su propio partido? Lo cierto es que España es un país con grandes posibilidades para los políticos retirados. Las puertas giratorias entre el mundo de la política y el de los negocios son aquí anchas, veloces y venturosas. No hace falta hablar de los expresidentes González (grupo Slim) y Aznar (grupo Murdoch). Josu Jon Imaz es ahora presidente de Petronor. El exministro de agricultura Luis Atienza, presidente de la Red Eléctrica Española. El exministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué, presidente de la aerolínea Vueling. El exministro de economía de Zapatero Pedro Solbes, en Enel, propietaria de Endesa, y en el banco británico Barclay. El exministro de economía Carlos Solchaga, presidente de la Fundación Euroaméricas. El exministro de sanidad Julián García Vargas es ahora un hombre estrechamente vinculado a la Big Pharma. Rafael Domènech, antiguo subdirector de la Oficina Económica de Moncloa con Zapatero, es ahora economista jefe del BBVA para el área de España y Europa. Y por terminar en algún sitio: David Taguas pasó sin mediaciones de dirigir la Oficina Económica del presidente Zapatero y de ser miembro de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos del Gobierno a presidente de SEOPAN, el lobby más importante la patronal inmobiliaria (la que alentó la burbuja que ha terminad por hundir a la economía española).
Zapatero era en 2002 un insignificante diputado de provincias, tan disciplinado como mudo parlamentariamente durante años, cuando contra todo pronóstico llegó a hacerse con la secretaria general de un PSOE todavía destrozado por los escándalos de corrupción y terrorismo de Estado del final del felipismo social-liberal. Cuando, también contra todo pronóstico, llegó en 2004 a la presidencia del gobierno del Reino de España, lo que los mortales comunes podían conocer del ideario político de Zapatero se reducía prácticamente a esta asombrosa profesión de fe relativista postmoderna, digna de Forrest Gamp:
"Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica (…) Si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas". [Prólogo a Jordi Sevilla: De nuevo, socialismo, Barcelona, editorial Crítica, 2002]
El autor del libro prologado, el economista Jordi Sevilla, es quien, como se recordará, tenía que enseñarle al candidato Zapatero "economía en dos tardes". De economía sigue sin haber aprendido una palabra. Tal vez haya aprendido, sí, a hacer negocios personales. Tan o más relevante que eso parece, empero, su curriculum de frívolo zascandil invertebrado, complacientemente dispuesto a dejarse agitar por los vientos sociales y políticos de la hora. Ganó sus primeras elecciones aupado por la hora del notable movimiento social generado en España por la oposición al "trío de las Azores" y de la mano, entre otros, de unos sindicatos obreros que habían mostrado una creciente oposición a la política del Gobierno Aznar. En su primer mandato, Zapatero se presentó como un demócrata radical, dispuesto a ampliar derechos en todas las direcciones imaginables: derechos sociales, derechos nacionales, derechos civiles; incluso sugirió un compromiso con una ley electoral más democrática, menos discriminatoria con la izquierda. En su segundo mandato, y arrastrado por la feroz ofensiva contrarreformadora que ha seguido al desplome del capitalismo financiarizado en septiembre de 2008, hemos asistido a una progresiva y sistemática embestida contra todos esos derechos, y en general, contra el sentido común de la izquierda y del centroizquierda social. La guinda la ha puesto ahora, con la propuesta de nada menos que "reforma constitucional" que pretende aprobar por procedimiento parlamentario de urgencia, evitando –con la refocilada complicidad del PP— su ratificación popular en referéndum.
En los próximos días sabremos si el grueso de su partido, el PSOE, se resigna agónicamente a un descalabro electoral sin precedentes el próximo 20 de noviembre, o si hay en ese partido todavía voces mínimamente acordes con el sentir de la izquierda social, señaladamente, los sindicatos obreros y el Movimiento del 15 M.
Antoni Domènech es el editor general de SinPermiso. Gustavo Búster es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.
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Antoni Domènech · G. Buster · · · ·
29/08/11
Ha sido de ver y no creer: al candidato socialista Rubalcaba se le ha quedado, cosa rarísima, cara de tonto. La inopinada decisión del presidente socialista Zapatero de proceder a una "reforma constitucional" para fijar un tope al déficit público pilló a casi todo el mundo por sorpresa. No al conservador Rajoy, que además de previamente avisado por el jefe del gobierno, conocía la existencia de una carta del presidente del BCE, Trichet. En la carta, Trichet, con la inestimable colaboración del gobernador del Banco de España, del exministro de economía Solbes –muy activo últimamente— y aun de la actual ministra, Elena Salgado, exigía a Zapatero ésta y otras medidas (como el fin de la "ultraactividad" en la negociación colectiva, o la prórroga prácticamente indefinida en los plazos de los contratos laborales temporales) a trueque de la compra masiva de deuda soberana española e italiana en los mercados financieros secundarios. En el debate parlamentario, además de recordar que esa iniciativa la propusieron los conservadores del PP hace un año frente a la displicente oposición del entonces ministro Rubalcaba, Rajoy logró, con redoblado recochineo, poner en aprietos a Zapatero: ¿Había o no había carta de Trichet de por medio? No hubo respuesta…
La iniciativa de reforma constitucional no podía ser más inoportuna. Primero, porque los "mercados" hace semanas que han comprendido ya que las amenazas más importantes para la eurozona vienen precisamente de las políticas procíclicas de austeridad aplicadas por la elite política europea. Segundo, porque casi todo el mundo –¡hasta los editorialistas de El País!— ha comprendido ya que el verdadero problema de la eurozona es su pésimo diseño institucional –singularmente, la inexistencia de una autoridad fiscal—, no la deuda pública de los PIIGS. Y tercero, porque cualquier posibilidad electoral del centro, del centroizquierda y de la izquierda en España pasa por librarse del suicida corsé de austeridad fiscal procíclica impuesto por la incompetente troika dirigente (BCE, FMI, Comisión Europea) al conjunto de la UE y por insistir políticamente, en cambio, en la perentoria necesidad de un rediseño radical de la arquitectura institucional del continente.
El contenido de la "reforma constitucional" propuesta por procedimiento de sumarísima urgencia es acaso lo de menos: por técnicamente impertinente, es seguramente irrelevante. Los plazos manejados para su entrada en vigor (2018-2020) hacen de esa reforma incluso algo ridículo: con la que está cayendo y la que va a caer, ¿quién quita que no caiga antes la Unión Europea? Pero su dimensión simbólica es demoledora: luego de suicidarse políticamente el 10 de mayo de 2010, Zapatero parece dispuesto a hundir también cualquier perspectiva de mínima recuperación electoral del PSOE y del candidato Rubalcaba, viejo zorro ahora atrapado en cepo.
¿Piensa el zombie político Zapatero más en su futuro personal que en ninguna otra cosa, y desde luego más que en el futuro político de su propio partido? Lo cierto es que España es un país con grandes posibilidades para los políticos retirados. Las puertas giratorias entre el mundo de la política y el de los negocios son aquí anchas, veloces y venturosas. No hace falta hablar de los expresidentes González (grupo Slim) y Aznar (grupo Murdoch). Josu Jon Imaz es ahora presidente de Petronor. El exministro de agricultura Luis Atienza, presidente de la Red Eléctrica Española. El exministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué, presidente de la aerolínea Vueling. El exministro de economía de Zapatero Pedro Solbes, en Enel, propietaria de Endesa, y en el banco británico Barclay. El exministro de economía Carlos Solchaga, presidente de la Fundación Euroaméricas. El exministro de sanidad Julián García Vargas es ahora un hombre estrechamente vinculado a la Big Pharma. Rafael Domènech, antiguo subdirector de la Oficina Económica de Moncloa con Zapatero, es ahora economista jefe del BBVA para el área de España y Europa. Y por terminar en algún sitio: David Taguas pasó sin mediaciones de dirigir la Oficina Económica del presidente Zapatero y de ser miembro de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos del Gobierno a presidente de SEOPAN, el lobby más importante la patronal inmobiliaria (la que alentó la burbuja que ha terminad por hundir a la economía española).
Zapatero era en 2002 un insignificante diputado de provincias, tan disciplinado como mudo parlamentariamente durante años, cuando contra todo pronóstico llegó a hacerse con la secretaria general de un PSOE todavía destrozado por los escándalos de corrupción y terrorismo de Estado del final del felipismo social-liberal. Cuando, también contra todo pronóstico, llegó en 2004 a la presidencia del gobierno del Reino de España, lo que los mortales comunes podían conocer del ideario político de Zapatero se reducía prácticamente a esta asombrosa profesión de fe relativista postmoderna, digna de Forrest Gamp:
"Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica (…) Si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas". [Prólogo a Jordi Sevilla: De nuevo, socialismo, Barcelona, editorial Crítica, 2002]
El autor del libro prologado, el economista Jordi Sevilla, es quien, como se recordará, tenía que enseñarle al candidato Zapatero "economía en dos tardes". De economía sigue sin haber aprendido una palabra. Tal vez haya aprendido, sí, a hacer negocios personales. Tan o más relevante que eso parece, empero, su curriculum de frívolo zascandil invertebrado, complacientemente dispuesto a dejarse agitar por los vientos sociales y políticos de la hora. Ganó sus primeras elecciones aupado por la hora del notable movimiento social generado en España por la oposición al "trío de las Azores" y de la mano, entre otros, de unos sindicatos obreros que habían mostrado una creciente oposición a la política del Gobierno Aznar. En su primer mandato, Zapatero se presentó como un demócrata radical, dispuesto a ampliar derechos en todas las direcciones imaginables: derechos sociales, derechos nacionales, derechos civiles; incluso sugirió un compromiso con una ley electoral más democrática, menos discriminatoria con la izquierda. En su segundo mandato, y arrastrado por la feroz ofensiva contrarreformadora que ha seguido al desplome del capitalismo financiarizado en septiembre de 2008, hemos asistido a una progresiva y sistemática embestida contra todos esos derechos, y en general, contra el sentido común de la izquierda y del centroizquierda social. La guinda la ha puesto ahora, con la propuesta de nada menos que "reforma constitucional" que pretende aprobar por procedimiento parlamentario de urgencia, evitando –con la refocilada complicidad del PP— su ratificación popular en referéndum.
En los próximos días sabremos si el grueso de su partido, el PSOE, se resigna agónicamente a un descalabro electoral sin precedentes el próximo 20 de noviembre, o si hay en ese partido todavía voces mínimamente acordes con el sentir de la izquierda social, señaladamente, los sindicatos obreros y el Movimiento del 15 M.
Antoni Domènech es el editor general de SinPermiso. Gustavo Búster es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.
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viernes, 2 de septiembre de 2011
LA "CAVERNA MEDIÁTICA" CONTINÚA CON SU BURDA CAMPAÑA ANTISINDICAL
La 'caverna mediática' continúa con su burda campaña antisindical
Burda e indignante es la portada con la que el diario La Gaceta salió este jueves 1 de septiembre. Para Comisiones Obreras la explicación no es otra que el intento de “arrinconar y silenciar” la labor de las centrales sindicales al calor de la extrema derecha.
nuevatribuna.es | Actualizado 02 Septiembre 2011 - 11:51 h.
Ignacio Fernández Toxo. Ampliamente publicitado la noche del miércoles por el presentador de la tertulia ‘El gato al agua’ de Intereconomía, el tema con el que La Gaceta abrió su edición de este jueves es a la par burda e indignante. El diario dirigido por Carlos Dávila da rienda suelta a la manipulación informativa en un intento por poner en la diana al secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, entrometiéndose en su vida privada y criticándole abiertamente por sus vacaciones.
No es la primera vez que lo hace. Hace justo un año también arremetió contra el líder sindical por el crucero que realizó con su esposa. El diario aporta fotos y datos, más bien estimaciones y cálculos propios de lo que se ha podido gastar y titula sin empacho a toda página con un “Toxo preparó las protestas del día 6 en un hotel de lujo de Madeira”.
El lujo del que hablan son 80 euros por persona y noche según sus propios datos para una noticia ‘cocinada’ expresamente para minar la figura del líder de CCOO, que aparece en una imagen en la que se le ve posando, conseguida –entendemos- con un burdo engaño. El diario no ahorra descalificativos e insultos. A 'el rocoso, es decir, líder sindical Toxo’ o ‘Toxo y su inútil central’, con el que se ensaña Dávila en portada le sigue un editorial que no tiene desperdicio, en el que se califica a los sindicatos de “parásitos” y “garrapatas de la sociedad”, todo ello aliñado con una viñeta.
En fin, lejos de que querer entrar la trapo de estos insultos (con esta portada, el diario se define por sí mismo), CCOO mantiene la prudencia no si antes explicar las razones que, a juicio del sindicato, explican tanto despropósito.
En declaraciones a nuevatribuna.es, el secretario de comunicación y portavoz, Fernando Lezcano, considera que “más allá de que en el plano íntimo y personal sea profundamente indignante, en el uso de la racionalidad política solo tiene una interpretación, que es una campaña de acoso y derribo de todo aquello que se opone a la marea neoliberal, en este caso más promovida desde la derecha ultramontana que se ceba en el principal responsable de la organización, tergiversando y manipulando abiertamente algunos datos solo con la finalidad de intentar arrinconarnos e intentar silenciarnos”.
El objetivo –insiste- es “intentar arrumbar a los sindicatos para que la derecha más ultramontana tenga el camino expedito”, y advierte de que “si alguien se cree que Fernández Toxo, como persona y como secretario general, va a ver mermada su capacidad de liderazgo por una campaña tan burda como esta, y si alguien se cree que una campaña de esta naturaleza pueda presuponer que CCOO pueda dejar de hacer lo que tiene que hacer está muy equivocado”.
El portavoz de CCOO espera que la sociedad tenga los suficientes elementos de juicio “para no dejarse llevar por esa especie de mercadeo casi sanguinario que hay en muchos medios de comunicación al calor de la vida de las personas”.
Preguntado sobre si este tipo de informaciones podrían estar alentadas por el PP, Lezcano se desmarca asegurando que el citado medio “no necesita que nadie le aliente, porque uno de los argumentos más radicalizados de la derecha es que no necesitan cauces estrictamente políticos”. En este sentido, recuerda que las influencias pueden venir desde muchos ámbitos y que pueden incluso “radicalizar” a un PP, cuyo líder, Mariano Rajoy, se empeña por aparecer como dialogante o moderado y “no sé si van a dejar que haga gala de esas cualidades voceros como estos”, afirma.
En todo caso, el sindicato no considera que tenga que dedicarle más tiempo a este tipo de cuestiones porque “es darles un espacio de nuestro tiempo que no merecen”, explica, para terminar aludiendo al refranero español con aquello de ‘no hay mayor desprecio que no hacer aprecio’.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
JORNADA INTENSA DE SUMA DE COLECTIVOS A LAS MANIFESTACIONES CONVOCADAS POR CC.OO. Y UGT
Jornada intensa de suma de colectivos a las manifestaciones convocadas por CCOO y UGT
Numerosos colectivos de todo el ámbito nacional han manifestado hoy su interés en participar en las manifestaciones previstas para el 31, el 1 en toda España y el 6 de septiembre en Madrid. Más de 127.000 firmas en Actuable
España | Rubén G. Herrera - Tercera Información | 31-08-2011 |
La situación contra la política española vuelve a estar en el punto de tensión de la Huelga General del año pasado, aunque sin propuestas para convocar un nuevo parón laboral.
De manera progresiva, los colectivos que han ido agregándose a la primera lista oficial, la cual aparecía en casi todos los medios de comunicación. Estos colectivos no son una lista cerrada y sería difícil nombrarlos a todos. A la redacción de Tercera Información han llegado los siguientes:
IU, CGT, CNT, Asamblea de Vallekas por la Huelga General, Ateneo Popular de Solidaridad entre Pueblos, Coordinadora Antifascista de Madrid, CJC, Iniciativa Comunista, IzCa, PCPE, Red Roja, SAS, Asociación Estudiantil MAE, Juventud Comunista en Cantabria (UJCE), Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Consumidores en Acción (FACUA), Colectivo GIRASOL (Federación de Asociaciones LGTB del Sur), Proyecto EQUO, NOS, Asociación Andaluza LGTB, IU-Verdes Murcia, Foro Social de Murcia, y por supuesto, diferentes divisiones del movimiento 15M, democraciarealya o simplemente la ciudadanía, entre quienes ya se cuentan la friolera cifra de más de 127.000 firmas en Internet a favor de un referéndum o en contra de la reforma constitucional propuesta por PP y PSOE.
Durante toda la jornada, Tercera Información estará aunando la lista los nuevos adheridos.
Recordamos a continuación las propuestas compartidas:
Convocar concentraciones y manifestaciones los días 31 de agosto y 1 de septiembre en las distintas localidades del Estado español
Apoyar la participación en las demás concentraciones y movilizaciones que se convoquen estos días contra la reforma de la Constitución y por la convocatoria de un referéndum
Apoyar iniciativas de diferente naturaleza, en particular la recogida electrónica de firmas
Culminar con una manifestación en Madrid el próximo martes, 6 de septiembre a las 19:00 entre Cibeles y Sol.
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