martes, 30 de marzo de 2010

Sobre la escalada subversiva y mediática contra Cuba

Una nueva escalada subversiva, con amplia cobertura mediática, ha sido lanzada contra Cuba

Discurso del ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en el segmento de alto nivel del 13 periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, Ginebra, 3 de marzo del 2010.

Señor Presidente:

Fueron necesarios 60 millones de muertos en la II Guerra Mundial, para desarrollar el concepto de derechos humanos, en particular del derecho a la vida y a la dignidad humana.

Mucho se ha avanzado en el desarrollo conceptual de los derechos humanos y muy poco en garantizar su ejercicio. Hemos convertido el tema en uno de los pilares fundamentales de las Naciones Unidas, junto al desarrollo, la paz y la seguridad internacionales. Sin embargo, es el área en que mayores estragos han hecho la manipulación ideológica, la hipocresía política y el doble rasero de los países industrializados.

Los que se pretenden guardianes de los derechos humanos, e intentan cuestionar a otros, son precisamente los responsables directos de las más graves, sistemáticas y flagrantes violaciones de los derechos humanos, sobre todo del derecho a la vida.




Son los autores del sistema colonial que sirvió para expoliar a los países del Sur y condenarlos al subdesarrollo. Son los responsables del orden económico internacional actual que asesina silenciosamente a decenas de millones de seres humanos, víctimas del hambre, la pobreza y las enfermedades prevenibles y curables. Son los que imponen las modernas guerras de conquista que ocasionan millones de muertos, generalmente civiles, asombrosamente llamados "daños colaterales".

Son también los beneficiarios del pensamiento único, de los modelos exclusivos, de los valores excluyentes, de la guerra mediática, de la construcción de verdades inmanentes, de la subcultura de la publicidad comercial, de la imposición de reflejos condicionados, de la prensa empotrada, mendaz, dócil y embrutecedora que justifica o disimula la matanza.

La manipulación del terrorismo sirvió a Estados Unidos y sus aliados europeos para lanzar las guerras de dominación y conquista de recursos energéticos en Iraq y Afganistán que han cobrado dos millones de vidas humanas. Sirvió también para justificar las desapariciones forzadas, las torturas, las cárceles secretas y centros de detención donde no se reconoce el Derecho Internacional Humanitario ni la condición de seres humanos. Fue el pretexto para "leyes patrióticas" como las que acaba de prorrogar el gobierno norteamericano, que cercenan libertades y garantías conquistadas por el movimiento por los derechos civiles en luchas que tomaron siglos.

¿Quién responderá por las brutalidades cometidas en Abu Ghraib, Bagram, Guantánamo y otros centros de tortura y muerte? ¿Cuándo se juzgará a los responsables y se pondrá fin a la impunidad?

El Vicecanciller de Suecia hizo esta mañana un discurso curioso y arrogante, con juicios críticos sobre nueve países. Sin embargo, no dijo una palabra sobre la complicidad del gobierno sueco con los vuelos secretos que hicieron escala en su territorio llevando a personas secuestradas. Esperamos que algún día concluya su prolongada investigación al respecto y se digne a informar su resultado a este Consejo.

¿Quién responderá en los países europeos por los vuelos secretos, las cárceles clandestinas en sus territorios y la participación en actos de tortura?

Lo que ha ocurrido en Palestina durante años constituye un verdadero genocidio. Miles de palestinos han perdido la vida a causa de ataques militares indiscriminados y férreos cercos y bloqueos que los privan de los más elementales medios de subsistencia.

Las dictaduras militares en América Latina, impuestas y sostenidas por Estados Unidos durante décadas, asesinaron a 400 000 personas. Solo en Cuba provocaron 20 000 muertos.

El derecho a la vida se viola constantemente en el mundo. La propia existencia de la especie humana está seriamente amenazada por el cambio climático, del cual son histórica y actualmente responsables los mismos que desatan y conducen las guerras de conquista. La vergonzosa reunión de Copenhague, con sus prácticas fraudulentas y excluyentes, constituyó un acto contra el derecho de la humanidad a la vida y a la sobrevivencia.

Señor Presidente:

Por medio siglo, Cuba fue víctima de agresiones norteamericanas y actos de terrorismo. Cinco mil quinientos setenta y siete cubanos perdieron la vida o quedaron discapacitados.

Los autores de la destrucción en pleno vuelo de un avión de Cubana de Aviación en 1976 gozan de impunidad protegidos por el gobierno de Estados Unidos. Una epidemia de dengue, resultado de un ataque bacteriológico, provocó la muerte de 101 niños cubanos. Una de la serie de bombas colocadas en La Habana en 1997, causó la muerte a un joven italiano.

La llamada Ley de Ajuste Cubano y la política de "Pies secos-Pies mojados" alientan la emigración ilegal y cobran vidas.

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba es un acto de genocidio, tipificado en los incisos (b) y (c) del artículo II de la Convención contra el Crimen de Genocidio y una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos.

La política de Estados Unidos contra Cuba, que el gobierno del presidente Obama no ha cambiado, cuesta vidas al pueblo cubano.

Una nueva escalada subversiva, con amplia cobertura mediática, ha sido lanzada contra Cuba. No respeta principio ético alguno. Se pretende presentar a mercenarios como patriotas, a agentes pagados por los Estados Unidos en territorio cubano como disidentes.

La poderosa maquinaria del imperio no vacila en utilizar a un recluso reincidente y sancionado en debido proceso, por delito común, y luego reclutado en prisión, para presentarlo como un luchador por los derechos humanos. Para obtener espurios dividendos políticos, fue lanzado a la muerte, pese a esmerados cuidados médicos. Como expresó el Presidente Raúl Castro Ruz fue un hecho lamentable. Es otra víctima de la política subversiva de los Estados Unidos contra Cuba.

Desde que triunfó la Revolución cubana en 1959, jamás ha habido en Cuba un solo caso de asesinato, tortura o ejecución extrajudicial; jamás ha habido un "escuadrón de la muerte" ni una "Operación Cóndor". Cuba tiene una ejecutoria meritoria e intachable en la protección del derecho a la vida, incluso mediante cooperación altruista fuera de sus fronteras.

Señor Presidente:

Hubiese deseado referirme a aspectos concretos del serio trabajo que lleva a cabo este Consejo, abordar el tema de la revisión de este órgano que debe tener lugar el año próximo para denunciar el intento de sojuzgarlo, modificar su composición y sus procedimientos, para imponerle intereses políticos. Hubiera querido referirme al mecanismo de Examen Periódico Universal, que ha mostrado su utilidad, a pesar de sus imperfecciones y de la falta de autocrítica de los poderosos puestos en evidencia. Habría deseado defender al Consejo y destacar la importancia de preservarlo libre de politización, discriminación, selectividad y dobles raseros.

Puedo asegurarle que Cuba seguirá contribuyendo con esfuerzo y tesón a que el Consejo de Derechos Humanos mantenga su rumbo independiente y se consolide la cooperación como verdadera vía para la promoción y protección de los derechos humanos en el mundo.

Debo proclamar, a nombre del pueblo heroico y noble de Cuba, que ninguna campaña nos apartará de nuestros ideales de independencia y libertad.

Muchas gracias.

Fuente: Granma


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miércoles, 24 de marzo de 2010

Cuba: ¿Disidentes o traidores?

¿Disidentes o traidores?


Atilio A. Boron
Rebelión




La “prensa libre” de Europa y las Américas –ésa que mintió descaradamente al decir que existían armas de destrucción masiva en Iraq o que calificó de “interinato” al régimen golpista de Micheletti en Honduras- ha redoblado su feroz campaña en contra de Cuba. Se impone, por lo tanto, distinguir entre la razón de fondo y el pretexto. La primera, y que establece el marco global de esta campaña, es la contraofensiva imperial desencadenada desde los finales de la Administración Bush y cuyo ejemplo más rotundo fue la reactivación y movilización de la IV Flota. Contra los pronósticos de algunos ilusos esta política, dictada por el complejo militar-industrial, no sólo se continuó sino que se profundizó mediante el reciente tratado firmado por Obama y Uribe mediante el cual se concede a los Estados Unidos el uso de por lo menos siete bases militares en territorio colombiano, inmunidad diplomática para todo el personal estadounidense afectado a sus operaciones, licencia para introducir o sacar del país cualquier clase de cargamento sin que las autoridades del país anfitrión puedan siquiera tomar nota de lo que entra o sale y el derecho de los expedicionarios norteamericanos a ingresar o salir de Colombia con cualquier carnet que acredite su identidad. Como si lo anterior fuera poco, la política de Washington reconociendo la “legalidad y legitimidad” del golpe de estado de Honduras y las fraudulentas elecciones subsecuentes es una muestra más de la perversa continuidad que liga las políticas implementadas por la Casa Blanca, con independencia del color de la piel de su principal ocupante. Y en esa contraofensiva general del imperio, el ataque y la desestabilización de Cuba juega un papel de gran importancia.
Estas son las razones de fondo. Pero el pretexto para este relanzamiento fue el fatal desenlace de la huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, potenciado ahora por idéntica acción iniciada por otro “disidente”, Guillermo Fariñas Hernández y que será seguida, sin duda, por las de otros partícipes y cómplices de esta agresión. Como es bien sabido, Zapata Tamayo fue (y sigue siendo) presentado por esos “medios de desinformación de masas-como adecuadamente los calificara Noam Chomsky- como un “disidente político” cuando en realidad era un preso común que fue reclutado por los enemigos de la revolución y utilizado sin escrúpulos como un mero instrumento de sus proyectos subversivos.


El caso de Fariñas Hernández no es igual, pero aún así guarda algunas similitudes y profundiza una discusión que es imprescindible dar con toda seriedad.

Es preciso recordar que estos ataques tienen una larga historia. Comienzan desde el triunfo mismo de la revolución pero, como política oficial y formal del gobierno de Estados Unidos se inician el 17 de marzo de 1960 cuando el Consejo de Seguridad Nacional aprueba el “Programa de Acción Encubierta” contra Cuba propuesto por el entonces Director de la CIA, Allen Dulles. Parcialmente desclasificado en 1991, ese programa identificaba cuatro cursos principales de acción, siendo los dos primeros “la creación de la oposición” y el lanzamiento de una “poderosa ofensiva de propaganda” para robustecerla y hacerla creíble. Más claro imposible. Tras el estruendoso fracaso de estos planes George W. Bush crea, dentro del propio Departamento de Estado, una comisión especial para promover el “cambio de régimen” en Cuba, eufemismo utilizado para evitar decir “promover la contrarrevolución”. Cuba tiene el dudoso privilegio de ser el único país del mundo para el cual el Departamento de Estado ha elaborado un proyecto de este tipo, ratificando de este modo la vigencia de la enfermiza obsesión yanqui por anexarse la isla y, por otro lado, lo acertado que estaba José Martí cuando alertó a nuestros pueblos sobre los peligros del expansionismo norteamericano. El primer informe de esa comisión, publicado en 2004, tenía 458 páginas y allí se explicitaba con gran minuciosidad todo lo que se debía hacer para introducir una democracia liberal, respetar los derechos humanos y establecer una economía de mercado en Cuba. Para viabilizar este plan se asignaban 59 millones de dólares por año (más allá de los que se destinarían por vías encubiertas), de los cuales 36 millones estarían destinados, según la propuesta, a fomentar y financiar las actividades de los “disidentes”. Para resumir, lo que la prensa presenta como una noble y patriótica disidencia interna parecería más bien ser la metódica aplicación del proyecto imperial diseñado para cumplir el viejo sueño de la derecha norteamericana de apoderarse definitivamente de Cuba.

Dicho lo anterior se impone una precisión conceptual. No es casual que la prensa del sistema hable con extraordinaria ligereza acerca de los “disidentes políticos” encarcelados en Cuba. Pero, ¿son “disidentes políticos” o son otra cosa? Sería difícil decir que todos, pero con toda seguridad la mayoría de quienes están en prisión no se encuentran allí por ser disidentes políticos sino por una caracterización mucho más grave: “traidores a la patria.” Veamos esto en detalle. En el célebre Diccionario de Política de Norberto Bobbio el politólogo Leonardo Morlino define al disenso como “cualquier forma de desacuerdo sin organización estable y, por tanto, no institucionalizada, que no pretende sustituir al gobierno en funciones por otro, y tanto menos derribar el sistema político vigente. El disenso se expresa sólo en el exhortar, persuadir, criticar, hacer presión, siempre con medios no violentos para inducir a los decision-makers a preferir ciertas opciones en lugar de otras o a modificar precedentes decisiones o directivas políticas. El disenso nunca pone en discusión la legitimidad o las reglas fundamentales que fundan la comunidad política sino sólo normas o decisiones bastante específicas.” (pp. 567-568) Más adelante señala que existe un umbral el que, una vez traspasado, convierte al disenso, y a los disidentes, en otra cosa. “El umbral es cruzado cuando se ponen en duda la legitimidad del sistema y sus reglas del juego, y se hace uso de la violencia: o cuando se incurre en la desobediencia intencional a una norma; o, por fin, cuando el desacuerdo se institucionaliza en oposición, que puede tener entre sus fines también el de derrumbar el sistema.” (p. 569) En la extinta Unión Soviética dos de los más notables disidentes políticos, y cuyo accionar se ajusta a la definición arriba planteada, fueron el físico Andrei Sakharov y el escritor Alexander Isayevich Solzhenitsyn; Rudolf Bahro lo fue en la República Democrática Alemana; Karel Kosik, en la antigua Checoslovaquia; en los Estados Unidos sobresalió, al promediar el siglo pasado, Martin Luther King; y en el Israel de nuestros días Mordekai Vanunu, científico nuclear que reveló la existencia del arsenal atómico en ese país y por lo cual se lo condenó a 18 años de cárcel sin que la “prensa libre” tomara nota del asunto.

La disidencia cubana, a diferencia de lo ocurrido con Sakharov, Solzhenitsyn, Bahro, Kosik, King y Vanunu, se encuadra en otra figura jurídica porque su propósito es subvertir el orden constitucional y derribar al sistema. Además, y este es el dato esencial, pretende hacerlo poniéndose al servicio de una potencia enemiga, Estados Unidos, que hace cincuenta años agrede por todos los medios imaginables a Cuba con un bloqueo integral (económico, financiero, tecnológico, comercial, informático), con permanentes agresiones y ataques de diverso tipo y con una legislación migratoria exclusivamente desarrollada (la “Ley de Ajuste Cubano”) para la isla y que estimula la migración ilegal a Estados Unidos poniendo en peligro la vida de quienes quieren acogerse a sus beneficios. Mientras Washington levanta un nuevo muro de la infamia en su frontera con México para detener el ingreso de inmigrantes mexicanos y a los procedentes de Centroamérica, concede todos los beneficios imaginables a quienes, viniendo de Cuba, pongan pie en su territorio. Quienes reciben dinero, asesoría, consejos, orientaciones de un país objetivamente enemigo de su patria y actúan en congruencia con su aspiración de precipitar un “cambio de régimen” que ponga fin a la revolución, ¿pueden ser considerados “disidentes políticos”?

Para responder olvidémonos por un momento de las leyes cubanas y veamos lo que establece la legislación en otros países. La Constitución de Estados Unidos fija en su Artículo III, Sección 3 que “El delito de traición contra los Estados Unidos consistirá solamente en tomar las armas contra ellos o en unirse a sus enemigos, dándoles ayuda y facilidades.” La sanción que merece este delito quedó en manos del Congreso; en 1953 Julius y Ethel Rosenberg fueron ejecutados en la silla eléctrica acusados de traición a la patria por haberse supuestamente “unido a sus enemigos” revelando los secretos de la fabricación de la bomba atómica a la Unión Soviética. En el caso de Chile, el Código Penal de ese país establece en su Artículo 106 que “Todo el que dentro del territorio de la República conspirare contra su seguridad exterior para inducir a una potencia extranjera a hacer la guerra a Chile, será castigado con presidio mayor en su grado máximo a presidio perpetuo. Si se han seguido hostilidades bélicas la pena podrá elevarse hasta la de muerte.” En México, país que ha sido víctima de una larga historia de intervencionismo norteamericano en sus asuntos internos, el Código Penal califica en su artículo 123 como delitos de traición a la patria una amplia gama de situaciones como realizar “actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero; tome parte en actos de hostilidad en contra de la nación, mediante acciones bélicas a las órdenes de un estado extranjero o coopere con este en alguna forma que pueda perjudicar a México; reciba cualquier beneficio, o acepte promesa de recibirlo, con en fin de realizar algunos de los actos señalados en este artículo; acepte del invasor un empleo, cargo o comisión y dicte, acuerde o vote providencias encaminadas a afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” La penalidad prevista por la comisión de estos delitos es, según las circunstancias, de cinco a cuarenta años de prisión. La legislación argentina establece en el artículo 214 de su Código Penal que “Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.”

No es necesario proseguir con esta somera revisión de la legislación comparada para comprender que lo que la “prensa libre” denomina disidencia es lo que en cualquier país del mundo -comenzando por Estados Unidos, el gran promotor, organizador y financista de la campaña anticubana- sería caratulado lisa y llanamente como traición a la patria, y ninguno de los acusados jamás sería considerado como un “disidente político.” En el caso de los cubanos, la gran mayoría de los llamados disidentes (si no todos) están incursos en ese delito al unirse a una potencia extranjera que está en abierta hostilidad contra la nación cubana y recibir de sus representantes -diplomáticos o no- dinero y toda suerte de apoyos logísticos para, como señala la legislación mexicana, “afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” Dicho en otras palabras, para destruir el nuevo orden social, económico y político creado por la revolución. No sería otra la caracterización que adoptaría Washington para juzgar a un grupo de sus ciudadanos que estuviera recibiendo recursos de una potencia extranjera que durante medio siglo hubiese acosado a los Estados Unidos con el mandato de subvertir el orden constitucional. Ninguno de los genuinos disidentes arriba mencionados incurrieron en sus países en tamaña infamia. Fueron implacables críticos de sus gobiernos, pero jamás se pusieron al servicio de un estado extranjero que ambicionaba oprimir a su patria. Eran disidentes, no traidores.

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domingo, 21 de marzo de 2010

Personalidades internacionales exigen el fin del acoso mediático contra Cuba

Mientras la burguesía cultural española se alía con el anticastrismo internacional

Personalidades internacionales exigen el fin del acoso mediático contra Cuba





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00:48h. del Sábado, 20 de marzo
Personalidades de la cultura y el pensamiento crítico, académicos y luchadores sociales de 31 países denunciaron el acoso mediático a Cuba como un atentado contra los derechos humanos y políticos de un pueblo decidido a hacer un camino diferente.

En un documento bajo el título En defensa de Cuba -difundido por la Red En defensa de la humanidad, a propósito de la resolución del 11 de marzo del Parlamento Europeo sobre la isla-, se subraya cómo ese ataque comenzó aún antes del deceso del preso común Orlando Zapata Tamayo.

Pretender justificar una intromisión en los asuntos políticos internos del pueblo cubano manipulando mediáticamente el caso de Orlando Zapata -delincuente común y de ninguna manera preso político-, puntualizan, coincide con las políticas contrainsurgentes que han estado aplicándose en América Latina para detener o distorsionar los procesos de transformación emancipadora en curso.

Ello se suma, precisan, al criminal bloqueo de que han sido objeto los cubanos, por no aceptar imposiciones y defender su derecho a decidir su destino con dignidad e independencia.

Los firmantes, entre quienes se encuentra un nutrido grupo de intelectuales de México, España, Francia, Italia, Holanda y Estados Unidos, para citar algunos países, exigen respeto a los procesos internos de los cubanos para definir y ejercer su democracia, así como consecuencia con los principios universales de no intervención acordados por las Naciones Unidas.





El texto generó de inmediato un número creciente de adhesiones que fluyen en oleada desde el Caribe, Centro, Sur, Norteamérica y Europa, avalado por firmas como las de los mexicanos Pablo González Casanova y Víctor Flores Olea, el franco-español Ignacio Ramonet, los españoles Alfonso Sastre, Juan Madrid y Ramón Chao, el canadiense James Cockroft y los estadounidenses Danny Glover, Saul Landau y Setsuko Ono.

A continuación el Manifiesto de los intelectuales

En Defensa de Cuba

A propósito de la resolución del 11 de marzo del Parlamento Europeo sobre Cuba, los intelectuales, académicos, luchadores sociales, pensadores críticos y artistas de la Red En Defensa de la Humanidad manifestamos:

1. Que compartimos la sensibilidad mostrada por los parlamentarios europeos acerca de los prisioneros políticos. Como ellos, nos pronunciamos por la inmediata e incondicional liberación de todos los presos políticos, en todos los países del mundo, incluidos los de la Unión Europea.

2. Que lamentamos profundamente, como ellos, el fallecimiento del preso común Orlando Zapata, pero no admitimos que su muerte, primera “…en casi cuarenta años” según el propio Parlamento, sea tergiversada con fines políticos muy distintos y contrarios a los de la defensa de los derechos humanos.

3. Que instar “…a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba” no sólo es un acto injerencista, que reprobamos en virtud de nuestro compromiso con los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos -defendidos también por la ONU-, y en contra de la colonialidad, sino que supone un modelo único de democracia que, por cierto, cada vez se muestra más insuficiente y cuestionable. La búsqueda y profundización de la democracia supone, entre otras cosas, trascender sus niveles formales e inventar nuevas formas auténticamente representativas que no necesariamente están ceñidas al pluripartidismo que, como bien se sabe, encubre frecuentemente el hecho de que las decisiones sobre los grandes problemas mundiales son tomadas unilateralmente por pequeños grupos de interés con inmenso poder, por encima del régimen de partidos.

4. Que pretender justificar una intromisión en los asuntos políticos internos del pueblo cubano manipulando mediáticamente el caso de Orlando Zapata -delincuente común y de ninguna manera preso político-, coincide con las políticas contrainsurgentes que han estado aplicándose en América Latina para detener o distorsionar los procesos de transformación emancipadora que están en curso y se suma al criminal bloqueo al que ha sido sometido el pueblo cubano, por el simple hecho de no aceptar imposiciones y defender su derecho a decidir su destino con dignidad e independencia.

5. Que compartimos la preocupación mostrada por los parlamentarios sobre el respeto a los derechos humanos en Cuba pero la extendemos al mundo en su totalidad. Así como les preocupa el caso del delincuente fallecido (que en 40 años no tiene ningún antecedente similar), los invitamos a exigir el fin de la ocupación de Gaza y del hostigamiento al pueblo Palestino, que ha provocado no una sino miles de muertes; de la intervención en Irak y Afganistán sembrando muerte y terror en pueblos y ciudades; de los bombardeos en esos lugares con el argumento de defender la democracia; el fin de la doble ocupación de Haití; el cierre de la prisión de Guantánamo y la entrega de ese territorio a Cuba, a quien le pertenece; la devolución de las islas Malvinas a Argentina; y, por supuesto, el fin de un bloqueo que viola los derechos humanos del pueblo cubano y que puede poner en duda la calidad moral de quien exige trato humano para un delincuente cuando se lo niega a un pueblo entero.

El acoso económico y mediático al que está siendo sometida Cuba, aun antes del deceso del preso común Orlando Zapata, constituye un atentado contra los derechos humanos y políticos de un pueblo que decidió hacer un camino diferente.

Exigimos respeto a los procesos internos del pueblo cubano para definir y ejercer su democracia, y consecuencia con los principios universales de no intervención acordados por las Naciones Unidas.

Red En defensa de la Humanidad

Argentina: Atilio Boron, Stella Calloni, Vìctor Ego Ducrot, León Rozitchner, Claudio Katz, Jorge Beinstein, Emilio Taddei, José Seoane, Clara Algranati, Miguel Mirra, Movimiento de Documentalistas, Sara Rosmberg, Hugo Rangone, Víctor Heredia, Manuel Ruano, Raúl Isman, Sergio Caniche Bailone, Daniel C. Bilbao, Patricio País Garay, Irene Rosa Perpiñal, Eladio González, Vicente Battista, Raly Barrionuevo, Juan S.Pegoraro, Juan Chaves, Néstor Kohan, Bélgica: François Houtart, Michel Collon Bolivia: Jorge Sanjinés, Hugo Moldiz Mercado, Remigio Carlos, Oscar Vega, Oscar Silva, Alejandro Dausa, Remberto Cárdenas, María Bolivia Rothe, Rafael Puente, Carmen Guardia, Marcela Revollo, Marcos Domich, Ricardo Bajo, Farit Rojas Brasil: Thiago de Mello, Frei Betto, Joao Pedro Stedile, Theotonio Dos Santos, Emir Sader, Virgínia Fontes, Gaudencio Frigotto, Ricardo Gebrim, Plinio de Arruda Sampaio Jr., Elder Andrade de Paula, Centro Brasileiro de Solidariedade aos povos e luta pela Paz (CEBRAPAZ), Socorro Gomes, Carlos Walter Porto-Gonçalves, Fernando Morais, Tania Jamardo Faillace, Dilmair Santos, Roseli Maria de Oliveira, Carlos Alberto Almeida, Paulo Nakatani, Canadá: James Cockcroft, Pierre Mouterde, Carlos Angulo Rivas, Chile: Manuel Cabieses Donoso, Marcos Roitman Colombia: Irene Amador, Fernando Rendón, Gabriel Jaime Franco, Nicolás Suescún, Armando Orozco, Zabier Hernández, Rubén Darío Arroyo, Gloria Chvatal, Rafael Quiroz, Fernando Rivera, Haydé Marín, Beatriz Ortega Cuba: Roberto Fernández Retamar, Fernando Martínez Heredia, Miguel Barnet, Alberto Faya, Vicente Feliú, Vivian Martínez, Armando Cristóbal Pérez, Manuel E. Yepe Menéndez, Barbara Isleyt Vega Coll, Gloria Escobar, Olga Lidia Pérez, Hedelberto Lopez Blanch, Mylai Burgos, Armando Fernández, Rafael Betancourt, José Pertierra, Raul Alzaga Manresa, Marilyn Bobes, Natalia E. Revuelta, Carlos Alzugarya Ecuador: María Augusta Calle, Magdalena León, Alejandro Moreano, Irene León, Sally Burch, Osvaldo León, Eduardo Tamayo, Raúl Pérez Torres El Salvador: Paul Fortis, Julio César Monge, José Mario Zavaleta Mendoza España: Alfonso Sastre, Pascual Serrano, Eva Sastre Forest, Santiago Alba Rico, Manuel Talens, Montserrat Ponsa, Javier Couso, Juan Madrid, Iñaki Errazkin, Maria Dolores Estebaranz, Pilar Álvarez Villar, Asociación de amistad Euskadi-Cuba, Ramón Chao, Juan Luis Vallina Ariznavarreta, Alfredo Otegi Ibañez Bilbao, Antonio Maira, Ángeles Maestro, Antonio Villarejo, Angi Salazar Cuesta, Maria Paz Gonzalez, Carlos Fernández Liria, Carlos Rios, Paloma Valverde González, José Manzaneda, Cubainformación, Belén Gopegui, Constantino Bértolo, Vicente Romano, Roberto Montoya, José Luis Egea, Miguel Candel, Ignasi Muntanya i Ponsa, Andrés Sorel,Yolanda Castro Jiménez, Hugo Gómez Ángel, Higinio Polo, Alicia Hermida, Jaime Losada, Ana Ramos, Montse Heras Estados Unidos: Danny Glover, James Early, Saul, Landau, Julio Vernon Ruiz, Jane Franklin, Gloria la Riva, Setsuko Ono, Francia: Ignacio Ramonet, Hernando Calvo Ospina, Salim Lamrani, Jacqueline Roussie, Virgilio Ponce (portavoz de la Coordinadora de Cubanos Residentes en Francia), Rémy Herrera, Guatemala: Simona Yagenova Haití: Didier Héctor Brutus Holanda: F. Gomez Olivares Honduras: Juan Almendares Hungría: Istvan Meszaros Italia: Gianni Miná, Carlo Frabetti, Emilio Lambiase, Piero Gleijeses, Gennaro Carotenuto, Luciano Vasapollo, Rita Martufi Jamaica: Keith Ellis México: Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Héctor Díaz-Polanco, Carlos Fazio, Ana Esther Ceceña, José Steinsleger, Gilberto López y Rivas, Oscar Ugarteche, José Francisco Gallardo, Claudia Gómez Haro, Horacio Cerutti, John Saxe-Fernández, Hugo Gutiérrez Vega, Jorge Fons, Alicia Castellanos Guerrero, Camilo Pérez Bustillo, Angel Guerra, Armando Bartra, Jaime Estay, Nayar López Castellanos, Oscar González, María Atilano, Fernando Buen Abad Domínguez, Xochitl Leyva Solano, Josefina Morales, Rebeca Peralta, Aldo Rabiela, Peter Rosset, Raúl Álvarez Garín, JorgeAlonso, Ramón Patiño Espino, Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Félix Hernández Gamundi, Luciano Concheiro Bórquez, Manou Dornbierer, Servicio Internacional de Solidaridad Cristiano con América Latina Mons. Romero, Carlos Morera Camacho, Víctor Rodríguez-Padilla, Magdalena Gómez, Martín Hernández, Guillermo Almeyra, Alfonso Anaya, Francisco López Bárcenas, Dalia Ruiz, Leticia Rentería, Gabriela Hernández, Leticia Gutiérrez, Hildelisa Preciado, Norberto Pérez, Carmen Mendoza, Movimiento de Solidaridad Nuestramérica, Sergio López, Enrique Cortés, Walter Martínez, Maricarmen Montes, Claudia Sandoval, Mujeres para el Diálogo, Leonor Aída Concha, Catalina Eibenschutz, Lourdes del Villar, Margarita Favela, Angeles González, Elizabeth Alejandre, Rosa Barranco, Graciela Tapia, Guadalupe Abdo, Justicia Paz y Vida, Leticia Rentería, Graciela Tapia Chávez, Colectivo Radar, Yacotzin Bravo, Edmundo del Pozo, Liliana López, Rodrigo Gutiérrez, Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Aleida Hernández, Arantxa Tirado, Adelita San Vicente Tello, Raúl A. Rubio Cano, Camilo Valqui Cachi, Jose Manuel Herrera García, Erwin Flores, Túpac Amaru Sánchez Luna, Teresa Nava Alfaro, Jose Albar Chavelas, Erick Álvarez, Cutberto Pastor Bazán, Sibalaune Sánchez Luna, Antonio Jiménez, Dalia Ruizavila, Luisa Paré, Arturo Huerta, Ma. Fernanda Figueroa, Ricardo Pérez Avilés, Carolina Oropeza, Raul Merino Escamilla, Hector M Barrera, Ramón Costa Ayube, Carlos Ramirez Muñoz, Nicaragua: Aldo Díaz Lacayo, Luis Enrique Mejia Godoy, Salah Ahmine, Hilario Ramon Obando Salazar, Martha Mercado, Érika García, Donal Pérez, Henry López, Marbely García, Roberto Currie Paraguay: Ricardo Flecha, Techi Cusmanich, Tomás Palau, Carlota Villagra, Hugo Ferreira, Miguel Ángel Fernández Argüello Perú: Aníbal Quijano, Winston Orillo, Javier Diez Canseco, Diana Avila aulette, Humberto Ñaupas Paitán, Arturo Corcuera, Victor Oliva, Julia aría Ortiz Morales, Tania Temoche, Manuel Góngora Prado, Rosina Alcárcel, Gorki Tapia, Atilio Bonilla, César Krúger, Gustavo Rojas, Rolando Accari, José Luis Ayala, Tomás Gustavo Escajadillo, Juan Cristóbal, Julio armona, José Quevedo, Hildebrando Pérez, Reynaldo Naranjo, Juan Cristóbal,Tomás G. Escajadillo O’Connor, Marcela Pérez Silva,Chiara Varese, Federico García, Pilar Roca,Gustavo Espinoza,Eduardo Arroyo,Fanny Izquierdo,Bruno Portuguez,Teresa Alberti, Vicente Otta, Grazia Ojeda del Arco, Alaín Elías Portugal: Miguel Urbano Puerto Rico: Rafael Cancel Miranda, Elma Beatriz Rosado, Milagros Rivera, Vilma Soto Bermudez, Pablo Marcano García, Danny Rivera República Dominicana: Chiqui Vicioso Suecia: Dick Emanuelsson, Eva Björklund, Pepe Viñoles Ucrania: Manuel Humberto López Rodríguez Uruguay: Raúl Zibechi, Antonio Elías Venezuela: Fernando Báez, Aram Aharonian, Vladimir Lazo García, Alberto Aranguibel Nuevas adhesiones en: http://www.porcuba.org/


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jueves, 11 de marzo de 2010

La crisis capitalista y la respuesta política de la izquierda



Reproducimos a continuación el texto de una conferencia dictada por Walden Bello en la Conferencia sobre la Crisis Global organizada el pasado 21 de marzo en Berlín por el Partido de la Izquierda alemán, partido del que Bello es miembro honorario.

Semana tras semana, asistimos a la contracción de la economía global a un ritmo peor que el pronosticado por el más agorero de los economistas. Es claro: no nos hallamos en una recesión común y corriente, sino que estamos aproados a una depresión global que podría durar muchos años.

Lo que haré hoy aquí es, primero, discutir brevemente los orígenes y la dinámica de esta crisis; y segundo, explorar las posibilidades de una estrategia para la izquierda global capaz de responder a la presente crisis en el contexto de los desafíos procedentes tanto del centro capitalista tecnocrático como de la derecha capitalista populista...


La crisis fundamental es de sobreacumulación
La teoría económica ortodoxa dejó hace mucho de ser útil para comprender la crisis. La teoría económica no-ortodoxa, en cambio, puede ahora arrojar potentísimos vislumbres de las causas y de la dinámica de la actual crisis. Desde una perspectiva progresista, lo que estamos observando es la intensificación de una de las crisis centrales –o “contradicciones”— del capitalismo global: la crisis de sobreproducción, también conocida como crisis de sobreacumulación o de sobrecapacidad. Se trata de la tendencia del capitalismo a generar, en el contexto de una aguda competición intercapitalista, una tremenda capacidad productiva, la cual rebasa holgadamente la capacidad de consumo de la población debido a las desigualdades de ingreso que limitan el poder adquisitivo popular. Lo que trae consigo una erosión de la rentabilidad y conduce a una espiral económica bajista.

Para entender el presente colapso, tenemos que retrotraernos a la llamada Edad de Oro del capitalismo contemporáneo, el período entre 1945 y 1975. Fue un período de rápido crecimiento, tanto en las economías centrales como en las economías subdesarrolladas: un crecimiento disparado, en parte, por la masiva reconstrucción de Europa y del Este asiático luego de la devastación de la II Guerra Mundial, y en parte también por los nuevos dispositivos y los nuevos instrumentos resultantes de un histórico compromiso de clase entre el capital y el trabajo que se institucionalizó bajo el nuevo Estado keynesiano.

Pero ese período de elevado crecimiento llegó a su fin a mediados de los 70, cuando las economías centrales fueron presa de la estanflación, es decir de la coexistencia de bajo crecimiento y elevada inflación, una amalgama supuestamente imposible para la teoría económica neoclásica.

La estanflación, sin embargo, no era sino el síntoma de una causa más profunda: la reconstrucción de Alemania y de Japón, y el rápido crecimiento de economías en vías de industrialización, como Brasil, Taiwán y Corea del Sur, vino a añadir un tremendo volumen de nueva capacidad productiva e incrementó la presión competitiva global, mientras que, en cambio, las desigualdades dentro de los países y entre países limitaban el crecimiento del poder adquisitivo y de la demanda, erosionando así la rentabilidad. Eso se agravó con los drásticos incrementos del precio del petróleo experimentados en los 70.

La expresión más dañina de la crisis de sobreproducción fue la recesión global de comienzos de los 80, que fue la más grave que se abatió sobre la economía internacional desde los tiempos de la Gran Depresión, es decir, antes de la crisis presente.

El capitalismo ensayó tres vías de escape para zafarse de la sobreproducción: la reestructuración neoliberal, la globalización y la financiarización.







Primera vía de escape: la reestructuración neoliberal

La reestructuración neoliberal cobró la forma del reaganismo y del thatcherismo en el Norte y del Ajuste Estructural en el Sur. Objetivo: revigorizar la acumulación de capital, y eso de dos maneras: 1) la remoción de las restricciones estatales al crecimiento, al uso y a los flujos de capital y riqueza; y 2) la redistribución del ingreso de los pobres y de las clases medias hacia los ricos, en la idea de que eso daría incentivos a los ricos para invertir y relanzar el crecimiento económico.

El problema con esa fórmula era que con la redistribución del ingreso hacia los ricos lo que haces es yugular los ingresos de los pobres y de las clases medias, reduciendo así la demanda, sin necesariamente inducir a los ricos a invertir más en producción. Lo cierto es que podría ser más rentable invertir en especulación. Además, y aun teniendo éxito, esa estrategia, a largo plazo, no haría sino agravar el problema básico, puesto que la inversión en producción habría de traer consigo volúmenes todavía mayores de capacidad productiva instalada.

Ello es que la reestructuración neoliberal, que se generalizó en el Norte y en el Sur en los 80 y 90, tuvo un paupérrimo registro en materia de crecimiento: el promedio del crecimiento global en los 90 fue del 1,1%, y de 1,4% en los 80. En cambio, cuando imperaban las políticas de intervención pública fue muy superior: en los 60 fue del 3,5% y en los 70, del 2,4%. La reestructuración neoliberal no podía superar el estancamiento.

Segunda vía de escape: la globalización
La segunda vía de escape que ensayó el capital global para contrarrestar el estancamiento fue la “acumulación extensiva” o globalización, es decir, la rápida integración de áreas semicapitalistas, no-capitalistas o precapitalistas en la economía global de mercado. Rosa Luxemburgo, que no sólo fue una gran dirigente política de la izquierda radical, sino también una gran economista, observó hace mucho tiempo en su gran clásico La acumulación de capital que ese fenómeno resultaba necesario para levantar la tasa de beneficio en las economías metropolitanas.

¿Cómo? Pues ganando acceso a trabajo barato, ganando nuevos y prácticamente ilimitados mercados, ganando nuevas fuentes de productos agrícolas baratos y de materias primas baratas, y dando origen a nuevas áreas de inversión en infraestructura. La integración se consigue a través de la liberalización del comercio, removiendo obstáculos a la movilidad del capital global y aboliendo fronteras para la inversión extranjera.

China es, ni que decir tiene, el ejemplo más destacado de un área no-capitalista integrada en la economía global a lo largo de los pasados 25 años.

A mediados de la primera década del siglo XXI, entre un 40 y un 50 por ciento de los beneficios de las corporaciones estadounidenses procedían de sus operaciones y ventas en el extranjero, especialmente en China.

El problema con esta forma de escapar al estancamiento es que exacerba el problema de la sobreproducción, porque lo que hace es añadir capacidad productiva. Un imponente volumen de capacidad manufacturera es lo que ha venido a añadirse en China en los últimos 25 años, lo que ha tenido un efecto depresor sobre precios y beneficios. No es por casualidad que, desde 1997, los beneficios de las corporaciones estadounidenses dejaran de crecer. De acuerdo con una estimación, la tasa de beneficios de las 500 primeras corporaciones de la lista de Fortune pasó de un 7,15% en 1960-69 a un 5,30% en 1980-90, luego a un 2,29% en 1990-99 y a un 1,32% en 2000-2002. A fines de los 90, con un exceso de capacidad industrial en prácticamente todas las industrias, el hiato entre capacidad productiva y ventas era ya el más grande desde los tiempos de la Gran Depresión. Vistas así las cosas, desde la perspectiva de la sobreproducción, la globalización no ha sido, contrariamente a lo sostenido por muchos de sus apologetas y por muchos de sus críticos, una etapa superior del capitalismo, sino un esfuerzo a la desesperada para salir del pantano de la sobreproducción. La globalización no tuvo elemento alguno de progreso.
Tercera vía de escape: la financiarización
Dados los limitados beneficios arrojados por la reestructuración neoliberal y la globalización en punto a contrarrestar el impacto depresivo de la sobreproducción, la tercera vía de escape –la financiarización— resultaba crucial para mantener y elevar la rentabilidad y las tasas de beneficio.

Con unas inversiones industriales y agrícolas que arrojaban magros beneficios por causa de la sobreproducción, andaban en circulación ingentes volúmenes de fondos excedentes, o se invertían y reinvertían en el sector financiero. Es decir: el sector financiero giraba sobre sí mismo.

Resultante de ello fue un incremento de la bifurcación entre una economía financiera hiperactiva y una economía real estancada. Como observara una ejecutivo financiero en las páginas del Financial Times, “en estos últimos años, hemos asistido a una creciente desconexión entre las economías real y financiera. La economía ha crecido (…) pero de ninguna manera como la economía financiera, hasta que estalló”. Lo que no nos dijo este observador fue que la desconexión entre la economía real y la financiera no se dio por casualidad; que la economía financiera estalló precisamente porque terminó abriéndose camino el estancamiento generado por la sobreproducción de la economía real.

Un indicador de la archirrentabilidad del sector financiero es que mientras los beneficios del sector manufacturero llegaron a representar el 1% del PIB de los EEUU, los del sector financiero llegaron a representar el 2%. Otro es el hecho de que el 40% del total de los beneficios de las corporaciones estadounidenses financieras y no financieras llegó a quedar a disposición del sector financiero, aun cuando éste sólo representaba el 5% del PIB de los EEUU (y aun este último porcentaje está probablemente sobrestimado).

El problema de invertir en operaciones del sector financiero es que monta tanto como exprimir valor de valor ya creado. Puede crear beneficio, desde luego, pero no crea valor nuevo: sólo la industria, la agricultura, el comercio y los servicios crean valor nuevo. Puesto, pues que el beneficio no se basa en valor creado, las operaciones de inversión terminar siendo harto volátiles, y los precios de las acciones, de las obligaciones y de otras formas de inversión pueden llegar a desviarse radicalmente de su valor real. (Por ejemplo: las acciones de empresas de innovación en Internet pueden llegar a alcanzar precios astronómicos, empujadas únicamente por estimaciones financieras que provocan alzas en espiral.)

Los beneficios, así pues, dependen de la oportunidad de empezar cobrando ventaja con unos precios al alza despegados del valor del producto, para luego vender antes de que la realidad fuerce una “corrección” que los retrotraerá drásticamente a los valores reales. La radical subida de los precios de un activo, mucho más allá de los valores reales, es lo que se llama formación de una burbuja.

Al depender la rentabilidad de golpes de fortuna especulativos, no resulta sorprendente que el sector financiero vaya de burbuja en burbuja, de una manía especulativa a otra.

Puesto que está activado por la manía especulativa, el capitalismo financieramente activado ha experimentado ya cerca de 100 crisis financieras desde que los mercados de capitales fueron desregulados y liberalizados en los 80, siendo la crisis más grave, antes de la presente, la crisis financiera asiática de 1997.





La dinámica de la implosión subprime
No entraré en detalle en la dinámica de la actual crisis, originada en el colapso del mercado inmobiliario estadounidense, fenómeno conocido también como “implosión subprime”. Algunas dimensiones clave de esa implosión (como el estímulo que Alan Grrenspan proporcionó a la burbuja financiera al recortar en junio de 2003 los tipos de interés hasta un 1% —los más bajos en 45 años— y mantenerlos a ese nivel durante todo un año, a fin de contrarrestar los efectos recesivos del estallido de la burbuja tecnológica de comienzos de los 90) ya se mencionaron ayer. Permitidme tocar, ya sea someramente, dos o tres puntos más.

La crisis hipotecaria subprime no fue un caso de oferta que rebasa la demanda real. La “demanda” había sido, y por mucho, urdida por la manía especulativa de promotores y financieros que querían sacar grandes beneficios de su acceso a la moneda extranjera (el grueso de ella, de origen asiático y chino) que inundó los EEUU en la pasada década. Se vendieron agresivamente gigantescos paquetes hipotecarios a millones de personas que normalmente no habrían podido permitírselo ofreciendo tasas de interés “insultantemente” bajas, que luego habrían de reajustarse a fin de aumentar las cuotas de pago de los flamantes nuevos propietarios de vivienda.

¿Cómo llegaron a convertirse en un problema tan gigantesco unas hipotecas problemáticas? Es que esos activos estaban “securizados”, esto es, convertidos en unos productos o mercancías espectrales llamados “obligaciones de deuda colateralizada” (CDO, por sus siglas en inglés), las cuales permitían especular con la posibilidad de que los créditos hipotecarios no fueran devueltos. Esos activos fueron entonces empaquetados junto a otros activos y comerciados por los originadores de las hipotecas, que trabajaban con distintos tipos de intermediarios tan conscientes del riesgo, que se quitaban de encima el producto a toda velocidad ofreciéndolo a otros bancos e inversores institucionales. A su vez, esas instituciones traspasaron esos títulos a otros bancos e institutos financieros foráneos.

La idea era vender al punto, hacerse con el dinero y lograr un buen y tranquilo beneficio, dejando el riesgo para los incautos que estaban al final de la cadena: para los centenares de miles de instituciones y de inversores individuales que compraban los títulos vinculados a hipotecas. A eso se le llamó “dispersión del riesgo”, y se veía como Buena cosa, porque aligeraba los balances contables de las instituciones financieras, permitiéndoles embarcarse en ulteriores actividades de préstamo.

Cuando se elevaron los tipos de interés de los préstamos subprime, de las hipotecas variables y de otros préstamos inmobiliarios, se terminó la partida. Hay cerca de cuatro millones de hipotecas subprime que entrarán probablemente en situación de impago en los próximos dos años, y cinco millones de impagos, en los próximos años, a causa de los tipos hipotecarios variables. Pero títulos cuyo valor total asciende a no menos de 2 billones de dólares han sido ya inyectados, cual si de letales virus se tratara, en el sistema financiero global. El gigantesco sistema circulatorio del capitalismo global ha sido fatalmente infectado. Y, como en una plaga, no sabemos quiénes ni cuántos están fatalmente infectados hasta que vayan emergiendo, porque el conjunto del sistema financiero ha llegado a ser superlativamente opaco a causa de la falta de regulación.


Colapso de la economía real
Nos hallamos ahora en una coyuntura en la que, en vez de cumplir con su tarea primordial de prestar para facilitar la actividad productiva, los bancos se aferran a su tesorería, o compran entidades rivales a fin de robustecer la propia base financiera. No puede sorprender: con el sistema circulatorio del capitalismo global infectado, era sólo cuestión de tiempo hasta que la economía real se contagiara como lo ha hecho, y a una velocidad aterradora, en estas últimas semanas. Woolworth, todo un emblem de la venta al por menor, ha quebrado en Gran Bretaña, la industria automovilística en EEUU está en cuidados intensivos, los beneficios de BMW se han desplomado cerca de un 90%, y hasta la poderosa Toyota ha experimentado un declive sin precedentes en sus beneficios. Con una demanda en caída libre de los consumidores norteamericanos, China y el Este asiático han visto hacinarse sus productos en los muelles de descarga, lo que ha traído consigo una aguda contracción de sus economías y despidos masivos.

La globalización ha hecho que economías que ligaron sus destinos en la época de auge, caigan ahora también de consuno a una velocidad sin precedentes: y no se vislumbra el final.

Permitidme ahora una pausa para declarar la razón de que haya entrado con cierto detalle en las causas y en la dinámica de la crisis: es que he querido destacar el hecho de que lo que hemos visto desarrollarse ante nuestros ojos hasta ahora no es una crisis de la variante neoliberal del capitalismo, sino la crisis del capitalismo.

La respuesta capitalista: socialdemocracia global
Con el colapso de la globalización y con el mercado desregulado yéndose al garete, la metafísica neoliberal con que se adornó el capitalismo contemporáneo ha quedado totalmente desacreditada, por bien que –la cosa no ofrece duda— se siga batiendo todavía en algunas acciones de retaguardia.

Yo creo que, entre las filas del establishment, han cundido realmente el pánico y la confusión, y les embarga el sentimiento de que las cosas irán todavía a peor antes de empezar a mejorar. Se percatan de que las viejas instituciones neoliberales, como el FMI, la OMC y el G-20 resultan irrelevantes, aun si los métodos keynesianos de gasto con déficit e inyección de liquidez en el mercado pudieran llegar a tener efectos muy limitados. Cada vez más, los intelectuales más inteligentes del establishment comienzan a percatarse de que no estamos sino al comienzo de una caída libre global, de que no sabemos realmente cuándo tocaremos fondo y ni de si, cuando lo toquemos, la economía global permanecerá mucho tiempo allí. La mejor imagen de la economía real que se me ocurre a mí es la de un submarino alemán de la II Guerra Mundial que, tocado en pleno Atlántico por las descargas de algún destructor británico, se va rápidamente a pique en dirección al fondo oceánico y, alcanzado el fondo, nadie sabe cómo logrará la tripulación reflotar el submarino. ¿Ocurrirá como en la clásica película de Wolfgang Petersen (Das Boot), y conseguirán las penosas maniobras de la tripulación inyectar aire comprimido bastante en los tanques de lastre como para regresar a superficie? ¿O seguirá el submarino indefinidamente en zonas abisales? ¿Funcionarán hoy los métodos keynesianos de reflotamiento? Los pensadores más críticos del capitalismo, como Martin Wolf o Paul Krugman, no apuestan por ello.

Has dos cosas de las que podemos estar seguros. La primera: los enfoques neoliberales han quedado totalmente desacreditados. Y la segunda: los tercos hechos de base, y no cualesquiera restricciones ideológicas, son los que impondrán con su dictado lo que hayan de hacer quienes se empeñen en salvar el sistema. Así pues, liberémonos ya nosotros para empezar de la idea, según la cual los principios neoliberales constituirán las líneas rojas infranqueables de su política venidera.

Permitidme ser un poco más de concreción. Yo creo que las acciones de la nueva administración Obama en Washington constituyen una ruptura con el neoliberalismo. Una cuestión importante, huelga decirlo, cuán decisiva y definitiva será esa ruptura con el neoliberalismo. Pero otras cuestiones van a la médula del capitalismo mismo. ¿Se se recurrirá a la propiedad pública, a la intervención pública y al control público simplemente con el propósito de estabilizar el capitalismo, para luego devolver el control a las elites granempresariales? ¿Estamos en puertas de una segunda oleada de capitalismo keynesiano, en el que el Estado y las elites granempresariales se asocian con el mundo del trabajo en una política de fomento de la industria, del crecimiento y de los salarios altos, esta vez con una dimensión verde? ¿O seremos testigos del comienzo de un proceso de desplazamientos fundamentales en la propiedad y en el control de la economía en una dirección más popular? Es verdad que hay límites para las reformas en el sistema de capitalismo global, pero en ningún otro momento en el pasado medio siglo han parecido esos límites más fluidos y porosos que ahora.

En este momento, el gasto masivo en estímulos a niveles record –un anatema para los neoliberales— se ha convertido en práctica generalizada, siendo las únicas divergencias entre las elites del Norte giran en torno al monto que deben tener esos gastos para lograr reflotar el submarino. En eso, Obama se ha revelado el superkeynesiano. También está en curso la nacionalización de los bancos –otra práctica condenada por el neoliberalismo—, y las cuestiones que dividen a las elites se refieren al grado de agresividad que debe tener el gobierno al ejercer el control sobre las participaciones mayoritarias de las acciones y a si devolverá los bancos a la gestión privada una vez pasada la crisis.

Al contrario de lo que se mantuvo aquí ayer en algunas intervenciones, la reprivatización no es un hecho predeterminado. Son los hechos de base los que determinarán la respuesta a todas estas cuestiones, pues la tarea que tiene entre manos los gestores de la crisis del capitalismo no es la hacer que las soluciones adoptadas estén en línea con una doctrina de todo punto desacreditada, sino la de salvar el capitalismo.

Más allá del gasto con déficit y de la nacionalización, yo creo que, en el seno del establishment, prosperará un debate sobre si conviene seguir la senda de lo que yo llamo “socialdemocracia global”, o SDG, para responder a la desesperada necesidad dual que tiene el capitalismo de tanto de estabilización como de legitimidad.

Aun antes de que se desarrollara plenamente la crisis financiera, los partidarios de la SDG habían ido ya tomando posiciones a favor de la misma como alternativa a la globalización neoliberal, avisados como estaban de las tensiones y los agobios generados por ésta. Una personalidad vinculada a eso es el primer ministro británico Gordon Brown, quien encabezó la respuesta europea inicial al desplome financiero a través de la nacionalización parcial de los bancos. Visto generalmente como el padrino de la campaña “Hagamos que la pobreza sea historia” en el Reino Unido, Brown, siendo todavía ministro de hacienda británico, propuso lo que llamó un “capitalismo de alianza” entre el mercado y las instituciones estatales, capaz de reproducir a escala global lo que, según él, hizo Franklin Roosevelt para una economía nacional: “asegurar los beneficios del mercado domando sus excesos”. Tiene que ser un sistema, continuaba Brown, que “se haga con todos los beneficios de los mercados globales y los flujos de capitales, minimice el riesgo de crisis, maximice las oportunidades de todos y sostenga a los más vulnerables: se trata, en una palabra, de restaurar en la economía internacional los fines públicos y los ideales elevados”.

En la articulación del discurso socialdemócrata global se ha sumado a Brown un grupo diverso compuesto, entre otros, por el economista Jeffrey Sachs, George Soros, el antiguo Secretario General de la ONU, Kofi Annan, el sociólogo David Held, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, y hasta Bill Gates. Hay, evidentemente, diferencias de matiz en las posiciones de estas gentes, pero el impulso de sus perspectivas es el mismo: implantar un orden social y articular un sólido consenso a favor del capitalismo global.


Entre las posiciones clave promovidas por los partidarios de la SDG están las siguientes:

1) La globalización es esencialmente beneficiosa para el mundo; los neoliberales no han sabido ni gestionarla ni venderla a la opinión pública.

2) Es urgente salvar a la globalización de los neoliberales, porque la globalización es reversible y hasta puede que se halle ya en proceso de franca retrogresión.

3) El crecimiento no tiene por qué ir acompañado de una creciente desigualdad.

4) Hay que evitar el unilateralismo, preservando al propio tiempo, aun si fundamentalmente reformadas, las instituciones y los acuerdos multilaterales.

5) La integración social global, la reducción de las desigualdades tanto dentro de los países como entre los países, tiene que acompañar a la integración en el Mercado global.

6) La deuda global de los países en vías de desarrollo tiene que ser cancelada o drásticamente reducida, a fin de que los ahorros de ellos resultantes puedan emplearse para estimular las economías locales, contribuyendo así a la reflación global.

7) La pobreza y la degradación medioambiental han llegado a al punto de gravedad, que se hace preciso poner por obra un programa de ayudas masivas al estilo del “Plan Marshall” del Norte para el Sur en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

8) Hay que impulsar una “segunda revolución verde”, especialmente en África, mediante el uso generalizado de semillas genéticamente modificadas.

9) Hay que dedicar ingentes recursos a encarrilar la economía global por una senda más sostenible medioambientalmente, desempeñando los gobiernos un papel rector (“keynesianismo verde” o “capitalismo verde”).

Los límites de la socialdemocracia global
No se ha prestado demasiada atención a la socialdemocracia global, tal vez porque, como los generales franceses al romper la II Guerra Mundial, muchos progresistas siguen combatiendo en la guerra anterior, es decir, contra el neoliberalismo. Se precisa urgentemente de una crítica, y no sólo porque la SDG es el más probable candidato a suceder al neoliberalismo; más decisivo es el hecho de que, aunque la SDG tiene varios elementos positivos, tiene, como la vieja socialdemocracia de impronta keynesiana, muchos rasgos problemáticos.

Se puede comenzar la crítica destacando cuatro problemas centrales en la perspectiva de la SDG.

Primero: la SDG comparte con el neoliberalismo el sesgo favorable a la globalización, diferenciándose aquí sólo por su promesa de ser capaz de promover mejor la mejor que los neoliberales. Globalización significa para ellos una rápida integración de la producción y de los mercados, pero con una regulación eficaz, según lo planteó el Director General de Finanzas de la UE, Jan Koopman, que se dice keynesiano. Eso monta, sin embargo, tanto como decir que basta añadir la dimensión de la regulación, junto con la de la “integración social global”, para que un proceso esencialmente destructivo y desvertebrador, social y ecológicamente hablando, resulte digerible y aceptable. La SDG parte del supuesto de que las gentes desean realmente formar parte de una economía global funcionalmente integrada en la que hayan desaparecido las barreras que distinguen lo nacional de lo internacional. ¿No será, al contrario que, hartas como están las gentes de los comportamientos erráticos de la economía internacional, lo que preferirían es más bien formar parte de economías sujetas a control local? Y ocurre, en efecto, que la actual deriva bajista de las economías interconectadas viene a confirmar con hechos harto contundentes la validez de las críticas centrales del movimiento antiglobalizador al proceso de globalización.

Segundo: la SDG comparte la preferencia del neoliberalismo por los mercados como mecanismo principal de producción, distribución y consumo, diferenciándose sobre todo por predicar la acción del Estado en punto a corregir los fallos del mercado. El tipo de globalización que necesita el mundo, de acuerdo con Jeffery Sachs en The End of Poverty, implicaría “engancharse al carro (…) de la notoria potencia del comercio y la inversión, reconociendo y enfrentándose a sus limitaciones mediante una acción colectiva compensatoria”. Eso es muy otra cosa que decir que la ciudadanía y la sociedad civil son quienes deben tomar las decisiones económicas clave, siendo el mercado, como la burocracia estatal, un mero mecanismo de realización de decisiones democráticamente tomadas.

Tercero: la SDG es un proyecto tecnocrático, con expertos sirviendo menús y lanzando reformas sociales desde su poltrona, no un proyecto participativo en el que las iniciativas discurran de abajo arriba.

Cuarto: la SDG, aunque crítica con el neoliberalismo, acepta el marco del capitalismo monopolista, que refuerza en lo fundamental el control privado concentrado de los medios de producción, deriva beneficio de la extracción explotadora de valor excedente generado por el trabajo, va de crisis en crisis por causa de sus tendencias a la sobreproducción y, encima, en su búsqueda de rentabilidad, tiende a poner al medio ambiente al límite e sus capacidades. Como ocurriera con el keynesianismo en el marco nacional, la SDG busca en el marco global un nuevo compromiso de clase que venga acompañado de nuevos métodos para contener o minimizar la tendencia del capitalismo a la crisis. Así como la vieja socialdemocracia y el New Deal estabilizaron el capitalismo nacional, la función histórica de la socialdemocracia global sería la de allanar las hirsutas contradicciones del capitalismo global y relegitimarlo tras la era de crisis y caos dejada en herencia por el neoliberalismo.

De de la cruz a la fecha, la SDG lidia con cuestiones de gestión social. La izquierda, en cambio, tiene que lidiar con cuestiones de emancipación social. La SDG se atiene a la gestión tecnocrática; la izquierda, a la democracia participativa desde la raíz, desde las mismas empresas. La SDG busca reconfigurar el capitalismo monopolista, como hiciera en su día el viejo keynesianismo, pero esta vez a escala global. La izquierda, obligada a plantearse el problema de las relaciones de propiedad, tiene que buscar la creación de un sistema postcapitalista. La SDG quiere perfeccionar la globalización. La izquierda quiere la desglobalización. La SDG ve el futuro en el capitalismo verde. La izquierda ve la descapitalistización como condición previa a cualquier organización social planetaria ecológicamente benigna.

Como el presidente brasileño Lula, el presidente Obama tiene el talento retórico para tender puentes entre diferentes discursos. En lo tocante a economía, es una tabula rasa. Como Roosevelt, no se ata a fórmulas del ancien régime. Como Lula y como Roosevelt, es un pragmático cuyo criterio básico es el éxito en la gestión social. Como tal, está en una posición única para encabezar esa ambiciosa empresa reformista. Nuestra tarea no puede únicamente consistir en dar apoyo a los aspectos positivos del programa de la SDG que promuevan el bienestar popular y oponernos a los que lleven a la re-estabilización del capitalismo. También tenemos que ser capaces, y eso es todavía más importante, de diferenciar, mientras dure el proceso, nuestro proyecto del de la SDG y ganar apoyos para nuestra visión y para nuestro programa estratégicos.

El desafío procedente de la derecha
Sin embargo, la opción la que nos enfrentamos en el periodo que se avecina no pasa por elegir entre la Izquierda y la Socialdemocracia Global. ¡Sería una elección harto sencilla! Porque lo cierto es podría comenzar a articularse una respuesta que fuera anti-neoliberal en materia económica, al menos retóricamente, populista en materia social, pero excluyente en sus políticas, es decir, evocadora de solidaridades de tribu, no de pueblo. Ya hemos empezado a ver algo de eso en la actitud del presidente francés Sarkozy. Tras declarar que “el capitalismo de laissez-faire ha muerto”, creó un fondo de inversión estratégico de 20 mil millones de euros para promover la innovación tecnológica, mantener las industrias más avanzadas en manos francesas y conservar puestos de trabajo. “El día que dejemos de construir trenes, aviones, automóviles y barcos, ¿qué quedará de la economía francesa?”, se preguntó retóricamente hace unos días. “Recuerdos. Yo no quiero hacer de Francia una mera reserva turística”. Este tipo de política industrial agresiva, tendente a reagrupar a los sectores clave de la clase capitalista francesa y a ganar ascendiente sobre la clase obrera blanca tradicional del país, puede muy bien ir de la mano con las políticas excluyentes y anti-inmigratorias con que ha venido asociándose al presidente francés.

El populismo conservador de Sarkozy es relativamente templado. Los hay más radicales aguardando en los márgenes, como el movimiento antimusulmán de Gerd Wilders en Holanda, al que se augura un 28% de escaños en las próximas elecciones parlamentarias merced a una oportuna amalgama de solidaridad comunal, teoría económica populista y liderazgo autoritario. Por doquiera en el mundo desarrollado hay movimientos de este tipo, y lo que a mí me preocupa es que la crisis en curso pueda abrirles el camino para lograr alcanzar una masa crítica.

Porque las cosas irán a peor, a mucho peor, antes de comenzar a ir mejor, y la crisis global no es algo que pueda gestionarse tecnocráticamente, como si se tratara del aterrizaje suave realizado hace unas semanas por el piloto de US Airways en el río Hudson en Nueva York. Si la Socialdemocracia Global fracasa en su intento de revigorizar el capitalismo y la Izquierda es incapaz de articularse con una visión programática fundada en la igualdad, la justicia y la democracia participativa que resulte atractiva para el pueblo en un período de crisis grave y duradera, entonces otras fuerzas se aprestarán a llenar el vacío, como ocurrió en los años 30 del siglo pasado. Si hay algo que Rosa Luxemburgo, Gramsci y Lenin pueden enseñarnos hoy es que no bastan la buena voluntad, los valores y la visión; que, al final, es decisiva la política, entendida como una visión de poder, como una estrategia efectiva de construcción de coaliciones y como astutas y flexibles tácticas de formación de una masa crítica para ganar poder, como una actividad con dimensiones parlamentarias y extraparlamentarias. La naturaleza tiene horror al vacío, y nosotros tenemos que estar dispuestos a llenar el vacío. O perderemos. Y eso no podemos permitírnoslo ahora.




La izquierda tiene que despertar
Para resumir. Mientras los progresistas estaban inmersos en una guerra total contra el neliberalismo, el pensamiento reformista iba calando en los círculos del establishment. Ese pensamiento se está convirtiendo ahora en política, y la izquierda tiene que trabajar el doble para hacer lo propio. No es solo cosa de pasar de la crítica a la prescripción. Se trata de rebasar las limitaciones de la imaginación política de la izquierda impuestas por la agresividad del desafío neoliberal en los 80, que vino a combinarse con el colapso de los regímenes socialistas burocráticos a comienzos de los 90. La izquierda debería atreverse a aspirar de nuevo a paradigmas de organización social que tendieran sin recato a la igualdad y al control democrático participativo tanto de la economía nacional como de la economía mundial: porque esas son condiciones necesarias de la emancipación individual y colectiva y –hay que añadirlo— de la estabilización ecológica.

Esa una perspectiva por la que deberíamos poder combatir, no simplemente librando una batalla por la consciencia del gente, sino también por sus corazón y su alma. Y aquí la lucha es, por un lado, contra los esquemas capitalistas tecnocráticos de reestabilización capitalista de la socialdemocracia global y, por el otro, contra los esquemas con base de masas de la reestabilización capitalista del populismo nacionalista y fundamentalista. Las ideas no bastan, y lo que será decisivo es el modo de traducir nuestras ideas y nuestros valores y nuestra visión a una estrategia y a unas tácticas con vocación ganadora que puedan triunfar democráticamente. Tenemos que salir del economicismo al que quedó reducida la izquierda global en la era neoliberal: la política tiene que volver a tomar el mando.

Walden Bello es presidente de la Freedom from Debt Coalition, investigador principal del Focus on the Global South y profesor de economía política en la Universidad de Filipinas. En Europa, es miembro honorario del partido alemán Die Linke.


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miércoles, 10 de marzo de 2010

FOTOS CHARLA: "PROSTITUCIÓN: VIOLENCIA DE GÉNERO"


En la presente entrada os mostramos algunas fotos sobre la Charla-Coloquio que organizó la Asociación, bajo el título "Prostitución: Violencia de Género", y que impartieron, el pasado 3 de marzo, en la Casa de Cultura de Barañain, las compañeras Lorena Pajares y Carmen Martiarena.




Desde la Asociación deseamos agradecer, en primer lugar, a las ponentes, su disponibilidad en todo momento para comprometer su asistencia a esta actividad, así como la calidad de sus respectivas disertaciones...





... Asimismo, deseamos expresar nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que colaboraron para que la actividad saliera adelante, y al numeroso público que acudió a la cita y se involucró con sus preguntas y comentarios, esperando poder contar con su siempre necesaria presencia en futuras actividades que organice la Asociación. Sin ellas ni ellos, todo esto no sería posible. Muchas gracias.









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domingo, 28 de febrero de 2010

Charla-Coloquio



PROSTITUCIÓN:

VIOLENCIA DE GÉNERO


Intervienen:


LORENA PAJARES (Consultora de Género y Desarrollo) -

CARMEN MARTIARENA (Responsable Secretaría de la Mujer del PCE-EPK)


MIÉRCOLES, 3 de MARZO

7 DE LA TARDE

CASA DE CULTURA DE BARAÑAIN


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LORENA PAJARES: LA LUCHA CONTRA EL TRÁFICO DE MUJERES

Cada vez que recorro una de esas calles flanqueadas de mujeres que se prostituyen, o que paso por la carretera frente a uno de esos lóbregos y decadentes clubes de alterne que tanto han proliferado en los últimos tiempos, siento una profunda decepción. Y siempre me hago la misma pregunta: ¿por qué, si es sabido por todos que la mayoría de esas mujeres han llegado engañadas, amenazadas, atadas a deudas que difícilmente podrán pagar, las autoridades no hacen algo para ayudarlas? ¿Por qué nosotros, la sociedad civil, no sumamos fuerzas para que estas personas, que no están en el otro extremo del mundo sino en la periferia de nuestras ciudades, dejen de ser explotadas?

Las respuestas a estas preguntas me las da Lorena Pajares, fundadora de AFESIP en España, organización que desde 2003 lucha contra la prostitución y el tráfico ilegal de niñas y mujeres.

Lorena me recibe en su oficina. Un sobrio despacho cuyas paredes están cubiertas de carteles de campañas por los derechos de la mujer. Me llama la atención un afiche en el que se lee: “Cada año cuatro millones de mujeres son vendidas como esclavas. Posiciónate contra la esclavitud del siglo XXI”.


Apenas nos sentamos en la sala de reuniones, Lorena describe la situación de la prostitución en España. Las cifras demuestran con elocuencia que no se trata de una cuestión marginal: 900 mil hombres acuden regularmente a prostitutas gastando unos cuarenta millones de euros al día. Baleares es la comunidad autónoma con mayor consumo de prostitución, seguida por Asturias y Galicia. Como bien sentencia Lorena: “El nuestro es uno de los países de la Unión Europea en que la cultura de la prostitución está más arraigada”.
Lo primero que me explica es que la mayoría de los hombres que acuden a prostitutas no lo hacen para satisfacer sus deseos sexuales sino para ejercer poder sobre las mujeres. Y, por esta razón, ella se opone radicalmente a la legalización de esta actividad, ya que sería una forma de dar normalidad a una relación basada en la dominación. “Sería mandar el mensaje a la sociedad de que se puede pagar para someter a una mujer”, explica.

A quienes defienden que se trata de un trabajo como cualquier otro, Lorena les responde que no es así, que el 90% de las prostitutas en España son extranjeras que llegan huyendo de la miseria, que viven padeciendo maltratos y vejaciones. “¿En qué otro trabajo el 15% de los trabajadores se termina suicidando? ¿En qué otra “profesión” el 90% de los trabajadores sufre constantes agresiones físicas”, se pregunta.

Llega el momento de hacerle la pregunta que ha motivado mi visita: ¿Cómo es posible que esto suceda en España? ¿Por qué no se actúa de manera eficiente? Lorena cree que la Guardia Civil no obtiene los resultados esperados porque se trata de un “cuerpo eminentemente masculino”, que no tiene entre sus prioridades la lucha contra la prostitución.

Con respecto al Ministerio de Trabajo y al Instituto de la Mujer, no sabe por qué no realizan más estudios sobre el tema, por qué no impulsan la penalización de los clientes (medida que en países como Suecia ha hecho descender un 80% el tráfico de mujeres). Lo que sí afirma es se trata de un problema de educación: “Todavía vivimos en una sociedad basada en la desigualdad de género”.

Lorena también critica duramente a los medios de comunicación. Afirma que muchos de los anuncios que ofrecen relaciones sexuales generan, como consecuencia, tráfico y explotación.

“Y nosotros, los ciudadanos, ¿por qué permanecemos cruzados de brazos?”, le pregunto.
“Yo creo que debemos dejar de pensar que las mujeres lo hacen porque quieren, que esto es bueno para ellas porque al menos les permite enviar dinero a sus familias. No es cierto. Estas mujeres están siendo esclavizadas, violadas, maltratadas. Lo primero que tenemos que hacer es cambiar la forma en que vemos las cosas”.

Somaly Mam fue vendida a un burdel de Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando era una niña. Durante varios años fue obligada a prostituirse, pasando de mano en mano, hasta que su actual marido la ayudó a escapar en 1991.

En 1996, Somaly Mam, que no lograba olvidar las terribles vejaciones que había padecido en los burdeles, creó la organización Acción por las Mujeres en Situación Precaria (AFESIP). Desde entonces ha rescatado a más de tres mil niñas de las garras de la explotación sexual.

En 1998, Somaly Mam recibió el Premió Príncipe de Asturias. Año en que el jurado quiso poner especial énfasis en la situación de la mujer en el mundo.

Licenciada en Derecho, Lorena Pajares conoció a Somaly Mam en Camboya, donde llevaba un año y medio desempeñándose como voluntaria. Tras trabajar durante un tiempo junto a la activista social camboyana, regresó a Madrid para fundar el capítulo español de AFESIP.

Lorena no encuentra muchas diferencias entre la situación de las trabajadoras sexuales en Camboya y en España. “Las mafias mueven a las mujeres por el mundo respondiendo a la demanda, y las tratan de la misma manera, se encuentren donde se encuentren”, afirma. Tanto es así que Lorena conoció en un burdel español a una mujer rumana que había sido traficada primero a Tailandia, donde solía ser golpeada por los proxenetas, para luego ser traída a España. Un millón de mujeres llega cada año a Europa para dedicarse a la prostitución.

Según explica Lorena, las mujeres son tratadas como verdaderas esclavas. Los proxenetas les sacan los pasaportes apenas pasan la frontera. Después, cada veinticuatro días, cuando tienen la menstruación, las cambian de club de alterne para que no puedan establecer lazos con los clientes o con otras trabajadoras sexuales. Además, les pegan, las amenazan con tomar represalias contra sus familias si los denuncian, les cobran precios abusivos por el alojamiento y la comida haciendo que les resulte casi imposible pagar las deudas que contrajeron antes de venir a España.

(Texto recogido del blog titulado "EL CUADERNO DE HERNÁN Z.") Leer más...

lunes, 22 de febrero de 2010

INFORMACIÓN CHARLA SOBRE HAITI

desde la Asociación Cultural "Poeta Miguel Hernández" nos ponemos, una vez más en contacto con vosotr@s, para informaros de la Charla-Coloquio que hemos organizado conjuntamente con la Asociación de Estudiantes "Eraldatu", para este próximo miércoles, 24 de febrero, a las 12 horas del mediodía, en el Aula 05 de la Universidad Pública de Navarra, bajo el título "La Otra Cara de Haití". Partiendo del terrible terremoto que ha asolado el país caribeño, se expondrá una visión histórica de lo que ha sucedido allí en los últimos 200 años, tratando de demostrar que no es algo casual el hecho de que las catástrofes naturales se ceben especialmente con determinados pueblos y naciones del planeta. Asimismo, se debatirá cómo afronta Haití su futuro y qué alternativas se barajan para su reconstrucción. La citada Charla correrá a cargo del historiador Alfredo Mazariegos, miembro de la Asociación Cultural "Poeta Miguel Hernández".

Muchas gracias y un saludo.

Junta Asociación Cultural "Poeta Miguel Hernández". Leer más...

REFLEXIONES SOBRE HAITÍ Una perspectiva histórica

Detengámonos a reflexionar un momento. Detengámonos a reflexionar y analicemos con eso que algunos denominan “espíritu crítico” (pero que yo, personalmente, prefiero tildarlo con la etiqueta de “espíritu democrático”, por cuanto se trata de un proceso enclavado en las antípodas de la alienación perenne a la que se empeñan en someternos los guardianes del sistema que padecemos), qué entendemos por una dinámica positiva y otra negativa.

En 1804 se consuma el éxito de una Revolución en Haití (emprendida en 1769). Territorio eminentemente de esclavos procedentes de las costas africanas, que surte de opulentas ganancias a su metrópoli francesa, se convierte en el primer país del centro y del sur del continente americano en proclamar su independencia. Constituye, por lo tanto, un hito histórico de enorme trascendencia, y también ¿positivo? No. En absoluto. El ejemplo brindado por una legión de harapientos, parias y desheredados, que se han revelado capaces de tomar las riendas de su propio destino y de doblegar a un imperio en auge, al que le han privado de una de sus fuentes de ingresos y de negocio más lucrativa, junto al hecho de la ubicación geográfica privilegiada del Estado recién formado, se considera una afrenta mayúscula, y en las cancillerías occidentales se impone el criterio de que conviene atajar tan nociva referencia. Con el pretexto, primero, de impedir que la “peste” (que supuestamente asolaba a la población haitiana), se extendiera a otros lugares de América, y, después, esgrimiendo la tan manida “inestabilidad política” reinante allí, los Estados Unidos invadieron Haití en 1915, prolongando su presencia militar hasta 1935. Paralelamente, Francia, que se sentía agraviada por una colonia díscola que la había humillado, decretó sanciones económicas contra ella, en forma de pago de compensaciones derivadas de las pérdidas ocasionadas a raíz del fin del tráfico de esclavos. Un pago que Haití terminó de abonar en 1947.

¿Qué objetivo “humanitario” se perseguía con la invasión estadounidense? Ni más ni menos que instalar en el poder de manera férrea y brutal a la minoría mulata, que se había ofrecido para garantizar que los intereses de las potencias occidentales nunca más se vieran seriamente comprometidos, frente a las masas populares de afrodescendientes, relegadas a la marginalidad, la miseria y a soportar el yugo implacable de sus nuevos amos. En este contexto, surge, en 1957, la figura de François Duvalier, bautizado con el apelativo cariñoso de “Papa Doc”, una marioneta en manos de los sucesivos gobiernos de Washington, y que en 1964 obtuvo las credenciales de “presidente vitalicio”. ¿Acaso hemos de calificar esto de “acontecimiento de tipo negativo”? Pues tampoco, ya que Duvalier garantizó que los vientos revolucionarios que soplaban en otros lugares del Caribe y de América Central y de Sur no se registraran también en este emplazamiento antillano, aunque fuera a costa de instaurar una dictadura militar que aplicó algunas de las recetas más oprobiosas de cuantas la CIA recomendaba a los líderes regionales “amigos”. Todos deberíamos solazarnos por el hecho de que Haití continuara encuadrada dentro de las naciones del “mundo libre” y mostrar nuestro agradecimiento a “Papa Doc” por su tremenda lealtad a los postulados de la “primera Democracia” del planeta.

Como en los mejores cuentos, a Duvalier le sucedió su hijo, Jean-Claude Duvalier (apodado “Nené Doc”), en 1971, siempre de acuerdo al ordenamiento constitucional vigente, algo que no carece de importancia, por cuanto incluso los sátrapas más sanguinarios pertenecientes al bando de los “buenos”, el bando que Occidente representa, tienen la obligación de atenerse a unas normas legales muy escrupulosas si aspiran a sentarse en nuestra misma mesa (neo)liberal. Sin embargo, en esta ocasión, la degradación alcanzó tales extremos que, en enero de 1986, se desencadenó una insurrección popular que expulsó al tirano de su trono, enviándole al exilio. ¿Una buena nueva que ensalzar? No penséis eso ni por asomo. Inmediatamente, el Ejército de Haití, bien aleccionado por sus colegas norteamericanos, reaccionó con celeridad para restaurar la “legitimidad” del antiguo régimen, aunque esta vez, como la familia Duvalier se hallaba enormemente desacreditada, el mando lo asumió directamente un general llamado Henri Namphy.

A partir de entonces, se asistió en Haití a una constante pugna de las élites dominantes por ascender a la cúspide de la hegemonía política, y un golpe de Estado simplemente significaba un breve paréntesis antes del estallido de alguna revuelta social, que, a su vez, desembocaba en otra intentona golpista. ¿Un drama nefasto? Nada de eso. La desestabilización permanente supone una auténtica bendición para las empresas multinacionales, por cuyos favores rivalizaban los ambiciosos candidatos y clanes enfrentados entre sí, y facilitaba mucho las cosas a la hora de acometer empresas de gran magnitud y nunca lo suficientemente bien ponderadas como la deforestación salvaje y concienzuda de los bosques. Ojalá en todas partes se encontraran nuestros ilustres magnates y empresarios con tantas facilidades como en Haití.


En 1990, a los haitianos se les concedió, por vez primera, el inmenso honor de poder votar con un ápice de libertad mayor que hasta entonces, a su presidente. El Muro de Berlín había caído hacía pocos meses, el “ogro” soviético se desplomaba paulatina e inexorablemente, la Administración estadounidense proclamaba el advenimiento de un “nuevo orden mundial” que reportaría por fin la paz, la justicia, la solidaridad y la democracia a todos los rincones del orbe, y se juzgaba oportuno transmitir siquiera la ficción de que tan extraordinario hecho se estaba produciendo. También en Haití. Sin embargo, el pueblo llano, el “vulgo” del que hablaban los antiguos romanos, tiende a obstinarse en alternativas y opciones, cuando se adueña de él el entusiasmo, que colisionan frontalmente con los preceptos básicos de los que dominan el cotarro, y por esa razón, los haitianos cometieron el inmenso error de designar en las urnas a Jean-Bertrand Aristide para que les gobernara. Este párroco de una pequeña parroquia de Puerto Príncipe que se yergue sobre uno de los barrios más miserables de la capital, el de La Saline, evidenció una inclinación hacia sus compatriotas más pobres que excedía los márgenes de la caridad cristiana. Claramente se significó como un “izquierdista” peligroso, y eso le valió que se orquestara contra él un golpe de Estado, en septiembre de 1991, que lo condujo al exilio.

Aquello no funcionaba, porque la población haitiana veneraba a su derrocado presidente, lo cual entorpecía mucho la tarea de las multinacionales, de forma que, transcurrido un tiempo, en octubre de 1994, los Estados Unidos intervinieron de nuevo directamente con lo más granado de su arsenal para restituir a Aristide, imaginando que el período de “reeducación” que le habían aplicado había resultado un éxito y que ya no retornaría a sus pasadas veleidades “izquierdistas”, y, de paso, se acometía un lavado de imagen por parte de la Casa Blanca que, por una vez sin que sirviera de precedente, no movilizaba a sus poderosas legiones para promover a un dictador sino para devolver la poltrona presidencial a alguien que había accedido a ella a través de cauces innegable e intachablemente democráticos. Pero no. Hete aquí que Aristide regresó aún más “izquierdista” de lo que se había marchado. Tanto es así, que se atrevió a firmar un decreto-ley según el cual los paupérrimos salarios de los trabajadores haitianos se incrementaban en diez centavos de dólar y, para más inri, hasta coqueteó con la idea de que su país ingresara en el ALBA, esa monstruosa alianza urdida por Cuba y Venezuela, y que preconiza, entre otras muchas cosas, unos intercambios comerciales justos, éticos y equitativos.

Así pues, en cuanto se agotó la paciencia de la “comunidad internacional”, allá por 2004, a Aristide le introdujeron en un avión rumbo a Sudáfrica (de donde, muy probablemente, sus antepasados nunca debieron haber salido), y nombraron un gobierno interino que comandaba… ¡el jefe de los “marines” en la zona! Todo un acontecimiento estelar, por cuanto dicho personaje exhibía una tez blanca como nunca antes se había contemplado por aquellos lares. Enseguida, por supuesto, la ONU otorgó su beneplácito a semejante atropello, de modo que los “marines” se transmutaron en “cascos azules” que cumplían una misión “humanitaria”, a la que con emoción indisimulada se sumaron potencias tan bienintencionadas como Francia (que nunca acaba de fiarse de su “querido amigo” yanqui y siempre asoma para certificar que el imperialismo de éste no implica un detrimento de su propio afán imperialista), Brasil, Marruecos o… España. Había costado lo suyo, pero finalmente se podía afirmar, que, salvo por conatos aislados de violencia “terrorista”, reinaba de nuevo la armonía en la lejana Haití.

Un seísmo de 7,0 en la escala de Richter, ha arruinado temporalmente las expectativas de que la situación en Haití continuara indefinidamente por esos mismos derroteros. Pero la conmoción ha durado poco. Lo justo para diseñar una nueva estrategia que permita apretar aún más la clavijas a una población castigada por más de dos siglos de injerencias y de represión. Sólo les faltaba ahora que les sobreviniera la “doctrina del shock”, ésa que con tan excelentes resultados se ha desarrollado en otros puntos de América Latina, Asia, África, Europa del Este o incluso en los mismísimos Estados Unidos (y si no, recordad el “efecto Katrina”). Menos mal que con Barack Obama al frente de las operaciones, toda esta dinámica de ocupación militar, reparto desigual de la ayuda (sólo destinada a rescatar de entre los escombros y los cascotes a los más pudientes, comenzando por los extranjeros), y explotación de los recursos naturales todavía más acentuada, el retrato no se nos antoja tan nauseabundo como en la era Bush. ¡Si por algo la sabiduría popular afirma que no hay mal que por bien no venga! Leer más...