Françoise Houtart: “El peligro en Cuba es la creación de una burguesía nacional”
28 febrero, 2012 | Filed underPortada | Posted by larepublica.es Guillermo Nova | La República | La Habana
François Houtart es un sacerdote católico y sociólogo marxista belga, fundador del Centro Tricontinental, referente de las luchas altermundialistas es conocido como el Papa antiglobalización, prefiere lo humano a lo divino, siempre con el alma en la tierra.
Algunos gobiernos progresistas de América Latina miran hacia países como China y Vietnam ¿que pueden sacar de esas experiencias?
Yo pienso que el desarrollo de China y Vietnam ha sido claramente impresionante, pero que adoptan finalmente la lógica del sistema capitalista para desarrollar las fuerzas productivas con las mismas consecuencias que en los países capitalistas, es decir destrucción del medio ambiente y también la construcción de desigualdades sociales, en este sentido tengo inquietudes de cómo se desarrollan las fuerzas productivas.
¿A qué desafíos se enfrenta la región?
Todo esto plantea un nuevo desafío para el pensamiento socialista y marxista en particular que es cómo definir el desarrollo de fuerzas productivas sin adoptar la lógica del sistema capitalista y eso me parece un desafío muy fuerte para los países latinoamericanos.
¿Las reformas económicas que se están produciendo en Cuba hacia donde pueden desarrollar las fuerzas productivas?
Aquí hay una preocupación muy grande sobre este problema para no caer en un retorno al capitalismo, las reformas emprendidas no sé si van a tener éxito o no eso lo dirá el futuro pero me parece que hay más consciencia en ese sentido que en otros países socialistas desde un punto de vista de las relaciones con la naturaleza y también de la construcción de nuevas relaciones de producción, pero yo creo que en Cuba era necesario agilizar las relaciones económicas controladas y no significan por ello el retorno al capitalismo, pero hay un peligro siempre.
¿Cuál es ese peligro?
Evidentemente el peligro en Cuba es la creación de una burguesía nacional, yo eso lo he visto en Vietnam y no es revolucionaria y pensar que esa clase nueva va a servir para dar un paso hacia el socialismo yo pienso que es una ilusión, porque realmente es un peligro.
El Papa Benedicto XVI va a visitar Cuba, ¿qué lectura hace de esa visita?
La única cosa que se puede sacar es mejorar la imagen de Cuba en el mundo occidental, que eso tal vez puede ser útil, por el resto no pienso que sirva para mucho.
Cada vez los protestante y evangélicos ganan más espacio en América Latina, ¿qué tiene que hacer la Iglesia católica para recuperar el
terreno perdido?
Por el momento estamos en un periodo muy reaccionario de la Iglesia Católica y eso hace que a corto plazo lo tenga difícil, en estos momentos no tiene un futuro real.
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martes, 28 de febrero de 2012
sábado, 29 de octubre de 2011
LA CAIDA DEL MURO DE BERLÍN Y LA AGONÍA DEL ESTADO DEL BIENESTAR
La caída del Muro de Berlín y la agonía del estado de bienestar
Viernes, octubre 21, 2011, 10:00
La caída del Muro de Berlín inició una serie de cambios que con el tiempo provocarían una notoria regresión en el equilibro económico y social de posguerra.
Tras la disolución de la URSS (y aventado el miedo de las burguesías), la víctima siguiente será el estado de bienestar, ya que su nacimiento fue producto de aquel temor, y ahora agoniza porque el enemigo murió. Dos crisis, hermanas pero no gemelas, impactan en la Unión Europea y condensan aquellos cambios estructurales.
La primera fue provocada por la paulatina subordinación de la producción industrial al capital financiero. El ejemplo más claro -dice Joseph Stiglitz, premio Nóbel de Economía- es que en 2008, cuando se desmoronan las hipotecas sub-prime, por cada dólar de valores reales como edificios, autos, campos y fábricas (en suma, el PBI mundial) había en circulación 20 dólares de valores simbólicos como dinero, acciones, préstamos, títulos, bonos, derivados, etc. Esta relación de 20 a 1 muestra la escala del sometimiento.
La segunda es la crisis del endeudamiento público de la mayoría de los países europeos, sobre todo de los menos desarrollados, que desbordó la relación entre compromisos estatales y PBI.
Los gobiernos eludieron con subterfugios las duras restricciones del Tratado de Maastrich (fundador del euro) y ahora la relación deuda-producto y déficit-producto se volvió inmanejable. Y como los países ya no cuentan con sus monedas nacionales no pudieron devaluar para eludir de la tormenta. Otra hubiera sido la canción si España seguía con sus pesetas y Grecia con sus dracmas, pero el euro les ató las manos.
¿Quién estuvo todo el tiempo manejando los hilos? Tanto la primacía de la especulación sobre el PBI como el desmadre de las deudas estatales confluyen para redondear el gran negocio de la banca mundial, convertido, después, en la excusa necesaria para recortar los programas de educación, salud, jubilaciones, etc. “El ajuste es inevitable”, dice Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular español en las próximas elecciones.
La consecuencia es la regresión de las políticas sociales, porque de su recorte salen los fondos con que los gobiernos compensan a los bancos para salir de la crisis… generada por la hegemonía financiera. Los gobiernos recortarán los beneficios que hoy disfrutan los europeos de a pie para compensar a la gran banca por haberlos perjudicado a todos. El capitalismo también tiene su lógica, sólo que no tiene nada que ver con el sentido común ni con la justicia.
Los europeos tendrán que sufrir privaciones para cubrir las pérdidas de los bancos, generadas por las deudas estatales impagas, que son, a su vez, el producto de la escalada especulativa. Los gobiernos de España, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda, Islandia y los países bálticos repondrán a la banca tanto el capital que prestaron como el interés devengado. Y lo pagará el ciudadano.
Aparte de esta exacción colectiva, la mayoría de los bancos privados de todo el mundo lava el dinero negro de la venta de drogas, de la evasión impositiva mundial y del tráfico ilegal de armas, rubros que suman unos 6 billones (millones de millones) de dólares por año. Es el corazón negro del capitalismo. La comisión anual de la banca por este servicio es del 16 por ciento, casi otro billón, limpio de polvo y paja. Esto deja claro quién manda en los Estados Unidos, en Europa y en el mundo.
Veintidós años después de la caída del Muro se advierte que el estado de bienestar sólo fue un escudo de protección contra el avance (real o imaginario) del comunismo, y que el publicitado “capitalismo con rostro humano” de la socialdemocracia tuvo más que ver con el miedo que con el humanismo. Hay una relación directamente proporcional entre la implosión del llamado socialismo real y la caída progresiva del estado de bienestar en la Unión Europea.
La socialdemocracia no ha podido desarrollar políticas independientes, por eso la crisis la ubicó en la misma trinchera que el liberalismo. Las próximas elecciones europeas medirán el repudio popular ante semejante abandono.
En el capitalismo europeo de las últimas décadas las finanzas mandan, la producción obedece y los políticos siguen aportándole dinero público a la banca privada, mientras que en la otra balanza aumentan los desocupados, se congelan los salarios y se desmonta ladrillo a ladrillo la mayoría de los beneficios sociales acumulados durante más de medio siglo. Alemania reducirá el gasto social en 110 mil millones de euros; Francia en 100 mil millones. Otro tanto harán Italia, España, Inglaterra, todos. ¿A dónde irá a parar ese dinero? Naturalmente, a los bancos.
Norberto Colominas
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Viernes, octubre 21, 2011, 10:00
La caída del Muro de Berlín inició una serie de cambios que con el tiempo provocarían una notoria regresión en el equilibro económico y social de posguerra.
Tras la disolución de la URSS (y aventado el miedo de las burguesías), la víctima siguiente será el estado de bienestar, ya que su nacimiento fue producto de aquel temor, y ahora agoniza porque el enemigo murió. Dos crisis, hermanas pero no gemelas, impactan en la Unión Europea y condensan aquellos cambios estructurales.
La primera fue provocada por la paulatina subordinación de la producción industrial al capital financiero. El ejemplo más claro -dice Joseph Stiglitz, premio Nóbel de Economía- es que en 2008, cuando se desmoronan las hipotecas sub-prime, por cada dólar de valores reales como edificios, autos, campos y fábricas (en suma, el PBI mundial) había en circulación 20 dólares de valores simbólicos como dinero, acciones, préstamos, títulos, bonos, derivados, etc. Esta relación de 20 a 1 muestra la escala del sometimiento.
La segunda es la crisis del endeudamiento público de la mayoría de los países europeos, sobre todo de los menos desarrollados, que desbordó la relación entre compromisos estatales y PBI.
Los gobiernos eludieron con subterfugios las duras restricciones del Tratado de Maastrich (fundador del euro) y ahora la relación deuda-producto y déficit-producto se volvió inmanejable. Y como los países ya no cuentan con sus monedas nacionales no pudieron devaluar para eludir de la tormenta. Otra hubiera sido la canción si España seguía con sus pesetas y Grecia con sus dracmas, pero el euro les ató las manos.
¿Quién estuvo todo el tiempo manejando los hilos? Tanto la primacía de la especulación sobre el PBI como el desmadre de las deudas estatales confluyen para redondear el gran negocio de la banca mundial, convertido, después, en la excusa necesaria para recortar los programas de educación, salud, jubilaciones, etc. “El ajuste es inevitable”, dice Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular español en las próximas elecciones.
La consecuencia es la regresión de las políticas sociales, porque de su recorte salen los fondos con que los gobiernos compensan a los bancos para salir de la crisis… generada por la hegemonía financiera. Los gobiernos recortarán los beneficios que hoy disfrutan los europeos de a pie para compensar a la gran banca por haberlos perjudicado a todos. El capitalismo también tiene su lógica, sólo que no tiene nada que ver con el sentido común ni con la justicia.
Los europeos tendrán que sufrir privaciones para cubrir las pérdidas de los bancos, generadas por las deudas estatales impagas, que son, a su vez, el producto de la escalada especulativa. Los gobiernos de España, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda, Islandia y los países bálticos repondrán a la banca tanto el capital que prestaron como el interés devengado. Y lo pagará el ciudadano.
Aparte de esta exacción colectiva, la mayoría de los bancos privados de todo el mundo lava el dinero negro de la venta de drogas, de la evasión impositiva mundial y del tráfico ilegal de armas, rubros que suman unos 6 billones (millones de millones) de dólares por año. Es el corazón negro del capitalismo. La comisión anual de la banca por este servicio es del 16 por ciento, casi otro billón, limpio de polvo y paja. Esto deja claro quién manda en los Estados Unidos, en Europa y en el mundo.
Veintidós años después de la caída del Muro se advierte que el estado de bienestar sólo fue un escudo de protección contra el avance (real o imaginario) del comunismo, y que el publicitado “capitalismo con rostro humano” de la socialdemocracia tuvo más que ver con el miedo que con el humanismo. Hay una relación directamente proporcional entre la implosión del llamado socialismo real y la caída progresiva del estado de bienestar en la Unión Europea.
La socialdemocracia no ha podido desarrollar políticas independientes, por eso la crisis la ubicó en la misma trinchera que el liberalismo. Las próximas elecciones europeas medirán el repudio popular ante semejante abandono.
En el capitalismo europeo de las últimas décadas las finanzas mandan, la producción obedece y los políticos siguen aportándole dinero público a la banca privada, mientras que en la otra balanza aumentan los desocupados, se congelan los salarios y se desmonta ladrillo a ladrillo la mayoría de los beneficios sociales acumulados durante más de medio siglo. Alemania reducirá el gasto social en 110 mil millones de euros; Francia en 100 mil millones. Otro tanto harán Italia, España, Inglaterra, todos. ¿A dónde irá a parar ese dinero? Naturalmente, a los bancos.
Norberto Colominas
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Etiquetas:
Burguesía,
capitalismo,
comunismo,
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