
TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN
La verdadera iglesia de los pobres
El papa Francisco dijo, el sábado 16 de marzo, querer "una iglesia pobre, para los pobres". El primer papa latinoamericano, Francisco, parece querer distinguirse de las ideas y prácticas de su predecesor, refiriéndose a San Francisco de Asís y poniendo la pobreza en el centro de su pontificado. Por ser también de origen sudamericano, ¿está cercano a la teología de la liberación? Nos permitimos dudarlo.
Lo que se designa habitualmente por teología de la liberación –un corpus de textos producidos desde 1971 por figuras como Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Frei Betto, Leonardo Boff, Pablo Richard, Enrique Dussel, Jon Sobrino, Ignacio Ellacuría, por no citar más que los más conocidos– no es sino la expresión intelectual y espiritual de un amplio movimiento social, nacido al menos una decena de años antes, que se manifiesta a través de una tupida red de pastorales populares (de la tierra, obrera, urbana, indígena, de la mujer), de comunidades eclesiales de base, de grupos de barrio, de comisiones justicia y paz, de formaciones de Acción Católica, que han asumido de forma activa la opción preferencial por los pobres.
No bajo la forma tradicional de la caridad, sino como solidaridad concreta con la lucha de los pobres por su liberación. Sin la práctica de este movimiento social –que se podría llamar cristianismo de la liberación–, no se pueden comprender fenómenos sociopolíticos tan importantes en la historia reciente de América Latina como el ascenso de la revolución en América Central –Nicaragua, El Salvador–, la emergencia de un nuevo movimiento obrero y campesino en Brasil, o el levantamiento zapatista de Chiapas.
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