 Son muchas veces las que me pregunto por aquellos
“demócratas de toda la vida”, que permanecieron ocultos bajo la capa sangrienta
del dictador, que aplaudían sus acciones y arropaban en los balcones del Palacio
de Oriente o coreaban ¡Franco, Franco, Franco! Con entusiasmo en esa misma plaza
de Oriente, apoyándole tras cada uno de los asesinatos del dictador. Esos
demócratas que permanecieron en ¿vergonzante silencio? Ante cada uno de
sentencias de muerte o asesinatos en comisarías, o encarcelamientos de
ciudadanos que se atrevían a pensar… Muchas veces me lo he preguntado, ¿fue
vergonzante silencio o criminal complicidad?
La dictadura fue
tan larga como sangrienta y cruel, pero esos capullos de la “democracia de toda
la vida” permanecieron ocultos o visibles, floreciendo en la dictadura con su
apoyo explícito al genocida, para luego cerrarse y volverse a abrir como
capullos “demócratas de toda la vida”. Las espinas del rosal eran las mismas,
los capullos los mismos, todos con los pétalos llenos de sangre cómplice, ya
fuese por sus silencios cobardes o por sus apoyos evidentes.
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